PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 69

Había pasado la semana con más tranquilidad de lo que ninguna podía imaginar. Parker y Kristina habían hecho progresos con Ilsa parecía que con cada día que pasaba su miedo iba desapareciendo hasta que llegó a un punto en el que estaba tan confiada, que mostraba con grandes gestos el amor que sentía por ellas. Disfrutaban de paseos las tres juntas por el parque, también con sus rutinas diarias, pero sobre todo, no volvieron a nombrar a Alexis gesto que les sirvió para tratar de centrarse únicamente en ellas. Algo que también hizo Molly con Parker, evitando tomar cualquier café en la universidad, cambiándolo por alguna comida o cena en casa de la pareja. Ella seguía viendo la felicidad con la que convivían y seguía sintiendo esa espina clavada con su madre por su reacción, desde la discusión no había vuelto a hablar con ella. También Sam había hablado con Kristina decidiendo ambas que dejarían a un lado por un tiempo el tema de su madre.

Por su parte, Alexis había estado lo más alejada que pudo de su familia, desde la charla no había vuelto a hablar con nadie. Durante la semana trató de centrase en el trabajo aunque no conseguía rebajar su histeria y eso afectaba a su relación con los demás. Aquel día, su mejor amiga y compañera decidió echarle una mano.

-Alexis creo que te hace falta hablar, he reservado mesa en un restaurante apartado de aquí ¿te apetece que comamos juntas?

-De acuerdo, creo que me hará bien sí -sonrió forzada.

-Venga… vamos.

Entraron en un restaurante que habían inaugurado aquella misma semana, era vegetariano y buscaron una mesa apartada cerca de la ventana donde poder charlar tranquilamente. Pidieron ensalada, verduras y un buen vino, estaban tratando de relajarse cuando de repente Alexis vio como Parker y Kristina se detenían en el escaparate que había justo al lado del restaurante.

-Esto es insoportable -murmuró Alexis.

-¿Qué te pasa?

-Mi hija y su novia son una pesadilla para mí.

-Tranquila -le dijo sonriendo mientras las observaba como Parker en un gesto muy suyo le acariciaba la espalda a Kristina que parecía encantada-. Se les ve bien.

-¿Tú ves bien esa pareja? -la miró intensamente.

-A ver, hay una diferencia de edad, pero las veo bien.

En ese instante Alexis se percató que Kristina llevaba una correa y alcanzó a ver un perro. Soltó un pequeño grito que llamó la atención de su amiga.

-Se les ve muy congeniadas -le susurró Jordan-. No entiendo por qué te pones así.

-No reconozco a mi hija.

-Claro, eso es porque está mucho mejor -le dijo mirándola fijamente-. Que a ti te caiga como una patada en el hígado su novia, no quiere decir que ella no sea feliz. Por cierto, tu hija tiene muy buen ojo, Parker se ve una mujer muy interesante lo digo sabiendo que puedes clavarme el cuchillo en cualquier momento -le dijo con tono de advertencia.

-La odio -su tono fue fiel reflejo de su sentimiento.

-Lo sé. ¿Y qué tal se lleva odiar a tu nuera?

-¡Oh por Dios no la llames así! Solo de oírlo se me revuelven las tripas.

-¿Y cómo quieres que la llame? -en ese momento Kristina soltó una carcajada mientras apoyaba la cabeza sobe el hombro de Parker que reía divertida-. No te das cuenta que la única que pierde eres tú. Esa mujer está con tu hija mientras tú la odias, te tiene apartada de ella no puedes juzgar demasiado si es o no feliz porque tu odio te impide contrastarlo, y la única que sigue sin su hija eres tú, mientras ella puede influir en tu contra porque se lo estás poniendo terriblemente fácil. Quizás una tregua en ese odio te iría bien a ti y a todos los que debemos aguantarte.

