PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 69

UN AÑO DESPUÉS

El sol comenzaba a entrar en la habitación de Parker y Kristina que dormían abrazadas. Kristina estrechaba el cuerpo de Parker y su mano derecha entrelazada con la mano izquierda de Parker. Cuando el despertador sonó, Kristina como siempre renegó. Y Parker con una mano que iba dando golpecitos por la mesita de noche al contactar con él logró silenciarlo.

—Buenos días, mi amor…

—No quiero levantarme… —susurró Kristina estrechando su cuerpo nuevamente.

—¡Hay que hacerlo! Tenemos un día por delante muy intenso.

—¡Es verdad! ¡Felicidades, cariño! —se subió sobre ella y empezó a besarla ante sus risas.

—Felicidades. Un año de nuestra última boda.

—¡Un maravilloso año! ¿Verdad?

—Sí.

—¡Mamá! ¡Mami!

—La niña nos reclama. Ya vamos, Ingrid —se separó del cuerpo de Parker no sin antes darle un beso.

—Te quiero, Kris.

—Y yo.

Lo dijo con una sonrisa brillante y una mirada repleta de ese amor del que tanto hablaban.

Aquel año para la pareja había sido muy intenso. Parker había trabajado duro con su ensayo que seis meses después de la boda sacó al mercado con un éxito rotundo. Recorrió todas las universidades del país ganándose un prestigio que la hacía ser una de las docentes más importantes. Era una referente de la materia. Sus conferencias siempre llenaban los diferentes recintos donde se daban. La única condición que puso para hacer aquel maratón fue que iría acompañada por su mujer y su hija. Laura que la conocía y sabía lo importante que eran para ella, antes incluso de que lo pidiera ya lo había incluido en el contrato. Ganó tanto dinero que se veía realmente desbordada. Tuvo que hacer entrevistas en la radio, la televisión y las mujeres escritoras que para ella eran tan importantes, cobraron vida para muchas otras personas gracias a su trabajo. Por su parte, para Kristina el año fue una gran locura. Lograron levantar la cooperativa donde se trabajaba a destajo. Gracias a su profesionalidad, la ferretería fue abriéndose paso y convirtiéndose en una de las principales en todo el estado de Oregón. Había tal demanda de sus famosos tornillos Davis, que Lucas tuvo que incorporar un ayudante. Además de contratar a cuatro trabajadores más, todos ellos amigos de Andrew a quienes les ayudaron a salir de las calles, de la pobreza. Al principio Kristina dudó si aquellos dos hombres y dos mujeres se acoplarían pero Parker le dijo que les diera una oportunidad, y así lo hizo consiguiendo un grupo de trabajo unido, donde Linda se había convertido en una gran jefa. Las reformas llegaron también a la parte de atención al publico. Su negocio se convirtió en un lugar cercano como lo habían sido antaño los comercios del barrio, aquella esencia que le dijo la señora Davis no podía perderse, la llevó a cabo logrando que su ferretería fuera la más famosa de la ciudad, y en la que llegaban a comprar de todos los barrios. Aunque eran pioneros en envíos a domicilio. El negocio era tan próspero, que todos estaban ganando dinero, Kristina atraía la abundancia para ella y para su entorno. Como le decía divertido Noah.

Aquel día de su aniversario, Lucas y Noah se habían ofrecido para cuidar a Ingrid y que la pareja saliera a cenar. Parker había conseguido entradas para ver una obra de teatro que a Kristina le hacía mucha ilusión y pudieron disfrutar de una hermosa y romántica velada. Después del teatro se pasaron a tomar unas copas en el pub que siempre recordarían por la locura desatada entre ambas en aquel reservado. Allí coincidieron con Caroline y su novia que después de muchos intentos parecía que habían conseguido una relación equilibrada. Disfrutaron de una charla animada, de bailes románticos y después de un paseo bajo la luna hasta casa. Toda la fama de Parker y toda la fama en el barrio de Kristina no les había hecho cambiar nada, seguían siendo las mismas en voz de la señora Davis, seguían siendo las mismas ñoñas incapaces de dejar de mirarse con ese amor que salía a borbotones por sus ojos. Aquella noche en la cama abrazadas sentían que esos cuatro años que llevaban juntas a pesar del tiempo separadas, había sido para cada una el mejor de sus vidas.

