PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 68

La cara de Parker no tenía desperdicio. De pronto, se percató de qué día era y giró su cabeza buscando aquel moderno despertador que estaba en la mesita de noche para encontrarse que era la una y media de la tarde.

—¡Señora Davis! —se disculpó con cara de susto—. Nos hemos dormido es que ha sido una noche muy intensa.

—¡Me hago cargo, hija! Pero os estamos esperando.

—Le juro que no puedo moverme, es más, no siento partes de mi cuerpo y me veo incapaz de levantarme de la cama.

Entonces la carcajada de la señora Davis le llegó con tal intensidad que tuvo que separarse el teléfono de la oreja. Cerró los ojos mientras se ponía la mano en la frente pero una voz que conocía de sobra le hizo levantar la cabeza y abrir los ojos otra vez.

—¿Parker? ¿Qué pasa os estamos esperando?

—¡Alexis!

—Sí, soy yo.

—Ya, ya, ya sé que… —no atinaba con las palabras.

—No sé que le has dicho a la señora Davis pero está próxima al ahogo por la risa.

—Lo siento, Alexis —entonces miró a Kristina que seguía profundamente dormida—. Pero no tengo corazón para despertar a Kristina. Además, yo tampoco estoy en demasiado buen estado.

—Me hago cargo, yo también he tenido mis noches de bodas —dio una carcajada que provocó a Parker mirar el teléfono para asegurarse que era ella—. En fin… descansad, nosotros celebraremos vuestra boda porque bien nos lo merecemos.

—Gracias, por entenderlo.

—La boda anterior secuestraste a Kristina para el convite y celebramos la comida, pues en esta ocasión lo hacemos al revés.

—¡Parker ya no podemos confiar en ti! —le llegó la voz divertida de Molly que le provocó cerrar los ojos con una sonrisa.

—Bueno, te dejo descansar y os estaremos esperando en vuestra casa.

—Gracias…

Antes de colgar escuchó las carcajadas de la señora Davis, la había pillado tan adormilada que sin querer le había confesado la verdad, que no podía moverse. Dejó el teléfono sobre la mesita de noche, suspiró antes de girarse para abrazar a Kristina. Podía imaginar perfectamente a Úrsula llamándola “la fiera” nuevamente en cuanto la viera.

—¡Parker! —susurró Kristina.

—¿Qué cariño?

—No puedo moverme… estoy muerta.

—Y yo…

—No me sueltes.

—No, cariño. Tranquila.

—…..

Lo dijo con el mismo tono repleto de cansancio que Kristina. La abrazó, le dejó un beso en el hombro y aunque trató de entender que le había dicho Kristina en la última frase, le resultó totalmente imposible.

En el restaurante, toda la familia y amigos de la pareja estaban disfrutando de una comida distendida. Ingrid tal como hiciera el día anterior, fue el centro de atención de todos. Y tal como ocurrió el día anterior, las risas fueron las protagonistas. Aprovechando que no estaba la pareja hablaron de los peores momentos para poder saborear mucho más aquellos que estaban viviendo, todos brindaron por el gran amor que se tenían. Compartieron una velada intensa que les acercó como familia para estar al lado de aquellas dos mujeres, que habían superado todas y cada una de las pruebas, que la vida les había ido poniendo desde el día que se conocieron.

—¡Brindemos por Parker y Kristina! Porque tengan una vida llena de amor, paz y felicidad —elevó la copa la señora Davis.

—¡Por Parker y Kristina! —brindaron todos.

En la cama, Parker estaba durmiendo de lado tapada con la sábana hasta el pecho. Algo húmedo recorría su espalda, algo que le provocaba tanto placer que no quería despertar. Soltó un leve gemido que provocó la sonrisa de Kristina que estaba llegando a la base de la nuca donde proporcionó un intenso placer.

—Kris…

—Hola, mi bella durmiente.

Parker sonrió y tras un intenso suspiro se dio la vuelta con cuidado. Se miraron con amor besándose con suavidad.

—No ha sido un sueño… me daba miedo despertar —susurró Parker.

—A mí me ha pasado lo mismo. He abierto los ojos y lo primero que he hecho ha sido tocarte.

—Mi amor… —sonrió con ternura ante aquella frase pero sobre todo ante su mirada repleta de amor.

—No me podía levantar.

—Te entiendo… a mí me está pasando lo mismo. Buenos días.

—No, son buenas tardes. Concretamente, las cinco y cuarto.

—¡Qué! —se sentó de golpe en la cama.

