PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 58

Al verlas se dirigió hasta ellas con el gesto un tanto serio.

-Parker, pagas tú y hablo yo con mi hermana.

-Claro.

No dejó que se acercara a Parker y aquello le demostró que la charla del día anterior no había sido amable.

-¿Qué quieres, Molly? -le preguntó con el rostro serio.

-Venía a disculparme, la verdad que no fui muy agradable anoche, pero vi a mamá así y me sentí tan mal.

-Claro, lo normal es que como te dejó mal vengas a culparnos a Parker y a mí -Molly agachó la cabeza-. Sabía que lo que me dijiste no son tus palabras, es lo que te dijo mamá.

-Lo siento, Kristina.

-Me gustaría tanto que dejaras de ver las cosas por sus ojos.

-Lo sé, perdóname.

-Por supuesto, lo mismo que llegara un día que perdone a mamá pero no ahora, no como obligación y es lo que quiero que entiendas.

Cuando Parker las vio abrazarse sintió que fuera lo que fuera estaba arreglado. Sonrió. Recogió las cosas y se dirigió hasta ellas.

-Pues ya podemos irnos, Kris.

-Parker dime por favor que has aceptado el puesto -le dijo Molly con gesto compungido.

-Bueno, realmente hasta el lunes no será oficial, pero sí.

-¡De verdad! -exclamó feliz entonces mirando a Kristina le dijo-. Eso quiere decir que venís.

-Sí, la semana que viene arreglaremos todo en Eugene para venir aquí.

-¡Oh qué alegría, Kristina! -le dijo mientras la abrazaba con fuerza.

-¡Me vas a ahogar! -protestaba divertida-. Venga Molly que no podemos llegar tarde al aeropuerto.

Parker las observaba sonriente, se notaba que cuando ambas estaban tranquilas y dejaban de hablar de su madre y todos los problemas que les estaba creando, eran dos hermanas que se querían, sintió cierta envidia al verlas, porque a veces echaba de menos esa relación con la suya propia.

La vuelta a casa fue para las dos como poder respirar hondo. Las dos sentían que aquel era su hogar y su calma. Por fin Kristina podía relajarse, ahí nadie le haría estar en guardia. Por su parte, Parker puso la lavadora y en ese momento sintió que una paz enorme se adueñaba de su interior, no quería pensar lo que sería estar allí aquellos tres meses, y lo que más le intrigaba era que Kristina no le había dicho nada de lo ocurrido con Molly. Estaba apoyada en la lavadora con los brazos cruzados cuando entró Kristina que al verla tan pensativa sintió una pequeña descarga en su estómago.

-¿Qué te pasa? -le preguntó seria.

-Nada -sonrió de lado y abrió los brazos para que Kristina se refugiara en su pecho-. Pensaba en Molly.

-Mi hermana es una muy buena persona pero tiene un defecto y es que mi madre la chantajea emocionalmente, bueno… creo que eso nos lo hace a las dos -se separó de su cuerpo acariciándole el pelo con suavidad-. No te quise decir nada porque necesitaba tenerte, estar contigo sin que nada nos distrajera.

-Y lo conseguiste -le sonrió besándola.

-Mmmm -frunció los labios como así pudiera retener aquel beso y le dijo-. Al parecer mi madre nos vio y entró en histeria.

-¿Nos vio? -le preguntó frunciendo el ceño.

-Sí, no sé ni dónde ni cuándo, pero llegó mi hermana a casa y estaba en plan histérica. Llorando y diciendo que soy mala hija porque no la he llamado. Y sé que si te contaba esto tú me dirías que tiene razón.

-No, no la tiene -la miró seria con el ceño fruncido-. Jamás permitiré que diga esas palabras, no eres una mala hija ella es una intransigente y aunque no estoy de acuerdo en que tú mantengas la distancia con ella, en el fondo te entiendo. Tú y yo hemos vivido una historia con ella que Molly no entiende, cariño. Debes hablar con tu madre pero hay que respetar tus tiempos -le decía mirándola con gesto preocupado.

-Se lo dije a Molly, pero ella es la clásica persona que quiere que todo el mundo nos llevemos bien, en la cena de acción de gracias ella es la encargada de limar todas las asperezas que hayan entre la familia durante la semana previa -Parker sonrió, Kristina elevó los hombros-. Ella es así. Pero me he alegrado de verla esta mañana y que se disculpara.

-Eso está bien -le sonrió mientras pasaba sus manos por la cintura de Kristina que sonreía también.

-Te prometo que en cuanto lleguemos solucionaré esto -le dijo mirándola fijamente.

