PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 31

Buenas tardes, os aviso que mañana habrá dos capítulos uno por la mañana y el otro a la misma hora de siempre a las 21:00.

Gracias por seguir por aquí con nosotras.

 

A la mañana siguiente Kristina recibió un mensaje de Parker, la avisaba que pasaría a recoger a la niña en diez minutos. Aquel mensaje le provocó una rabia que no podía explicar. Eso significaba que por su reacción del día anterior se había enfadado y no le iba a dejar a Ingrid aquella mañana.

—Buenos días, Kristina —la saludó la señora Davis.

—Buenos días. Ilsa ven, cariño. Viene Parker a recogerlas voy a ponerle la correa.

—¿No nos las quedamos? —su gesto fue de sorpresa.

—No.

—Vaya por Dios. Esto huele a enfado. ¿Quieres que salga yo?

—No, no, tranquila —respondió tras un suspiro repleto de pesar.

—Me voy a la ducha, no tengo el ánimo para escucharos discutir.

Cuando sonó el timbre, Kristina ya llevaba varias veces la mezcla del ritmo de las respiraciones con los número, uno, dos, tres, cuatro. Abrió la puerta y allí estaba Parker con pantalones vaqueros y una camiseta de tirantes. Con la melena suelta y unas gafas de sol. Kristina no le dijo nada se había quedado impactada porque esa mañana estaba especialmente guapa.

—Buenos días —Parker la saludó seria.

—Buenos días. Pasa Ilsa ya lleva el collar, la correa está aquí. Y mientras te saco a Ingrid está en la habitación.

No dijeron más. Parker pasó y la perra como siempre, se alegró de verla recibiendo sus dosis de mimos. Parker cuando se fue Kristina suspiró, esperaba no encontrarla como la tarde anterior y aunque la recibió en pijama al menos llevaba un pantalón largo y una camiseta. Mientras esperaba, se fijo en la cartulina con lápices y reglas que había sobre la mesa, no quiso pero al final se acercó a ver qué era sorprendiéndose de que aquello lo hubiera hecho Kristina. Al escuchar como hablaba con la pequeña, se apartó con rapidez de la mesa.

—Venga cariño, te vas con mamá. ¿Has venido con el coche?

—Sí.

—Te acompaño —le dijo mientras le daba besos a una Ingrid que parecía feliz.

Parker no respondió. Salió y metió a Ilsa en el coche con su cinturón de seguridad mientras Kristina reía con los balbuceos de Ingrid. Ambas rodearon el coche y entonces le dio a la niña. Parker puso una rodilla sobre el asiento y se inclinó para meter a la pequeña en el cochecito. Kristina no pudo disimular una sonrisa un tanto traviesa por la postura. Frunció los labios con gesto un tanto pícaro. Gesto que cambió al levantarse Parker.

—Gracias.

—De nada.

—Hoy tengo el día libre por eso me la quedo yo.

—Está bien —dijo elevando un hombro como admitiendo el hecho.

—Mañana te la dejaré otra vez.

—Genial.

Kristina esperó a que se marchara para saludar a la pequeña. Y al ver como el coche giraba a la izquierda en lugar de la derecha, frunció el ceño. Pero no quiso pensar en nada que no fuera lo siguiente y era marcharse a trabajar.

El jueves llegó con la misma actitud por parte de la pareja, se hablaban lo justo. Pero Kristina se repetía una y otra vez que había disfrutado de la pequeña y eso la hacía feliz. Había ido a la psicóloga aquel día quiso centrarse en trabajar los problemas que tenía con los celos que Parker provocaba en ella. También había acordado el comienzo de las obras en la ferretería. Ese día tenía a Ingrid en una hamaca que le había comprado con muñecos colgados en la parte superior con los que se pasaba el rato hablando y dándoles manotazos que despertaban las carcajadas de Kristina, y los cientos de fotos que le hacía. Ese día iba a llegar la hermana de Parker con lo que Noah estaba realmente alterado, tuvo que soportar durante toda la mañana que tanto Linda como Kristina se burlaran de él sin miramiento alguno. Pero la llegada de Susan sorprendió a Kristina. Tras hacerle pasar para que viera a Ingrid, Kristina notó que su saludo había sido un tanto frío y distante, salieron con la niña en brazos hasta el mostrador para despedirlos mientras Noah recogía sus cosas para irse. A Kristina la mirada y actitud de Susan le daba muestras de que estaba disgustada con ella. Incluso podría decirse que ofendida.

