PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap 34

La señora Davis la miró con gesto de pena. En el fondo pensaba que aquella excursión a la playa les iba a acercar. Pero estaba claro que Parker no iba a cambiar su decisión así como así. Kristina lloraba con amargura, mientras la señora Davis la abrazaba contra su pecho con un ligero temblor de barbilla. Le pidió que le explicara lo que había sucedido. Kristina entre pucheros y secarse la nariz fue explicándole la conversación.

—Kristina ahora ya sabes qué debes hacer —Kristina la miró con gesto de incertidumbre—. Mira yo también tenía esperanza de que en las últimas semanas os estabais acercando. Pero está claro que no va a ceder.

—¡Pero es que no la entiendo! ¡Por qué! ¿Por qué no puede olvidarlo y empezar de nuevo?

—Para ti es más fácil que para ella. Me dijiste que la entendías —la miró con pena.

—Sí, entiendo su rabia hacia mí, su odio, incluso. Pero le he dicho que puede confiar en mí que no volverá a pasar. Eso debería valer.

—Mi niña —le acarició la cara mientras con la lengua daba un chasquido—. Mira, imagina un folio blanco recién sacado de su paquete, ese era el corazón de Parker cuando os amabais. Después cuando pasó todo empezó a salir alguna arruga en ese folio, esas arrugas eran las heridas que iba causando tu actitud en ella. Más tarde cuando te fuiste las arrugas fueron haciéndose dueñas de ese papel en blanco, y cuando al final no la quisiste ver en Port Charles ¿sabes qué pasó? Cierra los ojos e imagina ese folio apretado por tus manos, hecho una bola ¿lo ves? Ese es el corazón de Parker. Y querida mía ese folio blanco nunca más volverá a ser aquel que se sacó de un paquete inmaculado por mucho que se intente recomponer. ¿Lo entiendes?

—Pero… me equivoqué y… —guardó silencio.

—Parker tiene unas heridas que no vas a poder curar si ella no se deja. Pensé que podías reconquistarla, pensé que poco a poco iría cediendo pero…

—¡Pienso hacerlo! ¡No voy a quedarme de brazos cruzados! —exclamó interrupiéndola mientras se levantaba de la cama enfurruñada.

—Kristina ella no quiere volver.

—Me ha dicho que no tiene nada con esa Laura pero… no sé si creerla…

—Laura es su editora.

Kristina la miró fijamente con el ceño fruncido. Se acercó sentándose nuevamente en la cama mientras los ojos volvían de nuevo a llenarse de lágrimas. Incluso su mirada se enturbió contra la señora Davis.

—¡Usted lo sabía y no me lo dijo!

—Yo no era quien debía decírtelo.

—¡Pero he sufrido pensando que estaba liada con ella! —gritó mientras su voz mostraba total irritación.

—Y lo sentía, pero también pensaba que era una manera de que aprendieras la lección. Mira, Parker recibió una oferta de la universidad, su última conferencia en Los Ángeles había sido tan buena que una editorial les propuso escribir un libro sobre las escritoras de las que habla. Laura es la mujer del director de la editorial. Por eso la ves con ella irse de aquí para allá porque han estado puliendo el tema del libro. Están trabajando juntas pero nada más.

—Pero Parker le dijo a usted.

—No, realmente no le dejé que hablara, supuse que cuando me dijo que ella tenía una nueva vida se refería a una persona, no a una nueva vida profesional. Mira, sea como sea, debes respetar su decisión. Si ella te ha dicho de tener una relación cercana por Ingrid me parece fantástico.

—¿Fantástico? Yo no puedo vivir sin ella.

—Pues tendrás que aprender, salir y conocer nueva gente…

—¡No necesito conocer a nadie! Si una vez la esperé un año… puedo esperarla el tiempo que haga falta. Pero no voy a vivir sin ella.

—¿Y si Parker se enamora de otra mujer? ¿Qué piensas hacer? Porque ahora está libre para hacerlo, Laura no es su novia pero… ¿Y si aparece una mujer de la que se ilusione nuevamente?

