PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 79

La cara de Alexis fue todo un poema, abrió los ojos y se quedó con la boca abierta, entre tanto, Sam trataba de no dar una carcajada. Podía entender a su madre, odiaba a Parker y no quería saber nada de ella, sin embargo, todos los días tenía que aguantar algo relacionado con ella.

—¡¿Hasta a mi nieto?! -miró a Sam enfadada-. ¿De verdad?

—Anda pasa, mamá.

—Esa mujer es como el demonio, hechiza a todos.

—Deja el bolso y toma a Emily -le dio a la niña con una sonrisa para que la cogiera a ver si así se calmaba-. Ella no te dirá nada de Parker.

—Por favor, intenta no sacar el tema no me apetece en absoluto hablar de esa maldita mujer -la frase de su hija no le hizo ninguna gracia, Sam sonreía sin poderlo evitar-. Bastante he tenido cruzándome con ellas hoy. Quiero decirte que no me arrepiento de lo que hice con las fotografías porque estoy segura que no dijo la verdad, pero bueno, me he prometido a mí misma no inmiscuirme más. ¿De acuerdo? Si mi hija quiere algo, que venga a mí.

—Me alegra escuchar eso, ¡y espero que por esta vez sea verdad! -la miró fijamente con gesto reticente.

—Lo será, no quiero soportar ni a ellas ni a la demás gente tratando de convencerme de lo que no es.

—Está bien.

—¡Y mira! Agradecería mucho que se volvieran a marchar, así no tendría que soportar el bochorno de esta mañana, besándose en medio del parque como si estuvieran solas, sin ningún pudor ¡y eso es Parker que siempre está provocándola ha sido ella quien le ha quitado la decencia a tu hermana! Sí, sería una grandísima noticia para mí.

—¿Lo dices de verdad? -la miró fijamente.

—Sí. Mientras esté con ella prefiero no verla. ¿Sabes eso de ojos que no ven corazón que no siente? Pues eso, prefiero dejar de sufrir viéndola. ¡Y encima quieren tener hijos! Me enfermo.

—Menos mal que no querías hablar del tema -puntualizó ladeando un poco la cabeza.

—¡Sam es mi hija y me destroza el corazón ver como la maneja! ¿De verdad crees que no quiero tenerla cerca?, claro que no, pero al menos si no la veo no sufro. Estaré preparada para cuando la destroce.

—Bien, pues entonces eso será nunca -sonó el timbre de la puerta-. ¡Esa es Molly!

Al abrir vio allí a Kristina con una sonrisa de oreja a oreja, no le dio tiempo a decirle nada se le echó al cuello dando un gritito de felicidad.

Mientras, Parker seguía dando vueltas a la sopa tratando de entender aquella felicidad de Úrsula al llamarla y que cambió por indignación al nombrarle a Amanda.

—¿Qué diablos hace Amanda visitándote?

—Tiene cáncer, no está segura de que lo pueda superar y vino para hablar conmigo.

—¡Lo siento por ella! -lo dijo realmente afectada-. Pero… no entiendo de que tenía que hablar.

—Bueno me dijo que volviera con ella.

—¡Qué! -el grito fue tal que Parker se separó el teléfono de la oreja con una sonrisa divertida-. ¿Pero en qué cabeza cabe eso? En la de una egoísta, muy propio de ella.

—Algo así dijo ella misma -sonrió con tristeza-. Digamos que vino para limpiar su alma, un poco arrepentida por decirme que yo era la culpable de nuestra separación, para confesarme que me engañó.

—¡Perdona que te diga esto! Pero no entiendo a qué viene todo eso de limpiar su alma, ¡ya te había hecho bastante daño! ¿Para qué restregar esas cosas por la cara? Una cuando quiere limpiar el alma se va a confesar a la iglesia. ¿Qué quiere que te duela y te afecte a tu relación con Kristina? A todo esto -tomó aire para preguntar preocupada-. ¿Cómo lo tomó ella?

—Le cerró la puerta en las narices -sonrió.

—¡Muy bien hecho!

—Pero un momento… ¿por qué me has dicho tan contenta que te contara? ¿Qué debo contarte?