—¿Por qué me miras así? —le preguntó finalmente un poco molesta.

—Kristina espero que dejes tranquila a mi hermana, le ha costado mucho salir del hoyo donde la dejaste.

—¡Ya estoy aquí, mamá! ¿Nos vamos?

Noah estaba tan nervioso que no reparó en el gesto de su madre y el de la propia Kristina. Al quedarse sola cerró los ojos y suspiró. ¿Cuántas veces había suspirado desde su vuelta? ¿Cuántas veces había tratado de rebajar el dolor que sentía por lo ocurrido? Miró el reloj y esperó en el mostrador junto a Linda la llegada de Parker. Las palabras de la señora Davis habían hecho efecto en ella se había pasado gran parte de la noche dando vueltas en la cabeza a una idea que quería proponerle, así trataba de no imaginar con quién estaría cenando y lo que estaría haciendo. Llegó la hora de cerrar y Parker no había llegado, Linda y Andrew se marcharon. Kristina miró el teléfono pero no tenía noticia alguna de ella. Cogió a la niña y salió cerrando la ferretería. Sonrió porque estaba orgullosa de lo que estaba consiguiendo poco a poco había recuperado algún contacto y de lo que era una pequeña pero famosa ferretería de barrio se estaba convirtiendo en la ferretería moderna y sofisticada del barrio. Sonrió algo en su vida funcionaba. Iba con la niña en el brazo mientras empujaba el carrito cuando vio llegar a toda prisa a Parker.

—¡Perdona se me ha hecho tarde! —se disculpó con una maravillosa sonrisa al ver como la niña abría los brazos para echarse a su cuello.

—No pasa nada, ahora te iba a decir que nos íbamos a casa.

—Vamos, mi amor.

—¡Espera, Parker! —le dijo sin tocarla al ver que cogía el carrito y se ponía en marcha. Parker la miró seria—. Verás… es que sé que te voy a pedir algo y… bueno si me dices que no lo voy a entender. Mañana como es fiesta me gustaría llevarme a Ingrid y a Ilsa a la playa conmigo. Había pensado que como llevas esta semana tan loca igual te apetece venirte y desconectas un poco de todo.

Parker la miraba fijamente sin decirle nada. Kristina sonreía de manera nerviosa esperando con una ansiedad terrible una respuesta.

—Está bien, iré porque no pienso dejar que te lleves a Ingrid a la playa sola.

—De acuerdo —los ojos se le llenaron de emoción.

—Estoy segura que a Ingrid que le gustara —sonrió por primera vez.

—Me gustaría subirla a mi tabla, sin hacer surf, claro, solo para que tenga contacto con ella —le aclaró nerviosa.

—¿A qué hora?

—¿A las once?

Parker le sonrió mínimamente y se marchó.

Kristina no sabía cuanto tiempo había estado allí parada, mirando cómo se marchaba con la niña puesta en su cadera mientras empujaba el carrito e iba haciéndola reír.

—Se viene conmigo a la playa.

Fue un susurro cargado de incredulidad.

Al día siguiente a las nueve y media estaba en la cocina desayunando cuando apareció la señora Davis. Al verla sonrió.

—¡Qué! ¿Cómo van los nervios?

—Fatal… no he pegado ojo.

—Bueno imagino que la otra parte tampoco.

—¿Por qué dice eso? —la miró con el ceño fruncido.

—Pues porque por mucho que queráis pelearos, mostraros enfadadas y que ella te haya puesto la excusa de ir ella para convertirse en vigilante de la playa… vuestra química supera todo eso porque es algo natural entre vosotras, y querida mía eso da mucho vértigo cuando se trata de pasar un rato juntas —Kristina suspiró con fuerza—. ¿O no?

—A ver, por mi parte sí.

—¡Y te digo yo que por la suya también!

