PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 77

Dio unos pasos hacia la entrada y allí la vio, su gesto le llamó la atención. Entonces Parker se dirigió hasta ella con rapidez besándola con súbita urgencia, a Kristina el primer roce de labios la pilló por sorpresa pero al segundo pasó su mano derecha por la cintura de Parker y la izquierda la puso en su espalda estrechándola fuertemente contra ella. El beso fue intenso, apasionado, húmedo y profundo, las manos de Parker se convirtieron en las manos de un mago que con un solo movimiento consigue mediante el truco de magia dejar a todos con la boca abierta, ella consiguió quitarle el suéter a Kristina que se separó de ella para que lo sacara por la cabeza y lo hizo con la boca abierta, sorprendida por la determinación de Parker que la miraba con los ojos encendidos por el deseo y la respiración agitada por la necesidad de llegar a su piel. Y fue Kristina quien continuó con aquel ardiente deseo que había despertado en ella, la empujó suavemente contra la pared mientras la besaba con una pasión desmesurada y sus manos desabrochaban a toda velocidad los botones de la camisa de Parker. Las respiraciones se habían disparado, un fiero deseo se había apoderado de ellas, las manos impacientes de Parker rozaban con delicadeza pero al mismo tiempo intensidad la espalda desnuda de Kristina que había pegado su cuerpo al de ella, se besaban con una pasión arrebatadora bebían de sus labios para saciar esa sensación de calor que las invadía por momentos, y las manos parecía que estaban hambrientas de la otra piel sintiendo ambas la necesidad de tocar y ser tocada. No se dijeron ni una sola palabra, Kristina tiró con suavidad pero decisión de Parker llevándosela hacia la habitación.

De pronto una carcajada alertó a Ilsa, la perra bajó del sofá y se estiró primero las patas delanteras, después bostezo y, finalmente, comenzó a caminar lentamente detrás de la pareja, por el camino se detuvo ante cada pieza que fue encontrando y olisqueando, el jersey de Kristina, la blusa de Parker, un pantalón, y al llegar al sujetador se quedó allí pero entonces un gemido hizo que elevara sus orejas, Kristina acababa de gritar y eso era malo, seguro. La perra se encaminó hacia la habitación pero justo en la entrada de la puerta se dio de bruces con el otro sujetador, volvió a meter el hocico en la copa y le dio un golpe haciendo que el sujetador se moviera, la perra movió la cola esperando que aquel juguete que no había visto nunca hiciera algo más, y entonces otra vez otro grito esta vez de Parker hizo que levantara sus orejas y la cabeza. Las vio sobre la cama, parecía que estaban bien, aunque en ese momento rodaban como fieras, entonces despacio se dirigió hacia su cama. Las volvió a escuchar reír ese sonido conocido para ella la tranquilizó hasta que antes de acostarse volvió a estirar sus patas delanteras, bostezó y entonces giró su cabeza nuevamente hacia la cama las respiraciones de aquellas dos se oían fuertes como cuando corrían por la mañana, a eso también estaba acostumbrada, así que se enroscó despacio, olfateó un poco y finalmente se dejó caer, justo en ese momento un grito de ambas la hizo sobresaltarse y apoyar sus patas delanteras en la cama.

—Mi amor -murmuró sin fuerzas Kristina mientras se dejaba caer sobre ella abrazándola con fuerza.

—Cariño, no podía más -le susurró Parker mientras la besaba-. Te necesitaba tanto

—Te quiero.

—Yo también te quiero, Kris. Muchísimo, mucho más de lo que yo misma podría pensar -hablaba con la voz extasiada, cansada por el esfuerzo y el intenso placer que habían compartido mientras rozaba su nariz con la punta de la nariz de Kristina.

—Eso me gusta -le respondió sonriendo mientras trataba de controlar su respiración jadeante.

—No quiero volver a verte llorar -acarició su cara con total delicadeza.

—Hoy me he dado cuenta que eres lo más importante en mi vida, pensaba si te ibas ¿qué haría sin ti? Y no podía soportarlo -le dijo Kristina cogiendo la mano y dejándole un beso.

—No me iría por nada del mundo, mi amor -le susurró mientras la abrazaba con fuerza.

La perra volvió a su cama, más tranquila. Pero tuvo una noche de lo más ajetreada porque la pareja parecía que necesitaba demostrarse todo el amor que había en sus corazones de la manera más apasionada posible. Y fue larguísima la noche para el animal que llegó un momento que se acostumbró a los gemidos, las risas, las respiraciones agitadas y las explosiones a voz en grito que nunca antes había escuchado, finalmente, se durmió abandonándose a sus sueños mientras ellas dos iban apagando poco a poco su fogosidad.