—¿Parker… duermes?

—No. Estoy tan bien así… —susurró mientras acariciaba lentamente la espalda desnuda de Kristina.

—Soy muy feliz.

—Y yo.

—Te quiero, mi Parker.

—Te quiero, mi Kristina —y ambas sonrieron estrechándose más entre sus brazos.

Durante la semana Parker llevaba a Ingrid al parque para jugar con sus amigos, Kristina salía de trabajar y acudía allí con ellas. Pasaban un rato divertido y juntas se marchaba a casa. A veces, pasaban por casa de la señora Davis y la mujer las invitaba a cenar, o lo hacían al contrario ella iba a casa de la pareja a cenar. Seguían teniendo esa relación estrecha y cercana. Además a Kristina le gustaba hacer rabiar a la señora Davis y se pasaba todo el rato llamando mi amor, cariño, mi vida, mi cielo a Parker con lo que acababa la señora Davis explotando ante tanto cariño.

Sin embargo, aquel día que había sido como todos los anteriores al final fue distinto. Una vez cenaron Kristina preparó el té de rigor y se sentaron en el sofá para ver una película. Estaban abrazadas pero Kristina no paraba de moverse en el sofá. Cuando terminó, Parker apagó la televisión y Kristina se separó de su hombro para levantarse e irse a la cama.

—Espera, cariño —la detuvo Parker—. ¿Quieres decirme algo?

—Sí. ¿Tanto se me nota? —Parker enarcó las cejas mostrando un gesto de que era más que evidente—. Vale, a ver, te lo iba a decir en la cama pero bueno… Verás es que hoy cuando he llegado al parque y he visto a Ingrid jugar tan feliz con los demás niños, he sentido algo extraño en mí.

—Me he dado cuenta —le sonrió.

—¿Crees que es buen momento para que tratemos de tener otro hijo?

—Me parece —la cogió acercándola—… Me parece que es el mejor momento si para ti lo es.

—No sé… es que… no paro de darle vueltas —decía con una sonrisa feliz.

—Pues entonces, ¡adelante! Ingrid será muy feliz porque le encanta jugar con sus amigos del parque, imagínate con una hermanita o hermanito.

—¿Lo hacemos entonces? —exclamó Kristina feliz sonriendo de oreja a oreja.

—¡Lo hacemos!

Se abrazaron felices por la decisión que habían tomado. Las cosas entre ellas iban mejor que nunca, la niña crecía sin problemas era una cría adorable que tenía la ternura y simpatía de Parker, y el trabajo para las dos estaba siendo de lo más fructífero. Cuando Kristina se metió en la cama, Parker estaba leyendo. La miró sin dejar de sonreír, se sentía tan afortunada de la vida que tenía a su lado, le encantaba aquella mujer. Se sentó cogiendo ella también su libro y durante un rato le dedicaban tiempo a la lectura. Parker cerró el libro y se quitó las gafas dejándolas sobre la mesita de noche. Aun disponía de un mes de vacaciones. Kristina al verla la imitó, se sentó de lado mirándola mientras Parker suspiraba.

—¿Puedo pedirte una cosa?

—Claro, Kris.

—Le he estado dando vueltas a una posibilidad, no sé si recuerdas que nos la propuso la doctora cuando estuvimos con el tema de Ingrid.

—Dime.

—¿Qué te parecería que esta vez lo hagamos conjuntamente? —Parker enarcó las cejas con gesto sorprendido—. Quiero decir, tú donas el ovulo y yo me quedo embarazada. Sé que para eso tenemos que tratarnos las dos, y que a ti las hormonas te sentaron fatal.

—¡Era una llorona andante! —dio una carcajada acompañada por la risa de Kristina—. Pero me parece una idea maravillosa.

—¿De verdad? —se acercó a ella mirándola con infinito cariño.

—Sí. Si la doctora cree que lo podemos hacer me parece algo maravilloso.

