PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 72

Parker volvió justo a la hora de la cena, cenaron mientras le contaba que le habían pedido que hiciera una conferencia en Los Ángeles, querían hacer un encuentro sobre mujeres escritoras y ella era una eminencia en el tema. Justamente habían ido hasta Port Charles para poder encontrarla dadas las buenas referencias que tenía, sobre todo, del decano Paulson.

-¿No te hace ilusión? -le preguntó un poco seria porque notaba que algo pasaba.

-Bueno, no sé porque me tiene que hacer ilusión a mí, me parece estupendo por ti.

-Cariño, no voy a ir sola, nos invitan a las dos, a mí y a mi pareja.

-¿A tu pareja? -la miró fijamente.

-Sí, a mi pareja ¿qué te pasa, Kristina? -le preguntó algo molesta por su actitud.

-Nada, estoy cansada.

Retiraron las cosas en silencio, y se sentaron en el sofá, Kristina se puso cerca pero no como era habitual en ella encima de Parker. Cuando llegó la hora de retirarse a dormir Parker le preguntó a Kristina si la acompañaba pero le dijo que no.

–No, me quedo un rato que se me ha ido el sueño.

–De acuerdo, ¿te encuentras bien? –volvió a preguntar preocupada.

–Te he dicho que sí, solo que no tengo sueño.

–Buenas noches, cariño –la besó en los labios.

–Que descanses –le sonrió con tristeza.

Parker se fue a la cama sabiendo que sí le ocurría algo, sin duda volvió a ella el pensamiento de que Alexis sin estar presente de algún modo lo estaba en la tristeza que Kristina tenía ese día. Era consciente que no le había gustado que le hiciera referencia al estado mental de su madre, pero era lo que pensaba sobre Alexis. Se acostó con esa sensación de turbulencias alrededor que empezaba a agobiarla sobre manera. Quería tranquilizarse para afrontar por sí misma los problemas que la estaban empujando a dejar lo que con tanto esfuerzo había recuperado, debía hablar con Kristina cuando estuviera más tranquila, la decisión la había tomado pero le daba una profunda tristeza decírsela, no sabía muy bien cómo hacerlo. Trató de relajarse poniéndose en el teléfono un rato de meditación para calmar su corazón que latía fuertemente. Tras varias inspiraciones cerró los ojos y por mucho que la voz le pedía que respirara a ella la respiración se le entrecortaba al aparecer en su mente Kristina. Le costó bastante poder llevar a cabo la meditación pero finalmente logró dormirse.

Por su parte, Kristina al quedarse sola rompió a llorar, todas sus ilusiones de horas antes se habían destrozado, lo que no entendía era porque no le decía a ella, que era quien debía saber la verdad, lo mismo que le había dicho a Úrsula. Trató de calmar el llanto, se levantó para beber un vaso de agua y tratar así de encontrar algo de sosiego, al entrar a la cocina, recordó aquel momento en que Parker se confesó a Úrsula, entonces aquellas malditas palabras le hicieron entender mejor su comportamiento, la tensión que le hizo explotar con la visita de su madre, aquel límite del que había hablado y, que posiblemente, ya lo había rebasado sin tener marcha atrás porque de otra manera no hablaría de abandono. ¿Pero desde cuándo sentía la necesidad de abandonarla? ¿Por qué no era sincera con ella? La cabeza le daba mil vueltas no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo le preguntaba si la iba a dejar? ¿Cómo se preguntaba aquello? ¿Habría hablado con Amanda? El miedo es un vil dominador de los pensamientos que los moldea a su gusto como si fuera un director de película y les diera forma para con su actuación, ver claramente escenas de lo peor que podía ocurrirle. Entonces la voz de su madre llegó a ella recordándole que una vez Parker estuviera bien satisfecha la dejaría para volver con su mujer. Sacudió la cabeza con rabia, ¿por qué aquel cambio de repente? No le encontraba sentido alguno. Se volvió a sentar con el gesto repleto de miedo, su cabeza era un no parar, quería detener todas aquellas preguntas porque provocaban en ella un sentimiento tan malo, nunca se había sentido tan abatida como en ese momento. ¿Qué había hecho mal? Al día siguiente cuando tuvieran un rato hablaría con ella, al menos, le pediría que fuera sincera y le dijera la verdad por mucho miedo que le provocaba preguntar.

Se fue a la habitación rogando que Parker estuviera dormida, al entrar notó su respiración tranquila. Con cuidado de no despertarla se metió en la cama se quedó quieta boca arriba con los ojos abiertos de par en par. Entonces, Parker se giró y pasó la mano por su cintura, murmuró algo y Kristina cerró los ojos visualizando la manera en la que sacaría el tema con total sutileza y lo haría lo más pronto posible para no alargar el sufrimiento.

Sin embargo, al día siguiente no tuvo mucho tiempo para hablar.

—¡Kristina! ¡Kristina! -le llamaba suavemente Parker. Le dolía la cabeza y al ir abrir los ojos sintió un pinchazo agudo en la sien-. Cariño me tengo que ir, no te he querido despertar antes, te acostaste muy tarde.