—Pues mira pensaba que me tenías que decir que os habíais reconciliado después de veros como os vi, hablé con Kristina y me dio la sensación de que necesitabais una charla serena y me dijo que lo haría.

—¡Ah, bueno sí! Hablamos aunque ha sido todo un poco confuso, hemos estado a punto de echar todo a perder, la visita de Amanda afectó mucho a Kristina no pensé nunca verla como la vi, aunque la culpa fue de Alexis que le envió unas fotografías donde Amanda y yo nos abrazábamos tratando de darle a entender otra cosa.

—¡Habrás puesto ya a esa señora en su lugar, no!

—Sí. Al menos, eso espero -respondió tras un suspiro.

—¡Haz el favor de coger a Kristina y marcharos de ahí!

—Lo vamos a hacer -dijo firmemente.

—Me alegro. ¿Os habéis reconciliado mucho?

—¡Qué cotilla eres! Mira como siempre te cuento cosas malas, sí y ha sido maravilloso. Kristina despierta tantas cosas en mí, nunca en toda mi vida había pasado una noche como ayer, creo que es irrepetible -sonrió divertida.

—Me alegro mucho, yo creo que vais a tener muchas noches irrepetibles -contestó convencida de ello.

—Soy tremendamente feliz, Úrsula.

—Ya era hora, y en cuanto volváis a Eugene todo será maravilloso para vosotras.

—Vamos a ir a una clínica allí para ver el tema de la inseminación.

—¡Eso es más maravilloso todavía! ¡Voy a ser tía! -exclamó feliz.

—¿Sabes? Ver a Amanda y su problema me hizo darme cuenta que la vida se pasa muy rápido, sabes que siempre quise ser madre y estoy convencida que Kristina es la persona adecuada para tener un hijo. Y que no quiero dejar pasar ni un solo día más sin vivir a tope con ella.

—Me alegra oírte decir eso. Y me emociona -le dijo carraspeando.

—¡A mí también!

—Bueno… te dejo tranquila. ¿No está Kristina?

—No, ha ido a comprar vino para la comida e imagino que como la tienda está cerca de casa de Sam habrá ido a saludar a los niños.

—Pues nada, querida, os quiero mucho.

—Nosotras también, a ver cuando vuelves a visitarnos.

—Prefiero hacerlo en Eugene, porque como me dé yo de bruces con la maquiavélica Alexis, tendremos problemas.

La carcajada de Parker le hizo sonreír de buena gana a su amiga.

Cuando Kristina se abrazó a Sam vio que su madre estaba allí, estaba mirándola fijamente mientras tenía a Emily en los brazos.

—Pensé que estabas sola -le dijo con el gesto serio al separarse de ella.

—No, pero pasa.

—No, me voy. Nada más quería darte un abrazo, gracias por apoyar a Parker.

—Tranquila, lo necesitaba y me pareció que era lo justo -le dijo sonriendo algo nerviosa la situación era bastante incómoda.

—Me voy.

—Tía, tía! -apareció Jake abrazándose a ella.

—¿Cómo estás, campeón?

—Bien, ¿cuándo vamos con tía Parker a jugar al fútbol? -Alexis sintió que la sangre se le revoloteaba mostrando un gesto de enfado total.

—¿Qué te parece mañana?

—¡Vale! ¿puedo ir a dormir con ellas?

—No, cariño. Esta tarde viene papá y vas a estar con él. Y mañana no vas a poder ir a jugar al fútbol con ellas porque nos vamos con papá.

—¡Jo!

—Bueno Jake te prometo que un día que Parker no trabaje por la tarde nos vamos a jugar y nos llevamos a Danny ¿vale?

—¡Bien! -saltó de alegría haciendo añicos el corazón enrabietado de Alexis.

—¿Mejor con Jason, entonces?

—Algo mejor.

—Me alegro mucho. Me voy. Hablamos.

—Claro.

Salió de allí sin decir ni adiós a su madre que al verla marchar cerró los ojos muy molesta. Sam cerró la puerta suspirando, le llamaba la atención la firmeza de Kristina con su madre.

