PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Captítulo 20

Capítulo 20

Kristina regresó a casa a media tarde, había vagado por la ciudad sin ningún lugar fijo donde ir hasta que entró en una cafetería, buscó una mesa apartada pero que estuviera próxima a una ventana. Pidió un té frío su mirada se perdía en el horizonte sin ver nada de lo que ocurría tras aquel frío cristal, tan solo tenía ante ella la imagen de Parker besándola y volvía a sentir todo lo que había provocado en su interior aquel beso. Cuando el camarero dejó ante ella el vaso le sonrió con cierta melancolía y tras un suspiro profundo se puso los cascos en el móvil para escuchar música. Volvió a suspirar con aire abatido, tomó su diario y se puso a escribir.

Querida Parker, hoy ha sido el peor día de mi vida, y sin embargo, cada vez que recuerdo nuestro beso me siento feliz. Ni siquiera la discusión con mi madre, o tu adiós hacen que mi cabeza deje de pensar en ti, te has ido pero sé que algún día volveremos a vernos, sé que este amor que sentimos las dos debe tener su recompensa, no es justo que muera así. Al besarte he sentido que mi corazón latía de verdad, sentirte ha sido tan maravilloso, al principio dudé pero sabía que la única manera que tenía de quedarme en ti era esa, besándote. No te voy a engañar, no quería parar, te hubiera retenido para no dejarte salir jamás de mi vida. Solo espero que la semilla que hoy he plantado en ti vaya creciendo y haciéndose fuerte, porque sé que me quieres, porque sé que tienes miedo, porque lo he visto en tus ojos y lo he sentido en tus labios. Eres la mujer de mi vida y siempre lo serás. Estoy segura que si no estuviera tu mujer estaríamos juntas, porque lo que sentimos nada tiene que ver con lo que mi madre quiere hacerme ver, no es una atracción física es amor. Cuando me has abrazado te ha costado separarme y yo podía haberme quedado para siempre ahí, en tu pecho sintiendo como latía con fuerza tu corazón, ese corazón que con cada latido me gritaba que me quieres. Estoy convencida de que lo único que tienes que hacer es superar tu miedo, ese miedo a la diferencia de edad que a mí no me importa, ese miedo a perder tu carrera, si somos capaces de llegar a un punto en común todo eso no será importante. Parker… espero que mi beso te haga tenerme presente todos los días hasta que nos volvamos a ver, te estaré esperando. ¿Sabes? No puedo dejar mi teléfono lejos porque sé que en algún momento me vas a llamar y… no quiero tardar en contestarte para que así sepas lo mucho que espero tu llamada. Quiero decirte que mi madre no ha tenido una buena reacción pero… el tiempo me ayudará con ella o ¿sabes qué? No me importa tanto, lo que realmente me importa eres tú, porque cuanto más me decía que eres culpable de mi duda sobre si soy o no homosexual más ganas sentía de correr hasta a ti y decirte que ya lo he dicho, que lo asumo y estoy preparada para tener una relación contigo. ¡Mi Parker! Cuanto te extraño y tan solo hace horas que te fuiste… no sé como voy a seguir sin ti hasta que vuelvas, no sé qué voy a hacer.

Levantó la mirada del papel y dos lágrimas brotaron de sus ojos. Miró por la ventana esperando un milagro, esperando verla de nuevo dispuesta a luchar por ella. Entonces recordó cómo empezó todo, dudó si ir a su capítulo 7, era consciente que lo había estado esquivando todo el tiempo, pero en ese instante en que sentía que había perdido a Parker, necesitó de su lectura para recrear la escena nuevamente en su cabeza para así tratar que el corazón latiera un poco más feliz.

-¡Hola profesora, Parker! ¿Puedo pasar? -asomó su cabeza mostrando una sonrisa enorme y resplandeciente.

-¡Claro Kristina, pasa! -respondió con otra sonrisa feliz por verla.

-Te he traído café doble bien cargado como te gusta…

-Muchas gracias, eres muy amable -la miró con intensidad.

-No sé como puedes dormir con eso -le dijo graciosamente.

-Anda siéntate, tengo un rato libre -le respondió entregándole otra gran sonrisa.