Entonces desvió la mirada a través del cristal y allí estaba Parker mirando a Kristina con una mirada tan cálida que hasta a Alexis llamó su atención, pero todo se esfumó en el momento en que Parker besó a su hija sin ningún reparo, aquel beso que fue más intenso de lo que podía desear Alexis, volvió a generar en ella aquel sentimiento de dominio de Parker sobre una Kristina que seguía cogida a su brazo con determinación, y un gesto de total entrega hacia aquella mujer. Las vio marcharse a las dos cogidas del brazo junto a aquel perro que suponía Parker le habría comprado a Kristina para darle el capricho que ella nunca le permitió. Suspiró con una tristeza profunda porque se daba cuenta que Jordan tenía razón, el odio lo sentía ella y el alejamiento de su hija también. Mientras tanto, Parker iba dominando su vida de igual manera que había visto dominarla en aquel beso que le produjo tanto dolor.

Sin embargo, ni Kristina ni Parker se habían percatado de su presencia, iban caminando riendo hasta llegar al coche. Kristina metió a Ilsa en el asiento de detrás con su cinturón de seguridad mientras Parker se había apoyado en el coche esperando que terminara.

-¡Ya está! -se iba hacia el asiento del piloto cuando Parker la detuvo con su sonrisa enigmática-. ¿Qué?

-Conduzco yo, cariño.

-De acuerdo.

Entraron en el coche. Parker había aprendido bastante rápido a manejarse por la ciudad, pero Kristina se dio cuenta que se había equivocado al tomar la dirección hacia casa.

-Cariño… no es por nada pero te has equivocado.

-Lo sé -contestó divertida.

-¿Lo sabes? -la miró y ante aquel gesto que mantenía Parker le dijo-. Un momento… ¿qué pasa aquí? Normalmente conduzco yo, y estoy segura que algo me escondes.

-Bueno, la semana pasada me sorprendiste tú, ésta voy a ver si lo logro yo.

-¿Ah sí?

-Sí, mi amor. Sabes que estoy muy agradecida por todo lo que haces por mí, creo que es justo que yo haga algo por esta mujer maravillosa que tengo a mi lado.

-Mira que me pongo tonta -le dijo sonriendo divertida, ¡cuánto la amaba!

-Déjate llevar.

Al salir del restaurante, Alexis despidió a Jordan, le había prometido que pensaría sus palabras y en caso de seguir con su actitud hacia su hija y nuera, se comprometió a que nadie del entorno del despacho saliera perjudicado por su mal humor. Iba caminando hacia el coche cuando recordó algo. Volvió sobre sus pasos hasta pararse frente al escaparte donde la pareja se había mostrado encantada, y hasta demasiado efusiva para su gusto. Al llegar se quedó perpleja.

-¿No estarán pensando tener un hijo? -se preguntó en voz alta totalmente fuera de sí
aquello era inimaginable para ella.

No podía creerlo y con rapidez se fue hasta el despacho de Sonny aunque en aquella ocasión no estaba solo junto a él Carly hablando sobre una reunión familiar, entró con el gesto de loca que la representaba cada vez que ocurría algo con la pareja. Él la miró y exhaló un profundo suspiro.

-¿Tú sabes algo de que Kristina quiera tener un hijo?

-¡Qué dices! -respondió él con gesto de impacto.

-Sonny, te advierto que eso sí que sería una locura -le dijo con los ojos abiertos como platos.

-¿Por qué? Quizá quien lo quiera tener sea Parker -ante la mirada de Alexis, Carly apuntó-. Sé que no debo inmiscuirme pero…

-¡Exacto no debes es nuestra hija! -le cortó rápida Alexis

-Carly, por favor -le dijo Sonny con gesto cansado.

-Está bien, solo espero que algún día los dos os deis cuenta de que como padres estáis siendo nefastos.

-¡Cómo se atreve a decirme algo así! -le dijo Alexis enfadada.

