PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 5

Capítulo 5

Las dos hermanas desayunaron con tranquilidad, hasta que llegó el momento en que Kristina tuvo que confesar el verdadero motivo por el que la habían expulsado.

-Fui una idiota, mi profesor me había suspendido y le ofrecí sexo a cambio de aprobarme -le soltó a bocajarro.

-¿Qué? -la miró perpleja.

-Sí, digamos que me había dado motivos suficientes para creer que me deseaba y pensé que ese era el motivo por el que me había suspendido.

-¡Estás loca!

-Sé que va a sonar fatal pero… me gusta.

-¿Te gusta el profesor? -Kristina asintió con un gesto sombrío-. ¡Pero eso sabes que no puede ser! Te expulsarán si se enteran y a él también.

-Lo sé, creo que por eso hizo la queja, para salvaguardarse -dijo con rabia mientras fruncía los labios.

-Pero entonces si él te ha dado esperanzas ha actuado mal, debería ser responsable de tu expulsión.

-Aún así no debí hacerlo -respondió con rapidez tratando de restar importancia a esa parte-, así que olvida lo que te he contado. Ni mamá ni mi padre deben saberlo, mi padre se ha gastado mucho dinero como para que sepa que por mi culpa lo ha perdido.

-Perdona… ¿no será por culpa de tu profesor? Para ofrecerle sexo algo has visto en él que te ha empujado a hacerlo, vamos… estoy segura que tú no vas ofreciendo sexo por ahí alegremente… deberías denunciarle a él por intentar aprovecharse de ti.

-Molly, ya está, olvídalo -se tapó la cara con actitud desesperada.

-¿Y qué vas a hacer?

-Estaré aquí una semana y me iré.

-¡Pero dónde! -la miraba preocupada.

-Iré al campus alquilaré algo y trabajaré. No puedo decirles que me han expulsado. Sería un disgusto enorme para ellos, por eso, esto tiene que quedar entre tú y yo.

-No estoy de acuerdo, pero lo haré -entonces insistió-. Deberías denunciar a ese profesor.

En el despacho de la universidad, Parker trataba de concentrarse para preparar la clase, sin embargo, no tenía cabeza para centrarse en las lecciones, se levantó caminando por el despacho, respiró con fuerza Kristina no se apartaba de su mente, una y otra vez la asaltaba alguna imagen suya, ahí mismo en ese despacho mientras la ayudaba, siempre sonriente y hasta coqueta. Se dio cuenta de sus miradas de inmediato, de su sonrisa traviesa, de su coqueteo leve entonces volvió a cerrar los ojos negando con la cabeza como si así pudiera sacudirse su recuerdo. Tenía seis meses, seis para olvidarla, alejarse de ella y seguir con su vida. Seis meses dónde su ausencia debía ser suficiente para recobrar su rutina. Seis meses sin verla… seis largos meses.

Durante toda la mañana, Kristina apenas salió de su cuarto no tenía ganas de ver a nadie, tan solo se aferraba al teléfono no podía creer que Parker la omitiera de aquella manera. Se acercaba la hora de comer y su madre había entrado para saludarla y avisarle que había llegado su hermana mayor Sam, y que se iban todas a comer para celebrar que tenía a sus tres hijas reunidas. Tuvo que hacer un esfuerzo para primero aceptar la comida y después bajar poniendo la mejor de sus sonrisas. Durante el trayecto en el coche necesitó estar centrada en las conversaciones que tenían y participar en ellas. Su hermana Molly, se daba cuenta de su estado, le dolía verla así y no poder ayudarla.

-¿Cuándo vuelves a la universidad? -le preguntó Sam.

-En una semana.

-Bueno tenemos tiempo de quedar un día y pasar una tarde de hermanas ¿qué os parece?

-¡Por mí genial! -respondió alegre, Molly.

-¿Kristina?

-Sí, claro, por mí también. Voy un momento al lavabo.

-Está un poco rara ¿no? -preguntó Sam a su madre.

-Sí, la he visto más taciturna que de normal, pero… no sé…

-¿Sabes si ha conocido a alguien?

