PARKER Y KRISTINA LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 16

CAPITULO 16

Era media tarde cuando Parker tras arreglarse decidió ir a hacerle una visita a Amanda, sabía que no le gustaba que fuera a su trabajo y menos sin avisar, pero ella misma había estado en la universidad sorprendiéndola. Pasó por una joyería y le compró unos pendientes de oro blanco de los que se había enamorado hacía mucho tiempo. Suspiró con fuerza al salir de la joyería para tratar de insuflarse ánimo así misma. Subió al coche y cruzó toda la ciudad hasta llegar al hospital. En otro momento habría ido con los nervios a flor de piel, habría ido emocionada para entregarle el regalo, sin embargo, en ese momento era más como una obligación por haberse olvidado que un acto espontáneo de amor. Al llegar al mostrador de la entrada, la atendió una de las recepcionistas que la conocía y le dijo que esperara allí que iba a avisar a su mujer. Se sentó en la sala viendo pasar a hombres y mujeres de bata blanca, algunos a la carrera, otros hablando con camaradería, y también los había solitarios. Pensó en qué grupo se encontraría Amanda, nunca se había planteado aquella pregunta, pocas veces pasaba por el hospital no era muy consciente de cual era su vida allí dentro. Sin querer sintió un pequeño malestar se estaba juzgando duramente ella por lo que había ocurrido con Kristina pero… ¿qué haría Amanda esos días y noches que se pasaba allí las horas? Cerró los ojos reprochándose aquella pregunta, era como buscar una excusa para poder justificarse, era querer tapar el sol con un solo dedo.

-¡Parker!

-Hola Kate -saludó a la amiga y compañera de su mujer.

-Lo siento pero Amanda no puede atenderte.

-¡Ah! Vaya pensé que a esta hora estaría más tranquila -sonrió a modo de disculpa.

-Bueno ya sabes… aquí no tenemos horario fijo de tranquilidad.

-Claro, claro -sin saber por qué se sintió realmente molesta con ella-. ¿Sabes si va a tardar mucho? No tengo nada que hacer y la puedo esperar en la cafetería.

-Ha entrado a una operación de tráfico -dejándole claro con la frase que era mejor que se fuera a casa.

-De acuerdo -suspiró con una sonrisa un tanto forzada-. Dile que me llame cuando pueda.

-Parker ya sabes como funciona esto ¿cuántos años lleváis juntas?

-Sí, es cierto… sé perfectamente bien cómo funciona aunque algunas cosas se me escapen -lo dijo borrando la sonrisa mirándola con los ojos entrecerrados.

-¿Y cómo estás? Me contó Amanda el problema que tuviste con esa loca.

-Vaya… ya veo que os contáis todo -respondió un tanto herida porque Amanda había hablado de algo privado que les pertenecía a ellas, por la falta de tacto de Kate, porque le dolía que hablara así de Kristina-. Pero estoy bien, ya está todo solucionado.

-Me alegro estaba preocupada, la verdad que es la primera vez que la he visto preocupada.

-Bueno, no tiene por qué preocuparse. En fin Kate… no te robo más tiempo que sé tú también estarás liada ¿no? Imagino que el trabajo es para todos.

-Pues sí, la verdad que también debería irme. Me alegro de verte a ver que día venís a cenar a mi casa.

-Claro -trató de sonreírle con cordialidad pero lo único que logró fue una sonrisa rota.

Salió del hospital con el gesto serio, ¿por qué Amanda le había contado a Kate lo que había pasado? Era algo íntimo como para ir contándolo por ahí por muy amiga suya que fuera. Había calificado de loca a Kristina, por un lado eso la tranquilizaba su mujer no sospechaba nada fuera de lo normal en esos casos. Pero ella seguía sintiendo un desespero que no lograba aplacar unido al enfado considerable que le había causado ir al hospital.

Quien también tenía un enfado tremendo era Alexis, miraba a Kristina esperando una respuesta que no encontró ya que la llamaron desde los juzgados. Momento que Kristina aprovechó para subirse llorando a su habitación. Antes de marcharse le dijo a Molly que no dejara sola a su hermana.