-Lo sé. Y yo te prometo que haré todo lo que pueda por ayudarte.

-De eso no tengo dudas. ¡Estoy tan feliz! ¡Vas a volver a la universidad! -le dijo radiante.

-No me lo creo, lo daba ya por un imposible.

-El universo está de nuestro lado. Así que tendremos que ir pensando en que es lo próximo que le vamos a pedir.

-¿Qué quieres pedirle? -la miró sonriendo-. Porque creo que tú eres la que tiene ese poder para atraer lo que deseas.

Kristina dudó si decir en voz alta lo que pensaba, pero su corazón latió tan fuerte que sintió que había llegado el momento para compartir ese deseo que llevaba guardado y que no sabía como lo acogería Parker.

-Pues yo le pediría que en un tiempo no muy lejano cuando estemos establecidas con tu trabajo, podamos tener un hijo.

-¿De verdad lo quieres? -la miró intensamente con el amor aflorando en aquella mirada.

-Sí -respondió perdiéndose en sus ojos que provocaban que su corazón latiera con pasión.

-Pues entonces veo en breve a un pequeño o pequeña corriendo por la casa porque eres infalible con tu ley de atracción.

-¡No seas tonta, no te burles!

Dieron una carcajada ambas mientras se besaban para después abrazarse con fuerza.

La semana se les pasó casi sin darse cuenta. Parker había recibido los papeles del decano Paulson sobre la temática que iba a dar en ese trimestre. Sonrió ante la pantalla del ordenador de manera feliz, ni más ni menos que debía hablar sobre la autora de Frankestein, siempre le pareció realmente maravillosa. Había estudiado intensamente a Mary Shelley y en sus clases de literatura siempre trataba de hablar de aquella escritora aunque no saliera en el temario. Le apasionaba la literatura escrita por mujeres y, su trabajo para defender a las escritoras de todas las épocas, le había valido un reconocimiento por su intensa labor. También sus conferencias atraían a innumerables mujeres que deseaban llegar a la esencia de las escritoras tantas veces silenciada o solapadas por los grandes escritores de la historia, de ahí, que sus conferencias siempre fueran un éxito de asistencia.

Su rutina diaria seguía siendo la misma, se levantaban entre mimos, besos, caricias algunos días más apasionadas que otros, se tomaban su primer desayuno y salían a correr, aquella semana cada día lo disfrutaron intensamente porque aquellos momentos corriendo por la playa sabían que no iban a repetirlos. Después desayunaban, Kristina no había bajado su nivel de desayuno algo que a Parker le sorprendía porque no sabía donde se metía todo aquello que comía, y servía de risas para ambas, se marchaba a la tienda de la señora Davis mientras Parker se quedaba en casa estudiando y preparando sus clases.

Por su parte, la señora Davis estaba encantada con la dedicación de Kristina porque le estaba simplificando tanto el trabajo que se le estaban yendo las ganas de jubilarse. El almacén parecía otro, no solo la enseñó a manejar con soltura el teléfono móvil y el ordenador, también le habló de cómo lograr mayores ventas por Internet.

-Eso lo dejamos para cuando este negocio sea tuyo.

-Gracias por ayudarme tanto, señora Davis.

-Las gracias te las doy yo por sacarme del ostracismo. Pero te digo una cosa, esta ferretería te esperará tres meses, si pasa un día de esa fecha y no estás aquí la pondré a la venta.

El gesto de Kristina le dio a entender que a pesar de querer volver su corazón estaba por quedarse en Port Charles. La mujer le acarició la cara por primera vez en todo el tiempo que compartieron mientras le decía.

-Haz lo que tu corazón te dicte como has hecho hasta ahora, pero piensa que ahora sois dos y de ti depende con esa decisión que sigáis siéndolo.

Aquel día, cuando Kristina regresó a casa lo hizo con los libros de su nueva carrera, entró sonriente al ver que la mesa estaba puesta siempre le daba la sensación de calidez de entrar en su hogar con la persona que tanto amaba.

-¡Cariño estoy en casa! -gritó como habitualmente hacía.

-¡Estoy en la cocina!

-Mmmm que rico huele -le dijo dejando los libros sobre la mesa para acercarse a ella y abrazarla por detrás.

-Gracias, mi amor. ¿Qué tal ha ido la compra de libros?

-Ya los tengo -le robó un trozo de zanahoria del plato.

-Me alegro mucho -se giró besándola-. Así ya puedes empezar a estudiar.

-¿Qué has hecho hoy?

