PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 55

Ante aquella pregunta, Parker dejó el libro a un lado de la cama con una mano mientras con la otra se quitaba las gafas, giró levemente la cabeza mirando a Kristina con gesto de sorpresa. Mientras, ella la miraba con las cejas levantadas y una minúscula sonrisa en los labios.

-Vaya pregunta, cariño.

-Solo tienes que decir sí o no.

-Hace algunos años sí quise ser madre. Pero después la verdad se me fue olvidando mi instinto materno.

-¿Y qué pasó?, ¿por qué no lo fuiste? -se ladeó para mirarla de frente.

-Bueno… -hizo el mismo gesto que Kristina mirándola a los ojos y lo que vio le abrumó tanto que suspiró-. Cuando quise tenerlo Amanda dijo que no era buen momento por nuestro trabajo, ella no quería quedarse embarazada y después nunca encontramos ese momento porque era una decisión que debíamos tomar conjuntamente, claro.

-¿Y echas de menos no haberlo tenido? -le cogió la mano acariciándola.

-A ver… -sonrió divertida-. ¿Por qué me preguntas esto y con esa cara repleta de ilusión?

-Bueno… es un tema del que no hemos hablado nunca -sonreía de lado mientras sus ojos le enviaban señales de viveza-. Solo quería saber.

-¿Y tú? ¿A ti te gustaría tener? -entonces como siempre su mano derecha cobraba vida y rozaba la mejilla y cuello de Kristina que cerraba los ojos dejándose llevar ante aquel maravilloso tacto-. ¿Eh?

-Sí, contigo sí -sonrió mirándola embobada.

-Es muy bueno saberlo -la besó con suavidad.

-Me encantaría formar una familia contigo -le dijo mirándola a los ojos feliz.

-A mí también pero…

-No, nada de peros que se lo que vas a decir.

Kristina calló aquello que sabía que le iba a decir Parker a base de besos y risas. Intuía que iba a hacerle referencia a su edad y no estaba dispuesta a escucharlo, lo que le interesaba era que Parker también quería formar esa familia y eso era lo único importante, que la familia Forsyth Corinthos fuera tan fuerte que resistiera a todo aquello que estuviera por llegar en sus vidas.

Y lo que estaba por llegar a sus vidas comenzaba desde aquel viernes. Kristina tras finalizar su jornada en la ferretería y despedirse de la señora Davis, que terminó dándole un coscorrón por hacerla llorar ante su marcha, pasó por casa para recoger a Parker que tenía todo preparado. Con el coche fueron hasta el aeropuerto y allí les esperaba el avión que las llevaba hasta Port Charles. Llevaban sus manos entrelazadas mientras Kristina le contaba bajito todos los cambios que había hecho en la ferretería y que a la señora Davis le habían afectado hasta casi echarle un martillo en la cabeza, Parker reía sin parar ante las explicaciones divertidas de Kristina. Como iban solas en los asientos, Kristina se acercó a su oído provocando en Parker un escalofrío mientras le decía en un susurro:

-Me pierdo cuando me sonríes así -le rozó suavemente la mejilla con sus labios.

-Kris -le llamó la atención con una sonrisa.

-Estoy emocionada, vamos a volver al hotel donde me hiciste tan feliz.

-Es verdad, recuerdo que cuando me dijeron que tenía que ir sentí un miedo atroz por encontrarme contigo y, cuando abrí la puerta y te vi, me sentí perdida.

-Recuerdo tu cara, tantas veces la recordé, aquel gesto mitad sorpresa mitad nervios.

-Estabas tan guapa -sonrió.

-¡Tú también! Pero me dolió tanto cuando te dije que estaba con alguien y no reaccionaste.

-Bueno… no creas se me rompió el corazón…

-Pues lo disimulaste muy bien -respondió con gesto serio.

-Kristina… te quería con locura pero… te veía tan lejos de mí, que quería lo mejor para ti.

-Lo mejor eres tú. Y si hay algo que no olvidaré jamas, ¿sabes que es?

-Miedo me da saberlo -sonrió divertida.

-Justo el segundo antes de que me miraras y me perdiera en tu mirada, justo tu suspiro cuando te dije que no podía olvidarte.

Parker la miró con ternura, aquella noche que fue tan especial y que después, recordaría día tras día ante el dolor de perderla.

-Aquel segundo antes de besarme me hizo sentir tan intensamente, nunca nadie había despertado todo lo que despertaste en mí -le sonrió-. Aunque te prometo que estaba muerta de miedo.

