PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 80

En el despacho del decano, Parker sintió que volvía atrás en el tiempo, por su mente pasó como un flasback rápido todo lo sucedido desde que llegó el primer día a la universidad, como tenía esa mezcla de miedo y esperanza de volver a ver a Kristina. Recordó como su corazón latía fuertemente cada vez que salía de casa para ir a cualquier lado esperando encontrarla. Pasó por su mente aquel reencuentro ante Alexis, el esfuerzo que tuvo que hacer para no mostrar su inmensa alegría al verla y su charla, también su encontronazo en el bar con Valerie que sintió que le estaba robando la vida, todas y cada una de las imágenes que había vivido hasta aquel primer beso robado por Kristina se sucedieron casi a la velocidad de la luz. Tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por centrarse en las palabras que el decano iba a decir. El hombre pareció entender que Parker necesitaba una pequeña tregua, cuando vio que por fin lo miraba siendo consciente de que él estaba allí, le habló.

—Profesora Forsyth quiero hablar con usted sobre una petición que le han hecho a esta universidad, creo que usted ya habló con los representantes de la universidad de Los Ángeles y me han rogado que acepte la conferencia de la que hablaron. Tiene hotel reservado y los días de la conferencia serían este jueves y viernes. La Universidad de Port Charles estaría realmente agradecida si fuera a impartir esa conferencia.

—Muchas gracias, decano. Hablamos algo pero sin concretar nada. Para mí sería una oportunidad poder hacer esa conferencia.

—De acuerdo, entonces le haré llegar los billetes de avión, la localización del hotel que será próxima a la universidad. Y aprovechando que está usted aquí quería decirle algo más.

—Dígame, decano -lo miró con la misma seriedad aunque su rostro era amable.

—Nos gustaría que se quedara con nosotros, hemos tenido una reunión porque no voy a engañarla hemos estado muy vigilantes con usted debido a la queja que tuvimos, y nos ha demostrado que es una gran profesional, sus alumnos están contentos con su trabajo y para nosotros sería un paso muy importante contar con usted. Hemos pensado ofrecerle una plaza fija aquí. ¿Qué me dice?

Por su parte Kristina se percató que tal y como le dijo Parker a su padre no le sentó demasiado bien la noticia.

—Papá aquí no podemos vivir.

—¿Lo dices por tu madre? Hablaré otra vez con ella.

—No, papá. Es cierto que tenemos muchos problemas por su culpa, pero va más allá de eso. Amo a Parker y quiero formar mi propia familia, estoy segura de que ella es la persona que va a estar a mi lado el resto de mi vida, con ella todo es sencillo, la vida es maravillosa. Y en Eugene tenemos nuestra casa, sé que te puede parecer muy modesta pero éramos realmente felices, puedo tener mi propio trabajo cerca de casa y Parker puede dar clases en cualquier universidad. Te agradezco infinitamente que hicieras que volvieran a readmitirla porque fue injusto lo que le hicieron por culpa de mamá. Pero quiero tener mi propia vida y allí somos de verdad felices.

—Estás segura por lo que veo -la miró fijamente.

—Nunca he estado en mi vida tan segura. Parker es… eso… mi vida. Lo mismo que yo para ella.

—Supongo que poco puedo hacer para retenerte.

—No puedes hacer nada, papá -le mostró una sonrisa dulce.

—Imagino que debes volar del nido de Port Charles.

—¡Es que tú me tratas como si fuera una niña, papá!, y soy una mujer.

—Lo sé, lo sé -sonrió con tristeza.

—Soy lo que siempre quisiste que fuera, muy feliz. Y quiero ser lo que siempre quisiste que fuera, trabajadora, honrada y ¡empresaria! -exclamó con un gesto radiante.

—Estoy muy orgullo de ti -la abrazó fuerte.

—Gracias, papá. Otra cosa. Vamos a ir a Eugene para concertar cita con la clínica de inseminación para Parker, hemos decidido que será ella la primera en tener un hijo.

El gesto de Sonny fue demoledor, tuvo que levantarse sintiendo que le dolía el corazón.

A Parker aquel ofrecimiento del decano le sorprendió, la verdad que por un segundo sintió un gran halago por sus palabras donde podía ver, veladamente, una disculpa.

—Le agradezco mucho el ofrecimiento del puesto, decano. Me siento muy halagada por sus palabras pero en cuanto termine mi contrato me marcharé de Port Charles.