-Lo sé hoy es martes y tienes este hueco -sonrió con cierta picardía haciendo que Parker la mirara ladeando la cabeza mientras enarcaba una ceja-. La semana pasada también vine.

-Es verdad. ¡Oh perdona un momento! -su teléfono móvil sonó-. Hola cariño -Kristina iba a beber cuando al escuchar aquella palabra detuvo el vaso a mitad camino mirándola con descaro-, sí no te preocupes yo lo recogeré, de acuerdo, un beso. Bueno…. ¿y qué te trae hoy por aquí? -le preguntó tras un suspiro en el momento que colgaba.

-¿Era tu marido?

-No -sonrió divertida aunque mirando a Kristina algo desconcertada-. No puedo creer que no lo sepas.

-¿Qué debo saber?

-Era mi mujer, Kristina. ¿Te sorprende? -le preguntó mirándola fijamente.

-No, no, no para nada… no ¡qué va! -”ahora entiendo todo, es lesbiana ¡y esa mirada la que hace nada me ha dedicado! ahora entiendo esto que siento”.

-Kristina ¿estás bien?

-¡Sí muy bien! ¿Por qué lo preguntas?

-Pues porque te estaba hablando…

-Perdona… hoy no he dormido bien y estoy un poco rara -le sonrió ampliamente.

-Bueno, volvamos a tu visita. ¿En qué te puedo ayudar?

-Eres lesbiana -le soltó a bocajarro.

-Sí -sonrió de lado.

-¿Desde siempre? -no podía apartar sus ojos de ella.

-Pues… sí, que yo recuerde sí -sonrió divertida.

-Perdona debes pensar que soy tonta.

-No, Kristina, no eres tonta, lo sé de sobra. ¿Quieres preguntarme algo más? -Parker no se percató pero su tono se hizo más grave más sensual.

-No, disculpa. Creo que me voy a ir ya que hoy tenemos al profesor Collins y ya sabes cómo es.

-De acuerdo, ¡gracias por el café!

-Mañana invitas tú -se lo dijo con aire fresco y una sonrisa amplia aunque sin poder evitar unos nervios descontrolados.

Ahora entiendo por qué me miras así, ahora sí puedo responder mi propia pregunta de si te gusto,incluso puedo responder a la pregunta de si me siento atraída por ti, ahora sé por qué. El día que lea esto me daré cuenta de cómo me tiembla la mano al escribirlo, es una mezcla de alegría, excitación y miedo. Estoy dispuesta a dejarme llevar para descubrirte y descubrirme.”

Llegó a casa con cierto cansancio, sus emociones estaban a flor de piel. Releer aquel episodio y volver a sentir la misma emoción que en aquel momento le había dejado totalmente abatida. Entre el dolor por el abandono de Parker y el miedo al rechazo de sus padres, se sentía totalmente perdida y no cesaba de hacerse la misma pregunta, ¿tan difícil era ser gay? Por eso cuando al llegar a casa vio a Lucas sintió un gran alivio en su interior.

-¡Hola Kristina ya me iba! He venido a buscar a mi padre.

-Pasa, pasa… no están pero… no sabes lo que agradezco que estés aquí -le sonrió aunque con tristeza.

-Me alegra saberlo.

-Me gustaría poder hablar contigo sobre algo que me está volviendo loca. Preparo algo para picar y hablamos ¿te parece bien?

-Claro, Kristina.

Lucas se sentó en el sofá esperando que ella saliera. No tardó mucho en sacar un bol con palomitas y dos botellas de agua. Estaba nerviosa pero necesitaba hablar y estaba decidida a que Lucas pudiera ayudarla.

-Voy a ser directa porque lo necesito -Lucas asintió con gesto repleto de calma-, el otro día cuando te pregunté sobre la homosexualidad, para ayudar a mi amigo realmente estaba preguntando por mí, pero no estaba preparada para reconocerlo.

-Bien, me alegro que ya lo estés -le sonrió.

-Me he enamorado de una mujer.

-¿Cómo te sientes al decirlo en voz alta? -la miraba con una sonrisa conciliadora.

-Feliz -respondió emocionada como si se hubiera quitado un peso de la espalda.

-¿Y libre?

-Sí, también, Lucas mira estoy hecha un lío tengo muchas cosas en mi cabeza pero en el fondo sé que estoy enamorada de Parker.

