PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 27

El gesto de Parker acababa de destruir ese halo de esperanza que se había dibujado en ella al despertarse. Se apartó de la puerta para dejarla entrar. La cerró tras de sí. Parker pasó hasta el comedor.

—Parece que es nuestro sino encontrarnos detrás de cualquier puerta —dijo Kristina tratando de bromear.

—Kristina lo que pasó anoche fue un gran error. Estábamos demasiado susceptibles por la niña y… bueno… no debió pasar. ¿De acuerdo?

—Habla por ti, si quieres. Yo no considero que fuera un error, Parker —la miraba con tristeza.

—Está bien, hablo por mí. No es lo que quiero, ni lo que busco —Kristina hizo un gesto irónico—. No, Kristina, no lo es. Me gustaría que te quedara claro —la miró con tanta seguridad como firmeza.

—Sí, tranquila me ha quedado muy claro. No te preocupes por mi parte no volverá a pasar.

Parker la miró fijamente asintió y se dirigió hasta la puerta. Antes de abrir cerró los ojos girándose con seriedad mientras le decía.

—Y me gustaría que quedara entre tú y yo.

—¡Oh vamos! ¿Tan horrible es para ti? —lo preguntó con tono herido.

—Simplemente no quiero que nadie se meta en mi vida.

—Como tú quieras —cuando se fue a marchar la llamó—. Parker… Nada… déjalo.

Tras un suspiro asintió y se marchó.

Allí de pie en el comedor Kristina se derrumbó, quería haber hablado, quería haberle dicho tantas cosas pero su actitud la destrozó y paralizó. Aunque podía imaginar una reacción contraria no esperaba tal contundencia, sobre todo, por la intensidad con que Parker se dio a ella. Por cómo la miró con el amor reflejado en aquellos ojos que tanto le asustaban en ese momento cuando le hablaba del error. Aquella Parker que se enfrentaba a ella no tenía nada que ver con la que por la noche había logrado volverla loca, la que la había acariciado con tanta ternura que le provocó sentir nuevamente con total intensidad. Era una Parker lejana, casi parecía que no tenía alma por como la miraba. ¿Se la había robado ella cuando se fue? ¿Seguían siendo las heridas de su corazón tan intensas que no podía acceder a ella?

—Parker… ¿qué puedo hacer para que me creas?

Mientras Kristina se preguntaba aquello, Parker llegó a casa con los nervios instalados en su estómago. Al abrir la puerta, Úrsula la miró seria.

—¿Qué pasa? ¿No había lo que buscabas? —ante la mirada incrédula de Parker insistió—. ¿No ibas a comprar?

—Sí, sí, pero no tenían lo que buscaba.

—¡Pues eso te he dicho! —exclamó mirándola con el ceño fruncido.

—Perdona es que tengo la cabeza en mil sitios.

—¿Uno de ellos es Kristina? Porque imagino que anoche estaría contigo ¿no?

—Sí, en el hospital.

—¿Y no se quedó contigo aquí? —la miró mostrando incredulidad.

—Sí, sí, hasta que vio que la niña estaba bien —contestó con nerviosismo.

—¿Qué te pasa, Parker? Estás atacada.

—No me pasa nada. ¿Qué me ibas a decir? —la miró con un gesto de duda.

—Nada, no te iba a decir nada, pero bueno aprovecho que me haces esa pregunta. Sé que no quieres hablar del tema, pero puedes responderme a esta pregunta que te voy a hacer, por favor.

Parker cerró los ojos unos segundos.

—¿Piensas en algún momento volver con Kristina?

—No.

—Veo que has sido muy tajante y rápida con la respuesta. Te lo vuelvo a preguntar, ¿es definitivo? ¿Lo has meditado bien?

—¿Por que me lo preguntas? —la miró con desconfianza.

—Verás, Kristina necesita algo nuevo en su vida porque de lo contrario se va a volver loca. Hace dos semanas llegó un chico monísimo a la farmacia de James. Es un encanto, además está bueno así musculoso, con barbita, con unos ojos… Vamos que si yo tuviera la edad de Kristina no me lo pensaba. Y he pensado presentárselo esta noche.

—¿Esta noche? —la miró con malestar.

—Sí, ¿por qué? ¿Tienes algún problema con que se conozcan?

—Ningún problema, puede hacer lo que le dé la gana, pero esta noche tiene a la niña.

—¿Y no te la puedes quedar tú?

—¿Yo? —respondió con sarcasmo mientras abría los ojos—. Perdona, le toca a ella.

—Vale, no te enfades, cualquiera diría que te molesta que vaya a conocer a Peter —le dijo con gesto serio—. Hablaremos con Noah a ver si se la puede quedar.

—Mira, Ingrid no está para quedarse con Noah, ¿de acuerdo? —su tono era molesto, irritado.

—Madre mía Parker ¡cómo estás! Te estás haciendo un poco insoportable, pareces el perro del hortelano, ni comes ni dejas comer.

—Por mí puede estar con quien le dé la gana, pero te advierto una cosa, no estoy dispuesta a que deje a Ingrid para salir de fiesta. No me ha estado montando historias para ahora dejar a la niña a cargo de Noah cuando le toca a ella, y más después de estar en el hospital y toda la noche con fiebre.

