SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 29

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En casa de Teresa, Encarna y ella se habían levantado pronto para desayunar juntas. Las dos estaban inquietas. No sabían muy bien la razón pero ni una ni otra habían podido conciliar bien el sueño. Ante un gran tazón de café con leche con unas tostadas empezaron el día con una conversación necesaria.

-¿Vas a recoger a Alfredo?

-No, no… -se apresuró a decir Teresa con cierto nerviosismo.

-¿Por qué? –le preguntó un poco a la defensiva.

-Vamos, Teresa, a mí no me engañas, ese hombre es el hombre de tu vida y lo tienes muy cerquita. Vas a prometerme una cosa.

-No acostumbro a hacer promesas –le dijo con la taza entre sus manos y el dedo índice apuntándole directamente a la cara.

-Pues a mí me la vas a hacer –le contestó entrecerrando los ojos provocando una carcajada en Teresa-. Si está soltero… ¡lo reconquistarás! Aunque no creo que haga falta… se le ve coladito por ti.

-Bueno… bueno… bueno… a mi edad –negó con gracia.

-El amor no tiene edad.

          Teresa la miró fijamente, para que iba a negarle que verlo otra vez había removido su interior y le había hecho sentir nuevamente algo intenso por él.

-Tienes razón, fue y es el hombre de mi vida. Ahora vas a ayudarme tú a mí.

-En lo que quieras, a ojos cerrados.

-¿No quieres saber qué es?

-Intuyo lo que pasa por tu cabeza.

-Creo que hemos debido conocernos en otra vida…

-No lo niego.

          Las dos se miraron sonriendo a la vez.

          En el hospital, Esther y Maca seguían dormidas, con las manos entrelazadas como si el amor fluyera en esa cama sin cesar. De repente, un grito llamando a Esther hizo que volviera a caer de la cama, con el consiguiente quejido, que Maca al abrir los ojos con el movimiento se hiciera daño en el hombro y, que ante ellas, Cruz con las manos en sus caderas las mirara como si fuera a eliminarlas de la faz de la tierra.

-¡Fuera de la habitación, Esther!

-Cruz… verás… trató de explicarse.

-¡Fuera! ¡He dicho!

          Maca la miraba como una niña asustada que está a punto de recibir una importante regañina.

-¿Esto es lo que entendéis vosotras por descansar? En mi hospital no hay privilegios para nadie.

-Lo siento la culpa es mía y…

-¡Por supuesto que la culpa es tuya! –le dijo acercándose a la cama mirándola con los ojos repletos de enfado-. ¿Sabes que se está jugando un puesto en el hospital? ¿Qué crees que dirán sus compañeras al verla aquí? ¿Crees que le favorece?

-Ya he dicho que lo siento –Maca sacó esa parte donde su carácter se volvía ácido.

-No me vale con una disculpa. Voy a quitarte el oxígeno.

-¿Cómo que a quitármelo? –le preguntó algo aterrada.

-Y te vas a incorporar en la cama.

-¿Yo sola? –su preocupación iba en aumento-. Esto es una vendetta por tu parte.

-Querida… si estás bien para unas cosas también lo estás para ir recuperándote.

          Maca la miró tragando saliva, poco a poco con la ayuda de Cruz fue incorporándose en la cama hasta sentarse, le ayudó a sacar las piernas de la cama, y quedarse sentada mientras tomaba aire.

-Muy bien… solo te digo una cosa, Esther ahora no está sola y no volverá a estarlo jamás, si le haces daño por muy Inspectora de policía que seas te las verás conmigo.

          Los ojos de Cruz se clavaron fijamente en los de Maca.

-¿Está claro?

-Muy claro, sí.

-Bien, pues levántate y camina. Como Lázaro.

