PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 100

Parker entró a la habitación y se encontró a Kristina llorando. Fue hasta ella abrazándola con fuerza y gesto preocupado.

—¿Kris qué ha pasado? -le preguntó preocupada.

—Nada, que no sé porque estoy llorando.

—Mi amor -la abrazó fuerte contra su pecho mientras le dejaba un beso en la sien.

—Lo siento no quiero preocuparte pero no puedo parar de llorar.

—Tranquila, esto es normal -le hablaba con dulzura mientras su mano apretaba con cariño el brazo-. ¿Con tu madre bien?

—Creo que sí. No lo sé -escondió su cara en el pecho de Parker que mostraba un gesto triste.

—Bueno, a ver, ¿qué hago para detener ese llanto? -la miró separándola mientras trataba de sonreírle a pesar de su preocupación.

—Me podías besar.

—¡Ah, buena idea!

Le cogió la barbilla y le dejó un suave beso en los labios y se apartó. Kristina se quedó con los ojos cerrados esperando más, Parker la miró sonriendo y volvió a besarla con más ímpetu mientras Kristina la abrazaba con fuerza.

—¿Estás mejor?

—Creo que un poco, sí. Pero solo un poco -le sonrió divertida mientras la miraba intensamente a los ojos-. Te quiero.

La voz de la señora Davis rompió aquel momento tan de ellas, tan mágico, tan intenso en sentimientos. Sonrieron divertidas porque la mujer iba diciendo conforme se acercaba a la habitación:

—Empiezo a llamaros desde la cocina para que estéis lo que estéis haciendo ¡os estéis quietas! -decía mientras iba por el pasillo-. ¡Voy a abrir la puerta! ¿Qué, ya has parado de llorar?

—Señora Davis, no me riña que estoy convaleciente aún -le dijo ante la carcajada de Parker.

—Lo que estás es de un pesadito… Parker antes de tenerla tan enamorada debiste pensar en la salud mental del resto de personas que estamos a su lado -le decía enfadada.

—Lo siento, señora Davis -le dijo ella riendo sin parar-. Pero a mí me encanta que esté así.

—¡Bueno… que digo yo que podemos comer ya! ¿Te fue bien en la universidad?

—¡Es verdad! -dijo Kristina cogiéndole las manos-. No te he preguntado.

—Tranquila, cariño tú tenías un momento mucho más complicado que el mío -le sonrió soltando una mano para acariciar suavemente su mejilla-. ¡La verdad qué muy bien sí! He podido entregar los trabajos a todos, ya tengo fecha de mis exámenes y bueno a partir de ahora un poco de locura pero, a esto estoy acostumbrada.

—Pues entonces vamos a comer y repones fuerzas. Kristina ya ha comido que le tocaba la pastilla.

—¿Qué tal has comido, mi amor?

—¿Tú crees que con la señora Davis a mí lado no voy a comer todo lo que me ponga? -le preguntaba con ironía mientras las dos mujeres reían divertidas-. Estaba muy bueno, es una excelente cocinera, aunque no tanto como tú.

—¡Soy vieja pero aún no estoy sorda del todo! Y lo último lo he oído -le dijo la señora Davis.

—Bueno, cariño pues descansa mientras nosotras comemos.

—¿Pero vendrás a descansar un rato, no? Mira que me han dicho que has dormido poco y no has hecho caso a nadie.

—¿Eso te han dicho? -miró a la señora Davis con gesto serio pero divertido-. Está bien como y vengo a descansar un rato contigo.

—¡Me voy mi nivel de aceptación de pasteleo por hoy es suficiente!

—No tardes, mi amor -le dijo Kristina después de que las dos sonrieran ante el comentario de la señora Davis.

—Me muero de ganas por estar a tu lado. Así que no tardaré en volver -le susurró mirándola a los ojos antes de darle un beso.

Se moría de ganas por saber qué había pasado, pero no quería presionarla. Verla llorar le provocaba unas ganas terribles de salir corriendo hasta Alexis para recriminar que le siguiera haciendo daño. Cuando llegó a la cocina para comer con la señora Davis su gesto era realmente serio.

—¡Me alarmas cada vez que te veo tan seria!