Las preguntas fueron como flechas que cruzaron de parte a parte su corazón. Y en ese instante en que parecía desangrarse sintió como algo en su interior se rompía.

En su casa Parker desde que se había marchado Kristina, no había parado de llorar sentía que le dolía el alma tenía un pesar que no podía detenerlo. La voz suplicante de Kristina se repetía una y otra vez, iba y venía recorriendo su mente explicándole su dolor su angustia. Ser tajante había sido lo mejor. No sería capaz de volver, había pisoteado su confianza ¿cómo la iba a recuperar? El timbre de la puerta la hizo sobresaltarse. Se limpió la cara con rapidez, tragando ese dolor que se había agarrado en su garganta y fue a abrir. Solo esperaba que no fuera ella otra vez. Necesitaba que hubiera entendido su decisión y la respetara. Al abrir, la esperaba una sonriente Susan que al ver su gesto, se le borró la sonrisa.

—¡Parker!

No hubieron más palabras, Parker se abrazó a ella como si de algún modo estuviera a salvo. Su hermana había llegado como cuando era niña y se caía, para levantarla. Y allí entre los brazos de Susan se dejó llevar por un llanto desgarrador.

La señora Davis se dio cuenta que a Kristina le pasaba algo, comenzó a faltarle el aire. Se puso la mano en el pecho mientras su rostro palidecía.

—¡Kristina!

—Me ahogo… no puedo respirar —decía con dificultad.

—¡Voy a llamar a Parker!

—¡No! —gritó.

—¿Qué hago?

—¡Lléveme al hospital!

En ese momento sonó el timbre de casa, la mujer corrió preocupada rogando que fuera Parker y al abrir, vio a Noah allí sonriente.

—¿Qué pasa? —le preguntó borrando su sonrisa al ver el gesto.

—Corre, es Kristina, está en la habitación.

Llegó a la habitación y Kristina se había tumbado de lado le costaba respirar y las lágrimas recorrían sus rostro. Se dio cuenta que era un nuevo ataque de ansiedad. La sentó y abrazó. Kristina rompió a llorar mientras balbuceaba “no me quiere” “no me quiere”. La señora Davis fue hasta la cocina para traer una bolsa y un vaso de agua como le había pedido Noah. Sabía qué hacer porque desde su vuelta no era el primero que tenía. El día de la playa en el que rompió a llorar, cuando contó la anécdota a Parker en la comida en la playa, se calló el momento tan complicado que pasó Kristina porque aquella vez tuvieron que acudir las asistencias medicas. Desde entonces si le pasaba Noah sabía como ayudarla.

En casa de Parker, Susan había ayudado a su hermana a sentarse en el sofá. La miraba con pena porque sabía que aquellas lágrimas eran por Kristina. Le dolía verla así porque se daba cuenta de lo mucho que estaba sufriendo. La dejó llorar y cuando se recuperó. Parker le explicó lo que había sucedido ella la escuchaba con un gesto de aflicción.

—Es que no puedo perdonarla, Susan. Mi corazón no me deja.

—Tranquila, Parker. Mira yo creo que es una situación muy complicada y que no deberíais tomar decisiones drásticas de momento ni en un sentido ni en otro. ¿Le has dicho de tener una relación cercana por la niña? Y eso me parece estupendo. Quizás el tiempo…

—El tiempo no, Susan —la interrumpió con la voz cargada de resentimiento—. Sé que si le doy una oportunidad y vuelve a pasar acabará conmigo, me ha roto como nadie había hecho en la vida. Me ha dolido tanto me duele tanto, me da tanto miedo.

—Por eso mismo, cariño. Porque la has amado más que Amanda y supongo que si has tenido otras mujeres en tu vida ninguna habrá causado en ti lo que Kristina, para bien o para mal.

—¿Tú me entiendes?

