PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 43

Parker se despidió del personal de administración y algunos compañeros que realmente la apreciaban y sentían su marcha. Al salir del despacho, se encontró con una cabizbaja Kristina, le partió el corazón verla así y en ese instante sintió una rabia enfermiza contra Alexis por el daño que había hecho a su propia hija. Exhaló un profundo suspiro y se acercó hasta ella estrechándola con fuerza entre sus brazos. La mantuvo contra su pecho durante unos segundos, la separó y cogiéndole la mano con delicadeza se la llevó hasta un rincón apartado del campus, donde habitualmente iba ella cuando la tristeza de no estar con Kristina se adueñaba de su corazón. Kristina se dejó llevar, sentía una decepción tan grande por lo sucedido que, mientras Parker firmaba los papeles y recogía sus cosas del despacho, no paraba de darle vueltas a la misma idea. Parker había perdido su carrera por su culpa, ¿afectaría en sus sentimientos hacia ella? Al final lo que tanto miedo le daba se había convertido en realidad, no podía evitar sentirse culpable por lo ocurrido.

Se sentaron en un banco de lado mirándose a los ojos, podía decirse que en su vida juntas, las cosas se repetían como un bucle, podía recordar el día en que en otro banco del campus la dejó y eso provocó en Kristina un repentino pánico. Parker le cogió las manos acariciándole con dulzura.

-Kristina, cariño, esto es lo que menos esperábamos, pero ha sucedido y quiero que ahora lo pienses bien. Sé que lo que acabas de hacer es un paso doloroso para ti, por esta razón quiero que pienses si de verdad quieres venir conmigo a Oregon.

-¡Claro que sí! Te quiero, te dije que nadie me apartaría de ti, si mi madre no entiende que nos amamos es mejor irnos lejos, y empezar juntas en un lugar donde nadie trate de separarnos.

-No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso -le sonrió de lado como si se quitara un terrible miedo de su corazón-. Sé que este momento es complicado para ti y bien sabes que me gustaría que no hubiera llegado pero solo puedo decirte que te amo con toda mi alma.

-Es lo mejor que me puedes decir.

Se echó a su cuello abrazándola fuertemente mientras Parker pasaba sus manos por la cintura estrechándola con fuerza. Las dos estaban emocionadas, habían vivido con tal intensidad lo ocurrido que necesitaron quedarse ahí abrazadas durante un rato.

-Kristina, deberías hablar con tu padre -la miró preocupada.

-No, ahora no, vamos a mi casa cojo algo de ropa y… -se mordió el labio inferior sonriendo-. Y nos vamos a empezar nuestra vida juntas.

-De acuerdo, antes que nada quiero que sepas que la casa a la que vamos es pequeña, está prácticamente abandonada desde hace unos cuantos años, no es el mejor lugar del mundo donde te voy a llevar -sonrió elevando los hombros disculpándose.

-No me importa, donde estés tú ese será mi hogar. Y mira podemos hacer que sea nuestra casa, la arreglaremos, y haremos un dulce hogar que es lo que siempre soñé -le acarició la cara mirándola con ese brillo en la mirada que a Parker le hacía feliz-. Será nuestra casa, Parker.

-¡Me encanta que siempre ves como darle la vuelta a la situación! ¡Y sí estoy de acuerdo contigo! Haremos un dulce hogar. ¿Vamos? -se puso en pie sonriendo mientras extendía su mano.

-¡Vamos! -le sonrió levantándose enlazando sus dedos con los de Parker-. Espera.

-¿Qué pasa? -le preguntó inquieta al ver que la detenía de golpe.

-Me ha encantado eso de que solo tienes que darme explicaciones a mí -se lo dijo mientras se iba acercando a sus labios con una sonrisa pícara.

-Y a mí que hayas defendido nuestro amor del modo que lo has hecho -le acarició la mejilla mirándola con pasión tras un beso apasionado Parker con una sonrisa le dijo-. Será mejor que nos vayamos.

Llegaron a casa de Kristina y mientras ella preparaba la maleta, Parker intentaba reservar un vuelo hasta Eugene, Oregon. Recogía sus cosas y escuchaba hablar a Parker, Kristina sentía la felicidad plena en su corazón, estaba segura del paso que iba a dar, estar con ella era lo mejor que podía vivir. Estaba dispuesta a que nadie se entrometiera en su relación y era consciente que después de lo que su madre había hecho, si se quedaban allí viviría un infierno y seguramente acabaría afectándoles como pareja.