—¿Qué ha pasado con su madre?

—No lo sé -elevó los hombros mientras se sentaba para poner la sopa.

—¿Pero no ha escuchado nada? -la miró incrédula mientras se sentaba, no podía creerse que no hubiera prestado atención a la charla que estaba segura incluía algún grito.

—No he estado aquí -ante su mirada agregó-. Alexis y Kristina necesitaban hablar a solas. Y si yo hubiera estado aquí lo más probable es que no habrían hablado con la sinceridad que espero lo hayan hecho.

—Pero Kristina no está en condiciones de hablar con su madre -lo dijo bajando la voz con las venas de la garganta a punto de explotar y mirada intensa casi rozando un reproche por no haberle hecho caso y estar a su lado.

—Solo te veo perder el control con Alexis. ¡Y sé que no es para menos porque sigues temiendo que le haga daño! Le das un poder que no tiene, Parker -Parker agachó la mirada dando un fuerte suspiro-. Ellas tienen que solucionar el problema, si tú actúas como ha actuado su madre te estarás equivocando -la miró fijamente ante su gesto de desconcierto por aquella frase, la señora Davis insistió-. Tú no puedes proteger a Kristina de todo, es justo lo que ha tratado de hacer Alexis desde que tú estás con ella, estás teniendo la misma actitud que enfurece a Kristina tratarla como si ella no fuera suficientemente adulta para afrontar los problemas. Debes dejar que ella y su madre arreglen sus cuentas pendientes. Porque es un problema que nada más ellas pueden solucionar, y sé que tú te preocupas por el estado de Kristina, pero quizá sí sea el mejor momento para hablar con su madre. No por Kristina si no por Alexis.

—No la entiendo.

—Alexis ha estado a punto de perder a su hija y lo que más le dolía era que su última conversación fuera una discusión fuerte por vuestra boda, ahora mientras siente ese miedo es cuando debían hablar porque está con la guardia baja y esa mujer si no tiene la guardia en el subsuelo no es capaz de daros una oportunidad, al menos, a ti.

—Sé que tienen que hablar, lo sé -cerró los ojos abatida-. Yo hablé con ella, supongo que la lectura que debo sacar de este accidente tal y como me dijo Úrsula es que haya cambiado en algo a Alexis.

—Esperemos que así sea.

—No soporto ver llorar a Kristina, me hace sufrir porque sé que es tan injusta la actitud de su madre…

—Parker, come necesitas descansar y poner nuevamente en funcionamiento tu cabeza. Kristina te necesita bien no muerta de miedo ¿de acuerdo?

En casa de Sam, Alexis se había derrumbado al llegar. Lloraba como si fuera una niña pequeña asustada. Molly había llegado ante la llamada de su hermana preocupada por su estado, juntas trataban de tranquilizarla porque estaba terriblemente abatida. Lo único que había dicho era que había hablado con Kristina y desde ese momento había roto a llorar sin poder parar. Lograron que les hiciera caso, la acompañaron hasta una de las habitaciones para que se tumbara un rato a ver si lograba calmarse y le dieron una pastilla de las que normalmente se tomaba en esos casos donde la ansiedad se apoderaba de ella. Las dos hermanas se sentaron en el sofá con los nervios desatados.

—¿Qué habrá pasado?

—Supongo que este ataque de llanto tiene que ver con darse de bruces con la realidad no con esa realidad que ella se había creado para seguir defenestrando a Parker.

—¿Y Kristina? -preguntó Molly preocupada.

—No lo sé. Pero prefiero no llamar porque si Parker no nos ha dicho nada es que ella no está mal.

—¿Sabes qué le han vuelto a ofrecer quedarse en la universidad y se ha negado? Escuché como lo decía el decano a un profesor.

—No me extraña. Debe estar hasta el gorro de aguantar a mamá.

—Igual no sabe que ha ido, porque ella estaba en una reunión y luego con tutorías entregando nuestros trabajos.

—¿Crees que Kristina no se lo habrá dicho? -Sam la miró incrédula mientras se lo preguntaba-. Solo espero que de aquí a la boda todo se tranquilice y las cosas vayan por buen camino. Kristina necesita tranquilidad para recuperarse del todo.

