PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. FINAL

Gracias por habernos acompañado. Hasta aquí llegó la historia que espero cuando pase el tiempo os haya quedado algo en vuestro corazón.

Hoy no puedo escribir más pero sí siento la necesidad de despedirme de esta historia como se merece. Y es explicando el proceso de la misma y lo que ha significado para mí.

Gracias a todas y todos. Pero en especial, gracias a Parker y Kristina.

En el parking de aquella clínica, sentadas en el interior del coche, Parker y Kristina se habían quedado totalmente atónitas. No habían sido capaces de hablar del tema tan solo se habían cogido la mano mirándose con cariño. Pero una vez estuvieron solas tampoco pudieron reaccionar.

—Dos niñas… —susurró Kristina por fin.

—Sí, dos.

—¿Y qué vamos a hacer, Parker?

—Pues lo mismo que si viniera una niña.

Parker miró a Kristina que mantenía una mezcla en su rostro de incertidumbre y miedo. Miraba al frente como si en la pared blanca que tenían delante del coche estuviera la solución a su pregunta. Tal fue la situación que Parker comenzó a reírse, al principio lo hacía tímidamente pero al final explotó en una carcajada que provocó la mirada de Kristina casi fuera de sí, pero entonces como siempre lograba Parker en ella, comenzó a reírse también.

—Kristina pides con tanta fuerza las cosas al universo que esta vez te ha concedido el deseo doble.

—¡Parker! —la riñó sonriendo.

—Cariño… —Parker le cogió la mano con una sonrisa tierna marcada en sus labios—. ¡Qué vamos a hacer! Pues criar a las dos niñas con todo nuestro amor.

—Menos mal que nos hemos comprado la casa —susurró tratando de calmarse.

—Pues sí, menos mal —volvió a dar una carcajada.

—¡No sé como puedes estar así de traquila! Va a ser el doble en todo, el doble de trabajo, el doble de responsabilidad, el doble de…

—Amor —le dio con delicadeza pero de manera definitiva.

Kristina la miró. Su tono de voz la había envuelto empujándola a la ternura.

—Es cierto. Parker… doy gracias por tenerte a mi lado siempre consigues que se me pase el miedo.

—Mi amor, esto sabíamos que podía pasar. Míralo por el lado bueno, tú querías tres hijos pues los vamos a tener y no vas a necesitar otro embarazo.

—Por eso me encuentro tan mal —susurró con la mirada perdida sobre el salpicadero del coche.

—Eso sí —le cogió la barbilla obligándola a que la mirara—. Es lo único que me sabe mal de todo esta maravilla de tener a dos Kristinitas correteando por la casa, que el embarazo te haga sentir mal. Pero voy a estar a tu lado, cariño. Además, vamos a tener el apoyo de todos, mi amor.

—¿De verdad te hace ilusión tener dos mini Kristina? —Parker dio una carcajada y la besó. Kristina sonrió.

—¿Tú qué crees? Si te amo con todas mis fuerzas.

—Bueno, lo mejor es que serán mellizas y espero que al menos una se parezca a ti y así no te vuelvas loca —dio una carcajada.

—Mi vida, pase lo que pase, estamos juntas que es lo más importante. ¿De acuerdo?

—Visto así…

—¡Además teníamos dos nombres que poner! Ahora cada una llevará uno.

—¡Te admiro siempre ves la botella medio llena! —le dijo Kristina besándola esta vez ella—. Te quiero.

—Venga vamos a casa…

—¿Quieres que le digamos algo a la señora Davis?

—Como quieras… pero si este fin de semana vamos a inaugurar la casa podemos decirlo allí con todos.

—De acuerdo, mejor, porque si se lo decimos a ella sola, esta noche no duerme.

Se besaron con felicidad y después mirándose a los ojos suspiraron con fuerza. La noticia sin duda les había impactado.

Aquella noche, mientras Parker abrazaba a Kristina pensaba en la situación. Realmente era complicada porque ella tendría que ir a las universidades del país para dar las charlas sobre su próximo trabajo. No quería separarse de ella pero ya había dicho que sí. Confiaba que Noah podría quedarse en aquella casa a su lado, estaba segura que él lo haría muy a gusto.

—¿Qué te pasa, Parker?

—Nada, ¿por qué? —le preguntó un tanto sorprendida.

—Porque estoy notando tu respiración.

—Pensaba en la novela y los viajes…

—Lo vas a hacer —se giró mirándola—. No pasa nada, cariño.

—Ya, ya, pero… no me gusta la idea de dejarte sola.

—¿Tú crees que voy a estar sola? —le preguntó enarcando una ceja.

