PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 59

 

La ferretería de la señora Davis, existe. Es mi pequeño homenaje a tres hermanas que durante décadas sacaron adelante este negocio en Valencia. Y aún a pesar de la edad siguen allí al pie del cañón. Una de ellas, con su mono azul y gesto de enfado perpetuo fue quien me inspiró para crear este personaje.

La noche del sábado llegó, era la noche previa a su marcha y en la que habían decidido hacer una cena en casa con la señora Davis, también había sido el último día de trabajo para Kristina que se había despedido de la ferretería con una pena que hasta a ella misma le impactó. Durante la tarde habían preparado todo lo debían llevarse, habían pasado tres meses maravillosos en aquella casa que siempre sería “su casa”, y que habían dicho volverían algún fin de semana para poder disfrutar de su hogar. Estaban preparando la mesa mientras las dos hablaban y se dedicaban algún beso tranquilo, alguna apasionado.

-Esta misma mañana me ha llamado el decano para asegurarme que el piso que tuve me lo van a dejar otra vez.

-¿De verdad vamos a volver ahí? -le preguntó sonriendo recordando como si fuera una película pasando por su mente la noche de pasión que vivieron.

-Sí, al parecer está libre. Le he dicho que sí, claro.

-Está genial volver al lugar de nuestro reencuentro… de… tu especialidad… -le decía acariciándola y pegándose a ella mientras se mordía el labio inferior y con un guiño provocativo le susurró-… tu maravilloso café.

Parker dio una carcajada levantando la cabeza mientra Kristina le rodeaba el cuello y la atraía irremediablemente hasta su boca. Se besaron apasionadamente felices hasta que calmaron aquella necesidad de la una y la otra, juntaron las frentes sonriendo divertidas.

-¿Qué más te ha dicho el decano?

-Me ha dicho que desde que me fui nadie ha estado en ella. La han limpiado y nos han dejado lo básico -susurró encandilada por aquella mujer que la volvía loca.

-Ya nos encargaremos nosotras de decorarla.

-Claro, mi amor.

-Será nuestro segundo hogar.

-Así es -seguían sin moverse mirándose los labios.

-Allá donde estés, ese será mi hogar, Parker.

-Te quiero, mi amor.

Empezaron a besarse justo en el momento en que sonó el timbre. Y se separaron con la respiración agitada.

-Me temo que debemos parar a menos que queramos que la señora Davis nos eche la puerta abajo.

-Creo que sí, voy a abrirle. Te quiero -le susurró Kristina llenándose de su mirada.

Kristina abrió la puerta, puso gesto de perplejidad y dijo.

-Lo siento se ha equivocado de casa.

-¡Muy graciosa! Y muy payasa -protestó la señora Davis-. ¿Dónde está Parker? ¡Aparta!

La señora Davis había dejado aquel espantoso mono azul que llevaba cuando trabajaba y se había vestido con un traje chaqueta negro y una blusa negra con diminutas flores blancas, rodeando su cuello un bonito collar de perlas a juego con los pendientes. Estaba tan diferente que era comprensible gesto de asombro de Kristina.

-¡Querida Parker! -la abrazó dándole dos besos mientras le decía-. Me encanta chincharla.

-Ya veo -respondió sonriente-. Déjeme decirle que está usted espectacular.

-¡Tú siempre tan encantadora! -le respondió sonriendo.

-Esto es injusto, ¿ella es encantadora y yo payasa? -le preguntó con sarcasmo.

-Querida mía, en esta vida cada uno tiene su papel en la vida, toma he traído vino -le dio la botella con un gesto simpático mientras Parker trataba de no reírse-. Venga… ¡a qué esperas! Tengo un hambre que me muero.

-Deme la chaqueta y vamos a cenar -Parker fue a colgarla.

-Mira que es…

-¿Maravillosa? -respondió Kristina mirándola con cara embobada gesto que siempre arrancaba la carcajada de aquella mujer tan especial-. ¡Ay señora Davis, qué enamorada estoy!

-¡Y que tontita te pones, eso o he llegado en mal momento!