-No, no nos ha dicho nada ¿verdad Moly?

-No, nada.

Sonrió para parecer realmente contundente.

En un momento dado, en el que las cuatro volvían a tener una distendida conversación, una de las clientas más importantes del bufete de abogados de Alexis, se acercó para hablar con ella. Momento que Kristina aprovechó para retirarse a la barra a pedir un zumo de piña. Se sentó allí con la mirada perdida, Molly le hizo un gesto a Sam para que fuera ella quien pudiera hablar y ver si le decía la verdad. Al llegar a su altura la vio con el teléfono en la mano como si estuviera esperando una llamada urgente, se sentó a su lado entendiendo que sí había algo que le preocupaba y, con el pasado de Kristina en cuanto a malas relaciones con chicos, estaba casi segura que era eso lo que le ocurría. Sam le preguntó mientras le acariciaba la cara.

-Me da mucha vergüenza, Sam.

-Soy tu hermana, jamás te juzgaré.

-Me han expulsado de la universidad -lo dijo agachando la cabeza mientras le daba el motivo por el que había sucedido.

-¿Qué? -su gesto fue de total sorpresa y hasta ofuscación.

-Sam el profesor me dio motivos para creer que era lo que quería.

-¡Kristina por favor! Aunque así fuera…

-¡Me has dicho que no me ibas a juzgar! -la miraba herida.

-Claro que no te juzgo, pero debo reprochar tu comportamiento, Kristina. Si ese profesor te estaba provocando debiste actuar de otra manera, hablar con nosotros o si lo prefieres hablar con algún amigo que pudiera ayudarte, con otro profesor, denunciarlo no sé… pero jamás hacer lo que hiciste porque lo único que has logrado es perjudicarte a ti misma ¡pero en qué estabas pensando!

-Ya lo sé, no hace falta que me reproches mi actitud, soy idiota, sé que no tengo disculpa pero… por favor ¡no me regañes más! -Kristina la miró nerviosa con una sonrisa amarga reflejada en sus labios como si pudiera con ella pedirle un abrazo que era lo que necesitaba.

-Kristina, ¿no has sufrido bastante ya? ¿Para qué estamos nosotros? Soy tu hermana debiste pedirme ayuda, lo único que no quiero es verte sufrir, y lo estás haciendo todos nos damos cuenta, esto te empuja a vivir con dolor y es lo último que quiero ver en ti, sufrimiento.

-Pero es que Parker me dio muestras de que me deseaba, pensé que era lo que quería que lo deseábamos de igual manera.

-¿Pero tuviste intimidad con él? -preguntó mirándola atónita.

-No, no… pero… sentía que era lo que quería ¡y de repente me denuncia! Hacen un reunión de ética y tengo que enfrentarme al decano que me suspende por mi acto indeseable, jamás pensé que haría algo así, jamás. Y ahora ¿cómo les digo a papá y mamá que me han suspendido por eso? Si fuera otro motivo, pero ese… -negó con la cabeza cerrando los ojos nerviosa-. Después de todo lo que he pasado, de todas mis equivocaciones, de mis errores con los chicos, siempre he implicado a mamá en mi dolor, después de todo eso sé que ellos estaban felices de ver que retomaba mi vida estudiando, confían en mí ¡cómo voy a decir la verdad, Sam! Los voy a destruir.

-Pero son tus padres, sé que vas a tener que enfrentar un momento complicado pero ellos te quieren y te apoyaran. Debes decírselo. Ellos están sufriendo piensan que otra vez algún chico te está haciendo daño, debes hablar con ellos.

-No, no y tú tampoco les dirás nada, ni Molly… Es mi vida y me he equivocado pero no quiero que se avergüencen de mí, no vas a decirles nada, Sam -su gesto evidenciaba un profundo nerviosismo mientras que su tono se volvió suplicante.

-Kristina no te das cuenta que cuantas más mentiras digas será peor, entonces sí vas a decepcionarlos, ¿crees que vas a poder evitar que averigüen que estás expulsada de la universidad?

