SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 32

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Esther abrió poco a poco los ojos y se encontró con Maca que la estaba mirando con una sonrisa de enamorada.

-Me he dormido –dijo preocupada.

-¿Y qué? No hay nada más hermoso que despertarme y verte dormir.

-Eres una zalamera ¿lo sabías? –se levantó del sillón y le dejó un beso en los labios-. Y me encanta que lo seas, te aviso.

-Me despiertas tantas cosas, a veces, me da miedo.

-Bueno… ya somos dos, Maca. A veces me siento como al borde de un precipicio.

-Eso debe ser el amor.

-Debe serlo, sí.

          Volvieron a besarse con un poco más de pasión. Sentían esa necesidad única de sentirse, de tocarse, de unirse sin separarse.

-¿Cómo le estará yendo a tus padres? –le preguntó Esther provocando que Maca frunciera el ceño-. ¿Qué pasa?

-Mis padres –murmuró-. Me sigue chocando ese término haciendo referencia a dos personas que acaban de entrar en mi vida.

-Poco a poco, Maca.

-Lo sé, lo sé… Espero que bien, creo que es una pareja que debe tener muchas cicatrices en el corazón como para arreglarlas todas en una comida.

-¿Sabes? Puedo entender perfectamente a Teresa, pero también, entiendo la decepción de Alfredo. A veces tengo miedo pero creo que te quiero tanto que no podría hacer lo que hizo Teresa, igual soy una egoísta porque dejarlo debió significar un dolor enorme en su alma. Yo no podría hacerlo.

-Y espero no se te ocurra hacerlo nunca –le tomó la mano con mirada algo preocupada.

-Te quiero.

-Y yo.

          Ambas se quedaron mirando sonriendo, parecía que el tiempo se había detenido. Pero justo en ese momento tan íntimo y romántico que estaban compartiendo entró el celador con la camilla. Maca puso gesto de fastidio pero al mismo tiempo, tenía tantas ganas de que acabara su estancia en el hospital que deseó que el celador fuera de esos que corren sin importante el dolor que te inflijan por el camino.

          Mientras tanto, la comida entre la pareja Teresa y Alfredo, había sido algo tensa. No habían vuelto a hablar sobre ellos. Ni siquiera Teresa habló de su trabajo, algo que dio a entender a Alfredo que había continuado trabajando de prostituta. Él le había contado que vivía donde siempre soñó y el resto hablaron de la situación de Maca. Fue incomodo pero también era comprensible. Alfredo no quería reprocharle nada a Teresa, y Teresa no quería mostrarse víctima de una situación complicada. Al salir del restaurante iban camino del hospital, entonces, Teresa se detuvo pensativa. Alfredo la miró con algo de inquietud.

-¿Sabes una cosa, Alfredo? Antes Maca me ha preguntado si volvería a hacer lo mismo que hice. Le había dicho que sí, pero me ha bastado una comida para darme cuenta de lo equivocada que estaba. Era fácil decir que sí teniéndote lejos, pero al ver cómo me miras, al ver el dolor que he causado en ti, me doy cuenta de que me equivoqué.

-Ahora ya no podemos hacer más, Teresa. Ya está hecho. Reconozco que yo también me he mantenido frío y distante en la distancia aunque no he dejado de pensar en ti, pero al mismo tiempo entiendo que tuvo que ser muy duro para ti.

-Te juro, Alfredo, te juro que pensé que una vez tuviera a mi hijo, iría a buscarte y decirte que era tuyo. Temía que te hubieras casado, pero sabía que no me abandonarías. Pero después… todo se volvió una pesadilla. Mil veces traté de ser fuerte y buscarte, decirte lo que había pasado y que me ayudaras, pero entonces me convencía de que seguramente te crearía algún problema en tu nueva vida.

-Teresa, eres la única mujer que he amado, la única que ha sido capaz de hacerme mejor persona cuando estaba a mi lado. ¿Cómo iba a mirar a otra mujer si todo eras tú? Nunca quise encontrar a nadie, mi vida se centró en mi trabajo, viví para trabajar.

-Lo siento tanto Alfredo.

-Teresa ya no hay remedio. Aquello pasó y no hay modo de arreglarlo.