-También, es que cada uno en esta vida tiene su lugar, hay algunas que son inoportunas.

La señora Davis adoraba a Kristina, le había robado el corazón. La admiraba por su lucha y su esfuerzo por superarse, cuando la veía trabajar en la ferretería disfrutaba, era concienzuda y trabajadora, lo que no entendía preguntaba y le gustaba aprender. Había luchado por el amor de su vida que estaba convencida, si su madre no lo impedía, sería para siempre. Pensaba en Parker y lo mejor para ella siempre, amaba a aquella mujer en cada mirada que le regalaba, tenía carácter, rabia y era una mujer hecha así misma. La había escuchado decir que siempre fue un poco mal criada, caprichosa y rebelde, porque no encontraba su lugar en el mundo, pero que desde el día que Parker apareció en su vida se convirtió en alguien diferente que ni ella misma sabía cómo lo había logrado. Sí, admiraba aquella joven que luchaba por ser feliz y la admiraba porque era todo lo que ella no puedo ser, lo que no la dejaron ser. Ese era el motivo que una y otra vez le decía a Kristina.

-No dejes que nadie que no seas tú guíe tu vida, tú y tu corazón, ponte tapones en los oídos y una venda en los ojos cuando los demás te hablen o te miren, recuerda a esta señora Davis que nadie la dejó ser lo que quiso ser ¡y no dejes que te arruinen la vida!

En ese consejo estaba pensando Kristina mientras cenaban, Parker y la señora Davis reían divertidas. Parker era su vida.

-¿A qué hora salís? -les preguntó dando un sobro a su whisky doble que le había preparado Kristina.

-A las siete de la mañana tenemos que estar en el aeropuerto.

-Hay que llamar a un taxi hemos devuelto ya el coche -apuntó Kristina.

-¡De eso nada! Yo os llevo -dio un trago al vaso y miró el reloj-. Bien, no daré positivo si me para la policía.

-No hace falta señora Davis, de verdad, es usted muy amable pero…

-Parker… si no quieres dejar de ser mi favorita no sigas.

-De acuerdo.

-¡Qué fuerte! -murmuró Kristina negando con la cabeza como si realmente estuviera enfadada.

-Es lo que hay -elevó los hombros la señora Davis-. Eso sí, quiero que de vez en cuando me llames y me cuentes como estás, Kristina.

-Claro, seguro que sí. Voy a echar de menos nuestros almuerzos -le dijo sonriendo con tristeza mientras Parker le cogía la mano con cariño.

-Lo sé, yo también, no creas. Y te voy a decir una cosa, he trabajado toda la vida rodeada de hombres, pero en estos tres meses que te esperaré voy a trabajar con mujeres, ¡estoy harta de estereotipos! ¡Cómo si una ferretería no pudiera ser un negocio de mujeres! No más hombres a mi alrededor, ¡bueno… excepto en mi cama! -sonrió divertida-. Y espero que tomes buena nota, querida.

-Por supuesto.

-Pues me voy a retirar, a las seis y media como uno de mis clavos estaré aquí. Gracias por la cena, estaba muy buena, como se nota que la has hecho tú, querida -le dijo a Parker mientras le guiñaba un ojo al darle la chaqueta.

-Muy amable, señora Davis.

La acompañaron hasta la puerta y al cerrar, Kristina miró a Parker mordiéndose el labio inferior mientras reía divertida.

-Es un puntazo de mujer -soltó Kristina divertida.

-Sí, te quiere mucho.

-Sigo diciendo que desde que estoy contigo, solo atraigo gente como tú, con un gran corazón.

-¡Venga aduladora! Vamos a recoger todo y a ver si podemos dormir algo.

-¿Y por qué tenemos que dormir? Podemos hacerlo en el avión, ¿no te parece? -Kristina se lo dijo mirándola fijamente con una sonrisa y mirada ardiente.

-Kristina que me pierdo, que contigo me pierdo muy fácil -reía divertida mientras se dejaba abrazar por ella.

-Vamos a perdernos, mi amor… despidamos nuestro hogar hasta la próxima vez que volvamos.

