PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 82

En medio de la cena familiar a Sonny le sonó el móvil. Al ver que era Max se excusó y abandonó la reunión. Fue hasta su despacho y allí estaba el hombre con una carpeta entre sus manos.

—Aquí te he traído el informe que me pediste.

—De acuerdo, gracias. Y ya sabes que de esto ni palabra a Kristina.

—Por supuesto.

—Ni a Carly -le advirtió enarcando la ceja.

—Jamás he dicho nada de lo que hacemos.

—Lo sé, pero esto es más delicado que el resto de cosas que hacemos.

—Tranquilo, nadie sabrá nada.

—Nunca te he dado explicaciones pero… es la felicidad de mi hija la que está en juego.

—Lo entiendo perfectamente. Yo hubiera hecho igual.

—Puedes marcharte. Gracias.

En ese momento, miró la carpeta, aquel informe era algo que no le gustó hacer pero al mismo tiempo sabía que era una posibilidad para demostrarle a Alexis que estaba terriblemente equivocada con Parker. Él no iba a poner obstáculo alguno para que la relación siguiera hacia delante, no podía más que apoyar a su hija, pero sabía que ella no cedería y no estaba dispuesto a ver en los ojos de Kristina la sombra de dolor que veía al hablar de su madre. Por esa razón, sin esperar más le envió un mensaje advirtiéndole que al día siguiente iría a su despacho y que prefería que nadie les molestara. No sabía lo que decía el informe, pero fuera lo que fuera sería la prueba definitiva a favor o en contra de Parker a los ojos de Alexis, se jugaba la felicidad de su hija a una carta, pero algo le decía que no habría nada de lo que preocuparse, en el fondo sintió un buen palpito hacia ella desde el momento que tuvo la conversación sobre Krisinta en Eugene, otra cosa era aceptarla sin fisuras porque no era lo que quería para su hija, pero le había dejado muy claro Kristina, que Parker era a quien quería. Cerró los ojos confiando que estaba en lo cierto y, que al día siguiente, Alexis podría respirar tranquila al respecto de que Kristina había sido su único error como profesora empujada por el amor.

—Espero no equivocarme -murmuró mirando la carpeta que estaba metiendo en un cajón de su escritorio al tiempo que recibía el mensaje de Alexis-. Espero suavizar tu rabia, Alexis.

Mientras el tiempo se había paralizado en aquella habitación de hotel tan especial.

A Parker se le había llenado los ojos de lágrimas, no esperaba ni mucho menos que aquella cena romántica terminara así, Kristina pidiéndole matrimonio. Tuvo que tragar saliva porque la emoción se le había anudado en la garganta.

—Sí, claro, ¡claro qué quiero! -entonces Kristina con toda la dulzura del mundo deslizó la alianza por su dedo anular mientras Parker llorando susurró emocionada-. ¡Kristina! ¿Dónde está el tuyo que te lo ponga? -le preguntó con las lágrimas felices recorriendo sus mejillas mientras se ponía en pie.

—Toma -le dijo emocionada dándole la alianza a punto de echarse a llorar de éxtasis.

—¿Kristina Corinthos, quieres casarte conmigo? -le preguntó mirándola fijamente a los ojos.

—¡Sí quiero!

Hizo la misma maniobra que ella con anterioridad, deslizó suavemente la alianza por el dedo anular. Entonces se miraron a los ojos con entrega, pasión y un profundo amor, besándose con una sonrisa en los labios para tras aquel roce tierno entregarse a un beso apasionado abrazándose con firmeza.

—Te quiero -susurró Kristina apoyando su frente sobre la de Parker.

—Y yo, mi vida.

—¿Te ha gustado? -le preguntó con una sonrisa orgullosa.

—Mucho… ¡no sabes cuánto! Es el mejor regalo que me han hecho nunca -la tenía abrazada por la cintura sin soltarla.

—Me alegro -respondió dejando que sus manos recorrieran despacio la espalda de Parker.

—Soy muy feliz.

—De eso se trata -susurró sintiendo como el deseo iba en aumento en las dos-. De que seamos felices.

Fue la última frase larga que dijeron en muchas horas. A partir de ese momento se amaron a la luz de las velas, aquella noche fue especialmente apasionada pero tan tierna, tan cercana al corazón que ambas quedaron exhaustas y radiantes. Kristina tenía abrazada a Parker que reposaba su cuerpo sobre el de ella, estaba tan extasiada que le era imposible dormir.

—¿Qué te parece la alianza?

—Me encanta es preciosa -le decía mirándola sin poder dejar de sonreír.

—La elegí con Úrsula.

—¡Úrsula! -se giró completamente quedando frente a frente la una de la otra, Parker la miró con gesto desconcertado.

