PARKER Y KRISTINA LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 7

Gracias por seguir mi historia. Siempre es una alegría y motivación para mí vuestro apoyo.

Un abrazo

Tras una noche larga tanto para Kristina como para Parker, ambas despertaron pensando la una en la otra. Ni siquiera el desayuno familiar de Kristina, ni el de Parker con su mujer, logró calmar aquellos pensamientos, Kristina seguía esperando una llamada, Parker seguía pensando cómo actuar con ella.

-Cariño… tengo que irme ya, anoche le envié un correo al director para decirle lo que había pasado y tengo cita con él.

-De acuerdo, espero que soluciones este tema.

-Claro, no te preocupes -le sonrió de un modo forzado mientras se besaban-. Luego hablamos.

La mañana para Kristina volvió a ser lenta, no se despegaba del teléfono, no había noticia de Parker, cada minuto que pasaba la angustia de no saber qué había hecho le carcomía de un modo intenso. Necesitaba saberlo, verla y saber si había conseguido su propósito de que su mujer se enterara. Llegó un momento que no pudo más, cogió la chaqueta y el bolso decidida a poner punto final a sus nervios, necesitaba verla aunque ni siquiera hablara con ella, la conocía tan bien que por su gesto corporal podía saber cómo estaba. Sin embargo, para su sorpresa al abrir la puerta se encontró de bruces con la figura de su profesora.

-¡Parker!

-¡Hola Kristina!

A pesar de llevar reflejado en su rostro el gesto serio, a Parker reencontrase con Kristina le provocó ese susurro repleto de sensualidad al pronunciar su nombre, esto creaba en la joven estudiante un alud de emociones recorriendo su piel, tanto era así, que se quedó petrificada sin saber qué hacer. Fue Parker quien volvió a hablar mirándola fijamente a los ojos, una vez superado el momento del encuentro, se recordó así misma el motivo por el que estaba allí, y volvió a ella el gesto serio.

-Necesito hablar contigo.

-¿Aquí? -miró hacia detrás, su madre se encontraba en la habitación preparándose para marcharse. Con rapidez y tono preocupado le dijo-. No podemos.

-¿Por qué no podemos? -la miró tratando de controlar su malestar.

-Porque… vamos a otro sitio. Está mi madre y…

-Entiendo, ¡tú puedes hablar con mi mujer pero yo no puedo hablar contigo porque está tu madre! -su tono y mirada se clavaron agudamente en ella.

-¡Yo no he hablado con tu mujer! -Parker no esperó más y pasó por su lado, haciendo que Kristina se pusiera nerviosa mientras le decía-. Pero… pero… ¡no puedes pasar!

No salía de su asombro en ese momento se sintió desbordada, debía hacer algo.

-¿Crees que iba a permitir que jugarás conmigo? Hicimos un trato y tú lo has roto.

-Yo no he roto nada, no sé de qué me estás hablando -insistió Kristina con cierta desesperación cogiéndola del brazo para llevársela de allí.

-¡Oh Kristina, Kristina! -susurró negando con la cabeza su actitud.

Cada vez que pronunciaba su nombre aunque fuera con ese tono de malestar provocaba en ella un deseo febril. Y eso Parker lo hacía como nadie en su vida lo había hecho antes. Kristina había soñado tantas veces con ese susurro mientras le hiciera el amor que lo llevaba grabado en su cabeza.

-Por favor, vamos a…

-¡Kristina has visto mis gafas! -apareció su madre en el comedor. Al ver a Parker allí la saludó un tanto desconcertada-. ¡Oh! Buenos días.

-Buenos días -respondió educadamente entonces miró con intensidad a Kristina esperando a que le presentara aquella mujer.

-¿Quién es? -le preguntó a Kristina que se había quedado blanca.

-Mi nombre es Parker, Parker Forsyth -le estrechó la mano.

-Alexis Davis, encantada. Pero pase no se quede aquí en la puerta -le dijo amablemente.

-Muchas gracias, es muy amable

Parker esperó que al decir su nombre Alexis pudiera hacerle algún tipo de recriminación pero lo que ocurrió estaba muy lejos de aquel pensamiento, percatándose así de que Kristina le había mentido, no había hablado con sus padres.