—Por tu reacción no sé si creerme que no piensas volver con ella.

—¡Además! ¿tú de quien eres amiga? —le reprochó con dureza.

Un cuarto de hora después, Úrsula aparecía en casa de la señora Davis con la niña. Al verla Kristina se sorprendió. La cogió en brazos y la hizo pasar.

—¡Ay Kristina! Parker me ha pedido que te trajera yo a la niña. Que mal llevo esto de que estéis separadas.

—Me hago una idea ¿quieres tomar algo? —le preguntó con seriedad.

—No, ya he tomado en casa de Parker. Por cierto, ¿qué vas a hacer esta noche?

—Estar con la niña ¿por qué?

—Porque me gustaría presentarte a un chico que quita el hipo, ¿podrías dejar la niña con Noah?

Eran las seis y media de la tarde, Parker se había puesto a trabajar con música de fondo. No quería distracciones, el teléfono no estaba a su alcance. Quitó la conexión a Internet, para no tener ninguna tentación de ponerse en otra cosa. Corregir era lo único que debía hacer. No pensar en ese chico musculoso que la descerebrada de Úrsula quería presentarle a Kristina. Estaba colapsada no había manera de avanzar. ¡Sólo a Úrsula se le podía ocurrir algo así! Necesitaba quemar energía y…

—¡Por qué demonios voy a ponerme celosa! ¡Es su vida! ¡Y a mí no me importa!

Decidió salir a correr, desde que tenía a Ingrid había abandonado la práctica. Era imposible ocuparse de todo, los dos trabajos, la casa, la niña, de ella se había olvidado totalmente, lo único que podía hacer era cuidar su alimentación y poco más. Mientras se vestía para salir a correr le llegó a su mente un pasaje de ese pasado que había tratado de borrar.

En el segundo viaje que hizo a Port Charles, tal y como le pidió Alexis, lo hizo sin muchas expectativas de que quisiera verla, a pesar de que todos estuvieran convencidos de que diría que sí porque Kristina había tenido una ligera mejoría. En el avión trataba de convencerse que no querría encontrarse con ella, que por mucho que necesitara verla, abrazarla y decirle lo mucho que la extrañaba, Kristina no la iba a dejar. Por mucho que quisiera decirle que la amaba y la necesitaba que estaba dispuesta a olvidar todo con tal de volver a estar juntas y luchar por superar los problemas. La vida sin Kristina era un infierno. Trató de convencerse que había una posibilidad de que a pesar de lo que dijeran los demás, ella no quisiera verla. Y así fue. Recordaba como al llegar a la clínica volvió a pasar lo mismo, negó su presencia. En ese momento sintió que algo se rompía en su interior, pudo escuchar tan nítidamente como se quebraba el sentimiento de amor. Trató de aguantar las apariencias delante de Sam quien fue la encargada de apoyarla, ella le pedía paciencia. Y recordó el viaje de vuelta cuando las lágrimas caían por sus mejillas a pesar de querer evitarlo, como la azafata se dirigió hasta ella por si podía hacer algo. Ante su negativa la dejó llorar tranquila. Una vez en casa, los días siguientes en la más estricta soledad que se impuso, las lágrimas fueron su compañera hasta que fueron transformándose en rabia, en dolor, en amargura porque si al menos pudiera entender qué había hecho mal, cuál había sido su error tan grave para que Kristina la odiara. En esos días se percató y asumió que Kristina no iba a volver. La había abandonado sin importarle nada. ¿Dónde estaba el amor que decía sentía tan intensamente? ¿Cuándo se había roto y perdido sin percatarse de ello? ¿Se había ido por el sumidero para no volver nunca más? Recordó como se quitó la alianza sintiendo como le rasgaba la piel como si llevara cuchillas que le fueran cortando a su paso provocando heridas irrecuperables en el corazón. Estaba segura que en ese punto se había roto su matrimonio, y debía recuperarse sola para sacar adelante a su hija. Nunca podría perdonar a Kristina haberla abandonado, nunca podría confiar en ella.

Meses después aún tuvo que retirarse una lágrima que caía por su rostro. Y le daba tanta rabia. Suspiró con fuerza. Cogió el MP3 para escuchar música y no pensar si Kristina se había ido o se iba a ir, se negaba a recordar la noche anterior, sus gemidos entremezclados, los suspiros y las caricias de Kristina. Corrió por el barrio, notó como le dolía su cuerpo y al recordar por qué, se enfadaba consigo misma por su debilidad ante la pasión de Kristina, entonces comenzó a correr como si se le acabara el mundo. Tanto se esforzó que tuvo que detenerse para poder respirar sin ahogarse, se apoyó en un árbol con las manos en las caderas. Giró su cabeza hacía la derecha. A dos calles estaba la casa de la señora Davis. No pensaba ir. Flexionó su cuerpo para tomar aire. No iría. Anduvo para ir hasta casa, darse una buena ducha o mejor un baño relajante que ni se acordaba, o mejor dicho, no quería acordarse de cuándo y con quién compartió el último. Iba con paso ligero hasta que llegó a la esquina de la calle donde vivía “ella”.