—Sí -dio una carcajada por su reacción-. Le envié dos fotografías con dos alianzas diferentes, yo había elegido esta, pero para estar segura le envié dos. Eligió la misma que yo porque dijo que representaba lo que somos, sencillas, pero intensas, diferentes pero maravillosas, dos bellezas para dos bellas personas, fue lo que dijo. Y lo que te iba a preguntar cuando te llamó era precisamente qué tal había ido tu pedida de matrimonio.

—¡Mira qué sabía que algo os tramabais las dos! Me has mentido de una manera descarada -le decía muerta de risa.

—¡Me llamó a punto del infarto cuando se dio cuenta que había metido la pata! Tuvimos que idear un plan, aunque cariño, la idea fue suya ya sabes que yo no te miento -le decía a modo de disculpa, riéndose sin dejar de mirarla a los ojos.

—Cuando la pille, verás. Ahora entiendo porque estabas tan nerviosa.

—Sí, me daba mucho miedo.

—¿Por qué? -la miró con expresión sorprendida sin entender muy bien por qué.

—No sé… bueno quizá más que miedo era respeto. Pero tenía tantas ganas, tanta ilusión. Estaba atacada solo lo sabía Úrsula y justo cuando iba a pedírtelo fue cuando vino Amanda.

—¡Oh! -dijo con gesto triste acariciándole la cara.

—Sí entre lo que le dijiste a Úrsula y su aparición, estuve a punto de echar las alianzas a la basura.

—Menos mal que no lo hiciste, mi amor -volvió a acariciarla con su infinita delicadeza.

—Tenemos que planear la boda -el brillo de sus ojos mostraba la ilusión que le hacía todo aquello.

—Es cierto -respondió encantada sentándose de un salto en la cama, mientras la miraba fijamente con una sonrisa cálida-. Aunque seguro que ya tienes algo pensado.

—No, es nuestra boda y creo que debemos prepararla juntas.

—Vaya… -lo dijo con voz cantarina-. Eso sí que me gusta.

—¿Pensabas que lo iba a hacer yo? -preguntó enarcando graciosamente una ceja.

—Cariño… tú eres de las dos las que lo planea todo -dio una carcajada-. Pero tienes razón esto es algo de las dos. A ver… ¿Quieres que nos casemos en Port Charles o en Eugene?

—Pues me gustaría en Port Charles para que mis hermanas pudieran venir sin problema con los niños, mi padre… no sé de Eugene siempre podemos traer a la señora Davis.

—¡Cuándo se entere verás! -sonrió acariciándole el cuello lentamente.

—¡Sí! ¡Qué ganas tengo de decírselo!

—Pues decidido, nos casamos en Port Charles. ¿Cuándo?

—Antes de que te quedes embarazada. Lo siento, ¡soy tradicional para esas cosas! -le dijo apartándole un mechón que le caía en la cara.

—¡No me lo puedo creer, Kristina! -dio una carcajada enorme que arrancó otra en ella y le preguntó mirándola fijamente-. ¿Me lo estás diciendo en serio?

—No, tonta, es broma -le besó con pasión dejándole una caricia en la cara-. Pero me encanta tu carcajada. Realmente nos queda poco menos de un mes para poder irnos a Eugene, entre que nos miramos los vestidos y localizamos un lugar para casarnos yo creo que podríamos ver una fecha para los últimos días y así nos vamos a Eugene de luna de miel.

—Ves como algo ya habías pensado -le besó divertida-. Me parece estupendo, porque voy a tener los exámenes y estaré francamente ocupada.

—Claro. Además así si te parece bien podemos hacer la inseminación cuando estemos allí ya tranquilas en nuestra nueva vida.

—Sí, yo creo que sí. Habrá que ver qué nos dicen mañana en la clínica pero desde luego yo dejaría el proceso de embarazo para cuando estemos ya en casa, en nuestra casa.

—¡Te das cuenta vamos a casarnos, tener un hijo, volver a nuestra casa y empezar en una empresa propia! ¡Cuántas cosas maravillosas tenemos a la vista! -decía feliz Kristina.

—Sí, mi amor -suspiró con fuerza mientras entrelazaba sus dedos con los de ella, exhalando un profundamente afirmó-. Un futuro repleto de amor.

Ambas sonrieron. Se besaron para abrazarse, Parker dejó un suave beso en el hombro de Kristina que ante el contacto cerró los ojos sintiéndose la mujer más afortunada de la tierra.

—¿Cómo vas a casarte con vestido o traje chaqueta? -le preguntó Parker deshaciendo el abrazo y el hechizo que habían creado allí bajo las estrellas y la luna que revoloteaban por las paredes de la habitación.

—Vestido -respondió Kristina sonriendo feliz.

—Vale, yo también.

—¿Y las madrinas? -le preguntó con gesto serio frunciendo la frente.

