PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 53

Había pasado una semana y a Parker le habían vuelto a renovar en la Biblioteca, aquel día lo aprovechó además de para tener todo actualizado para lograr diez minutos de tiempo y poder averiguar algo que llevaba tiempo dándole vueltas en su cabeza. Estaba en ello cuando sonó su teléfono, vio que era Úrsula, sonrió.

-¡Hola, Úrsula!

-¡Hola amiga enamorada! -sonrió divertida-. ¿Qué tal estás?

-Muy bien, ahora mismo trabajando. Que debo darte las gracias me han renovado una semana más.

-Bueno eso no es mérito mío. Más bien tuyo. ¿Al final vais este fin de semana a Port Charles?

-Pues… sí -contestó con algo de duda-. Al final hemos podido arreglar un vuelo para estar allí día y medio.

-¿Y cómo lo llevas?

-No te voy a mentir, con bastantes nervios aunque trato de disimularlo con Kristina, claro.

-Imagino no debe ser nada agradable.

-No, pero la veo a ella tan feliz que… bueno… no puedo negarme, Úrsula, y esto antes o después tendría que pasar.

-Lo sé, lo sé, antes o después tendrías que ir al territorio de mama loba.

-No digas eso -sonrió sin poderlo evitar.

-Bueno y esta noche tu novia y tú tendríais un ratito para cenar conmigo, ¡me muero de ganas de conocerla!

-¿Cómo? ¿Estás aquí? ¡Y no me has dicho nada! -le dijo con tono enfadado.

-Cariño, no me han dejado respirar, estamos en un curso pero a las siete acabo.

-¡Por supuesto que vamos a cenar contigo!

-Pero pregúntale a tu novia antes de decirme que sí -sonrió divertida.

-Ella estará encantada tiene ganas de conocerte.

-Me alegro yo también. Así me quedo tranquila -dijo suspirando.

-¿Tranquila?

-Sí, porque sus padres podrán dudar de ti de igual manera que yo dudo de ella, ¿no te parece? ¿O qué, vas a ser tu la mala?

-¡Úrsula! -protestó con una sonrisa.

-Nada, nada, aquí lo que hay que hacer es apoyar a la pareja y quiero que Kristina vea que tu parte, no es como la suya y que no estás sola que me tienes a mí y que yo os apoyo como pareja hasta el final.

-Gracias. ¡Pero qué alegría me acabas de dar!

Aquel día llegó a casa directamente porque le había dejado aviso a Kristina que tenía que ir a hacer unas gestiones y que compraría la comida para que ella no tuviera que hacerla. Al llegar, la mesa estaba puesta.

-¡Kristina! -la llamó desde la puerta.

-¡Aquí, cariño! -le dijo desde la cocina.

-Hola, mi amor ¿y ese vino? -preguntó al ver que estaba abriendo una botella de un vino muy caro.

-No te lo vas a creer, la señora Davis lo tenía en su despacho, y me ha dicho que nos lo bebamos a su salud.

-Tenemos que invitarla el próximo domingo a comer, siempre tiene detalles con nosotras. Se nota que te aprecia.

-Sí, pero es una jefa durísima -puso gesto serio.

-Eso es bueno porque aprendes. ¡Y hablando de aprender! -sacó unos papeles del bolso.

-¿Qué es eso? -preguntó divertida.

-Son los papeles para inscribirte en la universidad a distancia. He estado averiguando y como no podemos permitirnos aún que vayas a estudiar de manera presencial puedes empezar estudiando así.

-¿De verdad? -preguntó contenta.

-Sí, de verdad. Nada más tienes que decidir que carrera y rellenar el formulario, ir a la dirección que te pone ahí para inscribirte -le decía cogiéndola por la cintura.

-¡Es genial! -le dijo abrazándola-. Te prometí que estudiaría y lo pienso hacer.

-¡Claro que sí! Esto me hace feliz, cariño -la tenía abrazada con una sonrisa.

-Lo sé, te lo agradezco -su rostro mostraba una mueca triste.

-Nada de peros -le dijo apuntándole con el dedo índice de su mano derecha que había separado de su cuerpo.

-¡Pero como me conoces también! -le dijo entrecerrando los ojos con una sonrisa.

-¡Venga vamos a comer que tengo hambre! Me cambio y comemos.

Al quedarse sola en la cocina sintió un pellizco en su corazón, ella podía retomar sus estudios pero Parker no podía retomar su carrera. Al final, quien había perdido con ese amor era ella. Sacudió la cabeza un tanto molesta pero la voz de Parker le llegó desde la habitación.