—¿Es una decisión definitiva?

—Sí -su respuesta fue contundente.

—¿No hay nada qué pueda hacer?

—No, créame que no -le sonrió agradecida.

—Pues es una verdadera lástima. No sabe lo que me arrepiento del tiempo que perdimos.

—Eso ya quedó atrás. De todos modos le agradezco sus palabras.

—¡Está bien! Enviáremos a Los Ángeles el visto bueno para que dé esa conferencia. Y espero, al menos, nos reserve la oportunidad de venir en alguna ocasión para dar aquí alguna.

—Por supuesto, de eso no tenga ni la menor duda de que lo haré muy gustosa. Porque le agradezco que me diera la oportunidad de volver, sé que lo hizo bajo presión.

—Me alegro de que me presionaran -por primera vez desde que lo conocía sonrió-. Y no dude que tendrá una carta de recomendación de esta universidad.

—Gracias.

Salió del despacho con la sensación de haberse quitado un peso de encima. Dejar atrás Port Charles iba a ser lo mejor que podía pasarle. Sonrió pensando en Kristina y miró el teléfono por si le había dicho algo de su reunión con Sonny.

—¡Paker!

Kristina se levantó detrás de su padre, sabía que la noticia todavía le había gustado menos que la de marcharse.

—¡Os estáis precipitando, Kristina! ¿Cuánto tiempo lleváis juntas?

—El suficiente como para saber que queremos formar una familia -su respuesta fue tajante y concisa.

—Perdona que te diga esto pero… Creo que te estás equivocando.

—¿Por qué? -lo miró con la frente arrugada porque aquella frase le había provocado una terrible impresión.

—Porque trato de ver ese futuro del que hablas, trato de ver ese futuro junto a la persona que quieres, a la que todos me dicen debo aceptar y acepto, pero yo no veo un futuro y si te dijera otra cosa te mentiría. Lo siento, Kristina pero un hijo tan pronto puede ser una decisión equivocada, y el único que sufrirá las consecuencias de este error sería él.

—Papá has escuchado lo que te he dicho antes. Parker es la mujer de mi vida.

—También lo fueron otros antes ¿recuerdas?

—¡No tiene nada que ver! ¡Nada! -elevó la voz indignada-. Mi pasado fue todo un error cometí un error tras otro, nunca amé realmente y solo he sido capaz de darme cuenta ahora, estando a su lado. Parker es la persona que quiero. Estoy segura como no lo he estado con nadie. Es ella, papá. Y tener un hijo no será un error, será lo más maravilloso del mundo y lo haremos muy feliz porque Parker es la mejor persona que he conocido, la que me ha ayudado a ser yo realmente, la que me ha apoyado para convertirme en esa mujer de la que tú estás orgulloso. No espero que lo entiendas, solo que si puedes nos apoyes.

—Sabes que te apoyo, pero me da miedo… su edad… esto es nuevo para mí es un desafío, cariño sé por experiencia de la vida que estas relaciones no suelen salir bien -le cogió las manos mirándola fijamente-. Me da miedo porque te veo más implicada que nunca con esta relación, también más feliz de lo que te he visto en toda mi vida por eso siento una parte de mí que desconfía no por tu presente si no por el futuro.

—Papá… sé que tú también has sufrido conmigo todo lo que pasó, pero pasó y ahora nada es igual es mucho mejor, entiendo tu miedo, tu desconfianza al futuro, pero estoy segura de que ese futuro va a ser maravilloso. Confía en mí.

Sonny exhaló un profundo suspiro. Guardó silencio durante unos segundos pero finalmente aquellos ojos le estaban gritando que la apoyara porque era feliz. Y él así lo hizo la abrazó dejándole un beso en la frente.

—Gracias, papá.

En ese momento entraba Carly que llegaba de comprar.

—¡Kristina! ¿Qué tal?

—Bien, Carly ¿y tú?

—Bien también, oye ayer hablábamos tu padre y yo de hacer una cena para presentar a tus hermanos a Parker, llevas aquí ya mucho tiempo y aún no la conocen.

—Es cierto, estaría bien.

—¿Te parece este viernes?

—Perfecto, será un buen momento para hablaros de las novedades.

—Por tu cara y la de tu padre, imagino que todas buenas y si es así es que os marcháis.

—¡Carly! -le llamó la atención Sonny.

—Eso es.

