PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 110

 

 

Sam que vio el gesto de Kristina suspiró cogiéndole la mano.

-Deben ser ellas quienes se arregle, Kris. Y si te digo la verdad, Parker tiene carácter suficiente para enfrentarse a mamá.

-Lo sé, pero… me gustaría que las cosas cambiaran.

-Poco a poco, mira todo lo que ha cambiado. ¿Imaginabas estar aquí con mamá en la mesa divirtiéndote con tu esposa al lado?

-Es verdad -respondió sonriendo contenta.

-Me alegro mucho por ti, Kris. Y sé que las cosas van a ir muy bien entre vosotras.

-Kristina -la llamó Susan-. Perdona.

-Susan ven siéntate -le dijo Sam.

-Gracias, nada más quería darte las gracias por tu interés en localizarme. La verdad que necesitaba estar en paz con Parker, sé que le he hecho mucho daño porque estoy segura que sabes de su gran corazón.

-Por supuesto -le dijo mirándola a los ojos con la intensidad que Kristina ponía cuando algo le ponía tensa.

-Cuídala y quiérela todo lo que yo he sido incapaz de hacer durante estos años. Me alegro que tú seas quien va a estar a su lado porque nada más hay que ver como os miráis para entender que la vas a hacer feliz.

-Claro que sí, Susan. Parker es una gran persona, ya ves a pesar del sufrimiento que le causó tu silencio estaba deseando reencontrarse contigo, espero que esto también sea el principio de mantener una buena relación entre vosotras.

-Yo también lo espero, Kristina.

Le sonrió abrazándola agradecida.

Mientras ellas hablaban Alexis trataba de encajar el golpe, una de las pocas personas con las que no podía era Parker, se daba cuenta lo que había cambiado desde las primeras veces que se enfrentaron hasta ese mismo instante, y como una estrella fugaz cruza el cielo, pasó la voz de la señora Davis por su pensamiento.

El amor que tú quisiste destrozar es el que ha transformado a Parker en una mujer capaz de enfrentarse a ti y a quien sea por defenderlo, no podrás con ella, amiga mía.

Aquella frase se la había dicho la tarde anterior mientras todos bailaban divertidos y ellas dos se habían sentado en un lado para descansar tras compartir una salsa. La mujer se lo había dicho con toda la rotundidad del mundo, y es que aquella señora Davis parecía tener un poder especial para crearle infinidad de problemas consigo misma.

-Mire Alexis, nuestra relación no empezó bien es cierto que hemos tenido encontronazos y que cada una tenemos algo que nos impide tolerar a la otra, pero las dos compartimos algo maravilloso que es Kristina. A usted se le llena la boca cuando habla de su hija, pero las palabras se las lleva el viento y lo que queda son los hechos, y ahí debería de pensar en demostrarle a su hija que la sigue queriendo. Me alegró saber que venía a la boda, yo no soy santo de su devoción ni usted lo es para mí pero a las dos nos importa que Kristina esté tranquila y viva lo más feliz posible, creo que el mero hecho de compartir ese amor por ella debería ser un sentimiento más fuerte que el que nos separa a usted y a mí, ¿no cree?

-Supongo que sí -respondió tras suspirar.

-Aunque eso signifique que cada una tengamos nuestras reservas por la otra.

-Está bien. Aunque me va a costar.

-No se preocupe, va a tener tiempo de hacerse a la idea de que soy su nuera. Espero que cuando esté preparada venga a nuestra casa a visitarnos.

Alexis no le respondió, se quedó mirando fijamente la pared donde antes había estado la figura de Parker que con mucha sutileza le sonrió y se apartó. Ladeó un poco la cabeza, sin duda, no le quedaba otra que aceptarla más allá de lo que significaba.

-¡Jaque Mate! -le susurró la señora Davis.

¡Como odiaba a aquella mujer que tenía el don de aparecer cuando menos lo esperaba!

