PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap 19

Después de hablar largo y tendido con la señora Davis. Kristina se metió bajo la ducha, notaba su espalda mucho mejor. Tenía alguna pequeña molestia en la zona que le habían hecho las infiltraciones pero nada que pudiera evitar que fuera al trabajo. Al llegar, se acordó que Noah estaba en la universidad. Y Linda le confirmó que iba a recoger notas por sus trabajos y que estaba atacado. Tras charlar un rato con ella, fue hasta Andrew que manejaba con gran soltura las piezas del almacén. Se había puesto un mono verde y con su inseparable gorra verde con la letra O en amarillo. El equipo de su vida Oregon Ducks. A Kristina le hacía gracia verlo de aquella guisa. El hombre cuando la veía se quitaba la gorra y le hacía una pequeña reverencia. Hablaron sobre su espalda y él le indicó que fuera al mar a nadar, era su mejor medicina para los días que todos los huesos le dolían, a veces también iba al lago con el agua bien fría. Entre ellos había nacido una amistad intensa, Andrew hablaba poco pero sus frases muchas veces hacían reflexionar a Kristina sobre la vida, las sonrisas, el corazón. Había sido un acierto contratarle, le daba una paz que agradecía para calmar su interior.

Estaba trabajando pero su pensamiento una y otra vez iba a la charla con la señora Davis. Le daba tanta rabia que la conociera tan bien, que sintió hasta vergüenza por si Parker también había captado esa necesidad que tenía de ella. Se prometió así misma que era la última vez que hablaba del tema y, por supuesto, la última vez que se dirigía a Parker. Tenía que darle espacio y estaba dispuesta a ello.

A las once de la mañana Kristina había llegado a la consulta de su psicóloga. Durante una hora estuvo hablando de cómo se sentía, de cuanto le dolía la vuelta a Eugene al darse cuenta todo lo que había destrozado, pero también de lo feliz que era al lado de su hija. Era afortunada porque tanto Linda como Noah habían aguantado a su lado aún sin saber si podría hacer frente al negocio. La ayuda de su padre que agradecía le hubiera dado en su momento para no agobiar más de lo que ya estaba Parker. Con eso debía quedarse. Con el apoyo incondicional de la señora Davis. Se comprometió en aquella consulta entre lágrimas, porque hablar de la mujer que amaba le provocaba un sin fin de lágrimas, a dejarla ir.

Al salir entró directamente a la cafetería que había cercana a la consulta, necesitaba tomar algo caliente porque estaba temblando. Como era costumbre en ella se sentó junto a la ventana desde donde veía la calle, suspiró tratando de encajar todas las piezas del puzzle en el que se había convertido su cabeza.

—Dejarte ir, Parker, eso debo hacer… dejarte ir.

Suspiró con pena pero tratando de entender que era lo mejor. Dio un sorbo a su taza de chocolate y al levantar la mirada hacia la ventana vio a Parker junto a otra mujer más o menos de su edad, morena, con una sonrisa amplia que abría una puerta y ambas pasaban. El chocolate que se había tomado se le había hecho un tanto agrio. Allí estaba la prueba, esa mujer debía ser la que la señora Davis le había dicho. Lo que más le dolió era que en el momento en que iba a entrar Parker daba una de esas carcajadas que a ella la volvían loca y que tanto extrañaba. Sintió hervir la sangre, se le disparó en un momento la respiración ¿cómo podía haberla olvidado en tan poco tiempo? ¿Cómo podía estar con otra mujer? Cerró los ojos suspirando. Acababa de decir en voz alta que la dejaba ir, ese era el momento que debía respetarla. Miró el reloj. Eran las doce y media ¿dónde estaría Ingrid? Con la señora Davis no porque la habría avisado, quizá con Noah o todavía estaría en la guardería mientras ella se divertía. Pidió una botella de agua tras la taza de chocolate, los nervios se habían disparado de modo alarmante. Las agujas de su reloj marcaban la una de la tarde, sus ojos no se separaban de aquel portal. De vez en cuando miraba hacia arriba, era un edificio de tres pisos y sentía unas ganas enormes de que alguien le abriera la puerta y, poder entrar a todas y cada una de las casas, para buscar a Parker.