-¿Quieres que desliemos esa cabeza? -ella asintió formando un puchero en su barbilla-. Vamos allá, yo te ayudo.

-Gracias -suspiró con fuerza-. Parker es mi profesora de la universidad no sé si te has enterado pero fue a ella a quien le propuse tener relaciones para que me aprobara.

-Ya veo -asintió mientras cogía palomitas de maíz.

-Mira todo empezó sin entender muy bien qué me estaba ocurriendo, de pronto tenía a una mujer ante mí que me provocaba un sin fin de cosas, me llenaba de ella, su sonrisa es tan especial, tiene una mirada que me cautivó desde el primer día que la vi -hablaba con una tranquilidad que no había encontrado en ningún momento desde que había vuelto de la universidad, y con la mirada repleta de felicidad-. Me levantaba para ir a clase por ella, me aprendí todos sus horarios, sus descansos, la seguí por los pasillos, la invité a miles de cafés.

-Eres insistente ¿eh? -le dijo sonriendo.

-Y todo sabiendo dos cosas, que estaba casada y que era mi profesora. Pero la fuerza que mi corazón sentía por ella era mayor que mi cordura, por mucho que tratara de inculcarme en mi cabeza las dos cosas, me robó mi calma -hizo una pausa para continuar con una sonrisa de enamorada-. ¿Sabes? Me encantaba perderme en sus ojos, por las noches imaginaba que me abrazaba y no era capaz de pensar en otra cosa.

-¿Y ella?

-Bueno imagínate, ella trataba de ser firme pero creo que tuvimos una conexión brutal, hicimos que tomarnos un café en su despacho fuera una rutina para las dos, después me dio un proyecto que llevaba de tema sexo y poder en las novelas de Shakespeare, lo vi como un guiño hacia mí, pasamos horas hablando es maravilloso nos apasionan las mismas cosas, un día me dio su teléfono por si necesitaba ayuda en mi estudio, aunque a veces simplemente le enviaba un mensaje para decirle buenas noches o cualquier cosa que se me ocurriera, desde pedirle una receta para hacer macarrones hasta… una crema para el pelo, entonces empezó a invitarme a su casa cuando su mujer no estaba, y alguna vez sentí que me deseaba que estaba a punto de romper esa rigidez que se imponía.

-¿No ha pasado nada?

-No, el otro día cuando vino la besé por primera vez.

-¿Y?

-No me habían besado así jamás, con esa suavidad, esa ternura, fue como si nada de lo que había vivido antes pudiera equipararse con aquel beso, creí que me moría pero bueno… ella me detuvo.

-Por su mujer.

-¿Sabes? Yo creo que hay algo que a Parker le preocupa más que su mujer o su carrera, es la diferencia de edad.

-¿Hay mucha?

-Sí, justo el doble. Pero a mí no me importa -lo dijo con rotunda sinceridad.

-Bien, eso es importante, es importante que estés segura que no va a ser un obstáculo para ti. Saber lo que uno quiere siempre ayuda.

-Pero después tengo una serie de contradicciones conmigo misma, no sé… ella ha sido la primera mujer que me ha provocado todo esto, siento que debo reconocerme como gay pero… en el fondo pienso que igual no me gustan las mujeres y solo me gusta ella, y esto me tiene hecha un lío.

-Por partes, la primera y muy importante. Nada de etiquetas, Kristina, uno es lo que su corazón siente, no importa hacia quién pero no caigas en tener que justificar todos tu sentimientos vívelos sin cuestionarlos tan solo siéntelos. La segunda no tienes que juzgarte, tienes que aceptarte tal y como sientas.

-Pero es que… para mí no está siendo fácil.

-Para mucha gente no lo es, Kristina.

-Además mi madre me ha tratado fatal.

-¿Qué quieres decir? Alexis siempre me ha apoyado a mí y está muy unida a las causas de los homosexuales -respondió un tanto desconcertado.

