PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. Cap. 70

Hoy quiero daros las gracias porque sigo asombrada de ver el cariño que le estáis dando a mi historia. Además, hoy hemos llegado a una cifra redonda de visitas a los dos fics. Sin duda, Parker y Kristina se lo merecen.

100.000 VISITAS. 100.000 GRACIAS DE TODO CORAZÓN

El primer fin de semana que las Davis pudieron volar a Eugene llegaron con la felicidad en sus rostros, abrazos con Kristina y Parker, emociones a flor de piel que mostraron sin pudor. Durante los dos días que compartieron con la pareja fueron momentos inolvidables en los que les quedó la inmensa tranquilidad de verlas tan unidas. Aquel fin de semana además, decidieron invitar a todos a una gran cena. Allí estuvieron Úrsula y su marido, Caroline y su novia, Noah, Lucas, Linda, la señora Davis con Andrew y los demás trabajadores de la ferretería que se habían incorporado como miembros de la familia. Por supuesto las Davis que se mostraban de lo más felices por su hermana. Fue una noche inolvidable para todos. Cuando llegó la hora de brindar, algo que para esta familia era indispensable hacer, el encargado en hacer el brindis ante la ausencia de Sonny fue Noah.

—¡Un momento de atención, por favor! —dijo poniéndose en pie—. Quiero que todos y todas cogáis vuestras copas, y que acompañéis la mía para brindar por estas dos hermosas mujeres por dentro y por fuera, porque son ejemplo para mí por muchos motivos que no voy a enumerar entre otras cosas porque me gano la bronca de Linda y la señora Davis —la risa fue generalizada entre todos—. Pero sí quiero deciros que os quiero muchísimo y hoy es un día muy especial para brindar por ese nuevo niño.

—¡Niña! —le corrigió Kristina.

—Perdón, por esa nueva niña que estoy seguro va a ser para todos una locura como ya lo es Ingrid. Porque va a tener dos madres maravillosas y una familia que la va a adorar. ¡Por la pequeña!

—¡Por ella!

DOS MESES DESPUÉS

El despertador sonó como todas las mañanas a las siete. Parker se removió en la cama y buscó a Kristina. Pero entonces le llegó como las últimas mañanas de esa semana un sonido desde el lavabo.

—¡Oh, Kris! —se levantó corriendo y la vio salir con cara ojerosa.

—¡Ay Parker!

—Ven… vamos a la cama.

—Madre mía —la llevaba cogida porque le fallaban las piernas.

—Mi amor, vamos —la ayudó a acostarse. La tapó mirándola con cierta lastima—. Voy a prepararte una manzanilla que te ayude un poco a asentar ese estómago.

Salió hasta la cocina y volvió con gesto preocupado. No llevaba un embarazo fácil. Las mañanas eran un calvario y a Parker le preocupaba porque a veces se quedaba tan mal que no podía ir a trabajar hasta muy entrada la mañana.

—Toma, mi amor —le dio la taza.

—¡Espero que pase pronto! —bebió con cuidado.

—Ya te dijo la doctora que estarías así los primeros meses —le acarició la cabeza dejando un beso en ella. Tras un suspiro le dijo—. Yo también espero que esto acabe.

—Bueno, miraré el lado positivo.

—¿Cuál? —le sonrió feliz.

—Tus mimos, y lo bien que me cuidas.

—¡Ay Kristina, Kristina! —le había cogido la mano mirándola con cariño—. No te lo bebas muy deprisa no sea peor.

—Tengo que ir a trabajar.

—Si te recuperas sí. Quédate un momento así tranquila. Hoy no tengo que ir a la universidad y puedo cuidarte.

—Suena muy bien —dijo metiéndose en la cama.

Parker sonrió. Se quedó allí con ella hasta que pareció dormirse. Quitó la taza y fue a prepararse el desayuno. La niña se levantaría pronto y tendría que estar pendiente de ella. Cogió su taza de café y fue hasta la habitación, se sentó en la cama para estar pendiente de Kristina. No le gustaba dejarla sola cuando se ponía en ese estado.

