PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 26

 

Allí estaba Kristina durmiendo apoyada sobre su pecho, con el brazo izquierdo abrazaba a la niña pero la yema de su dedo llegaba hasta su brazo que sujetaba a la pequeña. Aún durmiendo le estaba regalando ese roce mínimo que le hizo contener la respiración. La imagen que estaba observando hacía un año que no la vivía. Cuando Kristina aún estaba bien y por la noche se quedaban dormidas en el sofá con la niña en brazos. Y aquello era cuando todavía formaban una familia. Sonrió con una gran melancolía. Pero al ver como se movía Kristina cerró los ojos.

Le dolía el cuello. Fue el motivo que le hizo abrir los ojos. Entonces la vio y se vio. Allí en el pecho de Parker durmiendo. Parpadeó nerviosa, debía estar durmiendo porque no le había dicho nada. Así que poco a poco fue recorriendo con su mirada el cuerpo de Parker hasta llegar a su rostro y ver que, efectivamente, dormía. Respiró aliviada porque lo que más necesitaba era quedarse allí abrazada a ella. Sonrió sintiendo que la vida era maravillosa. Hasta que la niña se movió y rápidamente se separó de Parker. Tuvo el tiempo justo para que no la viera sobre su pecho.

—Creo que nos hemos dormido —le dijo Kristina mientras se restregaba los ojos.

—Pues sí porque son las tres de la mañana —frunció los ojos como si realmente acabara de despertarse.

—Está tan tranquila —sonrió tocándole la frente—. Y no tiene fiebre.

—Voy a acostarla.

—Te acompaño.

Kristina le dio al piloto de luz tal y como le dijo Parker. Mucho tiempo después, volvía a entrar en la habitación en la que había compartido con ella tanta pasión, amor y una ternura infinita. Sintió un pellizco en el corazón mientras veía como Parker dejaba a la niña en la cuna. Ingrid no protestó, no se movió, siguió durmiendo. Las dos sonrieron con ese halo de ternura que sentían por Ingrid.

—Bueno, creo que me voy a ir.

—De acuerdo. Gracias por acompañarnos.

La mirada de Kristina con una sonrisa marcada en su rostro, fue tan adorable que Parker decidió adelantarse y abrir la puerta. Kristina suspiró antes de ponerse en marcha para irse. Llegó a la puerta y Parker se apartó para dejarla pasar. Sin embargo, lo que ocurrió fue totalmente inesperado por ambas partes. No fue premeditado. Tan solo ocurrió.

Cuando iba a marcharse, Kristina se detuvo en la puerta y se giró. Miró a Parker que estaba bañada por la luz de la luna. Aquella visión pudo con el sentido común de Kristina que con un movimiento ágil, dejó caer su bolso y cerró la puerta. Se lanzó con suavidad pero decisión hasta los labios de Parker que cerró los ojos sintiendo como los labios de Kristina así como sus manos la habían atrapado. No hizo nada por soltarse, parecía que era una necesidad sentirse apresada por ella. Respondió al primer beso con mayor intensidad, pasando sus manos por la cintura de Kristina que entendió era la manera de darle permiso para continuar. Parker emitió un gemido involuntario, y fue la señal que Kristina esperaba. La empujó con suavidad contra la pared colocando su mano antes de apoyarla suavemente para que no se golpeara. Seguían besándose con pasión sin separar los labios la una de la otra, sus lenguas al reconocerse cobraron vida en boca ajena. Con la habilidad de una gacela, Kristina desabrochó la rebeca tirando de ella hacia abajo, Parker con la respiración jadeante elevó los brazos facilitándole sacarle la camiseta. Entonces estiró el cuello un poco hacia detrás mostrándole el camino que quería que recorriera, ella obediente comenzó a besarla, pasó los labios con una suavidad que hizo estremecerse a Parker que iba recorriendo con la palma de sus manos la espalda de una Kristina que sentía esas caricias como si fuera un intenso fuego que se iba marcando en el recorrido por su piel, hasta que las palmas febriles se posaron sobre el trasero apretando con fuerza al tiempo que ambas compartían un suspiro que se escapaba a su control. Kristina había llegado hasta la tela del sujetador, sus manos apretaron fuertemente los senos al tiempo que un leve gemido de placer se desprendía de su garganta cubriendo como un canto místico los sentidos de Parker. Se lanzó a besar y lamer la piel desnuda que escapaba de la tela del sujetador. Parker cerraba los ojos estaba totalmente entregada no quería pensar tan solo sentir, y eso lo estaba haciendo con una insistencia que la estaba enloqueciendo. Kristina como si estuviera dominada por un ataque tórrido de deseo, se lanzó recorriendo su esternón, su ombligo, su vientre dejando en cada centímetro un contacto húmedo de su boca sobre su piel. Con rapidez y habilidad ayudada por Parker le quitó los pantalones. Parker se mordió el labio inferior al tiempo que apoyaba su espalda contra la pared abriendo sus piernas, cerrando los ojos, suspirando y concentrando toda su atención en aquel centro de su ser que estaba a punto de volverla loca. Se quitó la coleta con un movimiento rápido mientras una oleada de excitación la cubrió de pies a cabeza, las manos volaron hasta dejarlas sobre la cabeza de Kristina que había ganado con delicadeza su tesoro, era como volver a conquistar aquel hogar que le pertenecía. Y su delicadeza fue dejando pasó a un movimiento rítmico que provocó en Parker que comenzara a respirar abruptamente, abría la boca necesitando dejar que el aire pasara a sus pulmones, movía las caderas en busca de mayor profundidad recibiendo un placer intenso que provocó otro gemido y que sus dedos se perdieran entre el pelo de Kristina que sentía en su interior que estaba a un paso de perder el juicio, volvía a ser suya notaba la piel erizada de sus muslos, la respiración jadeante, los gemidos que escaparon ante el intenso placer que causó en ella antes de romper en un estertor entrecortado de máximo goce.