Pusieron punto y final a la comida. Después de la reunión, Parker y Kristina llevaron a Úrsula y Susan hasta el aeropuerto donde la despedida entre las hermanas fue emocionante, Úrsula que tenía abrazada a Kristina sonreía mientras Kristina sentía que por fin había hecho algo por Parker.

-¡Has estado maravillosa, Kristina! Porque por mucho que Parker dijera que lo había superado no era cierto.

-Lo sé -le sonrió.

-¡Qué feliz soy de veros juntas!

-¡Gracias! Y yo de que hayas venido -le sonreía abrazándola con fuerza-. Eres muy importante para nosotras.

-Y vosotras para mí. Y no le digas nada a Parker pero… me han ofrecido un puesto en la universidad de Eugene.

-¿Lo habrás aceptado, no? -la miró intensamente con una sonrisa en los labios.

-¿Tú qué crees? ¡Siempre deseé poder dar clase en la cuna de las universidades! Y quiero darle una sorpresa.

-¡Qué gran noticia! -la abrazó con un cariño enorme.

-Gracias por todo Kristina, pero sobre todo, gracias por decidir luchar por ella.

-Lo volvería a hacer -sonrió satisfecha.

-Bueno… espero que eso no ocurra, ¿eh? -la miró seria.

-¡Por supuesto que no! Nada ni nadie me separaría de Parker.

Se abrazaron mientras Parker llegaba hasta ellas y juntas fueron a la puerta de embarque correspondiente a Úrsula. La despedida de las dos amigas fue acompañada por alguna lágrima, y es que Parker sentía a aquella compañera como si fuera una hermana, le debía tanto que sabía siempre estaría en deuda con ella.

Una vez salieron del aeropuerto, fueron hasta casa de Sam para recoger a la señora Davis y a Ilsa. Estaban sentadas en la cocina hablando divertidas, entonces sonó el timbre y fue Kristina a abrir.

-¡Mamá!

-Imaginaba que estaríais aquí -le sonrió y la abrazó sorprendiendo a Kristina por tanta efusividad.

-Pasa estamos en la cocina.

-¡Hola a todas! -las saludó y fue a coger en brazos a Emily.

-¿Cuándo os vais?

-¿Un café, mamá? -le preguntó Sam.

-No, gracias. Prefiero un zumo.

-De acuerdo.

-Nos vamos mañana a primera hora -le confirmó Kristina.

-Os he traído algo, porque la señora Davis no confía en los móviles y me dio una paliza considerable con que os ibais a perder mil veces si conectabais el móvil a un satélite que a saber hacia donde apuntaba.

-¡Y es una verdad como un templo! ¡No hay nada como un buen y gran mapa! -dijo protestando.

-Pues aquí tiene señora Davis, le he comprado un mapa para que las vaya guiando.

Kristina miró a Parker que le devolvió una mirada incrédula.

-¡Si es que las Davis somos lo mejor! ¡Muchas gracias, Alexis! Me alegro que seas de las mías.

-Después de una aspirina por el dolor de cabeza que me levantó no hay por qué darlas.

-¡Gracias, mamá! -sonrió Kristina que se había cogido al brazo de Parker apoyando la cabeza en el hombro de su mujer.

-De nada -le sonrió mientras besaba a su nieta.

-Con este mapa llegamos seguro.

-Si estuviera aquí Molly diría que no estaría tan segura porque voy a estar pendiente de Kristina y me saltaré las señales de ciudades.

Lo dijo tan jocosa que provocó la risa en todas, sobre todo, en Kristina que entendía que Parker y Molly se habían hecho muy cómplices.

-¡Tranquila que para evitarlo ya está la señora Davis! -apuntó Sam divertida.

Y aquella reunión que había sido algo inesperada, fue mucho más intensa de lo que podían imaginar. Sobre todo, porque ninguna esperaba la reacción de Alexis.