—Que guapa estás cuando pones ese gesto —le besó con rapidez arrancando una sonrisa en Kristina—. Sé que no vas a estar sola pero yo quiero estar contigo.

—Y cuando llegue el momento lo estarás. De eso no tengo dudas. Además me hace muy feliz que puedas volver a escribir y, mucho más, en ese despacho vas a poder hacerlo con tranquilidad.

—¡Qué casa, eh! Nunca pensé que podría vivir en una así.

—Ni yo, y mucho menos pensé que podría pagarla —dio una carcajada acompañada por Parker—. Cariño, estamos construyendo algo muy bonito ¿te das cuenta?

—Sí. ¿Ya se te ha pasado el susto por las dos niñas?

—No creas, porque pienso si voy a tener dentro de mí sitio suficiente para las dos.

—¡Ay Kristina! —dio otra de sus carcajadas.

—Es verdad…

—Vas a tener sitio, amor y van a estar felices —Kristina sonrió con vergüenza—. Eres una mujer maravillosa, y una madre espectacular.

—¿Y amante? —se subió sobre ella.

—¡Oh, oh! ¡Quieres que te regale los oídos! —Kristina se movió lentamente sobre su pantalón sin dejar de mirarla—. Eres una amante… a ver he dicho espectacular y maravillosa, déjame encontrar otro sinónimo.

—¡Eres muy mala! —se tumbó sobre ella sonriendo.

—Sabes que me vuelves loca, cariño —entonces la miró fijamente mientras le susurraba—. Eres la mejor amante.

—Tú no lo haces mal, tampoco.

—¡Será posible! —con cuidado le dio la vuelta y se puso sobre ella mientras Kristina reía sin parar.

—¡Parker, Parker!

—¡Qué!

—Te quiero —le acarició la mejilla sonriendo.

—Y yo.

—Ahora entiendo porque tengo tanta hambre.

—Claro, hambre en todos los sentidos ¿eh? —le susurró justo antes de meter su mano por debajo del camisón.

—¡Ay Parker!

La semana pasó con rapidez. Prepararon la mudanza sin avisar a nadie, fueron trasladando toda la ropa, las cosas de la niña, poco a poco pero dejaron en casa todo lo demás. Realmente la decoración de la que iba a ser su nueva casa era exquisita y con el gasto de la compra pensaron que de momento, no necesitarían nada más. Cada día a primera hora de la mañana que sabían nadie las vería, llenaban el coche y llevaban maletas y cajas hasta su nueva casa. Fue una manera divertida de ir trasladándose.

Había llegado el viernes y ese día llegarían las Davis con Sonny y Carly. Parker tenía que ir a recogerlas pero por la mañana decidió ir a su nueva casa para recibir la compra que había pedido para la fiesta. Iba con Ingrid cuando la señora Davis la vio por la acera de en frente de su casa y la llamó extrañada.

—¡Parker! ¿Qué haces por aquí? ¡Y mi niña! —Ingrid se echó a sus brazos.

—Pues… pues iba a hacer un recado —le respondió un tanto nerviosa—. Y después íbamos a pasar a saludarla.

—¡Ah pues te acompaño! —Parker no pudo evitar poner gesto de nerviosismo—. ¿Estás bien?

—Sí, sí.

—¿Y Kristina?

—En la ferretería. Hoy se ha levantado sin vómitos y se ha ido pronto.

—Está bien. ¿Bueno dónde vas?

Parker tuvo que improvisar algo para no levantar la sospecha de la señora Davis. Aunque por su reacción la mujer supo que algo pasaba pero que no se lo iba a contar.

—¿Esta noche llegan las Davis?

—Sí, a las siete y media.

—¿Quieres que las recoja yo?

—No, tranquila. ¿Sabe que le agradecería? —la mujer la miró—. Que se quedara con Kristina.

—¡Eso está hecho! —respondió feliz—. Estoy tan emocionada con esa niña, porque va a ser niña.

—Sí, estoy segura —sonrió.

—Parker…

—¿Sí?

—Te has pasado la tienda.

—¡Ah, sí! ¡Qué cabeza la mía! ¿Va a entrar usted conmigo?

—No, voy al banco. Sigo caminando. Ingrid cariño, dale un beso a la señora Davis.

—Adiós, señora Davis.

La mujer se marchó pensando que estaba muy rara, quizá la llegada de las Davis la tenía así, aunque el cambio con Alexis había sido espectacular y no tenía por qué. Al volver de la consulta las vio un tanto nerviosas a las dos y aunque le aseguraron que todo estaba bien le dijeron que no habían logrado ver el sexo del bebé. Le extrañó, pero decidió que si había algo, se lo dirían. De lo que estaba segura era que Parker le estaba ocultando algo.