—Mira, no te sientas mal porque hace una hora me he levantado yo —le confesó muerta de risa—. Me he dado una ducha rápida y al bajar para preparar el desayuno me he encontrado con mi móvil ¡no sé que me ha asustado más si ver la hora o las diecisiete llamadas perdidas que tenía!

—¡Ahora qué dices eso! —se mordió el labio inferior mientras la miraba con gesto atónito—. Me ha llamado la señora Davis, le he dicho que no íbamos a comer porque estábamos desfallecidas, le ha dado un ataque de risa. Y seguidamente se ha puesto tu madre, como me ha pillado medio dormida me ha preguntado y ni corta ni perezosa le he dejado claro que ha sido una noche muy intensa de sexo y teníamos agujetas por todo el cuerpo.

—¡No me lo puedo creer! —dio una carcajada mirándola boquiabierta—. Mi amor desde que estás tan desinhibida eres un peligro.

—¡Qué vergüenza!

—¿Por qué? Le has dicho la verdad.

—Ya, Kris, pero… es tu madre.

—¿Y? —elevó los hombros de manera graciosa—. Cariño, mi madre ya asumió hace mucho que tenemos sexo, ¡y mucho! ¡Además ahora eres su nuera favorita!

—No me hagas reír —le cogió la mano—. Me alegra que por fin tu madre no me mire con malos ojos. Más que nada por ti, porque sé lo que significa para ti.

—Pues sí. Soy muy feliz por eso también. ¡Y ahora levanta! ¡Qué me muero de hambre!

—Creo que hicimos una mezcla muy explosiva, tanto champán y sexo…

—Sí, de ahora en adelante tendremos más cuidado a la hora de mezclarlo.

—¡No tienes remedio!

—Te doy diez minutos.

—Se me había olvidado lo mandona que eres.

—¿Yo? ¡Cómo se nota que no has vivido con la señora Davis! ¡Diez minutos!

Salió corriendo de la habitación ante la mirada enamorada y feliz de Parker. Que al levantarse hizo un gesto de dolor que le provocó una carcajada divertida. Se dio una ducha rápida, se puso un conjunto veraniego de pantalón corto y una camiseta roja de verano. Se recogió el pelo en una coleta y bajó con ese gesto de felicidad que ninguna de las dos podía borrar. Cuando bajaba por las escaleras se quedó paralizada. Bajo Kristina con una sonrisa amplia le esperaba con la mesa del comedor decorada, dos velas, un centro de mesa, copas de vino, y unas servilletas rojas con corazones. Parker no salía de su asombro.

—Laura me explicó donde encontrar todo esto —elevó los hombros sonriendo como si así pudiera responder de manera concluyente aquel gesto atónito de Parker—. ¡Ya ves no solo te explicó a ti el mando para entrar el coche!

—¡Kristina es maravilloso! —se acercó a ella dándole un beso en los labios—. Eres extraordinaria.

—Bueno… somos magníficas —la abrazó con fuerza y tras darle unos golpecitos en el trasero le dijo—. ¡A comer!

—¿Lo has preparado tú?

—Sí —sonrisa amplia.

—Desde arriba me llegaba un aroma buenísimo.

—Es que tiene especias —le dijo mientras ponía el vino en su copa—. Y después si te apetece podemos tumbarnos en esas hamacas tan maravillosas Laura me comentó que tiene un equipo de música allí para relajarnos y ver el atardecer.

—¡Pues si que te ha explicado cosas Laura! —la miró con el ceño fruncido.

—Calla, que… he pasado una vergüenza. Brindemos. Por nuestro amor —chocaron con suavidad las copas.

—Por nuestro amor. ¿Y la vergüenza por qué? —le preguntó tras beber.

—Después de todo lo mal que la traté —Parker dio una carcajada—. De verdad… qué vergüenza.

—Pues a mí aunque no lo creas después del cabreo inicial me encantó que le dijeras que eras mi mujer.

—¿De verdad? —sonrió mientras le ponía a Parker en su plato un trozo de asado.

—Sí. Al principio me enfadé mucho.

—No me lo recuerdes —le dio el plato con la verdura asada por encima.

—Gracias, mi amor —Kristina sonrió—. Pero después del enfado me gustó pensar que seguía siendo para ti tu mujer.

—Siempre lo has sido.

—Y tú para mí. Aunque te aseguro que me costó un poco reconocer ese sentimiento porque mi cabeza se negaba una y otra vez. Pero… ya pasó. Y ahora vamos a brindar porque un día tengamos una casa tan maravillosa como esta donde poder disfrutar de la felicidad de la que hablamos anoche con el universo.