Se marcharon a casa para preparar las maletas y recoger la casa tal y como se había comprometido Parker con el decano. Parker obligó a Kristina a acostarse un rato porque por su cara se notaba que estaba cansada. Renegó lo justo pero agradeció estirarse en la cama porque le dolía la cabeza, aunque había preferido no decir nada para no preocupar a Parker cara al largo viaje que debían hacer. Al acostarse lo hizo en el lado de Parker, le encantaba aspirar el aroma que dejaba, su piel, su sonrisa, su mirada para Kristina no había nada mejor que ella y se dejó llevar por el sueño mientras recordaba su boda.

La señora Davis había recogido todas sus cosas, miraba aquel piso con detenimiento sentada en la cocina, allí había vivido intensamente emociones de todo tipo, buenas, malas, había reído y llorado. En cierta manera, reconocía que se había equivocado, ir a Port Charles había sido lo mejor que les había pasado porque las había unido mucho más y al final, entre todos habían conseguido que Alexis de alguna manera fuera cediendo en su implacable actitud que fue mucho menor de lo esperado. Sí, ante aquella taza de té caliente, sonrió porque sus chicas habían superado obstáculos que las habían vuelto inseparables. Pero el sonido del timbre rompió su paz.

-¡Voy yo señora Davis! -avisó Parker. Al abrir se encontró con Sonny-. ¡Hola! Adelante disculpe el enredo pero estamos recogiendo las cosas ya.

-Sí, imagino que estáis muy liadas y no quiero molestaros mucho.

-Pase, pase. Acabamos de hacer té.

-Me gustaría hablar contigo, Parker.

-Claro ¿pasa algo?

La señora Davis fue a despertar a Kristina mientras ellos dos se quedaban hablando en la cocina. Le avisó que estaba su padre fuera y que llevaba durmiendo algo más de tres horas.

-¡No puede ser!

-¿El qué? ¿Qué está tu padre o que llevas tres horas durmiendo?

-Que llevo tres horas durmiendo. ¿Y qué quiere mi padre?

-Pues si sales lo sabrás, imagino que despedirse de ti.

-¡Señora Davis! -la mujer se detuvo mirándola con un inmenso cariño-. Gracias por todo lo que ha hecho pero sobre todo, gracias por poco a poco ir convenciendo a mi madre para que aceptara a Parker, sé que ha sido gracias a usted mayormente.

-Me ha quedado claro a quien te pareces en cuanto a cabezota.

-¡Gracias!

-¡Kristina nada de abrazos, Kristina qué te veo venir, Kristina! ¡Ay Dios que yo no soy Parker!

Protestaba seria porque Kristina la había abrazado muerta de risa mientras ella seguía con los brazos puestos en jarras pero en el fondo, encantada de aquel abrazo sincero repleto de cariño.

Fuera Sonny hablaba tranquilamente con Parker, cuando vio a Kristina se levantó y la abrazó sintiendo su felicidad en ese abrazo. Tras hablar un rato sobre la boda, el viaje y los proyectos de futuro. Él quiso trasladarle lo que había ido a decir.

-Kristina quería haberos regalado el viaje de luna de miel pero se me adelantó la señora Davis -sonrió-. Por eso como sé que los principios de un nuevo trabajo son duros quiero haceros otro regalo. Voy a ingresaros dinero a vuestra cuenta y quiero que lo aceptes como un apoyo a vuestra nueva vida.

-Papá yo… -miró a Parker sin saber qué decir.

-Está bien, Kris -respondió ella cogiéndole la mano.

-¡Muchas gracias, papá! -la abrazó.

-A cambio quiero algo.

-¡Siempre quieres algo a cambio! -le dijo mirando al techo.

-Quiero veros siempre como ahora, comprometidas en vuestra vida en matrimonio porque cuando uno ama lo mejor que puede hacer es invertir su tiempo en la persona que tiene al lado.

Aquella frase no la esperaba Kristina que lo abrazó emocionada. Se despidieron aquella noche con la promesa de Sonny de ir a visitarlas cuando pudieran. No era un adiós definitivo aunque iban a estar lejos de ellos, pero Sonny se fue con la sensación de que estaría con la persona que se había ganado su respeto y confianza.

