PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 25

Allí ante ella estaba Kristina. Con unas mallas ajustadas hasta los gemelos, una top de igual modo bien ajustado a su busto, y una chaqueta anudada a la cintura. Llevaba el pelo retirado en una coleta, una gorra y una sonrisa que trastocó a Parker.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó aturdida.

—Es que voy a correr y quería ver a Ingrid. ¿Puedo?

—Estoy trabajando.

—Solo dos minutos.

Sin darle tiempo a reaccionar pasó por su lado y entró al comedor. Hacía tanto tiempo que no entraba en la casa, en su casa, que sintió como se aceleraba el pulso. Aquel hogar que tanto extrañaba al que tanto deseaba volver. Fue hasta la niña con los saltos de Ilsa al verla. Parker no podía reaccionar. Kristina estaba allí en el suelo junto a la niña riendo las dos de buena gana. La niña estiraba graciosamente su gorra, mientras Kristina le daba besos. Al pasar había visto que Parker tenía la mesa llena de papeles, sin duda, era la peor época para ella. No se había sentado con lo cual la estaba presionando para que se fuera.

—¿Está mejor, verdad?

—Sí —respondió escuetamente.

—Mañana vendrá la señora Davis a por ella. Gracias por dejarme verla.

Parker no dijo nada más. Nunca había visto a Kristina vestir de aquella manera tan… . Aunque rápidamente tras cerrar la puerta sacudió la cabeza para quitarse esa visión de su cabeza. La había pillado en un momento que no fue capaz de impedirle la entrada. Al sentarse se dijo para sí:

¿Qué piensa que voy a caer a sus provocaciones? ¡Si es que… qué error más grande cometí al pensar que había madurado! ¡Cómo se atreve a entrar así! ¡Y cómo va vestida, claro! Menuda insensatez por su parte.

Sacudió la cabeza prefiriendo centrarse en las correcciones que en lo que acababa de pasar.

Al día siguiente media hora antes de lo que tocaba, apareció la señora Davis. Al abrirle la puerta y verla se extrañó miró el reloj y exclamó.

—¡Señora Davis!

—Ya, ya sé que vengo media hora antes. Pero… ¿podrías hacerme un hueco como amiga? No puedo más.

—Claro, pase.

—Gracias, hija.

La señora Davis pasó hasta la cocina. Parker estaba terminando de desayunar mientras Ingrid estaba sentada en su silla a su lado. La señora Davis dio sus besos correspondientes a la niña, después se sentó mientras Parker le acercaba la cafetera y una taza para que se sirviera. La miraba algo intranquila, a la mujer se le notaba mala cara.

—¡Ya no puedo más! No puedo más… —repitió con una gran dosis de drama.

—¿Pero qué le pasa? Tiene mala cara.

—No me extraña. ¡Tú sabes lo que es soportar todo el día! ¡Todo el día! —exageró la voz con un movimiento de mano firme—. Escuchando tu nombre, que si Parker esto, que si Parker lo otro, que Parker no quiere dejarme a la niña, que Parker hoy estaba muy guapa, no sé como voy a hacer para que me deje a la niña más veces, Parker se ha cambiado el maquillaje. Parker, para aquí, Parker para allá. Ahora, ya se lo he dicho, le he dicho que se busque una casa bien lejos de aquí, en otro barrio porque es insoportable. Mira que yo tengo aguante… pues me tiene frita. Sé que no quieres que hable de Kristina, no estoy hablando de ella, estoy hablando de mí. ¡Ya no la soporto! ¡Quiero separarme de ella!

Parker la miraba con los ojos abiertos como platos. No daba crédito a la parrafada que las señora Davis acababa de soltar, máxime cuando sabía que no quería escuchar nada de Kristina.

—Señora Davis… —su voz sonó a advertencia.

—Te estoy hablando de mí. Y mira te voy a decir una cosa necesito desconectar, no sé una semana fuera sin escuchar tu nombre ¡jamás pensé que acabaría aborreciéndolo!

—Vaya… muchas gracias.

—No es por ti, entiéndeme.

—¿Por qué me mira así? ¿Qué quiere que haga yo? —preguntó elevando los hombros sin entender dónde quería llegar.