–¿Qué hora es? -preguntó aturdida.

–Son las siete. Debo recuperar la clase del otro día.

–Pero… es muy pronto.

–Lo sé. Venga duerme y descansa. ¿Quieres que te despierte a alguna hora?

–No, me levanto ya.

–¿Para qué?, si puedes quedarte un rato más.

–Me duele la cabeza y quiero tomarme algo.

–Cariño ¿estas bien? Ayer el mareo hoy te duele la cabeza –había puesto su mano en la barbilla obligando a Kristina a mirarla.

–Estoy bien –le dijo mirándola fijamente.

–¿Qué? –hizo un gesto ladeando la cabeza al ver como la miraba–. ¿Por qué me miras así?

–Por nada –elevó los hombros.

–Luego hablamos, vengo a comer –le dejó un beso suave en los labios que Kristina respondió sin mucho énfasis lo que provocó que Parker la mirara intensamente –. ¿Seguro que no te pasa nada?

–Ya te lo he dicho me duele la cabeza. Venga ve… no llegues tarde.

Al quedarse sola se levantó rascándose la cabeza, Ilsa la acompañaba unos pasos por detrás, se preparó la cafetera y se sentó en la cocina. Seguía sin entender que estaba sucediendo tan solo sentía un profundo pesar en su interior. No sabía qué hacer, ni cómo enfrentarse a aquello que había sucedido tan inesperado. Miró el reloj, marcaba las ocho de la mañana. Se duchó y decidida salió de casa.

Molly había dejado a su sobrino en el autobús, pero algo rondaba su cabeza y no la dejaba estar tranquila. Como esa mañana entraba más tarde a clase decidida fue a quemar el último cartucho con Alexis. Justo cuando llegaba vio como su madre bajaba del coche, por su cara podía adivinar que no había dormido mucho. Al verla, sonrió alegrándose de su visita.

–¿Qué te trae por aquí? Dame una alegría y dime que vienes por ti.

–Sí, claro, vengo por mí –le dijo sonriendo.

–Eres la única persona de nuestra familia que no sabe mentir. Tú no me engañas, Molly –le dijo metiéndose en el ascensor.

–No te estoy mintiendo –entró y le dio al número. En su rostro una sonrisa nerviosa la delató.

–Voy a contar lo que tardas en nombrar a Kristina o Parker –la acusó con el dedo índice de la mano izquierda.

Salieron del ascensor y tras saludar entraron en su despacho.

–¿Quieres café o has desayunado?

–He desayunado, tengo que irme a clase.

–¡Y bien!

–Mamá, me gustaría ayudarte.

–¿Ayudarme? -la miró con gesto duro.

–Sí, ayudarte. No puedes seguir así.

–Disculpa, Molly, ¿a qué te refieres? -le preguntó arrugando los ojos formándose en su rostro un gesto duro.

–Está bien -tomó aire para decirle a la carrera-. No puedes presentarte en la universidad buscando a Parker.

–¡Ya salió!

–Mamá, tu actitud nada más provoca dolor en todos, en ti la primera. Sé lo que significa para ti Kristina, todo lo que has luchado en la vida por ella, por sacarla adelante, por eso mismo no puedes ahora darle de lado porque esté con Parker.

–Tú lo has dicho, he luchado toda mi vida por ella pero ahora así me lo agradece.

–Porque estás equivocada -le dijo con seguridad.

–¿Sabes que quieren ser madres? -lo dijo con un sarcasmo hiriente.

–¿De verdad? -sonrió.

–¡Pero cómo puedes alegrarte! Tú hermana no sirve para ser madre.

–¿Por qué no valoras el cambio de Kristina? Estoy convencida que va a ser una gran madre.

–Yo no estoy nada convencida de eso, una cosa es tener un sobrino con el que pasar un rato bien y otra muy distinta, tener una responsabilidad así, te aseguro que no, Molly. ¡Y pretende tenerlo Parker! -dijo como si fuera una locura.

–Aun puede tenerlo.

–¡Molly entiendo que tú ves bien esa unión y quieres ayudarlas! Pero de ahí no va a quedar nada bueno ¡crees qué es bueno traer un hijo, esa pareja que lo único que va a conseguir es más pronto o más tarde ser un fracaso!

–¿Y por qué en lugar de pensar eso no intentas cambiar? O al menos, si sigues pensando eso, ¿por qué no te quedas al margen? Es la vida de ellas dos, no la tuya. Mira, mamá, sabes que te quiero muchísimo, te he apoyado en todo cuanto he podido y muchas veces hasta en cosas que no estaba de acuerdo, pero con tu actitud hacia ellas dos no puedo apoyarte, y por lo mucho que te quiero es por lo que vengo para rogarte que las dejes en paz. No busques a Parker, ni a Kristina, déjalas ellas tienen su vida y la única que realmente está perdiendo eres tú. Date tiempo si ahora no puedes aceptarlas, pero intenta darte cuenta que es lo que Kristina quiere, nunca la he visto tan feliz, nunca mamá. Y eso es lo que nos debe importar.

