PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 84

Buenas noches, hoy os quiero pedir disculpas porque he tenido un día pésimo como escritora y no estoy muy segura de que este capítulo esté a la altura de lo que os merecéis. He intentado repasarlo varias veces para mejorarlo así que espero no desentone al resto de la historia. ¡Hoy las musas se largaron!

Gracias por seguir acompañando a Parker y Kristina.

 

Aquella pregunta empujó a Parker a un pensamiento que había estado guardando en un lugar recóndito de la cabeza y el corazón. Era consciente que ninguna de las dos la había nombrado. Era consciente que aquella noticia iba a ofenderla y quizá volverían nuevamente los enfrentamientos.

—Deja no me contestes, tu cara me lo dice todo.

—¡Señora Davis! Esta vez he preparado yo la cena -le dijo Kristina entrando al comedor.

—¡Cómo! -fingió asombró poniéndose la mano en el pecho.

—Sí, hoy he sido yo. Siéntese.

—Eres una mandona considerable.

—¡Sí pero es una mandona maravillosa! -apuntó Parker sonriendo por primera vez.

Durante la cena la señora Davis les hizo reír de lo lindo contándoles cosas de la ferretería, del barrio. Ellas le hablaron de Ilsa de lo felices que eran a su lado y de lo maravilloso que iba a ser volver a Eugene. Kristina le contó cómo las habían recibido en el barrio al verlas, y eso contentó a la mujer que poco menos había hecho una campaña para que la gente las admitiera sin más contemplaciones de que eran dos grandes personas. Cuando llegó el momento del café y las ricas pastas que había comprado Parker, aprovechando que las dos estaban en la cocina, la señora Davis fue hasta su bolso y sacó un papel. Estaban las tres sentadas, Kristina poniendo el café y Parker dejándole el plato para las pastas, y fue el momento en que la señora Davis habló.

—Aquí tenéis la cita con vuestra clínica. Os aseguro que son de lo mejor, y os va a ver una médica que es un encanto de persona. La conozco y hace una labor impresionante. He hablado con ella y ya sabe todo vuestro dramón de historia, me ha dicho que mañana os hace un hueco a las doce para que vayáis.

—Pero señora Davis -susurró Parker mirándola atónita.

—Querida, tengo tanto dinero que no sé donde meterlo, y como lo vas a tener tú yo os regalo el tratamiento porque va a salir tan guapo como la madre -Kristina dejó caer los párpados de manera divertida-. Soy una romántica empedernida, me encantan las historias de amor y la vuestra es para hacer una película. Os admiro por vuestra lucha constante para vencer todas las trabas que os han ido poniendo. Que os caséis me parece adorable, veros felices es para mí un regalo para alguien que quiero de verdad. No quiero las gracias, quiero que me prometáis que vais a ser felices, pase lo que pase con vuestra boda y con tu madre -señaló a Kristina utilizando un tono duro.

Las dos la miraron con gesto de agradecimiento y emoción.

—Sois dos mujeres admirables, Kristina has luchado por ella hasta le extenuación te he visto reír y llorar por esta mujer, cada vez que la miras parece que salgan corazoncitos de tus ojos, sé que la amas de verdad, lo mismo que tú Parker, sé que para ti ha sido una decisión muy complicada dejar vencer a tu corazón ante la razón de lo que es correcto, nadie es quien para juzgar para decir que vuestro amor no es sano por vuestra diferencia de edad. Os quiero y os admiro. Y si no me dejáis ayudaros me ofenderéis porque para mí os siento como dos hijas, las hijas que siempre quise tener y la vida no me dejó, un poco tarde me han llegado pero me vale porque me he evitado los pañales y la adolescencia. Prometedme que no dejaréis que nadie rompa vuestro amor.

—Lo prometo -dijo Parker sorprendiendo hasta a Kristina por su rapidez a la hora de contestar, mientras la miraba embriagada.

—Yo también lo prometo.

—No soy bruja por mucho que me llamen así algunos de los vecinos, pero estoy convencida que vuestra relación va a perdurar en el tiempo.

—Yo también -dijo Kristina sonriendo.

—¡Y ahora ya está bien de ñoñerías, saca whisky y vamos a brindar de verdad!

Parker se fue a la cocina para preparar los vasos y encontrar una botella que su padre dejó por allí. Kristina le habló a la señora Davis de comprar la ferretería.