-He estado preparando las primeras clases ya las tengo prácticamente terminadas -hablaba con ilusión mientras trajinaba de un lado a otro poniendo en la asadora la carne y picando los ajos-. La verdad que para ser mi regreso lo hago con una escritora que me apasiona, después cuando volvamos tengo pensado hablar con el decano de la universidad de Queen para ver si quiere que haga una conferencia sobre ella. Me encantaría. Tengo que hablar con él mañana por la mañana.

Kristina se separó de ella y puso gesto serio. Como Parker estaba de espaldas no alcanzó a verla. Le dijo que iba a cambiarse de ropa para comer y se fue hasta la habitación. Una vez allí se sentó en la cama, no esperaba que le dijera algo así, pensaba que habían quedado en probar esos meses en Port Charles pero ella parecía que tenía claro que iban a volver, de otro modo, ¿por qué iba hablar con el decano de la universidad de Eugene? Sentía que por primera vez cada una pensaba una cosa diferente, le dolió porque el comentario le había salido a Parker de un modo tan natural que estaba convencida de que era lo que realmente deseaba, pero no se atrevía a decírselo a ella. Trató de rebajar su gesto de malestar, se cambió la ropa que llevaba por otra más cómoda, se recogió el pelo en una coleta y salió tratando de actuar como si no pasara nada.

-¿Qué falta por poner en la mesa?

-Nuestros platos y el agua. ¿Qué te pasa?

-¿A mí? -trató de hacerse la sorprendida pero sabía que era una de las pocas personas que sabía si había un problema en su cabeza solo con mirarla.

-Es obvio que te pasa algo -movió un hombro como si fuera de lo más evidente.

-Nada, no me pasa nada -sonrió levemente.

-¡Claro que te pasa! Cuando sonríes así de lado sé que algo está rodando en tu cabecita -le contestó besándola al pasar por delante-. ¿Me lo vas a contar?

-Bueno… me ha sorprendido que estés planeando cosas para la vuelta -había sacado la botella de agua y el pan hasta la mesa.

-¿De verdad? -la miró fijamente.

-¿Tú qué crees? -respondió mirándola con expresión de inquietud.

-Kristina, tenemos un plan que es estar en Port Charles tres meses.

-¡Sí pero parece que tienes ahora muy claro que no nos vamos a quedar! -la miró fijamente mostrando su malestar.

-A ver -tomó aire lentamente para hablar con calma-. Hemos hablado de que si las cosas salen bien nos quedaremos, pero… ¿y si salen mal? ¿Qué haremos? Venir otra vez sin tener nada, ¿quieres que pasen los días y tengamos que pedirle dinero a tu padre porque no tengo trabajo? ¿Crees que es una situación cómoda?

-No, no -movió lentamente la cabeza sin apartar los ojos de ella, la miraba con una sensación de ser nuevamente impulsiva.

-No voy a pedir trabajo para el día que acabe mi trimestre allí, quizá me ofrecen quedarme dando clases es una posibilidad, pero si no es así, o si decidimos volver al menos debo tener mis contactos preparados, lo mismo que los temarios. Kristina cariño, a mí me encantaría que nos quedáramos allí porque significaría que las cosas han ido bien, pero…

-Sí, perdona, lo entiendo… Es que… no sé… me ha sorprendido pero la verdad que yo también debería pensar en un plan B.

-Tú lo tienes, mi vida -le sonrió de lado.

-No creas la señora Davis me ha dicho que si pasa un día de los tres meses venderá la ferretería.

-Bueno… ella también tiene que tener su plan B.

-Me encanta como me explicas las cosas -dio una carcajada-. Debo aprender a ser menos impulsiva.

-No, solo debes aprender a manejar esa impulsividad y pensar dos veces las cosas aunque las pienses muy rápidas. A mí me encanta que lo seas -le guiñó un ojo.

-¡Sabes qué estoy nerviosa!

-Lo puedo intuir -le cortó un trozo de pan.

-Y la señora Davis… ufffff.

-¿Le has dicho que venga a cenar?

-Sí, está encantada, me ha dicho que venía con la condición de que hicieras tú la cena ¡todo lo que haces tú le parece estupendo! -Parker dio una carcajada-. En serio Parker es maravillosa, Parker es muy guapa, Parker es tan inteligente…

-Bueno supongo que eso lo dice porque tú hablas muy bien de mí ¡constantemente! -le dijo apuntándola graciosamente con el tenedor.

-Eso sí -le sonrió ampliamente haciendo que desapareciera la arruga de su frente-. Pero el otro día le dije ¡parece que está enamorada de ella! Se lo dije muy seriamente, ¿eh?

-¡Oh Kristina! -reía divertida pasándose la servilleta por los labios-. ¿Y qué te dijo?

