PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 33

Durante el camino de vuelta, Kristina no podía creer lo que había sucedido, estaba tan decepcionada que no era capaz de llorar. Condujo con la voz de Parker en su mente diciéndole una y otra vez que iba a volver con su mujer. No podía creerlo. Era una contradicción total, tenía sentimientos por ella, la quería lo sabía, habían pasado una noche increíble juntas pero ahora volvía con su mujer. A intentarlo, ¿intentar qué? Si la amaba a ella. Esa pregunta y respuesta le quemaba el alma. No podía creer que todos tuvieran razón, que hubiera jugado con ella, no… Parker no era así. En ese momento donde la rabia recorría su interior como si fuera un tornado arrasando con todos los sentimientos que había en su corazón, no podía aceptar que la noche que pasaron juntas fuera nada más que un capricho para Parker o, como había tratando de convencerla, una debilidad de la que se había arrepentido.

Al llegar a casa se encontró con su madre sentada en el sofá ante el ordenador. Alexis la miró con algo de duda por su gesto serio, además, notaba que había llorado.

-¡Kristina por fin estás en casa! Estaba preocupada por ti…

-Bueno, el viaje a Wesleyan es largo -respondió suspirando.

-¿Fuiste a ver a Parker? -se levantó mirándola con gesto preocupada-. ¿Estuviste con ella?

-No he estado con ella, nada más hablamos -su tono era totalmente decaído y su expresión repleta de tristeza.

-¿Eso es todo? -la miraba con nerviosismo percibiendo su estado abatido.

-Molly tuvo razón, Parker no me llamó, al meter el móvil en el bolsillo o en el bolso se conectó mi número que era la última llamada que había recibido. Nunca pensó en llamarme, ella va a volver con su mujer. Así que… felicidades mamá, Parker me usó y nunca se preocupó por mí, según tus propias palabras ¡otra relación condenada y yo que pensaba era mi oportunidad! ¡Felicidades por lo tanto porque al final lo has conseguido en el amor de tal madre, tal hija!

Dicho esto se subió a su cuarto. Allí volvió a coger la carta, la leyó y ni aún así era capaz de creerla hasta que se dejó llevar por el dolor que sentía en su interior y dejó que las lágrimas salieran de su corazón.

Por su parte, Parker estaba en el despacho sin poder apartar de su mente la mirada de Kristina, su decepción, su dolor, pero sobre todo, aquel ¡vete al infierno! Que se repetía en su cabeza como un bucle, una y otra vez. Estaba frente a la pantalla del ordenador sin percatarse que Úrsula estaba allí. Al llegar a la universidad se había cruzado con Kristina y sabía que algo grave había pasado.

-Si pretendes trabajar con la pantalla apagada, creo que lo tienes un poco complicado. Me he cruzado con Kristina. Estaba tardando en venir, tras su mensaje imagino que no fue muy agradable.

-Se terminó -dijo con la mirada perdida.

-¿Ha venido a dejarte?

-No, le he dicho que vuelvo con Amanda.

-Espera que me siente -la miró sin entender nada-. ¿Pero eso es cierto?

-No, pero me he visto obligada a decírselo.

-¿Por qué?

-Porque es lo mejor para ella.

-¿Y tú?

-¿Yo?, supongo que seguiré viviendo -le dijo con tono afligido mientras levantaba un hombro con desgana.

-No entiendo cómo le has mentido. Solo espero que Kristina recapacite y vuelva a lucha por ti.

-No lo hará. Esta vez sí que no lo hará. Venía ilusionada pensando que podíamos empezar de nuevo, no podía permitirlo, Úrsula. No podía.

-¿Por la amenaza de su madre sobre tu carrera?

-No, por ella porque no quiero hacerle sufrir, no quiero que sea infeliz por mí. La quiero con locura precisamente por eso, no puedo empujarla a una relación conmigo sin que ella se haya reconocido, aceptado de corazón y madurado.

-¿Si hiciera todo eso volverías con ella?

-Kristina no volverá conmigo, la he decepcionado tanto… en estos momentos me debe odiar. La llevaré en mi corazón hasta que me muera, de eso estoy segura.

-Permíteme que te lo diga, Parker, te has equivocado.

Ella la miró con los ojos repletos de lágrimas, los cerró dejando que cayeran por sus mejillas mientras trataba de controlarse con un profundo suspiro que le provocó un agudo dolor en su corazón.

Tras varias horas en el cuarto sin salir, Kristina bajó y se encontró con Alexis. Al verla, suspiró con pesar.

-¿Quieres hablar? -le preguntó Alexis.

-No lo sé.

-Te hará bien.

-Durante todo el viaje de vuelta he estado pensando -le dijo sentándose a su lado, guardando un pequeño silencio antes de cerrar los ojos y hablar-. Lo había logrado, había logrado ser capaz de reconocerme a mí misma, de darme cuenta que amaba de verdad y de conocer a una persona que me hizo feliz y ahora… ahora siento que estoy en un laberinto del que no sé cómo salir -la voz se le quebró.