—Si le digo una cosa… ¡no! ¡Da igual! No pienso hacerme ilusiones de nada, eso sí, me he pasado toda la noche pensando cómo voy a decirle lo que quiero decirle. Voy a ducharme y prepararme.

—¡Y llévate un pañal de la peque que lo vas a necesitar!

Ante la mirada de Kristina rompió en una carcajada. Y al quedarse sola murmuró.

—Madre mía… ¡Lo que les espera!

En casa, Parker estaba preparando la bolsa con las cosas de la niña y de Ilsa. Reconocía para sí que necesitaba un rato de distracción y olvidar muchas cosas, pero no estaba segura de que había elegido la mejor opción. Durante la noche lo poco que durmió le sirvió para soñar con Kristina en bikini y eso le alteraba lo suficiente como para estar con esos nervios que sentía como si fuera la primera cita con ella. Trató de no pensar demasiado, sabía que la niña iba a disfrutar y eso era lo más importante de todo. Porque se había dado cuenta que cuando estaban juntas Ingrid se mostraba sonriente, ¿por qué no dedicar un día a que la pequeña pudiera disfrutar de las dos?

—Calma, Parker. Calma.

Se repitió cuando se dio cuenta que faltaban diez minutos para que Kristina pasara a recogerlas.

En casa de la señora Davis, Kristina había cogido su mochila y preparado la tabla de surf. Repasaba que lo llevara todo bajo la atenta y divertida mirada de la mujer.

—¿Lo llevas todo?

—Creo que sí.

—¿El pañal?

—¡Se lo está usted pasando a lo grande, verdad! —exclamó con gesto serio pero una sonrisa en los labios.

—¿Tú te has parado a pensar que la vas a ver en bikini? —Kristina frunció la frente—. ¿No?

—Creo que no es una buena idea —susurró asustada.

—Ahora no te vayas a acobardar, ¿dónde está la Kristina provocativa que volvía loca a Parker?

—Me voy que me está poniendo más nerviosa, ¡no puedo provocar a Parker!

—Pues yo creo que no te fue mal la última vez —le dijo mirándola fijamente.

—¿Se lo ha contado? —preguntó atónita.

—Sí. Y me alegro, creo que a quien mejor le ha ido ese momento íntimo es a ti.

—Sí porque lo que es a ella.

—Kristina. Abre los ojos.

—Me voy que no quiero llegar tarde.

—¡Luego me lo cuentas pero todo, no hagas como esto que te lo has callado! —se levantó poniéndose frente a ella.

—Se lo prometí.

—Hagas lo que hagas, hazlo con el corazón, mi niña.

La señora Davis le sonrió abrazándola con fuerza. De las dos sabía que en ese momento quien más sufría era Kristina.

Parker estaba camuflada detrás de la cortina de la ventana del comedor, no lo iba a negar, esperaba ansiosa su llegada. Ilsa que captaba esa energía, iba de un lado a otro igualmente alterada. Hasta que vio el coche y se apartó bruscamente de la ventana. Cerró los ojos mientras pensaba en calmarse. Sonó el timbre y resopló. Al abrir la puerta, Kristina le sonrió. Parker llevaba un pantalón de lino rojo combinado con una casaca blanca con trazos rojos mientras que Kristina combinaba unos pantalones de pitillo y ajustados verde con una camisa estilo militar. Ambas se quedaron mirándose. Hasta que fue Ilsa quien rompió aquel encantamiento que parecía tenían en ese momento.

—Pasa lo tengo todo preparado.

La animó para que entrara. Kristina fue directamente a su hija que llevaba un gorro a juego con un vestido rosa, y la llenó de besos. Kristina cogió a la niña, mientras Parker cogía la bolsa y a Ilsa. Salieron al coche. En la parte trasera, Parker vio que llevaba una silla y le llamó la atención, Kristina parecía que estaba en todo. También llevaba un cinturón para Ilsa, una vez lo preparó todo, esperaba que Parker se sentara a su lado. El coche de la señora Davis no era muy grande pero prefirió subir detrás sentándose entre Ilsa y la niña. Kristina suspiró. Por un momento pensó que iría a su lado. Entró en el coche y se puso en marcha. Durante el camino la niña captó toda la atención de Parker que le iba hablando porque parecía que le preguntaba por las cosas que iban dejando atrás. La niña reía divertida lo mismo que Parker y arrancaba las sonrisas de Kristina que de vez en cuando miraba feliz por el espejo retrovisor.