Allí estaba Parker con los ojos cerrados jadeando intensamente, parecía que se había quedado sin fuerzas y por breves segundos, Kristina no supo que pasaría después. Estaba besando con una suavidad extrema los muslos de Parker cuando ésta la obligó a levantarse de un tirón. Le dio la vuelta apoyándola contra la pared, Parker se puso sobre su espalda, una mano invadió la piel por debajo de la camisa que con avidez fue casi arrancada de su cuerpo, con la mano derecha y la misma habilidad que Kristina había demostrado segundos antes, desabrochó el sujetador apropiándose con fiereza de su pecho izquierdo. Kristina echó la cabeza hacia detrás apoyándose sobre su hombro gimió ante el contacto fiero de Parker. Temía el momento tanto como lo deseaba, porque se repetía una y otra vez que lo deseaba, incluso se le escapó una súplica en un pequeño susurró que Parker escuchó y la excitó aún más.

—Te deseo, Parker… te deseo…

Sentía el movimiento acompasado de las caderas de Parker contra ella golpeándola con suavidad pero incesantemente una y otra vez, la respiración jadeante sobre su oído al tiempo que besaba con pasión su mejilla y el cuello. Si antes había sido Parker quien había tratado de retener sus gemidos, en ese instante era Kristina quien trataba de controlarse aunque se veía empujada entre el deseo, los jadeos de Parker y la mezcla que sentía de deseo y miedo a no poder responder.

—Kristina —susurró extasiada.

—Parker —musitó con pasión.

La mano derecha de Parker desabrochó el botón del pantalón mientras seguía con suavidad provocando esa presión de su cuerpo contra el de Kristina quien había apoyado una mano sobre la pared y otra sobre el muslo derecho desnudo de Parker que la bloqueaba para que no pudiera girarse. Los dedos urgentes de Parker se colaron con rapidez entre el tanga y el sexo de Kristina. Ésta notaba como se le secaba la garganta, separó la cabeza del hombro de Parker para apoyar su frente en la pared al tiempo que Parker insistía en sus caricias intimas, poseedoras, electrizantes, tanto fue así que Kristina se dejó arrastrar por ese vaivén que Parker estaba infringiendo tanto con su cuerpo como con su mano, llegado al punto en que la presión de su mano izquierda sobre su pecho apretó con fuerza causando un pequeño dolor que la hizo gemir de un placer desconocido hasta ese momento. En poco tiempo, todo lo que su cuerpo no había vivido, que parecía aletargado, defenestrado en su vida se despertó con una fiereza que la estaba matando. Volvió a apoyar la cabeza en el hombro de Parker que a esas alturas gemía con la misma fuerza y necesidad que ella. Juntas se lanzaron en una danza repleta de pasión y lujuria hasta que Kristina tuvo que sujetar la mano de Parker para frenarla. No podía más. Kristina sentía que se iba a morir después de tanto sufrimiento por no poder sentir, y Parker la había vuelto a enloquecer como hacía siempre. Jadeantes, con las manos unidas y el cuerpo de Parker sobre el de Kristina lograron detenerse ante la pasión más arrolladora que habían sentido jamás.