—No voy a ir —se dijo en voz alta.

Ajena al sufrimiento y lucha que llevaba Parker, Kristina estaba jugando con la niña. Había pensado salir a dar un paseo con la pequeña y con Ilsa, necesitaba distraer su cabeza no quería revivir una y otra vez como si fuera un bucle la misma escena de horas antes con Parker. Miró el teléfono con cierta impotencia.

—Nada Ingrid tu madre me ha hecho cruz y raya para siempre. ¿Qué voy a hacer, pequeña? ¡Vamos Ilsa!

Salió de casa y cuando levantó la vista vio a Parker llegar. Se le torció el gesto sin querer.

—Hola.

—¿Qué vienes a vigilar que lo esté haciendo bien? —le soltó Kristina sin miramientos poniéndose a caminar—. Vamos Ilsa.

—Kristina, vengo porque quiero saber qué tal está Ingrid. ¿O qué pasa tú puedes venir a mi casa cuando te dé la gana y yo no puedo venir a ver a mi hija porque está enferma? —preguntó con el tono ácido y mirada acusadora.

Kristina se detuvo pero siguió a la defensiva.

—La tarde la ha pasado bien, ha comido bien y ha hecho una pequeña siesta. Ahora íbamos a pasear un rato pero tranquila será un paseo corto. Tengo que volver pronto.

—¡Ah! Ya —agachó la mirada metiendo las manos en la chaqueta de su chándal.

—¿Ya qué? —preguntó con gran malestar.

—Eh… mira… déjalo. Me voy. Ingrid mi amor, hasta mañana —la besó ante la mirada intensa de Kristina que formó esa arruga en su frente de enfado—. Adiós Ilsa. Espero si pasa algo me llames al momento y no esperes.

Miró a Kristina enfurecida y se marchó.

—¡Será posible!

Una y otra sintiendo la misma rabia. Pero por razones diferentes.

Parker cenó viendo una película, iba a preguntar a Noah pero le detuvo pensar que su sobrino podría decirle a Kristina y tuvieran otro encontronazo, o se pensara que le importaba que hubiera salido con alguien. Se estaba calentando un té cuando el teléfono sonó. Al mirar vio que era Kristina y suspiró. Abrió el archivo y allí había un vídeo donde estaba en la cama Ingrid muerta de risa junto a Ilsa que estaba patas arriba y aullaba al tiempo que la pequeña hacia un sonido parecido.

Le encantó el vídeo pero mucho más ver que Kristina estaba en casa.

Durante la noche, Parker tuvo varias pesadillas, tanto fue así que en una de ellas se sentó en la cama sudando y con la respiración agitada. Encendió la luz y suspiró con fuerza mientras cerraba los ojos. Flexionó las piernas hasta abrazarlas a su cuerpo. Recordar el pasado le había hecho daño. Como tantas noches al principio de que Kristina ingresara en el hospital para su recuperación. No podía dejar de sufrir por ella, por lo que estaría pasando. Era angustioso estar a tantos kilómetros de distancia sin poderla ayudar. Era una sensación que le acompañó durante mucho tiempo. El sufrimiento de saber cómo estaba.

—¡Para lo que me ha servido sufrir y preocuparme por ella!

Lo dijo con rabia, esa rabia instalada en ella que no podía manejar. Se levantó a beber un vaso de agua fresca. Eran las cuatro y media de la madrugada, no tenía sueño tan solo ese sabor agridulce tras todo lo que había sucedido. Volvió a la cama tratando de dormir, seguro que Kristina lo hacía a pierna suelta mientras ella estaba desesperada… pensando en ella sin merecerlo.

En el despertador de Kristina marcaban las cuatro y media, harta de dar vueltas, harta de pensar qué hacer. Infinidad de veces mientras estaba en Port Charles pensó que debía volver, cuando lo hacía estaba convencida de que disculparse no sería suficiente pero sí lograría ablandarle el corazón. Decirle cuanto lo sentía, que nada de lo que hizo fue lo que realmente quería. Poder tener una charla sincera y tranquila con ella. Pero en ese instante se daba cuenta de lo complicada de la situación. Eso era lo único que pedía para poder hacerle saber que nunca quiso destrozarla tal y como percibía que había hecho. Sentada en la cama con un vaso de leche fría recordaba la charla que había tenido por la mañana con Úrsula.

Kristina, Parker es pasado, deberías pensar en el futuro ¡quién sabe igual este chico te ayuda a superar la perdida de vuestro matrimonio!

¡Estás loca! —le dijo negando con la cabeza—. Que Parker tenga novia no quiere decir que yo necesite…

Kristina, Parker está muy herida, muy decepcionada por todo lo que pasó. Ella podría haberte perdonado que la engañaras…

No la engañé —le cortó con gesto muy serio—, eso para empezar, además ya se lo dije a ella que nunca la engañé. Pero aún así se empeña en no dejarme hablar con ella, en tratar de alejarse de mí.