Más tarde cuando ya lo tenían todo recogido y preparado, con los nervios de Ilsa que no sabía muy bien qué sucedía se sentaron a preparar el viaje. Parker llevaba las gafas puestas miraba el mapa y ponía gesto de concentración, Kristina la miraba a ella sin hacer caso del mapa y la señora Davis sonreía divertida.

-Mira podríamos dividir el viaje en dos, ir hasta Bloomsburg comemos allí y después a ver cómo te encuentras hacemos más o menos kilómetros -le dijo besándole la sien.

-Me parece perfecto.

-Pararemos cada dos horas para estirar las piernas y que Ilsa haga sus cositas -le dijo divertida con la sonrisa de Kristina.

-¡Menuda estampa hacéis! Una preparando el viaje, la otra mirando a la que no puede dejar el viaje al azar.

-¿Qué quiere decir? -le preguntó quitándose las gafas y mirándola fijamente.

-Parker, respira. Si esta chica ha soportado la boda, la tarde y la noche de bodas un viaje no le va a suponer ningún riesgo a su salud. Por favor, cenemos y mañana saldremos hacia Eugene yendo por donde nos lleve la carretera, si nos apetece parar en una ciudad para verla ¡lo haremos! ¿Qué hay de malo?

-¿Sabe qué, señora Davis? ¡Tiene usted razón! -le dijo feliz Parker mirando a Kristina que seguía con su cara de enamorada-. Hagamos que este viaje sea especial. ¿Te parece bien, mi amor?

-¡Sí! -sonrió ampliamente mientras la besaba.

-¡Eso sí, el mapa lo llevo yo y nada de cacharros móviles! Tantas veces nos perdamos será divertido también ¿qué es un viaje sin perderse?

-Ahí tiene razón la señora Davis, cariño -aseguró Kristina.

-De acuerdo, lo haremos a su manera. ¡Cuento con su experiencia en mapas! -le sonrió Parker.

-Es mi primer viaje… así que… ¡va a ser muy divertido pagar mis novatadas!

Las carcajadas de a señora Davis y Kristina resonaron por toda la cocina, Parker cerró los ojos tapándose divertida el rostro mientras Kristina la abrazaba.

A la hora de cenar, Sam con los niños y Molly llegaron a casa. Pidieron una pizza enorme para todas y disfrutaron hasta que llegó el momento de marcharse.

-¡Esperamos que vengas a visitarnos y estar con nosotras, Molly! -le dijo Parker mientras la abrazaba.

-Cuenta con ello, os voy a echar de menos.

-Nosotras también. Gracias por todo Molly.

-Gracias a ti por ser como eres -le dijo sonriendo emocionada.

-Kristina haz caso a Parker ¿de acuerdo? Debes cuidarte que aún no estás recuperada del todo, esto ha sido un milagro no abuses -le decía Sam abrazándola.

-Tranquila voy a hacer todo lo que me han dicho que haga. Parker como enfermera es muy dura.

-¡Cómo debe ser! -volvió a abrazarla-. Cuídate, por favor y lo que necesites me llamas.

-Por supuesto. Sabéis que tenéis nuestra casa si os apetece venir ¿eh?

-Alguna visita os haremos seguro.

-Te quiero, Sam.

-Yo también, mi pequeña -la abrazaba con fuerza y una emoción enorme.

-Kristina.

-Molly -se abrazaron las dos llorando ante la sonrisa un tanto apenada de las otras tres.

-Voy a echaros de menos -le decía tratando de contener las lágrimas.

-Nosotras también. Gracias por todo Molly. No cambies nunca eres excepcional -la voz de Kristina reflejó la emoción que sentía.

-Iba a decirte, cuida de mi hermana pero está de más -Sam abrazó emocionada a Parker.

-Nunca está de más, pero desde luego sabes que la cuidaré.