—Olvídate de eso ahora, ¡escúchame! -la miró fijamente con sus grandes ojos bien abiertos y voz severa-. Tú madre va a poner el grito en el cielo con la boda, ¿estás preparada para ello?

—Ya le dije que no iba a hablar con ella de nada que tenga que ver conmigo y con Parker.

—No te digo que hables con ella, te pregunto ¿estás preparada para afrontar ese momento?

—Lo único que quiero es casarme con Parker, venir aquí y vivir felices, quiera o no mi madre.

—¡Eso es lo que quería oír! ¡Eres maravillosa, y si tenéis una vida como la que tenéis es gracias a ti que no se te olvide nunca, tú eres la protagonista de tu vida!

—Gracias, señora Davis. ¿Me deja decirle que la quiero mucho? -la miró sonriente.

—Vale, pero no te acostumbres. ¡Ah! El siguiente nieto que voy a tener gracias a ti será asunto mío también, ¡así que tendrás que darte prisa!

Eran cerca de las dos se la mañana cuando la señora Davis dijo que se iba, había sido una velada entrañable para las tres, hablaron de todo, rieron y lloraron emocionadas recordando cosas que habían vivido juntas. Al quedarse solas, Parker abrazó a Kristina.

—¡Vaya día! -susurró Kristina.

—Últimamente los tenemos intensos ¿eh? -le dijo Parker estrechándola con fuerza mientras Kristina daba una carcajada-. Nos queda la noche.

—Mmmmm -susurró besándola.

—¿Sabes? Echó de menos a Ilsa.

—Yo también, pero solo de pensar lo feliz que va a ser en el jardín y en esta casa.

—Tienes razón, Kris -sonrió ampliamente.

—Mañana va a ser un día importante. Solo espero que nos traten con respeto. Nada más pido eso.

—¿Crees que no va a ser así yendo de parte de la señora Davis? -le preguntó Parker enarcando una ceja divertida-. Es una mujer extraordinaria.

—Sí, lo es. Creo que es feliz con nosotras.

—¡Es cierto!

—¿Vamos a la cama? -propuso Kristina.

—Me muero de ganas por estar en nuestra habitación.

—Y yo.

Cerca de las cuatro de la mañana, Parker abrazaba el cuerpo desnudo de Kristina, la calma había vuelto a ellas y de la pasión habían pasado a ese momento de ternura que tanto les gustaba compartir.

—Parker ¿estás durmiendo?

—No, cariño.

—Necesito decirte una cosa -se levantó y le dijo-. Voy a encender la luz.

—¿Qué pasa? -la miró entrecerrando los ojos.

—Cuando volvamos quiero hablar con mi madre de la boda.

—De acuerdo, si es lo que quieres.

—Hablé con Carly y como tuvimos que anular la cena con ellos, le dije de hacerla este viernes.

—Perfecto.

—¿Te parece bien que demos la noticia entonces? -la miraba con seriedad.

—Claro, me parece estupendo, cariño -le cogió la mano entrelazando los dedos y dejándole un beso.

—Después, se lo diré a mi madre porque quiero que lo sepa por mí.

—He estado pensando en eso -se sentó ella también en la cama pasándose las manos por el pelo al tiempo que suspiraba-. Sólo espero que podamos celebrar la boda sin ningún problema. No me gustaría que el día más feliz de nuestra vida nos lo estropeara nadie.

—Por eso mismo, cariño.

—Todo irá bien, estoy segura puede que no me acepte, que no quiera que esté a tu lado pero quizá si sabe que nos vamos a casar entienda que nuestro amor va en serio.

—No quiero que lo entienda, quiero que lo sepa para evitar cualquier problema. Porque si no se lo digo y se entera por alguien que no sea yo, entonces sí tendremos un problema con ella. Y después de la boda, todo será tranquilidad, venirnos aquí va a hacer que vivamos la vida mucho más tranquilas.

—Es una lástima pero sí. ¿Pero sabes una cosa? Mi madre siempre me decía que el tiempo pone a cada quien en su sitio.

—Y tenía razón, estoy segura que el tiempo será nuestro aliado.

—Te quiero, mi amor.