A las seis y media de la mañana, como uno de los clavos de su ferretería la señora Davis estaba con su viejo coche en la puerta. Kristina salió a saludarla con el abrigo puesto y su maleta, la metieron en el maletero y aprovechando que estaban solas le dijo:

-Si tienes algún problema, si necesitas algo desde dinero a hablar sabes que cuentas conmigo ¿verdad?

-Por supuesto que sí, señora Davis, y se lo agradezco mucho.

-No me lo agradezcas y hazlo ¿de acuerdo?

-Sí -la abrazó con fuerza.

-¡Quita, quita que me vas a hacer llorar y una no puede perder su clase!

Llegaron al aeropuerto y la despedida de la señora Davis fue emotiva, Kristina no pudo controlar unas lagrimas ante su adiós, Parker la abrazó agradeciéndole todo cuanto había hecho por Kristina y la mujer las despidió sin poder evitar ponerse a llorar. Les prometió que se haría cargo de cuidar la casa, porque habían conseguido que su jardín volviera a aflorar con bonitas plantas de colores, y ella se prestó para ir de vez en cuando.

-A veces no hace falta tener tu misma sangre para querer a una persona como si fuera algo muy tuyo, ¿verdad? -le preguntó Kristina a Parker mientras se abrochaban los cinturones.

-Es cierto.

-¡Solo espero que nuestra vuelta sea para bien, cariño! -le dijo cogiéndose de su brazo y apoyando la cabeza en el hombro de Parker.

-Yo también lo espero, seguro será así.

Entrelazaron sus manos y apoyaron una cabeza sobre la otra con el corazón latiendo preocupado, iban hacia un destino que no sabían que les podía deparar.

Llegaron a Port Charles y Molly había dejado el coche de Kristina tal y como le pidió, recogió las llaves de consigna y cargaron las maletas. De camino a su nuevo hogar, el que ya habían compartido, se detuvieron a hacer una compra para cenar y desayunar. Kristina había pedido a sus hermanas que las dejaran aquella noche porque como llegaban tarde necesitaban tener un poco de tranquilidad para acomodar las cosas. Las avisó cuando llegaron con un mensaje tanto a Molly como Sam y también a Sonny.

Molly estaba en casa de Alexis cenando con ella cuando recibió el mensaje de Kristina, decidió compartir con su madre le información, necesitaba que rebajara su malestar contra la pareja en ese momento que iban a estar tan cerca y estaba segura que coincidirían en algún lugar. Trató de hacer justo lo que Kristina le había aconsejado no hiciera.

-Es Kristina, ya han llegado -le dijo con tiento-. Van a vivir cerca de la universidad.

-Bueno… como ves mi teléfono sigue sin recibir noticias -su tonó fue oscuro y pesado.

-Mamá, ¿por que no vas hablas con las dos y les pides disculpas? Todo acabaría y volveríamos a ser una familia feliz.

-¿Dónde vive? -le preguntó como si realmente pensara en esa posibilidad.

-Espera ¿quieres saber la dirección? -la miró asombrada.

-Claro, si no, como voy a ver a mi hija… está claro que no va a venir aquí.

-Pero… si te la doy… ¿no será para crear más problemas, verdad? -le preguntó con temor.

-¿Más problemas? No, cariño, solo hay un problema entre mi hija y yo llamado Parker.

-Así dudo que lo soluciones.

-Lo sé, haré de tripas corazón, necesito ver a Kristina la echo de menos -puso gesto compungido.

-De acuerdo. ¿Quieres venir con Sam y conmigo mañana? Será menos tenso si vamos las tres, nos ha invitado a almorzar.

-Mañana no podré, tengo reunión.

-Mamá… haz el esfuerzo por favor… solo un poco de esfuerzo para llevarte bien con Parker.

-Lo intentaré.

Molly le dio la dirección, y Alexis le prometió que no haría nada indebido porque no quería darle el poder a Parker de convencer a Kristina que su madre era la mala.