—A ver si mamá también se tranquiliza y nos cuenta qué ha pasado. ¡Esto es una tortura!

—Te das cuenta, Molly. Dos personas adultas que se aman siendo juzgadas por la diferencia de edad y porque fueron profesora y alumna, a pesar de tener una maravillosa relación repleta de amor y de respeto se antepone los prejuicios de la sociedad.

—Y eso es algo que van a tener que sufrir toda la vida. Cuando lo importante es lo mucho que se quieren y lo felices que son.

—¡Malditos prejuicios! Están hechos por la hipocresía de la gente. ¡Qué le importará a nadie si ellas son realmente felices!

En la cama de su habitación, Kristina estaba con los ojos cerrados. Necesitaba calmar sus pensamientos que iban y venían velozmente por su cabeza. La conversación con su madre le había dejado un sabor agridulce, pensó que se quedaría para hablar con Parker pero lejos de eso, se había marchado precipitadamente. Exhaló un profundo suspiro mientras Ilsa le dejaba lametazos en la mano.

—¿Qué pasa, cariño? -le preguntó Parker que había visto ese suspiro.

—¿Ya has terminado?

—Sí.

Parker se quitó la ropa para ponerse el pijama. Se acercó sonriendo a Kristina que la miraba con gesto repleto de amor. Se tumbó a su lado fuera de la cama mientras Ilsa le daba besos a ella también. Se puso a la altura de Kristina que le hizo meterse en la cama con ella porque era la única manera de poder estar sobre su pecho con las piernas entrecruzadas. Cuando Kristina se acomodó con cuidado por el dolor de la costilla, Parker la abrazó cerrando los ojos, sentirla de aquella manera era para ella un alivio profundo en su corazón. Por unos minutos guardaron silencio mientras los corazones acompasados se hacían dueños de él convirtiéndose en protagonistas con sus latidos enamorados. Los dedos de Kristina recorrían lentamente el antebrazo izquierdo de Parker que rodeaba su cintura. En aquel instante compartieron mucho más que aquellos latidos de sus corazones, compartieron la calidez de la presencia de la una con la otra, la armonía de sus energías y la maravillosa paz de estar juntas.

Había pasado una hora desde que Alexis se había tumbado en la cama. Su cabeza no podía detenerse, las palabras de Kristina, las de la misma Parker en el pasillo del hospital, la dureza de la señora Davis, todas las palabras de Sam, de Molly incluso de Sonny parecía se habían unido en su contra. Sentía que se había quedado sola y derrotada, maldecía que Parker hubiera llegado a la vida de Kristina lo maldecía tanto como en el fondo lo agradecía, era una dicotomía que podía con ella. Lloraba de impotencia ante sus propios pensamientos, ante sus propios errores porque querer separarlas al fin y al cabo le había demostrado que era un error. Ante todo estaba Kristina y no podía perderla. Necesitaba parar, empezar de nuevo y parar. Salió de la habitación casi sin poder respirar en el pecho le oprimía el sentimiento de culpabilidad por no poder aceptar de una manera absolutamente abierta a Parker.

—Maldita Parker… ¡maldita seas!

Sam la encontró apoyada en la pared del pasillo con la mano en el pecho llorando nuevamente sin poder controlarse. Sintió que su madre estaba purgando su inflexibilidad con la pareja. Estaba sufriendo las consecuencias de negar una verdad. La abrazó porque en el fondo le daba pena, sabía que con su forma de ser y lo mucho que quería a Kristina para ella tampoco era fácil vivir la situación que estaba viviendo.

—Mamá, deberías aceptar esto y dejar de sufrir. Se quieren ¡es lo único que importa! -le dijo Sam con dulzura mientras Molly la abrazaba también-. Por favor… piensa en ellas pero piensa en ti también.

—Sam tiene razón no nos gusta verte así. Al fin y al cabo lo que tú quieres es que Kristina sea feliz, pues ya está acepta a Parker y dejemos todos de sufrir.

Ella las miró con gesto repleto de pena y rompiendo a llorar.