La emoción entre ellas cuatro era evidente, aquellos tres meses donde la pareja había estado en Port Charles había dado para que naciera un vínculo muy fuerte entre ellas, y estaban seguras que a pesar de la distancia no se rompería. Bajaron hasta la calle y se despidieron de los niños a los que iban a echar de menos después de los partidos de fútbol que habían compartido, las películas de dibujos animados y aquel tía a Parker que le llenaba de emoción. Ambas abrazadas por la cintura las despidieron moviendo las manos con gestos un poco tristes. Kristina se secó las lágrimas y Parker la abrazó dejándole un beso en la cabeza. Subieron hasta su casa y Kristina como la señora Davis se acostaron. Parker quería dejar la cocina recogida y todo preparado para a las ocho de la mañana salir en busca de su nueva vida. Al apagar la luz del comedor se giró mirando con cierta melancolía aquella casa. Recordó la primera vez que entró los nervios y el miedo que sentía por el reencuentro con Kristina, sonrió al visualizarse sentada en el sofá pensando qué haría al verla.

Al entrar a la habitación, se encontró con Kristina sentada en la cama durmiendo con la cabeza hacia detrás, no pudo más que sonreír, la estaba esperando pero el cansancio y más en sus circunstancias le pasaba factura. Se cambió rápidamente y se acercó hasta la cama, con todo el cuidado que pudo cogió a Kristina para acostarla sin despertarla.

-Parker -musitó-. Te estaba esperando despierta.

-Pues ya estoy aquí -sonrió divertida.

-¿Me he dormido? -le preguntó aturdida.

-Sí, cariño. Creo que has hecho demasiados esfuerzos en muy poco tiempo.

-Yo también lo creo -se metió en la cama esperando que Parker apagara la luz para abrazarse a ella-. Es nuestra última noche aquí.

-Sí, ¿sabes qué pensaba antes? La primera noche que pasé aquí muerta de miedo.

-Cuéntamelo -le dijo acoplando su cuerpo al de ella entrelazando los dedos de sus manos.

-Me pasé media noche sentada en el sofá tratando de tranquilizarme, me quería convencer que estarías lejos con una nueva vida, pero no podía porque mi corazón no paraba de decirme búscala.

-Tu corazón era y es sabio.

-Sí -dijo una carcajada porque lo dijo con la voz adormilada-. Pero si aquella noche alguien me hubiera dicho todo lo que íbamos a recorrer hasta hoy no lo habría creído.

-Ha sido un camino maravilloso, prométeme que el que nos queda por delante será igual.

-Te lo prometo, mi amor.

-Dulces sueños conmigo, mi amor -susurró con un hilo de voz justo antes de dormirse.

-Dulces sueños, mi vida.

A las ocho de la mañana sonó el despertador para todas. La primera en ponerse en pie fue Kristina, estaba emocionada con ir de viaje y por fin ir hasta su casa. A Parker la ausencia del cuerpo en la cama de su compañera le hizo despertarse. Escuchó un sonido desde la cocina y fue a ver que pasaba, allí estaba Kristina que había preparado el desayuno.

-¡Buenos días, mi amor! -le dijo al ver a Parker que aparecía con gesto todavía somnoliento.

-¡Kris! -Kristina se acercó a besarla con ímpetu-. ¡De dónde sacas esa energía!

-De la felicidad de volver a casa. Ya he despertado a la señora Davis y se está arreglando. Y tú deberías hacer lo mismo. ¡Vamos, vamos!

-¡Bueno pues ya se ha despertado la niña sargento! -protestó la señora Davis.

-A mí me ha enviado a arreglarme -se quejó graciosamente Parker.

-Pues hazle caso… ¡o nos cae la de san Quintín!

Desayunaron sin perder demasiado tiempo, mientras Parker terminaba de arreglar la cocina para que todo quedara impecable, Kristina y la señora Davis estaban metiendo las cosas en el coche. Ilsa iba y venía nerviosa de un lado a otro.

-¿Ya está todo? -preguntó Kristina.

-Sí, yo creo que sí. He quitado la luz como me han dicho y la llave hay que dejarla en el buzón.

-Muy bien.