-Alexis ¿cómo hemos quedado tú y yo? Ibas a hacer un esfuerzo.

-Y lo estoy haciendo, estoy tratando de serenarme para poder hablar con Kristina.

-Bien -dijo respirando fuerte.

-Pero cuando he visto como miraban en la tienda de bebés ¡hasta le ha comprado un perro a Kristina!

-Mirar una tienda de bebés, ¡por favor, Alexis eso no significa que vayan a tener un hijo! -le dijo él un poco cansado de su actitud.

-Espero que sea así, porque me veo a Kristina embarazada teniendo un hijo y abandonada.

-¡Me hartas, Alexis! Se quieren déjalo ya ¡por favor! Se quieren aunque nos pese a ti y a mí.

-Ya veo que te dejas influir por el romanticismo de Carly, pues te aviso Sonny si Kristina se queda embarazada será una catástrofe ¡solo espero que a a mayor brevedad posible se cruce en su camino un hombre que la haga reaccionar! ¡Solo eso!

Salió de allí como alma que lleva el diablo, con gesto ofuscado. Mientras Carly se acercó a Sonny mirándolo incrédula

-¿Está loca?

-No me hace gracia que tengan un hijo, Carly.

-¿Por qué no? Se aman ¡tú mismo lo has visto! Dejadlas en paz son felices y si quieren tener un hijo ¡adelante! Ahora, Alexis me preocupa te aseguro que es capaz de no parar hasta separarlas. No entiendo que manera de dar vueltas a lo mismo. Espero que ambas sean inteligentes y si tienen oportunidad se vuelvan a Oregon porque aquí no las vais a dejar vivir.

Sonny se quedó pensativo, él no había hecho mucho por acercarse a ellas reconocía que le costaba bastante y sabía que Kristina se había percatado. Pero la actitud de Alexis distaba mucho más de lo normal y le daba miedo aunque la pareja parecía que seguía inmune a todo.

Parker llegó al aeropuerto con una sonrisa, aparcó en el parking e hizo bajar a Kristina que la miraba sonriente.

-¡Pero Úrsula no venía el jueves!

-Sí -respondió con una sonrisa divertida.

-¿Entonces?

-Acompáñame, vamos que nos están esperando.

Kristina no podía dejar de sonreír ante el gesto de felicidad de Parker, le encantaba verla tan radiante. Llevaba a la perra y se notaba que estaba buscando a alguien, porque al salir del coche la había visto mirar su móvil. No le hizo falta esperar mucho más porque allí en medio de la salida se encontraba una mujer elegante con una amplia sonrisa.

-¡Señora Davis!

La escena fue para grabarla, y Parker se lamentó de no haberlo hecho porque aquella mujer dura al ver a Kristina se había emocionado, le estaba llenando la cara de besos y un abrazo largo que la tenía retenida entre sus brazos.

-¡Mi querida Kristina! -le decía emocionada.

-¡Qué alegría verla aquí! -sonreía ampliamente.

-¡Mi adorada Parker! -dejó a un lado a Kristina que sonrió feliz.

-Muchas gracias por venir, señora Davis -le susurró mientras se abrazaban.

-¡Y esta belleza quién es!

-Se llama Ilsa.

-¡Oh no me lo puedo creer! Como mi adorada Ingrid Berman en Casablanca.

Y así salieron las tres del aeropuerto, Kristina se encargó de coger la pequeña maleta de la señora Davis y llevarla hasta el coche. No paraba de repetir lo feliz que estaba por encontrarse con ellas. El camino hasta casa lo hizo acariciando a Ilsa que se había rendido patas arriba para recibir mimos, además de contarles las novedades en Eugene y asegurarles que había encontrado un jardinero que aunque era viejo y le costaba acabar la jornada, les estaba cuidando el jardín de manera voluntaria. Llegaron a casa y la mujer no pudo resistirse.

