PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 66

 

Los niños al verla se lanzaron a su cuello mientras les daba besos y abrazos. Parker la miraba entusiasmada, no le sorprendía el cariño con el que les trataba, pero le gustó ver a esa Kristina cariñosa con sus sobrinos.

-¿Y qué tal está Emily?

-Pues desde que me la ha dejado Sam dormida.

-Te queda muy bien en los brazos.

Le dijo con una sonrisa y se acercó dándole un beso suave repleto de ternura.

-¡Tía nos has comprado golosinas!

-¡Di que sí, por fi!

-Bueno… esta vez no, debemos cuidarnos y he comprado cosas sanas.

-¿Cosas sanas? -la miraron un poco desilusionados.

-Sí, ¿verdad Parker?

-Por supuesto, pero estoy segura que vuestra tía se está quedando con vosotros y en esa bolsa debe haber más de una golosina -les dijo sonriendo.

-¡Cómo lo sabes!

Dio una carcajada acompañada por los saltos de los niños que la acompañaron hasta la cocina mientras Parker se quedaba mirando a la pequeña Emily en sus brazos que dormía plácidamente.

Sam estaba conduciendo cuando sonó su móvil, vio que era su madre y le dio al manos libres.

-¿Sam te has marchado ya?

-Sí, mamá, voy por la carretera.

-¿Y los niños?

-Se los he dejado a Kristina y Parker.

-¡Cómo! -la voz le salió un tanto ofendida.

-Sé que tienes trabajo y ellas podían hacerme el favor. Se los quedan hasta mañana cuando vuelva yo. Tranquila.

-¿Tranquila? ¿Le has dejado mis nietos a Parker? -la pregunta fue subiendo de tono.

-A mi hermana y a Parker, sí -dijo tajantemente.

-Espero que tengas buen viaje.

-Mamá… ¡Oh mierda! ¡A ver cómo se cambia ese resentimiento que tiene hacia Parker! -protestó en voz alta dando un resoplido.

La tarde para la pareja y los tres niños pasó volando. Comieron mientras les contaban cosas del colegio, lo que conseguía arrancar risas continuadas a las dos, después mientras Kristina dejaba a Emily en la cama con protección para que no cayera, pusieron un par de películas. Durante un buen rato pudieron disfrutar de dibujos animados que arrancaron algunas risas en ellas.

-No recuerdo cuando fue la última vez que vi una película de dibujos animados -le susurró Parker.

-Bueno, pues… ves haciéndote a la idea que nos vamos a tener que ir actualizando en ese tema -le dijo reposando la cabeza en su hombro mientras comía palomitas. Graciosamente Parker metió la mano en su cuenco y le robó unas cuantas-. ¡Oye!

-Tienes que ser más lista -le dijo sonriendo.

Tras ver las películas decidieron salir a dar un paseo, fueron con el coche porque como Sam no había llevado el carrito de Emily decidieron ir a un punto, y desde allí dar una vuelta para que los niños les diera un poco el aire. Kristina llevaba una pelota en el maletero algo que sorprendió a Parker que la miraba divertida, fueron a un parque donde los dos chicos se pusieron a jugar al fútbol mientras Kristina tenía a Emily en brazos. Parker disfrutaba de aquella visión y le sacó algunas fotografías con la pequeña con la excusa de enviárselas a Sam. Estaban allí cuando sonó el teléfono de Kristina.

-¿Puedes contestar tú, cariño?

-Es Molly -le dijo mirando la pantalla.

-Seguro se quiere apuntar, ya lo veras -le dijo con un gesto gracioso.

-Hola, Molly soy Parker tú hermana tiene a Emily en los brazos. Sí, claro. Pues estamos en un parque espera… ¿qué parque es, cariño?

-Dile que el del Este.

-El del Este, Molly. De acuerdo, te esperamos aquí. Que en diez minutos está aquí.

-Ves, te lo he dicho -sonrió.

-No sabía que te gustaban tanto los niños.

-Bueno… creo que es de las pocas cosas que no sabes -la miró sonriendo mientras se acercaba lentamente a ella para darle un beso.

-Kristina -le dijo con cautela.

-¿Qué?

-Mejor no…

-¿Por qué? -la miró seria.