Parker se levantó a beber agua y le llevó un vaso a Kristina que estaba tumbada boca abajo con la sábana tapando a medias su cuerpo. Al verla entrar sonrió mientras suspiraba de felicidad.

—Gracias, cariño -le cogió el vaso.

—¡Ay Kristina! -susurró mientras se sentaba a su lado.

—Si me dicen que íbamos a terminar así el día -dio una carcajada divertida dejando con rapidez el vaso sobre la mesita de noche, y de un salto se abrazó con fuerza a Parker.

—Y a mí ¡vaya día! -dejó que se acoplara en su pecho y la abrazó.

—Cariño… ¿has ido a hablar con mi madre, verdad?

—Mañana hablamos de eso, ¿te parece bien?

—¿Mañana? -dio una carcajada separándose de su pecho mirándola con infinito amor-. Si son las cinco y media de la mañana, en teoría nos deberíamos levantar en un hora.

—¡Qué rápido se me ha pasado el tiempo! -respondió acariciándole la cara mientras la miraba con pasión.

—A veces me gustaría detenerlo para poder estar juntas -lo dijo entre susurros mientras la miraba intensamente-. Para que el mundo siguiera adelante mientras tú y yo nos amamos.

—Me encanta cuando hablas así de romántica, me pones un poco tonta -le dio un golpe suave con el dedo índice en la punta de la nariz.

—¿Sí? Pues a mí me pone muy tonta que tú te pongas un poco tonta, te aviso.

Parker dio una carcajada mirando al techo, Kristina era capaz de arrancarle carcajadas y gemidos de igual modo con la misma facilidad. No lo pensó dos veces tiró de ella hasta que consiguió que se sentara en la cama y ella se colocó tal y como le gustaba encima, la miró mordiéndose el labio inferior mientras sus ojos recorrían los labios de Parker.

—A veces eres capaz de hipnotizarme -musitó Parker acariciándole la espalda con suma ternura.

—Te quiero.

Fue suficiente respuesta para que nuevamente Ilsa elevara la cabeza, las orejas volvieran a moverse hacia la cama y escuchara otra vez aquellos gemidos, harta de la serenata de pasión que estaban ofreciendo la pareja se puso la pata por encima de los ojos y trató de centrarse en ese hueso enorme que veía en sueños.

Sin embargo, en la misma ciudad la misma noche había sido complicada para Alexis. Había dormido muy mal, hasta que se levantó de la cama y bajó a la cocina para prepararse un café. No cesaba de escuchar la voz de Parker recordándole que ella era la que amaba a su hija.

—¡Maldita bruja!

Susurró con rabia, no le extrañaba que Kristina hubiera caído rendida a sus pies. Sabía que debía decir para ser contundente, otra cosa era que a ella no la iba a convencer porque no era una jovencita alumna que estaba impresionada ante sus palabras. Miraba como el humo de la taza de café ascendía perdiéndose justo frente a sus ojos, ojalá pudiera perderla de vista de aquella misma manera. De vez en cuando negaba con la cabeza, cada vez que recordaba aquella frase tan medida tan preparada.

Soy la mujer que hace feliz a su hija y que la ama con locura, antes de hablar, téngalo siempre presente.

Cerró los ojos con una rabia intensa. Pero por un segundo pensó ¿y si era verdad y ella era la única que estaba equivocada?

A Kristina algo húmedo comenzó a recorrer la mano derecha, frunció el ceño y abrió un ojo entonces, vio como dos grandes y redondos ojos la miraban fijamente mientras una lengua lamía la mano. Sonrió.

—¿Qué te pasa, Ilsa? -la perra lloriqueo.

—Mmmm ¿qué pasa? -preguntó agotada Parker que tenía cogida por la cintura y pegada a su cuerpo a Kristina.

—Es Ilsa.

—¿Ilsa? -levantó su cabeza un poco con los ojos entrecerrados la perra al verla lloriqueó.

—No sé… que… ¡Parker son las doce! -exclamó al ver la hora en el despertador.

—¿Las doce? -se sentó de golpe en la cama preguntándole con mirada pérdida-. ¿Qué día es hoy?

—¿Hoy? -Kristina se pasó la mano por la frente nerviosa.

La perra lloriqueó mirándolas alternativamente a una y a otra. Entonces se miraron y rompieron a reír divertidas.

—¡Es sábado! -dijo Parker-. Pensé que me había dormido.

—Madre mía, Ilsa perdónanos -se levantó Kristina.

—¿Dónde vas? -la cogió del brazo obligándola a sentarse otra vez en la cama con una gran carcajada-. ¿Y mi beso?