-Es bonita, no está mal, pero nada comparado a la preciosidad de casa que habéis montado en Eugene.

-Tiene razón, señora Davis, yo la extraño muchísimo -apuntó Kristina sorprendiendo a Parker.

-Yo os extraño a vosotras.

-Bueno, la comida ya está nada más tengo que calentarla y podemos comer, ¡estará usted hambrienta!
-Más que hambrienta algo cansada porque aunque me gusta madrugar ¡debería estar prohibido volar a esas horas!

-Siéntese y descanse mientras pongo la mesa -le dijo Kristina.

-Ah no, yo ayudo y estiro las piernas.

La señora Davis efectivamente les echó un cable para poner la mesa. Mientras comían hablaron de la universidad de Port Charles, de lo mucho que echaban de menos la playa, y de algunos vecinos de Eugene que las echaban de menos a ellas. Parker estaba preparando el café cuando la señora Davis le preguntó a Kristina que se había recogido el pelo en una coleta.

-¿Cómo ha quedado la cosa con tu histérica madre? -la miró fijamente.

-Mal, señora Davis. No hay manera que acepte a Parker pero ya le dije que mientras no lo hiciera ella y yo no teníamos nada de que hablar.

-Además de histérica es intolerante y estúpida, lo tiene todo la pobre. Has hecho bien.

-Me duele su actitud porque Parker no se lo merece pero no voy a permitir que nos haga daño.

-¡Así me gusta! Ya ha vuelto la Kristina valiente -le sonrió.

-Por nada del mundo perdería a Parker.

-Tú sí eres inteligente, no como la loca que tienes por madre.

-Aquí está el café con unas pastas que están de muerte.

-Oye guapa, que tú sales a correr y quemas grasa por la noche, pero yo no y me voy a poner como una foca -le dijo muy seria ante la carcajada de Kristina.

-Esto no engorda, señora Davis -le guiñó el ojo Parker.

-Si es que es adorable, te está mintiendo como posesa pero lo dice con esa carita que te lo crees y serías capaz de comerte la bandeja entera -dijo sonriendo lo que provocó una gran carcajada en Parker.

-¡Si es que todos caen rendidos a tus pies! Pobre de mí que nadie me valora.

-No diga eso, cariño, por mi parte no tengo nadie salvo Úrsula y te adora.

-Es verdad -sonrió divertida-. ¿Y qué tal la ferretería?

-Bueno, sin ti es una porquería, he contratado a una chica pensando en cuando te la quedes, nada de hombres, es buena gente, trabajadora, algo lenta para aprender pero me gusta, tiene esas ganas de trabajar que hacen que tu negocio funcione.

-¿Y no me echa de menos? -le preguntó antes de darle un bocado a la pasta.

-Mucho, hija es que con el dramón de vida que tienes da para muchos almuerzos, encontrar a alguien de tu talla es complicado.

-¡Qué mala es! -le dio riéndose.

-Bueno, pues Kristina y yo tenemos una noticia que darle.

-¡Cuenta! -les dijo sonriendo al ver como Parker cogía de la mano a Kristina.

-Hemos decidido que más hacia delante tendremos un hijo.

-¡De verdad! Eso es maravilloso.

-Bueno yo quiero familia numerosa -agregó Kristina.

-Pobre Parker porque esta mujer lo que quiere lo consigue -Parker sonrió-. ¿Y quién tendrá el primero?

-Por lógica yo -dijo Parker aunque algo en ella mostró cierta duda.

-¡Pues de ése soy yo la madrina que será el mas guapo o la más guapa!

-¡Pero será posible! -protestó Kristina.

-Me alegro mucho de que penséis tener hijos.

Por la noche, tras cenar y brindar con vino por la noticia, la señora Davis decidió retirarse a dormir pronto porque estaba cansada.

-¡Bueno chicas podéis tener todo el sexo que queráis que estoy sorda y rendida! No me vais a molestar no os cortéis porque esté yo aquí.