—Pues… Sam y Molly seguro -apuntó Parker con una sonrisa-. Úrsula por mi parte y la señora Davis, ¿qué te parece?

—Me encanta esa idea -le dijo divertida mostrándole esa enorme sonrisa que provocaba en Parker que su corazón latiera a toda velocidad-. Verás cuando se lo digamos a todas.

—Pero… no podremos hacer un convite, cariño -le advirtió tratando de que nadie propusiera otra cosa.

—Bueno, en este mes voy a pedirle trabajo a mi padre, lo que gane lo invertiremos en la boda que quizá pueda incluir un tentempié aunque sea.

—Con mi sueldo podemos comprarnos los vestidos ¿crees que nos dará para ello? -le preguntó arrugando la frente con gesto preocupado.

—¡Parker, cariño! ¡Estamos planeando nuestra boda! -le gritó feliz con un gesto tan radiante que arrancó una carcajada en ella-. ¿Te das cuenta?

—¡Es maravilloso! -le dijo feliz.

—Ni en el mejor de mis sueños podía imaginar que llegaría este momento a tu lado -le susurró mirándola fijamente a los ojos mientras le acariciaba la cara con ternura.

—Ni en los míos, mi amor. Pero lo hemos conseguido. Y vamos a ser muy felices.

—Nos lo merecemos.

Volvieron a besarse con ternura y pasión.

—Mañana podemos seguir con los detalles, ¿no te parece? -Parker le guiñó un ojo dándole la vuelta y dejándola sobre la cama.

—Sí, me parece estupendo -respondió cerrando los ojos ante el roce suave de los labios de Parker en su clavícula.

—A mí también, señora Forsyth.

—Qué bien suena.

Fue un murmullo tal cual sonara una nana, su voz extasiada por el deseo, con los ojos cerrados acariciando la espalda desnuda de Parker. Nada podía enturbiar el amor ni la pasión que sentían. Aquella noche rodeadas por las estrellas se prometieron entre susurros amor eterno, respeto y pasión en cada día de su vida en unión.

Finalmente se fueron quedando dormidas con la mano entrelazada frente a frente, Parker en aquel momento en que Kristina había entrado en un sueño profundo, no pudo evitar que una lágrima recorriera su rostro. Nunca en su vida había sido tan feliz, aquella alumna y mujer joven había conseguido que su corazón sintiera de una manera como jamás antes hizo. Se retiró la lágrima sonriendo, porque también se podía llorar de felicidad y en aquel instante en que Kristina buscaba refugio en ella, se sentía inmensamente feliz.

—Te quiero, mi amor -musitó con la voz entrecortada.

—Y yo -respondió casi de manera inaudible.

Aquella respuesta arrancó en Parker una sonrisa.

Cuando sonó el teléfono para avisarles que debían levantarse, a las dos les costó lo suyo primero deshacerse del abrazo, después ubicar el sonido y finalmente contestar. Fue Kristina quien lo hizo.

—Gracias -le dijo con la voz medio dormida aún y los ojos acurrucados por la fuerza del sol que entraba por la ventana. Entonces miró a su lado y allí estaba Parker durmiendo con el brazo derecho rodeando su cintura. Suspiró feliz mientras no podía borrar una sonrisa de sus labios-. Mi amor.

—Mmmm -respuesta vaga.

—Debemos levantarnos, hay que ir a la clausura de la conferencia -hablaba con la sonrisa perpetua en sus labios al verla.

—Es verdad -susurró acercándose más a su cuerpo y acoplándose a ella que sonrió.

—¿Estás bien? -le preguntó Kristina acariciándole la cabeza.

—Más que bien.

—Cariño…

—Dime que no ha sido un sueño.

—Si te refieres a que estamos comprometidas, no, mi amor. Lo siento pero ya no te libras de mí. Vas a ser la señora Corinthos -dio una carcajada divertida.

—Mmmm -sonrió sin abrir los ojos-. Qué bien suena.

A Kristina aquel despertar le había parecido el más maravilloso de su vida. Parker abrazándola con tanto amor, quizás algo de dependencia pero le encantaba verla tan entregada. Había sido una noche intensa en emociones y aquella pedida de matrimonio había resultado mucho mejor de lo que tantas veces había estado en la última semana recreando en su mente. Nunca había sentido los nervios tan desatados como momentos antes de hacerlo, todo había salido como lo imaginó. El gesto de Parker al ver como se arrodillaba no podría olvidarlo nunca, su mirada, su sonrisa, hasta pudo escuchar los latidos de su corazón porque debían sonar tan fuertes como los suyos propios. Sonrió al ver como dormía plácidamente y le acarició con lentitud la cara, estar a su lado era mucho más intenso y maravilloso de lo que pensó cuando se percató que sus sentimientos por ella eran muy intensos. Exhaló un profundo suspiro porque por primera vez en su vida se sentía feliz, radiante, casi con cierto temor a sentir tanta felicidad.