—Parker —murmuró Kristina.

—Estoy aquí. Descansa.

—No te vayas —le susurró mientras le cogía la mano.

—No me voy, cariño.

—¿No estaré así los nueve meses, verdad?

—Claro que no —sonrió con cierta tristeza al verla tan abatida.

—Menos mal…

—De todos modos, si tuvieras que estar así yo estaría a tu lado —le acariciaba el pelo con suavidad.

—¡Ay! Eso es un gran alivio —suspiró de modo sonoro.

—¡Todo pasará, Kristina! Estas angustias se irán, ya lo verás.

Aquel mismo día, cuando Kristina se recuperó se dispuso a marcharse a trabajar. Y cuando Parker no trabajaba ella y la niña la acompañaban hasta la ferretería. La dejaban en la puerta con todos los mimos que podían darle y la veían entrar. Aquel día cuando Parker se iba, Kristina la llamó.

—¡Por favor que no se te olvide el chocolate negro!

—¿Un antojo? —le preguntó con tono burlón.

—¡Sí y soy feliz de tenerlo! —sonrió ampliamente.

—¿No te parece que es un poco pronto para tenerlos? ¿No me estarás haciendo trampas, no? —la miraba sonriente.

—¡Te quiero!

—Anda, vamos Ingrid, que a tu mami le está gustando esto de tener todos los días antojos.

—¡No te olvides, eh! —insistió sonriendo.

Al llegar a casa, Parker recibió una llamada. La atendió gratamente sorprendida. La noticia que acababan de darle le hizo ilusión, pero estaba convencida que a quien más ilusión le haría sería a Kristina. Al rato de volver, se presentó Úrsula. Tras los besos de rigor a Ingrid se tomaron un café bien caliente.

—¡Menudo frío hace aquí! ¡No me acostumbro!

—Es complicado acostumbrarse a estas temperaturas —respondió Parker sonriendo.

—¿Cómo va todo?

—Bueno, estoy un poco preocupada porque Kristina sigue con vómitos y mareos.

—Es normal, Parker.

—Lo sé, pero me preocupa verla tan mal por las mañanas es increíble.

—Me hago una idea, a mí me pasó con John. ¡Se pasa tan mal! ¿Y por lo demás? ¿Sabes el otro día me preguntaba James si de verdad eráis tan felices como parecíais? ¿Si no tendríais problemas o discusiones?

—¡Pobre James!

—Sí, le cuesta entenderlo —sonrió divertida—. Aunque os adora ¿eh?

—Lo sé. Bueno tenemos nuestras disputas como todo el mundo, Kristina no es la misma pero a veces saca su carácter cuando quiere algo y acabamos discutiendo. Pero hemos aprendido a discutir también yo también tengo mis días malos.

—Eso es muy importante. Porque como yo le digo a James cuando discutimos y él se calla, así no solucionamos los problemas.

—Sí. Eso es malísimo.

—¡Y claro tú tienes cara de buena pero un carácter de aupa!

—¡Oye! —le protestó dando una carcajada.

—Es verdad, yo te he visto enfadada y sé como te las gastas. ¡Y Kristina también! Por eso te pregunto. Yo os veo felices y sé que estáis muy conectadas pero sin discusiones la vida es hasta aburrida.

—¿Sabes una cosa, Úrsula? Creo que hemos aprendido la lección hablamos mucho, cuando hay alguna duda de algo tratamos de hablar de ello. Nos fue muy bien la terapia de pareja, descubrimos un montón de cosas que desconocíamos la una de la otra.

—Creo que voy a llevar a James a una de ellas.

—Te lo recomiendo.

—¡Ay, amiga mía! Que feliz soy de veros así. Os envidio. En la próxima vida me pido ser lesbiana.