Llegaron a la playa y Kristina bajó del coche la primera. Abrió la puerta y sacó a Ilsa para que Parker pudiera salir. Después, sacó la bolsa y esperó a que Parker llevara a Ingrid en el brazo.

—Vamos he contratado una sombrilla para que estemos más cómodas. Luego vengo a por la tabla.

Comenzaron a caminar cuando una chica en bikini se acercó muy sonriente a Kristina. Le dio dos besos y le dijo:

—¡No me digas más, tu mujer y tu hija!

Kristina en ese momento quiso que se la tragara la tierra. No fue capaz de responder a la pregunta porque sabía que Parker debía mostrarse enfadada. El momento tenso lo solucionó la propia chica que se presentó a ella dándole la mano.

—Mucho gusto, soy Bárbara.

—Parker —le dijo estrechándole la mano con una sonrisa educada pero mirada algo fiera.

—Ya era hora de que vinierais ¡siempre está hablando de vosotras!

—Bueno, Bárbara nos vamos que le dije a Alfred que nos pusiera una sombrilla.

—Genial, lo dicho encantada. ¡Qué guapa es la pequeña se parece a ti, Parker!

Kristina estaba pasando un momento realmente apurado. Agradeció que Bárbara se fuera. Sentía que sus mejillas se habían puesto rojas de vergüenza más que nada porque Parker la miraba fijamente.

—Muy agradable —apuntó Parker.

—Tan agradable como bocazas. Lo siento, es que me es más rápido dar esa explicación.

—Entiendo.

Y Parker cuando Kristina se puso a caminar la miró sonriendo con cierta picardía. Mientras Kristina iba pensando que la cosa no empezaba bien. Se había preparado todo el discurso para el momento en que pudiera hablar con ella, y la presencia de Bárbara no había sido la mejor opción para tratar que estuviera tranquila.

Una vez llegaron, Alfred el encargado de la playa las acompañó hasta la sombrilla que les había preparado. Kristina se lo agradeció pero sobre todo porque saludó correctamente a Parker sin ponerla en apuros. Kristina dejó las cosas sobre la arena y fue a por su tabla. Al volver desde lejos vio a Parker que se había quitado el pantalón y se había quedado con la casaca. Entonces la voz de la señora Davis llegó hasta ella como si fuera una de las olas de manera insistente rompiendo con fuerza en su cerebro. Resopló fuertemente pensando ¿qué le habría dicho a Laura?

—¡Ya estoy aquí! —habló nerviosa Kristina mientras Ilsa movía la cola insistentemente—. ¿Quieres ir al agua, Ilsa?

—¡Luego vamos a tener trabajo con ella! —Sonrió Parker al ver a Ilsa ladrar y correr.

—No te preocupes, yo me encargo. ¡Venga vamos! ¡Vamos!

Animaba a la perra que salió corriendo hasta el agua, Parker cogió a la niña en brazos a la que había protegido con protección solar y se acercaron al agua. La pequeña reía sin parar al igual que sus madres al ver a la perra entrar y salir del agua feliz. El animal perseguía a Kristina que corría divertida. Tras unas carreras, Ilsa volvió junto a Parker y la niña.

—¿No vas a surfear? —le preguntó con una sonrisa en los labios.

—No, hoy prefiero estar con Ingrid.

—Igual le gusta verte.

—¿Tú crees? —Se dibujó en su rostro una sonrisa entusiasta

—Probemos —la animó divertida.

—Vale.

Y lo dijo con tanta alegría que Parker no pudo menos que sonreír. Ilsa se fue corriendo tras Kristina que se había quedado con un bañador, Parker suspiró mirando hacia otro lado. No sabía si Ingrid iba a disfrutar, pero ella lo iba a pasar realmente mal.

—¡Allá voy! A ver si me reconoce. Cariño… ¡mira lo que hace mamá y luego vienes tú!

—Una cosa es que te vea otra que te entienda —le dijo con un poco de sorna.

