PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 14

Capítulo 14

Había pasado una semana desde aquel encuentro compartido con Úrsula, Parker había tomado buena nota de la conversación, y trató de ver la manera de estar más tiempo con su mujer. Necesitaba reencontrarse con Amanda, sentir que seguía amándola a ella y no solo vivía y amaba su trabajo. Parecía que durante aquella semana ambas se habían acercado más de lo que últimamente estaban, quizás a Amanda le preocupó que aquella jovencita hubiera descubierto que su mujer estaba un tanto abandonada, quizá le hizo pensar que Parker de alguna manera podía haber reclamado cierta atención que desde hacía un tiempo ella la había centrado unicamente en su hospital. Invitaron a casa a Úrsula, su marido y los niños, salieron con los compañeros de Amanda, pasaron el fin de semana juntas en un hotel perdidas en medio de la naturaleza. Así durante una semana, sin embargo, al llegar el lunes Amanda le confirmó que había aceptado una guardia de cuatro días, solía hacerlo y durante cuatro días y cuatro noches su casa era el hospital, tan solo hablaban por teléfono y cuando podía que no siempre había oportunidad. Pero a Parker aquella semana le había servido para pensar en su mujer, para dedicarle tiempo, para amarla y acariciarla como hacía mucho tiempo no ocurría. Pero por la noche, cuando cerraba los ojos y se entregaba al sueño, aparecía Kristina. Y al despertar, pensaba en Kristina antes que en su mujer. Así que con el ánimo por los suelos llegó hasta la universidad. Estaba en su despacho tras dar sus primeras dos clases, se encontraba dejando los libros cuando se abrió la puerta, allí estaba Úrsula y por su gesto parecía preocupada.

-¿Qué ha pasado?

-¿No te has enterado? -Parker la miró ladeando un poco la cabeza mientras se encogía de hombros-. Ayer fue la boda de la madre de Kristina, y ocurrió algo con un socio del padre…

-¿A Kristina? -se precipitó hasta ella con el gesto preocupado.

-La tomó de rehén.

-¿Cómo?

-Sí.

-¿Pero está bien? -su voz y su rostro mostraron miedo por ella.

-Sí, sí al parecer fue su propio padre quien la salvó -Parker cerró los ojos poniéndose la mano en el pecho-. Pensé que si no lo sabías era mejor que te enteraras por mí, al menos, vigilo que no salgas corriendo para verla.

-No puedo sacarla de mi cabeza… -murmuró y la voz se le quebró.

-Pero esta semana has estado muy bien con Amanda ¿no?

-No lo sé… a veces pienso que sí otras que no, estoy confundida y prefiero no ir a ver a Kristina.

-Ni se te ocurra -le respondió apuntando con el dedo hacia ella.

-No, no… me lo he prohibido tantas veces durante esta semana…

-¿De verdad?

-La echo de menos, está en mi pensamiento… pero sé que no debo -sacudió la cabeza para librarse de su imagen.

-No debes ¿eh? -insistió.

-Lo sé… si te enteras de algo más…

-En el periódico viene la noticia y dice que ella está bien, solo fue un susto -habló conmovida porque veía a su amiga sufrir-. Así que tranquila.

-Gracias, Úrsula.

No tenía mucho tiempo para recuperarse, salió hacia el aula donde debía dar su siguiente clase, saludó a todos y, al llegar a su mesa, vio como alguien se había tomado la molestia de dejarle una hoja de periódico donde aparecía Kristina con la chaqueta del traje de su padre sobre los hombros. Parker trató de no mostrar el más mínimo gesto y con una sonrisa como siempre hacía comenzó su clase.

En el despacho de Sonny, Max su hombre de confianza estaba junto a él, hablaban preocupados por el ataque que había sufrido en la boda de Alexis y que le daba muestras de que alguien trataba de hacer daño. En cuanto apareció por la puerta Kristina, Max tras saludarla se marchó.

-¿Cómo estás? -le preguntó Sonny preocupado.

-Bien, he sido la rehén más breve de la historia -lo abrazó sonriendo ampliamente.

-Pues fue suficiente como para darme un infarto.

-He venido para ver qué tal estás tú después del milagro de verte caminar.

-¿Te apetece un café? No podía decir que ya podía andar.

Se prepararon el café mientras Sonny le contaba qué había pasado realmente con su lesión. Después la invitó a sentarse en el sofá, él lo hizo a su lado.

-Kristina me alegra que estés aquí porque quiero hablar contigo y necesito que me digas la verdad.

-Claro -sonrió aunque empezó a arrepentirse de haber ido.

-¿Qué tienes con esa profesora la que fue a buscarte?