Dos horas después la vio salir sola. Se levantó a toda prisa había pagado ya y tras ponerse la chaqueta se dirigió hasta el portal. Miraba atentamente los nombres cuando la puerta se abrió, para su sorpresa allí estaba la misma mujer que había entrado con Parker dos horas antes.

—¡Hola! ¿Puedo ayudarla? —le preguntó al ver como Kristina estaba en medio sin apartarse.

—Pues igual sí —le sonrió mientras en su interior se alzaba una batalla campal entre lo que debía hacer y lo que no—. He quedado aquí con una persona, se llama Parker y no sé si se ha ido ya…

—¿Parker? Sí, sí, acaba de irse —asintió dubitativa.

—Es mi mujer.

Lo dijo con total intención. Con una fuerza en sus palabras totalmente visceral.

—¿Su mujer?

—Así es —la mirada traspasaba los límites de la furia contra ella.

—Pues se ha ido ya.

—Voy a llamarla ¡seguro que nos hemos cruzado!

Al ver Kristina como aquella mujer se iba, puso gesto intenso de rabia. ¿Por qué lo había hecho? Apenas la vio doblar la esquina de la calle, se dio cuenta de su error. No había aprendido nada, no había hecho caso a nadie se había vuelto a equivocar. El corazón le podía más que la razón. Tragó saliva porque en ese instante que se ponía a caminar se daba cuenta que aquella mujer le diría a Parker que había hablado con ella. ¡Vaya error había cometido! ¡Vaya estupidez! Se detuvo para apoyarse contra la pared, aquello era un error mayúsculo que provocaría un nuevo enfado de Parker y volvería a estallar contra ella.

Volvía a casa cabizbaja. No sabía qué hacer valoraba la posibilidad de hablar con Parker pero no se atrevía a ir a su casa. Estaba pasando por el parque que había entre casa de la señora Davis y la de Parker cuando vio como ella, Ingrid y la perra estaban allí bajo un enorme árbol. Había una manta sobre el césped y tenía a la niña en brazos. Reía divertida con la pequeña. Sintió una envidia que le dolió el alma, ella quería estar allí junto a su familia. Sin embargo, se percató que estaba a años luz de aquella realidad, ella ya no tenía cabida en su vida.

Sobre la manta y ajena a aquellos ojos que la miraban, Parker reía con su hija. A veces le gustaba pasar allí un buen rato bajo el suave sol le daba la comida a la niña y ella picoteaba algo. Después cuando llegara el verano sabía que era imposible por las altas temperaturas. De esa manera disfrutaba tanto la niña como la perra de un buen rato al aire libre. Estaba tratando de darle el yogur a Ingrid que protestaba porque no quería cuando Kristina llegó hasta ellas. La niña al verla comenzó a agitar los brazos lloriqueando, y la perra se levantó para saltar sobre ella como era su costumbre. Aquella algarabía hizo que Parker levantara su cabeza encontrándose con Kristina. Su gesto de malestar fue profundo y evidente.

—Hola, os he visto al pasar.

—¡Ingrid estate quieta, por favor! —le dijo Parker a la niña que trataba de zafarse de sus brazos para ir a Kristina.

—Ingrid… vale… para —Kristina se agachó frotándole la cabeza logrando que dejara de moverse mientras se metía la mano en la boca—. Verás quería comentarte una cosa. Creo que es lo último que tengo que decirte.

—¿Podrías ahorrarte sea lo que sea eso que me quieres decir, y dejarme disfrutar de este momento de tranquilidad para mí? —ni siquiera la miró al decírselo—. Ingrid cariño quítate la mano de la boca.