          Teresa se calló, cerró los ojos con fuerza mientras él la miraba con pena.

-Sin embargo, tenemos algo muy grande que es Maca, eso y el tiempo… nos ayudará.

          Aquella última frase provocó en Teresa un latido fuerte en su corazón, un latido que le hizo sentir un leve cosquilleo en su estómago. Sonrió. Como siempre, Alfredo, le hizo la señal con el brazo para que pasara ella primero.

          En la habitación, Esther esperaba la vuelta de Maca. Se había acercado a la ventana y mantenía los brazos cruzados sobre el pecho. Su cabeza no podía dejar de pensar en cómo le había cambiado la vida. Todo por el asesinato de aquellas dos mujeres que fueron sus clientas y sin saberlo, su último trabajo. Desde entonces, todo se había precipitado, había sufrido en aquel calabozo, había suplicado que alguien le ayudara en aquellas circunstancias. Y había aparecido Maca como si fuera un ángel para rescatarla de todo lo malo que estaba sucediendo en su vida. Y no solo eso, había conseguido que Teresa pudiera perdonar su deslealtad, que no le echara en cara nada de lo que había hecho a sus espaldas, y hasta se había encargado de las costas del abogado. Sí, había tenido mucha suerte cuando más desgraciada se sentía. Poder recuperar a su madre, tenerla cerca y poder disfrutar de una vida como cualquiera persona sin tener que avergonzarse. Tenía una vida por delante con un nuevo horizonte, volver a trabajar, tener a Cruz cerca, sin duda era un apoyo incondicional que sabía podría contar con ella siempre que lo necesitara. Pero, ante todo y sobre todo, estaba Maca. Esa mujer que la había desarbolado. ¿Cómo podía sentir un amor tan intenso por alguien a quien desconocía más que conocía? ¿Cómo era posible sentirse morir por alguien con quien había pasado una noche de pasión y una tortura de interrogatorios? Sin embargo, allí estaba acurrucada en su corazón guardada para ella, amada y deseada, cerraba los ojos y lo único que quería visualizar era un futuro a su lado, en esa casa que había ido a preparar con Claudia, con un perro que rescatarían de la protectora, con un amor infinito entre las dos y la casa llena de amigos. Con risas, con ternura y pasión.

-Maca –musitó con cara de mujer enamorada.

-Perdón…

          La voz de un hombre le llegó desde su espalda. Reconoció aquella voz al segundo y se giró con el gesto algo contrariado.

-¿Dónde está Maca? ¿Le ha pasado algo?

-Hola, Pedro –su saludo fue con cierta distancia-. No, están haciéndole unas pruebas.

-Necesito hablar con ella. Voy a marcharme a Jerez y quiero despedirme.

-¿Así de fácil? –Esther sacó las garras sin pararse a pensar que no era ella quien debía hablar con él.

-¿Disculpa? –la miró con cierta soberbia.

-Huir es más fácil que quedarse.

-Tú no eres nadie para hablarme de esa manera –le espetó con vehemencia.

-Los de su clase acaban muy pronto los diálogos. Con faltar el respeto y creerse superior lo tienen hecho –la voz acerada de Esther cruzó la habitación con fuerza.

-A ti no tengo porque darte explicaciones.

-Lo sé, no se las pido, solo le digo que marcharse es muy cobarde por su parte.

-La esperaré fuera.

          Esther se mordió el labio porque no quiso contestarle. Lo vio salir como alma que lleva el diablo y negó con cierta rabia por su comportamiento, realmente, era un cobarde.

          En el ascensor, Teresa y Alfredo no habían cruzado palabra. Cada uno iba pensando en sus cosas, sus sentimientos, sus enfrentamientos consigo mismo. Al llegar al pasillo de la habitación, Teresa reconoció a Pedro allí paseando de lado a lado. Detuvo a Alfredo y le avisó.

-Hola –le saludó Teresa.

-Hola –los saludó con frialdad.

-Le presento a Alfredo, el padre de Maca.

          Pedro palideció por momentos. No imaginaba que aquella mujer pudiera localizar o saber quién era el padre de su hija.