—¿Has visto? Ni siquiera un ¿cómo estás mamá?

—¿Y qué quieres? ¿Crees que te lo mereces? Te aseguro que si yo estuviera en su lugar haría lo mismo. Te lo has ganado a pulso, mamá.

Alexis miró hacía otro lado pensando que hasta sus nietos estaban rendidos a la maldita Parker.

Kristina anduvo con rapidez hasta su casa, había comprado el vino y trataba de tranquilizarse, ver a su madre le había provocado unos intensos nervios en el estómago, tuvo que retenerse para no recriminarle su actitud, pero le había prometido a Parker que no volvería a discutir con ella y quería cumplir su promesa. Al entrar, Ilsa salió a su paso. Tras sus mimos fue corriendo hasta la cocina indicándole que Parker estaba allí.

—¡Qué bien huele, cariño! -la abrazó pasando sus brazos alrededor del vientre de Parker mientras apoyaba su mejilla contra la espalda.

—Espero que te guste. Mi madre lo hacía muy rico… a ver qué tal me sale a mí -mostró un gesto de duda.

—Pues a ti tan rico o más.

—Me ha llamado Úrsula -le dijo dejando la cuchara de madera sobre el plato mientras se giraba mirándola-. ¿Qué tienes que contarme que ella no ha querido?

—¿Contarte? -la miró enarcando una ceja.

—No sé, me dio la impresión el día de la conferencia que os traíais algo entre manos, y hoy me llama diciéndome que le cuente qué tal ha ido algo -le habló enarcando las cejas con cara de sorpresa.

—No sé debe referirse a lo que hablamos el día de la conferencia le dije que teníamos un problema y lo quería solucionar.

—Pero el problema vino después de la conferencia.

—No cariño, el problema ya lo teníamos -respondió mirándola fijamente.

—Bueno, da igual, pon la mesa que hago las hamburguesas, la verdura ya está y la sopa no se puede enfriar.

—Tengo muchas ganas de probar esa sopa de almejas y las hamburguesas de cangrejo, pero digo yo… si no me falla la memoria, cuando estudié las almejas y cangrejos decían que son mariscos de concha y ya sabes… el marisco es afrodisíaco.

—Kristina -sonrió divertida mirándola con intensidad-. Tenemos la tarde libre.

—¡Me encanta! -se abrazó a ella besándola.

—Venga pon la mesa, vamos -le dio una palmada en el culo.

—He visto a mi madre.

Aquella frase hizo que Parker se detuviera y volviera a girarse para mirarla.

—No le he dicho nada.

—No sé que decirte, Kris -la miró preocupada.

—Que me quieres -la besó sonriendo borrando su gesto triste.

Cuando salió para preparar la mesa Kristina recordó la conversación que había tenido justo antes de llegar a su casa.

¡Úrsula que alegría!

—¡Calla, calla, calla qué casi meto la pata! Por favor, tenemos que unir una mentira para salvar una gran verdad.

—¿Qué ha pasado?

—¡Parker, eso ha pasado!

—¿Has hablado con ella? -le preguntó con los ojos abiertos como platos.

—¡Sí! -gritó la otra.

—¿Y?

—Pues nada que tienes que decirle que tú y yo estuvimos hablando de vuestra reconciliación.

—¡Úrsula, te mato!

—Mátame. Me lo merezco.

No puedo más que sonreír divertida al recordar su voz totalmente apesadumbrada.

Mientras comía, Parker le explicaba como se hacían ambos platos, como eran los domingos en su casa con esas reuniones familiares. Kristina disfrutó como loca de aquel rico manjar para su satisfacción. Rieron de buena gana y al finalizar, prepararon uno de sus rituales, té, sofá, manta, Ilsa y película.

—Cariño, esta semana como tienes los turnos de clase de tarde -le dijo sentándose a su lado.

—Pues… el martes y jueves entró a las doce y salgo a las cinco. ¿Por qué?

—Le he dicho a Jake que iríamos a jugar al fútbol un día que tengas libre, porque ha salido corriendo al verme diciendo ¡cuándo vamos a jugar al fútbol con la tía Parker!