          En casa de los padres de Maca, el ambiente desde que había ido Claudia era insostenible. Pedro apenas hablaba con una Rosario que se había dejado llevar por la apatía. No salía de su habitación ni prácticamente de la cama, se había vuelto víctima de su propia actuación. Los somníferos no le hacían efecto, a veces, se sentía tentada de tomar todo el bote pero reconocía que era una cobarde para autolesionarse.

-Señora… tiene visita –le dijo su criada.

-No voy a atender a nadie, ya te lo he dicho –estaba sentada en el sofá mirando por la ventana.

-Lo siento, señora, pero es la madre de Maca.

          A Rosario le tembló todo el cuerpo, escuchar aquellas palabras le provocó un dolor repentino de estómago.

-Dile que no voy a bajar, que se vaya de mi casa.

-Me ha insistido que no se va a marchar hasta que hable con usted. Y no viene sola.

-¿Quién más viene?

-Una señora rubia.

-No voy a hablar con ninguna.

          La criada bajó hasta la planta donde Teresa y Encarna esperaban que bajara. Cuando la chica les comentó que no iba a bajar las dos mujeres se intercambiaron la mirada.

          En su cuarto, Rosario se aferraba a un almohadón lloraba con una rabia que no podía contener. Su vida había dado un giro que en ningún momento sopesó. Estar metida en casa como si fuera una cárcel no era su idea de hacer desaparecer a Maca. Echó a un lado el almohadón para ver cómo se marchaba la pareja pero lo que pasó fue muy lejos de lo que pensó, la puerta se abrió de golpe a pesar que la criada trataba de impedirlo.

-¿Cuánto más vas a esconderte de mí? –le preguntó Teresa con voz dura.

-¡Vete de aquí! –le espetó todavía tratando de mantener su porte.

-Por favor, señora –trató de mediar la criada dirigiéndose a Teresa.

-Tú y yo tenemos que hablar y no voy a marcharme hasta que no quede todo claro.

          En el hospital, una más que asustada Maca trataba de dar unos pasos hasta el sillón acompañada por Cruz.

-Venga… uno más… vamos… que no se digan. ¡Muy bien! Eres fuerte, de eso no tengo la mínima duda.

-Y de qué voy a hacer feliz a Esther, espero que tampoco la tengas.

-Eso me lo tienes que demostrar. Oye Maca… yo no soy tu enemiga.

-¡Pues parece que sí! –protestó mientras se sentaba en el sillón-. ¡Au!

-Cuidado, tienes que hacer los movimientos lentos.

-¿Cuándo puedo irme a casa?

-Si sigues poco a poco haciendo avances, pronto. Voy a repetirte el T.A.C para ver qué tal están los pulmones, si el dolor del costado remite, podrás irte.

-Gracias.

-De nada.

          La tensión que momentos antes había entre ellas, parecía que había disminuido.

-En un rato, después del desayuno, vendrá la psicóloga para hablar contigo. Voy a llevarme a Esther, necesito que rellene algunos papeles.

-Cruz, mi idea no es hacerle daño a Esther, te lo aseguro.

-¿Sabes una cosa, Maca? Lo sé… pero me hace gracia tu cara de espanto cada vez que me ves.

          Cruz le regaló la primera carcajada marchándose sin parar de reírse y negar con la cabeza. Maca se quedó con gesto de tonta.

-Buenos días ¿puedo pasar? –asomó la cabeza Alfredo.

-¡Claro! –lo dijo feliz de verlo allí.

-Te he traído esto… aunque bueno… sé que los muchachos de la comisaría te traen uno diario –le sonrió mostrándole el ramo de flores.

-Sí, es cierto, pero me gusta más el tuyo, no se lo diremos a ellos –le sonrió de manera divertida.

          Alfredo sonrió mientras llenaba el jarrón que también había comprado de agua, y le colocaba al ramo en el otro lado de la cama.

-Me alegro de encontrarte levantada.

-Estoy deseando irme de aquí –al moverse hizo un gesto de dolor.

-Espera, voy a colocarte un almohadón en la espalda.