—Mira Parker, Kristina me ha demostrado que puede cuidar perfectamente de su hija. Tiene más ropa de la niña que suya.

—Ya vi el pijama.

—Hasta a mí me tiene sorprendida. ¿Puedes darme una semana de vacaciones?

—¿Cómo? —preguntó mirándola estupefacta.

—Sí, que venga ella a recoger a la niña y dejártela. No hace falta que yo esté delante.

—¿Esto no será otra jugada maestra de la señora Davis? —preguntó enarcando una ceja con cierto reto en su mirada.

—No te entiendo.

—El otro día entre Úrsula y usted lo prepararon todo para sentarnos en la misma mesa, ahora usted me pide irse para que Kristina venga en persona a recoger a la niña… ¿Señora Davis usted de verdad se cree que yo soy tonta?

—Un poco sí. Pero no en el sentido de esta pregunta —aclaró ante su mirada y gesto incrédulo—. Lo que te estoy diciendo es verdad. Tengo en mi casa a una mujer que está luchando contra sí misma, contra un montón de cosas y circunstancias que están apareciendo en su vida. Y me tiene maravillada como lucha contra todo por tener a su hija, por demostrarte que aunque siga metiendo la pata ¡chica eso es innato en ella! Está tratando de cambiar. Creo que todos tus temores de que se la va a llevar son meras excusas para tener controlada a Kristina. Y que conste que no he venido aquí para hablar de ella.

—Ya veo.

—Parker voy a irme una semana y te lo digo en serio. Kristina se va a quedar sola en casa con la niña, y tú vas a hacerme el favor de confiar en ella. Y otra cosa, deberías darte cuenta que estás agotada, deja un poco de trabajar y diviértete.

—Ahora también se preocupa por mí.

—Siempre lo he hecho, cariño. Pero tú no me dejas acercarme —Parker agachó la mirada. La señora Davis le dijo con tiento—. De las dos siempre temí por ti, aunque me equivoqué.

—¿Qué quiere decir?

—Pensé que Kristina era fuerte, más fuerte que tú. Pero ya ves… resulta que no fue así. ¿Me podré ir tranquila?

Durante unos segundos Parker sopesó la respuesta.

—Sí —respondió finalmente.

—Gracias. ¡Y ahora me llevo a esta cosa rica que la quiero con locura! Al menos cuando está ella no tengo que soportar a Kristina. Y hazme caso, no trabajes tanto.

—Le haré caso —sonrió con tristeza.

—¡Qué lastima! Me duele el corazón de veros así… Vamos chicas.

Parker la vio marcharse con Ingrid en el carrito y a Ilsa con su correa. Se quedó pensativa con todo lo que le había dicho la señora Davis. Sabía que en el fondo era lo que pretendía. Remover sus pensamientos para ir eliminando los malos y quedarse con esa Kristina que hacía su papel de madre de un modo ejemplar. Resopló. Cerró los ojos. Sacudió la cabeza para sacarse la imagen tan sugerente de Kristina en mallas. Y se dispuso a trabajar.

Aquel viernes tarde, Kristina se quedó en casa con Ingrid y la señora Davis. Se pasaron la tarde un tanto preocupadas porque Ingrid volvía a estar algo llorona, molesta y nada más quería estar en el brazo de su madre.

—Creo que tiene fiebre —dijo al tocarle la frente.

—Voy a traer el termómetro.

—Cariño… ¿qué te pasa? Vamos… vamos —le decía abrazándola porque se había puesto a llorar.

—Toma.

Cuando Kristina vio la fiebre susurró.

—No puede ser. Voy a volvérselo a poner. Marca cuarenta.

—¿Cuarenta? Sí es así hay que ponerle paños fríos.

—Sí —respondió nerviosa—. Cariño… ¿Qué te pasa?

—Tranquila, Kristina. Igual es que se ha constipado.

—Lo mismo, cuarenta. ¡Me la llevo al hospital!

—Espera, llama a Parker —ante su mirada le dijo—. Haz las cosas bien, la llamas y que venga, os vais juntas al hospital.

