PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 8

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El día había sido complicado para Kristina, desde que Parker se fue no había dejado de llorar acostada en la cama, no esperaba que tuviera una reacción así, acusarla de haberse inventado todo, no, sabía que no. Acababa de ocurrir otra vez en el momento de la discusión y entre ellas había una tensión sexual que cortaba el ambiente, a pesar de estar enfadada, Parker seguía dedicándole alguna vez esa mirada cálida que había envuelto a Kristina, que le había hecho dudar de sí misma. Nunca le habían atraído las mujeres y, sin embargo, Parker había entrado en su vida y la había vuelto del revés. Pero había sido tan tajante, tan abrupta en sus palabras, la había amenazado quizás asustada de ser descubierta pero no era así como Kristina había imaginado el reencuentro con ella. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Qué pasaba en su interior? ¿Y si Parker tenía razón y todo lo había malinterpretado ella? Pero eso no era posible, no podía serlo se aferraba  a las  imágenes en su cabeza compartidas con ella, en esos momentos que parecía iban a terminar tiradas por cualquier lugar dejándose llevar por la pasión. ¿Era pasión solo? ¿Había hablado de enamoramiento en su diario? ¿Se había enamorado de verdad? Se levantó confundida y aterrada a partes iguales, entró a aquella página donde había escrito palabras duras difamando a Parker, había sido injusta sus celos y rabia la habían llevado a ser tremendamente injusta, nunca la había visto actuar con ninguna otra chica del modo que hacía con ella. Borró el escrito y volvió a llorar sin querer escuchar el pensamiento que insistía en su mente, no la había visto con ninguna otra chica porque era de ella de la que se había enamorado.

Por su parte, cuando Parker llegó a su despacho lo primero que hizo fue comprobar en la página de la universidad que Kristina le había hecho caso, agradeció ver que había sido así. Aunque se sintió mal por haber mentido a su mujer, no había hablado con el decano, no había reunión alguna, solo la esperanza de hacer entender a Kristina que se había equivocado, y convencerla que todo lo que había pasado eran imaginaciones suyas. Había visto al entrar como alumnos se giraban a su paso sonriendo, el daño ya lo había hecho. La venganza había cobrado vida.

Golpearon la puerta y se sobresaltó, estaba tan tensa que temía en cualquier momento ser requerida por la junta directiva. Dio paso y tras la puerta estaba su compañera Úrsula, no solo compañera si no también amiga desde hacía muchos años. Era la única persona que sabía todo absolutamente todo de ella, todo excepto de Kristina porque ¿qué debía saber realmente?

-¿Qué tal estás?

-Bien, Úrsula, estoy bien -elevó los hombros poniendo gesto de incertidumbre.

-Tu cara me dice otra cosa.

-¿Lo leíste? -su amiga asintió con cara de circunstancias-. Por lo que he visto al llegar no has sido la única.

-Creo que necesitas hablar.

El teléfono del despacho detuvo su respuesta. El decano quería hablar con ella. Su amiga vio el gesto marcado en su cara y negó con la cabeza, la tontería de aquella cría podía poner en serios aprietos a Parker, su profesionalidad demostrada durante tantos años se tambaleaba.

En el despacho del decano, este le habló del escrito que le habían hecho llegar algunos miembros de la junta directiva, y que habían mostrado cierto malestar por la mala publicidad que aquello podía acarrearles. Él conocía bastante bien a Parker y por ese motivo restó importancia ya que la persona que lo había escrito lo había eliminado y estaba seguro que era completamente falso. Pero aún así quería saber qué estaba sucediendo con Kristina Corinthos Davis. Parker le explicó que había sido un error, que el miedo al decirle a su padre que iba a suspender la había llevado a aquello, y le aseguró que ella misma estaba desconcertada porque era una gran estudiante con un futuro prometedor. Quizá saber que su pareja era una mujer le llevó a pensar por un momento que le sería fácil llegar a ella. Estaba segura que la suspensión le ayudaría a enderezar su rumbo y centrarse nuevamente en las clases. También le dijo que estaba segura que ella no había sido la autora de ese escrito, quizás alguien aprovechando el revuelo había querido difamarla.

