PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 39

Quiero daros las gracias por mantener viva esta historia. ¡Hoy se me ha hecho un poco largo el capítulo! Pero creo que hay muchas cosas interesantes.

Un abrazo

Úrsula no podía dar crédito a lo que escuchaba. Parker lo había dicho con tranquilidad sin alteración alguna, como si realmente estuviera convencida de sus palabras. Su amiga dio una carcajada, Parker la miró algo aturdida por su reacción.

—¿A quién quieres engañar? —enarcó una ceja mirándola con atención—. Parker, Kristina no quiere a nadie en su vida que no seas tú.

—Bueno, querida amiga, parece que no estás a la última —sonrió con tristeza.

—¡Qué quieres decir! —Parker frunció los labios—. ¡Vamos dime!

—El viernes parece ser que conoció a alguien.

—¿A quién? Si al pobre Peter no le hizo ni caso —dijo incrédula.

—A una chica en un pub con Noah y Lucas.

—¿Y?

—Por lo que sé han congeniado muy bien y han salido a cenar ya.

—¿Y?

—¿Cómo qué y? —la miró esta vez ella perpleja—. ¡Es lo que necesita empezar con alguien acorde a su edad!

—¡Oh Parker por favor! —la riñó—. ¡No empieces con la edad! A Kristina eso nunca le importó, ¿por qué insistes en eso? ¡Ah deja, sí! Porque crees que lo que le agobió a ella fue la diferencia de edad, porque ella es una inmadura que se encaprichó de su profesora y después como es joven todo le vino grande porque realmente no te quería. ¡Vamos está como loca por volver contigo y tú sigues con la matraca de la edad! ¡Baja de esa nube a la que has querido subirte para huir de lo que Kristina siente por ti! ¡Y de lo que tú sigues sintiendo por ella!

—Úrsula no empieces a montarte películas. He hablado con Kristina, le he dicho firmemente que no voy a volver con ella, no quiero poner en juego mi corazón otra vez.

—¡Eres una cobarde!

—¡Úrsula! —le llamó la atención ofendida.

—Sí, dime ahora que también vamos a perder la amistad si sigo por ahí, ¡pero alguien debe decirte las verdades! ¡Y yo soy tu amiga y no quiero verte como te veo! Kristina hizo cosas mal, claro que sí, pero te quiere. Te ama. ¡Debiste ver cuando recibió el vídeo que le enviaste en la cena! Su cara cambió de expresión ¡todos supimos que pasaba algo! Su sonrisa al ver que tenía un vídeo que tú le habías grabado fue… fue….

—¡Vamos Úrsula! Puso ese gesto por Ingrid. No exageres.

—Además de cobarde, eres necia ahora —Parker la miró con dureza—. Me da igual que me mires así, Kristina te ama, está loca por ti.

—Bueno dejemos con que tras su comportamiento ya no sé si lo que está es loca a secas.

—¡No me puedo creer que hables así! ¿No te ha demostrado todavía que ha cambiado? ¡Cuánto más vas a hacerle pagar lo que hizo!

—¡Yo no estoy haciéndole pagar nada!

—Parker, Parker… —negó con la cabeza—. No te mientas más ¿acaso no le pusiste un régimen estricto con la niña.?

—¡No me fiaba de ella! Y tenía motivos suficientes como para no hacerlo.

—De acuerdo, te ha demostrado que la cuida, la quiere, está loca por ella, ahora me vas a decir que te vas a retirar a un lado como una gran dama para que Kristina sea feliz con otra ¡a otro lobo con ese cuento caperucita! Tú quieres a Kristina, te recuerdo que te reprochabas haber hecho el amor con ella pero eso ocurrió porque la amas ¡piensa en la diferencia que hay entre lo que te ocurrió con Amanda y lo que te ha ocurrido con ella!

—No hay ninguna diferencia, las dos me engañaron. ¡Y no pienso dejar que nadie vuelva a hacerlo! Ahora tengo una hija, y es antes ella que ninguna mujer.

—¡Oh Dios mío te estás oyendo! —exclamó poniendo las manos en la cara con gesto exagerado—. ¿Qué te pasa? ¿Cómo puedes comparar a Amanda con Kristina? Kristina es la mujer de tu vida de igual modo que tú eres la mujer de su vida. ¿Qué ha salido a cenar con una chica? Perfecto, será su amiga su apoyo, tú también lo has hecho. ¡Kristina está luchando no solo contra tu distanciamiento y tu estúpida actitud de querer aparentar lo que no es! Todos estamos diciéndole que te deje en paz, todos le recriminamos lo que hizo, ¡entiendo que quiera aire fresco que le pueda dar una opinión sin estar intoxicada por conocerte a ti! Kristina se equivocó. Fue muy duro, sí. Pero tú eres la mujer que siempre dijo daría una segunda oportunidad porque todos tenemos derecho a ello cuando nos equivocamos —se detuvo mirándola fijamente. Tomó aire para decirle con cariño—. ¡Parker no te engañes más! Tu vida está junto a la mujer que más has amado y que más te ha amado.

—¿Y la que más daño me ha hecho? —preguntó enarcando una ceja.

—Desgraciadamente es así, pero deja que sea ella la que lama tus heridas. De igual modo que lo hiciste tú en el pasado. Es la única que puede ayudarte a que ese dolor desaparezca.

—Ella debe vivir su vida.

—¡Y dale! Parker ¿qué vida? La vida que ella quiere es a tu lado.

—Úrsula, ¡ya! Hoy le he dejado muy claro como están las cosas.

—¡Vas a arrepentirte de esto! Te lo advierto.

Parker la miró con gesto duro. Tras un suspiro retiró la mirada hacia un lado para evitar aquellos ojos acusadores que la juzgaban.