A Kristina aquella frase le calmó el corazón, seguía doliéndole al hablar de su madre y su postura contra Parker. Se dejó abrazar por aquella mujer que la había ayudado tanto a que su vida fuera mucho mejor. Con una sonrisa en los labios finalmente ambas se quedaron dormidas.

A la mañana siguiente, decidieron desayunar cerca de la playa. Echaban tanto de menos aquellos paseos que lo disfrutaron en silencio mientras Kristina iba cogida de su brazo. El mar estaba revuelto y la panorámica de la playa era un regalo de la vida que disfrutaron las dos, además de hacerse un montón de fotos con el mar de fondo, momentos que les provocó innumerables sonrisas. Después de desayunar, Parker hizo una llamada de teléfono delante de Kristina.

—¡Parker!

—Hola Úrsula ¿te pillo en mal momento? -hablaba seria.

—No, no ¿qué pasa? ¡No me asustes!

—Ayer Kristina me pidió que me casara con ella -entonces le puso la mano en la boca a Kristina para que no la oyera reírse.

—¿Y?

—Le he dicho que no.

—¡Qué le has dicho que no! -gritó como loca, mientras Parker reía bajito y Kristina trataba de quitar la mano de su boca-. ¡Pero por qué! Parker esa chica es la mujer de tu vida, ¡pero si te ama! ¡Está loca por ti!

—¡Úrsula te está tomando el pelo! -gritó por fin Kristina una vez se liberó de la mano de Parker.

—¡Pero…! ¡Pero! -decía la amiga.

—Lo siento, es que me apetecía después de mentirme -le contestó Parker muerta de risa.

—¡Parker cuándo te vea intenta no acercarte a mí! ¡Te aviso! -Parker dio una carcajada enorme.

—Voy a poner el manos libres -la avisó riendo de buena gana.

—¡Kristina, querida!

—He tratado de impedirlo. Úrsula.

—Imagino, esta mujer es muy mala persona ¿estás segura que te quieres casar?

—¡Sí, lo estoy! -respondió sonriendo.

—¿Podéis dejar de besaros en mi presencia? -las riñó mientras reía-. ¡Se ha oído!

—A ver, Úrsula te llamo para decirte una cosa, ¿quieres ser mi madrina en la boda? -preguntó Parker al otro lado silencio las dos se miraran haciendo gestos de desconcierto-. ¿Úrsula?

—¡Claro que quiero! -gritó como loca arrancando las risas en las dos.

Tras aceptar, le contaron los pormenores de la pedida que la otra disfrutó como si fuera algo suyo, después le hablaron que iban a la clínica para ver el tratamiento y le confirmaron que una vez Parker terminara en la universidad, volverían a Eugene noticia que le alegró sobremanera.

Después llamaron a Molly para saber qué tal estaba Ilsa, no podían negarlo ¡tenían ganas de volver solo por verla!

—Está muy bien, hemos dormido juntas en la habitación de invitados, y cuando hemos salido a la calle miraba hacia todos lados buscándoos.

—Ya queda poco -le dijo sonriendo Kristina.

—¿Qué te pasa, Kristina?

—¿A mí?

—Sí, no sé te noto como… -dio una carcajada.

—¿De que te ríes? -aquella pregunta captó la mirada de Parker.

—Te iba a decir, te noto como enamorada ¡obvio! -dijo riéndose-. Espero que estéis aprovechando el tiempo.

—Te aseguro que sí -miró a Parker sonriendo-. ¡Tenemos que hacer una comida para que podamos estar las tres juntas! Así Sam no tiene que irse corriendo.

—¿Qué vamos a celebrar? ¡Calla se me había olvidado! ¿Qué tal en la clínica?

—Ya te contaré porque vamos ahora -Parker la miró sonriendo mientras le guiñaba un ojo-. Habla con Sam, a ver que día le viene bien ni martes ni jueves que trabaja Parker por la tarde.

—De acuerdo, hablo con Sam. Pasadlo bien. Saluda a Parker de mi parte.

—Claro. Ahora mismo. Dale mil besos a Ilsa. Mi hermana me ha dicho que te salude.

—La verdad que si me hubieran dicho el cambio de Molly me hubiera reído mucho.

—Molly tiene un gran corazón y es muy inteligente, para mí fue un apoyo muy importante cuando estaba en aquella maraña de pensamientos y emociones por ti.

—Además me consta que te quiere mucho.