-Gracias –le sonrió.

-He estado charlando con Esther, es un encanto.

-Sí –Maca mostró una sonrisa de enamorada que provocó la primera sonrisa en Alfredo-. Lo es.

-¿Mejor?

-Sí, gracias. Esa médica me tiene entre ceja y ceja, disfruta haciéndome rabiar.

-No le des oportunidad para ello –le dijo en voz baja-. Seguro que tú eres más inteligente que ella.

-No lo dudes, pero estoy en mis horas bajas –le contestó tan bajito como él-. ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro –la miró con una expresión de bonanza en su rostro.

-¿Estás casado?

          La tensión se había trasladado hasta casa de los Wilson, Encarna le había hecho una señal a la criada para que las dejara solas. Cerró la puerta y se quedó un paso por atrás de Teresa. Rosario las miraba como si estuviera loca. Aquellas mujeres habían osado entrar en su habitación sin su permiso. De repente se cogió la bata a la altura del estómago, su cara palideció mirándolas con terror mientras daba un paso para atrás.

-No… no he venido para hacerte nada, Rosario –le dijo Teresa que de gestos y miradas entendía bastante-. Aunque te lo merezcas, yo no soy tan ruin como tú.

-Porque no nos sentamos las tres y hablamos tranquilamente –apuntó Encarna.

-No tengo nada que hablar con ustedes –se defendió Rosario con la frente repleta de arrugas de la desesperación.

-Yo creo que sí, mucho, además –le dijo Teresa mirándola fijamente-. Por el bien de Maca, tenemos mucho de qué hablar.

-Siéntese, le diré a la muchacha que le prepare una tila.

-No lo voy a repetir, o se van o llamo a la policía –su voz sonó débil, temblorosa y apagada.

-No vas a llamar a nadie, lo que vamos a hacer aquí las tres, es preparar lo que vas a hacer tú, que no es otra cosa que por primera vez en tu vida, ayudar a Maca. Y ahora ¡siéntate!

          Una vez Cruz finalizó su recorrido por los pacientes que la esperaban se marchó hasta su despacho, allí tomando un café la esperaba Esther. No estaba nerviosa, tan solo mantenía una sonrisa en los labios continuada.

-Menuda cara tienes… si te vieras no te reconocerías.

-¡Estoy feliz! Es muy posible que no me reconozca, sí –ante la mirada de Cruz y su sonrisa agregó-. Lo siento, me quedé dormida. ¿Cómo está Maca?

-¿Me lo preguntas en serio? –la miró divertida, Esther sonrió-. Está mejor de lo que esperaba, ahora… no tiene precio la cara de espanto con la que me mira. Le he hecho levantarse sola y me ha soltado si era una vendetta –dio una carcajada acompañada por el gesto de sorpresa de Esther-. Lo que te digo. Creo que en una semana te la podrás llevar a casa.

-Eres muy mala, Cruz.

-Bueno, al menos hoy ha reaccionado y ha sacado algo de mala leche. Eso es bueno, quería ver cómo va emocionalmente, ahora ira la psicóloga pero creo que Maca es una tía fuerte que va a asumir esto, no sé si superarlo pero sí asumirlo.

-Además, le ha venido muy bien la visita de su padre. ¿Sabes? No paro de pensar en la casualidad que la persona que más me ha cuidado últimamente y mi jefa sea la madre verdadera de Maca.

-Sí, la verdad que todo es un poco rocambolesco… Oye Esther, quiero que me prometas que nunca más me ocultarás si tienes un problema, sabes que yo te hubiera ayudado –le dijo con cierto enfado.

-Cruz, ya te lo dije…

-Lo sé… lo sé… -dijo levantando las manos haciendo una mueca de rabia-. No debí sacar este tema otra vez, pero… ¡ahora tienes la oportunidad de empezar una nueva vida!