-Ya está, Parker -le dijo al ver que colgaba en ese momento.

-Hemos tenido suerte, hay billetes y podremos llegar allí aún de día.

-¿Vamos? -le sonrió.

-¡Vamos! Deja que te ayude.

Le devolvió la sonrisa con toda la ilusión que sentía por estar con ella. Fueron a su casa y Kristina le ayudó a preparar las maletas.

-¿Crees que nos dará tiempo a comprar aunque sea unas sábanas? -le preguntó con seriedad en el rostro.

-Yo creo que sí -respondió Kristina.

-Bueno, ¿sabes qué? Si llegamos y vemos que la casa está muy mal iremos a dormir a un hotel. ¿Te parece bien?

-Me parece estupendo -le ofreció una sonrisa enorme y sin poderse resistir la abrazó besándola feliz.

Consiguió arrancarle una carcajada a Parker que no podía ocultar el brillo en su mirada. Recogieron las cosas y entregó las llaves tal como le dijeron en la universidad. Pidieron un taxi que les llevó hasta el aeropuerto, tenían más de una hora para esperar y pasearon cogidas de la mano hasta llegar a la cafetería. Pidieron dos tés y se sentaron juntas en un banco de la cafetería una al lado de la otra. Kristina apoyó su cabeza en el hombro de Parker que sonrió, sabía que debía encontrarse con sentimientos enfrentados y le dolía que una parte de ellos le hicieran daño.

-Cariño… deberías llamar a tu padre, hazme caso.

-Lo haré cuando estemos en Eugene.

-Tu madre habrá ido a hablar con él -le dijo con delicadeza mientras le acariciaba la mano.

-Lo sé -asintió con el ceño fruncido devolviendo cada caricia que recibía en su mano.

-¿No crees que le dolerá menos que se lo digas tú?

Kristina la miró con un halo de tristeza reflejada en sus ojos. Sin duda tenía razón pero no quería hablar con él delante de Parker, no quería que supiera si le decía algo en su contra. Quería protegerla aunque era consciente que tarde o temprano debería afrontar el tema con él. También avisar a sus hermanas, pero en aquel momento lo único que le apetecía hacer realmente era seguir apoyando la cabeza en el hombro de Parker mientras ésta le seguía rozando la mano de aquella manera tan maravillosa.

En el despacho de su empresa, Sonny estaba atónito ante el teléfono. Justo en el momento en que se abrió la puerta con una furia desmedida, allí apareció Alexis con el rostro desencajado.

-¿Qué te pasa, Alexis?

-Tenemos un problema y bastante grave -le dijo con gesto serio dejando el bolso sobre el sofá.

-¿Qué ha pasado?

-Parker lo ha conseguido, hasta que no ha logrado llevarse a Kristina no ha parado -decía con total indignación.

-¿Llevarse? ¿Dónde?

-A Oregon. Se la ha llevado.

-Alexis, Kristina no es una niña, no la ha secuestrado, ¿por qué no entiendes que si se ha ido es porque ha querido?

-¿Vas a quedarte tan tranquilo? ¡Han expulsado a Parker de la universidad otra vez por acostarse con nuestra hija, que dicho sea de paso había dejado la universidad estoy segura que siguiendo sus indicaciones para poder estar juntas! ¿Y a ti te parece normal? -le vocifera descontroladamente.

-Alexis, hemos hablado con Kristina, tú has hablado con Parker las hemos acorralado por separado pero al final en cuanto pueden vuelven, tendrás que darle la oportunidad a Kristina si es lo que quiere.

-¿Oportunidad a que la destruya? Porque eso es lo que va a suceder.

-Lo siento, pero no voy a interceder en esta ocasión. Kristina es adulta y creo que nunca superó la marcha de Parker, quizá nos equivocamos y su felicidad sí está al lado de esa mujer.

-¡No me lo puedo creer! ¡Pero muy bien! ¡Perfecto! No te necesito para salvar a mi hija de las garras de esa maldita bruja.

Dicho esto, se giró marchándose ofendida a toda velocidad del despacho. Sonny volvió a la mesa del despacho volvió a coger el móvil y leyó en voz alta con gesto preocupado.

