SIN PASADO NO HAY FUTURO. FINAL

 

PhotoGrid_1445514149258Gracias por acompañarme hasta aquí, gracias a pesar de mis prolongadas ausencias por dar tanto cariño a mi historia. Espero que este final que me ha costado bastante escribir, sea un buen punto y final… o no…

Gracias a tod@s

ldana

La sorpresa para todos fue tan intensa como emotiva, nadie, excepto Claudia que había sido la cómplice de Maca, daba crédito a aquella pedida de mano tan formal. Pero sin duda quien más impactada estaba era Esther, se había tapado la boca con la mano, los ojos se le habían inundado de lágrimas de felicidad, miraba aquel anillo de plata con brillantes rosas fino pero intensamente hermoso sin poder articular palabra. Maca la miraba con una sonrisa nerviosa que ante la lentitud de su respuesta fue poco a poco diluyéndose.

-¡Maca! ¡Claro que quiero casarme contigo! ¡Si quiero!

Se lanzó al cuello de la Inspectora quien miró a Claudia dando un respingo de alivio, mientras su mejor amiga le guiñaba un ojo emocionada. Esther se separó de su cuello para entregarle la mano derecha y que le pusiera delicadamente aquella joya mientras las dos madres lloraban y reían emocionadas por igual.

-¡Esto hay que celebrarlo! ¡Nuestra jefa sienta la cabeza!

Dijo a voz en grito Tur mientras abría una de las botellas de champán y los demás aplaudían levantándose para darle las felicitaciones pertinentes a la pareja. Para las dos fue emotivo ver el cariño que les estaban demostrando, el abrazo entre Encarna y Esther fue tan largo y tan emocionante que por fin ponía punto y final a todo cuanto habían pasado. Teresa por su parte no podía dejar de llorar mientras estrechaba con cariño a Maca.

-Hija vas a ser muy feliz –le decía sonriendo con las lágrimas recorriendo las mejillas.

-Gracias, lo sé. Sé que lo voy a ser. Esther es maravillosa.

-Y ella ha tenido mucha suerte –le dijo contenta-. Eres una mujer estupenda Maca, me siento muy orgullosa de ti.

-Me gustaría darle dos besos a mi hija –dijo Alfredo sonriente y con delicadeza.

-Perdona… -se separó Teresa a un lado sonriendo emocionada.

-Estoy muy feliz por vosotras.

-Gracias, Alfredo.

No le dijo nada más, tan solo le entregó una mirada que confirmaba realmente las palabras que le había dicho. Después los abrazos y besos de Claudia a Esther.

-Así que era esto lo que hablasteis en tu despacho –le dijo Esther mientras la abrazaba.

-Veo que no se te pasa una, ¿eh? –le sonrió.

-Me alegro que hayas sido su cómplice.

-Nunca pensé que Maca haría esto, te aseguro que puedes estar bien tranquila, te ama de verdad.

-Gracias –suspiró mirándola mientras la Inspectora sonriente se abrazaba a Martín y le dijo-. Y yo a ella, Claudia.
También hubo un abrazo tierno y emocionante entre Teresa y Encarna, las dos se mostraban emocionadas y durante lo que duró el gesto ninguna de las dos pudo articular palabra, habían sufrido mucho pero se daban cuenta que a partir de ese momento y si la vida les respetaba iban a ser felices. Los malos tiempos habían quedado atrás.

Quizás el momento más divertido estuvo cuando Cruz se acercó hasta Maca ante la mirada y sonrisa de Esther. Cruz le dio dos besos y cuando le estaba dejando el segundo le susurró:

-No le hagas daño o te las veras conmigo.

Maca al escuchar aquellas palabras miró a Esther entrecerrando los ojos lo que logró arrancarle una sonrisa.

-¡Vamos chicas vamos a hacer un brindis! –dijo feliz Teresa-. Que lo haga el padre de la novia.

-¡Eso! –dijo Encarna mirando al hombre con una sonrisa.

-Pues… vamos a ver… no sé me han dado muy bien esto de los brindis pero… creo que este es muy sencillo porque nada más hay que ver como os miráis para adivinar cuanto os amáis, brindo porque ese amor sea eterno e intenso todos los días de vuestra vida.

-¡Por ese amor! –dijeron todos elevando sus copas.

-Te quiero –le dijo Maca mirándola con esa mirada repleta de amor que a Esther la volvía loca.

-Te quiero –le respondió con el mismo amor reflejado en sus ojos.

Se besaron ante los vítores de los presentes.