—¿Ha dicho eso? -preguntó perpleja imaginando la cara de Alexis.

—Sí, no he podido mirar a mi madre porque me hubiera muerto de risa, es más, Sam trataba de relajarse para no reír.

—Me debe odiar mucho más -susurró cerrando los ojos.

—Pero mi sobrino te adora, mis hermanas también, Emily es feliz en tus brazos y, lo más importante, yo me muero por ti.

—Me compensa -sonrió acariciándole la mejilla con ternura-. Pero te quiero bien viva.

—¿Vemos la peli?

—Sí, ¡au! -se quejó.

—¿Qué te pasa?

—Tengo agujetas hasta donde no pensé que había posibilidad de tenerlas.

Kristina dio una carcajada enorme que hizo que Ilsa levantara las orejas pensando que volvía a tener que sufrir todos aquellos sonidos extraños de la noche anterior.

En casa de Sam, Alexis se acababa de marchar la comida había sido distendida porque tanto Sam como Molly decidieron no remover más las aguas tormentosas que existían en ese momento. Al quedarse solas se sentaron en el sofá para hablar tranquilamente. Sam le contó lo sucedido entre Amanda y Parker, cómo su madre había hecho las fotografías y había provocado que Parker fuera a hablar con ella. Intuía que Kristina había ido a su casa para decirle algo pero al ver a su madre prefirió callar.

—No sé qué va a pasar. Al final se marcharán -Molly se mostró apenada.

—Estoy convencida de ello. Es que mamá está actuando de una manera que no logro entender. Podría tener razón si viéramos a Kristina mal, yo sería la primera en tratar de convencerla de que dejara a Parker, pero es que nunca la he visto tan feliz.

—Mamá piensa que Kristina es como ella, y que Parker es como Julián.

—¡Pero eso no es real! Hay una diferencia enorme -dijo Sam seria.

—Lo sé, pero mamá no lo ve y al final la que va a perder será ella porque Kristina se irá y vivirá feliz, nosotros podremos ir a verla cuando podamos o queramos, pero ¿y mamá? -le preguntó Molly con los ojos abiertos como platos por la rabia que le daba su actitud.

—Esperemos que recapacite. Y además va huyendo de que le nombremos a Parker y debiste ver su cara cuando Jake le dijo lo de tía Parker.

—¿Dijo tía Parker?

—Con total naturalidad -decía Sam riendo de buena gana.

—¡Qué mal le ha debido sentar a mamá! -dio una carcajada.

—Entre eso y que Kristina ni la ha saludado.

—Yo no veo solución.

—Habrá que ir haciéndose a la idea de que vamos a perder a Kristina -dijo con tristeza.

El domingo lo dedicaron para hacer una pequeña excursión, se llevaron a Molly que aceptó encantada y que se hizo inseparable de Ilsa, ambas hermanas siempre quisieron tener un perro y lo estaban disfrutando ante las sonrisas de Parker por cómo se comportaban con ella. Aprovecharon para pedirle el favor a Molly de quedarse con ella cuando se marcharan a Eugen, ésta encantada les aseguró que ella se la quedaría con Ilsa sin ningún problema.

—¿Pensáis volveros? -les preguntó y ante la mirada que ambas se cruzaron Molly dijo triste-. Sí.

—Sí Molly, lo hemos estado pensando con calma y en cuanto Parker termine las clases nos iremos.

—¿No hay posibilidad de quedaros? -insistió mirando a Parker.

—No. Tenemos nuestra casa allí y una nueva vida -miró a Kristina cogiéndole la mano.

—Entiendo.

—¡Pero podrás venir cuando quieras, Molly! -le dijo Parker.

—Gracias.

Por la tarde, cuando regresaron a casa tras darse una ducha se pusieron a mirar la clínica que Kristina había mirado, no era de las mejores pero aún así el precio era bastante alto. Una vez se acostaron, Parker abrazó con fuerza a Kristina dejando un beso en el hombro.

—Soy muy feliz, cariño.

—Yo también, tendremos que avisar a la señora Davis que vamos el viernes.

—Seguro que quiere venir a recogernos.

