PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 96

La puerta volvió a abrirse y la enfermera entró con las pastillas que ya debía tomar Kristina. Al salir con una sonrisa dijo:

-Hacen una pareja preciosa y enamorada, debe estar usted muy contenta se nota que esa mujer la quiere.

Alexis no contestó tan solo mostró una risa enormemente forzada.

El sonido de la puerta hizo que Parker se despertara, abrió los ojos al principio sobresaltada y, al ver a Kristina durmiendo tranquilamente sobre su pecho, sintió que su corazón se desbordaba de felicidad. La miró detenidamente sintiendo que era afortunada, le acarició con ternura la cara con su amor infinito y una sonrisa tierna marcada en sus labios. Se levantó con cuidado. Para no molestarla.

-Parker…

-Estoy aquí, duerme cariño.

Kristina siguió durmiendo pero su gesto mostró que algo le dolía. Parker se dirigió al servicio para lavarse la cara y arreglarse. Cuando salió coincidió que entraba Sam.

-¿Que tal, Parker? ¿Has podido descansar?

-Sí ha estado muy tranquila.

-¡Parker! -la llamó nerviosa.

-Estoy aquí -le dijo acercándose mientras Sam la miraba sonriente.

-Vámonos.

-¿Dónde quieres ir, cariño?

-A casa.

-Hola, hermana, tienes ojos para verme ¿o solo ves a Parker?

-¡Sam! -le sonrió acompañada por una sonrisa de Parker.

-¿Cómo estás?

-Como si tuviera una peonza en la cabeza -le dijo cerrando los ojos.

-¿Pero te duele algo?

-Sí en este lado y la cabeza -cerró los ojos-. ¿Nos hemos casado o lo he soñado?

-Lo has soñado, cariño. Aún no nos hemos casado -le dijo sonriendo.

-Buenos días.

Entró el doctor y tras saludarla, le estuvo haciendo preguntas, Kristina contestaba con coherencia si hacia referencia a Parker o Sam en el momento en que estaban allí, pero se perdía si tenía que contestarle cosas pasadas. Sam y Parker se cruzaban miradas de preocupación. Cuando terminó Kristina le dijo:

-Me quiero ir a mi casa.

-Aún es pronto para que te vayas.

-Yo me hago responsable firmo el alta voluntaria y me voy -decía firme.

-Kristina no nos podemos marchar -le dijo Parker mirándola con desconcierto ante su firmeza al hablar.

-¿No quieres que esté en casa, eh? -su tono había cambiado, su gesto también.

-Claro que quiero pero no estás en condiciones -le dijo tras el gesto del médico para que siguiera por ahí quería ver que tipo de reacción estaba teniendo-. Debemos quedarnos aquí hasta que estés completamente recuperada.

-¡Pues yo no me voy a quedar! Tú lo que quieres es perderme de vista.

-Kristina -le dijo poniendo gesto de sorpresa.

-No, no te hagas la digna, mira lárgate y me quedo con mi hermana -le recriminó con ese gesto tan característico en ella de enfado. Entonces la miró con los ojos encendidos en fuego para decirle con la rabia bien marcada en la voz-. Seguro que estás deseando irte con Amanda.

-De acuerdo, señora Forsyth creo que debería marcharse. Voy a hacerle unas pruebas que van a durar bastante puede irse a casa.

-Ella no se puede ir a casa, sin mí. Yo soy quien tiene que estar con ella ¡no esa capulla!

Sam y Parker se miraron totalmente asombradas por la manera que tenía de hablar y además porque hizo amago de levantarse. Ellas trataron de acercarse pero el doctor les hizo una señal para que se estuvieran quietas. Parker entendió que Kristina estaba con otra crisis. ¿Cómo podía cambiar tanto en tan poco tiempo? Sin embargo, lo que decía no se podía corresponder con lo que hacía, al intentar levantarse se mareó y no tuvo más remedio que volver a acostarse con las manos puestas sobre la cara.

-De acuerdo, doctor. Me marcho a casa.

-Gracias.

-¡No te vayas! -le gritó enfadada.

-Pero si le acaba de decir que se vaya -le dijo el doctor.

-¿Puede callarse? -le espetó de repente Kristina ante el azoramiento de Sam y Parker-. Si te vas, si cruzas esa puerta no vuelvas, te lo aviso… -entonces exclamó arrastrando las palabras-. ¡Debí hacer caso a mi madre!

-Adiós, Sam -la voz de Parker mostró que estaba nerviosa.