Cuando se quedaron solas, Esther aún tenía en su rostro el gesto de la sorpresa, Maca se sentía agotada y había decidido sentarse en el sofá a esperar que despidiera a todos. Los nervios y el trasiego la habían dejado tocada. Esther entró mirándola fijamente con un gesto repleto de felicidad, sentía tan intensamente que no podía evitar mostrarlo a la mujer que le había cambiado la vida. Se sentó junto a ella entrelazando sus dedos el contacto de sus pieles, la mirada de enamorada y, finalmente, acercándose poco a poco empezaron a besarse con mimo, con ternura mientras Esther estrechaba la cintura de Maca que se sentía extasiada de tanta felicidad.

-Maca… te quiero –le dijo juntando la frente con la otra.

-Y yo, mi vida. Vamos a hacer que cada día sea nuevo para nosotras…

-¡Voy a casarme! –le dijo Esther sonriendo de oreja a oreja.

-¡No me digas! –le respondió de igual modo-. La mujer con la que te cases es muy afortunada, te quiero…

Alfredo había decidido acompañar a Encarna y Teresa hasta casa, Encarna se subió dejándoles en el portal. Los dos habían pasado la cena mirándose,  sintiendo unos nervios desproporcionados que les llevaba a ese momento en el que estaban en silencio. Alfredo la miraba como si fuera un quinceañero, con ganas de hablar pero unos nervios desatados en su interior. Teresa que lo conocía sonrió de lado, pasó su mano por la mejilla del hombre que sintió como todo él renacía, como aquella caricia le daba una luz especial a su interior que durante tantos años había estado apagada.

-Lo siento tanto, Alfredo… -lo miró con gesto de pena pero con una mirada repleta de amor-. ¿Puedo pedirte una cosa?

-Sabes que sí –le respondió con ese mismo amor grabado en la mirada.

-No te vayas… o si te vas… te lo ruego… no me dejes. Sé que no tengo ningún derecho a pedirte esto, sé que fui injusta por tomar una decisión precipitada y sin contar contigo, sé que te he hecho sufrir y nunca me lo perdoné pero… no te vayas.

Él la miró fijamente sentía que las palabras de Teresa salían de su corazón, suspiró con delicadeza al mismo tiempo que le cogía las manos, con su porte caballero le dejó un beso en cada una ante la sonrisa delicada de la mujer que se sonrojaba sin poderlo evitar.

-Eres mi vida, Teresa.

-Debí…

-No –la detuvo con el dedo índice en los labios-. Me quedo con una sola condición.

-Dime –le sonrió con los ojos repletos de emoción.

-No hablar del pasado. No quiero vivir los días que me queden perdiendo el tiempo en lo que pudo ser, quiero vivir en el presente y quiero vivirlo intensamente. Porque he entendido mucho mejor tu decisión, Teresa. Creo que no saber el por qué de tu marcha me hizo daño, mucho, pero sé que lo hiciste con la mejor intención y que de no haberte robado a Maca, la vida hubiera sido muy diferente para los tres.

-A veces pienso que mi torpeza nos ha hecho desgraciados a los tres, pero… la vida nos da la oportunidad de a partir de ahora ser felices juntos como la familia que somos.

-Eso es lo importante.

La miró con una sonrisa tierna en los labios, en esos labios que Teresa se moría por volver a besar. Se miraron a los ojos y esa misma sonrisa se transformó en una sonrisa tonta que se diluyó al unir sus labios más de treinta años después.

En casa, Maca y Esther estaban acostadas, se habían acostumbrado a abrazarse durante un rato con los ojos cerrados dejando que los segundos pasaran y llenaran de ternura el corazón. Estaban en esos momentos íntimos que disfrutaban cuando el móvil de Maca sonó dando aviso de un mensaje de guasap.

-¡Qué rabia me da ese sonido! –murmuró Maca ante la sonrisa de Esther-. ¡Anda si es mi suegra!

-¿Y eso?

-Espera que es un mensaje de voz de los que le gustan a ella -ambas sonrieron con cariño hacia la mujer.

-¡Chicas! Esto funciona, cuando he llegado me he subido a casa y he dejado en el portal a los dos tortolitos –sonrió divertida, Maca y Esther se miraron con una sonrisa-. ¡Han estado bastante rato! No he podido controlar porque la pobre gata tenía más hambre que un maestro de escuela, pero han estado ratito, ahora –bajó la voz hablando entre susurros-, ha subido Teresa ¡y no camina! ¡vuela! –dio una carcajada tremenda que hizo que ambas rieran de buena gana también-. Ahora voy a averiguar aunque con la cara que lleva y los ojos de borrego degollao, creo que está claro como el agua cristalina. Espero que se haya graba.

-Que buena es –le dijo Maca con una sonrisa mientras pitaba otra vez el guasap-. Otro.

-A ver, a ver que dice.

-¡Coño no sé si se me ha escuchado! ¡Pero Maca tus padres vuelven! Buenas noches… seguir con vuestras cosas.