—Va a ser muy divertido darle la noticia -susurró casi a punto de dormirse.

—Si ya los sabe, cariño. Ya se lo dijimos -entonces Kristina abrió los ojos de golpe.

—¿Qué he dicho? -preguntó preocupada.

—Que va a ser divertido darle la noticia.

—Oh… me estaba durmiendo.

—Venga descansa que llevamos un fin de semana muy intenso.

—¡Me encanta que sea tan intenso! -sonrió acariciando la mano de Parker que se había acoplado a su pecho derecho-. Quiero que todos nuestros días sean intensos.

—Duerme, cariño -respondió con una sonrisa.

—Que tengas dulces sueños, mi amor.

A la mañana siguiente, salieron a correr su footing matinal con Ilsa que se estaba convirtiendo en una gran atleta, ambas con la música puesta. Kristina se había atado la correa de la perra alrededor de la cintura para correr con ella. A la vuelta, esta vez fue ella quien preparó el desayuno mientras Parker se preparaba para marcharse a la universidad.

—Ya está, cariño -le dijo Kristina dándole el zumo de naranja.

—Gracias, ¿vas a hablar con tu padre?

—Sí, quiero decirle la decisión que hemos tomado.

—¿Crees que no dirá nada?

—¿A mi madre? Me da igual -le dijo elevando los hombros mientras le ponía aceite en la tostada.

—Gracias, mi amor. Espero que lo tome bien.

—Seguro que sí, mi padre es mucho más comprensible que mi madre. Mira contigo.

—Sí -sonrió no muy convencida-. ¿Qué vas a hacer hoy?

—Cuando vuelva quiero solicitar el primer examen. Creo que estoy preparada para hacerlo.

—Claro que sí mi amor, y lo vas a sacar adelante. ¿Me acompañas a la universidad?

—Hoy no, me voy a duchar y voy a hablar con mi padre a primera hora.

—De acuerdo, cuando puedas me dices qué tal. ¿De verdad no quieres que vayamos a hablarlo juntas?

—Esto no.

—¿Esto no?

—Quiero decir, que no hace falta -le sonrió dándole un beso.

—Estás un poco rara -le dijo mirándola fijamente.

—¿Tú crees? Estoy como siempre -le sonrió ampliamente.

—Voy a lavarme los dientes… ¿Qué estarás tramando? -le preguntó arrugando los ojos con una sonrisa un tanto burlona.

—¡Anda ve que se te va a hacer tarde!

Al quedarse sola resopló con fuerza.

Parker se fue hasta la universidad, por el camino pensaba en la intensidad que había vivido el fin de semana y no podía borrar de su rostro una sonrisa repleta de felicidad. Dio su primera clase y al salir el decano Paulson la estaba esperando.

—¿Puedo hablar con usted?

—Sí, tengo ahora media hora libre -contestó ella con cierta duda, aquel hombre siempre le provocaba un profundo respeto con su rostro tan adusto.

—Vamos a mi despacho.

En el pasillo, Molly vio como estaba hablando con ella y mostró un gesto de preocupación. Esperaba que de alguna manera alguien lograra retener a la pareja aunque ya le habían confirmado su regreso a Eugene pero ella seguía deseando que se quedaran allí.

Mientras en el despacho de Sonny apareció una sonriente Kristina. Se mostró feliz abrazando a su padre con esa fuerza que siempre hacia y provocaba en él un gesto de orgullo. Tras prepararse un café, se sentaron para hablar.

—¿Qué te trae por aquí?

—Verás papá, quiero comentarte algo y sé que no es lo que esperas pero me gustaría que lo aceptaras. Parker y yo hemos decidido volver a Eugene en cuanto termine con sus clases aquí.

El gesto de Sonny demostró el impacto de la noticia.

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 79

  1. Que si se marchen, lo mas pronto posible.
    Jajaja, con esto maratón 😆 a Alexis ya no solo son los pastelillos, si no tambien lo del futbool.
    Por favor y por dios que nada, ni nadien se interponga en su marcha.
    Cuando se irán???? Ándale que nada malo le dija el director a Parker .

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