Parker se llevó a Kristina hasta la habitación. No quería detenerse en sus actos nada más que en lo que deseaba en ese momento y no era otra cosa que retener a Kristina. Que no se fuera nunca que la llenara de besos suaves como solo ella sabía regalarle, rozar su piel y sentir como la erizaba a su paso. En la penumbra de la habitación, tan solo iluminada por el punto de luz que había conectado momentos antes Kristina, la pasión seguía en aquella cama, sus manos se entrelazaban como sus labios, sus lenguas, eran una. Sus centros unidos mientras Kristina cabalgaba sobre Parker que con sus manos apretaba con fuerza los muslos que tanto había extrañado, mientras Kristina abarcaba su boca para aplacar los gemidos que ambas no podían controlar. Sin palabras, sin susurros quizá por miedo a romper la pasión, a romper el hechizo que se había creado entre ellas y les estaba permitiendo no reprimirse ante el deseo más ardiente que nunca habían sentido. Quizá fue el detonante la luz de la luna que bañó el cuerpo de Parker al abrir la puerta, quizá fue la tensión que durante semanas llevaban acumulada, quizá tan solo fue el deseo que vivía en su interior lo que les dio la fuerza para continuar durante horas entregadas en silencio la una a la otra.

Eran las siete de la mañana cuando Kristina decidió marcharse, no había podido cerrar los ojos porque quiso llenarse de la maravillosa visión de Parker durmiendo tranquila. Tenía abrazado el cuerpo desnudo de Parker que dormía plácidamente. Sonrió feliz. Pero le pudo el miedo y aunque había sido una explosión por ambas partes, ella era la que había comenzado. Se levantó con cuidado de no hacer ruido, fue recogiendo su ropa que había quedado tirada por el suelo. Antes de salir miró a Parker que dormía con rostro sereno, suspiró levemente se daba cuenta ya no solo de lo mucho que la echaba de menos, si no, de lo mucho que la amaba.

A las siete y media de la mañana entró con sigilo en casa de la señora Davis se dio una ducha rápida, sentía un temblor en el cuerpo que era incapaz de detener, se metió en la cama y cerró los ojos tratando de calmar el pánico que sentía en ese instante. No pudo dormir tan solo tenía los ojos abiertos mirando el techo y cuando calmó el miedo, se dibujó una sonrisa amplia recordando lo ocurrido. Suspiró con fuerza mientras repasaba las escenas en las que la pasión había desarbolado tanto a Parker como a ella misma. Y sobre todo, había logrado excitarla como creía no se había excitado nunca. Aquel pensamiento le hizo sonreír. Cerró los ojos y suspiró con fuerza, tenía la esperanza de que aquel rato de pasión desbordada fuera el principio de un acercamiento real.

Mientras, en la cama, Parker buscó inconscientemente el refugio en el cuerpo de Kristina. Entonces abrió los ojos de golpe recordando lo que había sucedido, se giró con cuidado pero no estaba en la habitación. Se levantó poniéndose la bata que tenía detrás de la puerta y salió hasta el comedor, llevaba el pelo revuelto, un gesto de cansancio se asomaba en su rostro y sentía agujetas por todo su cuerpo. Kristina no estaba, se había marchado. Se pasó las manos por la cara retirándose el pelo. Volvió a la habitación y vio a Ingrid dormir con total tranquilidad. Sonrió, se acercó para tocarle la frente y suspiró aliviada porque no tenía fiebre. Al ver la hora que era se dio una ducha rápida, debía darle la medicación. Se fue hasta la cocina para preparar un biberón. Mientras calentaba la leche recordaba con insistencia los besos de Kristina, sus caricias, hasta que la leche se salió del cazo manchando la encimera.

—¡Mierda!

Eran las nueve de la mañana, el sol entraba por todos los rincones de casa de la señora Davis que se asomó a la habitación de Kristina con la esperanza de que no hubiera vuelto. Pero allí estaba sentada en la cama con el teléfono en la mano como si esperara noticias.

—¡Buenos días, Kristina!

—¡Señora Davis! —le sonrió.

—¿Qué tal la niña?

—Pues cuando me he venido estaba bien, al final logramos que se durmiera. Ahora iba a preguntar a Parker.

—¿Bien con ella?

—Sí —respondió rascándose el pelo con gesto nervioso.

—¿Por qué no te has quedado allí?

—Bueno, se había dormido y no quería molestarla.

—Bien. Mejor así. Distancia, sobre todo distancia.

—Sí, distancia —murmuró mirando la sábana.

—¡Te recuerdo que me voy! —le gritó desde la cocina.

—¿Se va? —apareció corriendo.

—Sí, querida. ¿Dónde tienes la cabeza? Deja no me contestes.

—Pero si se va… Parker no me va a dejar a la niña…

—¡Claro que te la va a dejar! Hablé con ella. Solo me voy una semana.

—¿Y le dijo que sí? —la miró enarcando una ceja sin entender.