-¿Le sorprende? –preguntó Alfredo con tono autoritario-. Ahora ya sabe que Maca cuando nació tenía padre y madre, unos padres que gracias a usted no pudieron disfrutarla. Que nos la arrebataron sin pensar en lo que íbamos a sufrir. ¿De verdad cree que porque fuera hija de una prostituta no iba a causar dolor? ¿Es usted tan necio como para pensar eso?

          El silencio continuó a las palabras de Alfredo. A veces, no hace falta elevar la voz para llegar a tocar el corazón de alguien de una manera tan intensa como lo acababa de hacer Alfredo.

          Aquella pregunta se quedó sin respuesta ya que Maca llegaba por el pasillo y Teresa estiró del brazo suavemente a Alfredo que también se percató de la llegada de quien su corazón sentía de una manera tan intensa.

          Maca al ver a Pedro mostró un gesto de cierto nerviosismo. Pero rápidamente, la sonrisa de Teresa y su caricia al pasar por delante la calmaron. El camillero anunció su entrada y Esther se aproximó sonriendo también. Aquellos gestos de las dos mujeres más importantes habían calmado los nervios.

-¿Cómo estás, cariño? –le preguntó Esther.

-Un poco mareada, me han puesto contraste.

-Cariño, vamos a tomar un café ¿de acuerdo? –Teresa le dejó un beso en la frente.

-Gracias –murmuró Maca.

-¿Vamos Esther?

-¡Claro!

          Al salir, Pedro se acercó hasta su hija. No sabía ni siquiera que decirle. Sus ojos se llenaron de lágrimas y lo único que pudo hacer fue sentarse junto a la cama. Maca utilizó el mando para incorporarse. Conocía perfectamente a su padre y sabía que no iba a ser capaz de pronunciar palabra.

-¿Qué tal estás? –le preguntó.

-Desolado.

-Imagino.

-¿Y tú?

-Esperando los resultados para irme a casa.

-Entiendo…

-No… no entiendes la situación, papá. No la has entendido nunca.

-Acepto tus reproches… me los merezco…

-No, no voy a reprocharte nada, tan solo quiero que hagas una cosa por mí, quiero que ayudes a mamá. Necesita ayuda psicológica urgentemente. Lo que no necesita es que huyas corriendo y te escondas en Jerez. Lo único que le queda eres tú. Y eres tú quien debe ayudarla, a mí no me dejaría.

-No tiene perdón lo que ha hecho… -le dijo mirándola incrédulamente.

-Claro que lo tiene. Ella quiso una hija por ti, yo no era lo que deseaba, no se puede obligar a nadie a querer. El amor es un regalo, no una obligación y ella se sentía obligada conmigo.

-No la entiendo… nunca entendí que se comportara así.

-¿Hiciste algo por entenderla? ¿Hiciste algo por mí? Lo único que has hecho es trabajar, te has olvidado de tu familia. Y no es un reproche. El problema es que a mí me habéis enseñado lo mismo, y ahora tengo que aprender a estas alturas de mi vida a que la familia es un bien preciado que hay que cuidar.

          Pedro la miró con expresión cansada.

-Mamá necesita ayuda profesional, haz algo constructivo por ella. Siempre te dije que el dinero no lo es todo, que algún día te darías cuenta de que hay más cosas en la vida.

-Para mí sigues siendo mi hija.

-Sí, soy la hija que criaste de lejos, papá. Soy la hija a la que dar todo el dinero del mundo era tu solución como padre. Me gustaría tanto que aprendieras de esto, yo he aprendido la lección. Creo que todo esto pasó para que cada uno de nosotros aprendiéramos algo. No pienso dejar pasar la oportunidad de aferrarme a la vida, a esta nueva vida.

-¿Quieres decir que no quieres saber nada de nosotros? –le preguntó con el ceño fruncido y cierto temor en la mirada.

-Claro que quiero, pero quiero que aprendáis de esto, que me veáis como soy. Pero para eso, mamá tiene que curarse, he visto a muchas personas como ella, no tiene empatía, no sabe valorar la vida si no es la vida de lujo que ha llevado siempre. Su mente planeó todo para asesinarme ¿y todo por qué? Porque no quería que saliera en la televisión diciendo que vuestra hija era una niña robada, me disparó sin compasión porque temía perder su posición en la sociedad. Está enferma, muy enferma para llegar a ese punto. No quería perderte, no quería perder su vida social, sin embargo, no le importó dispararme, no le importó matarme.