-No sabía que tu madre era tan bromista.

-Sí, es muy dada a provocar risas a su alrededor.

-Aún recuerdo el día que se sentó frente a mí en comisaría defendiéndote… te aseguro que pocas veces me han acojonado tanto.

-Madre mía… han pasado tantas cosas desde entonces… -se separó de ella para mirarla a los ojos mientras le acariciaba lentamente la mejilla-. ¿Sabes lo que nunca le perdonaré a Claudia?

-¿A Claudia? –la miró extrañada.

-Sí, que me llevara a tu casa con la cama llena de sangre… Esa visión no la puedo olvidar porque en ese momento ante aquello pensé que te había perdido –su voz sonó repleta de tristeza.

-Pero no ha sido así, cariño. Aquí estoy. Y aquí estaré mucho tiempo.

-Lo sé –sonrió mientras le besaba la mano que Maca había posado en su mejilla-. Y quiero olvidar todo aquello, te lo juro pero ha sido tan…

-¿Horrible?

-Sí, dentro de aquella pesadilla verte me llenaba de calma –Maca sonrió-. Tanta que recuerdo aquel ataque de ansiedad que me dio, tenía pánico a estar allí sola, saber que tú estabas a mi lado me daba tranquilidad dentro de toda la locura que viví. Rompiste todo mi mundo, Maca.

-Suele pasar –sonrió guiñándole un ojo divertida.

-¿Ah si? –le preguntó con tono provocador.

-Sí.

Entonces ambas dieron una carcajada, Esther sentía que su mundo comenzaba a estabilizarse, había desaparecido de su interior el miedo, la desidia, la incertidumbre. El amor había borrado todo y tener a Maca a su lado, poderla acaricia, besar, amar era una sensación que le hacía sentirse mejor. Y algo parecido le sucedía a Maca. Se quedaron mirando con ese amor intenso que sentían, mientras unían sus labios y los corazones volaban de felicidad.

-Maca… soy muy feliz. Inmensamente feliz.

-Me alegro, porque yo también lo soy.

-Me siento como si fuera a explotar de tanta emoción… nunca imaginé que me casaría.

-¡Ni yo! –dijo divertida Maca-. Si cuando se lo dije a Claudia tuve que jurarle que no iba borracha, ni medicada ni me había golpeado la cabeza –Esther dio una carcajada-. Cada noche cuando me duermo abrazándote, me siento feliz de saber que aunque con trampa, estamos casadas. Cuando me despierto y estás a mi lado, siento que la vida tiene sentido, me gusta saber que estás a mi lado, eso no lo había sentido por nadie. ¡Y voy a confesarte un secreto que no quiero te rías!

-A ver.

-¡Pero como te lo voy a contar si ya te estás riendo! –decía Maca muerta de risa mientras Esther cogía sus manos.

-No me rio –le dijo riéndose-. Va…

-El día que fui a tu casa para encontrar alguna prueba que te incriminara –Esther la miraba mordiéndose el labio inferior. Maca bajó la voz y entrecerró los ojos graciosamente antes de decirle-. Ese día… robe algo.

-¿Robaste? –la miró sin entender muy bien aunque una sonrisa fina aparecía en sus labios.

-Sí –Maca sonrió ampliamente.

-¡¡Qué!! –dijo impaciente.

-Un tanga.

-¡No!

-¡Sí!

-¡No me lo creo! –decía riendo.

-Espera –se giró lentamente y abrió el cajón de su mesilla de noche, entre su ropa interior asomó otra pieza que le enseñó a Esther-. Aquí está.

-¡No!

Esther rompió en una carcajada mientras Maca reía divertida, les había dado un ataque de risa incontrolado y con él estuvieron un buen rato.

Por su parte, Teresa se había ido a dormir, Encarna le dio su espacio, sabía que si quería contarle algo al día siguiente lo haría. Pero para su sorpresa, la puerta se abrió y escuchó la voz de su amiga preguntarle si estaba despierta, Encarna miró el reloj y marcaba la una de la mañana.

-¿Qué pasa? –le preguntó sentándose en la cama con la redecilla puesta en su melena.

-¿Podemos hablar? –la cara de Teresa no tenía desperdicio.

-¡Ya te ha venido la flojera! ¡Si es que lo veía venir! ¿Te besó?

-¡Sí! –dijo sonrojándose-. Treinta y cinco años después.

-¿Y? –abrió mucho los ojos acompañando la pregunta.

-¡Ay Encarna! –susurró sonriendo mientras le dejaba una palmadita sobre el brazo-. Como si no hubiera pasado el tiempo.

-¡Cuánto me alegro!