Por fin, Parker pudo entrar en su nueva casa, al hacerlo sintió satisfacción y felicidad porque si un año atrás le hubieran asegurado que le iban a pasar todas las cosas que le habían pasado, no lo hubiera creído. Estaba segura que en aquel hogar serían felices. Como bien le dijo a Kristina, fuera donde fuera su hogar, serían felices. Ingrid entró en aquella habitación que sí habían decorado, toda ella era una sala de juegos para la pequeña que el día anterior había disfrutado junto a sus dos madres descubriéndola. Se sentó sobre la alfombra de dibujos que habían colocado sobre el suelo de madera y se puso a jugar con el maletín de actividades que le habían comprado para que se fuera familiarizando con los números, las letras, los colores. La niña disfrutaba del juego demostrando una gran habilidad y sobre todo, poder de concentración que maravillaba a Parker. El teléfono sonó.

—¡Cariño!

—¿Ya estás ahí?

—Sí —dio una carcajada—. Pero me ha pillado por el camino la señora Davis.

—¡Oh, no! Ya sabía yo que era un peligro.

—Bueno creo que le he dado esquinazo —respondió sonriente.

—No estoy segura, no sabes mentir. Se te nota a distancia.

—¡Oh, vaya, muchas gracias!

—Tengo unas ganas de que sea mañana.

—Lo sé, yo también.

—He pensado que como tú ya estás dentro, voy a salir un poco antes de la ferretería y me acerco.

—¿Te das cuenta que estamos disfrutando como locas?

—¡Sí! Es divertido.

—¿Cómo estás?

—Bien. Igual que hace una hora.

—¡Perdón es cierto que te he preguntado! —respondió cerrando los ojos.

—Me encanta que te preocupes por mí —lo dijo con un gesto de enamorada que provocó un silbido de Noah—. Te dejo que está aquí un chico muy mono que se parece mucho a su tía.

—¡De acuerdo! ¡Dale un besazo!

—Un besazo de parte de Parker.

—Menuda cara de enamorada tienes.

—Sí, Noah. Soy muy feliz.

—Lo sé —se abrazó a él—. Y yo de veros. Venía para avisarte que me voy a recoger con mi madre a el resto de mi familia.

—De acuerdo, sí anoche nos dijo tu madre que hoy llegaban.

—¿Cuándo llega toda la tuya?

—Esta tarde. ¡Y mañana acuérdate que os invitamos a cenar!

—¿Crees que me voy a olvidar de eso? Aunque no sé como vamos a hacer para estar en vuestra casa todos juntos.

—¡Será divertido!

Hasta el aeropuerto había llegado Parker. Lo había hecho acompañada por Lucas para poder llevar a Sonny y Carly. Mientras ella llevaba a las tres Davis. Durante la espera estuvieron hablando de la ferretería, Lucas hizo reír de lo lindo a Parker que en su mirada se podía ver lo feliz que era en ese instante. Cuando anunciaron el vuelo se acercaron hasta la puerta. Y allí las vio salir las primeras, sabían que estaría ella pero eso no borró ni un ápice de la sonrisa de sus rostros. Era increíble como habían llegado a unirse, casi sin proponérselo. Besos, abrazos y todos preguntando por Kristina.

—Está muy bien, de momento, gracias a Dios ya ha superado la fase de los vómitos que estaba fatal.

—¡Tengo unas ganas de verla! —dijo Molly.

—¡Pues vamos allá!

—¿Parker, de verdad está todo bien? —le preguntó Alexis.

—Sí, Alexis. Kristina está estupenda y lo está haciendo muy bien, créame no ha sido fácil.

—No sabes el peso que me quitas de encima.

—¡Vamos!

Ilsa empezó a ladrar y correr desde el comedor donde estaba Kristina hasta la puerta.

—¡Ingrid ya están aquí las Davis! —cogió a su hija al brazo—. Y Sonny con Carly… A ver que vea lo guapa que estás.

—Molly.

—Sí, cariño la tía Molly también.

—¿Con oso?

—No lo sé, espero que no te esté trayendo osos todas las veces que venga que ya no sé donde vamos a ponerlos —decía sonriendo mientras iba hasta la puerta.

—¡Kristina! —Molly fue la primera que llegó hasta ellas.

—¿Cómo estás?

Tras el abrazo con Molly, llegó el turno de Sam mientras Alexis cogía en brazos a Ingrid dándole besos. La escena era tan tierna que Parker no podía dejar de sonreír. Cuando terminaron todos los saludos con su familia, Kristina besó Parker mientras los saludos seguían con la señora Davis.
—¡Qué guapa estás, hermanita!