-Bueno…

-¿No me irás a decir que ahora vas a negarme besos en la calle? -la miraba con gesto de total sorpresa.

-No, solo que con los niños… -trató de disculparse.

-¿Le das tú el biberón?

-Sí, dame a la peque -le dio a Emily para que la cogiera en sus brazos y un buen beso ante la sonrisa de Parker para que no volviera a decirle que no.

En la cafetería de la esquina, Alexis estaba hablando por teléfono mientras anotaba algunas cosas en su libreta, estaba esperando a una clienta y al colgar, alguien llamó su atención. Era su hija Molly, se puso en pie para ir a salir del loca para llamarla cuando vio como bordeaba un banco y le daba dos besos a Parker y otros dos a…

-¡No me lo puedo creer, tiene a mi nieta en brazos!

Lo dijo en voz alta sin poder resistir un quiebro de dolor en su interior. Le cambió el gesto al ver como Molly se sentaba junto a Parker que seguía teniendo a Emily con ella.

-¡Me ha dicho Sam que estaban con vosotras y quería echaros una mano!

-Pues muchas gracias, Molly. Tu hermana está… bueno pues está allí jugando con ellos al fútbol -lo dijo asombrada al verla porque no se había dado cuenta que se había hecho una coleta y trataba a veces con poco tino de darle a la pelota mientras sus sobrinos no paraban de reírse-. ¡Dios mío está jugando al fútbol!

-Sí, siempre hace alguna sus payasadas, ¡la he visto jugar al fútbol con tacones! -decía riéndose.

-¿Qué tal estás? -le preguntó Parker.

-Bien. ¿Y tú?

-Pues la verdad que pasando una tarde muy amena -le dijo sonriente.

-¡Molly! -le gritó Kristina antes de llegar con una sonrisa que hablaba de felicidad extrema y un poco la respiración agitada.

-¡Tenía ganas de verlos!

-Toma si quieres, Emily se lo ha tomado todo, se parece a su tía -dijo Parker sonriendo mientras guardaba el biberón.

-Muy graciosa, cariño -le dijo sentándose a su lado y cogiéndola de la cintura-. ¡Anda aprovechando que está Molly ven a jugar al fútbol!

-¿Yo? -soltó una carcajada.

-Pues claro, ¿verdad que no te importa, Molly?

-No, no, si yo con Emily soy feliz… ¡y no me pierdo vuestro partido por nada del mundo!

-Cariño nunca he jugado al fútbol -le dijo mirándola con gesto atónito.

-Solo tienes que pegarle patadas al balón, ¡no a mí, eh!

-Mmm eso me gusta más.

Durante un rato las risas entre los dos niños y ellas fue total. Parker no le daba al balón y si le daba era para enviarlo a la otra punta, Kristina reía a carcajadas y ella misma estaba disfrutando de lo lindo. Todo hasta que en una de esas que estaban las dos con la pelota, a Kristina se le ocurrió hacerle cosquillas y quitársela.

-¡Eso es trampa! -le dijo seria poniéndose con los brazos en jarras.

-Bueno… un poquito…

-Eres muy mala -respondió sonriendo de lado.

-Oh oh -le advirtió Kristina perdiéndose en su mirada y en aquella sonrisa que le provocaba.

-¿Oh oh, qué? -le siguió provocando.

-Ahora verás.

No se lo pensó se echó encima de Parker derribándola mientras se subía sobre ella besándola, los chicos aplaudían a su tía por haber derrotado a Parker que se había llenado el pelo de trozos de césped y hojas de los árboles, pero no podía dejar de sonreír, más cuando los niños se abrazaron a Kristina y la veía reír tan feliz. Luego fueron ellos mismos quienes la ayudaron a levantarse porque de la risa no podía ponerse en pie. Después fueron hasta el banco cogidas por la cintura mientras Kristina no cesaba de reír a carcajadas y los chicos las seguían divertidos. Llegaron hasta Molly y las risas continuaron.

-¿Molly quieres venir a casa a cenar?

-Pues… -miró a Kristina un tanto sorprendida por la invitación de Parker-. Bien, no tengo nada que hacer.

-¡Venga pues nos vamos! -exclamó Kristina.

Y todos juntos se dispusieron a ir hasta el coche. En ese momento, Alexis que los vio llegar hacia donde estaba ella, se puso en pie para salir a su encuentro, con un gran cabreo se dirigió hasta la puerta.