-Tranquila mamá, yo me encargo de ella.

-Debiste decírmelo -le recriminó su silencio ante la situación.

-Lo siento, pero era ella la que debía contarlo.

-Molly nada de secretos cuando estos afectan de una manera tan fuerte a tu hermana, ¿de acuerdo?

-Sí, mamá.

En el coche, Alexis no paraba de pensar en todo lo ocurrido, no entendía por qué Kristina había recurrido a algo así, su problema con los chicos le llevaba a hacer cosas sin pensar. Ella siempre le había recomendado que fuera a un terapeuta que la ayudara, sus relaciones todas acababan del peor modo posible, sufría no solo mentalmente también había sufrido malos tratos, y le daba miedo que todo aquello la empujara a vivir una y otra vez esas relaciones tóxicas. En ese momento reconoció su hija era su propio espejo. Pero más miedo le daba que aquello pudiera hacerle perder el norte como había pasado con el profesor. Tuvo que hacer un esfuerzo importante para centrarse en el juicio una vez finalizó, salió y allí estaba Sonny esperándola con el gesto preocupado.

-Te advierto Sonny que no me he recuperado todavía -le dijo seria.

-Ni yo, no vengo a provocar más problemas, quiero que juntos busquemos una solución.

-Está bien, te escucho.

-¿Qué ha pasado, Alexis? No logro entender a Kristina.

-Sonny si de verdad queremos ayudarla, hay que olvidar lo que ha pasado y fijarnos desde el amor en ver cómo solucionar esto, me temo que la vida que ha llevado hasta ahora le ha dejado una huella profunda, creo que está desconcertada y los hombres la han tratado de un modo que… no sé si eso es lo que ha causado que hiciera algo así, te juro que no me lo esperaba.

-Voy a decirte una cosa, mañana irá Max a la universidad, ¿estás de acuerdo conmigo en saber quién es el profesor?

-No va a servir de nada, Sonny -respondió con tono cansado.

-Creo que deberíamos ir los dos a hablar con él.

-¿Para qué? -lo miró seria.

-No creo que Kristina haya hecho eso por propia voluntad -aseguró.

-¿Insistes en que él tuvo algo que ver?

-Firmemente, imagino que él le habrá dado algún motivo para pensar que podía hacer algo así, tan solo quiero saber quien es y que tú y yo como padres hablemos con él, quizá sea la manera de saber qué le sucede realmente a nuestra hija.

-Y creo que la profesora Parker sabía algo.

-Por eso esa visita tan extraña. Mañana Max averiguará quien es, deja eso de mi parte.

Alexis lo miró frunciendo la barbilla, no estaba de acuerdo porque no se trataba de una niña pero quizás era la única manera de saber qué le estaba sucediendo realmente a Kristina.

Mientras esto ocurría en el juzgado, en su casa Kristina había dejado de llorar, había bajado hasta el salón donde Molly la esperaba mientras leía un libro. Al ver sus ojos hinchados no pudo resistirse en poner gesto de pena.

-Kristina… si lo hubieras dicho…

-Ahora ya está Molly.

-No, no está, te queda la parte que tanto tratas de ocultar. Tus sentimientos hacia Parker.

Kristina cerró los ojos a la vez que se sentaba junto a su hermana, pasaba las manos por el pelo mientras daba un resoplido. Su gesto mostraba una tensión importante.

-Si se han puesto así por mi expulsión… Imagina cuando sepan la verdad que no es un profesor a quien le he hecho la propuesta si no, una mujer. No, no, no puedo decirlo, Molly ¡me da tanta vergüenza!

-Pero ¿por qué? -la miró fijamente.

-¡Molly es una mujer! -se levantó con actitud nerviosa mientras resoplaba.

-A ver Kristina, estás asustada por lo que piensen por cuál va a ser su reacción al saberlo.