-¡Pues no vuelvas, me oyes! ¡No vuelvas! Solo te has querido aprovechar de mí… ¡vete al diablo eres lo peor que me podía pasar! -gritaba como si se hubiera vuelto loca.

Sam miraba al médico porque parecía impasible ante el ataque de Kristina. Le dolía ver a su hermana así. Llorando, con los nervios a flor de piel y con una rabia que daba miedo. Pero también le dolía el estado en el que se había marchado Parker.

Fuera, Parker se había detenido tras unos pasos al escucharla gritar se le encogió el corazón.

-¿Qué le pasa, por qué grita? -le preguntó la señora Davis.

-Me ha mandado a casa con Amanda.

-¡Vaya… estamos averiguando mucho sobre la cabeza de Kristina! ¿Te das cuenta? ¡No, no te das cuenta! Estás tan preocupada que te está gritando constantemente que eres lo más importante para ella pero te quedas con que te ha mandado a casa. Su cabeza lo único que le dice de lo que le habla es de ti.

-Pues no me ha hablado nada bien -dijo algo molesta.

-Bueno… tú mejor que nadie sabe el carácter que tiene.

-Me voy a volver loca, esta noche me ha hecho acostarme con ella, cogerla de la mano, nos hemos reído sin parar, y ahora esto…

Entonces el doctor salió y la miró sonriendo como si esa sonrisa pudiera abrazarla y tranquilizarla.

-Está dentro de lo que ya avisé iba a ser normal. Tiene cambios de humor y sus pensamientos van confundiendo a sus emociones, pero esto ya saben que iba a suceder.

-Lo sé, doctor.

-¿Usted se atrevería a llevársela a casa? -le preguntó a Parker con gesto serio.

-Sí, claro ¿cree que me la puedo llevar?

-Le digo, normalmente aquí se estresan más. En casa la recuperación es más rápida, no podríamos ponerle los calmantes por gotero pero sí le daríamos la medicación. Hoy va a empezar a comer ligero, pero si lo acepta quizá sea bueno que esté en su casa.

-Pues… no sé… como usted diga -le dijo algo confundida.

-Déjeme ver como salen las pruebas y quizá mañana se vayan a casa.

-De acuerdo. Gracias, doctor.

-Venga vamos a tomar algo a ver si se te quita esa cara de susto.

-Solo espero que esto no dure mucho. Estos cambios me van a matar.

-¡Anda! ¡Anda!

En la habitación, Kristina se había quedado llorando. Sam podía percibir el estado en el que se encontraba, no debía ser fácil para ella esas montañas rusas que vivían sus emociones. Se sentó a su lado en silencio mientras Kristina la miraba con gesto serio.

-No me voy a casar -dijo de repente.

-¿Y eso? -le preguntó divertida.

-Porque -se calló.

-¿Qué? ¿Esa cabecita te dice el por qué?

-No lo sé. ¿Qué me pasa, Sam? ¿Por qué se me van las ideas?

-Cariño recibiste el golpe en la cabeza, te tuvieron que operar has estado al borde de morirte, ¿qué esperas?

-Pero no me voy a casar -insistió.

-Pues yo ya tengo el traje -le dijo seria.

-¿Qué traje?

-Soy madrina de tu boda.

-Pero ¡cómo me voy a casar si Parker solo está aprovechándose de mí!

-¡Ay Kristina! Mejor cierra los ojos, trata de dormir y calla.

En la cafetería del hospital, Parker se mostraba nerviosa.

-Si sigues dándole vueltas al café, vas a hacer un agujero en la taza.

-Estoy nerviosa. Voy a tener que volver a la universidad y no veo a Kristina en condiciones de dejarla sola ni en casa.

-¿Y qué crees que voy a hacer yo? Quedarme hasta que esté bien.

-¿Y la ferretería? -la miró atónita.

-¡Cerrada por vacaciones! Nunca me he cogido vacaciones, deben estar todos pensando que me ha salido la lotería, ¡cómo siempre amenacé que me iría cuando me saliera la lotería!

-¡Ay señora Davis! -suspiró.

-¡Ay Parker Forsyth!

Entonces la cara de Parker cambió, dejó de mover el café y sus ojos parecían haber visto algo que llamaba su atención levantándose furiosa.

-¿Dónde vas? -le cogió del brazo la señora Davis deteniéndola.

-Es Alexis -respondió nerviosa.

-¿Y qué? ¡Siéntate, anda! ¿Qué pretendes hacer?