-¿Y bien? -miró a Kristina y a Parker, no entendía muy bien ni quién era aquella mujer ni que estaba haciendo allí- ¿De qué conoce a mi hija?

Parker miró a Kristina esta vez, con una sonrisa leve marcada en sus labios a modo de desafío.

-Somos amigas, mamá.

-Su hija es alumna de mi clase -le dijo Parker mirando a Kristina fijamente.

-Sí, bueno fue mi profesora y después hemos sido amigas -aclaró con rapidez devolviendo la mirada a Parker con gesto duro.

-¡Ah! -las miró alternativamente algo desconcertada por la rapidez en que ambas habían dando la explicación y por la manera en que se miraban.

-Sí es… quiero decir fue mi profesora y ahora es la mentora de mi primer proyecto -los nervios se habían disparado en Kristina. Sentía que Parker iba a decirle la verdad a su madre y eso, sería un grave problema, quizás en ese momento se daba cuenta de que aquel escrito podía volverse en su contra.

-Me gusta -sonrió Alexis-. En mi carrera también tuve mucha suerte con mi mentor me ayudó muchísimo.

-Mamá ¿no te ibas? -le apremió pasando la mano por la frente.

-Sí, sí, os dejo hablar de vuestras cosas. Cariño nos vemos a la hora de la cena. Encantada de conocerla Parker y por favor, cuide de mi hija de todos esos peligros de la universidad, ¡usted ya me entiende!

-Venga mamá o vas a llegar tarde.

-Es lo que intento hacer -susurró Parker cuando Kristina cerró la puerta.

Kristina se había quedado de espaldas a Parker en ese momento estaban solas. Tomó aire tratando de tranquilizar el estado de nervios en el que se encontraba. Afortunadamente para ella su madre se había marchado sin saber la verdad. Se giró despacio mirándola con seriedad sabía que debía afrontar sus recriminaciones, sabía que si había ido hasta allí era para eso, lo que tanto había buscado iba a producirse y ella debía jugar muy bien sus cartas. Parker se había quitado la chaqueta, dejado a un lado el bolso y la miraba fijamente.

-Por lo que acabo de ver no les has dicho nada, me has mentido, Kristina.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó omitiendo la respuesta.

-Así que, me pones a mí en peligro con mi mujer y con mi carrera con tu escrito, pero en tu casa no saben que estás expulsada.

-No sé a qué te refieres con el escrito, no sé nada de ningún escrito -le hablaba con dureza mirándola fijamente.

-¡Vamos, Kristina, no te hagas la tonta eso no va contigo! -se lo dijo con cierta ironía y mirada severa.

-¿Por qué has venido a mi casa? -insistió con tono agrio.

-Porque quiero que pares, quiero que detengas esto.

-Podías habérmelo dicho por teléfono.

-Hablamos por teléfono y no sirvió de nada -se le acercó mirándola fijamente-. Yo he cumplido mi parte, pero tú me estás acosando con ese escrito que has hecho.

-¡Oh! ¿Acosándote? Te recuerdo que estoy en mi casa gracias a ti.

-No, Kristina, estás en tu casa por ti, por hacer algo que jamás debiste hacer.

-Y tú estás en este momento en mi casa cuando ya has conseguido lo que querías, que me expulsarán porque habías llegado demasiado lejos conmigo y entraste en pánico. ¿Quién acosa a quién, Parker? -alegó mientras sus ojos mostraban una ira incontrolada en ese momento, una mezcla de emociones que la enfurecían.

-Esto tiene que detenerse aquí y ahora, no puedes seguir con este juego que no sirve para nada, hasta a mi mujer le ha parecido una locura.

-¿Tu mujer? -la miró marcándose los celos en sus ojos.

-Sí, Kristina, mi mujer ¿crees que tengo secretos con ella?

-¿Le has contado que…? -por un segundo pensó que habría logrado crearle un problema con ella.

-¿Que una alumna me ha ofrecido sexo para aprobar?, ¿que esa alumna no contenta con eso me está acosando y diciendo cosas de mí que no son ciertas? Claro que se lo he dicho. Quiero que te queden dos cosas claras no tengo por costumbre mentir a mi mujer, y, sobre todo, ¡yo jamás he buscado tener sexo contigo, Kristina! -le reprochó con fuerza.