-Alexis disculpa el retraso pero había mucho tráfico -la detuvo la clienta cuando estaba a punto de salir y lo hizo preocupada al ver el gesto que llevaba.

-Ah… bueno… tranquila no pasa nada. ¿Vamos? -intentó sonreír sin perder detalle de lo que ocurría fuera.

-Disculpa… ¡y además me he quedado sin batería en el móvil!

Y ahí Alexis ya dejó de escuchar la voz de su clienta, su familia estaba feliz subiendo al coche que en ese momento Parker entraba al interior muy sonriente.

Eran las doce de la noche y lograron que los niños se acostaran, Molly se había marchado al poco tiempo de cenar, y las dos estaban en la habitación hablando bajito para no despertar a los niños con Emily en la cama durmiendo.

-¿Cómo nos acostamos cariño? -preguntó Kristina.

-Ponemos a Emily entre las dos y así está más segura.

-¿Dormir separadas? -la miró seria.

-Kristina… es una noche -respondió con una sonrisa mientras se cambiaba.

-Ha sido un día fabuloso -dijo Kristina.

-Sí.

Mientras Parker se metía en el lavabo, Kristina ideó un plan. Cuando regresó vio que había puesto unas sillas en la cama y la niña estaba en el lado donde normalmente dormía Kristina y ella la estaba esperando sentada.

-No voy a dormir separada de ti -le dijo sonriendo satisfecha.

-Me alegro -le dijo en un susurro mientras se metía en la cama y miraba a la niña dormir.

-Es más buena, ¿verdad?

-Sí.

Se miraron fijamente con una sonrisa en los labios que no podían borrar.

-Hoy he disfrutado muchísimo, no recuerdo cuando fue la última vez que me lo pasé tan bien, y tienes toda la culpa de ello -le dijo Parker mientras le dejaba un beso con una sutileza brutal.

-Me alegro mucho, y espero que Sam regrese como me ha dicho y podamos irnos.

-Bueno, si no podemos este fin de semana el que viene.

-Sí, puedo anular la reserva no hay problema -se acostó dando la espalda a Parker para que la abrazara.

-Pues vamos a descansar -apagó la luz acostándose y abrazando a Kristina como era habitual.

-Espera, Parker -se deshizo de su abrazo y se giró-. Mi beso.

Se besaron con algo más de pasión, se acariciaron con ternura y esa mirada repleta de amor que para ellas era tan importante. Kristina volvió a colocarse en su posición y Parker volvió a pasar la mano por su cintura. Se apretujaron lo máximo que podían y tras un profundo suspiro se fueron quedando dormidas.

Un pequeño quejido de la pequeña Emily despertó a Kristina y Parker.

-Creo que tiene hambre -dijo Kristina frotándose los ojos.

-Ya voy yo, le preparo el biberón.

-Ven aquí cariño… ¿qué te pasa? -le hablaba con cariño Kristina-. Mi peque…

Antes de salir de la habitación, Parker se giró observando aquella Kristina que mostraba una ternura desbordante y que le encantaba. Salió bostezando hasta la cocina, preparó el biberón y al volver encontró a Kristina sentada dormida con la niña también dormida en sus brazos.

-Mi amor -la llamó.

-Mmm…

-Te cojo a Emily, acuéstate anda… yo le doy el biberón.

Le estaba dando el biberón cuando Kristina se apoyó en su brazo sonriendo feliz.

Por la mañana los niños se despertaron y entraron a la habitación con total naturalidad despertándolas, después tras estar todos en la cama un rato, se levantaron para preparar el desayuno. Estaban desayunando todos en la cocina cuando sonó el timbre de la puerta.

-Voy yo, será Sam. ¡Sam! Adelante -le dijo Kristina para abrazarla y darle un beso.

-¡Mamá! -se dirigió hasta ella Danny.

-Sam.

-¿Qué hay Jake? -le besó también, a pesar de ser su hijastro nunca hacía diferencias entre los dos, lo quería muchísimo-. ¿Todo bien?

-Sí, muy bien nos hemos divertido mucho ¿verdad Danny?

Tanto Kristina como Parker los miraban con una sonrisa.

-¿Os han dado mucho trabajo, Parker?