—¿Aunque tengas que volver a pasar por quirófano?

—Sí, cariño. No me importa.

—¡Genial! Mañana a primera hora llamo para que nos dé visita.

—¡De acuerdo! Madre mía las dos con hormonas…

—Tendremos que avisar a la señora Davis, es capaz de dejarnos un contenedor de pañuelos para los lloros —decía riéndose mientras arrancaba la carcajada de Parker—. ¡Gracias, mi amor por hacerme feliz!

—Gracias a ti por pensar en ello. Buenas noches.

—Buenas noches.

Al día siguiente con toda la ilusión del mundo, Kristina reservó cita. Cuando colgó el teléfono, entró Noah. Le llamó la atención verla como si estuviera en estado de shock. Pero con una sonrisa que le hacía presagiar que fuera lo que fuera, era algo bueno.

—No me asustes, Kristina.

—Noah, ¡vas a volver a ser tío! ¿Qué te parece?

—¿Me lo estás diciendo de verdad? ¡Estás embarazada! —él sabía que Kristina tenía ganas de tener un hijo.

—Mañana tengo hora para empezar con el tratamiento.

—¡Eso es lo mejor que he escuchado en mucho tiempo!

—¿Qué pasa? —preguntó Linda al oír los gritos de Noah de felicidad.

—¡Voy a ser tío otra vez! —le dijo feliz.

—¿De verdad? —miró a Kristina.

—Sí, Linda.

—Enhorabuena. Me alegro mucho.

—Eso sí, os pido un poco de paciencia porque vamos a tener que medicarnos las dos.

—¿Vais a hacerlo conjuntamente? —preguntó Linda sonriendo.

—Sí.

—¡Que gesto más maravilloso! —susurró Linda.

—¡Pero tú no eres la que no cree en el amor! —le reprochó Noah con una gran sonrisa.

—Una cosa es no creer en el amor, pero otra muy diferente, es esta noticia que me parece de lo más maravilloso que la ciencia ha podido crear.

—¡Voy a llorar! Yo también quiero ser padre —lo dijo emocionado.

—¡Algún día! —respondió Kristina.

—¡Oh no! Este el momento en que me retiro.

Los dos se abrazaron realmente felices.

Mientras esto pasaba en la ferretería, Parker había quedado con la señora Davis y Úrsula para tomar un café con esos ricos muffins de chocolate en su cocina. Aquella reunión se había instaurado como la de Las chicas de oro. Y aunque nada tenían que ver con la que desencadenó todo, siempre encontraban una excusa para reunirse.

—Kristina me ha propuesto que le done un ovulo para quedarse embarazada —lo dijo con nerviosismo.

—¡Eso es maravilloso! —exclamó Úrsula.

—¡Que bonito! ¡Por si no es suficiente con una, las dos con hormonas! —protestó la señora Davis.

—¡Anda eso se me había pasado por alto! —respondió Úrsula ante la carcajada de Parker.

—Bueno antes de que os dé un infarto ante la noticia, tendré primero que tener posibilidad de hacerlo.

—¡Oh, Parker! —la miró seria Úrsula—. ¿Qué tratas de decir?

—Úrsula han pasado casi tres años desde que me quedé embarazada, no quiero ni pensar que me digan que no puedo hacerlo. Primero porque me encanta la idea, segundo porque sé que Kristina está ilusionada con la posibilidad.

—No pongas la tirita antes de hacerte la herida, Parker.

—Lo sé, señora Davis. Pero… no puedo evitar ponerme nerviosa.

—Todo va a ir bien, te cuidas, haces ejercicio, tienes una alimentación equilibrada…

—Mucho sexo que eso también ayuda.

—¡Señora Davis! —le llamó la atención con una sonrisa.

—¿Qué? ¡Eso es muy bueno!

—Solo espero que lo podamos hacer —dijo finalmente tras negar con la cabeza y poner gesto divertido por las palabras de la señosa Davis—. Sé la ilusión que tiene Kristina en utilizar este método. Deberíais verla ¡tiene su reloj biológico loco! —dio una carcajada.