En ese instante las dos guardaron silencio, Kristina agachó la mirada sentía un remolino en su interior, su mujer lo sabía y no había pasado nada, se mordió el labio inferior. Volvió a mirarla y Parker se acercó más a ella, estaban a escasos centímetros, y en ese espacio intermedio entre ambas existía entre ellas una tensión que podía palparse.

-No sigas ese camino, Kristina -moduló su voz y suavizó algo su gesto.

-No me empujes tú a seguirlo.

-¿Yo?

-Sí, tú Parker, a pesar de tener tu vida perfecta a pesar de eso me has estado buscando, has estado jugando conmigo -le reprochó.

-Kristina… -tragó saliva y suspiró con fuerza aquella cría le provocaba de un modo tan sutil que a veces debía concentrarse para no caer en su trampa-. Tengo mi trabajo, mi hogar y mi mujer, te aseguro que no hay nada en la vida que me interese a parte de eso, es mi vida y no quiero perder lo que tengo. No lo voy a perder.

-¿Y por eso vienes hasta mi casa? ¿Por qué no lo quieres perder? -la miraba intensamente.

-¿Crees que los comentarios que has hecho en la página de la universidad me han dejado otra opción?

-¿Por qué insistes con eso? ¡No sé de qué me hablas!

-Eres inteligente, muy inteligente pero además me he dado cuenta de que sabes manejar las situaciones a tu favor y sacarle el partido que quieres, ¿cómo has hecho para que tus padres no sepan que estás expulsada? ¿Cómo es posible que no lo sepan si se le informó a tu madre?

-Tú lo has dicho… soy inteligente -en su rostro se dibujó una sonrisa algo maliciosa.

-Kristina -otra vez la descarga eléctrica recorriendo la espina dorsal de Kristina-. Sé que esos comentarios son tuyos y ese error podría costarte muy caro.

-¿Debo entender que soy a la única alumna que has tratado de seducir? -preguntó con una sonrisa incrédula.

-¡Yo nunca he tratado de seducirte, por dios! -exclamó alterada.

-¿Ah no? Tus miradas, tus sonrisas, el tiempo que hemos compartido, me has llevado a tu casa pero siempre que no ha estado tu mujer, me has dejado claro que no tienes las necesidades cubiertas con ella, Parker has coqueteado conmigo desde el principio.

-¡Eso no es verdad! -le respondió con la respiración agitada.

-¡Claro que es verdad! Esto no es cosa mía, Parker, esto es cosa de las dos, las dos hemos sentido lo mismo.

-¡No Kristina! -trató de ser tajante.

-Seguro que esto que has hecho conmigo, lo has debido hacer con más, ¿pregúntate a cuantas alumnas has dejado a mitad camino porque una vez sobrepasas la línea de la seducción es cuando te acuerdas de tu mujer?

-¡Yo no te seduje, Kristina! Fuiste tú quien me hizo una propuesta -se defendió cerrando los ojos nerviosa.

-Hice la propuesta que tú querías, que tú esperabas escuchar -le reprochó con fuerza marcando en su rostro un gesto duro.

-Yo nunca esperé algo así -respondió mostrando ella también un gesto atónito en su rostro, no esperaba aquella contestación.

-Claro que lo esperaste… -bajó la voz, seguía manteniendo la cercanía entre ellas que aumentaba la tensión sexual, parecía que en cualquier momento iban a dejarse llevar por la pasión-. No solo lo esperaste, si no que también lo deseaste.

-Necesito que borres ese escrito en el que me acusas de cosas que no son ciertas, ¡no te das cuenta, Kristina! Dejas ver que si eres una chica no van a tener problemas para aprobar o bien de una manera legal o acostándose conmigo, ¡jamás en toda mi carrera he hecho algo así!

-Puede que no antes, pero sí conmigo -respondió segura de sí misma.

-¡No Kristina!

-Sí, Parker.

-Elimina el escrito -le advirtió acercándose un poco más quedándose a escasos centímetros de ella-. Elimina el escrito y no me hagas tomar otras decisiones.