—Gracias, Molly —sonrió feliz.

—Perdona, Molly pero tu hermana siempre está guapa ¿verdad, cariño?

—¡O cortamos esto, señora Davis o se nos va de las manos tanta tontería! —apuntó seria Alexis.

—Tú lo has dicho. ¡Vamos a cenar!

Parker y Kristina dieron una carcajada divertida.

—Molly…oso…
—Cariño, claro… la tía Molly te ha traído una mamá osa.

—Molly como sigas trayéndole osos vamos a tener una reserva en nuestra casa —le dijo riendo Kristina.

—Y lo que es peor, la niña te reconoce como tía osa, tú verás —apuntó Parker mientras cogía por la cintura a Kristina que sonrió divertida.

—Sois lo peor —respondió Molly entornando los ojos ante la carcajada de las dos.

Si algo había cambiado entre la pareja, era la actitud de Parker respecto a Kristina, ya no le importaba mostrar abiertamente sus sentimientos aunque delante estuviera su familia. Y eso a Kristina le encantaba. Al resto les parecía maravilloso que tras el peor momento que habían vivido fueran capaces de renacer cada una por separado, pero lo que más les impresionaba era que además lo habían hecho como pareja, y ese esfuerzo por ambas partes tenía la recompensa de verlas tan radiantes.
La cena con la familia de Kristina fue distendida. Sonny hablaba con su hija sobre los progresos de la ferretería y se mostraba gratamente sorprendido por lo que había sido capaz de lograr.
Al finalizar, la pareja les dijo que habían decidido hacer una cena familiar para poder celebrar el embarazo. Aunque a todos les sorprendió que fuera en su casa, no iban a caber. Y aquellas opiniones les habían provocado risas en la cama mientras las recordaban.

—Y la señora Davis diciendo que tendríamos que dejar la puerta abierta —reía divertida Kristina.
—Lo mejor Molly diciendo que solo con los osos ya no quedaba sitio.

—¡Qué ganas tengo de ver sus caras!

—Y yo, porque Úrsula, la pobre, insistiéndome de ir a su casa.

—¡Úrsula va a dar un grito! Me la imagino.

—Kristina me alegra tanto verte tan feliz, cariño —la abrazó.

—Es que soy muy feliz —respondió besándola.

—¿Y que te parece Ingrid? —preguntó Kristina.

—Me encanta que sea tan sociable.

—Mi madre se ha ido feliz al ver que que quería ir con ella.

—Sí, eso es muy bueno, mi amor —la estrechó contra su cuerpo un poco más.

—Mañana dormiremos en nuestra nueva casa, me hace mucha ilusión. ¿Y a ti?

—También, ayer cuando llegué con Ingrid me sentí como la princesa del cuento —dio una carcajada, Kristina también—. Creo que jamás pude imaginar que mi vida iba a cambiar de esta manera. Tener una mujer a la que amo con locura y me hace feliz, una niña tan maravillosa como Ingrid, dos preciosidades que vienen de camino y una casa como tantas veces soñé.

—Sí, Parker. Parece sacado de una novela romántica. Me encanta porque yo también soy muy feliz.

—Cariño… ¿Te das cuenta de todo lo que hemos pasado desde que entraste en mi clase?
—¡Es verdad! Recuerdo muchas veces aquella primera vez que te vi.

—Yo también. Ahí empezó todo.

—Algún día les contaremos a las niñas, a las tres —insistió ante la sonrisa de Parker que le acariciaba el vientre con dulzura—. Nuestra historia de amor y estarán orgullosas de nosotras.
—Yo también lo pienso. Y deseo que sea así. Kristina, deberíamos dormir mañana tenemos un día muy intenso.

—Es cierto, oye nos ha quedado bien nuestra mentirijilla, la cara de Molly ha sido increíble.

—Sí, va a ser divertido, ya lo verás —la besó Parker.

—Buenas noches mi amor.

—Buenas noches a las tres.

Al día siguiente, las Davis fueron a comer con ellas, Ingrid se mostraba encantada con su abuela y sus tías, mientras que ellas se mostraban felices por lo bien que se había portado y lo cariñosa que era. Después de comer, Parker y Kristina se despidieron de ellas excusándose con una reunión de Parker.
Eran las seis y media de la tarde cuando Molly recibió un whatsapp extraño de Kristina. Frunció el ceño y le dijo a su madre.

—Kristina me ha enviado una dirección para que vayamos lo antes posible.

—¿Una dirección? —preguntó Alexis extrañada poniéndose las gafas y leyendo el mensaje—. ¿Será un restaurante?