Llegó la noche y por fin para Kristina la hora de dormir con Parker. No habían hablado de la visita de su madre, Parker quiso darle espacio para que fuera ella quien lo compartiera a pesar de morirse de ganas por saber. La tarde la había pasado tranquila, Parker le leía trozos de la novela de Jane Austen y Kristina cerraba los ojos repitiendo las palabras en su mente. No habían vuelto los mareos y parecía estar mucho más tranquila. Al acostarse, Parker se acercó hasta ella pasando la mano con cuidado por la cintura, el dolor de la costilla le impedía abrazarla como era habitual en ella, pero se contentaron con estar abrazadas sintiendo piel con piel, mientras Parker pasaba su pierna izquierda entre las de Kristina que suspiró de placer. Era ese momento abrazo que tanto les gustaba.

—Buenas noches, Kris. Te quiero.

—Y yo, mi amor.

—Si quieres algo dímelo.

—Estoy bien, más que bien.

Guardaron silencio pero entonces Kristina la llamó.

—Sé que tienes que dormir que mañana madrugas pero…

—¿Qué pasa, cariño?

—He hablado con mi madre sobre nosotras y le he dicho que necesito que te pida perdón.

—Kris… -cerró los ojos.

—Parker, necesito que te pida perdón porque sé que ha sido injusta contigo, no te mereces cómo te ha tratado y hasta que no lo haga no voy a descansar.

—No necesito que me pida disculpas. Solo quiero que tú estés bien.

—Lo estaré en el momento acepte que te quiero, que somos felices y que nosotras no vamos a apartarla de nuestro lado, es ella la que se ha apartado.

—Está bien, si es lo que quieres -lo dijo no muy convencida.

—Es lo justo.

—Bueno, de momento, duerme y descansa tranquila si habéis podido hablar ya es un paso.

—Me hubiera gustado que se quedara para hablar contigo.

—Kristina todo lleva su tiempo, todo tiene que reposar para hacerlo al menos sintiendo algo de lo que dices. No por compromiso para quedar bien.

—Admiro que tengas esa tranquilidad para ver las cosas que te hacen daño.

—No nos queda otra, mi amor.

—Pronto estaremos en Eugene -dijo Kristina feliz.

—Sí, mi vida. Ya nos queda menos.

Lo dijo con un suspiro como si le fuera la vida con ello.

A la mañana siguiente, Parker iba de camino a la universidad y recibió la llamada del doctor de Kristina. Le explicó cómo se encontraba el ataque de lloros que había tenido, aunque también que la veía mucho más tranquila. El hombre le explicó que aquello era lo que él esperaba y le indicó las pautas a seguir pero le tranquilizó saber que la evolución estaba siendo buena. Llegó a su despacho y se dispuso a dar la primera clase la ayudaba a concentrarse y olvidarse de sus problemas. Al finalizar, se fue hasta la cafetería a por un café y se metió en el despacho. Aprovechó esos cinco minutos que tenía para estar tranquila y llamó a Kristina que contestó rápidamente provocando en Parker una sonrisa dichosa.

—¿Cómo estás cariño?

—Echándote de menos. ¿Qué tal tú?

—Voy a preparar el examen del viernes y en cuanto lo tenga acabado que he hecho algunos cambios ya voy para estar contigo.

—¡Qué ganas!

—¿Cómo te encuentras? -dio un sorbo al café-. He hablado con tu médico.

—¿Y qué te ha dicho? ¿Puedo levantarme ya?

—No cariño. De momento tienes que seguir.

—Pues esto es un rollo, yo quiero ir por lo menos al lavabo -protestó.

—Es lo que hay, Kris. Tenemos que seguir todas las pautas es muy importante que tu cabeza este relajada y tranquila sin movimientos bruscos.

—Pero si me levanto solo para eso no hago movimientos bruscos.

—Kris -le llamó la atención.

—Está bien ¡no me gustas como enfermera! ¡Eres muy dura conmigo!

—Será posible -dio una carcajada porque podía imaginar la cara de Kristina con ese gesto que solía ponerle en plan traviesa que tanto le gustaba. Pero entonces la puerta del despacho se abrió y le dijo con tono serio-. Kristina, cariño luego te llamo. Adiós.

—Ya sé que no quieres que venga aquí pero no voy a tardar mucho y no quiero hablar contigo en casa con Kristina.

—De acuerdo.

