PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 46

Disculparme que ayer no pudiera dejaros el capítulo.

Un abrazo y gracias por interesaros por mí.

Había pasado un mes, en ese tiempo, Parker no encontró trabajo, hacía entrevistas le decían que la llamarían pero después nadie la llamaba, los recursos para la pareja se habían visto afectados, porque Kristina tampoco lograba un trabajo. El momento era complicado y a veces el desanimo se cebaba con ellas. Se habían acoplado perfectamente a sus rutinas, unos días se encargaba de cocinar Kristina, que a base de recetas de Internet se estaba especializando en una gran cocinera, otros días lo hacia Parker, lo mismo con la limpieza de casa y las demás tareas. Excepto ir a hacer la compra que les encantaba ir juntas.

Kristina hablaba regularmente con sus hermanas y su padre, aunque no lo había hecho con su madre. A pesar de que Parker le había dicho que tratara de hablar con su madre que debía estar preocupada. Pero ella se negaba a hacerlo porque le había hecho tanto daño que lo último que necesitaba era hablar con Alexis.

Aquel día, Parker había salido a buscar trabajo. Después de hacer su footing diario al que Kristina poco a poco se iba acostumbrando, salió a un par de entrevistas. Volvió a casa con la sensación de que en una de ellas tenía posibilidades, además, la había recomendado Úrsula y aunque eran dos semanas en una biblioteca, mejor era eso que nada. Llegó como era habitual en ella con una sonrisa, al cruzar la puerta sabía que Kristina estaba allí y le hacía feliz.

-¡Cariño ya he llegado!

-¡Estoy en la cocina! -le dijo a voz en grito.

-Mmmm ¡qué bien huele!

-¿Qué tal ha ido? -le preguntó sin su maravillosa sonrisa.

-Tengo esperanzas, ¿estás bien? -la besó pero le llamó la atención ver su seriedad.

-Sí, venga… vamos a comer.

Parker la miró de soslayo, notaba que algo le pasaba, desde que estaban juntas no había vuelto a ver esa arruga que se le formaba a Kristina en la frente señal inequívoca de enfado. Sin embargo, en ese momento ahí asomaba en su rostro. Lo primero que pensó fue en Alexis, aunque estaba lejos no se fiaba de ella.

-¿Seguro que estás bien, cariño? -se sentó.

-Te he dicho que sí. ¡Oh mira! No, no estoy bien, ¡se me ha quemado la verdura y la sopa se ha convertido en una pasta que no vas a poder comer! ¡No, hoy no tengo buen día!

Dicho aquello salió corriendo hasta la habitación, Parker cerró los ojos mordiéndose el labio inferior.

Mientras en Port Charles, las cosas no iban del todo bien. Alexis seguía con el dolor en su corazón porque Kristina seguía sin comunicarse con ella, además, Sam no apoyaba su idea sobre la pareja y se veía empujada a esperar que Molly le diera noticias. Muchas veces se había planteado ser ella quien diera el primer paso tal y como le recomendó Sam pero se negaba a hacerlo, había sido Kristina quien le había faltado el respeto, y debía ser ella quien diera muestras de arrepentimiento. Llevaba un mes con aquella mujer y en su fuero interno se mostraba decepcionada, pensaba que no llegaría a tanto que mucho antes volvería a casa.

Por su parte, Molly era de las dos hermanas quien más la echaba de menos. Había llegado a casa de Sam, al abrirle la puerta se abrazó a ella llorando. Sam comprendía su estado, estaba tan unida a Kristina que su marcha le había afectado gravemente.

-¿Crees que estará bien? -le preguntó tras sentarse en el sofá junto a Sam.

-Molly, Kristina ha hecho lo que su corazón le dictó, por supuesto que estará bien, está enamorada y mamá es la que ha provocado su marcha. De no haber interferido entre ellas estaría aquí. Pero estoy convencida que es lo mejor por muy duro que nos parezca.

-Mamá lo está pasando muy mal.

-Por cabezota e intransigente, debería pensar que si Kristina ha decidido irse, es porque está segura de su paso.

-¿Y si le sale mal? Está muy lejos para que lo sepamos.