—No me cortes el rollo, me hace feliz verla aquí —respondió con gesto divertido.

—Bueno… a ver… Ingrid mira a mamá.

Y Kristina tras decirle aquello salió corriendo con la tabla perseguida por Ilsa. Parker no paraba de reírse porque Ilsa quería irse con ella, hasta que le silbó y la perra que era muy obediente se fue sentándose a su lado.

—Mira Ingrid, mira la mamá —le decía no muy segura de que la niña la reconociera—. Mira está allí, mira ¡saluda!

Cogió su mano y la movía porque Kristina sentada en la tabla las saludaba con la mano. Parker sonreía. Ilsa ladraba.

—Ilsa no pasa nada, Kristina viene ya. ¡Mira Ingrid!

Sentía que se le salía el corazón del pecho, la ola era bastante grande y la gente chillaba de emoción, vio a Kristina lanzarse a por ella. Se quedó asombrada al ver lo bien que lo hacía mientras la niña aplaudía y la perra ladraba. Cuando la vio caer contuvo la respiración. Nunca le había gustado aquel deporte, lo veía arriesgado con esos golpes pero se notaba que Kristina manejaba bien la situación. Salió del agua con la coleta que se había hecho al entrar. Parker suspiró.

—¿Me ha visto?

—Yo creo que sí, porque ha gritado como todos.

—¡Qué buena! —dijo sonriendo—. Anda vamos… ven al agua. ¿Vamos? —le preguntó a Parker.

—Sí, espera que me quite esto.

—Te esperamos. ¡Ilsa te he oído ladrar! —el animal saltaba feliz. Kristina no quería girarse, no quería mirar. Pero finalmente se giró y vio a Parker que se quedaba con un bañador negro que le sentaba demasiado bien. Y murmuró—. ¡Madre mía!

—¿Vamos? —le preguntó al llegar a su altura sonriendo a Ingrid.

—Sí. A ver qué hace.

—Es la primera vez que va a entrar al mar.

—¿De verdad? —la miró fijamente se dio cuenta que ese dato no lo sabía de su hija y por un momento se entristeció ¡cuántas cosas se había perdido!—. Pues vamos allá.

Parker cogió a la niña para que Kristina pudiera encargarse de la tabla. La metió en el agua donde las olas rompían muy suavemente y Parker con una sonrisa al ver como la niña movía las piernas la subió sobre ella.

—¡Parece que le gusta! —dijo Parker.

—Sí.

Y estaban juntas con la niña, la perra y la tabla de surf que las separaba a ellas, entraron un poco más en el mar y no pararon de reír por las carcajadas de la pequeña al notar el vaivén de las olas. En ese momento era realmente feliz, incluso Parker y Kristina podían decir que se sentían felices de estar allí juntas con la niña. Después de subir a Ingrid, Parker subió a Ilsa. La perra se quedó sentada mirado a la niña con la lengua fuera jadeando pero con gesto feliz.

—¡Ver para creer! —exclamó Parker que se había subido las gafas de sol retirándose el pelo—. ¡Cómo le gusta!

Entonces Kristina se le quedó mirando. No lo pudo evitar. Con el pelo retirado del rostro, el bañador marcando perfectamente sus pechos, dejando libre el cuello fue como una descarga para ella. Tanto que cuando la miró Parker se sintió ridícula.

—Creo que vas a tener que enseñar a las dos.

Kristina no le respondió porque desde que se habían vuelto a reencontrar no le había hablado con esa dulzura, ni con esa calma con la que Parker siempre le hablaba.

—Me parece que sí. Es increíble como la cuida.

—Sí, Ilsa es una perra muy especial —la acarició y el animal lo agradeció con la mirada.

—Me alegro tanto de que le diéramos una segunda oportunidad.

Y ahí, Parker se le quedó mirando fijamente entornando los ojos, apretando los labios.

 

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8 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 31

  1. Hola Alexandra, buenas tardes. Tranquila que lo podrás leer después. Buen día.
    Un abrazo

  2. Gracias, Laura. Sí, yo creo que la acción se debe desarrollar con pequeños avances y pasos. A ver si el siguiente es un paso hacia delante o hacia atrás.