Las risas fueron considerables. Pero Parker tenía razón su relación era buena pero no por ello no tenían problemas o discusiones, y más compartiendo su vida con alguien como Kristina que a pesar de haber mejorado mucho, seguía teniendo esa impulsividad que a veces le seguía gastando malas pasadas. Pero sin duda, la relación había mejorado muchísimo tras la ayuda de la psicóloga. Ellas habían puesto todo de su parte porque así fuera. Los fines de semana siempre hacían cosas juntas. Se iban con la niña de excursión, a veces cogían el coche, una maleta y salían para quedarse a dormir en cualquier pueblo de montaña que tanto les gustaba a las dos. Los sábados que no salían, iban a la playa para ver surfear a Kristina hasta que se quedó embarazada, entonces mientras el tiempo se lo permitió iban para que la niña disfrutara del mar. Aunque con el duro invierno, habían decidido ir a hacer visitas turísticas a otros lugares cercanos. La niña crecía en un ambiente sano y tranquilo porque las dos habían decidido que debían manejar la relación delante de la pequeña para que fuera feliz. Y lo conseguían, también Ilsa hacía un trabajo maravilloso con el cuidado de Ingrid. Eran una familia que todos los días trataba de luchar porque ese día fuera el mejor de sus vidas. Sin mirar hacia delante, sin mirar hacía detrás disfrutando el día a día.

A la hora de la comida, Kristina llegó muerta de cansancio y sueño. Por mucho que trataba de disimularlo llevaba un embarazo complicado. Parker solía tener preparada la comida cuando coincidían y ese día, además, debía contarle algo interesante. La oyó entrar porque siempre la llamaba desde la puerta, además porque Ilsa salía corriendo a recibirla. Parker la avisaba donde estaba y se reunía con ella. Al llegar a la cocina, se abrazó a Parker que la estrechó con fuerza mientras le dejaba besos en la sien.

—¡En toda mi vida he tenido un sueño como el que tengo ahora! —susurró en el pecho de Parker.

—¡Bueno, cariño come y te recuestas un rato!

—¡Me he quedado dormida en el despacho! —le dijo con cara de pena mientras Parker daba una carcajada—. En serio… ¡a ti esto no te pasaba!

—No, es cierto. Pero cada una tenemos un embarazo diferente. ¡A mí recuerda que me daba por comer!

—¡Como olvidarlo! —dio una risotada feliz.

—Vamos a comer. Tengo algo que contarte.

Kristina se quedó mirando a Parker que le sonrió. No le hizo falta preguntar si era bueno o malo porque con la mirada ya le dejó entre ver que era una buena noticia. La niña se abrazó a las piernas de Kristina llamándola con esa sonrisa que la pequeña siempre estaba dispuesta a regalar. La cogió en brazos dándole todos los besos sonoros del mundo que era algo que arrancaba las carcajadas de Ingrid.

—¡Espero que siga dejándose hacer esto cuando crezca! —le decía feliz Kristina.

—Yo también lo espero. Tendrías que haberla visto hoy con el juego que le compramos de los animales, increíble la rapidez con la que sabe emparejarlos.

—¡Es tan lista como su madre! —miró a Parker embobada.

—¡Bueno vamos a comer! Ingrid a tu silla.

—Ve, mi amor luego jugamos.

Sentó a la niña mientras Kristina le ponía la comida. Después, repartió en los platos la de ellas, aquel día había preparado verdura para el estómago de Kristina y sopas muy ligeras.

—¿Qué tienes que decirme? —le preguntó Kristina nada más sentarse.

—Me ha llamado Laura.

—¡Qué bueno! ¿Y cómo está? —se puso agua que era lo que su estómago le permitía beber.

—Muy bien, ya sabes, con mucho trabajo y con tiempo para nada. Me ha propuesto hacer otro libro.

—¡Cariño eso es genial! —sonrió feliz.

—Bueno… lo es pero… estando tú embarazada… —mostró un gesto de duda.