La noche estaba empezando a ganar la batalla al día, el cielo azul había sido cubierto poco a poco por la oscuridad, algunas estrellas asomaban entre ella como pequeños guiños hacia quien quisiera observar el espectáculo. Y una de aquellas personas que se dejaba atrapar por su belleza era Kristina. Miraba las estrellas recordando como cuando era pequeña su madre siempre le decía pide un deseo con todo tu amor y se hará realidad. Sonrió de lado con una mueca de tristeza. El día había sido intenso como últimamente lo era su vida. Sobre todo si durante el día Parker hacia aparición. Suspiraba una y otra vez recordando el beso del ascensor. Un beso intenso, tierno, maravillosamente dulce. Cerró los ojos como si así una pantalla de cine se extendiera entre la oscuridad y proyectara a dos mujeres besándose con pasión, dos mujeres que luchaban una por separarse la otra por unirse, dos mujeres que a veces les era complicado dominar el amor, encerrarlo en un recóndito rincón y no dejarlo salir. Kristina tragó saliva mientras abría los ojos, a ella al menos le era imposible dominarlo. Y sabía que desde que había cambiado su actitud con Parker, mostrándose sonriente, cercana, incluso a veces algo desafiante tal y como le recomendó Caroline, Parker había sucumbido no solo con aquel beso, si no con miradas cargadas de cariño y deseo. Aunque fuera unos breves segundos en los que Kristina veía como la mirada de Parker se volvía brillante, temblorosa. Se miró la mano izquierda sonriendo. Recordó el momento en que volvió a ponerse la alianza, lo había hecho de manera solemne, despacio había deslizado el anillo por su dedo anular izquierdo, al dejarlo puesto sintió como si le diera una descarga, quizá le estaba recriminando haberlo abandonado tanto tiempo, sonrió al dejar que su memoria la trasladara al instante en que Parker el día más feliz de su vida le prometía su amor mientras se lo ponía con una sonrisa amplia y maravillosa. ¿Dónde estaba esa sonrisa? ¿Donde había quedado perdida? Ella había sido la responsable de su desaparición, y mientras se ponía la alianza se prometió así misma que trataría de rescatarla. Sin embargo, aquella mañana con las palabras de Parker algo se había quebrado en aquella predisposición. Se mordió el labio con gesto triste, no se iba a rendir.

—Por favor que Parker vuelva conmigo y podamos ser felices, darme la fuerza para no desistir.

Lo susurró a las estrellas con los ojos cerrados. Al abrirlos, vio como una de ellas le regalaba un guiño.

Mientras Kristina miraba las estrellas, Parker había acostado a la pequeña y se estaba preparando para cenar. Había puesto la radio para escuchar un programa que le interesaba donde hablaban de literatura femenina. Así su mente estaría totalmente atraída por algo que no fuera Kristina. El programa terminó mientras lo escuchaba se había preparado una ensalada de pasta. Estaba en ello cuando llamaron a la puerta. Desde que Kristina había vuelto, cada vez que sonaba el timbre no podía evitar un salto en su corazón. Dejó el paño de cocina sobre la mesa, mientras suspiraba con fuerza. Notaba la alteración por los latidos que se apoderaban de ella sin poder controlarlos. Al abrir una sonrisa le provocó de golpe que el corazón volviera a latir a su ritmo normal.

—¡Noah!

—¿Puedo cenar contigo? —le preguntó mientras la abrazaba y le enseñaba una bolsa con comida India.

—¡Por supuesto! —sonrió ampliamente.

—Perdona que no te haya preguntado pero, pensé que si lo hacía igual me decías que no.

—¿Y eso? —lo miró algo dubitativa.

—Bueno… —susurró con cierto temor—. Por lo de esta mañana.

—¡Ah!

Fue como si le dijera ¡se trata de eso! Con total desdén. Noah entendió que no iba a querer hablar de lo sucedido. Así que se apresuró a buscar los cubiertos y preparar él la mesa mientras le preguntaba por su sobrina preferida. Parker agradeció que cambiara el tema. Cenaron mientras hablaban de la comida India, de la India, Parker le contó que había viajado y como desde entonces había descubierto la meditación. Él le dijo que era uno de los destinos que tanto él como Lucas habían escrito en la lista de cosas por hacer. Aquella ocurrencia de su sobrino le arrancó una carcajada.

—¿Te hace gracia?

—No, está bien. Es bueno tener proyectos juntos.

—Pues sí… es interesante.

—A ver Noah, ¿qué quieres decirme? —le dijo mirándolo fijamente mientras le sonreía.

—¿Tanto se me nota?

—Desde que has entrado —sonrió divertida—. A veces pienso que eres mi hijo pero no recuerdo haberte parido.

Aquella frase de Parker se transformó en una carcajada divertida por parte de Noah. Parker también terminó riendo de buena gana. Hasta que se detuvieron.

—Espera no me lo cuentes todavía porque me imagino que tiene que ver con Kristina y necesitaré algo fuerte. ¿Te apetece un whisky?

—¿Desde cuándo bebes?

—¡Solo cuando venís a hablarme de este tema! Tranquilo.

Pero Noah no se quedó tranquilo. La miró con dudas porque solo faltaba que se diera a la bebida. Parker entendió su mirada, era tan cristalina que podía leer en sus ojos.

—¡Vamos Noah no estoy bebiendo! Pero hoy ha sido un día tan intenso que necesito algo fuerte para poder dormirme.

—Está bien.

—Venga, vamos al sofá.

Noah se sentó mientras Parker encendía el humificador que cambiaba de colores en el que un aceite de esencia de lavanda dejaba un aroma maravilloso.

—Tú dirás.

—Quiero que sepas que nadie va a decir nada de lo que ha sucedido esta mañana, Kristina nos ha hecho jurar que no lo diríamos ¡bueno solo le ha faltado ponernos una Biblia en la mano!

