PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 70

Se incorporó en la cama y se percató que Parker temblaba y sudaba. Además, decía cosas sin sentido, entonces se percató que estaba delirando.

-Parker, Parker. ¡Dios mío estás ardiendo! -dijo al tocarla.

-Kristina…

-Voy a ponerte una toalla mojada en la frente -decía nerviosa.

-Kristina… Kristina…

-Espera cariño ahora vuelvo.

Mientras llenaba un recipiente con agua y buscaba toallas para ponerle en la frente y las muñecas, miró en Internet que debía hacer en caso de fiebre alta, no tenía termómetro pero por como estaba, debía de tener muchísima fiebre.

-Ya estoy aquí, voy a ponerte una toalla, está un poco fría.

-En mi bolsa hay unas pastillas -le dijo tiritando.

-Vale.

-No te vayas.

-No, cariño. No me voy.

-No te vayas nunca.

Kristina la miró con pena mientras tal y como había leído en Internet le quitaba la manta y la sábana, dejándola solo con el pantalón y la camiseta de tirantes que llevaba. Después fue hasta el cuarto de baño y buscó en su neceser, allí habían tres cajas en una de ellas escrito a mano ponía “fiebre Parker” la letra no era la suya, así que dedujo que era de Amanda. No quiso pensar en nada que no fuera aliviar la fiebre en Parker. Fue hasta la cocina para llevarle un vaso de agua y le dio la pastilla.

-Ya está, ahora cierra los ojos estoy aquí a tu lado.

-Descansa se me pasará -le dijo temblando.

-No, no, estoy aquí -la miraba con un gesto serio de preocupación.

Durante el resto de la noche hasta llegar la mañana, Kristina estuvo cuidándola cambiándole los paños de la frente y las muñecas, secándole el sudor, no dejó ni un segundo de estar pendiente de ella, cuando notó que iba descendiendo el calor en su cuerpo la tapó. En el momento en que Parker abrió los ojos vio que allí estaba Kristina mirándola con una sonrisa en los labios.

Mientras, en el campus, Molly terminaba de llegar iba por el pasillo para su clase cuando a lo lejos le pareció ver la figura de su madre. Se precipitó hasta ella.

-¿Mamá?

-¡Molly! -le dijo sobresaltada.

-¿Qué haces aquí? -la miró con sorpresa.

-Venía buscándote, hace días que no sé nada de ti.

-¿Me buscabas yendo hacia el despacho de Parker?

-Ah, no tenía ni idea que estuviera por aquí. ¿Cómo estás?

-Bien -respondió algo aturdida por su presencia.

-¿Podemos tomar un café o tienes clase?

-Podemos tomarlo, sí.

Fueron hasta la cafetería del campus y Alexis procuró sentarse en una mesa donde pudiera controlar si veía pasar a Parker. Mientras, Molly fue a coger los cafés. Le extrañaba la visita y no estaba muy segura de que le hubiera dicho la verdad, así que se sentó y trató de averiguar qué era realmente lo que la había llevado hasta allí.

Parker se había arropado entre las sábanas y el cuerpo de Kristina. Se encontraba como si le hubiera dado una paliza y no pudiera mover mucho más su cuerpo.

-¿Cómo estás? -le preguntó Kristina mientras le tocaba la frente.

-Muerta.

-No seas mentirosa que hablas -le dijo sonriendo.

-¿Qué hora es?

-Las doce.

-¡Qué! -trató de levantarse.

-¿Dónde crees que vas? -la detuvo seria.

-A clase.

-He hablado con el decano, le he dicho que estás enferma y hoy no podías ir. ¡Pretendes ir a trabajar después de la noche que has pasado! -Parker la miró fijamente aún con los ojos vidriosos-. Y después del susto que me has dado, no Parker, vas a quedarte en casa bien arropada y si mañana no estás mejor no irás a trabajar.

-¡Como tú digas! -le dijo mirándola con una sonrisa-. No pienso discutir eso.