-¡Cariño tengo que contarte una cosa muy importante! -Kristina sonreía le encantaba cuando Parker le contaba cosas, compartir el día a día con ella era intenso, eso le hizo recordar cuando le dijo que con su ex mujer no tenía nada en común, sin embargo, con ella era todo diferente y, aunque Parker no hacía referencia nunca a su ex mujer, Kristina pensaba que con ella sí era feliz-. Me ha llamado Úrsula.

-¡Me muero de ganas por conocerla! -le entregó su copa y brindaron tras darse un beso.

-Pues la vas a conocer, está aquí.

-¿Aquí? -abrió los ojos sorprendida.

-Sí, dando un curso y me ha preguntado si nos venía bien cenar con ella.

-¡Eso es estupendo! -le dijo feliz entonces su móvil sonó-. Espera, es mi padre.

-Atiende voy poniendo la mesa.

Kristina contestó mientras Parker entraba y salía de la cocina, la escuchaba contestar con monosílabos y aquello no le gustaba demasiado. Pero había accedido a ir a Port Charles así que no podía hacer otra cosa que esperar.

-No lo sé papá, eso lo tengo que hablar con Parker. De acuerdo, ya te digo algo.

-¿Qué pasa, cariño? -la miró al ver que ponía su teléfono sobre la barbilla con gesto compungido.

-Mi padre no quiere que vayamos al hotel, me ha dicho que tenemos un piso que era suyo -la miró con cierto temor-. Bueno… era el piso que le compró a Morgan pero no utilizó nunca, así dice que tenemos nuestro lugar.

Parker la miraba con seriedad, pensativa porque en ese momento que le decía aquello le daba a entender que su padre le estaba preparando las cosas para que volviera.

-¿No te parece bien, Parker? -le preguntó al ver que no respondía.

-¿A ti te parece bien? -sus ojos se clavaron en ella.

-Pues… la verdad… sí -la miró con gesto de recelo.

-Entonces está bien -le sonrió dejándole un beso en la nariz-. Venga vamos a comer.

-Espera, espera -le cogió de la mano-. Parker… no me cuadra lo que me acabas de decir.

-¿Qué quieres que te diga, Kristina? -la miró seria.

-Lo que piensas, como siempre has hecho.

-Cariño -suspiró, agachó la mirada mirando el suelo y tras retomar el aire le dijo-. Pienso que tu padre está preparando el terreno para que vuelvas. Me parece muy evidente el hecho de que te diga que te da ese piso.

-Solo para cuando vayamos -la miró con el ceño fruncido.

-Está bien, solo para cuando vayamos pero siento que es algo que… no es nuestro, es de tu padre.

-Parker como esta casa es tuya y tú nunca me has hecho sentir que no pertenezco a ella.

-¡No es lo mismo, Kris! -le dijo tratando de mostrase tranquila.

-Será nuestro hogar en Port Charles… lo arreglaremos como este, mira si es porque mi padre me lo regale, él tiene varios pisos y…

-¿Y por qué vivías de alquiler compartido y trabajabas? -la miró fijamente con el rostro realmente serio-. Porque no querías que tu padre te regalara nada. Y esto es lo mismo, no es nuestro es suyo, esta casa es nuestra ¿entiendes la diferencia? Solo quiero que veas la diferencia.

-De acuerdo, le diré que iremos al hotel -le dijo con seriedad.

-¿Pero entiendes lo que quiero decir?

-Sí, claro.

-¿Y no estás de acuerdo conmigo? -la miró con el rostro aún serio.

-Sí. Tienes razón, el día que tengamos oportunidad tendremos una casa allí.

-Cariño… -le cogió las manos mirándola fijamente-. Si de verdad quieres que las cosas vayan bien debemos intentar hacer las cosas lo mejor que podamos pero a nuestra manera.

-Vale.

-¿Vale? -le preguntó con cierta preocupación.

-Lo siento pero… pensé que si teníamos esa casa sería más fácil volver cuando quisiéramos, pero tienes razón, sí tienes razón, iremos al hotel. Vamos a comer, que me crujen las tripas.

A Parker aquella explicación la dejó con cierta incertidumbre, la actitud de Kristina la llenó de desconfianza. Al salir al comedor la vio que se sentaba con ese ceño fruncido que le daba muestras de no estar convencida. Se sentó como siempre a su lado cogió la servilleta para colocarla sobre sus piernas, pero entonces cerró los ojos en señal de malestar.

-Kristina, dime una cosa, pero dímelo claramente ¿quieres quedarte en Port Charles?

