PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Captítulo 48

El lunes amaneció algo frío en Eugene, la pareja dormía plácidamente abrazadas cuando sonó el despertador de Kristina que a regañadientes lo detuvo. Se metió otra vez entre los brazos de Parker que emitió un suspiro placentero.

-Cariño hay que levantarse -le dijo mientras le acariciaba el brazo.

-Cinco minutos más -musitó Kristina.

-Hoy es tu primer día de trabajo.

-¡Es verdad! -dijo de golpe sentándose en la cama provocando la carcajada de Parker-. Tenemos que salir a correr.

-Kristina, cariño, ven aquí -Kristina la miró con el ceño fruncido mientras volvía a refugiarse sobre su pecho-. Hoy si quieres aprovechamos el tiempo de correr para estar así, quiero que estés tranquila todo va a salir bien.

-Eso espero, estoy nerviosa.

-Bueno si quieres ir a correr para matar esos nervios -le acariciaba la espalda con ternura.

-Quiero que sigas haciendo lo que estás haciendo -sonreía feliz.

-Todo va a ir bien, ¿de acuerdo?

-Sí -levantó la cabeza sonriéndole mientras la besaba-. Gracias por apoyarme, aunque solo sea ser contable de una pequeña tienda.

-Es tan digno como trabajar en una gran empresa y estoy segura que lo vas a hacer muy bien.

-No me gustaría defraudarte.

-Recuerda una cosa, antes de mí estás tú, de igual modo que has confiado en ti para hacer que superara todos mis miedos, mis trabas y mis dudas para estar contigo, debes confiar en ti para las demás cosas de la vida -le dijo acariciando su frente porque Kristina se había apoyado en la almohada mirándola con una sonrisa-. Tú puedes hacer lo que te propongas.

-Nadie me ha apoyado tanto como tú -le acarició el pelo con suavidad-. Te quiero, mi amor.

A media mañana Parker había dejado de mirar el ordenador, no llegaba la respuesta que tanto esperaba, cuando estaba sola no tenía que camuflar su ansiedad, podía dejar escapar un suspiro repleto de rabia, Alexis desde lejos continuaba marcando sus vidas, estaba segura que si Molly le decía cómo las había visto y lo feliz que estaba Kristina, ella seguiría empeñada en negarlo y en acusarla de tenerla manipulada, aquella acusación le rompía el alma. Al pensar en ella recordó como la semana anterior trató de hablar con el decano de una de las universidades donde ella había impartido clases. Fue sincera explicando cuál era su situación y cómo aquel expediente había sido una venganza por parte de la madre de su pareja. Nunca con anterioridad tuvo un solo problema, y eso debía contar en todos los años que tenía a sus espaldas como profesora. Sin embargo, por mucho que él entendía la situación y la conocía a ella, la respuesta le dolió.

-En los tiempos que corren no podemos tener a nadie que haya tenido una conducta indisciplinar y más en un tema tan delicado como ese. Nos caerían encima un montón de problemas, sé que eres muy buena en tu trabajo, pero lo siento, no puedo darte un puesto en esta universidad.

Al recordar las palabras del decano se quitó las gafas dejándolas a un lado tapándose el rostro. No podía seguir empeñada en dar clases, debía asumir por mucho que le doliera que se había acabado, no podía preocupar a Kristina, ella ya se sentía lo suficientemente mal con la situación como para verla decaída. Entonces escuchó que desde la cocina provenía un ruido como si fuera un chispazo, se levantó corriendo y al entrar vio como salía humo de la nevera.

-¡Oh no, mierda!

Salió corriendo a quitar los plomos de la luz y al volver abrió con cuidado la puerta del frigorífico, dentro todo era humo acompañado a un persistente olor a quemado. Le dio tal bajón que rompió a llorar secándose las lágrimas con el paño de cocina mientras trataba de sacar la comida. ¿Qué más podía pasarles?