—Y yo a ella, por eso me ha hecho muy feliz que se diera la oportunidad de conocerte. Bueno, cariño ¿vamos?

—Vamos -sonrió feliz.

Una vez llegaron a la clínica, todo fue diferente a lo ocurrido el día anterior. Y no sabían si era porque temían a la señora Davis o porque eran mucho más respetuosos. Rellenaron los formularios que les pidieron, se sentaron en la sala de espera y entendieron mejor porque las habían tratado con total normalidad, en la sala había dos parejas más de chicas. En el tiempo que tuvieron que esperar hablaron con ellas intercambiando sensaciones y sueños, también quejas porque les había ocurrido lo mismo que a ellas en otras clínicas. Fue ameno y cuando les tocó entrar, Parker apretó la mano de Kristina mordiéndose el labio inferior.

—Todo irá bien, mi amor -le susurró Kristina con una sonrisa nerviosa.

Ambas pudieron constatar que lo dicho por la señora Davis era cierto, la doctora Russon era un encanto de mujer, respetuosa, cariñosa y que antes de hacer nada les dijo.

—La señora Davis me ha hablado de vosotras y me dejó con las ganas de poder conoceros en persona, si habla de vosotras tan bien ¡es porque os aprecia de verdad!

—Hemos congeniado muy bien, es una gran persona. Yo vivía aquí antes y nos conocemos de hace tiempo.

—Sí, eso me dijo. También me ha dicho que ya puedo buscar un donante inteligente porque la madre aporta la belleza -fue una manera de relajar un tanto el ambiente porque si bien Parker aparentaba tranquilidad, la cara de Kristina demostraba que estaba atacada-. Lo primero que voy a hacerte, Parker es un chequeo para confirmar que todo está bien. En el momento me digáis que queréis hacerlo lo prepararemos todo. Tienes que empezar con la medicación un poco antes de inseminarte y para eso necesito que estéis aquí.

—De acuerdo. En un mes más o menos ya estaremos instaladas -le dijo Parker.

—Mi enfermera te acompaña hasta la camilla -la mujer con una sonrisa le indicó por donde debía dirigirse-. Kristina, ¿tienes alguna pregunta que hacerme?

—¿No le pasará nada, verdad? -su rostro mostraba una preocupación que llamó la atención a la médica.

—No tiene por qué. Le vamos a hacer todas las pruebas necesarias, es una mujer fertil todavía a su edad igual no a la primera pero no hay problema, Kristina. Y si lo hubiera lo diríamos. ¿De acuerdo?

—Sí, gracias -respondió con actitud nerviosa no podía controlarse hasta ese momento lo había visto todo muy fácil.

Salieron de la clínica no solo contentas por el trato recibido si no también porque el reconocimiento que le hizo a Parker era correcto para poder llevar adelante el embarazo. Para celebrar la noticia, la señora Davis las invitó a un restaurante a cenar. Fue otra noche agradable con ella, se mostraron agradecidas y contentas, ese era el mejor regalo para la mujer que las apreciaba de verdad.

Al llegar a casa, Parker estaba en la cama esperando a que Kristina se acostara, estaba mirando su alianza y lo hacía con gesto de felicidad. Sonreía sin poder ocultar que en ese instante tan solo pensaba en ella.

—Me encanta verte así -le dio Kristina parada en el quicio de la puerta con los brazos cruzados y su camisón de seda.

—Y a mí verte así -le sonrió con gesto ávido-. Espero que cuando me tome las hormonas sigas pensando lo mismo.

—Cariño… por supuesto que sí -se sentó a su lado mientras la besaba.

—Mira que me acordaré de esto ¿eh?

—Tengo unas ganas de que pase este mes.

—Tenemos muchas cosas que hacer. Pero por lo pronto, vamos a dormir.

Kristina estaba dormida profundamente, se giró algo inquieta y comenzó a soñar.

¡Rápido mi mujer se ha puesto de parto! -gritaba entrando en el hospital.

-Tranquila, está todo controlado -le decía la doctora Russon.

-Parker, ya estamos cariño…

-Kristina -se quejó cogiéndole la mano.

-Tranquila… respira acuérdate…

-Sí, ya lo hago.