—¡Por nuestra felicidad! —volvieron a chocar las copas.

Dieron un trago y comenzaron a comer. Sin embargo, a Kristina había algo que no paraba de darle vueltas en la cabeza y quiso zanjar el tema consigo misma, porque a partir de ese momento todas las dudas que se presentaran en ella las compartiría con Parker.

—Ahora que dices esto, Parker… te habrá costado un buen dinero la boda porque el lugar era impresionante.

—No te preocupes, cariño. Me pagaron el adelanto del ensayo. Y con eso más la ayuda de Laura que me ha facilitado muchas cosas he podido hacerlo. Además tenía algo ahorrado.

—Yo…

—Tú no —zanjó fulminantemente su respuesta mientras la apuntaba con el tenedor y gesto muy serio—. Este ha sido mi regalo. Tú tendrás que buscar otro —mostró un gesto radiante.

—¡Eso está hecho!

Se dieron un beso mientras hablaban de lo rica que le había salido la comida a Kristina, se dieron una tregua para poder degustar bien a gusto aquel asado. Después, tal y como Kristina había dicho, se prepararon un café y salieron a la tumbonas. Pero a pesar de haber dos, se acoplaron juntas en una. Pusieron música suave mientras se acariciaban con ternura.

—Hay otra cosa que no paro de darle vueltas, Parker.

—Dime.

—¿Y el trabajo? Me dijiste que la mejor biblioteca para trabajar era la de Los Ángeles.

—Y lo es. ¡Me he pasado tantas horas allí para poder adelantar la investigación que los trabajadores me traían café! —le dijo sonriendo—. Me decían ¿usted no tiene casa?

—Cariño… —la miró con gesto preocupado porque podía imaginar el esfuerzo—. Entre eso y todo lo que has preparado esta semana voy a cuidarte, mimarte y no voy a dejar que hagas ningún esfuerzo.

—Eso me compensa —le dijo sonriendo mientras la abrazaba—. No fue un esfuerzo porque sabía que tenía la recompensa de volver a casa con mi mujer y mi hija.

—Te quiero, Parker. Es lo único que sé decir.

—Pues me dices mucho, yo también te quiero. Oye…

—¿Qué?

—¿En algún momento se nos irá la tontería? ¿O nos vamos a quedar para siempre así? —la pregunta fue acompañada por un gesto simpático que le creaba dudas.

—Yo quiero quedarme así. ¿Tú no? —respondió sin poder dejar de sonreír.

—No me importaría, pero vamos… puedo ver a Úrsula burlándose de mí sin parar.

—¡Ah me encantó eso de la fiera! —dio una carcajada.

—Es de lo que no hay. Pero tengo mucha suerte de tenerla de amiga.

—Sí. Es un encanto.

Entonces hubo un pequeño silencio entre las dos que se cubrió con caricias lentas que recorrieron la piel de una y otra. Miradas que expresaban el más puro amor. Hasta que el cansancio les llevó a dormirse. Ambas sentían que aquel momento de paz era tan intenso que sus corazones vibraban emocionados.

Y desde aquel momento, todo lo que vino durante la semana fueron cosas maravillosas que disfrutaron juntas. Paseos por la playa por la mañana, alguno por la tarde y otros por la noche tras cenar en algún restaurante. También hubo momentos distendidos en los que fueron a bailar, a tomar alguna copa. Molly les enviaba fotos de Ingrid a las nueve de la noche, esa hora dejaban todo lo que pudieran estar haciendo para deleitarse con las fotos de su pequeña. Disfrutaron de algún amanecer en la piscina, de muchos atardeceres metidas en la bañera. Se conjugaron para no olvidarse de disfrutar de sus momentos de pasión y Kristina cumplió con su promesa de mimarla, cuidarla y amarla. La tarde antes de volverse, arreglaron la casa, a pesar que Laura les había asegurado que irían a limpiar. Retiraron la basura y dejaron el frigorífico vacío. Aquella última noche cenaron en un restaurante cercano con vistas al mar. Después, una vez en casa, subieron entre besos y arrumacos una botella de champán hasta el cuarto de baño, pusieron el hilo musical y se metieron en la bañera juntas y abrazadas. Aquella bañera estaba situada estratégicamente para poder ver la luna sobre el mar. Kristina se había encargado de llenar el cuarto de velas que provocaron en Parker un suspiro de felicidad. Estaba tumbada con Kristina sobre ella, había cruzado los brazos sobre el pecho de Kristina que rozaba con la yema de los dedos su piel.