—¿Qué ha sucedido esta mañana? —preguntó antes de dar un pequeño sorbo porque no sabía si hablaba de la estúpida boda o del maravilloso beso.

—La boda. Vuestra boda —la miró dubitativo.

—A Lucas parece que le cae muy bien la amiga de Kristina —apoyó el codo sobre el respaldo del sofá y la mano sobre la cabeza—. ¿Es muy amiga?

—Vaya eso no me lo esperaba —respondió sinceramente.

—Se fueron a cenar, así que debe serlo.

—No voy a decirte nada de eso —se mostró algo incomodo.

—Si me da igual, Noah. Realmente es lo que espero que conozca a alguien y se olvide de mí, que me deje en paz —volvió a dar otro sorbo.

Noah la miró fijamente y pudo ver su tristeza. Y recordó aquella misma mirada de Kristina cuando sentados juntos en el almacén le preguntó qué tenía Parker en Los Ángeles.

—Me vas a permitir que te diga algo, sabes que te quiero mucho, que estoy muy agradecido a las dos por todo lo que me ayudasteis a aceptarme sin miedos. Por vuestro apoyo continuo, pero me parecéis dos mujeres realmente estúpidas que están perdiendo un tiempo que quizás algún día se arrepientan de ello. Ella me pregunta por quien es la mujer que va contigo, tú me preguntas por la chica que conoció el otro día, ¿por qué no os dejáis de preguntas y cada una se deja llevar por lo que siente? ¿Por qué no sois capaces de dejar que vuestros corazones se hagan protagonistas de vuestra vida? ¿Por qué tratas de cerrarle el camino al amor que sientes por ella? ¿Quieres saber quien es esa chica? Pregúntale a Kristina. Y me voy, no me gusta ver como os destruís cuando todo este tiempo habéis sido para mí un ejemplo de amor, no me gusta verte bebiendo una copa de whisky para olvidar el día, no Parker, no me gusta verte sin tu sonrisa, siempre a la defensiva y empecinada en seguir así. Mira tu corazón y si realmente sigues queriendo a Kristina, deja de lado el resto porque estáis hechas la una para la otra por mucho que te niegues a aceptarlo, y eso lo sé yo ¡y todos los que os queremos! ¡Buenas noches!

Dicho todo aquello, se marchó. No quería ser duro con Parker pero le molestaba que se mostrara celosa, que preguntara con cierta rabia por saber quién era aquella mujer, y que fuera incapaz de permitir a Kristina acercarse a ella. Salió de allí con la desilusión y el corazón roto de ver como eran capaces de hacerse daño. Parker se quedó con el vaso a medio camino de su boca, arqueó las cejas impresionada por la reacción de su sobrino. Miró la copa y la dejó sobre la mesa con gesto serio.

Se metió en la cama y apagó la luz. Cogió el teléfono y no pudo evitar mirar. Allí estaba Kristina en línea, ¿estaría hablando con aquella chica encantadora y bella? Hizo una mueca de disgusto.

Por su parte, Kristina estaba sentada en la cama con la luz encendida había tratado de repasar el proyecto para tenerlo cuanto más claro mejor, pero en un momento dado cogió el móvil y vio a Parker en línea. Hizo un gesto de rabia y echó el móvil sobre la cama. ¿Con quién estaría hablando a aquellas horas?

Las dos se tumbaron decididas a dormir, pero las dos una ajena a la otra, se encontraron como si alguien les hubiera empujado dentro de aquel ascensor que había sido un pequeño oasis de felicidad. Ninguna quiso recordar el beso, pero ambas se entregaron a rememorar el momento. La intensidad que el roce de los labios provocó en ambas, la necesidad de reencontrarse que tuvieron las lenguas, la libertad de las manos que exploraron la otra piel con delicadeza pero siendo firmes en el recorrido. Ninguna quiso recordar pero las dos se durmieron abrazadas a la almohada pensando en la otra reviviendo ese beso apasionado que después Parker quiso enfriar en la discusión. El amor, simplemente, el amor había sido quien tomó protagonismo en aquel pequeño habitáculo donde quiso unir no separar. Donde quiso insistir no desasistir. Donde se quiso mostrar a un corazón que trataba de negarle paso, al otro que se empeñaba en vivir con su latido. Y el beso que no quisieron recordar fue quien las llevó al sueño de reencontrarse en una playa con una sonrisa tímida, con la mirada repleta de sentimiento, para dejarse llevar, para permitirse en el sueño que las emociones que estaban instaladas en sus entrañas salieran y las hicieran felices con aquel beso apasionado mientras el mar las mecía, con un abrazo necesario para sobrevivir mientras el sonido de las olas les acunaba, para mirarse a los ojos y sin miedo repetirse las dos palabras más mágicas que conocían, las que extrañaban, las palabras que callaban metiéndolas en cárceles de sentimientos pero dos palabras que volaban para gritarse en los sueños. TE AMO.

Al día siguiente, Parker y Kristina se levantaron a la misma hora con la misma sensación de haber estado en una playa, Parker cerró los ojos como si no quisiera recordar, Kristina sonrió al revivirlo. Desayunaron mientras pensaban en qué pasaría con aquel contrato que podía ayudar a despegar definitivamente la empresa. Y la señora Davis escuchó atentamente a Kristina que trataba de explicarle las cosas sin decirle la realidad.

—No lo entiendo. ¿Tienes que ir con Parker a una reunión que es de tu empresa?

—Bueno… no se fían de mí, señora Davis.

—¿Y qué pinta Parker? —la miraba sin entender.

—Pues… que piensan que ella es la dueña y así sí quieren negociar.

—¿Y ha accedido?

—Sí. Por la niña… ¡me voy a duchar!