Las dos se miraron sonriendo. Al poco tiempo ellas también decidieron irse a dormir, Kristina esperaba sentada a que Parker volviera del cuarto de baño. Cuando lo hizo le sonrió, le encantaba la manera en la que se ponía crema en las manos, siempre le provocaba una sonrisa que al final acababa por arrancar otra a Parker.

-Cariño gracias por esta sorpresa, tenía muchas ganas de verla.

-Lo sé. Me alegro que te haya hecho ilusión.

-No te voy a decir que eres maravillosa porque con todo lo que te ha piropeado la señora Davis creo que por hoy vas bien servida.

-¡Por favor! No seas injusta, sus piropos no tienen nada que ver con los tuyos -le dijo mirándola de manera provocativa.

-¿Crees que nos oirá?

-Ha dicho que no y la he oído roncar.

Aquella frase sirvió para como si estuvieran a punto de hacer una maldad meterse bajo las sabanas tapándose hasta cabeza y besándose muertas de risa.

Durante los dos días posteriores, la pareja disfrutó de la compañía de la mujer y el domingo invitaron a la hora de comer a Sam, Molly y los niños. La señora Davis cayó fenomenal a las dos hermanas que rieron de buena gana con ella contando las anécdotas más divertidas que había vivido con Kristina, hasta les contó cuando las pilló en la parte de atrás del almacén, lo que arrancó un gran alboroto en las hermanas que hicieron reír divertidas a Parker y Kristina. Después de la comida, la señora Davis debía volver a Eugene, Kristina la acompañó hasta la habitación para ayudarle y, además, porque querían hablar un rato solas.

-Kristina, estoy muy feliz de veros así, no solo a vosotras que eso ya sé que será así, pero tus hermanas parece que se llevan muy bien con Parker hasta tu sobrino. Y eso me alegra.

-Sí, la verdad que tengo mucha suerte.

-Déjame decirte una cosa. Tú tienes suerte, pero quien realmente la tiene es Parker, eres una jovencita sí, es cierto, pero eres una mujer que ama profundamente a la suya, tienes un gran corazón y ese amor que hay en él logrará que seáis felices. Me voy muy contenta y tranquila.

-¿No confiaba en mí?

-No, pensé que volver aquí sería un problema serio para ti, cuando me llamaste tan asustada me di cuenta que no ibais a superarlo, pero basta ver como miras a Parker para darse cuenta de que ha tenido suerte encontrándote, no cambies, cariño. Porque lo peor lo habéis superado y el día que tu madre se dé la oportunidad de conoceros realmente, ese día, aceptará a Parker.

-Ojalá.

-Ya verás como sí, ¡estáis hechas la una para la otra! -dijo abrazándola-. Me emociona ver tu fuerza.

-Gracias, señora Davis, aunque la que es afortunada soy yo, no me imagino la vida sin ella.

-Te echo de menos, pero al menos, me voy tranquila.

La despedida volvió a ser complicada, aunque esta vez fueron ellas las que le dijeron que al mes siguiente había cuatro días de fiesta y habían pensado ir a Eugene. Aquello alegró a la mujer que quería a esa pareja de un modo muy especial.

Eran cerca de las cuatro de la mañana, cuando a Kristina algo la hizo despertarse, puso atención y encendió la luz.

-¡¡¡Parker!!!

Anuncios

2 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 69

  1. Bueno… Alexis ha cobrado un protagonismo de repente ¿verdad? Algo hay de eso, sí.
    Un abrazo enorme. Y mil gracias.

  2. ” entró con el gesto de loca que la representaba cada vez que ocurría algo con la pareja.” jajaja esto estuvo genial. Estos dos (02) últimos capítulos parecieran que son de transición hacia otra etapa en la historia, ansiosa por ver que nos depara no el destino, sino mi muy estimada escritora.
    Saludos y Abrazos

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s