Pasaron con rapidez al quirófano, Kristina estaba junto a ella dándole apoyo y ánimo, todo iba como estaba previsto, el llanto de la niña cubrió el quirófano y la emoción las embargó a las dos. Por fin la pequeña reposaba en el pecho de Parker. De repente las máquinas pitaban como quien avisa de que un horror está a punto de suceder. Todo sucedía tan rápido, la niña lloraba y una enfermera agarraba a Kristina y se la llevaba de allí. Le hacían salir mientras miraba a Parker que había ladeado la cabeza con los ojos cerrados.

¡NO!

—¡Kristina! -Parker encendió la luz asustada por el grito de Kristina que se echó a su cuello con la respiración entre cortada y lágrimas en los ojos-. ¿Qué pasa, cariño? Estás temblando.

—No me sueltes. Abrázame.

Parker así lo hizo. La abrazó fuerte mientras notaba como se iba calmando poco a poco.

—Vamos, mi vida ¿ha sido una pesadilla?

—Sí, horrible -dio separándose con una expresión que reflejaba lo mal que lo había pasado.

—Voy a traerte un vaso de agua. Tranquila -le besó en la frente y se fue.

Al volver la encontró sentada en la cama con la cara tapada con las manos.

—Cariño… ya está -le dijo sonriendo.

—Acababas de tener a la niña y… -cerró los ojos.

—¿No me digas que me has matado en tu sueño? -la miró enarcando una ceja mientras ella bebía agua.

—¡Me encanta cuando sacas tu ironía! -le dijo cerrando los ojos.

—Bueno, mira, si es así si hoy me muriera lo haría muy feliz.

—No digas eso -le dijo frunciendo la frente.

—Kristina, no pienso morirme justo ahora que estás conmigo. Así que… tranquila. Vamos a dormir.

—No sé si podré…

—¿Quieres qué te ayude?

—Un poco -le dijo con voz insinuante mientras sonreía.

—A ver qué puedo hacer -la besó mientras su mano recorría lentamente su muslo-. ¿Mejor?

—Mucho mejor -dio una carcajada.

A la mañana siguiente, Parker se despertó teniendo entre sus brazos a Kristina. Sonrió, la estrechó con más fuerza mientras pensaba que nada podría romper la felicidad en la que vivían.

Esta vez la despedida con la señora Davis fue casi un hasta luego. La mujer estaba contenta por ellas, y sabía que en nada estarían juntas. Al llegar a Por Charles la pareja notó el cansancio que llevaban acumulado, había sido cuatro días intensos donde habían vivido tantas cosas que las siete horas de viaje las dedicaron a dormir. Cuando iban a salir por la puerta de llegada, Kristina le dijo nerviosa a Parker.

—¡Cariño quítate la alianza!

—¿Por qué?

—Porque a Molly no se le pasa nada, y se dará cuenta. Y quiero que sea una sorpresa. Molly ve hasta una arruga que tengas en la camisa y tú ni te percates.

—¡Exagerada! -le dijo rompiendo a reír.

—¡Tú hazme caso!

Las dos se guardaron la alianza en el bolso y al salir la vieron con Ilsa. El animal miraba a un lado y a otro, hasta que oyó la voz de Kristina llamándola, literalmente, se volvió loca saltando de alegría, no sabía a quien de las dos acudir, movía el rabo, saltaba, lloraba.

—¡Cariño! ¿Nos has echado de menos, eh? -le decía Kristina contenta mientras la abrazaba.

—La verdad que sí -respondió Molly que le dio dos besos a Parker-. ¿La conferencia bien?

—Sí, muy bien, gracias Molly fue muy intensa.

—Fue la mejor -añadió Kristina.

—Espero poder disfrutar yo de alguna.

—¡Tan poco es para tanto pareja de aduladoras! -Parker las miraba con gesto divertido.

Salieron hasta el coche y una vez subieron Ilsa se tumbó sobre Parker que sonreía al ver como se agarraba a ella.

—He hablado con Sam, y me ha dicho que mañana le viene genial que comamos juntas.

—Perfecto.

—¿Qué nos vais a contar?

—Si te lo cuento ahora Sam se va a enfadar.

—Pero a ella sabes que se le pasa en seguida el enfado.

—No, Molly, ten paciencia -le dijo Kristina mientras Parker sonreía.

—Espero que al menos sea una buena noticia.

Quisieron que Molly se quedara a cenar para agradecerle que se quedara con Ilsa pero declinó la invitación porque tenía que estudiar.