-Nos pedirá ayuda, sabe que a pesar de la distancia nos tiene -la abrazó con cariño ejerciendo de hermana mayor-. Hoy me ha dicho que las cosas van muy bien y es muy feliz.

-Es el principio -dijo decaída-. Tan solo lleva un mes.

-Molly en la vida nada es seguro, ni el amor, ni la felicidad, ni siquiera la salud, créeme a veces es preferible hacer algo que quieres aunque te salga mal, a arrepentirte toda la vida de no haberlo hecho por miedo a fracasar. Y te recuerdo que Kristina está muy enamorada de Parker.

Molly la miró con una pequeña sonrisa. Suspiró con esa pena que sentía por perder a su hermana.
-¿Sabes qué podías hacer? Ir a verla, a mí me es imposible con los niños, pero tú puedes ir, se alegrará estoy segura que ella también te echa de menos.

-¿Tú crees? -preguntó sonriendo como si aquella idea de Sam le diera ánimo-. Por supuesto.

En Eugene, Parker había ido hasta la habitación donde Kristina se había sentado sobre la cama llorando. Al ver que se acercaba trató de apartarse las lágrimas no quería que la viera llorar. Con cuidado se sentó a su lado, apoyó su mano en la barbilla de Kristina obligándola a mirarla, le quitó las lágrimas que rodaban por sus mejillas y le dijo.

-Cariño…

-No me pasa nada, Parker… o mejor dicho, no sé que me pasa, desde esta mañana estoy así… ¡Y me da mucha rabia! No quiero que parezca una pataleta de niña malcriada.

-¿Sabes lo que te pasa? -Kristina la miró con pena elevando las cejas-. Echas de menos a tus hermanas, a tu madre… echas de menos Port Charles.

-No… -dijo con un puchero en la barbilla.

-Es comprensible -le dijo con ternura y una sonrisa dulce en los labios.

-Pero si soy muy feliz aquí contigo.

-No tiene nada que ver, mi amor -le acarició la cara con ese cuidado especial que tenía al tocarla.

-Me duele sentir esto.

-Pero ¿por qué?

-Porque es como si te hiciera daño a ti -la cogió las manos preocupada.

-A ver… lo que tienes es un buen bajón de ánimo y es lo más normal del mundo. Bueno quería que fuera una sorpresa pero… veo que estás necesitada de alguna noticia buena -sonrió-. Te he reservado un vuelo para que vayas a ver a tu familia.

-¡Cómo! -la miró con expresión azorada-. ¿Para ir yo?

-Claro -le sonrió.

-Yo no voy sin ti -respondió segura-. No, te lo agradezco pero no, tengo un mal día y ya está.

-Cariño… -la miró sonriente.

-No, Parker, sin ti no voy. Si tengo que ir a Port Charles es contigo y el día que vayamos será para que todo el mundo te acepte, no pienso por muchas ganas que tenga de ver a mi familia dejarte a ti, soy feliz aquí contigo, me gusta este lugar, esta casa… ¡solo tengo un pésimo día!

-Ven aquí -la estrechó con fuerza en su pecho mientras le dejaba besos en el pelo-. ¡Como no te voy a querer! Si me tienes loca.

-Siento esto… de verdad.

-No pasa nada cariño, venga… no me gusta verte llorar, miraremos otro vuelo e iremos las dos ¿te parece bien? -Kristina asintió emocionada-. ¡Vale pues ahora vamos a comer esa verdura quemada que tiene tan buena pinta!

-¡No te burles! -le riñó a punto de llorar.

-Si no me burlo, a mí me gusta la verdura pasada -la miró sonriendo.

-La mía no está pasada… está carbonizada -dijo rompiendo en una carcajada.

-Esta es la Kristina que me encanta, poco a poco cariño, iremos encontrando cómo hacer que las piezas encajen, no pensé que pudiera ser tan especial estar juntas, valoro cada día las cosas que haces para crecer, has aprendido a cocinar, a planchar y me haces inmensamente feliz.

-Bueno el otro día queme mi blusa -Parker dio una carcajada enorme. Kristina suspiró con fuerza para decirle-. Nadie me había dejado ser yo misma, con mis errores y aciertos, tú lo haces y además me apoyas en todo…

-Sabes que sí, y en cuanto tenga un trabajo sabes lo que tienes que hacer.