Mientras desayunaba Parker pensaba en todo lo que había ocurrido. Y más allá de lo que había pasado las consecuencias que podía tener. Dos avisos en su móvil la sacaron del ensimismamiento. Miró con algo de desdén la pantalla mientras daba un sorbo a su café, uno era Úrsula y el otro Kristina. Resopló tratando tranquilizar sus nervios. Le dio a la pantalla para leer a su amiga que la avisaba que se iba a pasar a ver a la niña, Kristina le había dicho que estaba en su casa y lo que había ocurrido por la noche. Aquello provocó que su corazón latiera veloz.

—¿Qué le habrá contado? —se preguntó en voz alta.

Entonces le entró otro mensaje donde le preguntaba como seguía la niña, suspiró tranquila. Entendió que de lo que habían hablado de Ingrid. Tomó aire con fuerza y leyó el de Kristina.

K_ Buenos días, Parker. ¿Qué tal se ha despertado Ingrid?

Hacía exactamente dieciséis minutos que lo había enviado. Tragó saliva y tecleó.

P_ Está bien. Sin fiebre.

Al recibir la respuesta Kristina supuso que aquella contestación llevaba la advertencia que no estaba por la labor de hablar con ella. Hizo una mueca de desagrado. La señora Davis se acababa de marchar, no sabía qué hacer. Tenía miedo de ir a casa de Parker. Tenía miedo de su mirada, de sus reproches porque estaba segura de que eso era lo que se iba a encontrar.

Media hora después de recibir el mensaje de Úrsula, apareció por casa. Con un gesto de preocupación. Tras los dos besos de siempre, pasó dispuesta a escuchar a su amiga.

—Úrsula ¿puedes hacerme un favor? Necesito salir un momento a comprar una cosa, ¿te importa quedarte?

—¡Claro, claro! Ve ya sabes que los sábados siempre vengo a ver a mi niña.

—Gracias. Está bien, solo fue un pequeño susto.

—Está en edad de ello. Ve.

En casa, Kristina dudaba si ir o no a recoger a la niña. Finalmente había decidido ir. Se había vestido con unos vaqueros y una camiseta divertida de unicornios que volaban. Le daba un aspecto realmente juvenil. La camiseta era de cuello de pico, que dejaba su lunar al aire pero nada sugerente. Al abrir la puerta, se encontró con ella.

—¡Parker!

—¿Podemos hablar?

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4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 26

  1. ¡Gracias, Laura!

    Sí, sería estupendo que nos den una tregua aprovechando la soledad en casa de Kristina. La niña debería ser un buen motivo para ir uniéndose. A ver Parker si mueve ficha. Me alegra mucho saber que te hice sentir cosas, ¡eso eleva mi ego de escritora! Jajajaja. ¡Mil gracias!

    ¡Gracias por comentar!

  2. Ouyeahhhh!!!! Sí señora capitulado…..dios mio!!! No sabes todo lo que sentí leyendo ayer el capítulo…creo que será el comienzo de unos vaivenes!!! Pero almenos se han demostrado que se aman con locura y se echan de menos en tooooodos los sentidos…no olvidéis que estará una semana sola Kris y si o si verá a Parker para recoger a la enana … Pues más de un día yo dejaría que durmiera en casa jajajajja así no tiene ke dar tanta vuelta con la enana!!! Muy interesante escritora gracias por darnos un pokito de tregua!!! 💞💞💞💞💞

  3. Muchas gracias, Alexandra.

    Por mucho que quiera Parker mantenerse firme, Kristina es un gran desafío para ella. Un desafío que no sé si está dispuesta a aceptar y dejarse llevar por él. Kristina está claro que ama a Parker por encima de todo y como es así, pues se deja llevar por lo que siente, arrasa con la firmeza de Parker. Yo creo que si se lo propusiera pasaría más veces pero también la quiere respetar tanto que se contiene. Además ha superado su propio problema que como bien le dijo la psicóloga era más un castigo impuesto por su cerebro que algo físico. A ver si una es capaz de admitir lo que siente y la otra es capaz de reaccionar a lo que le venga con esa visita. Sea bueno o malo.

    Gracias por comentar. Un abrazo. Mi salud “pasable” Me alegro que te hayas quedado casi sin respiración, es lo que buscaba.

  4. Wuau sin palabra, un capítulo lleno de pasión me he quedado casi sin respiración, un capítulo así nos hacía falta por fin a mi Kristina se le cumplió su deseo, Úrsula y la Sra. Davis no se equivocaron al decir que tenían una tensión sexual Sólo espero que Parker en su charla no sea dura con Kristina y no le haga más desplantes. Gracias por este capítulo espero siga mejor tu salud. Un fuerte abrazo.

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