SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 31

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         Esther tenía abrazada a Maca, que reposaba su cabeza sobre el pecho de la enfermera. No lloraba tan solo agradecía aquel abrazo reconfortante. La vida en pocos segundos a veces, da más de lo que quita.

          Al poco de entrar Esther, lo hizo Teresa. Mantuvo la distancia sin saber muy bien cómo iba a reaccionar Maca. Esther al verla entrar, se separó de ella porque intuía que debía haber una conversación.

-Gracias, Teresa –le dijo Maca con una sonrisa-. Gracias por hacer que viniera.

-¿Estás bien? –le preguntó la mujer algo preocupada. Maca asintió-. Cariño… por experiencia te digo, en la vida hay que coger al toro por los cuernos muchas veces para poder continuar. Y tú tienes mucha vida por delante como para quedarte anclada aquí.

-De verdad que te lo agradezco. Porque he descubierto que aunque ella ha luchado por no quererme, en cierta manera, sí lo hace.

-¿Cómo que te quiere? –preguntó Esther algo contrariada, no le cuadraba amor con tratar de matarla.

-Ha tratado de convencerse de que no me quiere durante todo este tiempo, matarme era lo que ella creía una liberación pero se ha convertido realmente en un callejón sin salida. En el fondo, se ha arrepentido y creo que si debo sacar una lectura positiva de todo esto, es que yo he ganado mucho y ella ha perdido para empezar a plantearse la vida de otra manera. No sé si me explico.

-Perfectamente –le sonrió Teresa con la dulzura reflejada en su mirada.

-¡Hola…!

Entró algo apurada Encarna porque desconocía que había pasado allí dentro. Sin embargo, cruzar su mirada con la de Teresa le confirmó que había salido como esperaban. Una sonrisa en su rostro le dio a entender a Teresa que se alegraba.

-Un momento ¿y tú? ¿Qué te ha dicho la sargento Cruz? –le preguntó Maca sonriendo al tiempo que le cogía la mano con un infinito amor.

-Ya he firmado el contrato. ¡Ya soy enfermera de urgencias de este hospital!

-¡Hija mía! –Encarna no pudo evitar emocionarse mientras cruzaba las manos feliz sobre el pecho.

-Me alegro muchísimo –le dio Maca y Esther se agachó hasta darle un beso.

-Enhorabuena ¡claro que sí! –la abrazó también Teresa.

-Hija… por fin has cumplido tu sueño –Encarna la abrazó sonriente y feliz.

          Entonces se abrió la puerta de la habitación y, entró Claudia con un gran ramo de flores, por las sonrisas que había en la habitación supuso que todo eran buenas noticias.

-¡Hola chicas! –expresó feliz al entrar.

-Hola, Claudia, cariño –le respondió Maca contenta-. ¿Más flores?

-Ya sabes… tus chicos no pueden vivir sin ti.

-Otra cosa más que me ha traído estar en este hospital, el cariño de mis compañeros que pensé no tenía.

-¡Pero lo malo es que no sé porque te lo tienen! –dijo con ironía Claudia.

-Buenas tardes –asomó la cabeza Alfredo con otro ramo.

-¡Madre mía esto dentro de nada es un jardín! –dijo divertida Encarna.

-Hola Alfredo, pasa, pasa –le animó Esther a quien el hombre le caía fenomenal con lo poco que habían hablado, se había percatado que era una buena persona.

-Bueno… ya veo que se me han adelantado –dijo sonriendo-. Me alegro, es buena señal.

-Sí, la quieren mucho, pero sigo sin entender por qué –dijo Claudia con gesto simpático.

-¡Claudia, tía! –protestó Maca también con una sonrisa.

-Oye… ¿qué tal si nos vamos a tomar algo que estamos desmayadas? Así aprovechamos que está aquí Alfredo y nosotras almorzamos.

-¡Muy buena idea, Esther! Nos vamos… venga…

          Encarna enganchó a Teresa del brazo que se había quedado mirando a Alfredo realmente embelesada. Esther también se había dado cuenta y decidieron sacarla de allí para que Maca pudiera hablar tranquilamente con Alfredo a solas. Claudia que no entendía nada, salió a empujones por parte de Esther. Y Maca que vio desde su sillón toda la jugada, sonrió al darse cuenta de que estaba rodeada de gente maravillosa.

-Ahora traeré dos floreros, ¿vale? –se excusó Claudia.

          Todas salieron entre risas y empujones a Teresa. Allí se quedaron padre e hija. Alfredo quitaba las flores que había y le ponía aquellas rosas rojas frescas y preciosas.

-Gracias, por las flores –le dijo Maca sonriendo-. Me gustan las rosas.

-No hay de qué, lo supongo eran las preferidas de Teresa –se sentó frente a ella y le preguntó con su seriedad-. ¿Cómo ha ido?

-¿Lo sabías?

-Teresa me lo comentó anoche.

-¿Has hablado con ella? –Maca lo preguntó con esperanza.

-Sí –sonrió-. Me dijo que había pensado que este encuentro te ayudaría. Y pensé lo mismo.

-¿No hablaste de nada más? –Maca enarcó una ceja.

