PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 54

Antes que nada quiero pediros disculpas si los capítulos son más cortos y tardo en colgar, pero tengo un familiar en el hospital y me es más complicado escribir.

Gracias por seguir la historia y por el cariño enorme que le dais a la misma y sus pesonajes.

Tras un suspiro descolgó manteniendo el mismo gesto perplejo ante la mirada nerviosa de Kristina.

-Buenos días, decano Paulson.

-Profesora Forsyth, buenos días. Me gustaría citarla para que venga a la universidad, tengo que hablar con usted sobre un tema importante.

-¿Hablar conmigo? -Kristina dio un salto de alegría mirándola-. Pues… la verdad que estoy un poco lejos.

-Entiendo, ¿pero habría alguna posibilidad de que viniera a Port Charles?

-Bueno el sábado estaré allí, no sé si le viene bien.

-La espero a las once de la mañana, sea puntual -le dijo de manera contundente y autoritaria con su voz ruda.

Al colgar, el decano Paulson, sonrió de lado.

-Espero que no nos denuncie.

-Tranquilo, no lo hará. Gracias por escucharme.

-No me gustan las injusticias, señor Corinthos.

Atónita se había quedado Parker mirando a Kristina, no entendía aquella llamada pero solo por ver su mirada feliz le dijo sonriendo.

-Quiere hablar conmigo.

-Parker… ¡seguro te va a readmitir! -la abrazó radiante besándola.

-Kristina… -sonreía sin poderlo evitar abrazándola fuertemente-. No te hagas falsas ilusiones.

-Estoy convencida de que te va a pedir que vuelvas a trabajar, piénsalo, no tendría sentido que te llamara ahora para otra cosa.

-Lo que me pregunto es… ¿Por qué ahora… justo ahora? -su expresión de sorpresa era más que evidente.

-Pues no nos preguntemos por qué y dejemos que la vida nos sorprenda.

Parker podía imaginar a Sonny amenazando al decano para quitarle aquella sanción que le impedía trabajar por violar una de las normas más importantes de cualquier universidad, pero Kristina tenía razón ¡Y si la llamaba para volver a trabajar!

-Kristina, ¿Y si me dijera de volver, qué hacemos?

-Volver, la señora Davis lo entenderá. ¿No estás contenta?

-Estoy totalmente desconcertada es tan extraño y…

Su teléfono volvió a sonar miró la pantalla, esta vez la llamada venía desde la biblioteca. Kristina se mordía el labio inferior algo nerviosa, aquella llamada era tan importante que esperaba nada la estropeara.

-¿Sí? Sí, vale, perfecto sí sí muchas gracias.

-¿Que pasa? -preguntó ansiosa.

-Es el director de la biblioteca, me acaba de decir que pase a recoger los papeles cuando quiera que se ha reincorporado la persona a quien sustituyo -lo dijo todo con tal escepticismo que su gesto era asombroso.

-Cariño el universo nos está hablando, es lo que pedimos ayer, que la vida nos mostrará el camino elevamos al cielo nuestros pensamientos y lo sentimos tan fuerte que lo hemos logrado -le decía ilusionada y sin poder dejar de sonreír.

-Bueno… no sé si el universo o alguien ha movido algunos hilos -respondió ladeando la cabeza mientras sonreía con ese gesto incrédulo que no podía borrar de su rostro.

-¡Y si así fuera! Estoy segura que el decano habrá reconsiderado tu injusta expulsión.

-Bueno, pasado mañana lo sabremos.

-Estoy muy contenta -la abrazó feliz.

-Yo también, Kris.

En la ferretería la señora Davis estaba preparando el agua caliente para el té como todas las mañanas esperando la llegada de Kristina.

-¡Señora Davis, señora Davis!

-¿Qué demonios pasa? ¡Te ha tocado la lotería! -la miró con el ceño fruncido y su habitual refunfuñeo.

-Mejor que eso.

-No hay nada mejor que te toque la lotería.

-Han llamado a Parker de Port Charles, de la universidad -su rostro seguía con esa alegría que no le dejaba parar de sonreír.

-¿Cómo?

