PARKER Y KRISTINA LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 9

Capítulo 9

Al día siguiente de la visita de Parker, Kristina se levantó con un insoportable dolor de cabeza, no había podido dejar de repetir las palabras que le había dedicado su profesora, más que las palabras el tono y la actitud molesta con la que le hablaba. Se sentía mal pero había quedado con sus hermanas para comer y sabía que si no iba tendría que aguantarlas a las dos con sus preguntas y reproches sobre el tema del profesor, era lo último que quería hablar de Parker con sus hermanas. Durante la comida hablaron de todo menos de los problemas de Kristina, más bien tanto Sam como Molly decidieron no agobiarla más porque notaban que estaba nerviosa. En un momento dado Kristina se disculpó y la vieron como se perdía con el teléfono en la mano hacia el cuarto de baño.

-Molly debes insistirle en que hable y cuente la verdad.

-Ya lo hago, Sam, pero no quiere, cree que maneja la situación.

-Cuanto más tiempo pase será peor para ella.

-Lo que más me preocupa es que no se separa del móvil está pendiente de ese profesor a toda hora.

-Va a ser duro, Molly. No sé como ha podido hacer algo así.

-¡Ya estoy aquí! -les sonrió de un modo tan forzoso que hasta ella misma se percató-. ¿Qué vamos a hacer, chicas?

-Kristina…

-Sam, no por favor, no -le rogó cambiando el gesto marcando una expresión de cansancio.

-Está bien no te diré nada… venga os llevo a casa.

-No, no, nos quedamos por aquí ¿te apetece Kristina?

-Sí, por mí perfecto -respondió con seriedad.

-Podemos ir a dar una vuelta y ver tiendas.

-De acuerdo.

Entonces sonó su móvil y rápidamente como si le fuera la vida en ello lo miró, por su gesto se percataron las dos de su desencanto.

Se despidieron con abrazos y besos, las tres hermanas estaban muy unidas, tenían muy buena relación. Cuando se quedaron solas, Molly le hizo sentarse en el parque.

-Kristina no puedes estar tan pendiente del móvil y omitiendo al resto de personas de tu alrededor porque hacemos un esfuerzo por estar contigo.

-Lo siento, tienes razón.

-¿Qué ha pasado?

-Nada importante -quiso restar importancia a su estado.

-A mí no me engañas, es tu profesor. ¿Qué ha pasado? -insistió mirándola con preocupación.

-Nada Molly, no ha pasado nada.

-Espero que sea así, no te metas en más líos. A ver como sales de este porque antes o después se van a enterar.

-No tienen por qué. He pensado irme mañana… necesito irme no puedo soportar que todo el mundo me esté preguntado a cada minuto qué me pasa, ¡no pueden entender que si me pasa algo y no lo quiero decir es mi vida! -lo dijo con un dolor agudo estaba empezando a desesperarse.

-Kristina, somos tu familia y nos preocupas -Kristina la miró con los ojos repletos de lágrimas-. ¿Y dónde vas a ir?

-Me alquilaré algo cerca de Wesleyan.

-¿Y eso no te creará más problemas? Allí tan cerca podrás ver a tu profesor.

-No hace falta estar tan cerca para verlo -se calló marcando una expresión de enorme tristeza en su rostro.

-¿Qué quieres decir? ¿Te has visto con él? ¿Ha venido a verte?

-No -respondió contundentemente.

-Kristina me preocupas de verdad, y a Sam también. ¿Qué vas a hacer allí tú sola?

-Ya te dije buscaré trabajo no tendré que pedirles dinero a mis padres, así no sabrán nada. Solo serán seis meses. Pero me gustaría pedirte un favor -la miró seria.

-Dime.

-Aún no ha llegado la carta confirmando mi expulsión, mamá no puede verla si en mi ausencia llegase por favor, quítala del correo.

-Kristina…

-Sé que no te estoy pidiendo algo bueno, y sé perfectamente que va en contra de tus valores, pero por favor, ayúdame -le dijo desesperada.

-Está bien, lo haré.

-Nunca se lo diré a mamá, seguirás siendo la hija perfecta que eres.

-¡No soy perfecta! Solo que no soy tan desastre como tú -le dijo sonriendo para animarla. Kristina por primera vez sonrió con algo de alegría-. Yo haré eso por ti, pero tú me vas a prometer que si necesitas algo me llamarás.

-Sí, lo prometo.