-Por supuesto que no.

-¿Y quieres tener un piso que tu padre te quiere regalar?, lo siento, no estoy acostumbrada a que nadie me regale nada que no me haya ganado yo. Es más en cuanto cobre mi trabajo en la Biblioteca le devolverás lo que has cogido de lo que te dio.

-Parker es mi dinero -le dijo molesta.

-No, Kristina no lo es. Es de tu padre y no quiero deber nada a nadie, le agradezco el detalle pero no quiero ningún favor.

-¡Pero es mi padre! -insistió con el ceño fruncido mirándola con cierta incredulidad.

-Por eso mismo -respondió con decisión y fuerza.

-¿Sabes? Quizá no es buena idea que vayamos a Port Charles -se notaba su enfado mientras con el tenedor pinchaba un trozo de patata.

-Yo no estoy diciendo que no sea buena idea ir, estoy diciendo que no quiero deber nada a nadie y pensaba que tú compartías ese pensamiento.

-Sí, así es, pero si estamos arreglando las cosas con mi padre ahora decirle que no a su ofrecimiento no me parece justo.

-¿Quieres aceptar ese piso a cambio de que se marchó diciéndote que aceptaba tu vida a mi lado? -la miró realmente sorprendida.

-No, solo quiero que todo esté bien que ellos te acepten, no tener problemas.

-Pero la vida no es así, Kris. No puedes intentar que las cosas sean todas perfectas siempre habrá problemas ¿no te das cuenta que si cedes sigues dejando que influyan en tu vida?

-¡No, la que no se da cuenta eres tú de que las cosas no tienen por qué ser tan inflexibles como lo quieres hacer! No creo que aceptar ese piso suponga tanto -le elevó la voz enfadada.

Parker la miró fijamente suspirando con fuerza como si así pudiera mantener la calma antes de contestarle.

-Aceptar ese piso es solo el principio de permitir que sigan manejando tu vida, que te recuerdo ahora es nuestra vida, Kristina.

-¡Sabes qué, se me ha ido el hambre!

Echó con rabia la servilleta sobre el plato y salió a paso ligero hasta la habitación dejando a Parker allí con gesto serio. Apoyó el codo sobre la mesa y su mano en la mejilla sus ojos miraron hacia un lado sintiendo que sin haber pisado Port Charles ya habían tenido una discusión.

A Parker también se le había ido el hambre, recogió las cosas y las estaba dejando en el fregadero mientras pensaba que quizá debía ceder pero si cedía era como dejar que su padre venciera y, aunque le había dicho que la veía feliz a su lado, también le había dicho que no le gustaba y esa parte no la olvidaba a la hora de dar los pasos hacia Port Charles. Tras recoger la cocina se fue al cuarto de baño y se lavó los dientes sin entrar en la habitación, después se sentó en el sofá con una taza de té, en ese momento apareció Kristina, se le notaba que había llorado. Pero Parker no quiso decirle nada, no le gustó la manera que tuvo de dejarla en la mesa en plena comida. Kristina se sentó a su lado.

-Lo siento.

-¿Cada vez que te enfades vas a salir corriendo sin hablarlo? -le preguntó seria.

-Perdona.

-No quiero que me pidas perdón, esas no son maneras, Kristina.

-Lo sé.

-¿Qué es lo que te pasa? Me lo puedes explicar.

-Me siento muy mal -le dio volviendo a llorar-. Sé que tú amas tu profesión y me siento terriblemente mal por eso porque por mucho que tú me digas que no fue por mi culpa yo me siento culpable de lo que pasó, y tengo la esperanza de que cuando vayamos a Port Charles puedas hablar con el decano Paulson y…

-Para Kristina… para -le dijo mirándola entrecerrando los ojos-. ¿Qué es lo que pretendes?

-Que recuperes tu trabajo -la miró fijamente a los ojos limpiándose los ojos-. Solo eso.

-Pero Kristina… eso es imposible.

-No, si vamos y le explicas que todo fue un error que nosotras estamos juntas que somos pareja que…

-Kristina -la miró fijamente.

-Pensaba que si tenemos una casa y él acepta las disculpas tú puedes volver a trabajar y… y yo podré dejar de sentirme tan mal.

Parker cerró los ojos negando con la cabeza mientras a Kristina le caían lágrimas que no podía retener. Se abrazó a ella con fuerza mientras, Parker podía entender ese sentimiento de culpa, por mucho que le dijera Kristina lo llevaba clavado en su alma.