—Voy a contarte una cosa. Pero que no salga de aquí que no se entere Noah —Parker asintió con pesar—. Llevo casada con Richard veintiséis años. Cuando tuve a Karen éramos felices hasta que nuestra hija empezó a llorar por las noches, él se agobiaba porque no soportaba escucharla, le ponía muy nervioso. Le vino grande ser padre y eso que lo deseaba con toda su alma. La responsabilidad pudo con él y nos distanciamos como pareja, un día me enteré casi por casualidad que me había engañado con una amiga común. Lo eché de casa. Mamá me dijo que debía pensar en nuestra hija, que no podía crecer sin padre. Él venía día sí y día también para pedirme perdón. Me costó pero al final lo acepté pensando en mi niña, al poco tiempo de que volviera a casa me quedé embarazada de Noah. Todo fue diferente, él se encargó de todo yo no podía creer que era el mismo hombre dispuesto a todo por sus hijos por su mujer. Y hoy me siento feliz por haber tomado aquella decisión, si bien es verdad que no debí tomarla tan pronto y pensando en mi hija. Al principio me costó no podía borrar de mi mente la imagen de Richard engañándome, el tiempo pero sobre todo, su actitud conmigo me ayudó a hacerlo, pero valió la pena. Parker no te agobies si sientes que no es el momento no lo hagas. Deja pasar el tiempo, que esa herida que tienes cure.

—Me siento injusta haciendo esto. Ha venido para pedirme perdón y yo… —rompió a llorar otra vez y entre balbuceos siguió—. Sé que le he dicho cosas horribles pero… es lo que siento… yo…

—Ella también tiene que entenderte a ti —le acarició la cara con delicadeza.

—Nunca me había sentido así de perdida, de agotada mentalmente. Cuando no estaba aquí al menos tenía fuerza para sentir este resentimiento que necesitaba para sobrevivir. Pero ahora que está aquí, me es tan complicado. La quiero, Susan, es así la quiero y al menos por mi parte el amor que sentí fue tan intenso, tan maravilloso que no podía imaginar que pasaría esto. Incluso reconozco que la deseo, Kristina es para mí todo, pero dentro de ese todo también va incluido todo el dolor que me provocó y toda la incertidumbre de que vuelva a suceder.

—No voy a decirte qué debes hacer, solo tú eres capaz de saberlo. Pero una vez alguien me dijo que de las segundas oportunidades también se construían maravillosas historias de amor.

—Es curioso, eres la segunda persona que me lo dice.

Susan le sonrió con tristeza porque la veía sufrir de verdad. Parker apretó los labios reteniendo como podía las lágrimas que insistían en salir. Su interior estaba a la vez confundido y asustado. Agradeció las palabras de su hermana y que se quedara allí con ella. Le había dicho la verdad, la quería, la deseaba pero la temía mucho más que los sentimientos que palpitaban en su corazón.

Mientras, en casa de la señora Davis, Noah había logrado calmar a Kristina no sin alguna dificultad. No podían darle ninguna pastilla para tranquilizarla, debía ser ella por sí misma quien lo lograra poco a poco. En todo caso, estaba convencido de tener que llevarla al hospital si no se le pasaba. No quería arriesgarse a que pudiera pasarle algo más grave que aquel ataque de ansiedad. Una vez se quedó tranquila, salieron al comedor. Allí la señora Davis le contó a Noah que escuchaba preocupado.

—Deberíamos contarle esto a Parker.

—No, Noah. Debemos respetar las decisiones que tomen, ahí no podemos entrar.

—¿En las decisiones? —la miró sonriendo—. Pero fuera de las decisiones sí. ¿En qué piensa?

—En que hay que ayudarlas. Por lo pronto voy a llamar a Úrsula.

—Me encanta su poder de manipular el entorno de sus decisiones —sonrió con malicia.

—Estas dos mujeres se aman. Una tiene miedo la otra tiene pánico. Y para sacarlas de ese estado necesitan ayuda de elementos externos que somos nosotros, eso sí —elevó el dedo índice al aire al tiempo que decía—, ¡respetando sus decisiones!