-Muy bien, así me gusta. He preparado un caldo con todo lo que necesitas, le he preguntado a mi hermana Sam, y me ha dado la receta para recuperarse de una fiebre alta -le dijo satisfecha.

-¡Eres la mejor! ¿Lo sabías?

-Sí, lo sé -le besó la frente-. No te muevas de aquí hasta que vuelva con el caldo. Ilsa que no se mueva de la cama.

-¡Eres un poco mandona, no crees! -le dijo Parker con todo el amor que sentía reflejado en sus ojos.

Durante todo el día, Parker se dejó mimar, cuidar y consentir. Tras tomarse el caldo se dio una ducha y cambiaron las sábanas, Kristina la obligó a acostarse hasta la hora de comer. Y por la tarde se sentó en el sofá, estaban juntas tapadas con la manta cuando Kristina quedó rendida al sueño sobre su hombro, Parker sonrió porque sabía que había pasado toda la noche despierta cuidándola. Entonces recordó la primera vez que le pasó lo mismo estando con Amanda, ella fue quien le dio las pastillas que se tomaba, pero en ningún momento la cuidó con el amor y dedicación que hizo Kristina. Le dejó un suave beso en la cabeza acompañado por un suspiro feliz. ¡Ojalá la convivencia no acabara estropeando aquellos momentos maravillosos! Era lo único que pedía.

Llegó la noche y tras una cena ligera, decidieron acostarse, mientras Parker la abrazaba le dijo.

-Gracias por cuidarme, Kris. Nadie lo había hecho nunca cómo lo has hecho tú.

-Pues yo lo haré siempre que lo necesites -se había girado para decírselo mientras le acariciaba la cara-. Y ahora trata de descansar, mañana no deberías ir a la universidad.

-Cariño… suelo tener de vez en cuando estos episodios de fiebre y después se me pasa. No te preocupes.

-Bueno, ya he comprado un termómetro que no teníamos -hizo un gesto divertido.

-Eres una excelente ama de casa -le dio un beso.

-¿Y enfermera? -le dijo sonriendo.

-También.

-¿Y amante?

-Eso lo mejor.

Se abrazaron felices mientras se deseaban buenas noches sonriendo.

A la mañana siguiente, cuando Parker se reincorporó a las clases, fue hasta el despacho del decano para explicarle lo que había ocurrido, pero ante su sorpresa, el hombre había quedado muy satisfecho con la explicación de Kristina. Ella quedó en recuperar la clase en otro momento y aquello dejó más satisfecho todavía al decano Paulson que se daba cuenta que aquella pareja que un día arrinconó y juzgó, parecía ir en serio.

Estaba en su despacho buscando un libro para la clase cuando escuchó como la puerta se abría, no se giró porque no era hora de atención de alumnos.

-Lo siento hasta las diez no puedo aten… -al girarse se quedó de piedra-. ¡Señora Davis!

En su casa, Kristina estaba rodeada de libros, libretas y el ordenador estaba estudiando con gesto concienzudo. Había decidido hacer el primer examen aunque era pronto pero necesitaba adelantar plazos en sus estudios, estaba rellenando la solicitud cuando llamaron al timbre. Al abrir vio a Molly allí con gesto preocupado.

-¡Molly, pasa! Estaba a punto de rellenar la solicitud de examen. ¿Te apetece tomar algo? -le preguntó con una sonrisa al ver como le daba mimos a Ilsa.

-Un té estaría bien que tengo frío.

-Claro, veniros a la cocina las dos.

-¿Qué tal está Parker? -preguntó con preocupación sincera.

-Bien, ya se fue a la universidad ¿no la has visto?

-No, hoy no tengo clase hasta las doce, y quería verte.

-¿Pasa algo? -se detuvo al ir a ponerle el té mirándola fijamente con gesto preocupado.

-Ojalá me equivoque, la verdad.

-¿Qué ha hecho mamá? -preguntó cerrado los ojos.

-Ayer la encontré en los pasillos de la universidad.