—Te he visto con la mujer ésa que ibas, hemos coincidido en la calle —Parker no la miró pero deslizó sus ojos desde la figura de su hija hacia la izquierda que era donde estaba Kristina—. Sé que no tengo ningún derecho a nada y que me he comportado como una estúpida, pero le he dicho que eras mi mujer.

Si las miradas mataran, Kristina tras recibir la de Parker tendría que haber sido trasladada al tanatorio ipso facto.

—Lo he hecho porque me he puesto celosa, me ha dado mucha rabia y sé que no tengo derecho alguno, lo siento. Nada más quería pedirte disculpas no volverá a pasar. Espero que seas feliz.

Dicho lo cual se levantó para marcharse, pero necesitaba gritar algo más. Se giró y mirándola fijamente le dijo:

—Nunca te engañé con Pamela. Ni con Pamela ni con nadie.

Dicho lo cual se marchó tratando de evitar la lluvia de reproches que Parker podía regalarle. Pero además porque no quería que viera cómo se habían llenado sus ojos de lágrimas.

Mientras la pareja volvía a tener un encuentro bastante desagradable, hasta casa de la señora Davis había llegado Noah. Ese día iba a comer con ellas. Le estaba contando las notas que había sacado con sus trabajos pero había algo que le rondaba la cabeza y lo tenía muy preocupado.

—¿De verdad esperabas que te dijera que iba a darle una segunda oportunidad a Kristina?

—Sí. Sé lo mucho que la ha amado, y estoy seguro que la sigue amando.

—No te digo que no la haya amado pero tenemos que dejar las cosas como están, o en lugar de ayudar lo único que vamos a hacer es crear un conflicto mayor.

—Además por lo que me dijo de las segundas oportunidades no sé si hablaba de Kristina o de que hay alguien en su vida y quiere intentarlo.

—Hay alguien en su vida. No creo que sea importante pero quizá sí una nueva ilusión para ella.

Entonces la puerta se abrió y apareció una cariacontecida Kristina.

—¡Ya has visto a Parker! ¡Tienes cara de Parkazo! —la apuntó la señora Davis con el dedo índice—. Es decir, encontronazo con Parker.

—Hola Noah, ¿cómo te ha ido? —sonrió con desgana la gracia de la señora Davis.

—Muy bien, estoy muy contento he obtenido mejores notas que el semestre anterior, ahora solo falta que los exámenes me salga igual de bien —respondió nervioso porque él también notaba su tristeza y se temía lo peor.

—Me alegro. Y sí señora Davis, he visto a Parker —suspiró con fuerza—. Y he cometido el último gran error de mi vida con ella.

—¡Madre mía! ¡Pero qué has hecho! —la miraba preocupada la señora Davis al igual que Noah.

—Había salido de la consulta de la psicóloga y me he sentado a tomar algo, estaba destemplada.

—No me extraña si tienes que sacar todo el enredo mental que llevas.

—Algo así —le sonrió con tristeza mientras se sentaba junto a Noah—. Ya he visto a la mujer que está con Parker.

—¿Qué? —Noah no daba crédito.

—Y fui tan idiota que me acerqué a ella y le dije que Parker era mi esposa.

—¡Muy bien Kristina! ¡Eso es lo que entiendes por alejarte de Parker!

—Me pudieron más los celos, me cegué.

—Suele pasar entonces actúas como una idiota, sí —apuntó la señora Davis.

—Ahora cuando venía la he visto en el parque con Ingrid. Y me he acercado para decírselo.

—¿Qué eres idiota?

—¿Y qué ha pasado? —Noah medió entre las dos porque Kristina la miró enfadada.

—Nada, Noah. Se lo he dicho y me he marchado. No podría soportar más reproches por su parte, solo cómo me ha mirado al verme allí ya he tenido suficiente. Bueno… aunque he aprovechado para decirle que no la había engañado con Pamela.

—¡Estupendo Kristina! ¡Sumando una metedura de pata tras otra! —la señora Davis negaba con la cabeza.