-No dejarle entrar -le dijo con gesto muy serio.

-¡Qué mal estás Parker! -la miró negando con la cabeza mientras la empujaba suavemente para que se sentara-. Los nervios no te dejan pensar con claridad.

-¿Qué quiere señora Davis? Que me quede tranquila aquí mientras ella sube y tal como está Kristina va a hablarle en mi contra ¡y es lo qué me falta para que la mareé más!

-¡Pierdes mucho cuando te enfadas y no piensas! -la miró divertida, pero Parker le devolvió una mirada seria casi ofendida-. Kristina está teniendo una coctelera en su cabeza, sí es cierto, está obsesionada contigo por no perderte aunque te haya mandado a casa, hablado de Amanda todo eso son sus propios miedos, ver a sus padres le provocó un disgusto que casi se muere. Todo esto es pasajero, ¿de verdad crees que Alexis puede manipular a esta Kristina?

-¿Y si le dice que se la lleve a casa? ¡Antes quería pedir el alta!

-¡Ay Dios! -protestó-. Respira hondo, cariño.

-Estoy que no puedo más… No solo es Kristina es Alexis merodeando por ahí mirándome como si fuera una bruja y hubiera preparado una pócima para hacer que su hija esté conmigo por eso.

-¡Aquí la única bruja es ella! Pero yo creo que de momento se ha quedado sin escoba.

-¿Qué quiere decir? -la miró sin entender.

-Dale tiempo, Parker. Ella también tiene que manejar sus miedos. Tú misma has dicho que en parte entiendes sus dudas por la diferencia de edad que existe entre vosotras, que si bien a vosotras no os importa, a una madre no debe hacerle mucha gracia que su hija se meta en una historia así.

-Pero yo amo a su hija.

-¡A mí no hace falta que me lo digas así tan desesperada! Es ella la que tiene que ver como tratas a Kristina, como la miras, como la acaricias, como Kristina te busca, te llama te dice que te quiere. Eso puede ser más efectivo que una discusión ahora entre tú y ella. Dale la oportunidad de conocerte, ¿crees que no se ha dado cuenta de lo que has sufrido mientras no sabíamos si Kristina salía o no de ahí? A veces las palabras son como cuchillos que lo único que hacen es provocar para clavarte ella el suyo y nos perdemos en una batalla estúpida, pero los gestos son mucho más contundentes que las palabras porque los tuyos te salen del corazón y eso no hay manera de manipularlo, cariño. Tu mirada hacia Kristina es tan intensa que habla de lo mucho que la amas, permítele que la vea. Deja que esté contigo en la habitación, muéstrate como eres, sin palabras, sin tratar de decirle más veces la quiero, la amo y toda esa cantinela que no hace más que enfadarla porque las palabras se las lleva el viento. Mira a Kristina como la miras siempre, con tu corazón y de esa manera llegarás a Alexis mucho más que con palabras.

Parker suspiró con fuerza, la señora Davis tenía razón en algo, estaba muerta de miedo. Y ese temor a perder a Kristina también podía ser usado en su contra. Porque recordaba como le había pedido quedarse sola con su hija y ella se negó. Era cierto, además, que todo cuanto estaba pasando Kristina era pasajero, sus emociones y pensamientos la estaban manipulando en ese momento no podía preocuparse, ni quedarse con lo malo. Y quizá si había alguna posibilidad de que Alexis fuera perdiendo la dureza que utilizaba en su contra, esa posibilidad era mostrarse tan enamorada como estaba de su hija.

En la habitación, Sam se había sentado porque Kristina había cerrado los ojos. La puerta de la habitación se abrió y apareció su madre. No la esperaba y se encaminó hasta ella para hablarle en voz baja.

-Hola, mamá -le dio dos besos y la abrazó.

-¿Qué tal está?

-Ahora se ha quedado dormida pero ha pedido el alta.

-¿El alta? -la miró aturdida.

-Sí, quiere irse a su casa con Parker.

-¿Y qué ha dicho ella? No será tan inconsciente de decir que sí.

-Por supuesto que no, mamá -la miró con fastidio.

-Si se la lleva no podré verla -susurró con gesto intranquilo.

-¿Por qué?

-Es evidente ¿no te parece? -enarcó una ceja un tanto desafiante.

-Ella te ha dicho que no vayas a su casa ¿crees que en estas circunstancias te lo va a impedir?

-No permitió que estuviera sola con Kristina ¿te parece poco?