-Te prometí que estudiaría y lo haré. Pero antes tenemos que encontrar trabajo.

-Lo haremos. Tengo buenas vibraciones con la biblioteca. ¿Mejor?

-Sí -respondió tras un profundo suspiro-. Te quiero.

En Port Charles, Molly había llegado a casa de Alexis había ido a visitarla, desde que Kristina se fue su madre era un manojo de nervios complicada de detener. Ella había tomado la decisión de ir a ver a su hermana, aunque para ello significaba tener que enfrentarse a la presencia de Parker. Cuando le dio la noticia a su madre, ésta se alteró más todavía.

-De acuerdo, por favor, Molly, por favor… convence a tu hermana de que vuelva… que se dé cuenta que ha cometido el error más grande de su vida -la miraba hablando con los nervios a flor de piel

-Mamá, parece mentira que digas eso, sabes cómo es Kristina, si voy y le digo eso bastara para que si está mal con Parker no dé su brazo a torcer y se quede con ella.

-¡Es un error! ¡Un gran error! Esa mujer la tiene mareada -insistía con ese razonamiento casi al borde de la histeria.

-Kristina es adulta, mamá -le dijo con tono cansino.

-Si vieras como la defendió ante mí, no se me olvida -susurró con rabia-. Y a la otra le faltó tiempo para enredarla que la quería y que se fuera con ella, nunca le perdonaré esto. Por favor Molly haz que vuelva.

-Solo voy a verla, no voy a decirle que vuelva. ¿Por qué quieres seguir entrometiéndote entre ellas?

-Porque no quiero que Kristina sea tan desgraciada como lo he sido yo y lo va a ser estando junto a esa maldita Parker.

Al día siguiente, Parker se despertó de la misma manera que día tras día desde hacía un mes, con Kristina abrazada a su cuerpo. Todas las mañanas sonreía al notar su presencia. Y todas las mañanas a pesar de estar despierta le encantaba pasar un rato con los ojos cerrados sintiendo el respirar tranquilo de Kristina, era el momento del día que más disfrutaba con el silencio o el canto de los pájaros y su presencia. Trató de levantarse sin despertarla aunque no lo había conseguido ningún día.

-Parker… ¿ya hay que levantarse? -susurró Kristina al notar como se movía.

-Quédate un rato más, voy a preparar el desayuno.

Pero no obtuvo respuesta lo que pasaba casi todas las mañanas y le provocaba una sonrisa. Era capaz de decir cuando se levantaba, tenían una sincronía total de la que disfrutaban.

-¿Ya está el desayuno? -preguntó apoyándose en el quicio de puerta con el pelo revuelto y dando un bostezo.

-Sí -sonrió divertida.

-¡No sé cómo puedes tener tanta energía por la mañana, cariño! -se fue hasta ella y la abrazó.

Tomaron sus zumos y una barrita de muesly y se prepararon con sus equipos para correr. Cada una iba con su teléfono y la música puesta, cuando se conocieron una de las cosas que compartieron fue sus gustos por la música y el cine, descubriendo que prácticamente compartían todo. Tanto fue así, que Kristina una de las primeras veces que fue a casa de Parker le llevó un pendrive con música que después le confesó se puso en el teléfono para escucharla y sentirse cercana a ella. Pues cada día que salían cada una llevaba la misma música, no hablaban, Parker le enseñó a Kristina a respirar, a estirar y a centrarse en lo que hacía. Para Kristina las explicaciones de Parker siempre eran importantes, la admiraba tanto que cuando le hablaba siempre ponía máxima atención. Pero también, Parker tenía ese lado canalla que a Kristina la volvía loca, y era que cuando menos lo esperaba la retaba a algo o le hacía trampas.

-¡Venga, Kris! ¡Hoy llegamos hasta aquella ola! ¡Venga, vamos! -le gritaba muerta de risa.

-No puedo más -decía la otra ahogada.

-¡Claro qué puedes! ¡Venga… venga…!

-¡Eres muy mala! -le decía mientras la perseguía y corría tras ella por la orilla de la playa.

-¡Voy a ganarte otra vez! -aflojó un poco la carrera.