-¡Cómo! -la miró perpleja dejando la tetera sobre la mesa.

-Sí, iba hacia el despacho de Parker, cuando se lo dije me respondió con evasivas de que no sabía cuál era su despacho, pero yo creo que iba directa a él.

-¿Para qué?

-No lo sé, a mí después no me dijo nada, ni siquiera la nombró -Kristina puso gesto preocupado-. No sé, Kristina igual me estoy equivocando pero venía para avisarla.

-Espero que ni se le ocurra acercarse para decirle nada.

-Me gustaría pensar que igual ha recapacitado y quiere hablar con ella para hacer las paces.

-¿Tú crees? -la miró con la arruga vertical de su frente bien marcada.

-No -respondió seria.

-Voy a la universidad -dijo nerviosa.

-No, Kristina tú no puedes ir.

-Tengo que poner sobre aviso a Parker.

-No he venido para ponerte nerviosa, quizá debí callarme igual realmente fue a verme a mí.

-No, no, te agradezco que me hayas avisado oye, ¿puedes hacerme un favor? Puedes ir ya a la universidad, Parker debe estar en clase y no quiero enviarle un mensaje para ponerla también a ella nerviosa. ¡Esto no va a terminar nunca! -protestó enfadada.

-A ver, Kristina igual yo me estoy precipitando. No hablamos de ti pero quería asegurarse que yo no estaba enfadada con ella por lo que dijo.

-No me fío de mamá. No me fío.

-¡Está bien! Me voy… hablo con Parker ¿pero qué podemos hacer si mamá quiere hablar con ella?

-¡No lo sé! -su gesto demostraba la tensión que estaba sufriendo.

-Me voy, te digo algo en cuanto vea a Parker ¿hasta qué hora tiene clase?

-Hoy hasta las dos, después iré a recogerla.

Cuando se quedó sola se pasó la mano por la frente ¿qué querría su madre? ¿Para qué iba a hablar con Parker si ya había quedado claro que no se iba a acercar? Resopló preocupada y maldijo fuertemente volver a Port Charles.

En el despacho, mientras tanto, la mirada fiera de Alexis le dio a entender a Parker que no iba en son de paz. Más bien lo contrario. Dejó sobre la mesa el libro que tenía entre las manos y tragó saliva. Parecía un duelo, ambas desafiantes sin ceder en sus miradas.

-¿Qué quiere, Alexis?

-¿Qué pretendes tú, Parker?

-Lo siento pero estoy en mi trabajo, y hace un tiempo le dije que a la única persona que debo dar explicaciones es a Kristina -mirándola fijamente.

-¿Pretendes acaso que se quede embarazada? -el gesto de sorpresa de Parker fue apoteósico, ante su mirada que mostraba la malignidad de una arpía.

-Si así fuera a usted no le debería importar.

-Soy su madre -dijo con rotundidad con la cólera marcada en su mirada.

-Poco lo ha demostrado dándole la espalda, no creo que le importe mucho lo que vayamos a hacer. Y ahora si es tan amable de marcharse -le dijo pasando por su lado.

-Si te acercas a Molly no tendré ningún miramiento contigo -le dijo cerca de ella.

-¡Fuera! -abrió la puerta y se lo indicó con rabia-. ¡Fuera de aquí!

-Si lo hiciste una vez…

Entonces Parker cerró la puerta y lejos de amilanarse ante aquella mirada y sus palabras le habló con seriedad y firmeza.

-Voy a darle un consejo, podría ir a pedir ayuda para aceptar y canalizar ese odio y esa rabia que tiene contra mí que le hace parecer un ser irracional. A usted se le llena la boca con la palabra madre, pero una madre de verdad es la que demuestra amor y respeto por sus hijos, la que acepta y apoya sus decisiones y, en caso de no compartirlas, está a su lado para aconsejar de una manera sana, no la que es capaz de enfrentar a dos hermanas con tal de desprestigiarme a mí, porque eso tiene otro nombre y no es precisamente el de madre. Y ahora por favor -abrió la puerta y le dijo seria-. Fuera.