-Así es pero saber que su hija puede ser homosexual no le ha sentado nada bien, al contrario, según ella me siento atraída por Parker porque ella me ha enredado, ha influenciado en mí y yo como he tenido tan mala experiencia con los hombres he caído en su trampa, porque soy una niña indefensa, no puede ver que soy una mujer adulta que Parker no me ha manipulado, la ha tratado algo así como si Parker fuera ¡eso! una manipuladora y se estuviera aprovechando de mí, y eso no es verdad ya te he contado cómo ha sido nuestra relación, fui yo quien la persiguió. ¿Y cómo le digo a mi madre que ha sido tan injusta en este tema, que Parker es mi vida?

-Bueno, Kris, a ver siento mucho que estés pasando por esto, si te sirve de consuelo a pesar que tu madre no ha estado demasiado afortunada en su comentario no veo que rechace totalmente lo que te está ocurriendo, no te ha dado la espalda. Mira, tú quieres que empaticen contigo pero si algo he aprendido de esto, es que nosotros también debemos hacerlo con nuestros seres queridos, más con nuestros padres no es fácil tampoco para ellos, sobre todo, si como es tu caso nunca habías dado la mínima señal de esta atracción. le has pillado desprevenida y todo necesita un tiempo para procesarlo unos necesitan más que otros, unos reaccionan apoyándote nada más lo cuentas y otros… desgraciadamente no lo hacen jamás, sé de chicos que han abierto su corazón y su familia les ha cerrado las puertas de su casa y de sus vidas. Y con las mujeres es mucho peor, te lo aseguro. Y eso a ti no te ha pasado.

-Mi madre no tiene justificación, no la tiene -dijo con dolor.

-Hasta para los padres más liberales es una noticia que cuesta admitir, es así, es el impacto ante lo que no esperan, menos de ti, Kristina. Por eso debes dejarle cierto tiempo para que ella asuma lo que le has contado, estoy seguro que lo va a aceptar.

Kristina suspiró con fuerza, parecía estar asumiendo las palabras de su hermanastro, sin duda, él sabía mucho más de ese tema que ella.

-¿Sabes? Lo mejor es que ya se haya descubierto todo, que me echaron de la universidad, que me he enamorado de Parker y que es una mujer -lo dijo sintiendo un tremendo alivio.

-¿Y cómo lo lleva tu padre?

-Bueno, él no sabe lo de Parker. A él no le voy a decir.

-De acuerdo, esa es tu decisión. Dejamos a un lado a tus padres, dime cómo te sientes tú porque has dicho con mucha rotundidad me he enamorado y me has contado como has ido conquistándola pero… ¿cómo te sientes ante la posibilidad de amar a una mujer?

-Pues es algo extraño no sabía ni siquiera si sería capaz de besarla, lo había deseado e imaginado muchas veces, es cierto -volvió a ella una sonrisa pícara y feliz-, pero dudaba de que fuera capaz, sin embargo, no habría parado de besarla. Si cierro los ojos veo ese amor y a pesar de que Parker dijo que no podíamos estar juntas, sigo pensando que he de darle tiempo para que recapacite y estoy segura que llegará el día en que podamos estarlo. Porque es lo que quiero.

-Estás segura ¿eh? Sin embargo deberías tomar algunas decisiones al respecto.

-¿Cómo cual?

-Si vas a luchar por ella o vas a intentar descubrir otros caminos.

-La verdad que no lo sé… ¿qué me aconsejas?

-Creo que deberías aparcar a un lado a Parker ahora mismo no forma parte de tu vida, no está, ella te dejó claro que no había posibilidad de estar juntas, tú debes vivir, experimentar, sentir…

-Te oigo decirme eso y me llena de tristeza pensar que Parker no está en vida, me duele. Pero entiendo que debo de seguir mi camino aunque estoy segura que no la voy a olvidar, aunque ahora mismo no sé ni hacia dónde ni si quiera con quién.

-La única que sabe realmente lo que siente eres tú, y tú eres la que debe confiar en tus sentimientos. Confía en ti en lo que te dice tu corazón, olvida lo que te digamos los demás, no hagas caso a las opiniones o consejos porque ninguno estamos ahí dentro -le señaló con el dedo índice su corazón-. Y haz el favor de no buscar etiquetas que eso es muy dado en la sociedad, según sus normas si no tienes una forma definida de quién eres por con quién te acuestas, es todo un drama. Vive Kristina, deja que tus sentimientos te guíen por la vida, si quieres luchar por Parker, adelante, si quieres vivir dejando que la vida te sorprenda ¡hazlo así!