Tal como lo dijo, lo hizo. Fue a casa para preparar la maleta de vuelta a Wesleyan, lo haría al día siguiente temprano para poder localizar un sitio donde quedarse. Al menos, dejarían de hacerle preguntas si estaba o no estaba bien. Necesitaba huir se estaba ahogando ante tanta insistencia. Ella solo tenía cabeza para repasar una y otra vez la discusión con Parker, unas veces se sentía segura de que su vivencia era tal cómo la vivió, Parker la miraba con deseo muchas veces, otras con una ternura infinita, cuando dudaba pensaba que quizá había sido ella quien había montado todo en su cabeza, entonces se desesperaba, se avergonzaba, pero sobre todo, la idea que la estaba persiguiendo y a la que no quería darle voz era a la posibilidad de haberse enamorado de una mujer. Y eso la desestabilizaba.

Durante la cena habló con su madre para asegurarle que todo estaba bien, pero le habían requerido que volviera para presentarse a un coloquio sobre Shakespeare y tenía que prepararlo. Molly la miraba con cierta pena, veía que cada vez mentía más y estaba segura que en algún momento la iban a descubrir, sus mentiras no harían otra cosa que empeorarlo todo.

Mientras se preparaba la maleta se había puesto algo de música porque necesitaba frenar sus pensamientos, no podía apartar a Parker de ellos. Estaba mirando su diario cuando entró su madre, al verla se asustó por todo cuanto había escrito en él, escondiéndolo bajo la cama.

-¿Qué pasa, mamá?

-Eso vengo a preguntarte, ¿qué te pasa?

-¿A mí? Nada -sonrió sin poder evitar un cierto nerviosismo.

-Sabes que soy tu madre y estoy aquí para cualquier cosa que necesites ¿verdad? -se sentó en la cama frente a ella.

-Claro -respondió manteniendo una sonrisa de gratitud.

-Espero que si te ocurre algo me lo cuentes.

-No me pasa nada, mamá. No sé porque dices eso.

-Me lo dicen tus ojos, soy tu madre ¿recuerdas?

-¡Mamá! -protestó abrazándola-. Estoy bien…

-Te noto más nerviosa de lo normal, mucho más cuando vino tu profesora.

-No, amiga, ya no es mi profesora fue durante el primer semestre.

-Bueno, amiga, profesora -elevó las manos como si le diera lo mismo.

-Vino por lo de la conferencia, por eso he de volver. Ella me ha ayudado mucho y me gustaría devolverle el favor.

-Está bien… no me quedo tranquila pero… confío en ti.

-Gracias, mamá.

-¿Vendrás a mi boda?

-¡Por supuesto! Molly tiene el vestido preparado, vendré por la mañana ¡no me lo pierdo por nada del mundo!

Al quedarse sola notó como su mundo se desmoronaba. Había ido pasando diferentes estados, angustia, miedo, rabia, decepción y en todos aparecía Parker. No había forma de apartarla de su cabeza. Y lo peor era que le daba pánico volverla a ver.

Al día siguiente, tras su viaje en tren, llegó a Wesleyan, con el ánimo por lo suelos y con el rostro ciertamente serio, fue hasta el hotel para pedir una habitación. En ese momento no tenían nada libre y tuvo que quedarse en el parking esperando a que hubiera una habitación para ella o se veía durmiendo en la calle. No pensó que su propuesta a Parker le llevara hasta aquella vivencia. Metió la mano en la maleta quería repasar su diario era como si con él tuviera la certeza de que no estaba equivocada, que Parker sí sentía cosas por ella que le provocaban aquel deseo por ella. De repente se percató de algo, un recuerdo le llegó a la cabeza, había escondido el diario bajo el colchón cuando entró su madre y después se le olvidó meterlo en la maleta.

-¡Oh, no!

Para su suerte se había quedado vacía una habitación, la mujer del hotel la avisó y le permitió quedarse, tenía dinero nada más que para un par de semanas, debería empezar a buscar algún trabajo para poder mantener su mentira intacta. Finalizó de guardar la ropa, y se puso sobre la cama miraba el teléfono tentada de llamar a Parker, pero se había hecho un propósito dejar de pensar en ella. Olvidarla, tenía seis meses para hacerlo. Seis meses donde sería capaz de sacarla de su mente para siempre. Pero eso sería a partir del día siguiente, porque en ese momento se abrazó a la almohada y se permitió pensar en ella pero no en sus recriminaciones si no, en los momentos más cálidos de su relación fuera de la Universidad.

Mientras, Parker dormía junto a su mujer, eran las cuatro de la mañana cuando de repente se despertó sobresaltada, estaba soñando con Kristina. Se tuvo que levantar y lavarse la cara, fue hasta la cocina para beber un vaso de agua, necesitaba tranquilizarse. Se apoyó sobre la mesa y soltó un necesario soplido. Algo en ella no iba bien.

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