¡Si es que esta Parker no tiene nada que ver con nuestra Parker! ¡Con mi amiga! Muchas veces la miro y no la reconozco. Sufrió mucho.

No hace falta que me fustigues más. Me valgo y sobro para hacerlo yo.

No te lo digo por eso, te lo digo porque en el fondo yo la entiendo.

Y yo —respondió con gesto repleto de pena—. Si fuera al revés no sé si yo podría volver a confiar en ella.

Dale un poco más de tiempo. Ahora… ¿novia? No veo a Parker con otra mujer que no seas tú.

Pues yo sí la he visto. Subió a su casa y debiste ver como a ella le sonreía. Y lo arreglada que va últimamente, y el viaje a Los Ángeles.

Me da miedo que alguien se aproveche de su estado emocional ahora mismo, y le haga más daño aún.

Me gustaría tanto volver atrás.

¿Qué le digo a Peter?

No, Úrsula, gracias, te agradezco que te preocupes por mí, pero no necesito a nadie. Solo a ella.

La señora Davis regresó de su viaje que alargó dos semanas. Lo primero que hizo tras dejar la maleta en casa fue visitar a Parker. Le había enviado un mensaje por si podía pasar a verla a ella y a la niña.

Al llegar a casa, la vio con mala cara, gesto cansado y una coleta desenfadada aunque le pareció más bien mal hecha. La niña estaba en sus brazos y al ver a la mujer se lanzó hasta los suyos. No había mejor regalo para la señora Davis que aquellas reacciones de la pequeña que era su adoración. Acompañó a Parker hasta la cocina, ya que la mesa seguía repleta de folios, libros y el ordenador.

—Te pillo en mal momento por lo que veo.

—Tranquila, estas semanas son así —le respondió con gesto cansado.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, sí. He dormido poco.

—¿Qué tal las cosas con Kristina? —la miró seria—. ¿Ha recogido y entregado bien a la niña?

—Se ha encargado Noah —respondió escueta.

—Pero no quedamos que dejarías que ella…

—No. Prefiero que no.

—¿Y eso? ¿Habéis vuelto a discutir?

—Digamos que es mejor así.

—Es decir, sí.

—Señora Davis, no es fácil. A veces me da la sensación de que vivir con ella la aleja a usted de mí.

—No, Parker. Yo sé lo que sufriste y también sé lo que sufre Kristina. Y hoy te veo fatal. Algo ha cambiado desde que me fui. Sabes que me preocupas te lo dije antes de irme, si necesitas mi ayuda cuentas con ella, si necesitas hablar.

—No, no —la interrumpió—. Estoy bien, de verdad.

—De acuerdo. Si te sigues encerrando en ti misma es imposible ayudarte, Parker.

—Este fin de semana le toca a la niña —respondió tajante sin querer dar más explicaciones

—Vendré yo —la miró con un gesto de profunda pena—. Parker… ven aquí.

Abrió los brazos y la acogió en un abrazo que provocó en Parker un llanto que no podía detener pero que necesitaba sacar de su pecho porque pensaba que iba a explotar. Todo estaba bajo control, hasta que Kristina la tocó, la besó, la llenó de ternura y pasión, le sonrió. Las emociones debían volver a ese lugar recóndito donde las había enterrado en su alma. No podía permitirse sentir. Porque ya lo había superado. ¿O no? Esa duda la estaba matando.

En las dos semanas que la señora Davis no había estado, en ese tiempo ambas tomaron decisiones al respecto, Parker había tratado de no ver a Kristina, y Kristina había huido de la posibilidad de cualquier encuentro con ella después de hacerle ver que todo había sido un error, hacer el amor había sido algo horrible. Esas dos semanas para ambas había estado repletas de recriminaciones así mismas, de promesas intensas para no volver a sentir nada hacia la otra. Dos semanas que habían llenado el corazón de Parker de otro dolor diferente al que normalmente la acompañaba, y a Kristina de una decepción que era nueva para ella porque la desilusión de saber lo que Parker opinaba le llenaba de angustia y pena. Dos semanas en las que no había ido a la playa, apenas había salido de casa. Por esa razón aquel día saber que la señora Davis estaba de vuelta le había al menos suavizado la pena.

Pero aquel día Kristina debía enfrentarse a su visita con la psicóloga. Estaba segura que no iba a ser agradable, que iba a enfrentarse así misma y sus múltiples contradicciones. Y fue así, había reconocido que pudo tener intimidad con Parker que no le costó, al contrario, que la había deseado ferozmente. Si bien todo había desencadenado en no volverse a ver desde entonces, ni prácticamente hablar algo que no fuera preguntar por su hija. Esa distancia le dolía. Por más herramientas que le daba la psicóloga para enfrentarse al dolor de la pérdida y asumirla, era incapaz de hacerlo. Seguía en ese pensamiento de que en algún momento Parker reaccionaría y se daría cuenta que quería volver.

Bajaba en el ascensor pensando que no iba a quedarse en la cafetería por mucho que necesitara algo caliente, se compraría un café de camino a la ferretería. No quería estar allí más tiempo del debido no fuera que se encontrara con:

—Parker.