—Cariño… Ilsa necesita ir a hacer sus cosas -le dijo tras besarla y acariciar su cara al tiempo que suspiraba-. Voy a sacarla yo y preparas tú el desayuno.

—Sí, no me digas más hoy vas a acabar con las existencias.

—¡Tú tienes la culpa! -le gritó desde el baño mientras abría la ducha. Entonces salió asomando la cabeza por la puerta y diciéndole-. ¡La maravillosa culpa!

Corrió y la perra se fue tras ella ante la carcajada de Parker que se sentó un momento en la cama, apoyando la espalda en el cabezal mientras pensaba lo afortunada que era. Entonces Amanda llegó a su pensamiento y rogó que todo saliera bien.

Mientras Kristina paseaba a Ilsa, Parker se dio una ducha y preparó el desayuno, lo hacía con una sonrisa en sus labios, no recordaba haber pasado en su vida una noche como aquella. Se sentía amada hasta límites insospechados, tenía grabadas en su mente las palabras de amor que Kristina le susurraba con la voz repleta de éxtasis, al recordarlo sonrió hasta sonrojarse. Pero la realidad estaba ahí, con la llegada del nuevo día tendrían que hablar, sabía que debía contarle su visita a Alexis y no le apetecía que aquello les llevara otra vez a discutir. Entonces en aquel momento que recordaba lo sucedido se dio cuenta de que Sam también había sido testigo junto a su madre de la escena, recordó su gesto atónito y cerró los ojos. Se asomó por la ventana para ver si veía a Kristina, al no verla, tomó su teléfono y llamó decidida a Sam. Estaba nerviosa quizá se precipitaba pero necesitaba que la única persona que siempre las había apoyado no dejara de hacerlo por una situación que daba para equívoco, y por eso cuanto antes lo aclarara mejor.

—¡Parker, buenos días! -la saludó Sam con un timbre de voz alegre.

—Buenos días, Sam -su voz sonó a sorpresa.

—¿Ocurre algo?

—No, no, verás es que… bueno estoy un poco preocupada -le dijo mientras cerraba los ojos y se frotaba la frente con la mano derecha.

—Hablé con Kristina porque sabía que había una explicación pero me preocupa mi madre.

—Gracias, Sam. La verdad que fue un momento muy difícil para mí con la enfermedad de Amanda.

—Parker en tu lugar todas hubiéramos hecho lo mismo, no tienes que darme explicaciones.

—Lo sé, lo sé, pero precisamente tú eres quien más me ha ayudado y…

—Y lo seguiré haciendo tantas veces lo necesites.

—Gracias -insistió.

—Por lo que veo no has hablado con Kristina y eso me alegra -le dijo dando una carcajada.

Kristina abrió la puerta con una sonrisa enorme mientras Ilsa entraba corriendo en busca de Parker. Por su carrera hacia la cocina supo que estaba allí, al oírla sonreír hablándole con cariño al animal mostró una sonrisa radiante.

—¡Estáis para una foto! -dijo Kristina sonriendo dirigiéndose hacia ellas.

—¿Qué tal el paseo, mi amor? -dejó el comedero en el suelo con el pienso y la perra dio una vuelta sobre sí misma de alegría.

—Muy bien, Ilsa es muy buena.

—Sí, la verdad que hemos tenido suerte -sonrió abrazándola fuertemente.

—Ayer no se movió de mi lado en todo el día.

—Me alegro que fuera un apoyo para ti.

—Me miraba como diciéndome va a volver -le dijo apartándole el mechón que le caía sobre la cara de su recogido-. Y tenía razón.

—Siempre vuelvo a ti ¿no te das cuenta? -afirmó con rotundidad con gesto repleto de felicidad.

—Es verdad…

—¿Qué pasa con tu hambre parece que no tengas? -la miró ladeando un poco la cabeza mientras fruncía el ceño.

—Mucha, pero estoy tan bien así…

—¡Vamos a desayunar! -la animó dándole una palmada en el culo.

Pusieron la mesa entre las dos, Parker se había esmerado en el desayuno para recuperar toda la energía gastada durante la noche, y todos los nervios pasados por el día.

—¿Qué quieres hacer hoy? -le preguntó Parker mientras se limpiaba la boca al terminar.

—Yo seguiría donde lo dejamos esta mañana -le dio un beso que arrancó la sonrisa pícara de Parker.

—¿Sí? -respondió Parker que recibió la sonrisa provocativa de Kristina.

—Sí, pero tenemos que hablar.

—Es verdad -Parker cerró los ojos con gesto decaído aquella conversación provocaba en ella intranquilidad.