-No, ¡qué va! Si nos lo hemos pasado genial.

-¡Es verdad! ¿Podremos repetir? ¡Esto de tener dos tías es genial! -dijo Danny mirándolas con cariño mientras se abrazaba a Kristina.

-Bueno, bueno… -respondió Sam sonriendo.

-¡Claro que podéis repetir! -exclamó Kristina.

-Ya lo hablaremos, gracias por echarme un cable, debo llevar a Jake con su madre, no nos podemos quedar mucho más tiempo.

-De acuerdo, voy a prepararte el bolso de Emily -le dijo sonriendo Parker.

-¿Todo bien, Sam?

-Sí, Jason ha decidido irse una semana. Anoche estuvimos hablando porque tiene algún problema y necesitaba hablar conmigo.

-Espero que sea lo mejor para los dos, pero sobre todo, lo mejor para ti.

-Yo también lo espero -la abrazó feliz-. ¡Nos vamos chicos!

Las dos bajaron al coche para ayudar a Sam, los despidieron y volvieron a casa. Kristina se mostró encantada de quedarse solas para poder irse.

-¿No le habrás dicho a Sam que nos íbamos, verdad?

-No, Sam es de las tres Davis la más puntual y responsable. Cosa que agradezco para podernos marchar -le dijo sonriendo mientras pasaba las manos por su cintura. Parker no se pudo resistir y comenzó a besarla al principio lentamente y con ternura pero tras un suspiro de Kristina intensificó su beso-. Parker… para o no me voy a resistir y nos tenemos que ir.

-Tienes razón -suspiró con fuerza apoyando su frente en la de Kristina.

-¡Vamos cariño que allí va a ser muy especial, ya lo verás!

-Está bien, solo de ver lo ilusionada que estás ya me muero de ganas por ir.

La besó con una sonrisa y fue a retirar las cosas de la mesa.

-¿Qué haces? -Parker la miró con gesto de sorpresa-. Déjalo todo y nos vamos ya.

-Pero Kris, son cinco minutos.

-No, no, nos vamos ya, coge ropa cómoda… venga, vamos -la arrastró del brazo tirado de ella a la habitación-. Nadie va a venir a nuestra casa, y necesitamos perdernos.

-Está bien, lo que tú digas pero no me gusta dejar así la casa.

-A mí tampoco pero solo es esta vez. Tienes que coger ropa de abrigo.

Y así entre risas y prisas hicieron una pequeña maleta con vaqueros, jersey grueso de lana, ropa interior, guantes, bufanda y zapatillas. Como Kristina le dijo, nada de tacones, ni falda.

Durante el camino Kristina le estuvo contando la historia de su familia, le habló por primera vez de sus otros hermanastros y sus historias, Michael, Dante, Josselyn y Avery, historia que sorprendió a Parker ya que desconocía esa parte de la familia Corinthos y Carly, pero al mismo tiempo, le encantó poder disfrutar de todas las aventuras que había vivido y conocer a esa Kristina diferente, muy familiar. Sin duda, su vida había estado marcada por la dureza pero también por la cercanía y la unidad de su familia, aquello le hizo entender mucho mejor aquel sentimiento que tenía de querer que todos la aceptarán aquel viaje le permitió conocerla más íntimamente.

Llegaron al pueblo y a Parker una enamorada de la naturaleza se mostró encantada con el entorno, estaba disfrutando del paisaje.

-Ya te dije que te gustaría -le afirmó Kristina con una caricia en la mano que llevaba sobre las piernas.

-Es precioso, además, tu compañía lo hace más intenso -se acercó hasta ella dejándole un beso en la mejilla mientras su mano izquierda apretaba su muslo ante la sonrisa feliz de Kristina-. Me encanta.

-Parker que me pierdo -le dijo sonriendo ante su caricia.

-Tengo unas ganas de perdermos -susurró tras un suspiro que parecía contener el deseo.

Llegaron a la entrada del inmenso bosque donde estaban situadas las cabañas. Kristina aparcó y bajaron juntas para entrar a por las llaves en la Recepción. Parker esperó que saliera y la cogió por los hombros para abrazarla contra su costado, hacía un frío considerable que arrancó una carcajada en las dos. Entraron cogidas sonriendo.

-¡Buenos días! -saludaron a la vez.