-¿Sabes una cosa, Kris? Yo solo quiero vivir contigo y quiero que las cosas que sucedan sean porque nosotras las busquemos, porque la vida nos las vaya poniendo en el camino, mírame.

-Pero es que… si yo no te hubiera dicho que dejaba la universidad…

-Cariño, ¿sabes qué? Me encanta la idea de ser chica de almacén sin falda -le sonrió ante la risa de Kristina-. Tenemos un futuro aquí o en Port Charles pero es nuestro futuro a nuestra manera, y es lo que quiero que entiendas, has luchado muchísimo por superar muchas cosas que has dejado atrás, y sabes que te admiro por eso, pero ahora es momento de disfrutar de cada día que tenemos juntas. Sin embargo, me gustaría que las cosas que nos vayan sucediendo sean porque las hemos buscado nosotras o porque vayan surgiendo.

-Lo sé… lo sé… yo también -Kristina le acarició la cara mirándola con ese amor profundo que sentía por ella-. Son tantas las ganas que tengo de que todos nos acepten y podamos estar bien que… se me olvida que lo más importante es que tú y yo lo estemos. No me gusta discutir contigo -le dijo frunciendo la frente.

-Ni a mí -la besó con cariño-. Y no quiero que vuelvas a sentirte culpable de nada.

-Estoy nerviosa, lo siento.

Parker entendió sus nervios, la estrechó con fuerza contra su pecho mientras Kristina soltaba un profundo suspiro.

-Kristina… lo más importante es que somos felices ¿no?

-Mucho -sonrió con los ojos llenos de lágrimas.

-Y no me presionas con tu idea de la ferretería -sonrió divertida-. Me parece maravilloso que seas capaz de pensar en un negocio y que juntas pudiéramos sacarlo hacia delante. Me halaga que siempre pienses en mí de esa manera.

-Es que para mí eres lo más importante.

-Pues entonces quiero que sepas que soy muy feliz, sin dar clases tan solo teniéndote a mi lado, o volviendo del trabajo y sabiendo que estarás aquí, o pasando a recogerte a la ferretería, o lo que más me gusta, viéndote tranquila y sonreír. Eso me hace feliz y no quiero verte triste porque entonces yo me pongo mal.

-De acuerdo -le sonrió y tras limpiarse las lágrimas se acercó a besarla, Parker la atrajo hacia ella sintiendo ambas que volvían a calmarse las aguas revueltas que había provocado la visita de Sonny.

Durante un rato estuvieron abrazadas calmando los latidos nerviosos de los corazones, hasta que se dieron cuenta de la hora y que habían quedado con Úrsula. Mientras Parker se duchaba Kristina habló con su padre confirmándole que irían al hotel, que le agradecía su gesto pero preferían hacerlo de esa manera. A Sonny aquella decisión en lugar de disgustarle le causó buena vibración. Sabía que Parker habría dicho que no y eso le provocaba un respeto por esa mujer que seguía muy lejos de ser como Alexis pretendía hacerles ver.

Cuando iban a salir de casa, Kristina le dijo a Parker.

-Cariño… ¡estoy nerviosa!

-No lo estés, Úrsula es un encanto de persona te aseguro que te vas a reír mucho con ella.

-Sé que es muy importante para ti y no quiero que se desilusione.

-¿Desilusionarla? ¡Kristina, mi vida! ¡Venga, vamos a reírnos y pasar un rato agradable que nos lo merecemos!

Llegaron al lugar de la cita con su coche, aparcaron y bajaron cogidas de la mano, Kristina había conseguido calmarse un poco y Parker agradeció la visita de su amiga para ayudarles a cambiar el chip sobre lo que había ocurrido.

-¡Vaya pareja más mona que hacéis! -exclamó Úrsula al verlas haciendo que Kristina sonriera.

-Úrsula, te presento a Kristina.

-Ven a mis brazos ¡qué ganas tenía de conocerte para decirte! ¡Olé! -le dijo sonriendo de oreja a oreja mientras la abrazaba y Kristina sonreía divertida.

-Encantada de conocerte, aunque tu cara me suena.

-¡No seas mentirosa que tú solo tenías ojos para Parker! -le dijo mientras abrazaba a su amiga-. Te veo fantástica, querida.

-Gracias, tú también lo estás.

-¡Y hambrienta!