—Menos mal que el avión sale por la tarde —sonrió Parker llenando nuevamente las copas.

—Sí. Lo que aún no sé es como cambiaste los billetes y no me di cuenta.

—Lo hizo Lucas.

—¡Oh es un máquina en todas esas cosas!

—Sí. Noah va a ser muy feliz a su lado.

Guardaron silencio mientras Mozart sonaba de música de fondo.

—Parker.

—Dime, cariño.

—Después de todo lo que ha pasado, ¿seguimos con nuestros planes o has pensado otra cosa?

—¿A qué te refieres?

Kristina se despegó de su cuerpo dándose la vuelta, pasó sus piernas por encima de las de Parker y la miró con cierta preocupación.

—Me refiero a que no quiero cometer el mismo error, me gustaría tener un hijo, darle un hermano a Ingrid.

—Me parece genial —le sonrió—. Siempre fue lo que quisimos ¿no?

—Sí —con aquella respuesta borró de su cara la preocupación—. Pero sin prisas.

—Cuando tú te veas en condiciones, cuando te apetezca.

—Me hace feliz pensar que sigues queriendo lo mismo.

—Claro que lo quiero, mi amor. Estoy convencida que nuestra vida va a ser maravillosa, y en tu caso podemos tener más paciencia.

—No vuelvas a decir lo de la edad, por favor —su tono fue serio.

—Kris… cuando dijiste que nuestra próxima boda sería dentro de veinticinco años, pensé en como estaríamos y… no sé…

—Parker te amo por encima de cualquier cosa irrelevante como la edad. Te lo dije siempre, te lo vuelvo a decir. Te amo ahora, te he amado como a nadie y te seguiré amando dentro de veinticinco, treinta o cuantos más años mejor. Porque si algo me ha sucedido con todo esto, es que cuando decías que estaba obsesionada contigo, quizá tenías razón, podía parecerte que por encima de todo quería volver contigo, pero mi amor, te veía y sentía que te amaba, que no te podía perder. Era un sentimiento que me oprimía el corazón

—Lo sé, cuando dije eso no lo pensaba del todo. Sí que a veces me plateaba si había sido un capricho para ti, incluso ir en contra de tu madre para estar a mi lado quizá fue un motivo para lanzarte a esta aventura. Pero sé lo que quieres decir. A mí me pasaba lo mismo, cuando te veía en la playa pensaba y, sé que no es racional, que eras mía de alguna manera, mi corazón gritaba tu nombre y solo sentía ese amor tan potente por ti.

—¿Y no te ha pasado que ha sido como creer en algún momento que no puedes amar más y sin embargo, darte cuenta que estás ahora más enamorada que antes?

—Sí, me ha pasado —rió divertida—. Mientras estábamos con los votos pensaba, ¡Dios cómo puedo quererla tanto!

—¡A mí me pasaba igual! —soltó también una carcajada acompañada rodeando el cuello de Parker y besándola en la mejilla.

—Kris… —la besó en los labios mirándola con ese gesto de adoración que mantenía cuando la miraba—. El amor que sentimos te aseguro que no pensé que existía.

—Lo sé. Pero lo sentimos, es fuerte porque no ha dejado que nos perdamos la una a la otra.

—Es cierto. Como dijo la señora Davis el amor que tenemos en nuestro corazón durante todo este tiempo llevaba el timón de nuestra vida para no naufragar.

—¡Menos mal que no nos escucha nadie! —dijo muy seria.

—Seríamos el hazme reír —la besó.

—Sin duda —volvió a besarla.

—Este será nuestro secreto —insistió en perderse en sus labios.

—Te quiero —profundizó su ataque a lo labios de Kristina.

—Parker… —musitó al librarse de su boca sedienta—. Me vuelves loca.

El avión acababa de llegar a Eugene. Estaban como locas por ver a Ingrid. Aunque estaban seguras que iban a tener que soportar las risas y los chistes de Úrsula, la señora Davis y Molly. Pero estaban preparadas para ello. Al abrirse la puerta por la que salían, se encontraron en seguida con Molly que llevaba en brazos a Ingrid. Las dos expresaron su alegría al ver a su hija que movió el oso panda al aire. La niña se echó a los brazos de las dos ante la sonrisa de Molly.

—¡Mi niña! ¡Mi amor! —le decía Parker mientras la besaba.