-Buenos días -respondió la señora que las miró seria.

-Tengo una reserva a nombre de Kristina Corinthos.

-Un momento.

Entonces se miraron sonrientes, Parker le sacó la lengua divertida y Kristina apoyó su cabeza en su brazo. Parker dio una carcajada mientras le acariciaba con ternura la cabeza. Hecho que hizo que la señora de recepción mirara a Parker con total desconsideración.

-Aquí está su llave, firme aquí, por favor.

La mujer volvió a mirar de un modo recriminatorio a Parker quien le aguantó la mirada sin el más mínimo titubeo.

-Gracias -le dijo Kristina con tono molesto y la mirada clavada en aquella mujer.

-¡Vamos, cariño!

Parker tiró de Kristina y al salir le dijo con el ceño arrugado y enfadada.

-¡Será posible! ¡He visto cómo te miraba!

-Cariño no te enfades -apuntó Parker con dulzura.

-¡Cómo que no! No tiene ningún derecho a tratarnos así, a mirarte así.

-Mi amor, no dejes que esto te influya, es algo que nos va a pasar -elevó los hombros con las manos metidas en los bolsillos del anorak-. Para esa señora soy una aprovechada seguro que estaba pensando ¡No te da vergüenza ir con una jovencita que podría ser tu hija! -lo dijo con un tono irritado imitando el gesto de la mujer.

-¡Por eso mismo! -respondió enfadada con el vaho saliendo por su boca.

-No va a ser la primera ni la ultima que actúe así. Y tenemos dos opciones, o dejamos que nos influya y nos estropee el fin de semana, o lo olvidamos y disfrutamos de este lugar y de nosotras -concluyó abrazándola fuerte contra ella.

-Tienes razón, pero me parece injusto y me duele porque me recuerda a la actitud de mi madre.

-Lo sé, pero esto ya sabíamos que iba a pasar, siempre te dije que nuestra diferencia de edad sería un problema. Excepto para tus sobrinos que están encantados y creo que es gracias a Sam.

-¿Sabes qué? Tienes razón, no vamos a arruinar nuestro fin de semana por la intransigencia, prejuicios de esta mujer -le decía mirándola mientras la mantenía abrazada-. Tú lo has dicho el ejemplo son mis sobrinos que te adoran y les encanta tener dos tías sin ningún prejuicio. Y el problema cariño lo tienen ellas. ¡Vamos que hace un frío insoportable!

Subieron al coche y a cinco minutos encontraron la cabaña, era pequeña y estaba rodeada por grandes árboles.

-Lo mejor está detrás -le susurró con una sonrisa divertida al ver como admiraba el lugar-. Vamos.

Al entrar las dos pusieron el mismo gesto al ver la chimenea encendida. El lugar era acogedor, diáfano con una cama muy grande, la cocina que además del hornillo tenía una pequeña nevera y lavavajillas, un sofá que dividía la estancia del comedor con la habitación, y un cuarto de baño donde un gran jacuzzi en el centro y bajo un ventanal en el techo provocó la exclamación de impresión en ambas. Dejaron la maleta en el arcón de madera que había a los pies de la cama y Kristina le cogió la mano con una gran sonrisa acercándola hasta la ventana que estaba en la pared frente a la cama descorriendo las cortinas, ante sus ojos un río que bajaba con fuerza sin dejar de mirarla a ella Kristina le dijo con la voz repleta de amor:

-Cuando vi las fotos, me encantó porque este lugar es como nosotras, encantador y con mucha fuerza.

Lo dijo modulando la voz provocando en Parker un escalofrío que recorrió su espalda, apartó la mirada del río para depositarla en aquella mujer que adoraba, y despertaba en ella la más desenfrenada pasión que había sentido en su vida. Al ver su mirada repleta de felicidad por haberla impresionado no dudó ni un segundo dejándose llevar por el ardiente deseo que había empezado en Port Charles y, que por fin, unas horas después pudieron disfrutar sin prisas demostrándose el amor que sentían la una por la otra.