-Te hice caso, estuve pensando y tenías razón, él no iba a dar el paso, tenía que ser yo quien pidiera perdón y una nueva oportunidad. Ni en mis mejores sueños pude crear esta realidad, le quiero, Encarna o mejor dicho, le amo. Estoy feliz… tan feliz que me da miedo sentir todo esto.

-Teresa -le cogió las manos con una sonrisa dulce-. Siente porque la vida es sentir, sentir amor es lo mejor que nos puede pasar y tú, querida amiga, lo mereces.

-Si no hubiera sido por ti no creo que me hubiera lanzado.

-¡Oh claro que lo hubieras hecho! En cuanto te has dado cuenta de que lo podías perder, además, estaba cantado nada más había que ver como os habéis comportado hoy, esas miraditas que os lanzabais.

-¿Se ha notado? -le preguntó alertada con los ojos abiertos de par en par.

-Sí, querida…

-¡Oh! ¿Mi hija lo habrá notado? -se puso la mano en el pecho.

-Por supuesto, y la mía.

-¿Qué van a pensar de mí?

-Que eres una mujer maravillosa que merece un hombre maravilloso y en cuanto estas dos vuelvan de la luna de miel, debéis casaros.

-¡Ah no no no no! No pienso casarme -decía espantada.

-¡Otra! Mira tu hija y al final…

-Maca… -suspiró con fuerza, se mordió el labio inferior y tras mirar a Encarna con una sonrisa le dijo-. Mi hija… que bien suena decirlo en voz alta y tenerla ante mí.

-Imagino que sí.

-Espero que con el paso del tiempo sea capaz de llamarme mamá. ¿Suena muy ridículo?

-En absoluto. Eso sí… un poco de paciencia porque la Inspectora es tan dura que le cuesta demostrar lo que siente.

-Lo ha pasado tan mal que sigue envuelta en un caparazón… aunque estoy segura que Esther le va a ayudar a quitárselo.

-¿Hacen buena pareja, verdad? -preguntó Encarna y ante la sonrisa feliz de Teresa agregó-. No aceptaba que mi hija fuera lesbiana, me dolía, podía disimular que lo respetaba y aceptaba, pero lo segundo me costaba lo mío -hizo una mueca con sus labios, Teresa le cogió la mano-. Sin embargo, el paso del tiempo me fue ayudando a ver que no era cuestión de aceptar ni respetar, era mi niña ¡esa que un día parí! Y no tenía derecho a juzgarla, nada más buscar su felicidad fuera con quien fuera, y Maca me parece la mujer perfecta, tras todo lo ocurrido que tenga el inmenso corazón de aceptarla… Nada más puedo querer a tu hija con todas mis fuerzas, cada vez que veo como mira a la mía, me doy cuenta que eso es lo realmente importante, su amor.

-Me alegro Encarna de que pienses así.

-No sé si volverme al pueblo o quedarme algo más… vas a necesitar ayuda para tu boda.

-¡Calla, calla! -decía muerta de risa.

-¿Y Alfredo? Aunque es tan parecido a Maca que imagino no habrá hecho demasiada fiesta, ¿me equivoco?

-Alfredo habla a través de sus miradas, y su mirada hoy me ha dicho tantas cosas…

-Me alegro ¡lo dicho! Me quedo.

El tiempo pasó muy deprisa, Maca y Esther habían decidido hacer una boda muy sencilla. Teresa había sido la encargada de acompañar a su hija a buscar vestido, Encarna la encargada de ir con Esther. Alfredo había hablado con algún compañero de su quinta y había conseguido dos coches antiguos de época blancos. Claudia había logrado que un primo suyo les cediera un lugar de encanto en la sierra madrileña para poder celebrar la boda y el convite, las chicas se habían enamorado de su caserón antiguo, con grandes muros de piedra, techos altos de madera, suelo de barro y unos jardines con un verde intenso. Las dos madrinas habían decidido ir juntas a comprarse el vestido se habían divertido lo suyo, pero lo mejor es que estaban felices por el acontecimiento. Los compañeros de la comisaria habían hecho una despedida de soltera sorpresa a Maca, le habían invitado un día para charlar de un caso, y terminó llegando una estríper vestida de enfermera haciendo un número más que sexy divertido que provocó en Maca una mirada asesina hacia Tur que reía sin parar. En el hospital, Esther se había ganado el respeto de sus compañeras, siempre dispuesta a trabajar sin descanso, siempre cercana para ayudar a quien lo necesitaba, pero lo que más sorprendía a sus compañeras era lo buena que había demostrado ser, al principio la miraban con reticencias por ser la protegida de la doctora Gándara, pero ella sola, fue capaz de girar esas opiniones en positivas y cercanas. También tuvo su fiesta de despedida en el despacho de enfermeras con una estríper vestida de policía que hizo las delicias de sus compañeras.