Murmuró al verla nuevamente con aquella mujer. La había cogido de la cintura y la acompañaba hasta el interior del edificio de enfrente. Cerró los ojos. Sintió deseos de ir hasta ellas y arrancar a Parker de aquel brazo que rodeaba su cintura. Suspiró tratando de relajarse. Y entonces se acordó de algo. Buscó en su móvil y encontró lo que necesitaba.

La señora Davis esperaba en casa la llamada de Kristina para avisarle que había llegado a la ferretería para poder ir a verla. Sin embargo, la puerta de casa se abrió y al asomarse la vio cargada con una caja que era más grande que ella.

—¡Kristina!

—¿Me puede ayudar, señora Davis? —le dijo asomándose por el lateral de la enorme caja.

—¡Pero qué es eso!

—Me he comprado un kit completo de boxeo —respondió con una sonrisa.

—¡Madre mía pues si que estás mal con Parker! —le dijo mientras la ayudaba.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque la he visto a ella y ahora vienes tú con esto. ¿Qué ha pasado? La he visto fatal.

—¿Fatal? Pues yo la acabo de ver con su novia de lo más sonriente y feliz dejándose coger de la cintura.

—Anda vamos para la habitación y cuando acabes tú de darle al bicho este, le daré yo porque me parece que he venido en el peor momento.

El viernes llegó con el primer atisbo de calor, el verano había comenzado. Aquella semana para Parker iba a ser una locura porque debía entregar notas, cerrar actas y dejar abiertas los tutoriales para aquellos que debían recuperar su asignatura que eran pocos, pero alguno había. Ese día se había levantado a las seis para poder preparar los papeles. Tenía tiempo hasta las diez de la mañana y además, como ese fin de semana le tocaba la niña a Kristina podría adelantar el trabajo que aún le quedaba. En dos semanas acabaría las clases y estaría de vacaciones. Durante el día llevaba bien sus temas personales porque entre la universidad y ese proyecto que tenía entre sus manos apenas se dejaba respirar. Por la noche era cuando los pensamientos llegaban a ella para atormentarla. Y esa noche en particular, había sido un infierno con pesadillas intensas que le habían dejado un buen dolor de cabeza. Se tomó una pastilla y agradeció que la señora Davis estuviera allí.

—¡Buenos días, Parker! —la saludó con una sonrisa.

—Adelante, señora Davis. ¿Qué tal, cómo está?

—Bien, hija. ¿Y tú?

—Con ganas de acabar y poder descansar.

—Imagino.

—¿Le apetece un café?

A la señora Davis, aquella pregunta le hizo ver que Parker necesitaba hablar. Además, sus ojeras bien marcadas le recordaban tanto a las de Kristina, que supuso que como ella no podía dormir. Pero no solo le llamaba la atención de ella las ojeras y el ofrecimiento, la veía nerviosa. Desde su vuelta del viaje, Parker apenas la miraba a los ojos, evadía su mirada y a veces se quedaba esperando que le hiciera algún comentario.

—¿Qué te pasa, Parker?

—Estoy hecha un lío.

—Eso ya lo sé.

—Supongo que sabe lo que pasó —la miró fijamente.

—¿Qué de todo?

—Bueno —sonrió de lado—. Vamos señora Davis, usted y yo lo sabemos.

—Tú sí yo no sé de que me estás hablando.

—Vale, imagino que no ha entendido mi reacción, admito que me equivoqué y no era lo que debí hacer, desde esa noche estoy que parece no pueda controlar mi mente.

La señora Davis la miró entrecerrando los ojos.

—Fue un error que no me deja tranquila. Y… no puedo echarle la culpa a Kristina porque lo deseaba tanto como ella. Pero…

—Un momento —la miró fijamente con gesto asombrado—. Me estás queriendo decir ¿qué Kristina y tú habéis hecho el amor?

Parker la miró dándose cuenta de que Kristina sí había cumplido su palabra de no decir nada.

—¿Y pudo?

—¿Cómo? —la cara de Parker era todo un poema.

—Kristina tenía un problema desde que hizo la rehabilitación, una de las cosas por las que va a consulta es precisamente porque su libido no funcionaba. ¿Me estás diciendo que pudo?

—Perfectamente —trató de controlar su gesto que mostraba una mezcla de sorpresa y pena.

—¡Sé lo dije! —dijo dando una palmada a la mesa mientras fruncía los labios—. Lo que la paralizaba eras tú, bueno más que tú ella misma contigo. Si es que no sé para que va a la psicóloga teniéndome a mí. ¡Pero no me ha dicho nada la muy desagradecida!

—Yo le pedí que no dijera nada —puso gesto de disculpa.

—¿Por qué? —preguntó sin entenderla.

—Si le soy sincera, porque después de todo me pareció algo estúpido que ocurriera. Después de nuestras disputas que ninguna fuera capaz de detenerse me parecía hasta doloroso.

—Bueno, desde que el mundo es mundo, estas cosas suelen pasar entre dos personas que se han amado y deseado tanto como vosotras. Y no creo que sea estúpido, Parker, más bien es cuestión de piel, os atraéis como la miel a las abejas.