-¿Sabes una cosa, cariño? Me has demostrado que eres valiente, y capaz de luchar por lo que quieres, estoy convencida que vas a encontrar la puerta para salir de ese laberinto.

Llegó la hora de terminar las clases y cuando Parker fue a salir por la puerta, comenzó una tormenta que parecía era el fin del mundo. El cielo se volvió negro, el viento azotaba todo a su paso y la lluvia se hizo torrencial. Todo aquello que veía fuera de sí misma podía decirse que era el reflejo de su propio interior. Una vez en casa, subió hasta la habitación para poder cambiarse, iba empapada. Se secó el pelo y se puso rompa cómoda. Se preparó un té porque tenía el estómago encogido y era incapaz de comer. Todo esto lo hizo envuelta en un llanto amargo, sin dejar ni un solo momento de pensar en ella. Había estado pendiente del teléfono, tanto que estuvo a punto de golpearse con el coche contra una farola. Necesitaba dejar de pensar en Kristina pero era algo que veía imposible, sabía que el daño ya estaba hecho y ahora lo único que podía hacer era seguir con su carrera y dejar que el paso de los días la ayudara a sobrellevar la pena de perderla. Iba a pagar cara su cobardía, porque lo que le quedaba por delante era un camino arduo de sufrimiento y hasta arrepentimiento por no ser valiente. Por dejar que la Parker miedosa ganara a la Parker valiente que deseaba estar junto a ella a pesar de todo. Quizá debía relajarse y dejar que alguien la ayudara para salir hacia delante. Con todos esos pensamientos enredados y un dolor en su corazón se quedó dormida.

-¡Parker!

-Estoy aquí Kristina -respondió ante su llamada, su voz mostraba que estaba feliz.

-¿Qué haces? -le preguntó sorprendida al verla con un martillo en la mano.

-Estoy tratando de arreglar el cuadro, ¿lo ves recto?

-Sí, está perfecto, cariño.

-No sé… -decía con dudas entonces los brazos de Kristina rodearon su cintura atrayéndola hasta su cuerpo-. Kristina…

-Te he echado de menos -le susurró con amor.

-Yo también -se giró mirándola fijamente con una amplia sonrisa.

-Te quiero.

-Me alegro tanto de que volvieras… nunca hubiera sido capaz de volver a buscarte -le dijo Parker formando en su rostro un gesto de pena pero con los ojos le transmitía un profundo alivio.

-Lo sabía, por eso vine yo -la besó con dulzura.

-Te quiero, Kristina.

-¡Y yo, mi amor! -cuando la fue a besar, como si fuera niebla Kristina desapareció.

-¡Kristina!

Se despertó llamándola con la respiración agitada y un profundo dolor de cabeza. Se dio cuenta que era de noche, con el mal cuerpo que le dejó el sueño al ver como Kristina se le escapaba entre los brazos, se levantó para prepararse algo de cenar, estaba en la cocina con la mente puesta en la conversación que había tenido por la mañana con ella, pero entonces escuchó el timbre de la puerta. Por un segundo sonrió, y corrió para abrir con el corazón latiendo a toda velocidad.

-Vaya… parece que no me esperabas a mí.

-¿Amanda, qué haces aquí? -le preguntó impactada de verla.

-Como no me contestas he decidido venir.

-¡Oh perdona es que he tenido mucho lío y…!

-¿Puedo pasar? -le sonrió.

-Sí, claro, claro, pasa -estaba realmente conmocionada ante su presencia, tanto que no se había dado cuenta de que no le había invitado a pasar-. Iba a prepararme la cena, ¿quieres cenar?

-Estaría bien, te iba a invitar a cenar fuera pero con la que está cayendo.

-Sí, pasa. ¿Qué tal por Connecticut?

-Muy bien, la verdad que muy contenta estoy en uno de los mejores hospitales de este país.

-Me alegro -le sonrió con sinceridad.

-¿Y qué tal por aquí?

-Como siempre, preparando ya los exámenes.

-Es cierto… ahora llega ese momento en que Parker está rodeada de folios y folios -dijo graciosamente provocando una sonrisa en ella-. ¿Y lo demás?

Parker la miró entendiendo que le preguntaba por Kristina. Trató de controlar sus emociones porque se había dado cuenta que cada vez que hablaba de ella un nudo apretaba su garganta, y ese nudo debía ir poco a poco deshaciéndose pero sin duda, Amanda no iba a ser quien la ayudara.

-Todo bien, ¿te apetece cenar en el salón?

-Sí, estaría bien, yo pongo la mesa.