Mientras Kristina llamaba a Parker, le quitaba la ropa a la niña. Se acordó de las dos veces que Parker había tenido esos ataques febriles y cómo la había cuidado. Esperó durante todos los tonos pero no contestó. Colgó dejando el teléfono a un lado.

—¿No contesta?

—No. Me la llevo —pero entonces sonó el teléfono. Suspiró ante de descolgar—. Parker.

—¿Qué pasa? —se oía de fondo jaleo. Kristina entendió que no estaba en casa—. ¿Kristina?

—Ingrid tiene mucha fiebre me la llevo al hospital.

—No, espera. En diez minutos estoy ahí. Ponle paños y…

—Parker, sé lo que debo hacer. De todos modos si estás ocupada no pasa nada puedo ir perfectamente sola.

Dicho esto le colgó. La señora Davis negó con la cabeza. Su gesto era todo un poema.

—¿No vas a esperarla?

—No, está de fiesta y no voy a esperar que venga.

—Kristina…

—¿Puede llamarla y decirle que ya salgo hacia el hospital? ¡Oh mierda los papeles! —se metió con la niña en brazos hasta la habitación.

La señora Davis no llamó a Parker, cruzó los dedos para que llegara a tiempo porque de lo contrario habría otra nueva disputa entre ellas. Parker no tenía la culpa de ser viernes y poder salir un rato a disfrutar. Y Kristina no podía juzgarla por ello. Porque de igual modo podía hacerlo ella cuando no tenía a la niña. Si ella decidía encerrarse en casa era su decisión no por ello le daba derecho a enfadarse porque Parker saliera. Pero esa batalla la había perdido hasta con Noah que se había cansado de invitarla a salir con ellos por la noche. La vio salir con los nervios reflejados en la cara.

—Te llevo yo —dijo la señora Davis mientras iba a coger el bolso.

—Ya está, mi amor, ya está —le decía a la niña acunándola.

Entonces sonó el timbre de la puerta. Kristina abrió con la niña en brazos y ante ella una Parker que no parecía ella. Desde luego parecía que la mujer con la que salía era muy importante porque con ella ni se visitó ni maquilló así. Llevaba un pantalón de vestir negro y ajustado con una blusa negra de encaje, y un tres cuartos jaspeado negro, combinado con unos zapatos de tacón alto. El pelo recogido en una coleta y maquillada del mismo modo que el día anterior. Por un momento, Kristina se perdió en sus ojos.

—¿Cómo está? —le preguntó.

—Ah, ya estás aquí. Bueno pues en cuanto sepáis algo me lo decís.

—Vamos.

Kristina no había dicho ni palabra porque acompañando a Parker llegaba su perfume que desde el primer día que la conoció conseguía atraparla. Kristina se sentó en la parte de detrás del coche. Parker metió primera y salió. Tuvo que pararse en un semáforo y miró por el espejo retrovisor, Kristina tenía abrazada a la niña mientas le dejaba besos en la frente.

—¿Desde cuándo lleva así?

—Lleva toda la tarde mal. Pero…

—¿Y has esperado ahora para avisarme?

—Te he avisado cuando he visto que tenía esa temperatura. Ha estado inquieta pero sin fiebre, ¡no me has dejado terminar!

Volvió a arrancar. Llegó al hospital y paró el coche en urgencias. Kristina bajó con la niña mientras ella iba a aparcar. Afortunadamente encontró sitio nada más salir de la zona reservada. Al entrar de nuevo le dijeron que se dirigiera a la sala donde se encontraba Kristina con la niña. Al verla le hizo una señal. Parker se acercó y tocó la frente de la niña que se había dormido.

—Está ardiendo.

—Me han dicho que le quite la ropa, que en seguida nos atienden.

No hablaron más. Hasta que salió el médico y las hizo pasar.

—Adelante. ¿Es su hija? —le preguntó a Kristina.

—Es nuestra hija —respondió seria.

—Ah, disculpe. ¿Qué le ocurre?

—Ayer estuvo con algún problema estomacal, pero no tuvo fiebre. A lo largo del día ha estado tranquila, hasta media tarde que ha empezado a estar inquieta —continuó Kristina.

—De acuerdo. Está ardiendo.

—Ha sido en nada, estaba adormilada en mi brazo pero de repente le he notado muy caliente. Ella es su madre biológica y también tiene episodios así.