-¿Quién te crees que eres para hablarme así?

-Váyase no me haga llamar a seguridad, por favor.

-Un día… un día se te va a terminar el chollo que tienes con mi hija… ¡y ese día estaré ahí para ajustar cuentas!

-Váyase.

Al cerrar la puerta, suspiró con rabia no podía entenderla. Entonces se quedó pensativa porque si no había sido Kristina, ¿quién le había dicho a ella que estaban pensando en tener un hijo? Al pensar aquello un escalofrío recorrió su espalda el tema de tener hijos le había creado un pequeño enfrentamiento consigo misma, veía la ilusión de Kristina y se veía incapaz de decirle que no, pero era un tema que le hacía temblar. Resopló tratando de olvidar la visita de Alexis y tranquilizarse, recogió los apuntes para salir del despacho y, al abrir la puerta, se dio casi de bruces con Molly.

-¡Parker!

-Hola Molly, ¿vienes para avisarme sobre tu madre?

-¿Has hablado con Kristina?

-No -sonrió de lado algo cansada-. Tu cara me lo dice, ella ha estado aquí.

-Espero que no te haya molestado. Cuando se entere Kristina.

-Tranquila no le he dado tiempo a que me diga nada, la he echado del despacho en mi trabajo no puede aparecer.

-Claro, claro -le decía para preguntarle totalmente absorta-. ¿La has echado?

-Sí.

-Lo siento, Parker. De verdad, lo siento tanto, mi madre es una pésima enemiga.

-No es mi pretensión que sea mi enemiga, más bien es su decisión. Y ahora debo ir a dar clase.

-Claro, perdona… había ido a vuestra casa para ver cómo estabas y claro le he dicho a Kristina y…

-Ahora hablo con ella. Gracias por tratar de avisarme.

-¿Te puedo pedir un favor? -Parker la miró asintiendo-. Habla con el decano y pide un traslado, iros de aquí cuando mi madre se obsesiona con algo es muy complicado hacerle entender las cosas, y sé que de algún modo al final, lograra entrometerse entre vosotras.

-Gracias, Molly.

Se lo dijo con una sonrisa triste, tan triste que hasta a Molly le dio rabia que tuvieran que estar viviendo aquella situación tan injusta.

En casa, Kristina parecía un león enjaulado no paraba de ir de lado a lado, la perra la miraba fijamente desde el sofá y de vez en cuando lo hacía dando un largo bostezo. Llevaba el teléfono en la mano y cuando vibró casi ni dejó sonar el primer timbrazo.

-¡Parker!

-Kristina, tranquila no tengo mucho tiempo voy a entrar a clase, tu madre ha venido pero no hemos hablado mucho ¿vale? Cuando vaya a casa te lo cuento. No hagas nada ¿de acuerdo?

-Sí

-Prométeme que no vas a buscarla.

-Te lo prometo -le dijo cerrando los ojos tratando de tranquilizar su agitado corazón-. ¿Estás bien?

-Sí, cariño, estoy bien.

-Ilsa y yo iremos a recogerte.

Kristina al colgar hizo un gesto de rabia. Pero le había prometido no hacer nada y estaba decidida a ello.

Estaba preparando la comida con Ilsa tumbada en su alfombra de la cocina mientras mordisqueaba un juguete. Cortaba las acelgas cuando sonó el timbre. Abrió y el gesto que cubrió su rostro fue de total estupor.

-¡Mamá!

-Acabo de hablar con ella y ya que no ha querido dejármelo claro, vengo para evitar que cometas el mayor error de tu vida, mucho más grave de lo que ya has cometido.

-¿Qué quieres?

-¿No me vas a dejar pasar? -Kristina se hizo a un lado no muy segura de que fuera una buena idea-. Puedes por favor llevarte al perro.

-No, estás en mi casa y no va a hacerte nada. ¿Por qué has ido a ver a Parker? Creo que te dije que la dejaras tranquila.