—Claro… por la niña —murmuró con el ceño fruncido.

En casa Parker estaba arreglándose, Ingrid jugueteaba mientras canturreaba y ella no paraba de sonreír. Se había cambiado tres veces de ropa, ante todo, nada escotado ni provocativo. No quería que Kristina se confundiera. Al final, se decantó por unos vaqueros y blusa bien abotonada. El pelo suelto y zapatos bajos. Tenía un aire informal pero elegante. Sonrió. Cuando el timbre sonó, supo que estaba allí la señora Davis para recoger a la niña. Tomó aire para aparentar la mayor tranquilidad que pudo. Lo que más le preocupaba era si habría mantenido el secreto de la boda.

—Buenos días, señora Davis.

—Buenos días, Parker. ¿Qué tal estás?

—Bien, pase, pase. Ya lo tengo preparado.

—Estupendo.

La señora Davis no perdió detalle de Parker. Se había vestido de una manera muy recatada, estaba claro que no quería mostrarle a Kristina otra cosa que no fuera echarle un cable.

—Me ha contado Kristina —Parker que estaba cogiendo a la niña de espaldas a ella puso gesto de atención—. Me parece tan triste que tengas que hacer esto, ¡la gente cambia, por dios!

—Tiene que demostrarlo —le dijo con seriedad mientras se giraba y encaminaba para darle a la niña.

—¿Hasta cuándo? —le preguntó sosteniéndole la mirada—. ¿Tiene fecha límite? ¿Una vez pase esa fecha límite ya está libre de toda duda porque ha superado la intolerancia de los demás por un error que a ella más que a nadie le hizo daño! ¿Quién pone la fecha límite?

—Es normal, señora Davis. Falló con el contrato y los negocios son los negocios.

—No te digo que no, pero… ¿no vale con su palabra? ¿Con su buena labor hasta ahora? ¿Hay necesidad de seguir dudando?

—Sé donde quiere ir a parar —le respondió seria.

—Solo digo que cuando una pasa lo que ha pasado Kristina y quiere levantarse, no debería sentir como tiene puesto un pie en su cuello que le impide hacerlo. ¿No crees? ¡Vamos mi niña guapa que vas a estar con la abuela postiza!

Parker se quedó allí pensativa. La señora Davis tenía una cualidad que era hacerle saltar en pedazos todas sus conclusiones fehacientes. ¿Tenía fecha límite? ¿Intolerancia? Sabía que aquello iba por ella. ¿Era cierto que la estaba pisoteando con su propia actitud hacia Kristina? ¿Debía volver a fiar su corazón a quien tanto daño le había hecho? Le daba tanta rabia el poder de aquella mujer, ¡pero no iba a cambiar ni un ápice su pensamiento! Aquel día iba a hacer algo por el futuro de Ingrid, nada más.

Llegaron cada una en un coche, al llegar Parker vio que Kristina ya la estaba esperando sentada en un banco. La observó desde la lejanía aprovechando que ella leía un papel. Llevaba como ella unos vaqueros y una camiseta, como ella nada de escote. La vio allí tan indefensa que su corazón latió con tanta fuerza, con tanto amor que tragó saliva. El sueño le había pasado factura en aquellos segundos que la observaba desde la acera de enfrente, antes de cruzar carraspeó para alejar aquella hermosa visión de la playa.

Kristina estaba concentrada en el papel no podía fallar, quería hacerlo bien y no sabía si agradecer que Parker fuera a estar a su lado, sin duda eso la iba a poner más nerviosa. Trataba de relajarse, pero sonrió de lado al dejar libre un pensamiento divertido.

¡Ojalá haya ascensor y el despacho esté en el último piso!

Su sonrisa pícara sorprendió a Parker que llegaba en ese momento.

—Buenos días.

—¡Parker! —se levantó con una amplia sonrisa.

—¿Llevas mucho rato esperando?

—No, acabo de llegar como aquel dice. ¿Entramos?

—¿Estás tranquila?

—No —sonrió divertida.

—Estoy segura que lo vas a hacer muy bien.

—La verdad que estés aquí me da mucha seguridad.

—Bueno, tu seguridad no puede depender de nadie que no seas tú.

—Lo recuerdo —volvió a sonreír porque era una de las frases que siempre le repetía cuando era alumna.

¿Por qué tenía esa sonrisa? ¿Por qué esa sonrisa causaba en ella aún ese impacto?

Se preguntaba Parker mientras entraban en el enorme edificio. Para alegría de Kristina el despacho estaba en la quinta planta, era un recorrido interesante como para volver a sentir los labios de Parker.

¿Y si me lanzó yo esta vez?

Pensaba justo cuando se estaban cerrando las puertas se precipitó al interior del ascensor un chico con bandolera. Les sonrió y tocó el botón 8. Kristina mostró levemente un fastidio. Al llegar a su planta salieron y se encontraron directamente con un mostrador donde una chica muy amable les hizo pasar a un despacho que estaba cercano. Les abrió la puerta con la misma sonrisa mientras el hombre que había dentro de aquel despacho, un cincuentón algo grueso y con pelo canoso, les invitaba a pasar.

—Adelante, las estaba esperando.

—Muchas gracias —le respondió Kristina con una sonrisa que se mostró algo nerviosa.

—¡Perdón! ¡Me acaban de llamar de la universidad! Empieza sin mí, Kristina.

Y Kristina cerró los ojos, esa jugada no la esperaba. Podría haberlo imaginado porque Parker solía tener unas reacciones muy tajantes cuando veía alguna injusticia. Y sabía que estar allí a su lado como para mostrar que era válida le parecía injusto. Cerró los ojos y trató de controlar los nervios. El hombre le indicó que le contara más detalladamente un información que Lucas le había dado y que le interesaba. Kristina le presentó el proyecto tal y como habían estado hablando en la ferretería. Lo hizo de un modo seguro y firme, sin titubear manteniendo la calma y con la sola idea de poder pagar todo lo que debía, de poder sacar adelante a su hija y demostrarse a sí misma que era capaz de hacerlo.