-Sospecho que mi padre ha hecho algo para lograrlo. Estoy convencida que me ha visto tan feliz que ha conseguido que readmitan a Parker.

-Y a ti te parece maravilloso.

Kristina se le quedó mirando mientras se le borraba la sonrisa. La señora Davis la miró con el ceño fruncido diciéndole.

-No te das cuenta del error que vas a cometer.

-¿Por qué? lo único que quiero es que recupere su carrera.

-¿A costa de perderla a ella?

-¿Por qué dice eso? -arrugó su frente en señal de desconcierto.

-Porque volver a estar junto a tu madre os confrontara.

-De ninguna manera.

-¿No?

-No lo permitiré -respondió con seguridad.

-Una mujer que a pesar de saber que su hija está enamorada que tu novia también lo está de ti, y a pesar de eso no duda en destrozaros a las dos ¿Crees que vas a poder proteger a Parker, a vuestro amor de ella? Tu madre está obsesionada contra Parker y hará lo imposible por separarte de ella. Y si no lo ves, vas a sufrir mucho.

-Parker no me dejará.

-Lo sé, pero… ¿Y tú?

-Yo solo quiero que recupere su carrera, y una vez lo haga volveremos aquí, le compraré a usted esta ferretería, me convertiré en la próxima Davis que hará un gran negocio, tendremos hijos y ella podrá dar clases en la universidad.

-¿Y de todo esto sabe algo, Parker? -preguntó elevando una ceja atónita.

-No hemos hablado de esto -le dijo moviendo las manos con algo de nerviosismo-. Todavía estamos muy felices por la llamada de esta mañana.

-Bueno viendo tu historia a cabezota no te gana nadie, yo te guardaré la ferretería, a cambio tú protegerás a Parker -le extendió la mano.

-Trato hecho -le apretó con fuerza.

-Me encantaría ver la cara de Parker cuando le cuentes todo esto, pero mataría por ver la de tu madre cuando le digas que pretendes tener hijos con la mujer que tanto odia. ¡Eso será épico!

Al terminar de recoger los papeles en la Biblioteca y tras la gratitud mostrada por el director que le dijo que la llamaría si volvía a necesitar a alguien porque estaban encantados con ella. Parker se fue hasta la ferretería, quería ver a Kristina y saludar a la señora Davis.

En el almacén frente a la pantalla del ordenador Kristina trabajaba a toda prisa, antes de marcharse quería dejarle instalado un programa para que el almacén funcionara de otro modo que no se volviera loca la señora Davis. Estaba segura que la llamada del decano era para contratar a Parker, también trabajaba frenéticamente porque no quería pensar en las palabras de la señora Davis, no podía ser verdad lo que le había dicho, Parker necesitaba recobrar su honor como profesora y poder dedicarse a lo que más le gustaba. También pensaba en la idea de tener hijos, quería tenerlos y que mejor que con Parker. Estaba dispuesta a ello aunque al pensarlo un cosquilleo se apoderaba de su estómago, quería formar una familia con la mujer de su vida y esa conversación nunca la habían tenido, quizás era el momento de poder sacar el tema de algún modo para saber qué opinaba Parker al respecto.

A pesar de estar centrada en su trabajo escuchó a la señora Davis hablar de una manera que supo que allí estaba Parker.

Y era cierto había entrado con una sonrisa, apreciaba realmente a esa mujer que tanto bien le estaba haciendo a Kristina.

-¡Kristina sal está aquí Parker! -le dijo a voz en grito asomando la cabeza por la puerta.

-Ahora no puedo… -gritó con el ceño fruncido observando la pantalla fijamente mientras se mordía una uña.

En ese momento entraron varias personas a la tienda y la señora Davis le hizo una señal a Parker para que entrara, ella le dijo que no pero la mujer con una mirada asesina le hizo entrar tras el mostrador, al pasar por su lado le dijo bajito.

-Cierra la puerta cuando entres -acompañó aquella frase un guiño gracioso con un chasquido de su lengua.