-Parker, se llama Parker -le dijo con gesto un tanto preocupado-. ¿Tener? No te entiendo.

-Es que… el que no entiende esa visita a casa soy yo.

-Papá es la mejor profesora que he tenido nunca, dice que tengo mucho potencial y me está ayudando mucho, eso es todo.

-Ya pero… desde Wesleyan hasta Port Charles hay casi cuatro horas de coche, ¿hace ocho horas de viaje para verte? -preguntó enarcando las cejas mostrando así su total asombro.

-No, para verme no, para decirme lo del estudio.

-Podía habértelo dicho por teléfono.

-Sí, sí, ya pero… bueno… era importante y mejor hablarlo en persona -se levantó para ponerse un poco de azúcar, suspirando con fuerza tratando de parecer lo más natural posible-. De hecho soy muy feliz de poder llevar a cabo ese proyecto que tiene mucha dificultad.

-¿Y de qué va ese estudio?

-Habla del sexo y poder en los personajes de Shakespeare… -Sonny puso gesto serio-. ¿Por qué pones esa cara?

-No me gusta demasiado que estés metida en esas cosas.

-¡Vamos papá que no soy una niña! No me protejas tanto -le dijo sentándose a su lado-. Es una búsqueda en los personajes a través del dolor, de las vivencias que tienen…

-¿Y hablas mucho con ella de ese proyecto?

-Lo normal -respondió elevando los hombros.

-¿Sabes qué pasa, Kristina? Que no te creo, me parece una historia imposible… ¿Qué hay detrás de esa amistad tan extraña?

-¿Por qué dices extraña? No es extraño, en la universidad no es lo mismo que la escuela, allí se hacen las cosas diferentes… los profesores son muy cercanos hablo con ellos todos los días. Por favor, deja de preocuparte por mí, no pasa nada…¡Madre mía se me está haciendo tarde! Solo venía a darte un beso y que vieras que estoy bien, me está esperando mamá.

-De acuerdo -sonrió acompañándola hasta la puerta-. Estoy muy orgulloso de ti, después de todo lo que has pasado, me enorgullece tu esfuerzo por ser mejor.

-Gracias, papá -lo abrazó cerrando los ojos.

Al entrar a su despacho volvió a entrar su hombre de confianza.

-Max, quiero que hagas un trabajo. Kristina nos está ocultando algo referente a la universidad, he tratado de hablar con ellos pero esto no es la escuela, Kristina es mayor de edad y no me dan información. Averigua lo que puedas, algo hay que no quiere que sepamos.

-De acuerdo.

-Gracias.

En la cocina de su casa, Parker se estaba preparando una ensalada, se había puesto ropa cómoda y tenía varios trabajos para corregir pero lo haría después de un rato de descanso. Al finalizar la comida fue hasta el salón y puso la televisión, no le prestaba atención nada más necesitaba su compañía. Se tumbó en el sofá tras un fuerte suspiro, en el momento en que colocó la cabeza sobre el almohadón recordó que en el maletín estaba la página del periódico que le habían dejado en clase. Se levantó hasta la mesa donde estaba y sacó de uno de los bolsillos laterales la página que la había doblado cuidadosamente, se sentó en el sofá suspirando con fuerza, cogió el teléfono y abrió la agenda.

Mientras en casa aprovechando que no estaba Kristina, su madre interrogó a Molly a quien pensaba definitivamente que estaba encubriendo a su hermana.

-Kristina me dijo que hablaría conmigo después de la boda, espero que lo haga.

-Claro mamá.

-¿Por qué tú no sabrás nada, verdad? -la miró intensamente, Molly no era como Kristina, normalmente con una mirada insistente siempre conseguía que confesara lo que estuviera pasando.

-¿Saber qué?

-Nunca se te ha dado bien mentir, eres la única de la familia que no sabe hacerlo.

-Mamá, Kristina te dijo que hablaría contigo, pues hablará si tiene algo que decirte te lo dirá, pero será ella, no yo.

-¿Qué pasa, Molly? -en ese momento sonó su teléfono móvil-. Salvada por la campana.

Era del bufete que reclamaban su presencia para ir al juzgado. Subió a vestirse justo en el momento en que entraba Kristina, su gesto lo decía todo.

-Mamá ha estado interrogándome, ¡haz el favor de hablar con ella! -le dijo susurrando nerviosa.

-Lo haré -sonó su móvil miró la pantalla y enarcó una ceja.

-¿Qué pasa? ¿No será Parker?

-No, no, dime Sam.

Estaba hablando con su hermana, le había conseguido la dirección de una amiga que en ese momento iba a poner su piso en alquiler. De paso le preguntó si ya se había sincerado con sus padres.