-¡Ay Kris! -sonrió-. Es que a mí me pasó lo mismo, nadie me había hecho sentir lo que tú. Pero fue maravilloso aunque traté de enmascararlo por no hacerte daño.

-¿Y sabes cuál fue el peor momento? -Parker la miró con una pequeña sonrisa-. Cuando te vi aquella noche que coincidimos en el bar.

-¿Y eso? Porque la que se llevó un buen corte fui yo.

-Pues porque cuando te vi con tu amiga, que por cierto no me gusta nada -le advirtió muy seria y Parker dio una carcajada enorme-. No, no, te lo digo muy en serio.

-Margaret está locamente enamorada de su mujer.

-Pues esa noche, perdona, parecía que iba a por ti -la miró con gesto serio hablándole intensamente.

-Kristina te recuerdo que yo estaba jugando al billar mientras a ti te estaban, literalmente, comiendo la boca -lo dijo de carrerilla en voz baja pero con cierto tono de rabia.

-Eso estuvo mal, es cierto, pero es que me puse muy mal al verte con ella, te lo juro, en casa me dio un ataque de histeria, estaba tan atacada que pensé en ir a tu casa y decirte que no podía más, me puse no celosa ¡súper celosa! Nunca me había sentido así de mal, tuve que hacer verdaderos esfuerzos para tranquilizarme y no aparecer ante ti como una loca. Entre otras cosas porque no sabía dónde vivías, claro. Que mal lo pasé -susurró mirando el cabezal del asiento de delante con gesto serio.

-Me doy cuenta – dijo con tono burlón.

-¡Encima te ríes! -respondió sonriendo.

-¡Cómo no me voy a reír!

-Lo pasé tan mal que por eso fui a pedirte perdón, porque pensé que no podía seguir haciéndote daño y además, porque aquella noche me abriste los ojos, cualquier mujer podía acercarse a ti, y podía perderte. Eso me hubiera vuelto loca.

-Bueno, ahora todo aquello quedó atrás -le cogió la mano sentándose otra vez correctamente-. Y estamos juntas, cariño. Aunque debo reconocer que a mi me pasó algo parecido de no haberme puesto tan celosa con Valerie hubiera sido capaz de esperar a pesar de morirme de pena. Pero cuando te vi, no podía controlarme. Y después cuando hablamos nunca olvidaré tu carita cuando te dije de ir a cenar que era nuestra primera cita -Kristina soltó una carcajada divertida mientras se abrazaba al hombro de Parker que sonreía-. Te hubiera comido a besos.

Ambas sonrieron como si recordaran aquel momento de su primera cita. Pero también con aquel recuerdo les llegó lo que ocurrió después.

-Tengo unas ganas de que mañana vayas a la universidad.

-Kristina no esperes mucho. Igual olvidaron entregarme algún papel.

Ambas guardaron silencio. Hasta que Parker decidió sacar el tema que había preferido omitir.

-Una cosa Kristina, ¿Vas a ir a hablar con tu madre?

-No

-¿Y si viene a recibirnos?

-Sabes tan bien como yo que no lo hará. Pero si viene con buena voluntad y de buenas maneras, pues… supongo que le contestaré bien. Pero hasta que no se disculpe contigo…

-Kristina no hace falta.

-¡Claro que sí, Parker!! Tú no te mereces ni cómo te trató ni lo que hizo.

Parker apretó la mano de Kristina, ambas sabían que lo que les esperaba a su llegada iba a estar fuera de su control. Sabían que Molly iría a recogerlas que cenarían con ella y Sam. Que el sábado Sonny las había invitado a comer y que el sábado por la noche lo tenían libre para ellas. Kristina había decidido darle una sorpresa llevársela a los maravillosos jardines de Port Charles y cenar al aire libre, Molly le había asegurado que daban buen tiempo.

Pero para Parker cada hora que pasaba y se acercaba el aterrizaje provocaba en ella unos nervios incontrolados, no quería tener ningún conflicto con nadie, y aunque Kristina siempre que hablaba de Sam lo hacía con una gran admiración, no estaba segura si Alexis le habría influenciado también en su contra. Era como tratar de no decepcionar a nadie para no herir a Kristina. Y aquello le provocaba sentirse como el funambulista caminando sobre un fino hilo y sin red.