-Es horrible…

-Desde luego, pero es mi madre, aunque ella pensara que no me quería sigue siendo mi madre, a la mujer que tanto he querido y por la que mi vida ha sufrido un vacío materno que me ha convertido en una persona amargada. Sin embargo, la vida me ha enseñado que cada persona somos un mundo, un ser único, y como ser único ella se ha dado cuenta que a pesar de querer acabar conmigo, los remordimientos no la dejan vivir porque en el fondo, sí me quiere. Y me quedo con eso, me quedo con eso, papá.

-Lo siento tanto…

-De nada sirve sentirlo, hazte un favor… Ayuda a mamá.

          Mientras en la cafetería el rostro serio de Alfredo estaba poniendo nerviosa a Esther. Se habían pedido un café y estaban haciendo algo de tiempo antes de subir.

-¡No debí tomarme el café! Ahora mismo debo tener doscientas pulsaciones –habló en voz alta tratando de cortar la tensión que existía.

-Menos mal que urgencias está cerca –le contestó Teresa muy seria entonces las dos mujeres rompieron en una carcajada-. Tiene que ser así. Maca tiene que hablar con él, aclarar las cosas.

-No sé cómo puedes estar tranquila, Teresa. Sé que no tengo ningún derecho a reprocharle nada pero…

-¿Era lo que sentías, Alfredo? –él la miró y asintió-. Pues ya está, ¡en la vida hay que hacer y decir lo que uno siente!

-Lo sé… lo sé… siempre lo decías.

-¿Ah sí? Es muy pesada con ese consejo, a mí me ametrallaba con lo mismo.

-¡Anda esta! Pues creo que no te ha ido nada mal, bonita.

-Es verdad –sonrió graciosamente.

-Mira, Alfredo, mientras Maca estaba entre la vida y la muerte, pensé mucho. Hasta pensé en llamarte y decirte que nuestra hija se moría, pero entonces me di cuenta de que lo único que iba a provocar en ti era un dolor injusto. Así que esperé, y acerté porque has podido conocerla. En ese tiempo me di cuenta que odiaba a esa pareja con todas mis fuerzas, verlos me provocaba un asqueo total, pero ahí también me di cuenta que era una sin razón, solo sufría yo ellos ni se daban cuenta ni les afectaba, y me dije a mí misma… No le han dado la mejor de las vidas porque Maca está necesitada de recibir mucho amor, pero tampoco le ha faltado de nada, ha podido estudiar lo que la sangre le tiraba, es la mejor Inspectora de Madrid. Todo esto me ha dado la fuerza suficiente como para aceptar que han hecho lo mejor que han sabido hacer. Del amor nos encargaremos nosotros. Los reproches nada más servirían para tender puentes que nos alejaran de ella, porque siempre serán sus padres.

          Aquellas palabras de Teresa hicieron efecto en los dos, Esther tomó nota, porque ella había sido muy dura con sus padres, pero tenía razón, eran sus padres y Maca no iba a dejar de ocuparse de ellos, de quererlos. En señal de apoyo total, Esther le dio un apretón en su brazo y aprovechó que Alfredo fue a pagar para preguntarle mirándole intensamente a los ojos.

-¿Qué tal ha ido?

-Ni bien ni mal, tenemos mucho de qué hablar.

-Hacéis muy buena pareja.

-¡Calla casamentera, calla! –le sonrió-. Lo importante ahora es Maca.

-Maca está bien, y de ella me encargo yo.

-¿Nos vamos? –se acercó Alfredo hasta ellas.

-Sí, claro.

          Subieron en el ascensor hablando de cosas sin importancia, al llegar a la habitación, Maca ya estaba sola, parecía tranquila. Al verlos sonrió.

-¿No has visto a tu amiga? ¡Me está haciendo esperar a propósito!

-Cuando se conozcan mejor van a ser uña y carne –les dijo Esther.

-Deja… deja…

-Ya se te ha pasado el mareo.