-Gracias, Sam -sonrió con el gesto serio.

-Kristina tienes que hablar con mamá decirle que te han expulsado pero lo más importante, decirle que eres gay.

-Mira Molly te agradecería no me presiones tú también, ya he tenido bastante con mi padre -dijo con tono cansado mirando hacia arriba para controlar que su madre no estuviera por allí, entonces le dijo firmemente-. No soy gay.

-Mira… estás metida hasta el cuello de porquería con tus mentiras ¿crees que se creen eso del estudio independiente? ¿Crees que no saben que estás ocultando algo y que ese algo es grave por tu silencio? Al menos diles que te han expulsado de la escuela.

-¡Estás loca! Si hago eso tendré que decirles el motivo.

-Y el motivo se llama Parker -le dijo exaltada aunque en voz baja.

-Tendría que explicar lo que ha pasado entre nosotras, y eso no lo voy a hacer.

-Ellos tienen que saberlo.

-Voy a decepcionarlos y si cuento lo de Parker quizá ni siquiera me entiendan y me den la espalda.

-Mira, mamá no estará contenta con esto, ya sabes que ella siempre nos dice que debemos ser legales, pero Kristina, ella te quiere y entenderá que has cometido un error con tu ofrecimiento. Y del otro tema estoy segura que te va a apoyar incondicionalmente, ¡no te das cuenta que estás sufriendo en vano! Si fueras sincera descansarías de todo lo que estás pasando.

-¿Y mi padre? El hombre rudo que no tiene compasión ¿crees que él me va a entender?

-No seas tan dura con él, me parece que no es justo por tu parte, él ama a sus hijos y no permite que nada malo os pase. ¿Crees que porque sea un gánster no va a aceptar que seas gay?

-¡Molly es que yo no sé si soy gay! Me estoy volviendo loca nunca me había pasado algo así, nunca sentí atracción por una mujer hasta que conocí a Parker ¿y si nada más es ella? ¿Y si la única mujer que me atrae es ella? ¿No te das cuenta? Siempre he estado con hombres jamás se me pasó por la cabeza estar con una mujer. ¿Y si al saber que ella es lesbiana me estoy comportando con cierta curiosidad? Imagínate quizá nada más deseo saber qué se siente con ella.

-Bueno pues les dices eso, les hablas de las dudas que tienes y te apoyarán para que las soluciones. Pero déjame decirte una cosa, no estoy segura que sea solo deseo lo que sientes hacia ella, a mí no me tienes que engañar, dijiste que te habías enamorado.

Kristina suspiró con fuerza y dolor.

-De repente no sé qué soy -se pasó la mano por la frente con una actitud algo desesperada.

-No busques una etiqueta a tu vida sexual. Cada uno somos como somos y no pasa nada, se habla y se acepta.

-Molly no puedo hablar de esto con mis padres hasta que no tenga claro quién soy. Necesito explicarme a mí misma las cosas, reconocerme y aceptarme. Entonces podré explicarlo a los demás.

-¿Explicar, qué? ¿Qué tienes que explicar, Kristina?

Su madre apareció de pronto en el salón.

Parker había dejado a un lado el teléfono, no debía llamar, prefirió acariciar aquella fotografía del periódico donde aparecía Kristina donde se notaba que había pasado un mal rato, su padre la tenía cogida por los hombros y su gesto era de pánico. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se asustó, debía controlarse. Pero reconocía que su impulso era ir a verla, ver que estaba bien y quedarse tranquila. El sonido del móvil la asustó.

-Hola cariño -saludó a Amanda.

-¿Has visto la noticia?

-¿La noticia sobre Kristina? Sí -cerró los ojos algo nerviosa porque Amanda le preguntara así de golpe sobre ese tema.

-¿Dónde estás?

-En casa ¿por qué? -se incorporó alarmada por la pregunta.

-Por nada…

-No, me lo has preguntado por algo.

-Pensé que igual ibas a ir a verla -le dijo con cierto halo de malestar.

-¡Oh Amanda! No… ¡por supuesto que no!

-Está bien, está bien.. Debo dejarte que me llaman.

-Amanda y si me acerco para…

Pero ya no estaba en el teléfono. Tragó saliva y trató de relajarse, Amanda dudaba de ella y no podía culparla el escrito de Kristina le había hecho sospechar. Se tapó la cara con las manos tratando de tranquilizarse porque no solo le había mentido otra vez, lo peor de todo era que seguía sintiendo unas ganas abrumadoras de ir a verla. Volvió a coger el periódico y suspiró mirando la fotografía.

 

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