—Cariño -la llamó.

—Voy… dos minutos.

—¡Vamos Parker! Tú nunca pides dos minutos -le dio dando una carcajada.

—Estoy tan bien que no me levantaría nunca, no quiero separarme de ti.

—¡Yo tampoco pero…!

—Lo sé, lo sé -entonces abrió los ojos mirándola con una amplia sonrisa.

—Buenos días, mi amor.

—Buenos días, cariño.

Se besaron con delicadeza. Separaron los labios mirándose como si se retaran en ver quien aguantaba más aquella separación, finalmente, fue Parker quien cayó en la tentación de besar a una Kristina que la miraba con una ceja levantada aceptando el desafío. Parker se acodó en la cama y la atrajo posando su mano en el cuello de Kristina. Se besaron con pasión sin reticencias ni filtros, las respiraciones se dispararon sin remedio y los latidos de ambos corazones empezaron a sonar como si fueran una batucada.

Bajaron a desayunar entre arrumacos y besos en el ascensor aprovechando que iban solas. Las acompañaron susurros repletos de palabras tiernas y miradas enamoradas. Al llegar al comedor, desayunaron con las más rezagadas y compartieron una mañana tranquila, sin reproches por aquella relación profesora alumna. No la explicaron, no dieron detalles porque no les hacía falta a las compañeras que compartían mesa con ellas, tan solo había que verlas para darse cuenta del amor que ambas sentían. Una vez terminó la jornada matinal salieron a toda prisa hacia el aeropuerto, subieron al avión y unieron sus manos con una sonrisa tranquila por ambas partes. Durante el vuelo cada una dedicó el tiempo con los ojos cerrados, no a descansar, que era lo que aparentemente parecía, si no, a revivir los momentos más intensos de la noche anterior, miradas, caricias, palabras, pero sobre todo aquel instante en que pudieron tocar y entender qué era la felicidad.

En el mismo momento en que el avión tomaba tierra en Eugene, Sonny entraba en el despacho de una Alexis que lo esperaba sentada y con gesto duro.

—¡Qué pasa ahora con Parker! ¿Vienes a romper una lanza a su favor para decirme lo buena persona qué es?

—No -le mostró la carpeta para dejársela sobre la mesa.

—¿Qué es eso? -se puso las gafas de cerca.

—He hecho lo que Kristina una vez me obligó a detener. He enviado a Max para averiguar toda la vida pasada de Parker.

—¡Cómo! -abrió los ojos excitada por lo que aquello significaba.

—Así es, nunca debí hacer caso a Kristina. Está todo contrastado.

—¿Lo has leído?

—Sí -respondió con gesto duro-. Pero quiero que lo hagas tú sin tener mi influencia.

—¡Está bien!

Alexis tomó la carpeta con ansiedad, vio que habían unos cuantos folios, desde quiénes eran sus padres hasta el momento en que Kristina interrumpía en su vida. Tragó saliva y comenzó a leer bajo la atenta y seria mirada de Sonny.

Ajenas a la reunión que estaban teniendo sus padres en el despacho, la pareja llegó a casa y con el mismo taxi que las había llevado hasta allí, tras dejar las maletas, fueron a la clínica. Al llegar, una simpática recepcionista les dio la bienvenida, tras dar los datos y confirmar la cita, ésta les entregó un formulario para rellenar.

—Puede rellenarlo usted al ser mayor de edad, no necesitamos la firma de su madre -dijo sonriendo a Kristina y mirando a Parker.

 

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2 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 82

  1. Hola Farren. Bueno al principio cuando quise escribir una historia con este tema, una de las cosas que quería demostrar es el poco tacto que a veces tenemos las personas, la falta de empatía. Aunque como bien dices, Kristina la pondrá en el sitio, ¡espero! Y como he dicho yo creo que el pasado poco puede importarles, más que el presente donde Kristina es inmensamente feliz y Parker está enamorada. ¡Alexis es un grano en el culo como dijo Amanda! A ver si se amansa la fiera jeje.
    Un abrazo y ¡mil gracias por comentar!

  2. Kristina, le va hadar un descolón ala recepcionista por el comentario que que hizo.
    La noche termino llena de pasión, amor y ternura fue la cereza del pastel, para culminar la cena y la magnífica petición de matrimonió.
    Espero que nada malo tenga el informe ☹, y ojala que Alexis cambie su aptitud con Parker, aunque lo veo difícil por el orgullo estupido que tiene.
    Gracias por el capy, y sus saludos .
    Saludos para usted también 😊
    Mañana sin falta 😉

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