-Tú dulce Parker me ha echado del despacho -le dijo mirando alrededor, al hacerlo se dio cuenta que sobre la mesa habían libros abiertos y le llegó el olor desde la cocina. No podía creer que Kristina estuviera cocinando algo más que no fuera una pizza.

-Me parece bien -le contestó segura con media sonrisa-. Le habrás dado motivos para ello, además no tienes ningún derecho de ir a su trabajo.

-Ya… ya veo… -se giró mirándola fijamente con gesto duro-. Kristina intento aceptar que estás con ella, lo intento te lo juro porque eres mi hija y sabes que te quiero, de las tres siempre hemos sido tú y yo un equipo, pero no puedo permitir que arruines tu vida.

-¡Mamá! -la detuvo en seco.

-¿Habéis pensado ser madres? -lo preguntó con un gesto repleto de hastío.

-Sí, a las dos nos hace ilusión.

-Claro, lo vas a tener tú.

-No.

-¿Ella? ¡No me hagas reír! -Kristina cerró los ojos tratando de serenarse-. ¿Cuántas torpezas más vas a cometer?, pero está bien, es tu vida… solo quería asegurarme de que esa locura no se convertiría en algo real. Pero por lo que veo va más allá de lo racional. Tu novia que se permite el lujo de remitirme a un psiquiatra debería de plantearse ir ella, aprovecharse de jóvenes como hizo contigo y, a saber cuántas más, para después tratar de tener una relación con hijos, me parece mucho más enfermizo que mi dolor por lo que veo está haciendo contigo.

-¡Fuera! ¡Fuera de mi casa! ¡Se acabó! -la enganchó del brazo y la echó pero antes de cerrar la puerta le dijo-. Deberías hacer caso a Parker, debería alguien hacerte ver lo injusta que estás siendo con nosotras. Ni siquiera te reconozco como mi madre.

Le cerró la puerta con fuerza en sus propios morros ante su gesto de perplejidad.

La clase había llegado a su fin, Parker había recogido sus cosas y salía por la puerta buscando ver a sus dos preciosidades como las llamaba. Pero en su mente había algo que resonaba y era la frase que Molly le había dicho, “pide el traslado”. Suspiró con fuerza tratando de olvidar su encontronazo nuevamente con Alexis. Y todo se difuminó en cuanto vio a Kristina agachada hablándole a Ilsa y señalándola a ella, el mundo en ese instante se podía detener, ella era feliz. Ilsa al verla empezó a mover la cola y en cuanto estuvo a su alcance la saludó con las dos patas delanteras moviéndose la aire. Después, besó a Kristina poniendo su mano sobre la mejilla.

-Mi amor, que ganas tenía de verte -le dijo.

-Yo también, vamos que ya he hecho la comida y tenemos toda la tarde para nosotras.

-¿Todo bien?

-En casa hablamos.

A Parker no le hizo falta que le dijera más, lo más seguro era que después de su visita hubiera ido a enfrentarse con su hija. Y así lo constató nada más cruzar la puerta y marchar las dos hasta la habitación para ponerse ropa cómoda.

-¿Y vino aquí?

-Sí.

-¿Te dijo que la eché del despacho? -le preguntó mientras se desabrochaba la camisa con gesto un tanto inquieto.

-Sí, y yo la he echado de nuestra casa.

-No entiendo como sabe que pensamos tener un hijo -la miró, realmente con gesto de sorpresa.

-Ni yo, no les he dicho nada a mis hermanas.

-¿Entonces? -Su rostro reflejó ese gesto extrañado que mantenía.

-No lo sé. Pero creo que de esta ya no nos vuelve a molestar -dijo más con la voz reflejando un deseo que como si pudiera asegurarlo.

-Tu madre nos va a molestar siempre, cariño.

-¿Por qué dices eso? -la miró seria mientras se ponía una camiseta y la miraba fijamente.