-Me darán la espalda…

-Mira soy tu hermana sé lo que ha pasado y que te sientes atraída por ella, y para mí no cambia nada, mis sentimientos hacia ti son los mismos, te quiero igual. El hecho de que seas gay no va a cambiar mi amor por ti.

-Pero… -se miraba las manos nerviosa aunque agradecía las palabras de su hermana-. Ellos no lo verán igual.

-Eso no lo sabes, tienes que decirles la verdad para darles la oportunidad de mostrar sus sentimientos.

-Bueno lo que realmente sé, es que te estás portando muy bien conmigo y yo me he portado fatal contigo, siento mucho lo que te dije en el hospital… -hizo un gesto de pena-. Pero mamá… no va a ser así.

-Dale la oportunidad a mamá de saberlo y que reaccione, ella ya te ha preguntado por Parker y has vuelto a guardar silencio, lo único que logras con eso es que al final en lugar de sentirse mal porque estés o no con una mujer, se sientan mal porque no confías en ella ¿no lo ves, Kristina?

-No lo sé, Molly, no sé nada… estoy… estoy que ni siquiera sé qué quiero… estoy tan confundida.

-Háblame de Parker ¿qué inspira en ti? Creo que te hará bien.

-Parker es… simplemente maravillosa -dijo cambiando totalmente su gesto apagado, el brillo en sus ojos iluminó su expresión-. Desde el primer día sentí que a pesar de ser mujer me provocaba un deseo incontrolado, no podía dejar de mirarla, su voz me envolvía y… era como si de repente perdiera el control de mí misma.

-¿Es guapa?

-Sí, mucho -ni siquiera fue consciente de su sonrisa amplia al decirlo sin duda estaba pensando en ella-. Aunque lo que más me atrae de ella es… es su inteligencia, es una persona tan interesante.

-¿Joven? -preguntó con temor a la respuesta.

-Bueno… -suspiró porque sabía que aquello era otro tema delicado miró a su hermana torciendo el gesto-. Me dobla la edad.

-Bien -sonrió tratando de restarle importancia aunque podía imaginar los gritos de su madre, y cierta zozobra por su parte al pensar en que su hermana iba camino de un nuevo desastre emocional.

-Sé que para ella eso es quizás el mayor obstáculo, creo que incluso más que estar casada.

-No lo tienes nada fácil, Kristina.

-Lo sé, lo sé. Pero ¿sabes? me he enamorado de ella y ella de mí.

-¿Estás segura de eso? Antes no lo estabas.

-Sí -respondió mirándola fijamente-. Lo estoy cada vez que hablo de ello es como si me fuera relajando como si me diera cuenta de lo mucho que significa para mí, solo necesito ser capaz de aceptarlo sin sentir este pánico desbordado que me da que lo sepan todos.

Al salir del hospital Parker se encontró de casualidad con su amiga Úrsula, tras decirle que había tratado de hablar con su mujer y no había podido, Úrsula le dijo.

-Está bien, mira he dejado a mis dos pequeños demonios con mis suegros, tengo exactamente tres horas para ir de compras ¡y tú te vienes conmigo!

-Úrsula no soy buena compañía -le dijo sonriendo con gesto serio.

-¡Venga, venga! Vamos a olvidarnos tú de Kristina y yo de mis hijos, solo será un rato distendido mirando ropa ¡hasta podemos darnos un masaje de esos rápidos! Nos hará bien ¡vamos, amiga! -dio una carcajada arrastrando del brazo a Parker.

Fueron de tiendas hasta que ya no podían más, los pies les dolían y Parker agradeció aquel rato con Úrsula que la ayudó a no pensar ni en Amanda ni en Kristina. Sin embargo, al llegar a casa volvió a la realidad, nuevamente sola. Se preparó la cena mientras  trataba de tranquilizarse, sin embargo, en esa soledad sintió su flaqueza y cerró los ojos dejándose abrazar por la imagen de Kristina. Fue un instante tan íntimo y repleto de amor que rompió a llorar en un llanto desgarrador por la joven, se rendía en aquella soledad para aceptar que Kristina le había robado el corazón, ese corazón que estaba roto ante su juventud.

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