Entraron al restaurante donde había reservado mesa Parker. A Kristina le bastó un minuto para congeniar con ella, y a Úrsula otro para darse cuenta que aquellas dos mujeres por fin habían logrado lo que tanto querían, amarse. Nada más había que mirarles a los ojos para darse cuenta del amor que irradiaban. Pidieron cada una su cena y todo fueron risas, anécdotas y las tres se mostraron a gusto y encantadas. Hubo un momento en que Parker se ausentó para ir al baño, entonces Úrsula aprovechó el momento para hablar con Kristina.

-¿Sabes una cosa, Kristina? He visto llorar a Parker, la he visto en un estado lamentable cuando te mintió sobre que volvía con su mujer porque tu madre la había amenazado, sé que has sufrido lo mismo que ella, pero me gustaría pedirte que la cuides -Kristina la miraba fijamente-. No que la cuides de la vida, si no, que la cuides de tu madre porque nunca va a aceptar vuestra relación y no quiero verla otra vez como la vi.

-Yo amo a Parker.

-Lo sé, cariño, sé que la amas porque entre tú y yo has tenido un par de ovarios de luchar por ella, de la misma manera que ella decidió que la vida sin ti no tenía sentido y fue hasta Port Charles, las dos os amáis y creo que formáis una pareja maravillosa, pero no hay nada peor que tener una madre que se piensa tiene el derecho de manejar la vida de su hija, te lo digo porque tu madre puede destruiros.

-Nunca lo permitiría.

-¡Así me gusta! Eres lo mejor que podía pasarle a Parker.

-Yo solo quiero que sea feliz, estoy loca por ella -le dijo bajito arrugando la nariz divertida.

-¡Y ella por ti, no lo olvides! Pero… no vuelvas a Port Charles. Y si necesitas ayuda puedes contar conmigo.

Cuando llegó Parker las vio calladas, y pensó que Úrsula le habría dicho algo sobre su madre era inevitable. Sin embargo, las vio reírse tan a gusto a las dos que se quedó tranquila. Tras tomar unas copas, decidieron irse a casa despidiéndose de su amiga.

-¡Querida Parker no te voy a decir que te cuides porque ya puedo respirar tranquila, tienes a alguien que te cuida muy bien! -la abrazó divertida mientras Kristina sonreía.

-Gracias, por todo Úrsula.

-¡No digas tonterías! Kristina ven aquí -la abrazó dando una carcajada-. ¡Eres fabulosa! Cuídamela.

-Por supuesto -le dijo pasando la mano por la cintura de Parker mientras se mordía el labio inferior mirándola intensamente.

-Espero que puedas hacer una escapada con tu familia, sabes que tienes una habitación en casa -le dijo Parker mostrándose feliz.

-Por supuesto, me encantara conocer a tus hijos -agregó Kristina.

-No, querida, eso lo dices porque no los conoces, ¡no sabéis lo bien que estáis sin diablos alrededor!

Se despidieron con más risas, y el camino de vuelta a casa lo hicieron con una Kristina encantada de conocerla, y feliz de saber que aquella mujer las apoyaba. Por un momento pensó que ella y Sam si se conocieran llegarían a ser muy amigas. Abrió la puerta Kristina mientras le contaba justamente eso, pero Parker no la escuchaba estaba muy lejos de aquellas palabras. Al cerrar Kristina se encontró con la mirada encendida de Parker, tan solo la luz de la luna que entraba por la ventana le bastaba para reconocer aquellos ojos en los que le encantaba perderse. Y se perdió, y dejó que Parker hiciera lo que quisiera, se dejó llevar por sus labios, sus manos y sus gemidos. Aquella noche ambas necesitaban más que nunca sentirse, abrir el alma para fundirse. Y la pasión más febril se desató en aquella noche de luna llena.

A la mañana siguiente hicieron el esfuerzo de salir a correr, aunque Parker se moría de risa porque Kristina le hacía creer que la había dejado sin fuerzas. Así que, tras las bromas, las risas, algunos besos decidieron pasear cogidas de la mano por la playa, en un momento dado se pararon sentándose en la arena. Parker se sentó abriendo sus piernas para que Kristina se acoplara apoyando la espalda y la cabeza contra ella. Se sentían felices en esa postura abrazadas con los ojos cerrados escuchando el maravilloso sonido de las olas del mar, mientras Kristina acariciaba lentamente la mano de Parker que había entrelazado con la suya. Tras un buen rato compartiendo aquel intenso y maravilloso instante decidieron regresar a casa. Iban caminando cuando sonó el móvil de Parker, miró la pantalla y el gesto de sorpresa que se formó en su cara fue mayúsculo, tanto, que provocó que Kristina mirara la pantalla y reaccionara con la misma expresión incrédula que ella.

 

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