Lograron detener la pasión para comer. Lejos de su casa, lejos de Port Charles volvían a ser esa pareja libre y feliz que habían creado en su casa de Eugene. No se sentían presionadas, la calma volvía a sus vidas demostrándose ese amor que como aquel río, que había logrado impactar a Kristina, se sentían seguras con su fuerza del amor arrolladora como aquel agua que corría en libertad. Comieron entre caricias, besos y sonrisas. Después decidieron cambiar su rutina saliendo a pasear para aprovechar que aún había luz y el frío bien abrigadas era soportable. Pasearon entre el bosque cogidas de la mano siguiendo las instrucciones de un mapa que tenían en la cabaña. Se hicieron fotos de mil maneras que les provocaron carcajadas que reflejaban la felicidad que vivían en esos momentos, disfrutaron de todo cuanto descubrían juntas. Así hasta llegar a un banco desde donde se podía divisar una pequeña pero preciosa cascada.

-Me encanta este lugar -le dijo Parker.

-Sabía que te iba a gustar -pasó su brazo por el de ella apoyando la cabeza en su hombro.

-¡Qué tranquilidad!

-Ojalá siempre fuera así.

-Bueno, míralo de esta manera, este refugio existe y siempre podemos venir a oxigenarnos.

-Es cierto -sonrió.

-¿Sabes que llevo dos días sorprendiéndome muy gratamente contigo?

-Después de mi comportamiento del otro día… -susurró con cierto pesar.

-Cariño… Eso también forma parte de nuestro día a día ir descubriendo lo bueno y lo malo.

-¿Y qué te ha sorprendido? -preguntó mirándola con ansia por saber.

-La ternura que posees, lejos de esa Kristina con carácter fuerte incluso a veces intimidante.

-¿Yo te he intimidado? -la miró con gesto de total sorpresa.

-Créeme que a veces mucho -respondió abriendo los ojos con gesto divertido.

-No te creo. ¿A ti? -dio una carcajada.

-¿Recuerdas la primera vez que fui a tu casa?

-Sí, ¡cómo olvidarlo! Con lo bien que te trató mi madre en ese momento que te encargó que me cuidaras y todo -le hablaba con una sonrisa divertida.

-¡Es verdad! Lo había olvidado -respondió mientras se pasaba la mano por el pelo con cierta actitud incrédula-. Pues entonces descubrí a la Kristina con esa actitud desafiante que me dejó un tanto tocada, incluso hubo un momento que me intimidaste. Y después, en mi segunda visita recuerdo aquella mezcla de desafío y amor que mostraste, nunca podré olvidar tu sonrisa cuando te dije que yo sentía cosas por ti.

-Me estaba volviendo loca, Parker, te lo juro.

-Lo sé, cariño -le dijo con tono dolido-. ¡Pero lo que más recuerdo es cuando llegaste al campus! Siento tanto el daño que te hice.

-Y yo enviarte al infierno -la miró arrugando la frente.

-Pues esa Kristina desafiante y dura que existe en ti que se ha creado esa coraza alrededor es tan inquietante y maravillosa como la Kristina repleta de ternura que cuida a sus sobrinos, los quiere y les consiente. Me has sorprendido, no porque no sepa que puedes ser así que sé perfectamente el amor que existe en ti. Pero sí me ha llamado la atención esas dos mujeres que hay en ti, tu fuerza pero al mismo tiempo tu ternura me enloquece.

-Ahora que hablamos de esto, y en este lugar tan maravilloso que te parece si nos planteamos en serio ser madres -lo dijo con una cálida sonrisa.

-No sé si ha sido por tener a los peques o por como te he visto a ti, pero la verdad, te confieso que algo se ha despertado en mí, algo que tenía muy olvidado.

-¿De verdad? -le preguntó feliz.

-Sí, me encantaría tener un hijo contigo pero…

-¡No! -exclamó cambiando el gesto de felicidad por seriedad.

-Kristina hay que pensar muy bien las cosas, un hijo no es una tarea fácil conlleva mucha responsabilidad. Al menos, hasta que tenga claro que va a pasar con mi carrera. ¿No te parece?

-Sí, claro, tienes razón como siempre… -elevó los hombros aunque con cierto gesto de desilusión.

-No siempre tengo razón, pero hay que pensar muy bien lo que queremos, y sí quiero tener hijos contigo.