—Sí, es cierto —agregó mirando al doctor.

A Parker le sorprendió la actitud responsable y serena de Kristina. Con cierto nerviosismo le explicaba al doctor cómo desde pequeña solía tener episodios de fiebre sin saber la razón. Incluso de adulta le ocurría. El hombre las hizo salir mientras la enfermera se hacía cargo de la niña para bajarle la fiebre. Parker se sentó en una de las sillas que había frente a la sala mientras Kristina se quedaba de pie. El silencio entre las dos era el protagonista, tanto fue así, que el sonido de la bombilla que tenían sobre sus cabezas continuamente chispeando era lo único que se escuchaba.

—Señora Davis, están tratando de bajarle la fiebre. Sí, sí. Tranquila.

Volvió el silencio. Kristina la miró de lado había tan poca distancia entre ellas, a penas un par de metros pero tanta en cuanto a sus corazones. Suspiró con fuerza y se sentó en la silla continua a la de Parker.

—¿Le había pasado antes? —le preguntó.

—No.

—Siento haberte fastidiado la noche.

—¡Kristina! —susurró cerrando los ojos.

La enfermera salió en ese momento con la pequeña en brazos. Se había despertado. Parker se puso en pie y la cogió ella.

—Se ha portado de maravilla, no ha llorado nada.

—Gracias —le dijo Parker sonriendo mientras la niña se aferraba a su cuello.

—Dentro de media hora volveremos a tomarle la temperatura. Mientras tanto tiene que estar así con el pañal nada más.

—Gracias —le repitió Kristina.

Parker se sentó y Kristina acarició la mejilla de la niña que le cogió el dedo con su manita. Al final, Parker la sentó sobre sus rodillas cara a Kristina y la niña las miraba a las dos con los ojos repletos de lágrimas pero sin llorar.

Dos horas más tarde salían de urgencias. El momento era delicado porque Kristina quería estar con Ingrid pero era consciente de que Parker no iba a estar por la labor.

—¿Me la llevo yo? —dijo Kristina.

—No, prefiero si quieres venir a casa y estás con ella allí.

—De acuerdo.

Kristina suspiró aliviada porque al menos no le dijo que no fuera. Durante el camino ninguna habló, la niña estaba dormida y parecía que muy tranquila. Llegaron a casa y Parker abrió la puerta. Kristina pasó con la niña en brazos se quedó quieta esperando que Parker le dijera qué hacer.

—Será mejor que te sientes en el sofá así la vigilamos.

—Ahora no está caliente.

—Le está haciendo efecto el tratamiento.

—Menos mal.

Lo dijo con un tono repleto de alivio. Se sentó con la pequeña mientras Parker se perdía por el pasillo. Al estar allí sentada pudo percatarse que en la librería que solían estar sus fotos no había ninguna. Todas eran de Ingrid. Parker había borrado toda su presencia de la casa. Las palabras de la psicóloga llegaron a ella, debía dejar que pasara su duelo. Cada persona reacciona de una manera y ella debía respetarla. Suspiró sintiendo una profunda pena mientras besaba a la pequeña. Y llamaba a la señora Davis para avisarla que estaba en casa y que se iba a quedar un rato.

—Un rato, no. Si es preciso toda la noche.

—Está bien, señora Davis —respondió con una pequeña sonrisa.

—Y recuerda, muéstrale que has madurado, respeto pero sobre todo, distancia.

En la habitación, Parker se estaba cambiando. Había pasado un buen susto al ver a la niña así, y agradeció que Kristina se quedara con ella. Mientras se quitaba la ropa pensaba en la reacción de Kristina con el médico, seguía siendo la misma que cuando empezaron a salir juntas defendiendo su relación de los prejuicios de la gente. El médico debió pensar que eran madre, hija y nieta. Aquel pensamiento la llevó sin poder remediarlo al momento en que Kristina salía del mar y hablaba con una chica. Lo apartó de su mente con rapidez. Una de las cosas por las que se culpaba, era haber cedido a su amor por Kristina. Nunca debió hacerlo, su juventud sería un problema se lo habían advertido todos pero ella cegada por ese amor tan grande que sentía por Kristina no lo quiso ver entonces, y en esos momentos estaba pagando las consecuencias. Se miró en el espejo. Se había puesto un pantalón y una camiseta de manga corta, encima una rebeca porque aunque no hacía frío ella sentía un temblor que quiso disfrazar de frío.