-Porque es lo que está haciendo desde el primer día. No acepta que yo esté a tu lado y como no lo acepta, todo aquello que tratemos de hacer lo verá de un modo horrible -Kristina la miraba con gesto serio-. ¿No lo crees?

-Sí, sí -dijo decaída elevando un hombro.

-Hasta hace poco te he dicho que le diéramos la oportunidad de que nos viera, pero ella nunca nos va a ver con buenos ojos porque para ella yo sigo aprovechándome de ti, no ve la realidad -elevó un poco la voz de manera irritada tanto que llamó a Kristina la atención-. Lo siento pero me parece enfermizo lo que hace, lo que trata de hacer pero te aseguro que no le he dicho nada.

-Solo que vaya a un médico que está loca.

Susurró saliendo hacia la cocina con el tono algo molesto, Parker que se acababa de poner los pantalones se quedó de una pieza. ¿Otra nueva discusión? Salió con tiento sabía que era su madre y le dolía. Así que la abrazó por la espalda arrastrándola hacia su pecho.

-Lo siento, Kristina, tu madre tiene un problema y si no lo ves… -le susurró con tacto.

-Lo veo pero me duele.

-No le he faltado el respeto, tan solo le he dicho que no me parece racional lo que hizo el otro día diciendo que Molly toma café conmigo -le susurró mientras le dejaba un beso en la sien.

-Lo sé.

-Entonces… ¿por qué te molestas conmigo?

-No me molesto contigo, solo me da mucha rabia que tengas razón, que siempre has tenido razón al decir que venir aquí era un error -se había girado mirándola fijamente con ese gesto triste que se apoderaba de ella al hablar de su madre-. Me duele que tengas razón porque significa que mi madre nunca nos va a aceptar, que venir aquí solo ha servido para crearnos problemas.

-No estoy de acuerdo -le dijo acariciándole la cara con sumo cuidado como si fuera una figura de porcelana que pudiera romperse-. Hemos tenido un fin de semana inolvidable para nosotras, tus hermanas nos han aceptado, tenemos una perra maravillosa que las dos tanto deseábamos, son cosas que no pensé pasarían y han pasado.

-Ya… pero… -entonces depositó sus manos en el pecho de Parker-. Desde lejos no me dolía tanto la presión de mi madre.

-Te entiendo y créeme que la rabia que me da es justo esa, que te hace daño su actitud.

-No sabes cuánto, porque estoy loca por ti y me encantaría que lo aceptara.

Se miraron con una sonrisa que reflejó una tregua, comenzaron a besarse mientras se murmuraban lo mucho que se amaban.

Al terminar de comer se sentaron en el sofá cada una con su taza de té mientras Parker le daba a la tecla del mando para encender la televisión.

-Parker…

-Dime cariño…

-¿Te sientes presionada por mí para tener un hijo?

La mirada de Parker reflejó una mezcla de sorpresa por la pregunta y miedo por la respuesta que provocó un temblor en Kristina que captó ambas cosas.

Anuncios

Un pensamiento en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 70

  1. ¿Y esa fiebre repentina de Parker?
    ¿ Será Alexis practicando magia negra con un muñeco vudú parecido a Parker?
    Muy acertado el consejo de Parker para con Alexis, tanto en la atención psicológica que necesita como en su actuación de madre, pues esta deja mucho que desear.
    Espero Parker no salga con alguna tontería con lo de la edad y los hijos que ambas acordaron tener, ese miedo ha debido hablarlo con Kristina, esta le está dando la oportunidad de hacerlo, debería aprovecharlo.
    También acertado el consejo de Molly, bueno ya puedes desechar la petición de hacerla ir muy lejos a hacer alguna especialización con su actuación se ha reivindicado ante mis ojos.
    Bien por Kristina, lamentablemente tenía por su bienestar echar a su madre, me declaro su fan.
    Aquí estaré esperando el próximo capítulo de la dimensión desconocida de la psiquis de Alexis que en este capítulo está en su punto más elevado.
    Saludos escritora, genial como siempre

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s