    Un abrazo

  3. Buenos días, Solete. ¡Gracias por el comentario! Eche de menos el anterior capítulo ¿eh?

    Yo creo que Parker trata de engañarse a sí misma más que a nadie. Porque desea tanto ver a Kristina otra vez en el mar jajajaja. Parker está dispersa debe ser complicado la lucha que tiene entre su cabeza y su corazón. Para mí es como quien va dando bandazos de un lado a otro, así debe sentirse ella porque Kristina no se lo está poniendo fácil. Con respecto a la hermana de Parker, coincido contigo, de todos es la menos indicada para decirle nada pero a veces hay silencios más valiosos que confrontaciones.
    Sí, esos personajes inesperados que las sacuden está muy bien. La señora Davis es para hacerle un monumento ¡bendita paciencia tiene!

    Gracias, en breve capítulo.
    Un abrazo

  4. Vamos poco a poco, así ojalá logre que confíe en ella y se piense las cosas!!! Estoy deseando leer el próximo para ver si Kris por fin le cuenta todo lo que le pasó y responde a todas las preguntas de Parker!!! Ansiosaaaaaaaaaaa kieroo massssss😎😎😎😎 un abrazo

  5. Buenas noches Idana,

    ¿Esta Parker se piensa que nos ha engañado? Nos dice que va a la playa porque no quiere que vaya Kristina sola con la niña ¡JA! No se lo ha creído ni ella, va porque no puede quitarse de la cabeza la imagen de Kristina saliendo del mar con el traje de neopreno, ¡que no nos hemos caído de un guindo Parker!

    No sé al final quién será la tal Laura y cuál será su relación con Parker, porque yo sigo pensando que su nueva pareja no es, si acaso un “rollete”, me da a mí que sus intereses en común son otros, peeeeero como sí sea su nueva pareja y haya dejado a la niña para irse de “chufleteo”, mal pero que muy mal por Parker, vamos, va de mal en peor.

    Entiendo la actitud de Susan hasta cierto punto, ella ha visto sufrir a su hermana, sí, pero no es la más indicada para reprocharle nada a Kristina, habría que recordarle su relación con Parker hasta hace poco tiempo, o mejor dicho su “no relación”, que si no es por Kristina aún seguirían sin hablarse. Por eso decid todas conmigo: ¡Le dijo la sartén al cazo!

    Y lo mejor del capítulo ha sido el momento Bárbara, lo que me he reído, y como siempre la señora Davis. que es un ángel caído del cielo.

    Encantada con tener mañana dos capítulos, ya estoy deseando leerlos. 😉

  6. Voy a esperar con ansias los capítulos de mañana, lo que no sé es como voy para leer el de la mañana justo tengo full horas de clase y voy a sufrir hasta poder leer. Otro abrazo y gracias por contestar.

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  7. Hola Alexandra, ¡gracias por comentar!
    Te entiendo a mí me pasa igual, cuando escribo un capítulo me dan ganas de borrarlo pero si queremos llegar al fondo de la cuestión hay que tener capítulos buenos y malos. No me cansaré de decir que los personajes como la señora Davis, Úrsula y Noah son necesarios en la vida de cualquier persona. Incluso la hermana de Parker porque aunque no nos guste está tratando de proteger a su hermana. La forma no es la mejor, pero…
    un abrazo, recuerda mañana dos capítulos.

  8. Buenas tardes amiga de blog, es bueno que tengan momentos de tranquilidad de acercamiento entre ellas, hemos esperado tanto tiempo esto que me provoca mucha alegría y ganas de darte un buen beso escritora. Ja ja ja no, no pienses mal Idana querida, es que son emociones tan raras tan intensas que me haces sentir que ya no se ni como reaccionar contigo si comerte a besos o estrangularte por tanto dolor que aveces provocas en mí. Sólo espero que ya en tu guión esté la posibilidad de que puedan conversar cara a cara sin tapujos no me ha gustado para nada la actitud de la hermana de Parker la señora Davis definitivamente es espectacular y que bueno que tengan una amiga así en común lo mismo que Úrsula, pues esperemos que siga su día de playa de lo mejor y no aparezca por allí la tal Laura. Un fuerte abrazo.

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