Salió de la habitación, la niña estaba jugando con las manos de Kristina que le estaba cantando una canción. Sonrió de lado. Siempre pensó que aquella imagen sería la de su día a día.

—¿Quieres tomar algo caliente? Los nervios me han dejado destemplada —preguntó Parker tratando de ser amable.

—Sí, por favor, a mí me ha pasado igual.

—Se nota que somos primerizas.

—Yo creo que se ha notado bastante —le sonrió Kristina con ternura.

—¿Quieres té?

—Sí, gracias.

Aquel pequeño diálogo las había acercado al menos rebajado la tensión en la que se movían. Parker sacó las gotas que en el hospital le habían recetado y miró la hora. Mientras se calentaba el agua, preparó un biberón. Se lo dio una vez lo tuvo preparado a Kristina.

—Lleva ya las gotas, le tocan ahora.

—Vamos, cariño. Venga, mi amor tienes que tomártelo todo.

Aquel tono dulce de Kristina ni siquiera lo recordaba. La miró sorprendiéndose de cómo lo había borrado de ella. Sacó después las dos tazas con té.

—Tiene hambre —dijo sonriendo Parker mientras le dejaba un beso en la pierna.

—Sí. Todo ¡muy bien mi niña! —la animó Kristina.

—A ver si logramos que se duerma.

—Ha sido tan rápido. Te lo juro la tenía en brazos y estaba bien. De repente me ha llamado la atención que se ha puesto muy roja y ya estaba… bueno estaba como tú la primera vez que te pasó estando conmigo.

—Tranquila. Estas cosas son así —dijo con tono sosegado por primera vez en la noche.

La pequeña pidió ir a los brazos de Parker, pero Kristina le dijo que se tomara antes el té. Así lo hicieron, una vez terminó la bebida, cogió a Ingrid. Para que fuera Kristina quien bebiera.

A Parker algo extraño en su piel le hizo abrir los ojos, al principio lentamente y con el ceño fruncido. No sabía bien qué sucedía entonces se percató que se había quedado dormida. Al abrir los ojos por completo tomo conciencia de que aquello que le rozaba la piel suavemente, era el dedo de Kristina dejándole una caricia en su brazo.

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4 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 25

  1. Estoy de acuerdo contigo, Laura. Pienso que Parker quiere mostrarse distante, es cierto, que en algún momento debió de sentir esa decepción tan fuerte que pudo acercarse a odiar, y esa distancia y frialdad en la mirada es la que captan todos como mirada de odio. Porque nadie, ni siquiera Kristina está acostumbrada a que la mire así. A mí desde luego me queda muy clara la actitud de Kristina, está enamorada y siente ese amor tan fuerte que por eso va metiendo la pata jajajaja. A ver qué hace Parker.

  2. Si eso estoy totalmente de acuerdo contigo!!!! Eya perdió la cabeza….pero yo creo que Parker no la odia intenta ser fría y tajante con Kris…pero yo creo que en un amor cómo el de ellas….el odio está muy lejos!!!! O alomejor yo soy muy romántico a jajajajjaj

  3. Gracias, Laura.
    Es increíble como Kristina es capaz de no hacer nada de lo que dice ni le dicen en cuanto está cerca de Parker. Es superior a ella, pero si te fijas, ella dijo algo muy importante que ha pasado un poco desaparecibido. Ella dijo referente al odio que ve en Parker, yo al menos para odiarle tuve que perder la cabeza. A ver cómo reacciona Parker. De momento punto para Parker, si.

    Un abrazo.

  4. Buenoooo buenoooo….otra cagada de Kris….ya la veo venir a Parker echándola de casa…!!! Si esque no puede evitarlo tenerla tan cerca de ella y a la vez tan lejos…!!!! Eres mi cabezona Kris!!! Pero al menos por la niña ella a cedido y la dejó estar con ellas en casa….punto por Parker😍😍😍😍😍

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