Cuando por la noche se contaron sus respectivas despedidas ambas reían divertidas. El hombro de la Inspectora mejoraba a pasos agigantados, había comenzado la rehabilitación antes del tiempo previsto, daba por buenos los dolores y los sudores que debía pasar en el fisioterapeuta pero se había propuesto ir a París a su luna de miel en las mejores condiciones posibles. Aquella noche era la última que iban a compartir juntas, al día siguiente Maca se iría a casa de su madre y Encarna iría a casa de las chicas, prepararían todo por separado, ambas querían sorprenderse, ambas estaban emocionadas ante la boda. Aquella noche, Esther tenía abrazada a Maca, habían hecho el amor con tanta necesidad como siempre, y tanto amor como acostumbraban. Pero en esos días había algo que nadie nombraba pero estaba ahí, los padres de Maca. No iban a acudir a la boda, a Pedro no le pareció apropiado ir solo, además, para el tratamiento que Rosario estaba siguiendo podía ser contraproducente. Esther había visto el dolor en los ojos de Maca, no había querido tocar el tema pero sabía que le dolía y no podía dejar que algo así no lo hablaran.

-Maca, cariño, ¿duermes?

-No, estoy escuchando tu corazón -la miró sonriendo.

-¿Podemos hablar de algo serio? -la miró con gesto relajado.

-¿Quieres hablar de mis padres? -respondió sentándose en la cama y el ceño fruncido.

-Sí.

-Estoy bien, de verdad.

-No te creo. Y estoy segura que eso va a entristecerte en la boda. ¿Qué puedo hacer?

-Nada, cariño… entiendo su postura, de verdad, me duele pero… la entiendo.

-¿Quieres que hable con él?

-No, mejor no.

-Quizá nada más haya que hacerle ver lo mucho que se va a perder, a su bella hija casándose.

-Esther, mi amor… Nunca fui su bella hija, no lo voy a ser ahora. Lo tengo asumido, de verdad, te agradezco tu interés pero soy completamente consciente de que mis padres van a estar muy lejos de mí.

-Dales tiempo.

-Por supuesto, que sí -le acarició la cara-. Pero le agradezco señora de Wilson su interés por mí.

-¡Oh que menos podía hacer señora de García!

-Joder… es que… ¡nos vamos a casar! ¡Y voy a ser consciente de ello, esta vez sí! -le dijo sonriendo.

-¡No me lo recuerdes que a punto estuve de morirme yo! -decía mordiéndose el labio inferior.

-No sé si alguna vez te he dado las gracias por ello, por ser tan valiente, por ser tan decidida.

-No fui ninguna de esas dos cosas -le quitó el mechón del flequillo de la cara colocándoselo tras la oreja-. Tan solo fui una mujer enamorada.

-Pues gracias, por ser una mujer enamorada. Te quiero.

-De nada, te quiero.

Los nervios del día siguiente fueron épicos, ninguna había vivido algo tan intensamente. Las madres iban de lado a lado tratando de ayudar, Claudia se había encargado de echar un cable tanto a Maca como a Teresa, mientras que por su parte, Cruz lo hacía con Esther y Encarna. El momento de salir se acercaba y los nervios eran cada vez mayores.

-¿Cómo me ves, Claudia?

-Divina, vamos Esther se desmaya.

-Ya se lo he dicho yo cuarenta veces -sonrió Teresa-. Cariño… estás divina.

-Pero es que tú eres mi madre y me ves divina -le dijo cogiéndole de la mano dejando de una pieza a Teresa que no se esperaba aquello-. ¿Te pasa algo?

-Que me has emocionado, solo eso.

-¡Madre mía cuanta cursilería vamos a vivir hoy! -decía Claudia divertida-. Os espero fuera.

Dentro madre e hija se miraron con cariño. Teresa tomó las manos de Maca mirándola a los ojos con ese cariño que para la Inspectora era tan abrumador, que muchas veces le obligaba a mirar hacia otro lado.

-Maca quiero que sepas que soy muy feliz. Que te quiero mucho, hija.

-Gracias.

Fue lo único que se le ocurrió decir. Eso sí, su voz sonó cargada de emoción, una emoción diferente a la que había mostrado en otras ocasiones, esa emoción llegó hasta el corazón de Teresa.

-Una cosa más, Maca. Estoy segura de que el tiempo ayudará a Rosario, sé que no vas a darle la espalda eres tan buena gente como lo es Alfredo, nadie somos perfectos todos cometemos errores, quizás a Rosario lo único que le ocurra es que no ha sabido reconocerlos en todo este tiempo.