Una hora después de su ataque de ansiedad, Kristina se fue despertando. Al hacerlo, recordó la charla con Parker y su corazón sintió como le dolía. La amaba más que nunca. Durante la charla tuvo que retener las ganas de abrazarla fuertemente, de que pudiera escuchar los latidos de su corazón que mostraban las ansías de volver a su lado. Suspiró. Los golpes en la puerta le hicieron apartar de su mente el momento en que Parker le decía que cada una debía ir por su lado. Dio paso y apareció allí Noah. Kristina se sentó en la cama mientras le sonreía con tristeza. Él la abrazó dejándole un beso en la sien.

—Me lo merezco por imbécil.

—No seas tan dura.

—Créeme si estuviera en su lugar actuaría igual. No merezco nada mejor.

—No estoy de acuerdo —le sonrió—. Te sentiste sobrepasada por la situación.

—Pero le hice tanto daño. Puedo imaginar como se siente después de lo que pasó con Amanda, pensaba que la había engañado con otra, pero te juro que podía tener pánico, terror, sentirme una basura por decepcionarla pero jamás se me hubiera pasado por la mente engañarla. No haría eso, Noah.

—Ella lo sabe. Tranquila por ese lado porque creo que ella lo sabe.

—Me siento tan mal.

—Kristina me gustaría decirte algo que como amigo espero entiendas, no tengo mucha experiencia para decirte esto pero, quizá ha llegado el momento de que mires hacia otro lado —Kristina sonrió levantándose de la cama mientras resoplaba se detuvo ante la ventana—. Parker parece que está decidida a no volver contigo, y tú desde que has llegado estás metida en esta casa dándole golpes al saco, en el despacho estudiando y trabajando, los fines de semana con Ingrid, y suspirando cada minuto por Parker. Tienes que ser inteligente porque estás ahora mismo quizá en el mismo punto que cuando tu mundo se vino abajo.

Ella lo miró seria. En parte sabía que tenía razón. Pero no quería escuchar lo que sabía que venía después.

—No te digo que salgas a buscar novia, ¡oye que si quieres lo puedes hacer estás divorciada!, pero tienes que salir de vez en cuando, no solo a la playa a hacer surf porque sé que mientras lo haces estás pensando en Parker, la calma de la playa es la que buscas para pensar en cómo llegar a ella. ¿Me equivoco?

—No, es cierto.

—Vente a cenar mañana con Úrsula y con nosotros.

—¿Me vais a preparar una cena sorpresa con el chico irresistible que Úrsula quiere que conozca?

—Bueno no es una cena sorpresa porque te la estoy contando, además sabes que el irresistible vendrá ¡y nos lo pasaremos bien!

—Créeme no creo.

—Yo creo que sí. Y ya que estamos con el verbo creer. Cree en ti, Kristina porque solo creyendo en ti vas a lograr lo que sueñes, lo que quieras tener en tu vida pero no quedándote en casa llorando y suspirando por todos los rincones la ausencia de Parker —le guiñó un ojo—. ¿Lo pillas?

Kristina sonrió porque él siempre le decía “sueña con Parker y volverás con ella” o “Cuidado con lo que sueñas no vaya a ser que se haga realidad y vuelvas con Parker”.

La noche llegó con el ambiente pesado tanto en la habitación de Parker como en la de Kristina. Las dos pensaban en la otra, en lo que habían provocado en esa charla, en el daño que provocaron en el pasado. Parker suspiró pensando que si lograba dormir estaría más tranquila. Pero las palabras de Kristina, las de su hermana daban vueltas en su cabeza. Pensaba una y otra vez lo que Susan le había contado de su cuñado con la niña, la presión que sentía Kristina y la vergüenza por lo que hizo. Se giró quedándose boca arriba mirando el techo.

Al fin y al cabo, Kristina parecía segura de querer todo lo que hicimos ella siempre quiso tener pronto un hijo, no la entiendo. Y si se sentía agobiada debió contármelo, no huir buscando otras soluciones que fueron terribles. No tuvo confianza en mí, pero claro, si sentía que ella había deseado todo lo que tenía en ese momento, justo lo que le agobiaba, y yo me había dejado llevar, entiendo que se sintiera culpable y avergonzada. Por esa misma razón, no puedo volver con ella aunque la quiera, sería tropezar con la misma piedra. Prefiero quedarme con lo mucho que nos amamos, con lo mucho que nos quisimos y tratar de olvidar la parte que me hace tanto daño. Es lo mejor, cada una por su lado en direcciones diferentes, ella acordes a su edad. ¿Por qué pensé que podríamos salir adelante? Kristina te quiero tanto…

El reloj marcaba las cuatro y cuarto de la mañana, Kristina se levantó harta de dar vueltas en la cama. Se acercó a la ventana y se quedó allí cruzada de brazos. Miraba a través del cristal aunque no había nada que ver. Tragó saliva y cerró los ojos.