Por su parte Kristina sentía los nervios contrarios, lo de que todos se comportaran correctamente con Parker, tenía las palabras de la señora Davis metidas en su cabeza, y llegó un punto que pensó que si no hubiera sido por la llamada del decano quizá la señora Davis tenía razón incluso Úrsula y era mejor, no poner a Parker en peligro, porque aunque sabía que podía defenderse sola de cualquier situación tener que enfrentarse otra vez a su madre quizá sí afectaría a su relación, de pronto un miedo intenso se apoderó de ella, miró a Parker y le cogió la mano con fuerza, Parker pareció percibir en aquella mirada su sentimiento.

-Kristina, tranquila, no va a pasar nada, mi amor.

Tras el aterrizaje pasaron por las puertas de desembarque, allí estaba Molly que al verlas tuvo el mismo pensamiento que cuando las dejó en Eugene. Abrazó a su hermana con una sonrisa enorme y saludó a distancia a Parker.

-¿Y Sam? -preguntó Kristina.

-No ha podido venir, vamos y te explico.

-¿Pasa algo? -su tono mostró preocupación.

-Bueno… te cuento fuera mejor.

Kristina miró a Parker quien enarcó las cejas tratando de transmitirle calma. Se dieron la mano y Molly puso un gesto que no pasó desapercibido en Parker. Al llegar al coche pusieron la maleta en el maletero y entraron sentándose Kristina delante.

-¿Qué pasa con Sam?

-Bueno, a ver, mantén la calma, tiene problemas serios con Jason.

-¿Cómo? -la miró fijamente con la boca entre abierta.

-Sí, la cosa pinta mal y ahora mismo no podía venir. Pero me ha dicho que mañana tratará de acercarse al hotel para saludaros.

-Pero… no me ha dicho nada.

-La verdad que nadie sabíamos nada, nos ha pillado todo de sorpresa, ya sabes como es Sam, ¡cómo tú se lo guarda todo!

Parker escuchaba la conversación sintiendo como a Kristina la noticia sobre su hermana le había afectado. No tardaron en llegar al hotel, bajaron del coche y Molly le dijo a Kristina que iba a aparcarlo para que tuvieran tiempo de dejar las cosas. E irían las tres a cenar. Al entrar en la habitación Parker se percató de su gesto.

-Ven aquí -le dijo abrazándola mientras le dejaba varios besos sobre el pelo-. Tranquila, cariño.

-No puedo entenderlo. Espero que solo sea una crisis, están hechos el uno para el otro…

-Bueno, pero a veces eso no evita que haya crisis.

-Yo no quiero tener ninguna contigo -le dijo abrazándola por la cintura.

-Ni yo -sonrió besándola-. ¿Quieres llamarla?

-No, conozco a Sam, sé que si no ha venido es porque debe estar mal. Mañana espero que os podáis conocer.

-Claro que sí, mi amor.

-¡Vaya bajón! -le dijo con gesto apenado.

-Venga, hay que animarse que Molly supongo no querrá tener una cena triste.

-No, claro.

-¡Además me he dado cuenta que tenemos la misma habitación! -le guiñó el ojo sonriendo arrancando así una sonrisa en ella un tanto tímida-. Y esto… no puede ser una coincidencia.

-No… la verdad que me hacía mucha ilusión volver aquí.

Se miraron fijamente suspirando al mismo tiempo.

-Aquí empece a ser yo de verdad, gracias a ti -le dijo Kristina sonriendo.

-Y aquí me di cuenta que te amaba con locura, por mucho que traté de evitarlo.

-No podemos mandar en el corazón.

-No, de ninguna manera y nosotras somos un buen ejemplo.

Kristina no contestó tan solo se acercó besándola. Parker respondió al beso y era como si el tiempo se hubiera detenido en aquella habitación donde empezó todo.

Salieron del hotel sonriendo, Kristina iba cogida del brazo de Parker que llevaba las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta. Molly al verlas sonrió aunque con cierto nerviosismo.

-¿Vamos? -le preguntó Kristina.

-Sí… vamos.

A Parker le daba la sensación que lo que la ponía nerviosa era ver a Kristina cogida de su brazo o de su mano, aunque sabía que poco a poco deberían de ir acostumbrando a su entorno a aceptarlas tal como ellas eran. Durante la cena, la conversación giró entorno a Sam, en ningún momento hablaron de Alexis hasta que Kristina le dijo feliz a Molly.

-¡Sabes que mañana tiene que ir Parker a la universidad para hablar con el decano!

-¿De verdad? -le preguntó feliz-. ¡Oh por favor Parker! Si te dice de volver acepta, no sabes lo que te echamos de menos.

-¿Si? -no pudo más que sorprenderse por la contundencia de Molly.