-¿Me estás interrogando? –Alfredo levantó la misma ceja.

-¿Lo parece? –dio una carcajada-. Pues sí.

-Maca…

-Mira Alfredo, nunca me ha gustado la gente que se metía entre dos personas, y tampoco soy una celestina, pero sé que os amasteis mucho y también habéis sufrido, quizá… esto que ha pasado también tenga que ver con vuestra historia.

-He pensado con ella todos los días de mi vida, nunca fui feliz, me dejó un hombre amargado y triste, siempre cabizbajo, nunca entendí porque me había abandonado cuando yo la amaba tanto. Soy un solitario empedernido ¿sabes? Nunca pensé que la volvería a ver.

-Vale, pero ahora la has visto ¿qué sientes?

-Desconcierto. No he dormido. Por un lado siempre quise tener hijos con ella, quería formar una familia, hacerla feliz. Al encontrarme contigo ha sido una alegría inesperada, emotiva. Por otro lado, enterarme de esto y saber que no me buscó cuando se quedó embarazada porque ella sí podía localizarme tal y como ha hecho ahora, me ha dolido, la verdad.

-Yo creo que tendríais que hablar. ¿No lo crees?

          Alfredo la miró guardando silencio.

-La vida nos ha dado a todos una nueva oportunidad… ¡para qué desaprovecharla!

-Quizá no a todos nos dé esa oportunidad.

-Sé que quieres a Teresa, tus ojos te delatan, a mí no me engañas.

-Eres buena… -le sonrió.

-Intuyo que lo he heredado de ti.

-La noticia de tu existencia, el reencuentro con Teresa ha sido como un golpe de vida, como si me dieran oxígeno.

-¡Pues aprovecha esta oportunidad!

          La puerta volvió a abrirse y apareció una sonriente Esther, que se unió a ellos. Durante un buen rato hablaron de ellas dos, le contaron lo accidentado de su primer encuentro, Esther le habló de lo buena que era en su trabajo, y también fuera de él. Alfredo disfrutó hablando con ellas, se notaba a la legua que estaban realmente enamoradas.

-¡Está habitación siempre es un cachondeo! –apareció Cruz hablando fuerte.

-Hola Cruz –la saludó sonriendo Esther.

-¿Qué tal estás? –le preguntó a Maca-. Llevas ya un buen rato sentada y que yo sepa no me ha llegado que hayas protestado mucho.

-Estoy bien. Puedo aguantar.

-Pues después de comer quiero que hagas siesta, ¿entendido Esther? –Esther sonrió, Alfredo también-. Después, vendrán para llevarte a hacerte un TAC y al regreso quiero que pasees unos cinco minutos.

-¿Y cuándo me voy a casa?

-Pronto –le sonrió ampliamente.

          Cruz se marchaba en el mismo instante en que entró Teresa. Se había pintado los labios y retocado los ojos. Maca y Esther se dieron cuenta. Allí se quedaron los cuatro, Alfredo se levantó para darle su sitio a Teresa y entonces actuó Maca.

-No te sientes, Teresa.

-¿Y eso? –preguntó la mujer sorprendida.

-Porque me van a traer la comida y por ordenes de la sargento debo dormir, mejor ve con Alfredo a comer y descansáis un rato del hospital.

-Pues… -miró al hombre algo desconcertada.

-Yo me quedo con ella, Teresa, no os preocupéis.

-De acuerdo –sonrió algo nerviosa-. ¿Te parece bien, Alfredo?

-Sí, claro, sí.

-Volveremos más tarde –dijo Teresa mirando a Maca con unos ojos recriminatorios.

-Tranquilos no hay prisa –apuntó Esther que recibió la misma mirada.

          Los vieron salir juntos, Alfredo muy elegantemente le abrió la puerta para que pasara Teresa. Después las miró y sonrió levemente. Al cerrar la puerta, Maca y Esther se miraron cómplices rompiendo a reír en una gran carcajada.

-Somos unas celestinas –le dijo Esther graciosamente.

-Me hace mucha gracia esta situación, creo que estos dos se aman locamente.

-Yo también lo creo. ¿Quieres ir a la cama?

-La verdad que sí, no quería decírselo a Cruz pero estoy muy cansada.

-¡Qué orgullosita eres!

-¿Puedes ayudarme tú? Prefiero que si alguien me tiene que tocar seas tú, mi amor.

-¡Ay! –suspiró mientras sonreía.

-¿Qué prefieres tocarme tú o que me toquen otros? –le sujetó por la camisa atrayéndola hasta ella mirándola con los ojos repletos de deseo.

-¿Tú que crees? –le devolvió la mirada.

          Esther dejó que Maca tirara de la camisa hasta que los labios se unieron, lentamente, se separaron unos segundos para mirarse a los ojos, sonrieron y volvieron a besarse esta vez con mayor pasión. Hasta que las respiraciones comenzaron a alterarse.

-Para… Para… Maca…

-¿Por qué? –la miró con gesto de enfado.

-Porque estás todavía convaleciente. Venga vamos a la cama. En cuanto estés bien entonces… disfrutaremos.