Bajó a la calle y allí estaba sentada en el mismo banco que lo había estado ella con anterioridad Parker. Sonrió de lado. Fue hasta ella sentándose a su lado. Parker no pudo evitar mirarla con una sonrisa algo traviesa, mientras Kristina fruncía los labios y soltaba aire por las fosas nasales.

—¡Menuda jugada, eh! —le dijo sonriendo.

—Me parecía injusto. ¿Cómo ha ido?

—Bien, el lunes nos dará la respuesta.

—Pues nada, me marcho.

—Parker —le cogió la mano cuando ella se había puesto en pie dispuesta para marcharse—. Gracias. Siempre consigues que crea en mí, siempre me haces mejor.

Parker soltó la mano de Kristina con delicadeza, asintió con la cabeza y se marchó. Kristina se quedó allí sentada un buen rato. El roce en su mano al cogerla había vuelto a suponer para ella una descarga. ¿Cómo iba a olvidarla? ¡Era imposible! Caroline tenía razón.

A media mañana la puerta de la ferretería se abrió. Linda estaba en el mostrador despidiéndose de un hombre que había hecho una gran compra aprovechando los descuentos que esa semana habían puesto. Parker le sonrió al hombre y Linda le sonrió a ella.

—¡Qué alegría verte por aquí!

—Gracias, Linda. ¿Está Noah?

—¡Parker! —la sonrisa de Kristina al verla allí fue amplia, brillante, hermosa, bobalicona, enamorada, tierna, apasionada.

—Hola Kristina —la saludó con cierto rubor.

—¿Qué pasa? —preguntó sonriendo.

—Nada, venía a ver si está Noah.

—¡Parker! ¿Qué haces aquí? —preguntó él extrañado.

—¡Caray parece que sea algo inaudito que venga por aquí! -los tres se miraron divertidos-. Venía para ver si tienes un momento para hablar contigo.

—Ves Noah yo me quedo con Linda en el mostrador —respondió rápidamente Kristina.

—Gracias. ¿Vamos?

—Hasta luego —les dijo Parker a Linda y Kristina.

Noah salió algo extrañado, después de lo que había ocurrido la noche anterior estaba preocupado por la reacción de Parker. Mientras un suspiro sonoro y largo rompió el silencio de la tienda. Linda miró a Kristina dando una carcajada.

—¡Deja de sonreír! Como se gire va a pillar a una loca enamorada.

—¡Linda! —protestó sonriendo—. Es tan… ¡bueno a trabajar!

Linda volvió a sonreír mientras se metía dentro. Kristina seguía a Parker con la mirada, mientras su corazón bombeaba a toda velocidad ondas de amor. Entonces vio extrañada como Parker le había pasado la mano por los hombros a Noah, se habían detenido y se daban un fuerte abrazo. Le pareció extraño. ¿Habrían discutido?

Cuando regresó Noah del almuerzo, Kristina lo abordó con ese gesto que solía poner de niña buena para sacar información. Era un gesto que a Noah siempre acababa ganándole. En el fondo eran como dos niños.

—No pienso decirte nada.

—¿Qué ha pasado para que os dierais ese abrazo? —lo miraba intensamente.

—Discutimos anoche.

—¿Has discutido con Parker? —lo miró como si fuera un imposible.

—Ya ves, algún día tendría que ser el primero.

—¿Y por qué?

—¡Kristina no te lo voy a contar!

—¿Por mí? —sonrió repleta de esperanza.

—No. No seas tan petulante.

—¿Le pasa algo? —preguntó preocupada borrando su sonrisa.

—Nada.

—Dime, va Noah —insistía.

—Lo siento, Kristina pero no. Y te digo lo mismo que a ella. ¡No quiero saber nada ni de una ni de otra! ¡No quiero que vuestros problemas me salpiquen a mí! Ya me habéis decepcionado bastante como para además tener discusiones.

—¿Decepcionado? —lo miró enarcando su ceja derecha marcando en su rostro un gesto impactante.

—Sí, Kristina. ¡Estáis hecha la una para la otra pero sois tan cabezotas que no lo veis! ¡Y ya he hablado demasiado!

Kristina se quedó pensativa. Aquello significaba que había discutido con Parker por ellas dos.

Mientras comían en casa de la señora Davis, Kristina le contó como había sido la reunión. Tenía a la niña encima porque se había puesto a llorar. También le contó la actuación de Parker y al ver que la mujer no se sorprendía demasiado le dijo:

—¿No le sorprende?

—No. La Parker de siempre lo hubiera hecho para dejar que su mujer pusiera los puntos sobre las ies.

—¿Cree que ha vuelto, Parker, mi Parker? —abrió mucho los ojos repleta de ilusión.

—¡Ay Kristina! Mira que eres zoquete.

—Es que anoche discutió con Noah.

—¿Parker y Noah discutieron? —preguntó esta vez sí impactada.

—Al parecer por algo relacionado con nosotras.

—¿Y qué crees que puede ser? ¡Ilumíname!

—¡Señora Davis! —exclamó dando una carcajada que volvió a sorprender a la mujer.

—Un momento… aquí ha pasado algo que se me escapa -la miró con intensidad.

—No ha pasado nada. Bueno, sí, el otro día nos besamos en el ascensor. ¡Pero! —la detuvo cuando fue a hablar—. Seguidamente me dijo que me buscara alguien de mi edad.

—Vaya… es curioso Parker ha pasado por todos los momentos que uno puede imaginar en una separación, dolor, rabia, deseo y, finalmente, miedo.