Molly llegó decidida al despacho de Sonny, él sabía que iba a ir a ver a Kristina y quedaron que a la vuelta hablarían con tranquilidad. Aquel hombre duro e implacable para los negocios se convertía en un hombre tranquilo y cercano cuando se trataba de hablar de su hija con Molly. Siempre habían tenido muy buena relación y Molly quiso encontrar en él el apoyo que no había logrado de su madre.

Después de avisar a Max para que nadie interrumpiera su charla con Molly le sirvió un café y se sentó junto a ella.

-¿Cómo está Kristina?

-La verdad, tío Sonny, lo que te puedo decir es que está radiante. Feliz y más enamorada que nunca.

Sonny hizo un gesto de asentimiento aunque su rostro mostraba una preocupación severa. Quería por un lado creer a Molly y por otro tenía una profunda desconfianza hacia Parker.

-Hace footing por la mañana con Parker, está aprendiendo a cocinar y ya se atreve con comidas que estoy segura ni siquiera sabía cómo hacerlas, se encarga de la casa cuando le toca a ella, hoy empezaba un trabajo, viven en una casa modesta aunque la están acondicionando, tienen un coche que es viejo y si cierras muy fuerte la puerta el cristal de la ventanilla se cae, viven en la zona humilde de la ciudad pero cada mirada que le dedica Parker está repleta de amor. Al decirle esto a mi madre me ha contestado que es porque Parker sabe manejar a las jovencitas y la tendrá hasta que encuentre otra y se canse de Kristina, pero te aseguro que he visto amor en cada mirada, cada caricia. Incluso conmigo ha sido condescendiente y me ha asegurado que lo único que quiere es hacer feliz a Kristina.

Guardó silencio durante unos segundos, sabía que Sonny estaba asimilando sus palabras, el había retirado su mirada hacia la mesa de escritorio, cuando la volvió a mirar Molly le dijo con rotundidad.

-Y yo la creo.

-¿Qué te ha dicho Kristina?

-Qué es feliz. Que Parker no solo la ama, si no que también la apoya, la entiende y la hace sentir la mujer más feliz del mundo.

-¿La crees?

-Absolutamente -respondió con firmeza manteniéndole la mirada.

-Le di dinero, no entiendo porque tienen que vivir en esas condiciones.

-Sabes cómo es Kristina, además, no creo que a Parker le guste esa idea.

-¿Alexis sabe todo esto?

-Más o menos, lo que me ha dejado contarle.

-¿Y sigue pensando que Parker manipula a Kristina?

-Sí, dice que de igual modo que la manipula a ella me ha manejado a mí para que venga y diga que es muy feliz -Sonny suspiró-. Tío he pensado que igual tú puedes hacer algo por ellas.

-¿Qué voy a hacer? -la miró sin entender aquella frase.

-Tienes poder, podías hablar con el decano explicarle que la acusación a Parker era falsa y que le den nuevamente su puesto de profesora. Así Kristina podría volver con nosotros a Port Charles.

Sonny volvió a guardar silencio con su mano puesta sobre la frente. Cuando se marchó Molly, llamó a Alexis para ir a hacerle una visita.

Mientras, en Eugene, Kristina abría la puerta feliz pero entonces le llegó un fuerte olor a quemado.

-¡Parker, Parker! -la llamó preocupada.

-Estoy en la cocina, tranquila estoy bien -le dijo al ver su gesto.

-¿De verdad? -se echó a su cuello abrazándola.

-Sí.

-¿Qué ha pasado? -se separó de ella mirándola con temor.

-Se ha quemado el motor del frigorífico -le dijo poniendo su mano en la frente con gesto preocupado.

-Bueno pero tú estás bien y no ha pasado nada grave.

-No, claro, nos hemos quedado sin frigorífico pero nada más -entonces suspiró tratando de controlarse y le dijo con gesto de pena-. ¡Perdona cariño! ¿Cómo te ha ido el día? Lo siento estoy un poco nerviosa.

-¿Un poco? Estás acelerada, no te había visto nunca así -le dijo con preocupación cogiéndole las manos.