-Maca es una mujer maravillosa, la estoy descubriendo… creo que es una mujer única… no pensé que fuera tan cariñosa, tan mimosa…

-Repíteme esto dentro de cuatro o cinco años…

-¡Cruz! –le riñó-. No sé lo que pasará dentro de cuatro o cinco años… sé que lo que tengo ahora es lo que hace mucho tiempo soñaba al cerrar los ojos, pedía una mujer así, como ella. ¿Y sabes? Tenemos un gran desafío, me ha hecho prometerle que no me iré de su lado por mi pasado.

-Maca es admirable, te lo aseguro, pero no por aceptar tu pasado. Si no, porque ha sido capaz de salir de una situación que pocos saldrían ¿y sabes por qué ha salido? Ha habido un momento en que me he dado cuenta, esa mujer te ama mucho más de lo que ella misma es capaz de entender, estoy convencida de que salió del coma gracias a escucharte a ti, tú has sido el motivo por el cual luchó para volver. Estoy convencida, Esther. Y ahora, ¡a por los papeles de trabajo!

          En la habitación de Maca, padre e hija charlaban como si se conocieran de toda la vida, se encontraban a gusto y mantenían una charla sobre su trabajo, que descubrieron que compartían una pasión desmesurada por él. Hasta que les interrumpió la psicóloga, Alfredo salió fuera algo extrañado que Teresa se retrasara, no entendía a que era debida su ausencia. Como Maca iba a estar un buen rato con la doctora, Alfredo decidió ir a la cafetería para tomarse una tila. Estaba con unos nervios desbocados aún era incapaz de creerse lo que había ocurrido en su vida. Además, aquella hija que de pronto había aparecido era tan parecida a él que le maravillaba. Al sentarse en la barra no pudo más que sonreír ampliamente sintiéndose feliz.

          Las primeras preguntas de la psicóloga fueron bastantes sencillas, las conocía bastante bien. Maca había acudido al psicólogo de la policía tras tener que matar a un delincuente que estaba a punto de disparar contra un compañero. Cuando la psicóloga evaluó su estado se despidió de ella para tener otra cita pero entonces Maca le dijo.

-Estoy preparada para afrontar el momento, y cuanto antes lo haga mejor. No quiero una terapia, necesito intentar asimilar lo ocurrido. Ni siquiera entenderlo, solo asimilarlo.

-Está bien… no acostumbro a hacerlo así pero…

-Lo sé.

          La mirada de Maca le dio a entender que era consciente de lo que se avecinaba, pero también sentía que era necesario si quería dar un paso hacia delante y salir de ese hospital no solo con las heridas traumáticas curadas, también las emocionales.

-¿Por dónde quieres empezar?

 

 

 

 

 

 

3 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 29

  1. Me gusta que Esther tenga apoyos fuertes en su vida y no solo de su madre, Cruz es alguien importante que siempre la protegerá. Las dos poco a poco van recuperando sus agarres emocionales. De alguna manera ambas están en proceso de recuperación de algo muy duro, es diferente por lo que han pasado, pero si comparten la renovación en sus vidas.
    Alfredo parece un gran hombre, si retoma su relación con Teresa me va a gustar mucho leerlo.

    Muchas gracias, acá seguimos

  2. Gracias Kris, creo que nuestros personajes van a tener que demostrar si están o no preparadas para superar todo y empezar de cero, este es el punto de inflexión de la novela. Vamos a ver que deparan los personajes.
    Un abrazo
    ldana

  3. Buenos días, esperando ese comienzo de la vida de casadas de Maca-Esther, y esa recuperación en la parte psicológica de Maca muy necesaria, por muy fuerte y decidida que sea el haber sido atacada por la que hasta hace poco consideraba su madre, no creo sea fácil, ..Rosario no veo visos de arrepentimiento en ella, lo que lamenta es que las cosas no le salieron como ella quería, pero veamos que nos depara la escritora para ella…saludos y gracias por tu dedicación a la historia

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