-Te lo aseguro, tu sustituto duerme hasta a los árboles.

-¡Claro es que mi mujer es muy buena en lo suyo! -le dijo guiñándole el ojo ante la sonrisa algo apurada de Parker.

-Por favor… espero que te diga de volver.

-No es algo que entre dentro de mis expectativas -respondió Parker haciendo que a Kristina se le borrar la sonrisa-. No creo que me llame para devolverme la plaza.

-No lo sabes, mi amor.

-De todos modos, gracias Molly por tu comentario.

-Sería una lástima -le dijo poniendo un gesto de pena.

Terminaron la cena y Parker decidió ir hasta el mostrador para pagar, quería dejarles un rato a solas.

-No me has preguntado por mamá.

-¿Qué quieres que te pregunte? No sé nada de ella es obvio que al final ha renegado de su hija la desviada.

-Oye Kristina… no te enfades por lo que te voy a decir pero… ¿es necesario que vayáis cogidas de la mano? En el aeropuerto la gente os miraba.

-¡Cómo! -Kristina parpadeó varias veces porque no daba crédito a aquellas palabras-. Y a mí que me importa que me miren, el problema lo tienen ellos no yo.

-Pero… no sé…

-¿Te molesta?

-No me gusta… es que…

-¿Qué?

-No sé…

-Molly no me puedo creer que me estés diciendo esto -la miraba estupefacta.

-Lo siento, supongo que me tendré que acostumbrar.

-Espero que lo hagas porque no voy a dejar de ir de su mano o besarla cuando quiera.

-¿Ya estáis chicas? -les preguntó sonriendo.

Se fueron paseando hasta el coche de Molly una vez se despidió de ellas, Kristina cogió de la cintura a Parker sonriendo tratando de no mostrar su preocupación.

-Cariño… creo que a Molly no le gusta demasiado vernos cogidas -le dijo sonriendo.

-¡Es su problema! -respondió con el ceño fruncido.

-Dale tiempo, sé como es esa sensación y hay veces que la gente necesita tiempo para admitir cosas diferentes.

-Sabía que te darías cuenta.

-Pero es comprensible, cariño -le habló con tono reconciliador.

-Me ha gustado que te dijera que te echaba de menos.

-Bueno… -dio una carcajada-. Eso ha estado gracioso.

-Eres la mejor -la miró fijamente-. Y me siento afortunada de tenerte.

-Gracias, mi amor. Yo también de tenerte a ti y compartir la vida juntas.

-¿Y sabes qué? -Parker la miraba suspirando-. Tengo muchas ganas de ti.

Tras una carcajada Kristina echó a correr arrastrando a una Parker que reía sin parar. En el ascensor no pudieron resistir los besos intensos, cuando se abrió la puerta salieron a toda velocidad y tras entrar en la habitación la noche se convirtió en pura pasión.

Al llegar a la universidad, Parker suspiró con fuerza, había dejado a Kristina durmiendo y estaba allí con los nervios instalados en el estómago. Al entrar al edificio tan solo la biblioteca estaba en funcionamiento, pero ella se sintió extraña. Se detuvo en medio del pasillo y dudó si entrar o marcharse, pero la fuerza con la que le llegó Kristina a su mente le hizo llamar con los nudillos a la puerta del despacho. Oyó la voz ruda del decano dándole permiso para entrar. Tomó aire y con toda la dignidad que pudo entró.

-Profesora Forsyth, me alegro de volverla a ver.

-Gracias.

-Siéntese, por favor.

Tomó asiento mientras lo miraba con el gesto serio.

-Debe preguntarse porque la he llamado.

-Pues sí, la verdad.

-Verá… antes que nada quiero pedirle disculpas, creo que fui muy impulsivo cuando me llegó la denuncia sobre su comportamiento inadecuado y que quebraba las reglas de la universidad -Parker no le contestó ante su pausa seguía mirándolo con distanciamiento y cierta frialdad-. Pero la persona que habló conmigo fue contundente, incluso me dijo que tenía testigos de lo ocurrido. Sin embargo, hace unos días retiró la denuncia y admitió que todo había sido mentira, me dejó absolutamente desolado por la injusticia que provocó en una buena profesora como usted con sus años de experiencia. Tras hablarlo con la comisión, explicar el tema y tener la carta donde esa persona admite haber mentido, hemos decidido retirar su expediente de expulsión y devolverle el puesto en la universidad.

El decano la miró serio porque el rostro de Parker se mostraba imperturbable ante la noticia.

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