—A mí esa calle me suena, creo que es donde vive la señora Davis —apuntó Sam.

—Pues si estáis listas vamos ya. Algo se traen esas dos, demasiadas sonrisitas, miraditas…

Las tres cogieron sus bolsos y salieron sonriendo ante el comentario de Alexis. Molly había puesto el Google Maps para llegar sin demasiados problemas cuando se encontraron con Sonny y Carly.

—¿Os ha llegado un mensaje de Kristina? —preguntó Sonny.

—Sí, un mensaje extraño. Deben haber cambiado de opinión y vuelto la sensatez a ellas de ir a cenar a un restaurante. Íbamos a estar como hormigas en su casa.

—Desde que Parker está a la altura de las locuras de Kristina, no dejan de sorprendernos —apuntó Carly sonriendo.

—¡Es cierto! —Sam dio una carcajada—. Me parece maravillosa, la verdad.

Caminaron todos juntos mientras iban hablando, Molly iba delante con el teléfono y la señal que le llegó le indicaba que estaba en el lugar exacto. Se detuvo, miró hacia arriba, ante ella una casa enorme y una puerta.

—Dice que es aquí —susurró a los demás que hicieron el mismo movimiento que ella mirando la casa.

—¿Estás segura? Esto no es un restaurante —se asomó Sam al teléfono de su hermana.

—Llamad y salimos de dudas —propuso Alexis—. Igual es algún sitio especial para celebrar eventos.

Molly llamó al timbre se miraban unos a otros porque nadie les abría aquella pequeña puerta, al lado había una grande para poder entrar con el coche. Aquella puerta pequeña se abrió y allí estaba Kristina, Parker y la pequeña Ingrid. El gesto de todos era de auténtica perplejidad.

—¡Buenas tardes! ¡Bienvenidos a nuestra nueva casa! —dijo Kristina sin dejar de sonreír.

—¡Cómo! —respondió asombrada Alexis.

—¡Qué! —susurró Sam.

—¡Esta es vuestra casa! —dio un pequeño grito Molly—. ¡De verdad!

—Sí, es nuestra casa.

Y tras la respuesta de Kristina el abrazo con su hermana fue épico. Después, uno a uno fueron entrando sorprendidos y abrazándose con cada una de ellas, mientras la pequeña Ingrid pedía ir a los brazos de Sam.

La pareja les enseñó la casa que admiraron sorprendidos. Cuando volvió a sonar el timbre, la pareja salió. Pero Kristina contestó por el telefonillo, allí estaba Úrsula con cara desconcertada.

—Hola, buenas tardes, estamos buscando a Parker y Kristina, no sé si nos hemos equivocado. ¿Hola?

Las carcajadas de Kristina se oyeron por toda la entrada de casa, Parker salió riéndose también a su lado para abrir la puerta a Úrsula y James. Al verlas puso gesto de no entender nada y cuando le dijeron que esa era su nueva casa, se puso la mano en el pecho y les dijo:

—¡Me caigo muerta!

Acababan de cerrar la puerta tras las risas con Úrsula y James, y volvió a sonar el timbre. Al abrir se encontraron con toda la familia de Parker que al igual que todos no daba crédito de ver que aquella era su casa. Eso sí, todos mostraron su alegría por ver que la vida les estaba sonriendo. La última en llegar fue la señora Davis.

—¿Qué hacéis en casa de los Lewis? —les preguntó atónita.

—Es nuestra casa, señora Davis. ¡La hemos comprado! —dijo feliz Kristina mientras se echaba a los brazos de la mujer.

—¡Ya estamos con los abrazos!

—Señora Davis no proteste que le encanta que Kristina la abrace —le decía riendo Parker.

—¡Entonces ahora vais a ser vosotras las nuevas pijas del barrio!

Aquella frase logró arrancar una carcajada en las dos.

—¡Usted sabe que somos las mismas con esta casa o con otra! Somos sus chicas preferidas.

—¡Eres una Zalamera, Kristina! ¡Qué zalamera! No me extraña que tengas a esta mujer embobada manejas las palabras…

—No lo sabe bien, señora Davis —le sonrió feliz Parker.

En el jardín de la casa, estaban todos ante un catering que habían encargado la pareja para celebrar los dos acontecimientos. Fue una de esas celebraciones donde todos disfrutaron, rieron, comieron y bebieron. Hasta que llegó el momento del consabido brindis. Parker fue la encargada de hacerlo porque Kristina seguía teniendo ataques de llantina como decía la señora Davis.