—¡Solo os faltan las hormonas! ¡¡Ten en cuenta algo, querida Parker!! —Parker la miró seria y Úrsula sonriente—. El sexo adelgaza y os veo en los huesos en nada…

La carcajada de las tres resonó de un modo intenso en la cocina, aunque el teléfono de Parker hizo que bajaran el tono, Kristina estaba allí.

—Dime, cariño —la señora Davis puso los ojos en blanco.

—¡¡Mañana a las once tenemos cita en la clínica!! —le dijo desbordada de felicidad.

—¡Estupendo! —sonrió.

—Tengo muchas ganas, mi amor. Todo va a ir bien. No quiero que te preocupes por nada.

—Claro, no estoy preocupada —Úrsula y la señora Davis movieron graciosamente las manos lo que provocó que se le escapara una sonrisa a Parker.

—¿De qué te ríes? —le preguntó Kristina desconcertada.

—Tengo delante a la señora Davis y a Úrsula… te lo puedes imaginar.

—Totalmente —esta vez la que sonrió alegre fue ella—. Pues te dejo con ellas… ¿Qué tal, Ingrid?

—Bien, está aquí con nosotras jugando. Hasta ahora, mi amor.

—¿No os cansáis de tanto mi amor?

—¡Señora Davis espero no cansarme nunca!

Al día siguiente, Parker pasó por casa de la señora Davis para dejarle a Ingrid. Tras aguantar los consejos de la mujer salió hacia la ferretería. Llegó con los nervios a flor de piel para recoger a Kristina. Cada vez que Parker llegaba a la ferretería se encontraba con la alegría de todos al verla.

—¡Parker necesito que escribas más ensayos! Me he leído todo lo escrito por Virginia Woolf.

—Gracias, Linda

—¿Qué será lo próximo? —le preguntaba divertida.

—No lo sé. De momento, te recomendaría a Simone de Beauvoir.

—Vale.

—En mi casa tengo todos sus libros si quieres puedes pasarte y cogerlos.

—¡Cariño ya estoy aquí! —apareció sonriente Kristina.

—Gracias, Parker.

—De nada.

—¡Chicas, suerte! ¡Que os vaya todo muy bien! —les dijo Linda con una sonrisa.

—¡Parker! —apareció Noah abrazándola ante la sonrisa de Kristina—. Soy muy feliz de ver lo felices que sois.

—Gracias, cariño —le dijo a su sobrino—. Bueno… vamos a ver que nos dicen.

—¡Que sois las mejores madres! ¡Qué os van a decir!

Las dos sonrieron ante la alegría de Noah. Al salir se besaron. Subieron al coche y Parker condujo hasta la clínica. Aparcaron en el parking y cuando fueron a bajar del coche Kristina cogió del brazo a su mujer.

—Espera —le dijo mirándola fijamente—. Pase lo que pase, soy muy feliz con nuestra familia.

—¿Qué quieres decir, Kristina? —la miró sin entender muy bien porqué decía aquello.

—Porque hoy he pensado… ¿y si yo no puedo quedarme embarazada? ¡Después de todo lo que me pasó cuando… bueno ya sabes… digamos que… me da miedo no poder!

—Kristina aquello pasó, recuerda que te hiciste una revisión y no había nada mal.

—Pero era una revisión rutinaria —la miró con cierto temor.

—A ver —se puso de lado como ella, le cogió las dos manos mirándola fijamente—. Pase lo que pase ahí dentro soy muy feliz. Podemos tener otro hijo o no, si lo tenemos será maravilloso, si no lo tenemos seguirá siendo igual de maravilloso que ahora. Por lo tanto, relájate no pienses que van a decirte que no puedes. Solo relájate. ¿De acuerdo?

—Por esto te quiero tanto, porque siempre consigues que pierda el miedo.

—Eso es lo que te pasa, es lo que tienes, miedo. Igual que lo tuve yo cuando vinimos a tratarnos. Y todo fue bien, lo mismo va a pasar ahora. ¿Vale?

—Sí, mi amor. Sí.