-Nunca te he dicho que agradezco el coraje que tuviste mientras estaba en coma, mi madre tuvo mucho tiempo para recapacitar, Teresa, no espero nada de ella tan solo un poco de respeto. Nada más. En cambio, me siento afortunada de que hayas aparecido, es como si Elena y Luisa se hubieran cruzado en mi vida para encontrar el camino, ¿sabes que era un caso que no nos pertenecía? Nos llegó de rebote. Así es la vida, caprichosa para bien o para mal, en mi caso ha sido para ser mejor, para encontrar una mujer maravillosa con la que compartir mis días, y unos padres que con cada mirada me acarician, me dan ese amor que en todo este tiempo no recibí, a veces no sé como reaccionar, pero lo que sé, es que soy afortunada, mamá.

-Hija mía.

No era necesario hablar más, se abrazaron con fuerza mientras Teresa lloraba de emoción, Maca sentía que por primera vez en su vida el Universo se había alineado para darle lo mejor. Aquel día, se sentía plena y feliz.

Mientras en la otra casa, Esther se mordía la uña nerviosa, era su costumbre cuando perdía el control, no valió de nada que su madre la riñera una y otra vez, estaba casi paralizada a no ser por ese dedo en la boca.

-¡Cariño el cochazo ya está aquí!

-Sí, mamá. Ya voy.

-Encarna yo me bajo, estáis las dos estupendas, muy guapas.

-Gracias, Cruz. Gracias por la ayuda en todo -la abrazó con ese amor que Encarna entregaba en cada abrazo que regalaba.

-De nada, Encarna -contestó algo abochornada por tanto cariño-. ¿Esther? ¿Esther?

-Que, que…

-Oye… aún estás a tiempo de no casarte con esa Inspectora -le dijo muy seria, Esther la miró fijamente aterrada-. Lo digo en serio, ¿tú estás segura de querer casarte con ella?

-Pues claro -le contestó seria con el ceño fruncido.

-¡Quita esa cara de susto, joder! -le gritó riéndose de ella-. Estás aterrada…

-Estoy muy nerviosa… mucho… no sé que me pasa… me duele el estómago…

-Hija… es normal, el día que me casé yo el tío Emilio tuvo que parar el seiscientos en un bar antes de llegar a la Iglesia porque me meaba encima… -Cruz dio una carcajada divertida-. Así que venga… dale un abrazo a tu madre y a hora en cuanto volváis de la luna de miel tenéis que poneros manos a la obra para darme un nieto antes de morirme.

-¡Mamá! -la riñó-. ¡Como se te ocurre decirme eso ahora!

-¡Pues no sé! ¡Cosas de tu madre! Ven aquí, mi amor -la abrazó con un infinito cariño-. Te quiero, mi niña… no lo olvides nunca.

-Y yo mamá, te quiero mucho de verdad no sabes lo que te agradezco que estés a mi lado a pesar de todo lo que he hecho.

-Hija… lo hecho hecho está. Hay que mirar hacia delante nunca hacia detrás. ¿Me entiendes?

-Sí -le sonrió ampliamente.

-¡Pues venga que tu mujer te espera!

-Mamá, la adoro.

-Lo sé. Vamos.

La boda fue de esas bodas para el recuerdo, todo salió a la perfección. Las madrinas se mostraron emocionadas, Alfredo soltó alguna lágrima y tanto Claudia como Cruz, se mostraron felices por sus respectivas amigas. Tal y como quisieron estuvieron todos los más cercanos y los que en la primera boda tuvieron el coraje de jugarse sus puestos. El convite fue divertido, hubieron muchas risas, abrazos, besos, esos típicos “que se besen”, la tarta y algo que nada más Maca sabía.

-Quiero brindar -dijo Maca levantando su copa-. Brindo porque somos afortunadas de tenernos la una a la otra, por mi mujer, por nuestros amigos y compañeros, por mi suegra y mis padres. Brindo porque la vida nos ha unido en este grupo maravilloso que tenemos la fortuna de disfrutar. Pero además, hoy no es solo un día especial para nosotras, así que voy a ceder la palabra a Alfredo, mi padre.

-Gracias, hija. Bueno… allá voy -tomó aire ante la mirada de todos y finalmente dijo con cierto temblor en su voz-. ¿Teresa… quieres casarte conmigo?

La sorpresa fue apoteósica, no solo para una Teresa paralizada, si no, para todos en general. Hubo aplausos, risas, otros “que se besen” “que conteste”.

-¿Quieres? -insistió al ver que Teresa seguía en silencio.

-Sí… claro…. ¡como no voy a querer! ¡Si quiero!

-¡Bravo! -gritó aplaudiendo como loca Encarna.