-¿Me estás amenazando? -elevó una ceja incrédula con una sonrisa sin separar los ojos de los suyos.

-Elimínalo, por favor.

-Te diré una cosa, Parker, nunca amenaces a la hija de un hombre como mi padre.

Por un segundo ambas se miraron fijamente guardando silencio. Parker respiró profundamente tratando de volver al tono sosegado con el que quería manejar la situación, y le dijo.

-Si no lo eliminas te expulsarán, eres una estudiante con unas posibilidades asombrosas, no sería justo.

-¡No claro! ¿Sabes por qué no sería justo? ¡Te lo voy a decir! Porque tú me has provocado, tú me has estado mostrando que te gusto, que me deseas, me has dado esperanzas de que algo iba a ocurrir entre nosotras y cuando has visto que iba a corresponderte te ha entrado miedo de que tu mujer se enterara, y has salido corriendo para denunciarme, ¡pero has sido tú, Parker! -le reprochó con gesto fiero y alzando la voz. Parker cerró los ojos mientras su respiración se agitaba-. Tú la que me ha buscando una y otra vez, tú la que me ha lanzado miradas, sonrisas y has sido tú la que ha reclamado no tener sexo en tu matrimonio. Pero para ti es más fácil que yo sea la mala, la que ha equivocado todas estas señales.

-Kristina estás equivocada, yo no te envié ninguna señal -le dijo con todo repleto de tristeza tratando de mostrarse serena.

-¡Claro que sí lo hiciste! Claro que sí -respondió entrecerrando los ojos y formando con la barbilla un gesto de gran enfado.

-No, tú viste que habías suspendido y en lugar de actuar con responsabilidad decidiste por tu cuenta hacer algo que sabías yo no iba a aceptar.

-Lo que no sabía era que ibas a huir corriendo después de lo obvio que fue tu constante deseo por mí.

-Eso jamás pasó por mi mente, Kristina.

-¡Claro que pasó al igual que pasó por la mía!

Tras un diálogo fluido cargado de tonos repletos de reproches, dolor e incredulidad, pareció que ambas se daban una mínima tregua, Parker aprovechó para tomar aire y obligándose a mirarla a los ojos, sin detenerse en sus labios le dijo:

-Me estás demostrando que no eres tan inteligente como suponía -Kristina cambió su rostro pasó de una sonrisa cínica a una mirada asesina-. En lugar de aceptar tu error, tu equivocación lo que haces es escribir esos comentarios para desprestigiarme a mí, además, de culparme de algo que no es cierto, nunca te seduje, por eso te ruego Kristina elimina esos comentarios porque lo siguiente que te ocurriría es la expulsión definitiva de la universidad, y eso no podrás ocultárselo a tus padres.

Kristina no se movía tan solo la miraba escuchando como latía fuertemente su corazón. Se tomó unos segundos para responder sin dejar de mirarla desafiante y con dureza.

-No juegues Parker, no me lleves a una expulsión diciendo que ese escrito es mío porque tendré que decir por qué lo escribí. Y mi padre no estará demasiado contento si digo que tú me sedujiste.

-Kristina… ¿que crees que pasaría realmente? Entre creer a una profesora que jamás ha tenido un problema con su alumnado en tantos años ejerciendo o creer a una adolescente que posiblemente se haya encaprichado de su profesora, un caso muy dado por cierto, podríamos llamarlo una locura de juventud ¿a quién crees que creerán?

Parker guardó silencio al tiempo que los ojos se le llenaban de lágrimas. Kristina la miraba irritada ante aquella explicación.

-Tienes talento, no lo desperdicies eres una mujer poderosa olvida el resto.

Recogió el bolso y la chaqueta para marcharse pero la voz de Kristina la detuvo en la puerta.

-Eso mismo vi en ti desde el primer día eres una mujer poderosa para todo -le reprochó tratando de ser fuerte.

-Kristina, aprovecha el tiempo y piensa en lo ocurrido, rectificar es de sabios y tú necesitas encontrarte antes que te encuentren tus padres, y asumir qué te está pasando con tus sentimientos.

Salió de allí sintiendo como le temblaban las piernas, cuando se sentó en el coche apoyó la cabeza sobre el volante y rompió a llorar.

 

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