Al salir del despacho se apoyó en la pared mientras ponía sus manos sobre las caderas, bajó la cabeza gesto que provocó que la melena cubriera su rostro. Nunca se había sentido tan abochornada como en aquel despacho, se mostró enfadada y aunque Kristina había eliminado el escrito no estaba segura de que con eso había terminado su venganza. No reconocía a la Kristina que había enfrentado, dura, segura de sí misma, desafiante, defendiéndose de todo cuanto le iba recriminando y acusándola de haberla provocado, de haberla seducido poco a poco hasta asustarse al ver que le iba a corresponder. ¿Qué iba a hacer? Esperaba que con la charla hubiera entendido que era mejor dejar las cosas así, estaba segura que la Kristina dulce, sensata y tierna con la que había compartido muchas horas, se impondría y la dejaría tranquila. Suspiró con fuerza deseando que pasarán pronto los días para que se fuera olvidando el tema en la universidad y en su propio corazón.

Cuando llegó a casa tomó aire con decisión, sabía que debía una explicación lo más convincente posible a su mujer. Había llegado el momento de dar explicaciones. Al aparcar el coche, vio luz en el interior y supo que la estaba esperando. Después de besarse, se sentaron en el salón para tomarse una copa de vino, tras un momento donde Parker agradeció la calma y el silencio, tuvo que responder a la pregunta de su mujer sobre el escrito y qué habían decidido al respecto.

-He hablado con el decano y como ha retirado el escrito esta misma mañana digamos que queda zanjado el asunto.

-¿Así, tan fácil se zanja algo tan duro? Te ha faltado el respeto y te ha acusado de algo muy desagradable.

-Lo sé.

-¡Pues me parece que le estás dando muy poca importancia! -la miró seria hablándole con tono duro.

-No quiero darle más de la que tiene, quiero que se acabe y seguir con mis clases.

-Parker… ¿me estás ocultando algo?

-¿Por qué dices eso? -la miró frunciendo el ceño.

-Porque tu reacción no me parece lógica, cariño. Una cría que te acusa poco menos de que suspendes a las alumnas para tirártelas y así aprobarlas, que además te ofrece sexo con lo que puede decir en cualquier momento que has sido tú que te has insinuado a ella… no sé Parker, no te veo ofendida por eso, ni cabreada.

-¡Solo me falta esto! -se puso en pie mirando al techo mientras levantaba los brazos con cierto malestar, se giró con gesto serio y le dijo con firmeza-. Hice lo que tenía que hacer al momento, ha borrado el escrito de no haberlo eliminado iba a pedir su expulsión.

-¿Y por qué lo ha borrado? -le preguntó poniéndose en pie igual que ella.

-No lo sé, Amanda.

-¿Has hablado con ella? -preguntó con cierto reproche.

-No, yo no.

-¿Entonces quién?

-No lo sé, no lo sé… lo importante es que lo eliminó, eso es lo verdaderamente importante -la bordeó para tratar de tranquilizar sus nervios-. Mira es una alumna impresionante con un potencial que no me gustaría que perdiera.

-¿La estás protegiendo? -volvió a ponerse a su altura mirándola con cierto asombro.

-Esto pasará, tiene su castigo durante seis meses va a perder las clases, estoy segura que aprenderá. Y no la estoy protegiendo, solo creo que es mejor dejarlo así -hablaba enérgicamente mientras movía sus manos.

-¿Qué más hay que no me cuentas?

-Su padre es… es Sonny Corinthos… -le dijo tras suspirar con fuerza, era la justificación que llevaba toda la tarde pensando le daría si se veía acorralada.

-¿Ese qué dicen pertenece a una mafia? ¿Acaso te ha amenazado?

-No, no, pero no quiero remover esto más. Voy a darme una ducha me duele mucho la cabeza.

Al quedarse sola en el cuarto de baño, se miró en el espejo, cerró los ojos con un enfado considerable, pero no contra Kristina, si no, contra sí misma. Mentir a su mujer no había sido la mejor elección, pero si le hubiera dicho que se había desplazado hasta su casa para hablar con ella, quizá habría sacado conclusiones erróneas, o quizá Amanda se habría dado cuenta de que sí, que había más de lo que ella misma era capaz de explicarle, y esa verdad le daba miedo. La verdad era que fue para defender su matrimonio sí, pero también para verla, necesitaba verla y eso disparaba las pulsaciones de su corazón. Así entró en un pánico incontrolado que solo encontró la manera de calmarlo bajo el grifo de la ducha dejando que las lágrimas salieran de su interior.

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