—¡Parker! —le advirtió mirándola seria

—No sé cariño, no me veo escribiendo y después hacer una gira como la que hice que fue agotadora estando tú así porque no me podrás acompañar.

—Parker, esto ya lo hemos vivido antes ¿recuerdas? Y no voy a permitir que no lo hagas es tu pasión. ¿De qué sería esta vez?

—De las escritoras feministas.

—¡Oh y más eso! Mira cariño, desde que el mundo es mundo las mujeres embarazadas siguen con las tareas, los trabajos, y la vida cotidiana, ¡no voy a ser yo la primera en no hacerlo!

—¿Desde que el mundo es mundo, eh?

—Eso es —le entregó una sonrisa amplia.

—Pues te recuerdo que en mi embarazo no me dejaste hacer casi nada —le apuntó con el tenedor.

—¡Pero eso era diferente!

—No veo la diferencia.

—Porque eras tú y tenía que cuidarte. No, en serio, Parker. Quiero que escribas ese libro.

—La verdad que tengo mucho temario porque era uno de mis proyectos hacer un ensayo sobre este tema, hay escritoras que no creerías que sus obras escondían entramados feministas.

—¡Me encanta con la pasión que hablas de tu trabajo! ¡Como no me iba a enamorar!

—¡Ay, Kris, Kris!

—¿Podrías acabarlo antes de que nazca nuestra peque?

—Kristina puede que sea un peque.

—Puede, pero vamos a darle una hermanita a Ingrid para que se lo pase genial, mírate a ti y mírame a mí. Hemos tenido hermanas y es lo mejor del mundo. Pero no nos desviemos. Sigue contándome.

—Podría traer a casa los libros que necesito de la biblioteca y trabajar aquí. No quiero que estés sola con Ingrid.

—Bien es una buena posibilidad. ¡Qué rica está la sopa, cariño! —le decía cerrando los ojos mostrándole un placer intenso.

—Me alegro que te guste —sonrió.

—¡Pues ya está habla con Laura y dile que lo vas a hacer!

—Si me esfuerzo podría acabar antes de que des a luz, desde luego después no pienso hacer otra cosa que no sea cuidarte. Porque desde que el mundo es mundo, a las mujeres recién paridas hay que cuidarlas con mucho amor.

—¡Te he dicho que te quiero! —le guiñó un ojo graciosamente.

Por las noches antes de dormirse les gustaba imaginarse como sería la pequeña. A Parker le gustaba acariciar la barriga de Kristina aunque aquello suponía que desatara en ella la pasión y tuvieran noches intensas. Una de aquellas noches después de caer rendidas en la cama, Parker le hizo una pregunta que provocó en Kristina una pequeña duda.

—Cariño… ¿has pensado en el nombre que vamos a ponerle a la niña?

—¡No! ¡Puedes creerte que no he pensado en eso!

—Bueno, no pasa nada.

—¿Por qué no he pensado en eso? —se sentó en la cama—. ¿No será un mal presagio, verdad?

—Kristina… ¿qué dices? —la miró agotada.

—Pues que estoy embarazada de dos meses y no he pensado en el nombre.

—A ver, cariño. Yo tampoco he pensado en eso. No es ningún mal presagio.

—¡Estoy tan susceptible!

—Ven aquí —Kristina se apoyó sobre su pecho—. Relájate todo va a ir bien, la doctora Russon dice que todo está perfecto, así que, no pienses en malos presagios ni nada de eso. Vas a ser una gran madre como lo eres de Ingrid. Y esa niña va a estar muy bien cuidada en ti.

—Perdona, Parker. Es que no sé… a veces me noto muy rara.

—Te entiendo —sonrió—. Te recuerdo que tus hormonas están un tanto revueltas.

—Sí… —entonces su mano apretó el pecho de Parker que se mordió el labio—. Mucho…

La carcajada de Parker le provocó en ella una gran sonrisa antes de deslizarse sobre su piel desnuda.