—Pero es que… yo debí…

—Parker. ¿Por qué esa culpabilidad? ¿Por qué este desasosiego?

—Porque no quiero volver con Kristina —respondió con pesar.

—Eso lo dices para convencerte tú ¿qué dice tu corazón?

—Que tiene miedo —respondió con un ligero temblor en su voz.

—Imagino que si estamos hablando de esto, debe ser porque quieres mi opinión —Parker asintió apartándose una lágrima que cayó en ese momento—. Bien. Contéstame algo ¿esa mujer con la que vas es tu novia?

En la ferretería, Kristina estaba con Andrew y Noah mirando la distribución del almacén. Quería ver las posibilidades de hacer cambios porque si todo salía como esperaba y, gracias al trabajo en conjunto de todos, podía optar a un buen contrato con una empresa encargada del montaje de los parques de la ciudad. Había decidido vender grandes cantidades a precios bajos para poder competir en el mercado, pero para ello deberían trabajar en un espacio reducido y eso le preocupaba. En cuanto Linda terminó de atender a una señora, se unió al equipo. Tras ver los pros y los contras, estaban de acuerdo que Kristina debería hacer un almacén mucho más funcional. Andrew le dijo que podía hablar con un amigo que podría explicarles cómo mejorar las prestaciones. Al menos, el trabajo le servía para aislar a Parker de su pensamiento. Al acabar aquella charla, Noah se quedó con ella en el despacho, sabía que venía su madre y su hermana.

—¿Va a venir Molly, Kristina?

—No lo sé. Hace tanto que no nos hablamos —respondió con tono triste.

—Ya veras como hablando con ella los solucionáis. No hay nada que una buena charla con tranquilidad y sinceridad no pueda arreglar.

—¿Tú crees? —lo miró fijamente.

—Sí, excepto si esa charla es con Parker en estos momentos.

—Tienes razón.

—¡Anímate, Kristina! Deberías hacerme caso y salir con nosotros.

—Deja que ya tengo bastante con Úrsula —puso un gesto cansino.

—Igual te ayuda conocer a alguien.

—¿Sabes lo que haría si conociera a alguien? —enarcó una ceja—. Sí, eso que estás pensando hablaría sin parar de Parker, pensaría en Parker y me importaría un bledo quien estuviera frente a mí.

—Me has convencido. Mejor deja pasar el tiempo suficiente como para no estar comparándola con Parker. ¡Pero intenta al menos tener el ánimo arriba! ¡Llevas dos semanas muy triste y no me gusta verte así!

Kristina sonrió con cariño a aquel chico tan parecido a Parker.

Tener a la señora Davis delante no era fácil para esconder sentimientos, y cuando Parker pensó que necesitaba una charla con ella, se dijo así misma que iba a tener una réplica importante nunca un reproche, como así había sido. Aún tenía en su cabeza no solo las palabras sino el asombro de la mujer al saber que Kristina había podido tener intimidad con ella, se daba cuenta que sabía poco de Kristina. Pero allí estaba la señora Davis para tratar de seguir limando asperezas entre ellas, porque tal y como le dijo, entendía que volver era un imposible. Parker la miraba con el gesto repleto de incertidumbre, de duda que era el reflejo de su alma.

—Querida permíteme que te hable de Kristina. Tú tienes tu vida y sabes que la acepto y respeto. Aunque me gustaría que las cosas fueran de otra manera por el cariño que os tengo. Quizá saber de ella te ayude. Esto mismo que te ha pasado con Kristina ¿no te pasó cuando te separaste de Amanda?

—No, recuerdo la noche que vino a casa para pedirme que volviéramos, ella trató de sellar ese acuerdo mediante el sexo, siempre he pensado que es una mala gestión para superar problemas. Así que me negué bueno por eso y porque pensaba más en Kristina que en ella. Pero es que con Kristina no se me pasó por la cabeza ni por un segundo negarme.

—Es que a Kristina la has amado mucho. Y ya sabes lo que dicen… donde hubo fuego quedan cenizas.

Parker sonrió cerrando los ojos. Un nuevo suspiro mostró su estado de desconcierto.

—Mira, la primera que sabe que lo ha hecho mal es ella, la primera que le duele verte como estás es a ella. Cuando me planté en Port Charles y esto no lo sabes. Me llevé a Andrew. Porque la conozco lo suficiente como para saber que se iba a negar a volver —Parker la miró herida—. A mí lo que no me entra en la cabeza es que tú no lo veas de igual modo ahora, no puedo entender que con lo inteligente que eres no lo veas, entiendo que no lo vieras en su momento. Bueno, yo siento cariño por Kristina, no amor como tú y eso puede ser una disculpa a tu torpeza. A mí también me decepcionó no me rompió el corazón como a ti son buenas bases para no entenderla para cegarte tanto como para no ver por qué no quería volver.

Parker la miró entornando los ojos. Aquellas palabras la habían obligado a detener sus pensamientos y escuchar a la señora Davis.