-Parker… Parker…

Sam se acercó hasta Kristina y Alexis también aunque con algo de precaución. Kristina abrió los ojos y al ver allí a su madre se quedó mirándola fijamente.

-Hola Kristina, cariño. ¿Cómo estás?

-Bien… -arrugó la frente mirando hacia el otro lado de la habitación donde estaba Sam con mirada asustada que le pedía ayuda.

-Ahora sube, ha ido a desayunar -le dijo Sam.

Entonces como si prefiriera no ver a su madre cerró los ojos. Alexis miró a Sam y ésta le pidió algo de paciencia.

Por su parte, Parker subía nerviosa caminando por el ascensor, se sentía como una fiera enjaulada quería salir corriendo de allí, llevarse a Kristina lejos para que nadie pudiera hacerle daño. Pero entonces la voz de la señora Davis le llegó haciéndola sentir verdaderamente irracional. Se abrieron las puertas y salió con paso ligero, por el camino inhaló y expiró tantas veces como pudo para tranquilizar los nervios, y los latidos de su corazón. Saber que estaba allí Alexis le provocaba esa desazón en su interior. Al abrir la puerta, allí la vio a un lado de Kristina aunque ella tenía los ojos cerrados. Sam la miró con gesto de circunstancias por la presencia de su madre.

-Buenos días, Alexis.

-Buenos días -le respondió con seriedad.

-Sam, la señora Davis está bajo esperándote para desayunar tal y como habéis quedado -la miró con intensidad.

-¡Es cierto habíamos quedado! Bueno, como está mi madre me bajo.

-Gracias -le respondió con una sonrisa.

-Hasta ahora, mamá -le dio un beso y a Parker le guiñó un ojo.

Las dos estaban en la habitación. Guardando silencio, Parker miraba a Kristina y Alexis intercambiaba la mirada entre una y otra. Había dejado el bolso en el armario sintiendo la mirada de Alexis sobre ella. Volvió junto a Kristina en el momento en que abrió los ojos.

-Hola -le sonrió Parker.

-Cariño.

-¿Qué tal? -respiró al escucharle decir ese cariño.

-Dame un beso -le pidió Kristina con los ojos arrugados. Parker la besó y Alexis retiró la mirada cerrando con fuerza los ojos y apretando las mandíbulas.

-¿Qué tal estás? -le cogió la mano acariciándola.

-Cansada.

-Poco a poco, mi vida -le sonrió-. Está aquí tu madre.

– Tengo frío -le dijo Kristina a Parker sin mirar a penas a Alexis.

-Voy a subirte el cubre que esta noche tenías calor.

-¿Cuándo nos vamos a casa? -Parker la arropó con total ternura-. Tengo ganas de ver a Ilsa.

-Bueno hoy van a hacerte unas pruebas y si salen bien, posiblemente mañana nos iremos a casa. Ilsa está bien, cariño. En casa de Sam.

Alexis no perdía detalle de las caricias de Parker en la mano de Kristina y como ésta se aferraba a ella. Como se miraban, como se sonreían. Y como la omitía a ella. Parker se sentó junto a la cabecera de la cama.

-¿Y la señora Davis?

-En la cafetería con Sam desayunando -le acarició la frente con cuidado.

-Alexis ¿quiere sentarse aquí? Yo estoy algo cansada de estar sentada.

-No, gracias. Estoy bien aquí.

-¿Te vas? -le preguntó preocupada Kristina.

-No, no me voy a mover de aquí.

-Me duele el lado -se quejó tras resoplar.

-Hay que tener un poco de paciencia para ir notando mejoría, cariño. Tienes mal una costilla del golpe.

-Pero me duele al respirar.

-¿Te va a más el dolor? -le preguntó con gesto de preocupación.

-No lo sé, no me acuerdo cuanto me dolía antes.

-¿Puedes respirar hondo, Kristina? -le preguntó Alexis acercándose a ella.

-Sí, pero me duele.

-Voy a avisar a la enfermera.

-No te vayas -le dijo cogiéndole la mano con sus dos manos como si se le fuera la vida.

-Kris… cariño… -la miró preocupada.

-Deja, ya voy yo.

-No me dejes sola con ella -le dijo cuando se fue Alexis.

-Cariño es tu madre, está aquí contigo y no va a pasar nada con ella.

-No quiero que esté.

-Mi amor…

-No, Parker, solo quiero que estés tú. Abrázame -le pidió con un puchero.