Había pasado una semana desde aquella noche, no volvieron a hablar del tema del nombre del bebé. Parker había aceptado el proyecto y Laura les hizo una visita para tener una reunión con la universidad que iba a apoyar su nuevo trabajo. Estuvo un par de días y antes de irse decidió hablar con Parker en una improvisada reunión en la cafetería del aeropuerto.

—Me alegro mucho de veros así, yo que fui testigo de como estabais, me asombra ver este cambio.

—La verdad que desde que nos conocimos siempre fuimos así, esto era lo habitual entre nosotras —sonrió feliz Parker.

—Verás Parker… quiero decirte algo. Ahora tienes un nombre en el ambiente literario. Tu trabajo no puede ser mediocre —la miraba fijamente.

—¿Por qué me dices eso? ¿Acaso piensas que no lo sé?

—¡Sé que lo sabes! ¡Y sé que eres muy profesional y vas a escribir un ensayo que va a ser tan exitoso como el anterior! Pero… necesito que te centres, con Kristina embarazada sé que vas a estar pendiente de ella y no quiero que te distraigas.

—Laura, desde que el mundo es mundo las mujeres han estado embarazadas y nada se ha detenido alrededor —le dijo enarcando una ceja con una sonrisa en los labios al recordar a Kristina decirle aquello.

—¡Está bien! ¡Espero de verdad que sea así! Tienes la posibilidad de hacer una obra que sea potente, yo creo en ti ¿de acuerdo?

—Sí, claro.

—Dicho esto ¡espero que todo vaya genial! Y que esa niña que insiste Kristina sea una bendición para vosotras.

—Gracias, Laura.

—Pero debía decirte esto ¿lo entiendes?

—Sí. No te preocupes por nada, te iré enviando el material. ¡Y gracias por confiar en mí!

—Eres de las mejores escritoras que he tenido en la editorial y no solo porque escribes de miedo, si no porque eres una gran profesional que ama su trabajo.

—Gracias.

Al regresar a casa, le comentó aquella charla con Laura. Estaban tomando su té de rigor sentadas en el sofá tapadas con una manta.

—Tiene razón, cariño. Ahora eres una gran escritora.

—Kris… —la miró negando con la cabeza de modo gracioso.

—Es verdad, debes centrarte yo estoy bien. Parece que van remitiendo los vómitos.

—Sí, es cierto pero aún así voy a trabajar en casa.

—Ahora que dices eso, tendremos que pensar en cómo vamos a distribuir la habitación para las dos.

—Tienes razón —suspiró—. Yo también le estoy dando vueltas a la cabeza. El primer año no habrá problema pero luego…

—Tenemos tiempo pero es algo que no podemos dejarlo pasar.

—Ven aquí —Kristina se apoyó en su pecho mientras Parker se tumbaba sobre el respaldo y se tapaban con la manta—. Adoro este momento del día.

—Yo también. Me encanta estar refugiada así contigo.

—¿Ya has pensado en el nombre de la niña? —le dijo mirándola con una sonrisa.

—Pues no he pensando mucho en ello.

—Esta vez le toca llevar alguno de tu familia.

—¿Has pensando algo tú?

—¿Qué te parece Samantha Molly?

—¡Oh se mueren! —dio riéndose.

—Me parecería muy justo. Tú quisiste que Ingrid llevará el nombre de mi madre por lo que significó para mí, creo que tus hermanas Davis significan mucho en ti.

—La verdad que sí —sonrió aunque se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Vas a llorar?

—Creo que sí.

—A ver que puedo hacer para evitarlo.

Dicho esto la ayudó a darse la vuelta y que se subiera sobre ella. Le retiró las lágrimas con cariño mirándola intensamente mientras las dos suspiraban.