—¡Qué! —exclamó elevando los hombros sin entender porque le decía aquello. Tenía que estar contenta de que por fin lo había dicho.

—Perfecto, es como decirle, ¡mira a ver qué haces porque yo no te engañé pero tú vas camino de ello! ¡De verdad, Kristina! Pareces tonta, hija mía.

Después de aquella frase, Kristina guardó silencio con gesto serio como si se percatara que la señora Davis tenía razón.

—No puedo creer que mi tía esté con alguien. No, no lo puedo creer. Me niego a creerlo, la conozco y no es posible. Ella está sufriendo por ti porque te quiere… ¡es ilógico!

—Pues lo está —afirmó Kristina tan contundente como dolida—. Es una mujer aproximadamente de su edad, supongo que no debe querer otra cosa a su lado después de estar conmigo.

—Espero que esto te sirva para alejarla de tu corazón.

—Le he dicho que espero que sea feliz, ¿qué más quiere, señora Davis?

—Si hubiera un premio a la más torpe, a la más metedura de patas ¡ganabas tú no habría dudas! No sabes mentir, así que sabe que lo has dicho por compromiso y también sabe que le has debido de echar mil maldiciones a la “supuesta” nueva novia. Confío que esto no enturbie su juicio demasiado y que mañana no te deje a Ingrid.

—¡Se acabó! Ahora me toca aprender a seguir sin ella.

—Llevas diciendo eso desde que has vuelto.

—Ahora ya no hay motivo para seguir teniendo esperanza. Voy a cambiarme.

La mirada triste de la señora Davis se encontró con la totalmente desconcertada de Noah. Todo estaba perdido, el amor había sido derrotado.

—A veces parece mentira que con tanto que se amaban… hayan acabado así.

—Suele pasar cuando amas mucho odias mucho también.

—No, señora Davis, me niego a creer eso. Pueden estar distanciadas pero se aman ¡me niego a admitir que se odian!

—Hijo… en la vida no es siempre como en las películas o novelas de amor. Ve tomando nota.

La señora Davis esperaba inquieta a Kristina. Había pensado en lo sucedido y sentía que esos arrebatos de Kristina todavía la alejarían más de Parker. La vio salir con el pijama, el pelo recogido y una cara que reflejaba cómo se sentía. Se sentó junto a la señora Davis.

—Como vulgarmente se dice la he cagado, pero bien.

—De todas todas.

—La próxima vez intentaré respirar antes de contestar.

—Tú no sabes hacer eso. ¿Sabes lo que he pensado? Igual… lo que necesitáis es una noche pasión.

—Eso es imposible.

—Vamos, Kristina. Que mirabas a Parker y caía rendida. Sabes cómo hacerlo.

—No.

—¡Mira no lo vais a estropear más!

—Señora Davis, desde que hice el programa de rehabilitación no siento deseo, no puedo excitarme. Aunque quisiera… —ahí se le quebró la voz.

—¡Oh Kristina! —la abrazó al ver como elevaba los hombros con preocupación—. Pero eso es circunstancial. ¿Se lo has dicho a tu psicóloga? Estoy segura que es tu mente, segura que te castiga de ese modo, es un autocastigo por todo lo mal que te sientes. Kristina, cariño —apoyó la mano en su barbilla—. Estoy segura que si Parker te provocara tu problema desaparecería.

—Ni al verla, ni cuando la he tenido cerca y eso que yo la deseo pero no lo siento.

—Bueno, tampoco pasa nada.

—¿Cómo qué no?

—Yo he vivido sin sexo hasta hace nada y mira hasta donde he llegado —le dijo muy seria.

—¿Hasta hace nada? —le preguntó mientras lloraba con una pequeña sonrisa.

—¡Ay Kristina! Espero que toda esta dureza que estás viviendo y por la que estás pasando te sirva de lección.