-Sí, Teresa, pero estoy un poco nerviosa –les dijo-. Noto un poco de ahogo no sé…

-¿Cómo que de ahogo? –Esther se acercó hasta ella.

-Sí, una opresión aquí –se señaló el pecho.

-A ver…

          Esther le tomó la muñeca y colocó su dedo índice y corazón en ella. Su gesto se mostró preocupado, tanto Teresa como Alfredo se percataron de que algo no iba bien.

-¿Podéis saliros un momento, por favor? –les preguntó seria mientras llamaba al timbre de S.O.S.

          Alfredo cogió por los hombros a Teresa y cuando fueron a salir escucharon a Maca.

-¡Esther… me ahogo! ¡No puedo respirar! Esther…

-Tranquila, cariño, tranquila… por favor tranquilízate.

-¡Me duele el pecho!

          La entrada corriendo de las enfermeras y Cruz hicieron que la pareja saliera de la habitación con el gesto francamente preocupado.

-Cruz… tiene toda la pinta de infarto –se lo dijo aterrada mientras Maca ponía gesto de intenso dolor y su mano buscaba apretarse el pecho para paliar algo esa descarga que sentía-. Maca tranquila, mi amor.

          Lejos de allí, en la comisaría Claudia estaba terminando de cerrar uno de los casos que habían llegado. Había quedado con los chicos que antes de comer irían a ver todos a Maca.

-¿Cómo vais? –les preguntó a Tur y Martín.

-Nos gustaría tener a la Inspectora aquí, este caso es de los suyos. De esos que tienes que manejar tu mente para llegar al final.

-Bueno… pero nosotros también vamos a llegar a este final –apuntó Tur serio-. ¿Qué sabe de la Inspectora?

-Nada, le iban a hacer pruebas y si todo estaba correcto se iría a casa.

-Pero aún no está recuperada… -le contestó Martin.

-No lo está, no, pero ya sabéis lo poquito que le gustan los hospitales.

-En breve la veo por aquí –dijo Tur con falso gesto de fastidio.

-¡Ah mira… me llama Teresa! ¡Hola Teresa! ¿Qué? ¿Cuándo? ¡Voy para allá!

-¿Qué pasa?

-Le acaba de dar un infarto.

-Joder…

4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 32

  1. Ja, ja, ja Pato… no creas que yo ya llevo la botella de oxígeno conmigo por si acaso me hace falta al escribir

    Gracias por seguir por aquí.
    un abrazote.
    Luz

  2. Hola pquimmera. Sinceramente, creo que ante una situación en la que no puedes entender el por qué de la misma, lo mejor que puedes intentar hacer por tu propio bien es asumirla y seguir, aceptarla y seguir. Porque quizás el acto de Rosario aunque sea muy salvaje, les ha servido a todos para enlazar nuevas vidas. Las perspectivas para Maca son muy grandes como para perderse en laberintos de rencor y sentimientos negativos, creo que ellos lo único que hacen es atraparte y no dejarte continuar, crecer, vivir. Maca ha demostrado entender la situación, quizá desde su punto de vista como Inspectora que ha visto tanto…
    Gracias a ti porque me ayudáis a desarrollar la historia no solo como eso, una historia, si no, a desarrollar acciones que no son muy entendibles, y que me obligan a centrarme mucho más y tratar de explicar lo mejor que sé. Después vuestros comentarios me ayudan a darme cuenta si lo he logrado o no. Por eso siempre digo que sois tan importantes para mí.
    Mil gracias.
    ldana

  3. Madre mía!!…cuando parece que la salud de Maca va mejorando, vas y…nos das otro susto. Ojalá que no sea más que un amago, supongo que son las secuelas de todo lo que le pasó física y emocionalmente. Esther se va a venir abajo.

    Maca es demasiado generosa. Entiendo que ella los ha sentido siempre como sus padres y los quiere, pero esa actitud hacia su madre me sorprende mucho…no creo que cualquiera fuera capaz de hacer lo que ella hace. Supongo que, como le dijo la psicóloga, no tiene caso guardar rencor, sobre todo por ella misma y su paz mental

    Muchas gracias, acá seguimos

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