Por fin la pareja terminó de guardar las cosas y compartieron una pizza en el sofá. Estaban cansadas entre el largo viaje, que apenas habían dormido y los nervios por todo se sentaron agotadas. Cenaron y decidieron ver un rato la televisión abrazadas. Pusieron un programa de música para relajarse un tanto, Kristina acariciaba lentamente la mano de Parker que rodeaba su cintura.

-Cariño… -la llamó Parker.

-¿Qué? -respondió Kristina medio dormida.

-Quería decirte una cosa -Kristina se dio la vuelta colándose sobre ella para mirarla-. No sé que va a pasar a partir de mañana, pero quiero que sepas que eres la primera persona que me hace feliz.

-¿Por qué me dices eso? -le preguntó frunciendo la frente.

-Porque quiero que lo sepas, eres la primera mujer que me hace sentir totalmente querida. Y eso… me hace inmensamente feliz.

-Voy a seguir haciéndote feliz toda la vida porque te quiero mucho -se acercó para dejarle un beso en los labios.

-Eres lo mejor que me ha pasado, Kris.

-No me gusta como lo dices -la miró con cierta tristeza-. Es como si quisieras decir adiós.

-¡Oh cariño! ¿Cómo voy a querer decirte adiós? -la abrazó fuerte contra sí-. Solo siento la necesidad de decírtelo.

-¿Todo irá bien, verdad?

-Por supuesto que sí, mi amor.

Se miraron con una sonrisa tierna en los labios y la mirada repleta de amor.

En la cama, Parker tenía abrazado el cuerpo de Kristina, notaba que respiraba con tranquilidad y ella poco a poco se fue durmiendo necesitaba dejar de pensar y confiar que nadie podría romper esa relación maravillosa que compartían.

De repente dos golpes fuertes sobresaltaron su sueño.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Kristina.

-Han llamado a la puerta -se ponía la bata para ir a abrir.

-Espera voy contigo -la siguió Kristina con gesto preocupado.

-¿Quién es? -preguntó Parker con gesto preocupado mirando a Kristina.

-¡Parker, abre, soy Amanda!

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4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 59

  1. Hola Laura, me alegro que te guste la historia, eso me anima muchísimo te lo aseguro. Bueno… Parker es mucha Parker pero Kristina no se queda atrás.
    Un abrazo y gracias por comentar, amiga.

  2. Madremia….me tienes loca con la historia, y ahora la Amanda ésta…. Bufff amiga si te conociera en persona te puedo asegurar que no te dejaria en paz hasta que me enseñaras toda la historia junta ijijijii por favor no nos agas sufrir mucho…me encanta parker estoy deseando que vuelvan a escena….un saludo escritora

  3. Jajaja Kris, gracias por tu comentario y por tus soluciones me encanta la de Molly. Creo que he sido bastante buena con esta historia pero sabes que como la vida misma nada es fácil y cuando tienes familia pejillera, que decimos aquí, todo cuesta un mundo.
    Gracias, solo espero no cansaros con la historia que me está quedando un poco larga.
    Un abrazo

  4. No es por nada y sobre todo no es para darte ideas que tu solita te basta escritora, pero ese hasta que volvamos me da a mí, que con la obsesión enfermiza de Alexis y su deseo de separarlas si o si, van a pasar mucho mas de esos tres meses, aspiro como dice Parker que la vuelta sea para bien, aunque lo dudo.
    Ese contrapunteo y sobre todo ese cariño y amistad entre Krsitina y la sra. Davis, desprende ternura, Kristina lo resume en esta hermosa frase “A veces no hace falta tener tu misma sangre para querer a una persona como si fuera algo muy tuyo” esto es una verdad como un templo.
    Molly en lugar de ayudar desayuda, ya puedes ir pensando en enviarla a hacer alguna especialidad en el extranjero.
    Con la dirección de la casa ya veo a Alexis rostizando a Parker.
    !Amanda¡ y a esa porque la traes de nuevo, ¿No te basta con Alexis?, si ya lo decía yo tanto pasteleo tanto pasteleo y zas a llorar al valle, bue ya me compre hace rato muchos Kleenex.

    Saludos escritora esperando por mas.

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