—Bueno, os hemos reunido aquí además de para inaugurar la casa todos juntos, también para daros otra noticia —miró a Kristina que le dio la mano ante la sonrisa de todos por el gesto enamorado que se dedicaron las dos—. Todos sabéis que Kristina quería una niña, que ha estado machacándonos a todos con el tema, pero no vamos a tener una niña, vamos a tener dos.

El jaleo que se armó fue importante, se miraban unos a otros impactados ante la noticia, pero inmensamente felices. Ante la sonrisa de Parker y Kristina.

—Por eso hemos querido hoy hacer esta celebración para dar la bienvenida a nuestras dos pequeñas, Sam y Molly.

Aquello provocó que Molly diera un grito de felicidad al saber que su sobrina iba a llamarse como ella, y Sam se quedó mirando emocionada a la pareja que sonreían felices.

—¡Voy a ser tío por partida doble! —dio un grito feliz Noah ante la carcajada de todos.

—¿Pero estáis seguras? —preguntó Sonny impactado por la noticia.

—Sí, papá. Nos lo confirmaron el lunes.

—¡Madre mía de mi vida! ¡Dos Kristinas diminutas…! ¡Eso es mucho ya me las veo abrazándome sin parar! ¡Eso puede ser el acabose!

Y con aquella frase de la señora Davis, todos sonrieron de buena gana. Y empezaron las felicitaciones a las dos. Alexis estaba tan emocionada como algo preocupada. Pero sobre todo, feliz. Sonny aún no había asimilado la noticia pero se mostraba radiante por su hija. Úrsula no había podido reprimir unas lagrimas felices al abrazarse con Parker, lo mismo que Susan que veía tan emocionada a su hermana que se mostró feliz en el abrazo.

—Parker… ¿de verdad está todo bien? —le preguntó Alexis cuando acabaron los abrazos.

—Alexis, está todo bien. Vamos a tener que ir a revisiones más continuas pero Kristina está bien y las pequeñas también —le sonrió.

—Esto si que no me lo esperaba —puso gesto asombrado.

—Le aseguro que nosotras tampoco. A Kristina le ha costado un poco asimilarlo pero lo está haciendo muy bien.

—Sé que lo haces, sé que sobra que te lo diga pero… cuida de ella, Parker.

—¡Por supuesto, Alexis! Y todo va a ir bien, ya lo verá.

Alexis se mostraba un tanto nerviosa y Parker le dio un abrazo para transmitirle tranquilidad. Por su parte, Kristina estaba abrazada a Molly que se mostraba radiante.

—La verdad que fue Parker quien me dijo de poner vuestros nombres. Porque para mí sois muy importante. Sabéis que os quiero y que toda la vida vamos a estar unidas.

—¡A las Davis no hay quien las separe! —exclamó Sam.

El final de la reunión llegó bastante tarde, estaban todos tan a gusto en el jardín que a nadie les apetecía marcharse. Cuando por fin se quedaron solas. Probaron a sentarse en el sofá del comedor porque Ingrid ya estaba dormida.

—Ha sido muy especial, ¿verdad, Parker?

—Sí creo que aún están tan sorprendidos como nosotras —sonreía mientras daba un sorbo a su té.

—Cariño… me apetece chocolate…

—¡Kristina!

—¡Parker! —le puso morritos que sabía derretían a Parker.

—No puedo con esa cara… ¡Ay que poca resistencia pongo ante tus antojos!

—¡Venga… trae chocolate y nos bajamos a jugar una partida al billar! La niña tiene puesto el walki.

—No sé yo… esa proposición me suena algo ¿indecente? —la miró entornando los ojos.

—Pero si te gustó mucho…

—Ve bajando.

Dieron una carcajada y cada una fue hacer lo suyo. Parker a por el chocolate, Kristina al sótano donde puso una luz suave, música tranquila y se desnudó.

SEIS MESES DESPUÉS

Parker llegaba de su última conferencia. Había sido en Houston. El éxito que estaba teniendo con su segunda novela superaba al anterior. Durante un mes había estado viajando por muchas ciudades dando conferencias en universidades y firmando autógrafos. Aquel último viaje lo había hecho con cierta angustia. Kristina estaba de ocho meses y la doctora le había recomendado reposo. Por eso el día de su vuelta sentía un gran alivio. Al llegar al aeropuerto la esperaba Alexis que se había ido con Kristina durante todo el mes que Parker estuvo fuera.

—¡Qué ganas tenía de llegar! —dijo Parker a Alexis al verla tras abrazarse.

—Bueno, ya estás aquí. Y de momento Kristina parece que está aguantando bien.

—¿Pero qué ha pasado? —iban caminando por el aeropuerto.