—Pues me alegro mucho. Voy a dejar la compra, os espero el viernes.

—Aquí estaremos -le sonrió agradecida por sus palabras. Se giró mirando a su padre y con una sonrisa se acercó para darle un beso-. Gracias, papá.

Al salir de aquel despacho lo hizo con una sonrisa amplia y feliz.

Entre tanto, Parker miraba divertida a Molly que trataba de mantener en la universidad una distancia prudente con ella, y eso le hacía mucha gracia.

—¿Podemos ir a tu despacho tengo unas dudas? -le dijo moviendo el libro que llevaba en el brazo.

—¡Claro! Vamos

Por los pasillos, Parker se detuvo con un alumno que le pidió una reunión y le dijo que fuera con ellas, atendería primero a Molly y luego a él. Entraron en el despacho mientras el chico esperaba fuera. Se quitó la cazadora para colgarla en el perchero todo bajo la atenta mirada de Molly que por un momento recordó aquel comentario de su hermana sobre que eran una bomba sexual y no pudo evitar sonreír.

—Tú dirás, Molly.

—Siento haberte abordado así, sé que aquí eres mi profesora -se disculpó elevando las cejas.

—No te preocupes -sonrió porque por un momento recordó cuando Kristina la asaltaba por los pasillos con su maravillosa sonrisa. Suspiró con fuerza y le dijo-. ¿Qué sucede?

—¿Está todo bien? Te he visto con el decano -le mostró un gesto preocupado.

—Sí, gracias, tengo que ir a dar una conferencia a Los Ángeles -le dijo sonriendo porque notaba su preocupación sincera.

—Ah. ¿Nada más?

—¿Debe decirme algo más que yo desconozca? -la miró ladeando la cabeza un poco mientras ponía gesto divertido.

—No, no perdona… es que… aún me quedaba una mínima esperanza de que te pidiera que te quedaras.

—Molly sabes que sería un error.

—Lo sé. Bueno… Quiero decirte una cosa, pero no quería que mi hermana estuviera delante.

—Tú dirás -su sonrisa se borró y mostró cierta preocupación sabía que iba hablar de Alexis.

—Sé que has hablado con mi madre, y quería darte las gracias por hacerlo -el gesto de sorpresa de Parker fue inmenso. Molly agradeciéndole aquel enfrentamiento, no lo podía creer-. Yo sé que llegará un día en que se arrepienta, y más ahora que habéis decidido marcharos. Creo que la única que puede hacer que se replantee la situación eres tú y quería ser justa contigo y darte las gracias por eso.

—Ojalá sirviera para que reaccionara, a mí no me gusta esta situación, te lo aseguro. Y no estoy dispuesta a que le haga daño a Kristina.

—Lo sé. Y por eso también te doy las gracias, por defenderla y apoyarla. ¿Sabes una cosa? Voy a echarte de menos -le dijo con gesto de pena.

—¡Siempre podrás venir a Eugene, sabes que tienes las puertas abiertas! -le dijo dando una carcajada.

—Quien me lo iba a decir al principio, yo soy un buen ejemplo para tener esperanza con mi madre.

—Tu eres hermana, y Alexis es una madre posesiva con Kristina supongo que por todo lo que pasó, que trata de protegerla pero siguiendo sus propios deseos de cómo quiere que sea su pareja y su vida.

—Gracias, Parker. Gracias por entenderla a ella también.

Parker sonrió y se levantó para despedirla, dio paso al siguiente alumno y tras aclararle las dudas que tenía miró el teléfono.

Al mismo tiempo Kristina estaba preparada para llamarla cuando vio en la pantalla que aparecía. Su sonrisa mostró un gesto repleto de amor.

—¡Cariño! -la saludó Kristina.

—¿Qué tal ha ido? Estaba preocupada.

—Muy bien, hemos tenido una charla larga e intensa pero al final ha entendido nuestra decisión, además, nos han invitado a cenar para que conozcas a mis hermanos que ya va siendo hora.

—Me alegro, ¿estás bien?

—Sí, muy feliz. ¿Y tú?

—Bueno he tenido una reunión con el decano y me ha confirmado que el jueves y viernes nos vamos a Los Ángeles ¿qué te parece?

—¡De verdad! -sonrió divertida.

—Sí, entonces he pensado que si te parece bien podemos ir desde allí mismo a Eugene, acabaré a las dos de la tarde y recuerdo una vez que fui que son unas dos horas o dos horas y media el vuelo, podemos concertar cita para esa misma tarde en la clínica.