Había pasado una semana y Parker ya estaba empezando a trabajar en el proyecto. A Kristina los vómitos le habían remitido bastante aunque aún había algún episodio en ella. Aquella mañana concretamente se había levantado bastante bien y con buen ánimo. Desayunaron juntas y como llovía aquel día no la acompañaron como era costumbre.

—¡Trabaja mucho, mi amor! —besó a Parker antes de irse.

—Y tú ten cuidado con la lluvia, por favor.

—Sí.

—Te quiero, Kris —la besó sonriendo.

—Yo también. Disfruta de tu mañana con la señora Woolf.

—¡Trato hecho!

—Tienes a Linda enamorada de la señora Beauvoir. Todos los días que llego me pregunta si ya he podido leerte.

—¡Quién nos iba a decir que con lo poco enamoradiza que es le iban a gustar todas estas historias de amor!

—Yo creo que en el fondo lo hace por chinchar a Noah —sonrió—. Bueno me voy. Te quiero. Ingrid mami se va —la niña llegó hasta ella que la cogió en brazos besándola mientras la pequeña le dejaba besos también—. Te quiero mi princesita.

—Que tengas buena mañana, mi amor —le besó Parker y la acompañó hasta la puerta.

Bajo una lluvia intensa, Kristina salió a paso ligero. Parker cerró la puerta y se fue con la pequeña hasta el comedor. Suspiró porque se le hacía un tanto difícil trabajar en aquellas condiciones. La niña era más mayor y requería más atención por su parte. Y el espacio para escribir no era el mejor. Pero no podía perder tiempo porque aunque le habían dicho que en cuatro meses podía terminarlo, ella quería hacerlo mucho antes. Sobre la mesa había libros que eran suyos y libros de la biblioteca, apuntes y folios por doquier.

—Ven mi amor, ponte aquí a pintar con mamá. Eso es.

—Mamá pinta.

—Sí, cariño yo también voy a pintar —sonreía por la manera que tenía de hablar.

Estaba trabajando cuando oyó la puerta de casa, se sobresaltó porque la única que podía entrar era Kristina y hacia escasa media hora que se había ido.

—¡Parker no pasa nada soy yo! —entró avisándola.

—¡Qué susto me has dado! ¿Estás bien?

—Sí, sí… ven corre siéntate tengo una noticia ¡que no es una noticia es un notición!

—¿Qué pasa?

—¡Mami yo quero… mami!

—Sí, ven cariño —Parker cogió a la niña y la llevó con Kristina que se estaba secando el pelo—. ¿Qué pasa?

—¿Tú recuerdas que dijimos que queríamos vivir en una casa de lujo?

—Sí —sonrió con dudas mirándola frunciendo ella frente.

—¡Pues lo vamos a hacer! Iba a entrar a la ferretería y me ha saludado la señora Lewis. Es la mujer que trabaja en el museo, nos dio varias veces entradas para ver exposiciones ¿lo recuerdas?

—Sí, sí claro su marido es anticuario.

—Exacto. Me ha dicho que quería hablar conmigo porque se marchan a vivir a Europa y quieren vender la casa —entonces la miró con una sonrisa traviesa en los labios y le dijo—. Y nos la han ofrecido a nosotras.

—¡Cómo! —respondió seria.

—Sí, es obvio que si alguien puede comprar esa mansión somos nosotras.

—Pero Kristina… irnos de aquí…

—Parker está en la misma calle que vive la señora Davis —la miró un tanto extrañada por su reacción. No esperaba su seriedad—. ¿No te parece una buena ocasión para cambiar de casa? Estamos en el mismo barrio, Ingrid seguiría con sus amigos del parque.

—Irnos de aquí… —susurró con algo de pena.

—A ver mi amor, la otra noche lo hablamos, recuerdas que tú misma dijiste que tu hermana y tú teníais problemas porque la habitación es pequeña… además, necesitas un despacho para poder trabajar no así en estas condiciones, tienes que tener tu espacio para concentrarte. Debes tener en cuenta que vamos a ser uno más.