—Luego tendremos tiempo.

Recogieron la mesa y prepararon el lavavajillas mientras Kristina le contaba que a Ilsa le encantaba correr, habían dado el paseo y luego habían corrido un rato, la había visto disfrutar tanto que a pesar de su propio cansancio le encantó correr con la perra. Después se fueron al sofá para poder hablar tranquilamente mientras la perra jugueteaba con un hueso de juguete. Lo primero fue aclarar el encuentro entre Alexis y Parker.

—Bueno… no podía hacer otra cosa, Kristina. Tu madre ayer confirmó lo que temía, que no le importa hacerte daño con tal de separarnos -habló con voz firme-. Enviarte esas fotografías es de tener muy malas intenciones. Y eso no lo voy a permitir, ya se lo dije, ahora no estás sola estoy a tu lado y no voy a dejar que vuelva a hacerte daño.

—¿Le dijiste eso? -le preguntó con una medio sonrisa orgullosa.

—Claro, estoy harta de callarme, le dije que te amo que es cierto que yo tuve mi parte de culpa cuando nos conocimos en la universidad, que nunca debí fijarme en ti pero… me enamoré jamás traté de sacar provecho de aquello, y lo sabes.

—Por supuesto, y se lo he explicado mil veces pero prefiere pensar que tú eres la mala en este caso.

—Exacto, y si lo pensara pero no hiciera nada me daría igual, pero atacarte a ti, no. Eso ya no lo voy a consentir más.

Kristina no podía decir nada, sonreía mirándola con infinito amor le encantaba como la había defendido entonces se subió sobre ella a horcajadas y la besó con una ternura tan maravillosa que logró en ambas el mismo efecto, que se les erizara la piel.

—Nunca me habían defendido así -le dijo sonriendo.

—Quizá porque nunca tu madre odió tanto a nadie como a mí -entonces se acordó de aquel maldito hombre y cerró los ojos-. ¡Oh! Lo siento.

—Tienes razón, no lo sientas. A ti te odia más que a nadie porque lo hace sin motivos, nunca he sido tan feliz ni me he sentido tan bien, ni con tantas fuerzas para vivir como ahora. Tú me has enseñado lo mejor del amor, de ser compañeras, de tener un proyecto en la vida, eso nadie lo había hecho y por esa razón a mí me da tanta rabia que se comporte así, porque tú eres lo mejor que me ha pasado y ella no lo quiere ver.

—Pues espero que mi visita le haga reflexionar.

—Ojalá -elevó los hombros con gesto triste. Tras un suspiro le dijo con inquietud-. Ayer hablé con Amanda.

—¿Con Amanda? -la miró perpleja.

—Sí, después de lo que me contaste me sentí fatal por dejarla en la puerta y fui al hotel.

—Me alegro -esta vez quien mostró una sonrisa orgullosa fue ella.

—Le dije que lo sentía tanto lo que le estaba sucediendo como mi comportamiento, me dijo que eras una mujer maravillosa que no hiciera como ella y te dejara escapar -Parker sonrió acariciándole la cara-. También me dijo que mi madre es como un grano en el culo.

—¡Pero! -no pudo seguir porque soltó una carcajada.

—Fue a visitarla -le dijo poniéndose seria, Parker puso un gesto de sorpresa-. Y no le debió gustar lo que le dijo así que entre ella y tú, mi madre ayer recibió lo que se merece.

—Kristina -negó con la cabeza mirándola triste.

—Necesitaba que supiera que no estás junto a una energúmena que no tiene educación, quizá si no supiera a lo que se va a enfrentar posiblemente no hubiera ido -Parker la volvió a acariciar-. Pero… quise disculparme.

—Eso es lo que más me gusta de ti, si te equivocas sabes disculparte. Imagino su cara porque me dijo que eras como una leona defendiendo su territorio.

—¿De verdad? -dio una carcajada-. Tú eres mi territorio, es verdad. Y tú me has defendido a mí con mi madre, somos dos leonas.

—Eso parece -se miraron a los ojos y había tanto brillo tanto amor que sonrieron sin decirse nada más besándose nuevamente con una ternura maravillosa.

—Y ahora… ¿hablamos de futuro? -preguntó Kristina con seriedad.

 

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3 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 77

  1. Yo voto para que te contraten haciendo el guion solamente de kristina y parker en general hospital…..ya nos tienes con otro animo jajajajjaja viva el amor🎆🎆🎆🎆🎇🎇🎇

  2. Madre mía pufff , que noche y dia amándose con locura.
    Jajajajaja, traumaron a la perrita 😅😆
    Hablaron de todo y ahora a definir su presente y futuro.

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