-Lo sé… lo sé… perdóname.

-Hoy tienes tú un bajón -le dijo mirándola con inmenso amor, a Parker le tembló la barbilla y Kristina no lo dudó, la abrazó con fuerza-. Mi amor… ¿sabes qué vamos a hacer? ¡Nos vamos a comprar un frigorífico y te voy a invitar a comer!

-Kristina…

-Nada de advertencias, mira a grandes males grandes remedios ¿se dice así? -la miró graciosa frunciendo la frente.

-Sí -dio una carcajada tratando de no llorar-. Pero dime… ¿Qué tal te ha ido?

-Muy bien, no pensé que existieran tantos tornillos, tuercas y demás pero… muy bien -sonrió divertida-. Tengo la suerte de que la señora Davis -acentuó el nombre con una sonrisa.

-¿Davis?

-Sí, cuando ha visto que yo también me apellidaba igual ha dicho que es el principio de una gran relación laboral -decía sin poder dejar de reír.

-Me alegro mucho, mi amor. Tú vales mucho y vas a hacerlo muy bien, ¡y la señora Davis lo sabe!

-Bueno… no sé si será así pero es un encanto de persona, ¿sabes? Desde que estoy contigo solo me pasan cosas buenas y la gente que encuentro es buena gente, y estoy convencida de que muy pronto vas a encontrar un trabajo.

-Claro que sí -sonrió con un gesto de disculpa.

-¡Venga ponte guapa que nos vamos!

-Cariño hay que tomar medidas y…

-¡Se te ha olvidado que estás hablando con la contable de una ferretería! ¡Eso lo tengo chupado!

-Vale, vale -decía dando por primera vez una carcajada desde que se había levantado aquel día que pintaba nefasto.

-Te espero aquí lo anoto y nos vamos. ¡Vamos, vamos, vamos! -le decía moviendo las manos con rapidez echándola de la cocina.

Parker se fue sonriendo mientras negaba divertida con la cabeza. Kristina al verla así sintió un pellizco en su corazón, podía entender que después de todo lo que le había costado encontrar trabajo, ahora tenía que volver a empezar desde cero y lejos de lo que le gustaba, sin embargo, ella no estaba dispuesta a verla sufrir y todo cuanto estuviera en su mano lo haría por ayudarla.

En Port Charles, Sam se había citado con Molly en la cafetería del campus para hablar con ella. Esperaba ansiosa que llegara. Al verla sonrió se dieron un par de besos y un abrazo.

-¡Cuenta estoy que me muero de ganas!

-Está muy bien, Sam. La verdad que no puedo decir otra cosa, si soy sincera creo que no he visto tan bien a Kristina nunca.

-Eso me hace muy feliz -Sam sonrió.

-El problema es que mamá no afloja su odio por Parker.

-En algún momento lo hará.

-¿Tú crees?

-Estoy convencida de que la única persona que puede lograr que cambie ese odio es la propia Parker.

-Bueno ha logrado que Kristina haga footing todas las mañanas -lo dijo con tono exagerado.

-¿No? -preguntó divertida.

-Sí. ¡Y hasta cocina!

-Soy fan de Parker -dijo con determinación.

-¿Sabes lo que me da miedo? Que Kristina sea un entretenimiento para ella.

-¿Pero no dices que se miran con amor?

-Sí, pero… a veces me daba la sensación de que con tanta diferencia no hay futuro.

-Tengo ganas de tener la oportunidad de conocerla y crear mis propias percepciones porque mamá es mejor no hablar con ella de este tema, y tú me das una de cal y otra de arena.

-Dicen que van a venir, para visitarnos.

-¡Eso me dijo Kristina! Tengo tantas ganas de abrazarla.

-He hablado con Sonny -Sam la miró con gesto de extrañeza-. El único que puede lograr que vuelva aquí es él.

-¿Volver?

-Sí, ¿a ti no te alegraría que vinieran?