-Tranquila.

Parker la abrazó mientras Kristina se refugiaba en su cuello, al entrar Alexis y verlas se detuvo de golpe y la enfermera casi se la lleva por delante. Se quedó un tanto apartada de la cama mientras observaba como Parker la volvía a besar con una sonrisa repleta de ternura. Por su parte, Kristina no soltaba su mano ni aún cuando la reconocían.

-Intenta respirar hondo. ¿Se ha quejado esta noche?

-No, la verdad que ha estado muy tranquila.

-¡Ya lo he visto, ya! -le dijo haciendo un gesto a Kristina que le provocó una sonrisa y a Parker que se le pusieran las mejillas coloradas.

-¿Ahí te molesta?

-Sí, ahí -se quejó apretando la mano de Parker.

-Bien, ahora hablaré con el doctor pero vienen ya para llevarte al TAC.

-Tú vienes conmigo ¿verdad? -le preguntó a Parker con gesto de miedo.

-Eh… -Parker miró a al enfermera.

-Hasta la puerta, sí, que estos días ya ha tenido bastante radiación por acompañarte.

-¿Y no podrá entrar?

-No.

-Cariño pero estoy fuera, no pasa nada -le sonrió ampliamente.

-Mira ya oigo a mis compañeros. Ya vienen a por ti.

-No me sueltes, Parker.

-No, mi amor.

Alexis había seguido toda la escena con un dolor en el estómago extraño. Parker seguía con la mano de Kristina cogida mientras las veía como se perdían por el pasillo, escuchó la carcajada de Parker y la risa de la enfermera. Su hija desde que entró la había omitido y desde que entró Parker la había cogido sin soltarla.

-Mamá -la llamó Sam asustándola-. Lo siento.

-No pasa nada. Se acaban de llevar a tu hermana -le dijo con gesto serio.

-¿Ha pasado algo?

-No, no, nada. Van a hacerle un TAC.

-¿Y cómo estaba?

-Pues imagino que bien porque ni siquiera me ha mirado.

-No sé lo tomes en cuenta, esto funciona así.

-Quizá lo que funciona es cómo se siente de verdad -susurró entrecerrando los ojos.

-¿Lo dices por Parker?

-Lo digo porque en su mundo confuso parece que nada más existe ella. Es como si nada más tuviera vida para ella. Y no sé si es lo que Parker ha estado inculcándole.

-¿Sabes lo que es eso, mamá? -Alexis la miró no muy segura de quererlo escuchar-. Amor.

A Alexis aquella palabra de Sam le provocó un dolor agudo en el estómago. Cogió el bolso y se despidió de ella pidiéndole que le dijera qué habían dicho de la prueba. Vio de lejos a la señora Davis sentada en la sala de espera y se camufló entre más familiares para, prácticamente, huir de allí. Salió a la calle y se dirigió hasta su coche, entró y notó como temblaban las manos, como su respiración se agitaba. Cerró los ojos tratando de tranquilizarse. ¿Qué había hecho? ¿Qué estaba haciendo? Nunca había querido creer a Parker, nunca quiso admitir sus palabras cuando le decía que la amaba, pero su comportamiento, su dulzura, sus miradas, su ternura a la hora de cuidarla le daba muestras de que estaba muy lejos de ese monstruo que ella pensaba que era. Sin embargo, la reacción de Kristina esa dependencia hacia Parker al mismo tiempo la desubicaba ¿eso era amor o era la manipulación que siempre pensó que la profesora había estado ejerciendo sobre ella desde el principio de la universidad? Maldijo a la señora Davis, le había revuelto su interior de pies a cabeza, la reacción de Kristina cuando los vio, sus gritos llamando a Parker, su tranquilidad al verla pero sobre todo, lo que realmente le había llegado al alma, había sido aquellos pocos segundos donde se mantuvo tras la puerta abierta, observando a dos mujeres en la cama de un hospital, abrazadas, casi parecían una. Si no hubieran sido Parker y Kristina, hubiera dicho lo mismo que la enfermera, hacían una pareja preciosa se notaba que estaban realmente enamoradas. Cerró los ojos y comenzó a llorar su pesar fue en aumento mientras repetía tan solo un nombre.

-¡Kristina! ¡Kristina!

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 96

  1. Interesante reacción de Alexia, esperando que de un paso para adelanté, con la relación de su hija y Nuera.
    Ojala kristina, ya mejore más estando en casa.
    Gracias por el capy, hasta mañana.

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