—Literalmente, Andrew tuvo que cogerla en brazos y sacarla de casa, pataleó, gritó, lloró, me dijo del mal que me tenía que morir y a su madre le dijo que no era una madre era una bruja por permitir aquel secuestro. En el avión estuve a punto de amordazarla, no paraba de llorar y rogarme que no quería volver. Cuando la dejé en la puerta para que hablara contigo, me suplicó no hacerlo temblando de pies a cabeza. Y sé que no era porque no quería estar contigo y con la niña, era porque se avergonzaba de lo que había hecho, porque si te das cuenta te ha pedido perdón las veces que ha hecho falta pero no te ha aguantado la mirada nunca. Solo cuando discutís y le hierve la sangre.

Parker volvió a suspirar. Agachó la mirada hasta su taza y la posó allí como si pudiera ver reflejada a Kristina en su té humeante. Frunció los labios y apoyó su mano derecha en la sien.

—Sí Parker, Kristina estaba enferma pero cuando se recuperó se dio cuenta que había cometido una locura, y te conoce lo suficiente como para saber que te había decepcionado. Creía que la odiabas pero en el fondo, Kristina creía en esa Parker condescendiente y de gran corazón que entendería lo que había ocurrido e iría a Port Charles a por ella. Nunca pensó ver en ti ni el odio ni el desprecio que ve, ni mucho menos, que le pusieras condiciones tan duras para ver a la niña.

—Ella me la quiso arrebatar, y no me diga que estaba enferma.

—No, estaba muerta de miedo, asustada, aterrada, destrozada y cuando una está así comete locuras y tonterías como la de ir a Laura y decirle que era tu mujer.

—Es que no puede creer que va a venir y después de todo la voy a recibir con los brazos abiertos, me abandonó durante cinco meses, más todo el infierno que vivimos antes, me destrozó la vida. Y en esa vida que tengo ella no tiene ningún derecho a entrometerse.

—¿Y crees que no lo sabe? ¡Vamos Parker! Kristina está en manos de esa psicóloga y el trabajo no le es nada fácil porque tiene que sacar toda esa frustración que siente por lo que hizo porque le llevó a perderte. Por más que le decimos todos, Parker no te quiere, debes dejarla porque ella tiene su vida tienes que respetarla, nos dice, sí. Lo sé. Pero es incapaz le puede el corazón, ella es así todo corazón, toda impulsividad. Cada vez que vuelvo a casa de recoger o dejar a Ingrid, me mira esperando que le diga si me has preguntado por ella. Cariño, se ha instalado en la habitación un ring de boxeo para sacar toda la ira contra ella misma que le provoca esta situación por perderte —la miró con una sonrisa que le hizo mover la cabeza a Parker tras volver a suspirar—. Sé que es difícil perdonar a quien te destroza el alma, pero todo esto que te he contado es para que te des cuenta que si no cierras ese capítulo con Kristina esta Parker que veo ante mí ojerosa, con el pelo revuelto, con gesto de no dormir ¡y no por lo que tiene que corregir! Tampoco saldrá adelante. No te juzgues por haber hecho el amor con la persona que tanto daño te hizo, porque tú y yo sabemos que has hecho el amor con la persona que amas aunque el miedo no te deje aceptarlo.

La miró fijamente sintiendo que cada palabra que le había dicho le había dolido pero sabía que era necesario.

—Yo ya lo había superado —fue lo único que dijo.

—No te equivoques, no verla te había llevado a manejar el dolor, verla te ha empujado a sentirlo intensamente. Déjale que te explique, habla con ella, quizá sea la manera de poder cerrar las dos esa herida que os sangra, quizá sea la única forma que podáis hablar sin haceros tanto daño, buscar una amistad por el bien de Ingrid. Y ahora tengo que irme que las Davis llegan todas incluida Molly —Parker la miró sin entender muy bien—. Tuvieron una discusión enorme por lo que pasó entre vosotras, y Molly dejó de hablarle a Kristina, desde que está aquí no se han visto ni hablado, ¡imagina el drama! Está desesperada porque su hermana no le habla, porque su mujer no la perdona. Así que espero que hagan las paces por el bien de todas. Pero sobre todo, por mi bien o me voy a convertir en el próximo Rocky Balboa en versión femenina.

—Gracias, señora Davis —le cogió la mano en señal de agradecimiento con una sonrisa ante tal apreciación.

—No, cariño. No me des las gracias. Sé que tienes miedo, el miedo es paralizante y genera más sufrimiento del que puedes sentir. Yo viví la mayor parte de mi vida con ese miedo, Parker. Sin salirme del redil que mi padre me había marcado por miedo a equivocarme, por miedo a sufrir, por miedo a perder cosas que ni siquiera tenía. Hasta que un día me dije, acepto el miedo pero quiero vivir y equivocarme, porque el día que me esté muriendo podré decir tuve miedo pero lo superé, viví y gané o perdí, pero al menos lo intenté. Y te puedo asegurar que cuando me esté muriendo mi pensamiento será lo hice bien, mereció la pena vivir.