—No la entiendo, lo del miedo quiero decir, lo anterior sí sobre todo las dos primeras.

—Algo has tocado en ella que prefiere reaccionar con el tema de la edad.

—¿Quiere decir que se ha planteado volver conmigo y la edad es lo que se lo impide? ¿Otra vez?

—A ver, yo no estoy en la cabeza ni mucho menos en el corazón de Parker, pero ¿no te parece extraño que haya ido contigo a algo que sabe no era de su incumbencia?

—Es el futuro de la empresa.

—Sí, ahora me vas a decir que es el futuro de Ingrid. ¿Crees que con el sueldo de Parker le puede preocupar su futuro? —Kristina no contestó porque realmente la señora Davis le estaba diciendo algo que era mucho más grave si se enterara que se habían casado para conseguir ese contrato—. ¿En qué piensas?

—Pienso que me gustaría llevarme lejos a Parker a algún lugar donde estuviéramos las dos solas, poder demostrarle que la amo de verdad, que he madurado, que no quiero vivir sin ella ni un solo día más. Me gustaría poder sentarme y hablar con ella mirándola a los ojos. Es el amor de mi vida y sé que me equivoqué pero… ¿Acaso no le estoy demostrando que puede confiar en mí, que no va a volver a suceder? Cuando me besó, porque además me besó ella sentí que volvía a vivir, como si todo lo anterior que hemos pasado pudiera borrarlo. Me sentí feliz. Fue un breve instante pero tan intenso que pensaba que me moría de placer. Después me dijo lo de la edad, admito que fui inmadura al tener celos de mi propia hija, al querer que Parker fuera mía como siempre, admito que podría dudar de mí si no hubiera puesto remedio a todo lo que hice mal. Yo no sé vivir sin ella, señora Davis. Y no sé como hacérselo ver.

—Creo que vas por buen camino. Estás removiendo cosas en ella, de otro modo, no te hubiera besado, ni te hubiera ayudado ¿recuerdas cómo te miraba al principio de volver?

—Como olvidarlo.

—Pues el tiempo es el mejor amigo para calmar el dolor y cicatrizar heridas. Toma nota.

Kristina la miró sonriendo aún con la tristeza marcando los latidos de su corazón. Le dolía la conversación que habían mantenido tras el beso, le hacía mucho daño pero era ese peaje que debía seguir pagando ante la desconfianza de Parker.

A la hora marcada, Kristina llevó a la niña a casa de Parker. Se había cambiado aprovechando que la niña le había manchado la camisa. Estuvo calibrando que camiseta iba a ponerse, ajustada, holgada que en el movimiento de dejar a la niña en el suelo pudiera mostrar su ropa interior. Sobre la cama había un buen número de ropa, finalmente, se decantó por una camiseta de tirantes ajustada color lila. Con el tono bronceado de su piel hacia una buena combinación. Se retiró la melena en una coleta alta y se echó unas gotas de perfume repartidas estratégicamente. Se miró en el espejo y murmuró:

—Bueno Parker, si con esto no te ablando un poco más… habrá que pasar a la acción.

En casa, Parker acababa de recibir un correo. Estaba en la cocina leyendo en su móvil con gesto serio. Se había apoyado sobre la mesa para valorar aquella petición que le había llegado. Frunció la boca y suspiró. El timbre la sacó de su ensimismamiento. Miró el reloj y supuso que era la señora Davis con la niña. Al abrir se llevó la sorpresa que volvía a ser Kristina quien llevaba a la pequeña.

—¡Hola! —le sonrió mirándola con intensidad.

—¡Vaya pensé que venía la señora Davis!

—Prefiero traerla yo, creo que es lo más justo así puedo disfrutar de ella un ratito en el parque.

Ilsa salió para saludar a Kristina mientras la niña pedía ir a los brazos de Parker quien la cogió. Al hacerlo rozó el brazo de Kristina y su cerebro captó mediante las pituitarias el aroma del perfume que intencionadamente, Kristina había repartido por su cuerpo para ella. El cerebro actuó con rapidez. Y ella mucho más tratando de cortar el momento.

—Venga pasa Ilsa.

—Espera —le dijo ansiosa—. ¿Quieres que la saque a pasear?

—No. Ya lo he hecho.

—De acuerdo.

—Adiós.

—Espera —volvió a poner la mano en la puerta para no dejarle cerrar. Parker la miró seria—. ¿Has pensado ya algo sobre venir el sábado a casa para celebrar el cumple de Ingrid?

—Ya te dije que no iría.

—¿Por qué? —preguntó elevando los hombros en señal de que no la entendía.

—Porque no quiero ir.

—Pero es su primer cumple ¿te lo vas a perder?

—Kristina —le advirtió.

—Por favor.

Aquel gesto de ruego de Kristina causó en Parker otra pequeña descarga.

—No me gustaría que porque la tenga yo tú no estuvieras en su primer cumpleaños.

—Bueno, la vida es así y hay que asumirla.

—No, Parker, la vida no es así, nosotras podemos cambiar nuestra vida —le dijo entornando los ojos.

—Kristina, no voy a ir y a mí me gustaría que respetaras mis decisiones.

—Creo que hasta ahora las he respetado todas ¿no crees? Espero que vengas.

Le sonrió y tras darle un beso a la pequeña se marchó. Parker suspiró con fuerza. Miró a Ingrid que sonreía divertida dando palmadas.

La noche llegó con una lluvia intensa. De esas lluvias que descargan en diez minutos y después el olor a hierba y tierra mojada te embriaga. Parker se sentía afortunada por ello, abrió la ventana de su habitación para dejar que ese olor la acompañara mientras se cambiaba. Al irse a meter en la cama, cerró la ventana. Se acostó y comenzó esa tortura que sus pensamientos se empeñaban en administrarle.