Justo en ese momento entraban por la puerta Alexis y Julián. Kristina se levantó del sofá poniéndose en pie junto a la chimenea, mientras, su madre la miraba con gesto apenado desde la puerta.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó Julián a su hijo.

-He venido a daros una noticia, Brad y yo vamos a casarnos ya tenemos fecha.

-¡Eso es fantástico! -lo abrazó Julián ante la mirada triste de Kristina.

-Gracias, así que he venido para invitaros a todos -les dijo sonriendo justo cuando Alexis se acercó hasta él.

-Me alegro mucho, Lucas -lo abrazó con cariño.

-Lo sé, Alexis.

La mirada de Kristina mostró un gesto repleto de celos y malestar por la respuesta de su madre. Tras una breve charla, ambos se marcharon dejándolas solas. En ese momento Alexis sonrió a Kristina quien se mantenía con gesto serio y le dijo utilizando un tono conciliador.

-Es una muy buena noticia, se lo merecen. Estoy feliz por ellos.

-Claro, claro, me queda clarísimo que tú no tienes ningún problema con que otra gente sea homosexual, tú tienes un grave problema con que lo sea yo -le recriminó seria-. No sé a lo mejor deberías plantearte esa felicidad de la que hablas, quizás uno influenció al otro, o ¡quizá! Lucas está confundido y…

-¡Ya está bien! -alzó la voz-. Quizá deberías darte cuenta que Lucas y Brad son los dos adultos -acentuó sus palabras con fuerza.

-¡Quieres decir que soy una niña estúpida que no sé ni pensar ni sentir por mí misma!

-¡No he dicho eso y sabes perfectamente a lo que me refiero! -la miró enfadada-. Aunque por tu comportamiento podría decir que te acercas a ello.

-¿Sabes? Nada de lo que me digas va a hacer que deje por un momento de sentir lo que siento por Parker, nada ¡te lo aviso! Solo espero que te des cuenta algún día de lo equivocada que estás, y me hubiese gustado poder contarte lo feliz que he sido a pesar de todo, lo feliz que ella me ha hecho. Pero claro eso no te interesa.

Kristina se marchó de casa con una rabieta considerable, sentía a flor de piel los nervios, le estaba doliendo la manera en que la estaba tratando su madre, como si decir que estaba segura de lo que sentía por Parker no fuera importante para ella, seguía tratándola como una niña.

Por su parte, Alexis se percataba que Kristina había cambiado y estaba segura de quien tenía la culpa. Marcó con furia en su teléfono y al contestar dijo:

-Quiero que me pase con la extensión de la profesora Parker Forsyth, por favor.

-Lo siento pero la profesora Forsyth no tiene clase hoy se ha tomado el día libre.

Al colgar suspiró con rabia, aquella maldita mujer que había tenido el descaro de ir hasta su casa dos veces y que la trató con un cinismo total cuando la conoció,estaba embaucando a su hija y ella no lo vio, tan solo vio a una mujer educada y muy amable que estaba allí para ayudar a Kristina. Sintió en ese momento un profundo malestar contra ella misma.

Aquella noche fue complicada para todas, especialmente para Alexis que no cesaba de darle vueltas a la cabeza de cómo arreglar aquel problema. No le gustaba la manera en la que Kristina defendía a Parker, era como si la tuviera aleccionada y eso, le preocupaba. Por su parte, Parker apenas pudo dormir, prefirió levantarse y ponerse a trabajar para tener la cabeza ocupada, era la única manera de alejar a Kristina de su mente. Y Kristina seguía abrazándose a la almohada mientras pensaba en Parker. Sin darse cuenta aquel triángulo de mujeres estaba conectado entre sí alineado en el sufrimiento.

La mañana siguiente Parker llegó a la universidad y fue directamente hasta secretaría para ver sus recados.

-Buenos días, Laura ¿tengo algo?

-Sí, tienes varias llamadas de hoy y una de ayer de una tal Alexis Davis.

-¡Ah!

-Ha insistido en hablar contigo.

-De acuerdo, mira si vuelve a llamar dale cualquier excusa que hoy tengo mucho trabajo y no la voy a poder atender.

-Claro, Parker.