-Mira… lo tengo todo planeado, en unas semanas iré a Wesleyan para buscar piso y cualquier trabajo, aguantaré todo el tiempo que esté expulsada y volveré a inscribirme para el año que viene empezar de nuevo. Pero ellos no se van a enterar de esto, jamás. Por favor no quiero volver a defraudarles. No quiero que sepan que mi vida es un desastre… por favor.

-Kristina…

-Por favor -le cortó el tono de advertencia que usó.

-Sé que no estoy haciendo lo correcto, Kristina, pero está bien… respetaré tu decisión a cambio de que me tengas al día de todo cuanto hagas, quiero ver tu casa, quiero ver tu puesto de trabajo y si necesitas cualquier cosa me lo pidas. Y lo más importante, quiero que no busques a ese profesor, que te mantengas alejada de él y si se acerca a ti, que lo denuncies.

-Gracias, Sam.

Kristina se levantó de la silla y la abrazó con fuerza. Aunque lo peor se lo había callado porque no fue capaz de decirle quien era el profesor. Justo cuando se apartaba de su hermana notó una vibración de su teléfono, lo miró y en la pantalla había un mensaje.

-Llámame, por favor.

Parker por fin le escribió. Pero era tarde, había dejado pasar demasiado tiempo haciéndole ver que no le importaba, con gesto de brutal enfado guardó el teléfono en el bolso ignorándola, aunque lo hizo con un dolor profundo en el corazón.

Kristina tenía que ver a su padre antes que supiera que estaba en la ciudad. Se dirigió hasta el edificio donde trabajaba, trató de mostrarse serena, por nada del mundo podía averiguar qué había pasado. Al entrar al despacho Sonny se alegró al verla fue ella quien se acercó hasta su silla de ruedas para abrazarlo con fuerza.

-¿Qué haces por aquí? -la miraba con ternura a pesar de esa dureza que siempre marcaba su rostro.

-Nos han dado unos días libres, están haciendo clases de repaso y… bueno… yo no las necesito.

-¡Eso está muy bien! Me alegro -sonrió de lado levemente.

-Sí.

-¿Todo bien por allí?

-Sí, sí, estoy muy bien trabajando mucho.

-Confío en ti, estoy seguro que sacarás adelante los estudios.

-Gracias, papá.

La hizo sentarse para hablar durante un buen rato, Kristina sentía que se iba enredando en mentiras que si algún día salían a la luz, le crearían serios problemas. Salió de aquel edificio con un peso enorme sobre sus hombros. Tuvo que buscar el refugio en un banco de la calle para sentarse porque le temblaban las piernas. Su cabeza no paraba de pensar en ella, sentía unas ganas enormes de escuchar su voz, su maravillosa voz, cerraba los ojos e imaginaba su sonrisa, su mirada, quería odiarla por lo que había hecho pero su corazón latía tan rápido que se daba cuenta sería imposible, sin embargo, algo en ella le hizo salir de aquel instante de amor entregado, Parker había preferido a su mujer, y aquello fue como si un rayo la alcanzara removiendo en ella los peores sentimientos, rabia, ira, dolor, desengaño. No lo dudó, entró en un café bar con acceso a ordenadores, sus dedos tecleaban sin parar, la bilis salía por las yemas golpeaba con fuerza y ritmo cada tecla, cada palabra ni siquiera parpadeaba y se percató al rato que ni siquiera respiraba. Al finalizar, no releyó lo escrito, ¡estaba todo dicho! Aquel anónimo golpearía a Parker. No iba a burlarse de ella así, de aquella manera tan ruin. Le dio a Enter con media sonrisa, media sonrisa repleta de venganza.

Salió de allí y su teléfono volvió a sonar, miró la pantalla y en aquella ocasión no era un mensaje, si no, la propia Parker llamándola. Kristina tomó aire y le respondió con tono duro y firme.

-Parker, no me llames, no me escribas mensajes, ya le he dicho a mis padres que estoy suspendida ¿vale? Ya está ¡déjame en paz! No, por supuesto que no voy a decir nada a tu mujer, ese es el trato ¿no? Guardar la apariencia de que aquí no ha pasado nada.

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