Salieron del coche convencidas de que todo iba a ir bien. Se cogieron de la mano y entraron en la clínica. Al verlas la chica de recepción salió y les dio dos besos. Después de los saludos entraron en la sala de espera. A pesar de decirle a Kristina que estuviera tranquila, Parker se encontraba con los nervios disparados. Pero no quería mostrarle su preocupación. De vez en cuando se miraban y sonreían. Hasta que la doctora las hizo pasar.

—¡Qué alegría veros por aquí! ¡Mis chica favoritas! —las saludó la doctora Russon con todo el cariño que realmente sentía por ellas.

—Muchas gracias, eso está muy bien —dijo Parker.

—Bueno… pues vosotras diréis.

Kristina le explicó lo que habían pensado. La mujer las escuchaba atentamente y sonreía porque a pesar del tiempo que había pasado, seguía viendo en ellas el mismo amor cada vez que se cruzaban una mirada. En aquel momento decidió hacer una revisión a las dos. Primero pasó Parker y conociendo su forma de ser antes de cambiarse le habló.

—Parker, tranquila… estoy segura que no vas a tener ningún problema.

—Eso espero porque Kristina está muy ilusionada.

—Ya la he visto —sonrió—. Pero quiero que te tranquilices a mí no me engañas.

—Sí, estoy atacada —aceptó con una sonrisa.

—Así no puedo hacerte una exploración. Necesito que te relajes.

Y con su ayuda, Parker finalmente se relajó.

Cuando terminó fue el turno de Kristina. Quien se mostraba nerviosa y no paraba de hacerle preguntas a la doctora que reía divertida.

—¡Tranquila, Kristina! Deja de preocuparte por Parker, vamos a ver como estás tú y después hablamos.

—¿Estoy bien?

—Solo te he puesto el gel, Kristina —la miró con gesto divertido.

—Lo siento. Estoy nerviosa.

—No me había dado cuenta.

Una vez finalizó el estudio que les hizo a las dos. Se reunió con ellas. Como siempre había ocurrido desde el principio que las conoció fue totalmente sincera.

—Chicas, lo vamos a intentar sabéis que el tema de la edad de Parker puede afectar en sus óvulos, aunque yo estoy segura que con la dosis que te voy a dar de hormona lograremos que todo salga bien. Si se necesitara más de una vez intentarlo lo haríamos. En principio os he visto bien a las dos. Lo que si quiero que os quede muy claro es que este método puede llevar a cabo más de un embrión. ¿Sois conscientes de ello?

—Sí, sí hemos estado estudiando todas las posibilidades —dijo Parker.

—Las dos estáis bien, no hay nada que me haga dudar de que vamos a lograrlo. Empezaremos por ti Parker. Esta vez van a ser inyecciones lo normal son entre diez y doce días, yo voy a darte quince días.

—Está bien —aceptó tras un suspiro mientras Kristina le daba la mano.

—Haremos revisiones ecográficas y en cuanto sea el momento te haremos una punción ovárica. Tendrás que estar ingresada unas horas después.

—No hay problema.

—¿No hay riesgos verdad? —preguntó preocupada Kristina.

—Por eso te he mirado, sabía que me lo ibas a preguntar —sonrieron las tres—. No, no los hay. La sedación es muy suave y en cuanto se despierte puede irse a casa.

—Tranquila, Kristina, será como la otra vez.

—Después será le turno de Kristina. Tomarás las hormonas y cuando los embriones estén listos te haremos una implantación embrionaria. Después en un plazo de quince días sabremos si ha salido bien o no. Insisto, es posible que a la primera no salga bien, acordaros de la otra vez.

—Va a salir bien —dijo segura Kristina apretando la mano de Parker.

—Estupendo, pero mentalizaros por si acaso.

—Tranquila, lo haremos.

—¡Muy bien! Pues vamos a ponernos en marcha.

Veinte días después de la visita médica, Parker ingresaba en la clínica para someterse a la punción. En la sala de espera, Kristina se mostraba nerviosa no podía evitarlo. Cuando por fin le dijeron que pasara a la sala donde estaba acostada hasta que se terminara de despertar, lo hizo con los nervios a flor de piel. Al verla con los ojos cerrados le cogió la mano y la besó.