Las dos se quedaron mirando la casa, después se miraron sonriendo y tras un suspiro cerraron la puerta. Al bajar se encontraron a la señora Davis hablando con Alexis.

-Tu madre no deja de sorprenderme -le susurró Parker.

-Y a mí. ¡Mamá!

-He venido para despedirme de vosotras. Espero que tengáis buen viaje y por favor -le dijo mirando a Parker muy seria-. Id con cuidado.

-Tranquila -le sonrió Parker.

-Cariño… te quiero -la abrazó con fuerza mientras Parker y la señora Davis se metían en el coche-. Dime qué tal vais y por favor, cuídate mucho y si necesitas algo sabes que aquí está tu familia ¿verdad?

-Sí, mamá. Gracias. Tú también cuídate y espero que algún día nos visites.

-Claro que sí.

-Gracias por todo, mamá.

-Te quiero no lo olvides nunca.

Kristina la abrazó besándola y se metió en el asiento de copiloto. Parker conduciría mientras la señora Davis e Ilsa iban en el asiento de detrás. Alexis las miraba con pena, Kristina se iba muy lejos de ella.

-¡Me vas a echar de menos, Alexis! ¡Cuándo quieras me llamas! -le dijo sonriendo de oreja a oreja la señora Davis.

-Descuide, lo haré.

Finalmente, Alexis tuvo que sonreír a aquella mujer que tanto le había ayudado a entender la relación que existía entre Parker y Kristina, estaba segura que sin sus continuas verdades no le hubiera dado la oportunidad a Parker. Las tres la saludaron al mismo tiempo con una sonrisa mientras ella devolvía el saludo viendo como a lo lejos iba perdiéndose el coche hasta desaparecer.

-¡Qué seas feliz, hija!

El viaje de Port Charles hasta Eugene según las indicaciones que había mirado a escondidas Parker de la señora Davis, le marcaba cuarenta y cuatro horas. Había calculado con las paradas que debían hacer por Ilsa y también para que Kristina no se cansara demasiado que en tres días podrían llegar. Sin embargo, aquellos tres días se convirtieron en una semana entera donde las tres disfrutaron de aquel viaje largo y cansado que decidieron fragmentar para conocer ciudades que la señora Davis no había visto nunca, lo mismo que Kristina. Disfrutaron de aquellos días repletos de diversión y alegría hasta el final. Sin pensar en nada más que vivir al día. La pareja veía la felicidad de la señora Davis y se sentían a su vez felices de poder contribuir a algo bueno para ella ya que les había demostrado la admiración y el infinito cariño que sentía por ellas.

Cuando llegaron a Eugene fue como respirar de nuevo. Primero dejaron a la señora Davis que quedó con Kristina al día siguiente a las ocho en la ferretería ¡se habían acabado las vacaciones! El reloj marcaba las dos de la tarde cuando Kristina abrió la puerta, exhaló un profundo suspiro mientras decía emocionada con una sonrisa en su rostro.

-¡Hogar, dulce hogar!

-Por fin en casa.

Parker había abrazado por la cintura a Kristina y le había dejado un beso en la mejilla. Las dos estaban realmente emocionadas, estar en el que para ellas era su nido de amor.

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Un comentario en “PARKER Y KRISTINA. LA FUERZA DEL AMOR. Capítulo 110

  1. Por fin en casa después de tanto que an vivido, y comenzar su famia.
    Que viaje tan agradable vivieron las cuatro, por que la perrita también disfrutó. Esos momentos vívidos jamas sele olvidaran a la señora Davis.
    Bueno menos mal que no paso nada entre Nuera y suegra. Como dijo Parker va a tener tiempo para asimilar que en lujar de yerno, tiene una muy guapa,atractiva, inteligente y sobretodo sexy Nuera 😉
    Gran gestó el de Sonny, y sobretodo la petición que hiso.
    Molly lamas sentimental, y la sorpresa de Úrsula para Parker, y Susan tendrá el apoyó de su hermana para abordar bien el tema con su hijo.
    Gracias por el capy, asta mañana.

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