-¡Qué estimaba mucho sus ojos como para que yo se los arrancara por enamorarse de ti! -reía también pero entonces con cierto gesto de fastidio le dijo-. La voy a echar de menos.

-Lo sé, cariño. Y ella a ti, porque a pesar de todo eso que te dice, te adora. ¡Difícil no hacerlo! -elevó los hombros convencida.

-¿Sí? -la miró con una sonrisa provocativa.

-Sabes que sí. ¿Qué sabes de Sam?

-Parece que están un poco más predispuestos a hablar del tema, aunque sea por los niños.

-Me alegro, cuando tienes hijos debe ser todo más difícil.

-Sí, pero la he notado más tranquila. ¡Tengo unas ganas de que os conozcáis! Les he dicho que vengan el lunes así nos podemos instalar con tranquilidad.

-Me parece bien.

-Háblame de Mary Shelley.

Hablaron durante la comida de la escritora, de Frankestein de la posibilidad de creerse Dios para manejar con la ciencia la vida o la muerte. Se les pasó el tiempo con una conversación entretenida y también divertida. Después, volvieron a su rutina del sofá compartido un abrazo y una película.

Al día siguiente, tal y como le había dicho a Kristina, Parker se presentó al decano de la universidad, estuvo hablando con él y le entregó los documentos donde se explicaba que su acusación había sido interpuesta por un testigo que había mentido y que éste se retractaba de lo dicho por falsedad. Ella lo miraba seria esperando una respuesta.

-Me alegro mucho, profesora Forsyth, la verdad que me asombró lo que me contó porque la conozco. Tendré en cuenta su propuesta si en tres meses decide regresar y tengo alguna plaza libre me encantara que trabaje aquí. Eso sí, tendrá que entender que aunque hayan retirado la denuncia esto saldrá en su expediente y antes de contratarla tendré que poner a los miembros de la comisión en conocimiento de todo lo ocurrido. ¿De acuerdo?

-Sí, claro. Lo entiendo.

Salió de allí con la sensación que la vida la empujaba irremediablemente hacia Port Charles. Llevaba un chaquetón grueso porque la temperatura aquel día era baja, se apretó contra él necesitando algo de calor, puso las manos en los bolsillos y decidió ir paseando hasta la playa. Necesitaba un momento de soledad, de pensar en todo lo que se había ido sucediendo con una velocidad de vértigo en su vida. Ella que había tenido una vida tranquila, más o menos bajo control, se había visto empujada en un año a vivir intensamente cada día, primero extrañando a Kristina, después viviendo una relación con ella tan apasionada como maravillosa. Sin embargo, también la había arrastrado sin quererlo a ver peligrar su carrera, ella sabía como se movían en las universidades, le había ocultado a Kristina que su madre había escrito una carta contra ella en la universidad de Wesleyan, que si al final había decidido irse con Amanda, en parte también había sido porque era la manera de desaparecer sin tener un expediente abierto por su culpa. Amar a Kristina le había provocado tener a Alexis en su contra y no era fácil manejar aquello. Estaba segura que cuando volvieran a Port Charles algo haría para perjudicarla, no era capaz de asumir que su hija la amaba y que ella amaba a su hija. Aquella reunión con el decano le abrió los ojos con ese tema y sintió un pánico agobiante recorriendo su interior. Anduvo un rato mientras veía como sus botas se introducían en la arena de la playa miró hacia el horizonte como si allí pudiera encontrar la paz que en ese momento le faltaba. No podría vivir sin Kristina eso lo tenía claro, la hacía feliz y se sentía amada de verdad, sonrió de lado al recordar la frase que le dijo sobre los hijos, suspiró con fuerza, ella le había devuelto la ilusión de tener uno, siempre le encantaron los niños y era una espina que tenía clavada en su corazón, pero ahí estaba Kristina para quitársela. Ella decía que le había ayudado a superar muchas cosas, sonrió con tristeza pensando en el horror que había vivido y se prometió así misma allí ante el inmenso mar que en la medida de lo posible no permitiría que nada malo le pasara, ella estaría velando por su vida. Y si llegaba el día en que no podía dar clase y tenían un negocio, ella estaría al lado de Kristina dispuesta a seguir hacia delante de la manera que fuera. La tristeza que le había inundado al salir de la universidad, se quedó allí entremezclada en alguna ola porque al entrar al coche sintió como su alma y su corazón se cargaban de una buena vibración universal. De ese universo del que tanto le hablaba Kristina. Por ella estaba decidida a luchar y hasta sufrir si era necesario pero Alexis no lograría entrometerse en la relación.

 

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