—Sí, sí… si tienes razón pero…

—No te estoy diciendo que vayamos a vender esta casa, este es nuestro hogar —le acarició la cara—. Podemos tenerlo como nuestro nidito de amor —le sonrió divertida—. No quiero deshacerme de esta casa, Parker. Es solo que necesitamos algo más grande.

—Tienes razón, Kristina. Perdona. No sé… me has pillado tan de improvisto.

—Sé que teníamos que haber hablado de cambiarnos de casa y verlo las dos juntas con calma, pero es una oportunidad maravillosa que no podemos perder. Tiene jardín en la parte de detrás y una piscina. Además me ha dicho que nos dejarían los muebles, y la casa está en perfecto estado porque ellos a penas estaban ahí. Tiene cinco habitaciones, y en el sótano un estudio perfectamente aislado con una pantalla de cine. ¡Te das cuenta! ¡Una pantalla de cine! ¡Te imaginas poder ver a nuestra querida Audrey en nuestra propia casa en esa pantalla!

—¡Kristina no será demasiado para nosotras! —la miraba sonriendo.

—No. Nos lo merecemos.

—De eso no tengo dudas… —exhaló un profundo suspiro y dijo dando una palmada sobre sus muslos—. ¡Vamos a ver esa casa! ¿Cuándo podemos ir?

—Ahora, por eso he vuelto.

—¿Ahora?

—Sí y sé que me vas a decir que soy impulsiva, pero mi vida esta vez no he sido yo —levantó las manos de manera simpática—. Ha sido el universo.

—Pues vamos a ver esa casa ahora.

—¡Sí mi amor! —la abrazó feliz.

Salieron con el coche las tres. Al llegar la señora Lewis y su marido las estaban esperando. Eran una pareja de mediana edad que se mostraron encantados de poder tratar con ella la venta de su hogar. Las invitaron a un té y estuvieron charlando amablemente. La señora Lewis le aseguró a Parker haber comprado su libro y haber disfrutado de su lectura. Parker agradeció sus palabras y Kristina le sonrió feliz. Vieron la casa que era espectacular. Tenía un comedor amplio independiente de la cocina que era muy parecida a la que disfrutaron en la casa de Santa Mónica. En aquella planta había una habitación para invitados y una pequeña sala donde podían tener perfectamente una sala de juegos para las niñas, eso dijo Kristina. En el piso superior se encontraba la habitación de matrimonio que tenía un gran vestidor y un cuarto de baño. Ambas se cruzaron una mirada de asombro y una sonrisa que mostraba que les estaba gustando. En el otro lado de la casa se encontraban las otras tres habitaciones, una de ellas era un despacho moderno con todas las comodidades de las que podían disfrutar. Con un gran ventanal que hacía la estancia tremendamente luminosa. El despacho y las habitaciones daban a la parte trasera donde estaba el jardín con cinco grandes árboles. Además del silencio la visión era espectacular.

—Me encanta —susurró Parker.

—¡Y a mí!

Bajaron al sótano, había una pequeña cocina y una gran sala con un sofá un equipo de música, un equipo de cine, y una mesa de billar. Había un cuarto de baño y una pequeña zona donde se encontraba un gimnasio.

Salieron al jardín y había un cenador con una gran mesa y sillas, así como una gran barbacoa y unos sofás con una mesa más pequeña. Parker y Kristina se cruzaban miradas de asombro. Desde luego la casa poco tenía que envidiar a la que estuvieron en Santa Mónica.

La pareja les dijo el precio por el que salía a la venta y les dieron unas horas para pensarlo antes de ponerla a la venta ya que tenían algo de prisa. Parker y Kristina les agradecieron que pensaran en ellas para la compra y se marcharon con el compromiso de pensar bien si podían optar al precio. Una vez estaban en casa hicieron cuentas con una ilusión desmedida. Aquella casa era realmente un hogar impresionante que a pesar de todo lo lujosa que podía ser tenía una esencia de sencillez en los muebles, cortinas y demás que les encantó.