-No lo sé, Molly. Quizá si vuelven mamá puede influir en la relación… Y si son felices allí -elevó los hombros como dando a entender que era mejor que no volvieran.

-¡Pero yo quiero a mi hermana aquí!

-¿Tú quieres que Kristina sea feliz?

-Por supuesto -le respondió mirándola con seriedad.

-Entonces es mejor que se queden allí a vivir y que vengan aquí de vacaciones.

Molly se quedó un tanto apenada con aquella respuesta. Ella pensaba que podían volver y estar otra vez las tres hermanas juntas y felices, en cuanto estuvieran allí ella se encargaría de hacer entender a su madre que debía apoyarla.

En casa, Alexis esperaba la visita de Sonny, desde que se había ido Kristina no habían vuelto a hablar, le había sorprendido su llamada pero conociéndolo sabía que algo se le había ocurrido, y ese algo esperaba que fuera que ya estaba de su lado. Al abrir la puerta allí estaba con su seriedad habitual. Lo hizo pasar haciéndose a un lado con el rostro también serio.

-¿Y bien? ¿Qué ha pasado para que vengas?

-Necesito hablar contigo sobre Kristina.

-¿Ahora?

-Sí, ahora.

-Te recuerdo que ha pasado más de un mes que fui a pedirte ayuda -le reprochó.

-No hace falta que me lo recuerdes. Lo sé perfectamente y estoy dispuesto a terminar con esto pero necesito que te comprometas en algo.

En Eugene, la compra del frigorífico fue de lo más divertida, porque Kristina había tomado mal las medidas y Parker se reía sin parar con las caras del vendedor y las explicaciones de cómo había tomado las medidas Kristina. Al final compraron uno el que se más se ajustaba a esas medidas, y se marcharon a comer juntas a un restaurante vegetariano.

-¿Ya has acabado de reírte de mí? -le preguntó Kristina sonriendo.

-No me he reído de ti -le dijo sonriendo-. Me he reído contigo y tus explicaciones.

-Bueno… era la primera vez que tomaba medidas.

-La próxima ya sabrás como hacerlo -le cogió la mano acariciándole.

-Si me sigues acariciando así me lanzo a tu cuello.

Tras comer se fueron a dar un paseo por la ciudad, iban cogidas de la mano disfrutando de cada momento, vieron escaparates de ropa, de sofás, de televisiones. Kristina insistió en comprar una televisión más moderna para poder ver las películas que tanto les gustaba. Parker accedió y la pagaron entre las dos, al menos, así se sintió menos mal después de que Kristina se encargara con el dinero de su padre de comprar el frigorífico. El traslado de la televisión hasta el interior de la casa fue épico, primero para sacarlo del coche, después para meterlo en casa porque las risas les restaban fuerzas. Al final lograron llevarlo hasta el mueble, apartaron el viejo y pusieron el nuevo. Se cambiaron, y juntas sintonizaron los canales, probaron a ver alguna película que Kristina tenía en el móvil y disfrutaron juntas abrazadas en el sofá.

-Parker… nunca he sido tan feliz -le murmuró Kristina que estaba apoyada sobre su pecho.

-Puedo decir lo mismo -sonrió besándole la sien.

-Podría estar así horas.

-No seas mentirosa, ahora mismo me dices que estás muerta de hambre -le decía riendo de buena gana.

-¡Eres lo peor!

Había levantado la cabeza mirándola con los ojos entrecerrados y una sonrisa traviesa marcada en los labios. Poco a poco aquella mirada fue convirtiéndose en deseo puro.

-¡No Kristina! -dio una carcajada.

-¿No? ¿Segura? -le preguntó con un gesto lascivo que erizó la piel de Parker a pesar de que ni siquiera la había rozado.

-No, quiero decir… sí… ¡oh!… ¡ven aquí!

La cogió del cuello con un deseo ardiente y la llevó hasta su boca entregándose a ella con una pasión desmedida, entre gemidos, susurros y caricias que incendiaban la piel de la otra disparando la locura en cada una de ellas.

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