-Muchas gracias, Laura -le sonrió amablemente.

Al llegar a su despacho se tuvo que sentar, aquellas llamadas le hicieron entender que Alexis sabía la verdad, y lo último que necesitaba era hablar con ella. Suspiró con cierto temor porque sabía que no podría evitarlo antes o después debería hacerlo, sobre todo, por si hablaba con Amanda. Pero aquel día no tenía fuerzas. Dio la primera clase con algún lapsus pero logró sacarla adelante, después tuvo alguna charla individualizada con alumnos de sus grupos, se dio cuenta que algo había cambiado en ella por cómo los trataba, más frialdad de lo normal, más distancia de lo que acostumbraba, nada de bromas y mucha seriedad. Era la hora de comer cuando hizo una pausa, se llevó el ordenador hasta la cafetería del campus y decidió ponerse a trabajar allí se le había ido el apetito, y sabía que era la única manera de no pensar en ella. Estaba mirando la pantalla del ordenador cuando se presentó ante ella Alexis.

-¿De verdad piensa que va a seguir ignorando mis mensajes y yo me voy a quedar de brazos cruzados?

-¡Si mal no recuerdo usted es la madre de Kristina! -le dijo mirándola con gesto serio mientras cerraba el ordenador.

-Así es, y no voy a moverme de aquí hasta que usted y yo tengamos una conversación adulta sobre mi hija.

-¿Qué quiere? -le preguntó con calma y una sonrisa leve.

-Quiero saber qué clase de interés tiene por ella. Quiero saber por qué razón se está aprovechando de ella.

A Parker aquella frase le borró la sonrisa, su gesto cambió por un profundo malestar.

-Yo no me he aprovechado de Kristina.

-Quiero que sepa que me ha contado toda la historia -la miraba con crispación.

-¿Todo? Pues si en esa historia Kristina le ha dicho que me he aprovechado de ella desde luego no es cierto.

-¿Sabe lo que creo que es cierto? Que una profesora importante que acepta su sexualidad públicamente que habla abiertamente de ella quiere aprovecharse de mi hija que es una joven estudiante, demasiado joven para usted, por cierto, es atractiva y que por desgracia no tiene seguridad en sí misma lo que la deja en una posición altamente influenciable y me atrevería a decir que a su merced ¿ve la diferencia entre las dos?, yo tengo muy claro quien tiene el poder para sacar beneficio de esto ¿o necesita que lo explique con más precisión? -le preguntó mirándola fijamente con sus ojos repletos de malestar.

-Sí, es cierto que soy su profesora y Kristina es una estudiante, pero la única que utilizó malas artes fue ella para pedir algo inapropiado entre nosotras.

-Es muy fácil decir eso, tremendamente fácil acusar a mi hija pero ¿sabe qué? Yo no soy una de sus jovencitas alumnas a quien manejar, porque… me pregunto ¿por qué razón cree que a mi hija, a la cual conozco muy bien, se le pasó por la cabeza que podía obtener dicho aprobado a cambio de sexo con una mujer?

-Esa pregunta debe hacérsela a Kristina, no a mí -respondió contundentemente mirándola con cierto desasosiego.

-Me parece que algo tendrá que decir, usted -en su tono de voz apareció cierto reproche-. Porque mientras usted y yo estamos aquí discutiendo en Wesleyan, mi hija está en Port Charles porque la han suspendido de esta prestigiosa universidad por su culpa, así que le pido me responda a esa pregunta porque conozco a mi hija y sé que usted la ha manejado para hacerle entender tal cosa y quiero saberlo.

-¡Hasta aquí he llegado, señora Davis! -se levantó ofendida ante aquella acusación-. No tengo por qué aguantar estos reproches que son infundados.

-Yo de ti me volvería a sentar -su voz sonó como el acero y con cierta amenaza-. Estamos en un lugar público que es muy concurrido y donde me he dado cuenta que eres muy popular, ¿crees qué me va a costar mucho hacer una escena? -le sonrió con cierta maldad.

-Con ese tono, no señora Davis, con ese tono no podemos hablar -le dijo seria sintiéndose acorralada por sus acusaciones.

-No pienso marcharme de aquí sin algunas respuestas, por favor, necesito saberlas.

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