Parker pasó y le hizo caso, cerró la puerta tras de sí. Allí estaba Kristina concentrada al máximo, sonrió porque en aquel momento se dio cuenta de lo mucho que había madurado, de lo diferente que era desde que la vio por primera vez. Se acercó con cuidado tras dejar el bolso en una estantería. Ella misma se sorprendió al sentir el deseo febril por ella, tuvo que recriminarse aquel momento de debilidad. Tomó aire acercándose con cuidado, al llegar a ella pasó los brazos por el cuello para darle un beso en la mejilla a lo que Kristina contestó.

-¡Señora Davis, por favor estoy trabajando!

-¿Señora Davis? -lo susurró en el oído provocando a Kristina que toda su piel se erizara. Y se diera la vuelta con la silla quedándose cara a cara a escasos centímetros de sus bocas ambas se dedicaron la misma mirada que se posó en los labios-. ¿Así que señora Davis?

-Te dije que no vinieras con falda -le susurró mordiéndose el labio inferior notando como subían sus pulsaciones y sus manos comenzaron a recorrer sus piernas.

-¿Ah sí? No me acordaba -le sonrió con la mirada ardiente.

-Parker -musitó repleta de deseo suspirando.

-Kristina -respondió de igual manera.

-¡Esto de que entren todos a la vez me revienta el hígado!

En ese momento Parker se separó de Kristina de golpe y Kristina se puso de pie a su lado, Parker carraspeó. Entonces la señora Davis lo único que pudo hacer fue romper en una carcajada de las gordas con un mensaje de “¡pilladas!”.

Una vez llegó a casa después de aquel parón que les había dado la señora Davis cuando ambas estaban sintiendo como se desbordaba la excitación que ambas habían mantenido como si fuera un juego, se puso una copa de vino para acompañar mientras preparaba la comida. Kristina le había dicho que iría a llevar los papeles para la universidad a distancia y mientras tanto ella preparaba la comida. Lo hacía repasando el momento en que se vistió, se había puesto pantalones pero al final al pensar que iría a ver a Kristina decidió con una sonrisa amplia y divertida ponerse la falda. Suspiró nuevamente tratando de controlar el deseo que sentía, no se reconocía a ella misma con esa necesidad de tener y amar a Kristina, las cosas con ella eran tan diferentes en todos los sentidos a lo que vivió con Amanda, dio un respingo sonriendo porque era tan feliz que no podía dejar de sonreír y pensar en aquella mujer maravillosa que tenía la suerte de tener a su lado. Sin embargo, hubo un momento en que el deseo fue dejando paso a la cordura y ésta a la noticia del decano Paulson. Estaba claro que algo había pasado en Port Charles y debía estar relacionado con Sonny porque seguía pensando que Alexis no estaría haciendo nada para que Kristina volviera si seguía a su lado, ni siquiera le había enviado un mensaje, ni una llamada, aquello le dolía y era consciente que de algún modo la vuelta iba a ser muy dura para ella. Pero amaba a Kristina y sabía que volver para ella significaba mucho.

-¡Cariño estoy en casa y ya estoy inscrita en la universdidad! -le gritó divertida entrando a la carrera.

-¿De verdad? -sonrió ampliamente abrazándola.

-Sí, de verdad. Me he apuntado a marketing creo que tengo más posibilidades si dejo a un lado la estadística y economía ¡Y esta vez voy a dejarme los ojos estudiando!

-Tampoco es eso, cariño -la separó mirándola con esa felicidad radiante que sentía-. Vamos que ya está la comida.

-¿Ya? -preguntó con cierta rabia.

-Sí. ¿No tienes hambre? -le preguntó extrañada.

-Sí, mucha, me has dejado muy mal antes y vengo muerta de hambre… de ti.

Durante toda la tarde, Kristina no fue capaz de encontrar el momento de hablar con ella. Pero por la noche, cuando ambas estaban en la cama leyendo cada una su libro, Kristina se animó. Cerró el libro tomó aire tratando de calmar los nervios que le provocaba hacerle aquella pregunta, tragó saliva y le dijo mirándola de reojo.

-Parker ¿a ti te gustaría tener hijos?

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 54

  1. Gracias, Laura. La verdad que en el hospital se escribe muy bien aunque algo incómoda en el móvil. Seguimos a ver dónde nos lleva esta fuerza del amor.

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