—La semana pasada la doctora vio algo, y por prevención prefirió que Kristina dejara de trabajar y estuviera lo más tranquila posible. Pero las niñas están bien, y ella también.

—¡Qué largo se me ha hecho! —dijo con preocupación.

Al llegar a casa, Ingrid fue a su encuentro corriendo feliz al grito de mamá. Parker la cogió en brazos besándola feliz.

—¿Me has echado de menos?

—Sí, mamá.

—¡Yo también, mi amor!

Dejó a la pequeña en el suelo y entró en el comedor, allí la esperaba Kristina sonriendo.

—¡Kris! ¡Mi amor!

Se abrazaron con fuerza, Kristina no pudo evitar ponerse a llorar mientras Parker no podía retener alguna lágrima de felicidad. Se separaron y se besaron ante la sonrisa de Alexis y la señora Davis.

—Mi vida que largo se me ha hecho. ¿Cómo estás?

—Bien, estoy bien, pero la doctora prefiere que no corra riesgos en este último mes.

—Claro, mi amor, me parece perfecto —le acariciaba la cara con ternura mientras la niña se subía a los brazos de Kristina.

—¿Cómo estás tú?

—Cansada y loca por estar a tu lado.

—Te hemos echado de menos —dijo la señora Davis.

—¡Oh, claro! Ya me extrañaba a mí que no dijera nada —dijo Kristina irónicamente.

—Señora Davis, perdone no la he visto.

—Lo sé, nada más tienes ojos para tu Kris.

Aquella noche, cuando se metieron en la cama Parker después de darle un masaje en la espalda la abrazó con cuidado.

—¡Menudo tripón tengo! —dijo sonriendo.

—Estás preciosa —la besó.

—No me digas eso… estoy hinchada, parezco un globo.

—Sí, pero un globo precioso.

—¡Parker! —la riñó dando una carcajada—. ¡Como te he echado de menos! Se me ha echo eterno.

—A mí también mi amor, pero no pienso volver a separarme de ti. Ya le he dicho a Laura que a partir de ahora posponga todo.

—Ya me ha dicho que eres muy famosa, has firmado muchos ejemplares y está segura que vas a ganar el premio de los docentes.

—Bueno… es un poco exagerada.

—Y tú muy modesta —le acarició la mejilla mientras le cogía la mano—. Y yo estoy muy orgullosa de ti.

—Ese es mi mejor premio —se besaron con ternura.

—¿Sabes… tengo miedo?

—¿Por qué, Kris? —la miró preocupada.

—Porque espero que todo salga bien… no sé si…

—Shhhh —le puso el dedo sobre los labios mirándola con pasión—. Todo va a ir bien. Vamos a tener a nuestras pequeñas y tú vas a estar bien. ¿De acuerdo?

—Sí.

—Te quiero.

—Y yo. Venga… a descansar que tienes cara de cansancio.

—La verdad que no he dormido mucho estas últimas noches, me he pasado más tiempo pendiente del teléfono que de otra cosa. Me moría por volver.

—Dulces sueños.

—Dulces sueños para mis tres princesas —le sonrió acariciando con cuidado el vientre.

El reloj marcaba las seis de la mañana, Kristina llevaba un rato despierta. No sabía que le pasaba pero notaba que algo en su interior estaba revuelto. Miró el reloj y aunque Parker la tenía abrazada y dormía plácidamente, necesitó llamarla.

—Parker…

—¿Qué pasa? —se despertó sobresaltada.

—No lo sé, me duele un poco el vientre.

—¿Pero dolor o pinchazo? Acuérdate de las clases de preparación al parto, respira.

—Cariño nos lo hemos pasado muy bien en esas clases, pero no sé si he aprendido para llegado el momento.

—Claro que sí. Lo vas a hacer muy bien. ¿Quieres que te suba un….?

—¡Ay! —gritó.

—¿Qué? ¿Qué? —le apremió con gesto preocupado.

—¡Qué dolor!

—De acuerdo, tranquila… tranquila…. voy a vestirme… nos vamos…

—Pero si aún me queda un mes.

—Bueno… no pasa nada —decía vistiéndose a toda prisa.

—¿No puedo tenerlas aún? —la miraba con temor.

—¡Kristina tranquilízate! Respira… respira tranquila… voy a levantarte.

—¡Ay! —volvió a quejarse.

—Madre mía —susurró Parker asustada.

—Cariño, tranquila.

—Sí, sí… estoy tranquila —se fue abrió la puerta y desde el pasillo gritó—. ¡Alexis!

—¡Parker vas a asustar a Ingrid!

—Respira… respira…. respira… —decía cogiendo la bolsa donde tenía todo preparado.

—Mi amor la que tiene que respirar eres tú.