—Déjalo en mis manos, yo me encargo de todo, cariño.

—De acuerdo. Tengo unas ganas de verte -le susurró Parker con voz repleta de sensualidad.

—¡Ay Parker! Yo también -igualó su tono.

—Ya queda menos.

—¡Dos horas! Es un mundo -le dijo con gesto bobalicón.

—¿Vienes a recogerme?

—Sí. Me paso a por ti ¡a las dos en punto! Se puntual no me alargues el martirio de esperarte.

Parker colgó dado una carcajada, después se reclinó en el sillón pensando que al fin y al cabo volver a Port Charles las había hecho más fuertes.

Por su parte, Kristina iba caminando deprisa cuando volvió a sonar su teléfono, al verlo se percató que era Úrsula, sonrió nerviosa.

—¡Ya! -le dijo Úrsula.

—¡No!

—¡Me va a dar algo!

—¡Pues ni te digo a mí! Además ahora nos vamos a Los Ángeles.

—¿Y qué vas a hacer?

—Estoy atacada no puedo pensar -le decía mordiéndose la uña.

—¡Pues piensa, Kristina! ¡Piensa! ¡Tienes que decírselo antes que lo note!

—No debí hacerlo.

—Ahora ya es tarde ¡ya está hecho!, ¡pero por favor díselo ya o me da algo!

En su despacho, Sonny seguía pensativo con todo lo que había hablado con Kristina, había una parte de él que no le dejaba estar tranquilo por eso llamó a Max.

—Necesito que hagas un trabajo lo más disimuladamente posible.

—Claro, ¿qué debo hacer?

—Averiguar todo el pasado de Parker Forsyth, sobre todo, su vida privada, con cuantas mujeres ha estado, si alguna vez ha estado con alguien tan joven como Kristina, con cuantos hombres, si tiene algún tipo de expediente por tener relaciones con alumnos… ¡Todo!

Tanta necesidad de verse en la pareja acabó siendo satisfecha en la cama nada más llegar de la universidad. Kristina estaba acariciando la espalda de Parker que mantenía los ojos cerrados, de vez en cuando deposita un cálido beso sobre la piel desnuda arrancando una sonrisa en ella.

—Sabes que el decano me ha ofrecido un puesto fijo en la universidad. Le he dicho que nos marchábamos y no podía aceptarlo -Kristina dejó de acariciarla, Parker se sintió abandonada. Se giró y la observó con detenimiento-. ¿Qué te pasa?

Kristina la miraba fijamente parecía que estaba pensando a toda velocidad.

—¿Qué pasa, cariño? -Parker insistió con la pregunta mientras se sentaba en la cama tapándose con la sábana.

—Me alegra saberlo -sonrió ampliamente-. Eso te va a ayudar estoy segura que cuando alguien pida referencias tuyas dirán que eres muy buena y trataron de retenerte aquí.

—Supongo que sí es bueno va a redactar una carta de recomendación en el momento me vaya -la abrazó-. Me habías asustado por un momento.

—¿Por qué? -le preguntó con el ceño fruncido.

—No sé la verdad que por un instante he pensado que no te parecía bien.

—Claro que sí, mi amor. ¡Vamos a empezar nuestra vida! -se subió sobre ella, le encantaba estar en aquella postura que le daba para rodear su cuello y sentirla como una extensión de su propio cuerpo.

—Y va a ser una vida maravillosa.

—Tengo unas ganas de llegar a la clínica -susurró Parker.

—Y yo -la besó-. Me alegra muchísimo que me digas eso.

—En menos de mes y medio  estaremos las tres en nuestro hogar.

—¡Quién sabe a lo mejor ya seremos cuatro!

Se miraron sonrientes mientras se besaban con pasión.

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Un pensamiento en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 80

  1. Hoy ese Sony, es un hipócrita a mi pensar , que no encuentre nada turbio en el pasado de Parker , para que sede cuenta de su error y deje ser feliz asu hija, por dios que dejen en paz ala pobre mujer que nada les a hecho.
    Tal parece que el prefiere ver a su hija infeliz. Que Kris ya hable con Parker de lo que ursula sabe y yo no y ya quiero saber ☹
    Que traman Kris y Úrsula, urge saber.
    Y como que cuatro.???.
    Saludos , y gracias por el capy.

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