—Parker, no hay que pensar nada nos ha encantado a las dos. Es una casa funcional totalmente. Es perfecta para nosotras. Las niñas pueden tener su habitación individual, tú un despacho maravilloso, ¡tenemos billar! —dijo sonriendo.

—No me recuerdes el billar —respondió porque la última vez que tuvieran cerca un billar el final de la partida fue apoteósico.

—¡Vamos! —dio una gran carcajada.

—¿A ti te gusta la casa, Kris?

—¿Me lo preguntas en serio? ¡Me encanta! ¿Y a ti?

—Me parece increíble.

—Podemos pagarla. Y vamos a ser muy felices en esa casa. Porque tendremos la misma calidez que tenemos aquí.

—De eso no tengo duda, maestra Zen —le susurró besándola—. Porque quien provoca esa calidez somos nosotras, Ingrid e Ilsa.

—¿La compramos? —la miró sonriendo.

—Sí.

—¡Bien! —gritó de jubiló abrazándose a ella con total amor—. Vamos a ser inmensamente felices allí.

—Por supuesto que sí, allí o donde sea mientras nos tengamos la una a la otra.

—¡Te quiero, Parker! Te quiero muchísimo —le dijo mirándola fijamente a los ojos.

—Yo también.

Arreglaron los papeles para comprar la casa con la ayuda de Raquel. La compra se hizo muy rápida y la pareja no dijo nada a nadie porque les querían dar una sorpresa. El fin de semana siguiente llegaba Alexis, Sonny y sus hermanas. Además Susan iba a estar esa semana allí en Eugene y les pareció buen momento para celebrarlo con todos.

Llegó el día de la revisión de Kristina con la doctora Russon. Parker aquel día trabajaba en la universidad, y fue Kristina quien llevó a la niña con la señora Davis.

—¡Buenos días, señora Davis!

—Kristina ¡debería haber ido yo a por la niña!

—No hace falta no pasa nada, me encuentro bien.

—Ven a darme dos besos.

—¡Oiga que la embarazada ya empieza a parecer usted, eh! —la abrazó con fuerza.

—Parece mentira, Kristina. ¡Qué feliz soy!

—Me alegro.

—Oye… hablando de todo. Parker tiene cara de cansada, ¡a ver si aflojas, eh!

—No puedo señora Davis estoy desatada —le decía mientras se comía una magdalena—. El sexo y hambre se me está yendo de las manos.

—Pobre Parker…

—¡Oh pobre Parker! —exclamó burlona—. Ha visto que guapa está…

—¡Bueno! —dijo con voz cantarina.

—Si es que… es tan guapa, me tiene loquita…

—No sé nota nada, querida.

—¡Me voy! ¿Tiene más magdalenas para el camino?

Recogió a Parker en la universidad. Y se marcharon a la clínica. Kristina estaba tumbada en la camilla mientras Parker estaba a su lado cogiéndole de la mano. Era uno de esos momentos que les encantaba compartir. Aquel día iban a saber que Kristina llevaba en sus entrañas una niña. Se miraban divertidas y con ganas de disfrutar de los sonidos del latido del corazón de su hija.

—¿Preparadas?

—Sé que va a ser niña, doctora.

—¡Bueno en ese caso te lo confirmo! ¿No?

—Sí —sonrió ampliamente.

—Cuando Kristina se propone una cosa, siempre la consigue, doctora.

—¡Qué me vas a decir a mí! —sonrió porque si algo recordaba del embarazo de Parker era el embarazo que pasó Kristina preocupada por su mujer—. Vamos allá.

—Va a ser niña —susurró Kristina mientras Parker le sonreía.

—Pues… me temo… sí… me temo que esta vez no te has salido con la tuya, Kristina.

—¿Es niño? —preguntó Parker con cara feliz.

—Son dos niñas.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s