Alexis se sentó en el lugar destinado a los alumnos, para su sorpresa, Parker salió de detrás de la mesa y se sentó en la otra silla justo frente a ella, la miraba no muy segura de sus intenciones, a pesar de lo que Kristina le había comentado le costaba mucho confiar en Alexis.

—Supongo que Kristina te habrá comentado -la miraba fijamente con gesto serio como si hubiera aceptado la derrota.

—Me comentó que habían hablado y que quería que se disculpara conmigo, pero le aseguro señora Davis que no hace falta.

—Dicen que uno de los pilares del matrimonio es la confianza el uno en el otro para no guardar secretos.

—Así es -le respondió con un gesto un tanto intranquilo.

—Sigues sin gustarme aunque debo reconocer que Kristina es feliz contigo, y eso es lo que debería importarme. Que debería ser feliz y decirte perdóname Parker, pero si lo hiciera no sería yo, porque no es lo que siento.

—Le agradezco que sea tan sincera y le agradezco mucho más que no lo haga. No me gusta la gente falsa para bien o para mal -le respondió con una minúscula sonrisa marcada en sus labios.

—Solo te pido una cosa, de la misma manera que tú quieres que sea sincera contigo, dime que estoy equivocada que no estás usando a mi hija ni vas a apartarla cuando te canses de ella.

—Kristina jamás fue un capricho para mí, no lo fue ni lo es señora Davis. Por mucho que traté de negármelo me había enamorado de ella de un modo que ni yo podía entender, no le mentí cuando hablamos aquí usted y yo, desde el principio la quise ayudar porque la veía sufrir pero no quería admitir que además de quererla ayudar me fui enamorando de ella. La quiero como no he querido a nadie, la amo más de lo que ella misma puede imaginar. No sé que pasará el día de mañana pero, hoy le digo que espero estemos siempre juntas tan felices como lo somos ahora.

—Está bien -suspiró con fuerza-. No quiero perder a mi hija de ninguna manera, Kristina es especial para mí, quizá no he sabido entenderla porque era algo que no entraba en mi cabeza vuestra relación. Pero he aprendido la lección no seré yo quien se entrometa en vuestra vida ni vuestro camino, no voy a decirte que me alegra ni que tú eres lo que quería para mi hija pero, si la haces feliz con eso y el tiempo supongo que algún día podré admitir que estaba equivocada contigo. Pero me gustaría que Kristina entendiera que no puedo cambiar de la noche a la mañana mis sentimientos, mucho menos hacia ti.

—No se preocupe, Kristina lo entenderá.

—Muy bien. Pues… me voy -se levantó dirigiéndose hacia la puerta.

—Señora Davis -la llamó poniéndose en pie cuando Alexis se marchaba-. Gracias por tratar de dar este paso que sé no es fácil para usted, pero ante todo, quiero que Kristina sea feliz y sé que hasta ahora siempre le ha faltado su madre. Un día le dije que me odiara, se lo vuelvo a repetir, créame yo no soy quien importa en nuestra historia, lo importante es que usted pueda estar cerca de Kristina respestándola como una persona adulta que es y sin que le haga daño, por supuesto.

Alexis la miró asintiendo, sin decir nada se giró marchándose de allí a toda prisa, para que Parker no pudiera darse cuenta de que unas estúpidas lágrimas se habían apoderado de sus ojos.

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2 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 100

  1. Gracias Farren. Sí para mí lo peor que puede existir en la vida es el miedo que te paraliza y no te deja ver más allá de él. Yo también confío como dices tú en que Alexis poco a poco vaya dándose cuenta de la realidad. Pero creo que es importante desgranar los sentimientos de ese personaje.

    Un abrazo. Y mucha fuerza y ánimo ¡tú puedes!

  2. Madre mía, este capitulo hace reflexionar sobre lo herrada que puede estar una persona por sus propios miedos .
    Por lo menos ya no se metera en su relación, y poco a poco va aceptando a su nuera, tengo fe, que cuando vea a su primer nieto hijo de Kris y Parker comprenderá, y sobretodo entenderá que sus miedos no la dejaron ver en lo equivocada que estaba.

    Gracias por el capy, asta mañana, eso esperó ☹

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