¿Cómo te recupero, Parker? Sé que te he destrozado y me duele. Fui cobarde y ahora lo estoy pagando, si me dieras una oportunidad, solo una te aseguro que no volvería a fallarte. Tenemos tantos planes de futuro no podemos dejarlos aquí. Puedo darte tiempo, el que tú quieras el que necesites porque puede que tú tengas claro que no debemos estar juntas pero Parker, cariño mi alma se alimenta de ti, porque mi alma eres tú. Voy a luchar por ti. No habrá nadie que me lo impida, ni siquiera tú. Te quiero.

El sol salió con fuerza aquel sábado, Parker se había dormido tarde y el lloriqueo de Ingrid fue lo que la despertó, por su parte Kristina se había levantado de la cama a las siete ya no soportaba por más tiempo a su cabeza. Una y otra habían pasado la noche pensando en las palabras que se habían dicho, en una conversación que las había alejado un poco más. Parker sentía haber sido tan dura con ella, pero era lo que su corazón le gritó, y Kristina no podía apartar de su mente aquel folio en blanco arrugado que tanto le había impresionado porque podía imaginar el corazón de Parker de la misma forma.

A mitad tarde, apareció en casa de Parker una Úrsula que parecía contenta. Entró con una sonrisa de oreja a oreja buscando a Ingrid. Parker se percató que iba muy arreglada, la conocía y debía ir a alguna cena importante. Pasaron a la cocina donde Parker le estaba preparando la cena a la pequeña.

—¡Pero qué guapa estás! Esta niña me ha robado el corazón —le dijo Úrsula cogiéndola en brazos.

—¿Qué haces por aquí a estas horas?

—Vamos a cenar con Kristina ¡qué por fin me ha hecho caso y viene a conocer a Peter!

Anuncios

2 pensamientos en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap 34

  1. Buenas tardes/noches Idana,

    Que ganas tengo de que Kristina empiece a hacer vida social, y sobre todo de que lo pase bien, de que empiece a salir y entrar, con unos y con otras, y que sea conocido por todos que es una chica joven que cuando no tiene a su hija, no tiene compromiso ninguno y hace lo que quiere. Y tengo tantas ganas porque quiero ver la reacción de Parker, ella solita se ha autoimpuesto rechazar a Kristina y no amarla (ya sabemos todos y ella también, que amarla, la ama), a ver si en esa situación es capaz de llevarlo a cabo.

    Me hubiera encantado ver su cara cuando Úrsula le dijo que se iba de cena con Kristina y los demás, y sobre todo, que le iba a presentar a Peter, hubiera pagado por ello jajajaja

    Y a ver si Kristina deja ya ese victimismo y levanta la cabeza de una buena vez, que parece que se regocija en su sufrimiento. Que no sea tonta y le dé donde más le duele, ya lo consiguió una vez, con Valerie (se llamaba así, ¿no?), pues ahora que haga lo mismo.

    Esperando el capítulo de hoy. 😉

  2. Hola, Solete. ¡Gracias por comentar!

    Pues mira yo también tengo ganas de que Kristina zarandee un poco a Parker. Va a tener que hacer como con Valerie para ver si así reacciona porque está clarísimo que o pasa algo o ella por miedo no va a mover ficha.
    Y sí, Úrsula es el demonio que se le sienta en el hombro a Parker. Va a darle donde sabe que le duele.
    Yo creo que el problema de Kristina es que está cegada en ese camino de recuperarla como sea. Y quizá hasta eso moleste a Parker.

    ¡Un abrazo!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s