Seguro que iba así porque ha quedado con esa chica. Estaba tan guapa ¡oh cielos! Ya vale. No puedes estar como si fueras una loca adolescente. Es su vida, tiene que vivirla. Pero claro, me sonríe y me cuesta tanto alejarme. Tengo que tomar una decisión, mucho más ahora que hay alguien en su vida, igual es su amiga pero por como me habló Lucas es guapa y encantadora, seguro que con el tiempo… Porque digo yo que si la conoció en un pub de ambiente… ¡De verdad Parker, es lo mejor! -dio una vuelta en la cama poniéndose de lado hacia aquel hueco repleto de ausencia-. A veces te echo tanto de menos, me duele tanto. Pero no puedo sucumbir ¡un momento! Si está conociendo a esa chica ¿porque me ha sonreído hoy así? ¿Por qué ha insistido en que vaya al cumpleaños? ¿Será que no le importa tanto? La verdad que ha cambiado es otra Kristina, y me está demostrando que trata de hacer las cosas bien, ¡y luego está la señora Davis! ¡Con su manera machacona de recordarme mi actitud! ¡Y Úrsula! ¡Hasta Noah! -resopló con fuerza-. Pero ellos no están en mí para saber lo que duele. Por bien que se esté comportando ahora. ¿Segundas oportunidades? Quizá cuando no te han endurecido el corazón a golpes. Pero… ¡qué bien le sentaba la camiseta! ¿Se la habrá puesto para ella o… se la habrá puesto para mí?

Se abrazó a la almohada sintiendo como el deseo corría por su piel. Suspiró con fuerza para tratar de detenerlo, no podía dejarle vencer. Otra vez no. Volverla a desear era lo peor que podía pasarle porque entonces sus neuronas se debilitaban. Kristina desde el primer día fue un desafío y a esas alturas, desgraciadamente para ella seguía siéndolo. Se rindió al deseo, se dejó llevar por él como si fuera una pequeña canoa que la acercaba al éxtasis aunque fuera en soledad. Podía imaginar aquellos labios rodando sobre su piel, la mirada repleta de pasión, las caricias más intensamente suaves, sí podía viajar nuevamente en sueños hasta las profundidades del sexo de Kristina y llenarse de ella como tantas y tantas veces ocurriera. Un placer compartido por los jadeos y las risas, por los te quiero y los te amo, por la ternura y la pasión. Su canoa llegó a buen puerto aquel que izaba la bandera de Kristina Corinthos Davis.

Mientras, Kristina acababa de dejar el libro que se propuso leer sobre su mesita de noche. Cogió el teléfono y como todas las noches miró el contacto de Parker, no estaba en línea. Sonrió. Su cabeza era un continuo choque neuronal que estaba a punto de estallar en un Big Bang. Aquel estado de ansiedad la llevó a visualizarse en otra época en la que Parker estaba con su mujer, y ella anhelaba su vuelta. En ese momento en Eugene con el corazón en calma sabiendo que estaba sola insistía en pensar que iba a luchar por ella, a demostrarle que estaba equivocada que su edad no tenía nada que ver con lo sucedido, tan solo había sido su miedo a perder lo que tanto quería, su pánico a sentirse sola, verla atender a la niña, llegar a la cama y dormirse. Sin su beso de buenas noches, sin su ración de mimos, sin sus palabras al oído. Y ese instante se sentía estúpida, Parker estaba rendida y ella no lo supo entender. Eso no volvería a pasar había aprendido la lección. Pero en su interior, a pesar de reprocharse su actitud, sabía que de algún modo Parker había dejado a un lado su relación, algo le pasó y sin saber muy bien qué fue aquello que la alejó de ella, asumió su culpa también de aquello que hubiera hecho para que Parker dejara de ser, en aquellos meses posteriores al parto, la mujer que tanto le había demostrado amarla. Suspiró con fuerza abrazándose a la almohada fuera lo que fuera que le pasó para alejarse esperaba algún día se lo dijera. En los momentos en que Parker se derrumbaba por cansancio, ella se sentía culpable por quizá haber corrido para tener a la niña demasiado pronto, quizá debieron esperar. Cuando la veía trabajar en la ferretería con el ceño fruncido sabía que no era feliz que su mundo era la universidad, y quizá por darle el gusto a ella había dejado a un lado su pasión. Eso tampoco volvería a pasar. Lo había hablado con la psicóloga era consciente de todas las cosas que con su ímpetu, con su impulsividad había arrastrado, le costó aceptarlo, porque pensaba que estar juntas trabajando iba a ser maravilloso, y que Parker no tuviera que trabajar tanto como en la universidad le pareció lo mejor. Porque en el fondo lo único que quería era lo mejor para Parker.

Sí, no dudo que buscaras lo mejor para Parker —le dijo la psicóloga—, pero te olvidaste de lo que Parker pensaba que era mejor para ella. Y Parker se olvidó de sí misma quizás eso la llevó a actuar de alguna manera contra ti de forma inconsciente pero ese es su camino que tendrá que trabajar para averiguarlo. Tú debes darte cuenta que quizá sin querer anulaste una parte importante de ella.

Las palabras de su psicóloga le habían hecho reflexionar. Suspiró con fuerza. Cuando volvieran a estar juntas eso sería lo primero que le diría, que no iba a organizar su vida que también había aprendido la lección. Y de repente se presentó ante ella el beso del ascensor, notó como el corazón se disparaba, y la piel se erizaba. Le encantaba revivir aquella escena, sentir nuevamente los labios de Parker en su boca. Y con aquella visión llegó también un intenso calor que se había detenido bajo su vientre, cerró los ojos. Desde que hizo el amor con Parker su deseo, su excitación se había vuelto a apagar, aunque sintió una ráfaga intensa en el ascensor, después, volvió a ella la apatía y la lejanía. Pero en ese instante en que con los ojos cerrados llamaba a Parker, dejó que aquel calor fuera a más y por fin pudiera llegar a un orgasmo tan intenso que se asustó. Abrió los ojos mientras una lágrimas recorría la parte externa de sus ojos, se puso de lado y abrazó la almohada.