-¡De eso nada! -entonces se le tiró encima haciéndole una especie de placaje que acabo con las dos rodando por la arena muertas de risa-. ¡Te gane!

-Tramposa -le dijo Parker riéndose sin parar.

-Es la única manera que tengo -decía jadeando ahogada por el esfuerzo.

-Ven aquí -la cogió abrazándola-. ¿Estás mejor?

-Sí, gracias por ayudarme ayer.

-No me gusta verte mal -la besó-. Y ahora tenemos que volver.

-¿Crees que te llamarán? -la ayudó a levantarse.

-Esperemos que sí -le sonrió mientras le pasaba el brazo por los hombros estrechándola con un inmenso cariño.

-Me encanta correr por la playa.

-¡Y a mí hacerlo contigo!

-A pesar de tus trampas con las olas.

Volvieron a casa entre risas y caricias.

Tras desayunar, Parker se quedó sola en casa mientras Kristina salía hasta el establecimiento de la esquina para comprar. Le gustaba darse ese pequeño paseo después de correr, desayunaban y era su turno donde normalmente compraba el pan y cogía el periódico para ver trabajos. Ese día Parker tras asegurarse de que no tenía ninguna contestación de las entrevistas que había hecho, se percató que el cuadro de una de las paredes del comedor estaba torcido, se puso a arreglarlo y entonces le vino a la mente aquel sueño en el que Kristina se desvanecía cuando iba a besarla. De pronto, sintió miedo. La vida con ella era mucho mejor de lo que había imaginado y aquella pesadilla le provocó arrugar la frente con gesto realmente preocupado, ¿tendría algo de premonitorio o era solo una coincidencia?

-¡Parker cariño, cariño tengo dos noticias buenas que decirte! -entraba con una sonrisa amplia y los ojos brillando de felicidad.

-Dime -sonreía de oreja a oreja al ver su rostro feliz.

-¡He encontrado trabajo!

-¿De verdad? -puso sus manos sobre la barbilla formando un gesto de sorpresa y alegría.

-La señora de la ferretería, hoy he pasado por la puerta y me ha llamado, por si estaba buscando trabajo todavía y me ha contratado para llevar la contabilidad del almacén.

-¡Pero… cariño… eso es fantástico! -le dijo feliz.

-No es mucho pero, algo es algo ¿no? -sonrió radiante cogiéndole de las manos.

-Por supuesto que sí, mi amor -la abrazó sonriendo-. ¿Y la otra buena noticia?

-¡No te lo vas a creer, Molly está de camino! Llega a las siete de la tarde.

-¡Oh cuanto me alegro! -le dijo sinceramente.

-Pero me ha dicho que se queda en un hotel -dijo algo desanimada.

-Bueno… le diremos que el próximo viaje se quede en casa. Estoy muy contenta.

-¡Y yo! ¡Ya nos tocaba tener una buena noticia! Ahora estoy segura que la próxima será tu trabajo.

-Ojalá así sea -le sonrió.

-Voy a dejar esto y te ayudo con el cuadro.

-De acuerdo, cariño.

Al quedarse sola, su gesto se volvió serio. Sin poderlo evitar su memoria le llevó aquel día que Molly la enfrentó en su despacho, sabía que no era santo de su devoción y que era demasiado parecida a Alexis. ¿Con qué intenciones iría?

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4 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 46

  1. Gracias, kris. Yo a pesar de todo sigo confiando en Parker y en la fuerza de Kristina… excepto cuando ronda Alexis. A esa mujer le tengo miedo.
    Un abrazo y gracias.

  2. Gracias Laura, siento no haber colgado pero tuve que dormir a mi perro y no estoy en mi mejor momento.
    Un abrazo. Seguimos.

  3. A mi tampoco me gusta para nada esa ida de Molly, aunque parece mas flexible que Alexis no me fio. Ojala que lo del cuadro como dice Parker no sea una premonicion, aunque conociendote escritora no das punta sin dedal, a ver con que nos salles. Maravillosa historia sobre todo la forma que transmites los sentimientos, saludos y abrazos,

  4. He esperado con ansias el capitulo de hoy….espero que estes bien…. Y sigas emocionándonos con la historia….un abrazo

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