La presencia de Amanda le hacía sentirse algo incómoda, era como si lo que le había contado a Kristina fuera real, como si hubiera vuelto con su mujer sin ella saberlo. Allí estaba entrando y saliendo de la cocina hablando de la ciudad, de la nueva casa, se le veía feliz. Mientras ella trataba de asimilar aquel “¡vete al infierno, Parker!”, que le había destrozado. Una vez finalizaron la cena donde Amanda le había contado infinidad de cosas, pasaron al salón donde tomaron el té sentadas en el sofá. Amanda no fue con rodeos, le había preguntado por Kristina pero ella no había sido capaz de contestarle. Sabía que Parker estaba triste, la conocía tan bien que durante la cena percibió su mirada apagada, había estado distraída y su sonrisa se mostraba forzada. Así que decidió dar el paso hacia el camino que había escogido y que le había llevado hasta allí.

-¿Sigues con Kristina?

-No -contestó escueta.

-¿Has estado con ella? -le preguntó mirándola fijamente.

-Sí, estuvimos juntas pero… bueno… se acabó -respondió sin separar sus ojos de la taza que mantenía entre sus manos.

-¿Se acabó de verdad o…?

-Sí, Amanda. Se acabó -la miró con una tristeza infinita marcando su expresión.

-Estos días me he sentido terriblemente sola, te he echado muchísimo de menos -le acarició la melena con suavidad-. He pesando mucho y estoy dispuesta a borrar todo lo que ha pasado, a empezar de nuevo juntas, no lo hacíamos tan mal hubo un tiempo en que fuimos muy felices -Parker sonrió de lado ni siquiera lo recordaba. Amanda se acercó más a ella sabía perfectamente qué tenía que hacer para conseguir lo que buscaba-. Vente conmigo, aléjate de todo esto. Deja la universidad, borra todo lo que ha pasado allí puedes encontrar otro trabajo, deja esta casa y volvamos a empezar.

Parker la miró con los ojos vacíos de sentimiento a lo que le estaba diciendo, pero Amanda insistió y se acercó besándole suavemente los labios, se apartó mirándola porque notó que no había respuesta ante aquel beso, así que se dirigió hasta el cuello en ese lugar donde Parker se perdía y tanto le gustaba que la besara, por su parte, Amanda estaba segura que podría borrar el recuerdo de una cría.

Kristina le contó a Molly también lo ocurrido y tanto Alexis como ella le aseguraron que estarían a su lado para que olvidara a Parker, no la iban a dejar sola. Estaba en su habitación con la tristeza como única compañera, cogió el diario, aquel testigo del amor que ambas sintieron, repasó su escrito después de hacer el amor con ella, habían tantas emociones allí escritas que aún sentía a flor de piel y lo peor es que era consciente que Parker también las había sentido, si cerraba los ojos y volvía atrás con las imágenes de aquella noche repleta de pasión, amor y dulzura entonces entendía que tras la amenaza de su madre, Parker había decidido ir por el camino fácil, que no era otra cosa que volver con su mujer antes que luchar por ella. Pasó las páginas hasta que encontró una en blanco, a ese diario le quedaban tan solo dos para terminarlo, eran suficientes para cerrarlo y guardarlo para siempre.

Nunca pensé que la persona que me ha hecho tan feliz, a la que amo y la que me ha ayudado a reconocerme y aceptarme, sería la persona que más daño podría hacerme. Este capítulo debería ser un punto y final, debería decirte adiós para siempre pero me niego a hacerlo. Este diario dónde he volcado mis sentimientos hacia ti día tras día es el único testigo que tengo de que nuestro amor es verdadero, todos piensan que estoy equivocada, yo misma lo pienso a veces pero en el fondo sé que no es verdad. Me siento abandonada y defenestrada, decepcionada y dolida me siento rota por dentro, pero soy incapaz de sentir odio por ti, más allá de la rabia que me has provocado. Dicen que del amor al odio hay tan solo un paso y suele ser pequeño mira si te quiero que no soy capaz de darlo.

Te quiero, Parker, aquí te estaré esperando.

En su cama sola se encontraba Parker lloraba sin poderlo evitar se levantó con el alma rota y fue hasta su despacho, allí había un pequeño cuaderno, lo abrió con una sonrisa en los labios, una foto de Kristina un recorte de uno de sus trabajos donde le había puesto una cara sonriente y le deseaba pasar un estupendo día, los ojos se llenaron de lágrimas al recordar la sonrisa de Kristina aquel día cuando le entregó el examen. Aquel examen que precipitó todo lo bueno y lo malo. Cogió un bolígrafo y anotó en el cuaderno.

Creo que has sido lo mejor que me ha pasado en la vida, Kristina. Y me gustaría poder decírtelo al menos para que no me odies, que la decisión que he tomado sé que va a servir para que tú crezcas como persona, como mujer, aunque yo deba pagar el precio por perderte. En el fondo sé que podríamos haber luchado juntas por sacar hacia delante este amor que sentimos, pero hay tantas cosas en contra, ojalá seas feliz y encuentres a alguien que te dé lo que a mí me gustaría haberte dado. Aunque eso me rompa el corazón, pensar que otra persona puede tenerte me duele infinitamente. Ojalá fuera valiente para olvidar todo lo que nos separa y pensar en lo mucho que nos une, ojalá tuviera la fuerza para luchar por ti.

Te quiero Kristina, y sé que siempre te querré.

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