—¿Kristina?

—Sí, cariño soy yo. Ya está.

—Tengo un colocón enorme —susurró.

—Tranquila, mi amor, ya te va a ir pasando —sonrió divertida. Parker trató de abrir los ojos—. Descansa. No trates de despertarte ya. Poco a poco.

A la media hora por fin Parker empezó a poder hablar en condiciones y abrir los ojos. Kristina estuvo pendiente de ella hasta que por fin la doctora entró y tras asegurarse de que estaba bien la mandó a casa.

Al llegar, Úrsula, la señora Davis y Noah la estaban esperando.

—¿Qué tal ha ido? —preguntó preocupada la señora Davis.

—Bien, señora Davis. ¡Espero ver esa preocupación cuando me toque a mí!

—¡Ya estamos! —protestó divertida Úrsula—. ¿Cómo te encuentras, cariño?

—Bien, bien. Tengo un poco de molestia pero puedo resistirlo.

—¿De verdad estás bien, estás muy pálida? —preguntó Noah preocupado.

—¡Menos mal que tú no tienes que pasar por esto, muchacho! —le riñó la señora Davis.

—Estoy bien, Noah, mañana estaré como nueva —le acarició la cara con cariño.

—¿Kristina cuándo empiezas tú?

—Ya tengo las pastillas.

—¡Miedo me da! —susurró la señora Davis.

—¡Y a mí! —respondió Parker.

—Sí porque una de las cosas que me van a provocar es excitación —le guiñó el ojo a la señora Davis mientras se mordía el labio.

—Parker, cariño… ¿Tú estás segura de esto?

Y con la pregunta de la señora Davis el ambiente de preocupación por ver a Parker un tanto dolorida se fue relajando.

Por la noche en la cama, Kristina la tapó y le quitó las gafas porque se había quedado dormida. Se quedó mirándola con una sonrisa en los labios. Se acostó tras apagar la luz. Lo hizo con cuidado de no despertarla, pero entonces Parker al notar que se metía en la cama la buscó para abrazarla.

—Buenas noches, cariño —susurró Parker.

—Buenas noches, dulces sueños.

Habían pasado diez días desde que Parker se hiciera la punción. Kristina había sufrido todos los efectos de las hormonas y Parker las consecuencias, aunque ella se mostraba la mar de feliz. Les habían citado para hacer la transferencia embrionaria. Aquella mañana ambas estaban radiantes aunque también nerviosas. Cuando sonó el timbre Parker se dirigió a abrir.

—Buenos días, Alexis.

—Buenos días, Parker —se dieron dos besos en la mejilla que se había quedado como costumbre entre las dos—. Kristina, hija.

—¡Hola, mamá! —la abrazó con fuerza.

—¿Cómo estáis? Aparte de nerviosas y fueras de sí.

—Ilusionadas —respondió Parker.

—Así me gusta. ¡Venga yo me quedo con mi nieta! Kristina relajada no estés nerviosa ¿de acuerdo?

—Sí, sí mamá. No estoy nerviosa. Estoy muy feliz.

Alexis había llegado para estar con ellas ese día, para toda la familia Davis que Kristina fuera a quedarse embarazada era una felicidad. Pero Alexis quiso vivirlo en primera persona.

—¡Suerte, cariño! —la animó Alexis.

Parker sonrió ante el gesto de su suegra. Se pusieron los abrigos y salieron hasta el coche bajo una gran nevada. En la clínica aquella transferencia fue de lo más rápido. Kristina aseguró que no se había enterado. Pasaron a la consulta de la doctora que las veía tan felices que no podía dejar de sonreír.

—Todo ha ido bien, así que, dentro de quince días te haces la prueba si quieres en casa o si prefieres esperar a venir a la consulta… eso os lo dejo a vuestra elección.

—Creo que será mejor hacer la prueba en casa.

—¡Todos lo hacéis! Chicas, todo va salir bien, no os preocupéis de nada.

Salieron felices de la clínica, cogidas de la mano y con una sonrisa amplia que mostraba que la vida nuevamente podía cambiarles para mejor.