Parker estaba poniendo la lavadora con la ropa del viaje, e Ilsa la miraba tumbada a sus pies.

—Parker cariño, ¿te apetece que salgamos a comprar la cena? Así damos un paseo a Ilsa.

—Sí, te lo iba a decir. No me apetece cocinar e imagino que a ti tampoco y la verdad, prefiero sentarme tranquila contigo en el sofá.

—¡Buen plan! ¿Vamos?

—Sí, espera que me falta el suavizante.

—Me encanta lo buena ama de casa que eres -decía muerta de risa.

—¡Payasa!

Iban por la calle cogidas de la mano con sus alianzas ya puestas. Kristina le estaba contando historias sobre Molly y Sam que le provocaban sonrisas divertidas ante lo locas que estaban las tres. Llegaron a un restaurante que tenía terraza y en el que hacían las mejores pizzas de Port Charles. Kristina entró para encargarla mientras Parker se quedaba fuera jugando con Ilsa.

—Ya está, me han dicho que diez minutos. ¿Damos una vuelta?

—Sí, Ilsa tiene ganas de andar.

Volvieron en diez minutos, y cuando Kristina iba a entrar para ver si ya estaba su encargo hecho, se acercó a Parker y le susurró algo en el oído que le provocó una carcajada divertida, entonces Parker se deshizo de su mano y le apartó el pelo acariciando lentamente su espalda ante la sonrisa divertida de Kristina. Que finalmente besó a Parker sin poderse resistir. Al separarse Kristina se mordió el labio inferior mientras le daba una palmada suave en el culo de su novia. Parker no separó su mirada de ella hasta que entró a por la pizza, mantenía una sonrisa que reflejaba un gesto de adoración. En ese momento Parker notó la incomodidad de que alguien la estaba mirando. Aquellos ojos encolerizados que le atraían eran los de Alexis que no daba crédito a lo que acababa de ver. Parker le aguantó la mirada hasta el momento que salió Kristina.

—Ya está. Vas a chuparte los dedos como loca.

—Me muero de ganas de probarla. No habíamos venido nunca aquí -le dijo mientras pasaba su mano por la cintura.

—No, es que… aquí suele venir mi madre y no me apetecía encontrármela.

—Entiendo -sonrió de lado Parker-. ¡Vamos Ilsa!

Aquellos ojos siguieron la figura de la pareja cogidas de la cintura, riendo sin parar junto a la perra reflejando una felicidad insultante.

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8 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 84

  1. Gracias, guapa. Seguro que mañana será mejor día. Y gracias por el comentario no estaba yo segura. La señora Davis es tremenda. Cuídate 😘

  2. Disculpa las faltas de Ortografías en mi comentario , se me pasaron sin querer.
    Jajaja dice ma, que me mandara de regreso a preescolar.
    Y era la señora Davis , y urge internar a Alexis, esos fueron mis errores ortográficos mil disculpas.
    Pd. El tratamiento de Parker sera inseminación artificial normal o por el cual yo fui concebida que es el Ropa.

  3. Que no se cumpla el sueño de Kris , el de Parker muriendo, el de la bebe si me gustó.
    La señora davis , ya quiere un segundo nieto, esta si que quiere tener una familia muy grande al igual que Kris.
    Este es el trato que se merecen no solo ellas, sino toda las personas que acuden a estas clínicas para hacer su sueño realidad.
    Bueno está Alexis de verdad que es un súper grano en el culo, y que bueno que Parker no sé dejo amedrentar y le reto su mirada.
    Ya es hora que internar a Alexis, mándasela a mi tía es una gran psicóloga.
    Animo, a veces los días no son muy buenos uno se levanta con gran optimismo , pero por azares de la vida cambia nuestro día. El capy perfecto como siempre, esta mañana, es que eso de tener doctora particular en casa como una de tus madres y otra que es abogada, no encuentro argumentos para luchar contra sus peticiones 😄.
    ANIMO Y UN ABRAZO , TU DIA SERA PERFECTO SINO FUE EL DE HOY, SERA MAÑANA 😏

  4. Animo escritora…todas tenemos esos bajones asi que a levantar la cabeza que lo haces de lujo….capitulo muy bonito y con amor….que ganas de leer el siguiente….😘😘😘😘😘

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