Alexis no dijo nada, se le habían llenado los ojos de lágrimas sintiendo que había algo de razón en las palabras de su hija, la única que sufría era ella.

Mientras tanto, Kristina había llegado a casa de Sam. Al abrirle la puerta se percató que algo le ocurría. Pasaron hasta la cocina, en aquel mismo lugar, Sam la había convencido para hablar con Parker y decirle la verdad tiempo atrás. Al sentarse frente a la taza de té, Kristina se derrumbó. Cuando le contó a Sam lo que había escuchado decir de la boca de la propia Parker, Sam no lo podía creer.

–No tiene ninguna lógica, Kristina. ¿Parker te está mintiendo? -le preguntó con gesto de escepticismo.

–No lo sé, es lo que ella dijo. Yo no le veo lógica pero está sometida a mucha presión.

–¿Y no haría referencia a otra cosa?

–¿A qué? ¿Qué va a abandonar, y le va a costar decírmelo?

–Pero… no puede ser. Ella siempre se ha mostrado sincera contigo, tú misma lo dices.

–Sí, es verdad, pero el otro día explotó, pensé que era un momento puntual que se le pasaría, quizá fue lo último que estaba dispuesta a soportar.

–Por mamá -afirmó.

–Me va a dejar.

–Kristina habla con ella, no lo veo ¿qué quieres que te diga? A Parker se le nota que está colada por ti, por como te mira, por como te trata.

–Si me deja, me moriré -dijo como si no hubiera escuchado nada.

–No te va a dejar -le cogió la mano hablándole con seguridad.

–Y además la he agobiado con el tema de que me gustaría tener un hijo. Siempre me dice que soy impulsiva y debo controlar mis ansias, eso me va a costar que me deje.

–¡A ver Kristina! No creo que esa sea la razón por la que Parker dijo eso, de verdad, no lo creo.

–¿Qué hago?

–Hablar con ella, vosotras tenéis muy buena comunicación dile que accidentalmente escuchaste eso y que te lo explique, seguro tiene otra explicación que no tiene nada que ver con esto, estoy segura de eso -le hablaba con dulzura.

–Me da miedo -le dijo al tiempo que le caían lagrimas por las mejillas.

–No lo tengas, ella te quiere. Ven aquí, ven aquí -la abrazó poniendo gesto serio.

Pero Kristina no tenía consuelo, lloró amargamente entre los brazos de su hermana pensando que todo estaba perdido, que Parker se iba y era algo que no podía controlar.

Llegó a casa con el ánimo por los suelos, dándole vueltas a la conversación que tendría con ella trataba de reproducirla en su mente para cuando la tuviera delante poderle preguntar con la mayor tranquilidad posible. Sin embargo, la preocupación no le dejaba pensar con claridad. Las horas no pasaban y se le estaba haciendo eterna la espera. Ni siquiera tenía ánimo para preparar la comida, sacó una pizza del congelador y la puso en el horno. Estaba sentada en el sofá junto a Ilsa que no se separaba de ella ni un segundo, la perra se había tumbado sobre sus piernas podía captar su tristeza. Trataba de no llorar, de mostrarse lo más tranquila posible. Cuando escuchó la llave en la cerradura cerró los ojos mientras resoplaba con fuerza. ¿Por qué tenía tanto miedo esa vez? Al escuchar la voz de Parker se pasó la lengua por los labios en actitud claramente nerviosa.

–Kris… ¿cómo estás? Lo siento no te he podido ni preguntar llevo una mañana de locos -le decía mientras dejaba el bolso y se dirigía hasta ella para besarla-. ¿Estás mejor?

–Sí, algo mejor.

–¿Seguro? Tienes mala cara -le dijo preocupada-. ¿No tendrás fiebre?

–No, no -respondió mirándola con infinita pena mientras ella le ponía la mano en la frente.

–Dame dos minutos que me quite los zapatos que me están matando, me cambio y vuelvo en seguida. ¿Qué tenemos para comer?

–Pizza, lo siento pero no me apetecía hacer nada.

–¡Tranquila! No pasa nada, está bien.

Kristina volvió a cerrar los ojos notaba las pulsaciones como iban subiendo en su corazón, le dolía el estómago era esa sensación de peligro que no sabía explicar. La hora de la verdad había llegado y debía enfrentarla. Se levantó para tratar de aplacar sus nervios, quería preguntarle antes de comer porque ella no podría dar bocado. Estaba paseando de lado a lado cuando sonó el timbre de la puerta.

–¡Cariño puedes abrir! -le gritó desde dentro.

–Sí, voy.

Le contestó con gesto de fastidio, lo que menos necesitaba en ese momento era que le molestaran. Al abrir se encontró con una persona que no conocía. Su expresión mostró el desconcierto.

–Hola, ¿qué quiere? -le preguntó con el ceño fruncido.

–¿Está Parker?

–Sí -respondió mirándola con gran inquietud.

–Soy… Amanda.

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