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6 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 39

  1. ¡Hola, Laura!

    Gracias por comentar. Estoy de acuerdo contigo, creo que a Parker se le está moviendo algo en su interior, además casarse con ella es algo que sorprende a todas. Y que Parker ama a Kristina no hay dudas, hay muchas maneras de demostrar amor y creo que irse de esa reunión dejándola sola es una de ellas.
    Para mí, Kristina es sincera cuando le dice que vaya al cumpleaños de la niña porque en el fondo le gustaría que fuera una fiesta familiar de verdad pero debería respetar la decisión de Parker. ¿Tendremos sorpresa? ¡Tratándose de Kristina todo puede ser!

    Gracias y esta tarde más. Un abrazo

  2. ¡Buenos días, Solete! Gracias por comentar.

    Realmente no me gustaría estar en el pellejo de Parker, porque como bien dices, creo que todos por querer ayudarla la están agobiando. Comparto que darle algún toque de atención está bien para hacerle reaccionar, pero tampoco es cuestión de avasallar, a mí particularmente me ha gustado el de Noah porque creo que el chico le ha hablado desde el corazón, él siente la situación por las dos pero le duele verla a ella como está.
    Referente a la boda, creo que la señora Davis dice algo muy acertado, Parker no necesita casarse con Kristina para que a ésta le vaya bien el negocio pensando en el futuro de Ingrid, ella con su sueldo puede mantener perfectamente a su hija. Por lo tanto la mujer acierta en pensar ¿por qué lo ha hecho Parker? ¿Qué le ha movido realmente a casarse otra vez con Kristina? ¡A cometer esa locura!
    Y hay algo también que me parece importantísimo para que Kristina empiece a reflexionar seriamente, y son las palabras de la psicóloga, ella quiso lo mejor para Parker desde lo que ella creía que era lo mejor, no se paró a pensar que para Paker no era lo que quería. A ver si aprende y madura porque las palabras de Parker sobre que es una malcriada y una caprichosa para mi son muy acertadas. ¿Qué más tendrá que decirle o hacer para que reaccione y la deje tranquila para decidir qué quiere en su vida?
    En el fondo creo que el amor que siente Kristina por Parker es peligroso.

    Sí, por esta semana creo que tengo el cupo repleto de jaquecas. ¡Gracias!

  3. Han sido unos capítulos muy buenos!!! Kris tiene que seguir así, dándole distancia, haciendo su vida su trabajo, su niña y con cuidado no olvidarse de Parker…creo que están empezando a cambiar los papeles, ahora es Parker quien pregunta por la chica con la que sale, es ella la que tiene celos y le da vueltas al coco preguntándose si tienen algo o podían tenerlo más adelante!!! Aunque insista en que debe hacer su vida en el fondo quiere estar con ella pero el miedo la paraliza. Sino a que viene ese beso??? Creo que sí de verdad no quisiera volver con Kris ni siquiera hubiera acompañado a Kris a esa reunión y mucho menos volver a casarse!!! Es de locos por favor!!! Una persona que no ama, ni quiere no aria eso!!!… Yo creo que debería ir al cumpleaños ya no solo por no perderselo ella sino xq la niña notará la presencia de sus madres juntas…daros cuenta como da palmadas cada vez que van a dejarla a casa de Parker o a casa de Kris!!! Se vuelve loca de alegría….un abrazo escritora y danos buenas noticias yaaaaa🙆🙆🙆🙆🙆

  4. Buenas noches Idana,

    Si yo fuese Parker ya me habría ido de esa ciudad, habría cogido a mi hija y me habría largado, a cada paso que da se encuentra con alguien que le dice que tiene que volver con Kristina, es para volverse loca, ¿pueden dejarla que ella solita aclare su cabeza y su corazón? Son cansinos ehhhh… si no es la señora Davis es Úrsula y ya por último su sobrino, que todos lo hacen con su buena intención, sí, pero al final van a conseguir que explote, y como eso ocurra no les arriendo las ganancias.

    Sigo pensando que lo de volver a casarse ha sido una auténtica locura, Parker puede mantener a la niña ella solita, más temprano que tarde se va a arrepentir, si no lo ha hecho ya. Pero le salió su vena irracional, que siempre aparece cuando menos falta hace. Por más que le grité que no lo hiciera, no me hizo caso, que te digo yo que no hacemos carrera con ninguna de las dos.

    Y si no quiere ir al cumpleaños de la niña pues que no vaya, no sería la primera niña de progenitores separados que tiene dos celebraciones. Pero Kristina ahí erre que erre, es agobiante ehhh… por más que le dice que respete sus decisiones, ella a lo suyo, “yo quiero esto y no me importa ni lo que quieran ni lo que digan los demás”, ¿dejará algún día de ser la niña caprichosa que siempre ha sido? ¿Madurará algún día o será una eterna Wendy enamorada de su Peter Pan? Al final Parker la mandará a la M y no porque no la quiera, sino por lo estresante y cansina que es.

    Espero que ya estés mejor de tu jaqueca y como siempre, esperando ansiosamente el próximo capítulo. 😉

  5. ¡Gracias, Alexandra! Uy me ha gustado mucho ese dicho, no lo conocía. Gracias por comentar, vamos paso a paso.

    Un abrazo enorme.

  6. La constancia vence lo que la dicha no alcanza. Linda noche, gracias por este capítulo largo pero muy interesante, deseo te haya quitado la jaqueca y te encuentres mejor. Un abrazo grande.

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