—¡Mamá! ¡Mami!

Las dos se miraron y dieron una carcajada, Molly les explicó que se había pasado la semana enseñándole esas dos palabras ante los coscorrones de la señora Davis. Los abrazos con Alexis y la señora Davis fueron intensos.

—¡Por fin en casa, Parker! ¡Menudos seis meses más rápidos se han pasado, eh! —le decía la señora Davis mientras la abrazaba.

—¡Señora Davis! —fue lo único que pudo decir ante su carcajada.

—Mamá… ¿qué tal habéis estado en casa?

—Muy bien, cariño. La niña es un amor.

—Sí, se parece mucho a Parker —lo dijo mirándola.

—¡Alexis! —la saludó Parker.

—¡Qué tal Parker! —le dio dos besos ante la sonrisa de Kristina y la sorpresa de Parker.

—Bien. Ya teníamos ganas de ver a Ingrid.

—No me extraña es un amor de niña.

Salieron del aeropuerto mientras Molly iba del brazo de su hermana haciéndole preguntas en voz baja que desataban las carcajadas de Kristina. Parker llevaba a la niña y se mostraba encantada hablando con la señora Davis y Alexis. Se las llevaron a cenar. Y cuando por fin llegaron a casa las dos suspiraron con un gran alivio.

—¡Hogar dulce hogar! —susurró Parker feliz.

—¡Qué ganas tenía de venir! ¡Y más ganas tenía la señora Davis de perderme de vista! ¡Mira que traer todas mis cosas!

—Eso ha sido muy divertido —dijo dando una carcajada mientras acariciaba a Ilsa.

—Voy a acostar a Ingrid que está rendida, pobre. Vamos, Ilsa.

—Sí, espera que preparo el pañal.

La cambiaron entre las dos aunque la niña no hizo ningún amago de despertarse. La miraban embobadas con una sonrisa feliz en los labios. Kristina la dejó en la cuna y se cogió a la cintura de Parker quien le rodeó los hombros dejándole un beso en la sien.

—Que felicidad —susurró Parker.

—Sí —la miró y le dejó un beso en los labios que hizo suspirar a Parker—. Será mejor que nos vayamos a la cama nosotras también.

—Estoy de acuerdo.

La primera que terminó fue Kristina que se había sentado en la cama con la espalda apoyada sobre el cabezal. Miraba la habitación como si fuera la primera vez que estuviera allí. Entonces entró Parker poniéndose la crema en las manos. Aquel gesto provocó una sonrisa amplia en Kristina.

—¿De qué te ríes? —le preguntó sonriendo.

—¡Cuánto echaba de menos verte así!

—¡Ay Kristina!

—Estás tan sexy —la miraba suspirando.

—¡Qué ganas tenía de no dormir sola sin ti! —se sentó como ella acercándose mientras entrelazaban sus dedos—. Se me hacía tan duro.

—Ya no vas a dormir nunca más sola.

—¡Eso espero! —le dio un beso en la sien—. Deberíamos dormir.

—¿Sabes una cosa? —se acoplaron en la cama Kristina se puso sobre el pecho de Parker quién la estrechó con fuerza—. Hemos estado de lujo en aquella mansión, pero te aseguro que nada comparado con este momento, estar en nuestra casa otra vez juntas en nuestra cama.

—Es cierto. Volver a la calidez de nuestro hogar, a lo que hemos construido juntas.

—¿Recuerdas nuestra primera cena aquí? —ambas dieron una carcajada—. Creo que no he tenido una cena tan maravillosa como aquella.

—¡Es cierto! Aquella pizza en el sofá. Yo recuerdo con mucho cariño cuando pintamos la casa.

—También. ¡Lo que nos reímos!

—Sí, me hacía muy feliz verte tan feliz junto a mí después de todo lo que había pasado.

—Siempre me has hecho feliz, Parker. Hasta en los peores momentos pensar contigo me tranquilizaba.

—Es bueno saberlo. Dame un beso —se besaron y Parker le sonrió con la dulzura reflejada en su rostro—. Te quiero, Kristina. No lo olvides nunca.

2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 68

  1. ¡Gracias, Laura! Gracias por comentar.

    Sí, a ver qué tal si lo consiguen o no.

    Un abrazo fuerte, amiga.

  2. Precioso se lo merecen!!!! Pronto te veo contando la versión de Kris como nueva mamá!!! Ajajajjajajaja yo no digo nada😋😋😏😶…que pena que esté llegando el final….un abrazo amiga

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