-Y yo contigo me hace muchísima ilusión cuando te vi ayer con Emily te juro que me emocioné. ¿Recuerdas cuándo estuvimos juntas por primera vez? -Parker asintió sin saber muy bien qué tenía que ver una cosa con otra-. ¿Te acuerdas que te dije mil veces que había sido una noche para mí reveladora? ¿Que además de ser la más maravillosa fue también la más intensa en descubrirme? A pesar de que tú seguías pensando que te habías aprovechado de mí.

-Sí, me acuerdo. Supongo que mis inseguridades como las tuyas del otro día se apoderaron de mí en aquel mometo.

-Exacto, porque yo te decía la verdad, lo que sentí fue tan mágico y estaba tan segura de que era lo que quería, pues ahora, te digo lo mismo, siento que quiero formar contigo una familia. Eres el amor de mi vida y me gustaría poder tener una familia propia siempre lo quise, y al igual que entonces te digo que estoy segura de que quiero tener hijos contigo. Porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Parker la miraba emocionada sabía que hablaba de corazón y una de las cosas que más le gustaban de Kristina era la manera que tenía de expresar sus sentimientos, la firmeza en las palabras pero sobre todo, en su mirada. No pudo más que entregarse al beso que en ese momento le estaba entregando Kristina.

-Es difícil no caer rendida ante ti -le susurró mientras le apretaba las manos sobre su pecho.

-Yo hace mucho que ya no me planteo eso, me rendí al conocerte -respondió Kristina volviéndola a besar.

-Pero aún teniendo ganas las dos lo dejaremos hacia un poco más adelante.

-De acuerdo, pero en cuanto sepamos que va a pasar después de estos tres meses -insistió Kristina que realmente se mostraba encantada con la idea de ser madre.

-Está bien. Me comprometo a ello.

-¡Yo también! ¿Y quién lo tiene? -le preguntó sonriendo-. Yo voto porque si quieres tú el primero y yo el segundo, y luego a ver si tenemos opción a tener más.

-¡Pero qué quieres una familia numerosa! -le decía divertida.

-Vengo de ello ya lo sabes -dio una carcajada por su cara.

-Veo que lo tienes todo muy pensando.

-Sí, el año que pasamos separadas me dio mucho de sí para planear nuestra vida.

-¡Eres tremenda! Y me vuelves loca. Creo que por pura lógica debería tener yo el primero y no sé si…

-¡Tú el primero! -la cortó de cuajo-. ¿Te das cuenta? ¡Vamos a formar la familia Forsyth Corinthos!

-¡Suena maravilloso!

La ilusión de ambas se reflejaba en sus rostros y en los ojos brillantes por la emoción. Se levantaron abrazándose con total fuerza mientras reían divertidas. En aquel banco habían puesto la primera piedra para formar su familia, al menos, lo hicieron con la esperanza de que pudiera ser así.

Mientras ajena a la felicidad y el planteamiento de futuro que acababa de hacer la pareja, Alexis estaba en su casa sentada en el sofá con una copa de vino. Al llegar Molly y verla en esas circunstancias se preocupó.

-Hola mamá.

-Hola.

-¿Qué te pasa? ¿Qué haces con la copa de vino? -la miró mostrando esa preocupación real.

-Tranquila sé lo que hago, pero hay cosas que si no son con algo de alcohol no se pueden superar.

-¿Qué ha pasado esta vez con Julián? -se sentó a su lado después de darle un beso.

-¿Por qué siempre tiene que ser Julián quien levante la primera sospecha de mis problemas? -Molly la miró enarcando una ceja-. No, Molly, Julián no ha hecho nada esta vez.

-¿Y entonces?

-Entonces me parte el alma que mis hijas y mis nietos compartan una tarde con alguien que está destrozando mi familia poco a poco.

-¿Cómo sabes eso? -le preguntó con gesto molesto por sus palabras.

-Porque os vi, desgraciadamente, que mi hija y ésa estén en el mismo lugar que yo me lleva a coincidir más de lo que deseo con ellas.

-¡Mamá! -la riñó abiertamente.

-Ya vi que te llevas muy bien con ella -dio un trago a la copa.

-Eres injusta, muy injusta. Yo pensaba que Parker era de una manera pero al conocerla me doy cuenta que no tiene nada que ver, le di una oportunidad y me lo ha demostrado.

-Cuidado con las oportunidades que le das, no vaya a cansarse de tu hermana y tenga que preocuparme por ti también.

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