Mientras Alfredo le ponía el anillo, Esther abrazaba y besaba a una emocionada Maca. La cara de Teresa no tenía desperdicio y las cámaras de los móviles no cesaron de hacer fotos y vídeos. La orquesta comenzó a sonar y tanto Maca como Esther cedieron el honor de abrir el baile a sus padres.

Eran cerca de las tres de la mañana cuando la pareja llegó a casa, lo hizo con una alegría desmesurada, Maca quería entrar en brazos a una Esther que no paraba de reír, no hubo manera de poderla levantar.

-¡Maca que me meo! -decía muerta de risa apoyada en la pared.

-¡Y yo! -daban carcajadas sin parar.

-Abre la puerta anda… -le decía divertida.

-¿Y las llaves? Si no tengo bolso.

-¡No jodas que no tenemos llaves!

-¡Ni móviles!

-¿Y qué hacemos? -le preguntó seria.

-¡Yo que sé! Llevo un pedo considerable, Esther.

-Pues anda que yo.

-Cariño… me veo pasando la noche de bodas en el rellano.

Esther dio una carcajada fundiéndose en un abrazo con Maca, cuando se separaron se miraron fijamente besándose con pasión, las manos de Maca comenzaron a levantar la falda de una Esther que trataba de desabrochar por algún sito el vestido de su mujer. Los jadeos comenzaron a salir de sus bocas sin percatarse si quiera donde estaban.

-¡Jesús! -la voz de Encarna les hizo parar, girándose al mismo tiempo. Allí estaba la mujer con gesto de “perdón, lo siento”, aquello hizo que Maca y Esther comenzaran a reír-. Las llaves… las tenía yo.

-Mamá… -trató de reñirle pero le fue imposible.

-Seguir, seguir… bueno… pero dentro ¿eh? Me voy… me voy…

-¡Mamá las llaves!

-¡Ay leche!

Encarna se marchó corriendo mientras ellas reían sin parar.

-Abre que me meo -insistía Esther.

-Creo que la hemos escandalizado.

-Sí…

-La puerta se mueve… ¡coño!

-A ver… ¿me dejas, mi amor? -le quitó suavemente la llave.

-Claro, mi vida.

Entonces Maca comenzó a besarle el cuello con las manos rodeándole la cintura.

-Maca así no puedo… por favor…

-Te quiero… te deseo.

-Y yo pero… ¡ay! -se giró abandonando la llave en la cerradura besando con frenesí a su mujer-. Me vuelves loca.

-Mi vida… -volvió a levantarle la falda para meter su mano.

-¡Au!

-¿Y ahora qué pasa?

-Me he clavado la llave…

Entonces se miraron como si se vieran por primera vez, suspiraron al mismo tiempo, besándose con ternura, sin fiereza ni pasión, tan solo con un ternura que logró que aquellos dos corazones latieran al mismo ritmo, marcando el compás del amor.

Al día siguiente a las cuatro de la tarde salía su vuelo hasta París. En el aeropuerto ambas se mostraban cariñosas, al subir al avión, entrelazaron sus manos mientras Esther le decía al oído.

-Por fin volamos a París.

-¡Todo lo que nos ha costado, verdad!

-Sí, pero allá vamos.

-Te quiero -le besó la punta de la nariz.

-Yo también.

El avión cruzó los cielos hasta llegar a París, durante una semana la pareja disfrutó de todo cuanto podían haber imaginado, paseos por la ciudad del amor, noches de pasión en el hotel, charlas interminables, deseos para un futuro en común. Regalos inesperados. Mil te quiero, acompañados de mil caricias. La vida les había compensado después de tantos sufrimiento y dolor. Ambas estaban convencidas de que era una oportunidad única para ser capaces disfrutarla día a día. Noche a noche.

La vuelta significó volver a los quehaceres diarios, Esther volvió al trabajo tal y como había prometido, rechazo una semana de sus vacaciones, Maca a su fisioterapeuta de confianza quien le dio el alta para poderse incorporar a su trabajo. Dedicaron algunos días a comer con sus padres, Encarna había pospuesto su vuelta al pueblo para ayudar a una Teresa que seguía en su nube particular. Alfredo había vuelto durante unos días a su casa para arreglarlo todo, aquella sería su casa de los veranos, Teresa podría decorarla cuando llegara, era una casa muy sobria como él. También las chicas podrían ir a pasar largas temporadas siempre y cuando el trabajo se lo permitiera. Nunca pensó que podría ser tan feliz. Por su parte, Pedro había hablado por teléfono con Maca, Rosario había aceptado el tratamiento y los psiquiatras le habían diagnosticado un trastorno que debían tratar. No hubo una pregunta por Esther ni por como había ido su boda, aquel gesto de su padre le dolió, más que todos los desaires que le habían hecho a ella a lo largo de su vida. Cuando colgó aquel día, pensó que los lazos que podían unirle a ellos, acababan de cortarse para siempre. Lo asumió tras un llanto y dolor en su corazón, pero aquel dolor fue menos entre los brazos de Esther que la acunó, besó y ayudó.