Parker sonrió. Al cerrar la puerta su gesto mostró preocupación. Había evitado saber de Kristina porque estaba convencida de que la única que había estado sufriendo en la historia era ella. Sin darse cuenta de la realidad. Saber del problema que tenía, de como había vuelto a Eugene, de los problemas con Molly, de sus horarios restringidos con Ingrid, la psicóloga, los dolores de espalda se mordió el labio inferior con un gesto de pena. Hablar con la señora Davis le había ayudado a relajarse algo más. Pero… entendió que en ese momento de su vida, Kristina estaba soportando muchas cosas complicadas, tal como empezó en el pasado su infierno. Suspiró con fuerza, sin duda, era un reto. ¿Soportaría la presión o volvería a equivocarse?

 

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8 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 27

  1. Jajaja Laura muchas gracias, me alegra saber que te gusta la historia.
    Coincido contigo, Kristina necesita hacer algo que no sea intentar que Parker la perdone y le diga de volver. Yo creo que si se relajara, al menos, si lo hiciera de otro modo igual llegaba el mensaje a Parker o, que efectivamente Kristina empiece a hacer otras cosas que le den a entender a Parker que está mejorando. Pero… Kristina es Kristina y de ella me espero cualquier reacción.
    Ya no voy a colgar dos capítulos al día, es que necesitaba cuadrar los días justo con el capítulo anterior jajajaa. Ahora ya uno al día a las 21:00. Gracias por tu fidelidad.
    Un abrazo

  2. Pues si….puede llegar al punto que se canse de seguirla y de intentanlo…aunque no creo jajajaj es muy cabezona!!! Pero yo creo que sí comenzará a hacer un pokito más su vida a solas, salir conocer gente ya no digo que a ligar, pero conocer gente amigos cambiar un pokito el chip!!! Eso puede que haga que Parker abra los ojos y se de cuenta de que puede llegar alguien y la entienda y la de apoyo y amor y quién sabe si algo más….está muy bien la historia, cada vez engancha más, entrando y saliendo para ver si has colgado algo nuevo jajajaja esto es un vicio he amiga!!! Jue quien me lo iba a decir a mi….en fin!!!😎😎😎😎

  3. ¡Hola, Laura! Gracias.

    Tienes toda la razón, Kristina tiene motivos más que suficientes para decir ¡hasta aquí he llegado! Ella sabía que Parker iba a poner problemas pero creo que nunca pensó que iba a calificarlo de error. Parker está asustada de volver a sentir como siente de ahí que trate de justificarse con la señora Davis, pero debería espabilar no vaya a ser que Kristina se canse de seguirla.

    Un abrazo, y mil gracias por comentar.

  4. ¡Gracias, Solete! Gracias por comentar.

    Ya os dije que había que estar atentas a todos los personajes, aunque coincido contigo, la señora Davis es un ángel para las dos. Parker tiene trabajo imagino que no debe ser fácil asimilar todo eso en un día. Hasta ahora ha sido un poco egoísta pensando que Kristina estuvo así porque quiso, es algo que debe entender. Y bueno… Kristina es Kristina… pero le daremos un voto de confianza y a ver si el saco la va ayudando a dejar ahí la impulsividad de hacer cosas sin pensar. Aunque yo sigo pensando que a Parker también le enamoró aquel arranque que nunca esperas. Si os dais cuenta, cuando habla en urgencias, a Parker le da un pequeño sobresalto defiende como siempre hizo aquella pareja que otros juzgan. Para mí el comportamiento de Kristina en urgencias le baja la defensa a Parker y luego la caricia la desarma al verla sobre su pecho porque realmente la extraña. Más que el estar sensibles por la peque.

    Un abrazo y mil gracias por comentar

  5. Sabía!!! Lo sabía que algo de eso iva a suceder….kiere hacer ver que fue un error hacer el amor con Kris…y sabe en el fondo que no…la verdad ahora poniéndome en el pellejo de Kris…tiene que ser duro que pase eso y al día siguiente tengas que ocultar lo que pasó xq la otra parte así lo desea la otra parte!!! Y verla agarrada de la otra mujer…Buff!!! Ahora la señora Davis es la mejor sin duda en toda esta historia siempre mirando por las dos….creo que ella será un buen Pilar para que vuelvan a estar juntas!!! Un abrazo

  6. Buenas noches Idana, que grande es la señora Davis, como sabe darle a cada uno donde más le duele y que suerte tienen las chicas de poder contar con ella. Por fin alguien le ha dicho a Parker que no ha sido la única que ha sufrido, a ver si se lo graba a fuego en su mente. Kristina ahora mismo es una bomba de relojería, de Parker depende que estalle o que se desactive. Me ha encantado lo de la señora Davis a lo Rocky Balboa jajajaja… ahora está por ver como gestionará Parker toda la información recibida y sobre todo, que Kristina no la vuelva a liar otra vez ante tanta presión. Crucemos dedos. Hasta el próximo capítulo 😉

  7. Snif, snif buaaaa este capítulo me puso a llorar, no puede ser, mi pobre Kristina y Parker que no saben ni que hacer, son tantas emociones que me haces sentir que mejor dicho me va a dar un yeyo. Un fuerte abrazo. Bye ????

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  8. Gracias, Alexandra por comentar. Tú lo has dicho, tienen tantas emociones dentro se cada una que así es imposible. Siento que lo pases mal. Un abrazo para ti.

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