Papá hoy iba a ir a hablar contigo para decirte que había dejado la universidad para poder estar con Parker, pero mamá ha provocado su expulsión y no he tenido más remedio que tomar la decisión de marcharme con ella a Eugene, porque es la única manera que tenemos de estar juntas, a pesar de que ella no quería que dejara de estudiar, fue una decisión mía muy meditada. La amo, papá. No puedo decirte otra cosa. En cuanto este instalada te diré, por favor, cuídate, voy a echarte de menos pero… si quiero ser feliz tengo que marcharme lejos de mamá. Te quiero, no lo olvides, hablamos pronto.

Sonny suspiró pasando la mano por su barbilla, no era lo que quería para Kristina, pero sin duda debía darle un voto de confianza. Cerró los ojos cabizbajo porque aquella mujer había logrado que Kristina se fuera y temía lo que podría pasar estando tan lejos. Resopló con fuerza frunciendo el ceño, Parker no era lo mejor para su hija, pero había sido Kristina quien la había elegido.

Una vez estuvieron sentadas en el avión, Kristina le enseñó el mensaje que le había enviado a su padre, porque le confesó que no se encontraba preparada para hablar con él. Parker le apoyó y al leerlo no puedo más que besarla con enorme gratitud por esas palabras que le dedicaba. Tenían por delante muchas horas de vuelo y cierto cosquilleo por lo que podría depararles el futuro. Kristina seguía cogida de la mano de Parker que de vez en cuando la miraba y sonreía de lado tratando de mostrarle apoyo. Aunque cuando vio que se durmió, su gesto cambió completamente de esa sonrisa a seriedad absoluta.

¿Nos dejarán tranquilas? Su madre es capaz de venir y crearnos problemas… -se decía para sí-. Si pudiera entender que nos amamos… ¿y qué voy a hacer? No voy a poder regresar a la universidad con dos expulsiones y los motivos de ambas. ¿Cómo vamos a salir hacia delante? ¡Kristina que importante eres para mí, mi amor! Nadie me había defendido así eres maravillosa te quiero tanto, es lo único que me importa que estés a mi lado.

Eran los pensamientos que rondaban en la cabeza de Parker, le parecía mentira cómo había cambiado su vida, con la brusquedad que había pasado de una felicidad inmensa durante la noche, a un dolor intenso por la mañana mientas Alexis la acusaba y el decano la expulsaba. Sin embargo, en ese momento que Kristina buscaba su refugio en el hombro, al tiempo que suspiraba, daba por bueno todo lo ocurrido. Ese avión la llevaba a una nueva vida, esa vida que había soñado junto a Kristina y por la que estaba dispuesta a luchar. La tapó con la manta con sumo cuidado mientras la observaba detenidamente, estaba preciosa mientras dormía, suspiró radiante. Su corazón latía con fuerza la misma que su decisión a hacer feliz a aquella joven que había luchado por ella sin importarle nada, había sido capaz de tomar las decisiones que ella no tuvo valor y que en el momento su madre trató de separarlas la enfrentó con una decisión digna de admirar. Nunca podría olvidar la manera en la que la defendió ante Alexis, la rotundidad en sus palabras pero sobre todo aquella cara con la que le preguntó si la quería, nunca podría olvidar su mirada entremezclando el miedo y la necesidad de que le dijera que sí, sonrió mirándola nuevamente mientras le dejaba un beso en la sien. Había algo que le había dicho y era cierto, nunca nadie había llegado a su alma de la manera que lo hizo ella. La amaba con todo su corazón y ese corazón era el que latiría por ella día tras día, superarían los retos que la vida les iba a ir poniendo y serían felices. Suspiró con fuerza ella también estaba cansada, entonces sonrió al recordar la noche de pasión que habían compartido y con la mano cogida de Kristina se fue quedando dormida apoyada sobre su cabeza.

-Parker… -susurró Kristina.

-Duerme cariño, aún queda un rato para llegar.

-¿No ha sido un sueño, verdad?

-No, aquí estamos mi amor las dos juntas.

-Te quiero…

-Yo también, duerme.

Hablaron entre susurros y Parker acostumbrada a leer tanta novela romántica, tantos autores que habían manejado el amor y sus enredos, pensó cuanto amor había en aquel pequeño diálogo que había ocurrido entre susurros. Sonrió feliz y se dejó llevar por el sueño.

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