Llevaban dos meses casadas, la vida de pareja era hasta ese momento plena. Alfredo y Teresa se habían casado en el mismo lugar que ellas, la boda había sido un éxito y en esos instantes disfrutaban de una luna de miel que les llevaba hasta Austria país que ambos cuando eran jóvenes querían visitar. Encarna decidió quedarse para cuidar a Reina, pero en el fondo sabía que no volvería al pueblo, no quería apartarse de esa nueva vida de su hija que a ella le hacía feliz. Era un día como otro cualquiera, Esther salía del hospital buscando con la mirada el coche de Maca, allí con una sonrisa la esperaba su mujer. Tras el beso puso el coche en marcha.

-Voy a darte una sorpresa. Quiero que te pongas el antifaz.

-Maca… estás loca… -sonrió.

-Sí, lo sabes… ponte el antifaz -la miraba con esa sonrisa en los labios que doblegaba siempre a Esther.

-Vale.

-¿Confías en mí?

-Plenamente, lo sabes.

-Vamos allá. ¿Ves algo? -le preguntó poniendo su mano delante.

-Nada.

-¡Genial!

Arrancó el coche y decidida condujo durante un buen rato aguantando el interrogatorio de Esther que reía divertida. El coche comenzó a moverse con algo de brusquedad, Esther entendió que iban por un camino de piedras.

-¡Hemos llegado! -exclamó feliz.

-Dios… donde me llevas.

-Espera y veras.

Bajó del coche y la ayudó a salir, Esther se percató que oía muchos ladridos.

-¿Dónde estamos?

-Espera un segundo… a ver… ahora… ya puedes mirar.

Esther se quitó el antifaz y ante ella vio asombrada como habían varios perros sentados mirándola, entonces entendió aquel gesto de Maca. Le había dicho que quería un perro para ser la familia perfecta, y allí la había llevado su mujer a pesar de no gustarle los animales.

-Dios mío -murmuró feliz-. Son… son…

-¿Divinos? -sonrió Maca al ver la emoción en su rostro.

-Oh Maca… ¡gracias!, ¡gracias!, ¡gracias! -la besaba feliz mientras la abrazaba con fuerza.

Las chicas que llevaban a los perros las miraban sonrientes, fue complicado elegir cual de todos se llevaban, por un momento ninguna de las dos era capaz de elegir. Esther quería quedárselos todos, Maca puso la cordura suficiente para hacerle ver que trabajando las dos era complicado tener tantos. Finalmente, se llevaron una hembra que le faltaba un ojo. Había sido la más miedosa, la que más le había costado acercarse, sin embargo, fue la que no se movió del lado de Maca.

Una vez en casa, las tres sentadas en el sofá sintieron que empezaba esa vida que tanto había soñado Esther.

-¿Y tú Maca? ¿Se cumplen tus sueños? -le preguntó Esther que reposaba la cabeza sobre su pecho recibiendo una caricia lenta en el cabello.

-No tenía sueños, Esther. Mi vida carecía de tantas cosas que no sabía ni siquiera por donde debía empezar a buscarlos. Pero ahora sé que mi vida sin ti no tiene sentido. ¡Y estoy segura que será así por siempre! A pesar de lo que diga Cruz.

-¿Sabes una cosa? ¡Yo también lo estoy!

-Te quiero muchísimo Esther, que sepas que soy el centro de las burlas de Tur. Porque dice que he pasado de ser una picaflor a una respetada mujer casada enamorada y embobada.

-¡Tur es único! -rio de buena gana.

-¿Pero sabes? Tiene razón. Me tienes loca, embobada, enamorada y feliz.

-Maca… mi Maca.

-Nada ni nadie logrará separarnos -le dijo con seguridad mirándola a los ojos.

-Te amo, mi vida.

FIN

5 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. FINAL

  1. Llegados a este punto, solo darte las gracias. Por tu tiempo, por tu talento, pasión y dedicación. Al final, la vida les recompensó tanto dolor en su pasado y juntas tendrán un futuro mejor…no siempre pasa por lo que es precioso leer cuando si es así.

    Acá estaré leyendo el punto y seguido o…no de esta historia o de otras que nos quieras regalar

  2. Gracias a ti Kris, por acompañarme y animarme con tus comentarios durante toda la historia.

    Un saludo
    ldana

  3. Que decirte, que no te haya dicho ya, genial como todas tus historias, y como por pedir no queda, estaré esperando por otras más…felicidades y gracias escritora por el tiempo que aunque te sea poco nos dedicas.

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