A Parker le había costado reaccionar tras lo que Kristina le había dicho. Ni aún habiendo pasado un par de horas había logrado entenderla. Había recibido un mensaje de Laura diciéndole que no entendía nada, tuvo que explicarle las cosas tal como estaban pero que Kristina había salido de su vida. Se tumbó en la cama para descansar, tenía tantas cosas en su cabeza que se sentía agotada realmente sin fuerzas.

Nunca te engañé con Pamela, ni con Pamela ni con nadie.

Era la frase que se repetía una y otra vez en su mente como si de un mantra se tratara. Por un lado Kristina había sido valiente para decirle lo que había hecho, por otro le había parecido un tanto mezquino por su parte haberse metido en su vida. Trató de relajarse porque aunque quería pensar en las palabras que Úrsula le había estado diciendo sobre ponerse en su lugar porque estaba enferma, aquel acto por su parte le pareció intolerable. Y eso le hacía sentir más rabia. ¿Qué pensaba que podía dirigir su vida? ¡Cómo se había atrevido a decir algo así! ¡A meterse en algo que no le importaba! Y aquella frase, aunque más que la frase había sido el tono con el que se lo dijo, ¿le estaba reprochando? ¿Estaba juzgándola? Estaba enfurecida y pensó en no dejarle al día siguiente a Ingrid. Aunque en el fondo sabía que eso no sería justo, no podía utilizar a la niña como venganza. Se levantó para beber un vaso de agua necesitaba calmarse para pensar con claridad. Con un poco de suerte era cierto y no volvía a hablarle. Entre todos esos pensamientos se coló uno de preocupación, no le había preguntado qué tal estaba. Aunque al segundo se recriminó aquel pensamiento de preocupación, no hacía falta preguntar nada porque la vio bien para enfrentarse a Laura estaba muy bien. No, no quería acercarse a ella y era mejor dejar pasar aquella tontería que había hecho. ¿Celosa? Se dijo así misma con una sonrisa tan irónica como molesta. Pero entonces otra pregunta le llegaba como un ciclón ¿No la había engañado con Pamela? Suspiró no la creía más bien parecía que estaba acusándola a ella en ese momento utilizando su propio pasado.

—¡Pero qué estoy diciendo! ¡Qué poder le estoy dando a Kristina de amargarme la vida! ¡Qué más me da ahora! ¿Qué derecho tienes a estar celosa? ¿Qué no me engañó con Pamela? ¿Espera que me lo crea? ¡Maldita sea!

Susurró con una rabia descontrolada.

Al día siguiente, Kristina esperaba ansiosa la llegada a las dos y media de la tarde de la señora Davis con la niña. Estaba caminando de lado a lado del comedor se sentía más estúpida que nunca más idiota. Le había dicho a Parker que estaba celosa le había dicho claramente que la seguía queriendo, pero su reacción había sido tan ofendida que sabía le iba a atacar con la niña.

—¡Pues aquí la tienes! Parece que tu tontería no le ha afectado lo más mínimo.

Dijo la señora Davis con la niña en brazos mientras Kristina sentía un alivio que no podía explicar, tan solo sonreír ampliamente y romper a llorar.

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4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap 19

  1. Gracias, Laura. Creo que le puede más el corazón que la razón, sabe que no puede hacer lo que ha hecho pero el amor por Parker es tan grande que cae. Y a Parker yo creo que aunque le ha molestado su actitud algo ha tocado en ella. Esperemos que así sea no vaya a estirar tanto la cuerda que la rompa. Como bien dices, ha marcado territorio a Laura. 😉😘
    Gracias por comentar

  2. Muy bueno!!! Kristina por más que lo intenta le puede su ímpetu y sus celos….pero por una parte no está mal que le diga que no le fue infiel jajajjaja marcando terreno…!!! Un abrazo escritora😘😘😘

  3. ¡Gracias por comentar, Alexandra!

    En menudo lío me he metido, ahora me toca estudiar cardiología. Ja ja

    Un abrazo

  4. Buenas tardes Querida Idana gracias por este capítulo, sigue mi corazón destrozado y solo está en tus manos restauranlo. Una linda tarde. Bye

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