El día de saber el resultado llegó. Decidieron verlo en casa, juntas con Ingrid. Estaban las tres en el cuarto de baño esperando que aquel signo positivo apareciera.

—Kristina, tranquila.

—Te quiero, Parker —la abrazó sin poder evitar emocionarse.

—Yo también.

—Mami —dijo Ingrid.

—Sí, cariño a ti también te quiero. Parker es tan especial este momento.

—Lo sé, mi amor. Estoy muy nerviosa.

—¡Y yo! —gritó alegre.

—¡Ya, ya puedes mirar! —le dijo ansiosa.

Kristina suspiró con cuidado, y miró aquel aparato que debía darle la mayor alegría de su vida después del embarazo de Parker. Lo cogió entre sus manos y su gesto fue de impacto. Abrió la boca y de los ojos cayeron dos lágrimas que provocaron en Parker un sentimiento de desconcierto.

—¿Qué pasa, Kris?

—Que… que… ¡qué estoy embarazada! ¡Estamos embarazadas! —exclamó rompiendo a llorar.

—¡Dios mío!

La sonrisa y emoción se reflejó en ambas. Se abrazaron mientras Kristina no podía evitar llorar de felicidad, y Parker sonreír mientras le besaba con todo su amor.

6 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 69

  1. Hermosa familia que van Formando.. Un hermanit@ para ingrid 😍..

    Gracias por seguir con esta historia donde con cada capítulo que escribes vas logranfo desbordar diversos sentimientos.. Es maravilloso que a través de tus palabras se puedan sentir.
    Un abrazo fuerte..A una Gran Escritora.!🤗

    Aunque no quiero que llegue a su fin 😣 no se podría seguir contando hasta que Parker y kristina sean abuelas… Jaja ☺️

  2. Siii por eso te digo que me siento muy identificada con ellas….tema boda, niños, una mayor que la otra…!!! Me encanta y la leeré muchas veces tenlo por seguro!!! Un beso enorme gracias x ser como eres solete😘😘😘

  3. Buenos días, Laura. Parece que esta historia y la vuestra va de la mano. Ojalá seáis tan felices como ellas, estoy segura de que será así.
    Gracias por comentar. Un abrazo para las dos. 🤗😘

  4. Que momentazo!!!! Madremia….nosotras estamos también con el tratamiento para ser mamas y si todo sale bien en un par de meses estaremos embarazadas!!! Jolines me siento muy muy identificada con ellas!!! La boda, el bebé…..que ilusión…!!!! Eres una gran escritora!!! Fenomena!!! Un abrazo querida amiga

  5. Buenas noches, Alexandra.

    Bueno, te cuento que quedan dos capítulos para terminar. Y la verdad que me sorprende que justamente ahora que la historia ha llegado a un trayecto tranquilo y que se puede disfrutar del amor de las dos, haya descendido el número de visitas. Me sorprende. Igual como dije ayer quizá haya demasiado amor.
    Me alegro que te haya gustado este pequeño homenaje a ese sentimiento por el que las dos lucharon tanto.

    Un abrazo enorme. Y mil gracias.

  6. Holaaa

    nuevamente yo je je je

    Buenas tardes querida escritora deseo de todo corazón te encuentres mejor de tu jaqueca. Te cuento que ya me da miedo abrir el correo al momento que llega el capítulo y miedo porque de pronto este escrito en el encabezado capítulo final Heridas en el corazón y allí si que vas herir mi corazón y me da mucha tristeza. Sé que todo tiene su final y luego tendré que reprogramarme me va a costar mucho porque cuando estaba por llegar la hora de nuevo capítulo diario las mariposa en el etómago no paran. Ja ja ja como siempre te digo suena una locura pero es verdad. ¡ay! escritora si que eres grande eres crak así como dices de Parker, Gracias por estos momentos y esperando que el embarazo de Kris sea de lo mejor, qué chevere la familia va pronto a creer Ingrid con un hermanito o hermanita muy muy lindos capítulos.

    Un fuerte abrazo, bueno tambien te mando un beso grandooooote.

    Bye

    ________________________________

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