-Eso es interesante… Espero estar bien muy pronto.

-A la de tres –la ayudó a levantarse con el gesto de Maca de dolor-. ¿Qué te duele más?

-El hombro, y no voy a mentirte, cada vez que respiro hondo es como si el pulmón me dijera ¡no, no, más no!

-Es normal –dijo sonriendo.

-¿Puedo pedirte otra cosa?

-Claro, cariño –la tapó delicadamente.

-Quiero irme a casa, tengo a la mejor enfermera de este hospital… no necesito estar aquí.

-Eso lo tiene que valorar Cruz.

-¡Oh no! Entonces me dejará aquí años.

          Esther sonrió aquel tira y afloja que se llevaban entre manos Cruz y Maca. Sabía que cuando se conocieran iban a caerse fenomenal.

          No muy lejos de allí Teresa y Alfredo habían llegado a un restaurante pequeño que había justo al lado del hospital. El camarero les había puesto en una mesa que estaba algo apartada, los dos se miraron sonriendo. Alfredo le apartó la silla a Teresa para que tomara asiento, ¡cuánto tiempo sin que un hombre tuviera aquel gesto con ella! Y al recordarlo se dio cuenta que el último había sido él.

-Gracias –le dijo sonrojándose.

          Se sentaron para darle una ojeada al menú. Teresa notaba las pulsaciones de su corazón alteradas, al igual que Alfredo quien carraspeó en dos ocasiones tratando de tranquilizarse. Pidieron cada uno su plato y se quedaron mirando.

-Me alegro que tengamos un rato para poder hablar en condiciones –le dijo Teresa, él simplemente le sonrió de lado-. Sé que este no es lugar y, posiblemente, ni siquiera te apetezca escucharme. Pero… siento lo que hice, siento el dolor que te causé, sin embargo, no me arrepiento.

-Me gustaría saber cuál fue la razón.

-No quería ser un estorbo en tu vida, ibas a ser Inspector y mi vida, o mejor dicho, mi pasado podía afectarte, podía destrozar tu carrera. Me costó mucho tomar la decisión porque te amaba, pero preferí arruinar mi vida antes de arruinar la tuya.

-Por amor arruinaste nuestras vidas, la tuya y la mía.

          Teresa se quedó impactada con aquellas palabras, por el tono, por la mirada de Alfredo pudo percibir que le había hecho mucho más daño del que imaginaba.

-Tienes razón, este no es lugar para hablar de eso. Será mejor que comas.

          En la habitación del hospital, Maca estaba durmiendo, a su lado y cogiéndole de la mano se encontraba Esther que poco a poco se había ido durmiendo. Al abrir los ojos Maca se percató de la presencia de su mujer allí, a su lado, cogiéndole la mano. Su mujer… Tuvo que repetirlo un par de veces, entonces sintió como si estuviera al borde de un precipicio. El compromiso le daba pánico, y allí estaba ella casada con aquella mujer que desconocía la mayoría de cosas que le gustaban, con la mujer que le había llevado durante una noche a la mayor locura que había vivido. Al recordar sus labios húmedos rodando por su piel, sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Entonces sonrió. Era un desafío aquella relación, nunca había dado oportunidad a ninguna mujer más allá de compartir cama, ¿sería capaz de hacer feliz a Esther y que Esther le hiciera feliz a ella? Una extraña sensación se apoderó de su corazón.

 

4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 31

  1. Buenas tardes, Kris. He extrañado vuestros comentarios, sí. Ja ja. El personaje de Rosario es uno de tantos que existen en la vida que son tan retorcidos, enfermos y hasta psicopatas. Me ha sido complicado entenderlo, aceptarlo y desarrollarlo. ´
    Gracias por seguir.
    Un abrazo
    ldana

  2. Gracias a ti pquimmera, gracias por continuar. El final se acerca y la dificultad para mí empieza a ser mayor. Porque me gustan tanto todos los personajes que quiero tratarlos con el mayor cariño hasta el final.

    Un abrazo
    ldana

  3. Buenos días escritora, antes que nada me disculpo por no comentar más seguido, pero he tenido problema con el internet. Magnifica la manera como vas cerrando capítulos en esta historia, Con respecto a Rosario, no se que decirte, sólo que su lucha interna debe ser terrible, el tratar de desechar de cualquier manera, el cariño hacia su hija a cualquier precio, es digno de estudio psiquiátrico. Esperando por esa vida en pareja de estas dos, si de por sí es difícil una relación donde ambas parejas se conocen, que decir de aquella en la que no se conocen para nada…Gracias por tu tiempo.

  4. Me he leído los últimos dos capítulos y esto va avanzando…mucho y bien.
    Maca va poco a poco pasando página, va cerrando capítulos para empezar una nueva vida. ¡Qué valiente y sensata es Teresa! son tan difíciles las decisiones que ha tomado en su vida, pero al mismo tiempo sigue viendo de frente a la vida y con generosidad.
    Claro que es difícil Maca, cualquier relación lo es, pero estas dos se quieren mucho y les ayudará a superar lo que venga
    Muchas gracias..acá sigo

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