—¿Qué pasa?

—Kristina tiene dolor, ayúdeme a bajarla al coche.

—Sí, sí… tranquila Kristina.

—¡Pero si yo estoy tranquila! —les dijo alzando la voz.

—Lo llevo, todo… está todo…

—¿Estás segura, Parker?

—Sí, sí… respira Kris…

—¡Y dale! —protestó mientras se ponía de pie—. ¡Ay!

—¡Dios! Cariño tranquila…

—¿Qué pasa? —llegó la señora Davis.

—Creo que Kristina se va a poner de parto en cualquier momento.

—Vamos, vamos… —decía Alexis en pijama

—A ver… os podéis tranquilar, las dos…

—¡Gracias, señora Davis! ¡Ay!

—Parker… por favor… —le dijo la señora Davis.

—Estoy tranquila —la miró aterrada.

—Ya lo veo. Alexis no pretenderás ir al hospital en pijama. Kris hija… tú ves respirando a tu ritmo y no hagas caso a estas dos histéricas.

—Han perdido los papeles —susurró Kristina cogiéndose el vientre.

—¡Mierda lo que he perdido son las llaves del coche! —exclamó Parker— ¡Si las llevaba en la mano!

Si no fuera porque a Kristina le acababa de dar una contracción fuerte, hubiera roto en una carcajada. Por primera vez vio a Parker atacada, fuera de sí. Y su madre no le iba a la zaga.

Llegaron al hospital mientras Alexis conducía y Parker respiraba con Kristina. Rápidamente la pasaron a la sala monotorizada. Fuera Alexis esperaba alterada, pero pronto llegaron Úrsula y la señora Davis.

—¿Dónde está Ingrid?

—Con mi marido, tranquila. ¿Cómo estaba Kristina?

—Pues la más tranquila de las tres —resopló.

—Bueno… todo va a salir bien. ¡De acuerdo! —les ordenó la señora Davis.

—Sí, seguro.

Sin casi tiempo a nada, pasaron a Kristina al quirófano. Parker se preparó para estar a su lado. Kristina le tenía la mano cogida para su suerte le pusieron la epidural y dejó de sufrir. Parker la besaba, le acariciaba la frente dándole ánimos.

—Todo va a ir bien, mi amor…

—No las oigo llorar —la miraba con temor.

—Aún no ha empezado, tranquila.

—No me sueltes la mano.

—Claro, cariño.

Minutos después se oía el primer llanto, las dos se miraron felices, no era la misma sensación que cuando Parker tuvo a Ingrid pero escuchar el llanto de la niña les provocó emocionarse.

—¿Doctora, está bien? —preguntó Kristina.

—Sí, perfecta. Vamos a por la segunda.

—Cariño —Kristina se emocionó mientras juntaba su frente con la de Parker que trataba de controlar el llanto.

—Lo ves…

—Aquí está la primera —le pusieron al bebé sobre el pecho de Kristina.

—Qué pequeña es —susurró preocupada.

—Oh… mi niña —Parker abrazó a Kristina mientras cogía a la pequeña.

—Hola Sam…

Las dos acariciaron con cuidado a Sam, era tan pequeña parecía tan frágil. Estaban acariciando a Sam cuando sonó el llanto de la segunda.

—¡Muy bien! Está perfecta también. ¡Chicas enhorabuena!

—¡Mi amor! —Kristina rompió a llorar mirando a Parker.

—Lo has conseguido… eres una campeona.

—Y aquí tenéis a la segunda —la enfermera le puso a la niña junto a su hermana.

—Hola Molly —la saludó emocionada Parker.

—¡Qué pequeñas son! —susurró Kristina preocupada mientras lloraba.

—Vamos a ponerlas en la incubadora. Pero más por precaución que por otra cosa. Quiero asegurarme de que están en perfecto estado ¿de acuerdo? —las dos asintieron algo nerviosas—. ¡Enhorabuena!

Parker y Kristina se miraron sonriendo sin poder evitar unas lágrimas de emoción. Se besaron. Y Kristina se abrazó a Parker cuando se llevaron a las niñas.

—Tranquila, mi amor. Todo está bien me siento muy feliz, muy orgullosa de ti. Te quiero tanto…

—Parker… soy muy feliz —dijo llorando.

—Yo también —reían mientras lloraban emocionadas.

—Lo siento, pero tiene que salir ya —le avisaron a Parker.

—Claro. Mi vida estoy fuera esperándote ¿vale? Te quiero.

—Te quiero, Parker.

Aquel momento tan íntimo para ellas a pesar de estar rodeadas de gente fue un nuevo regalo de la vida.

Parker se quitó la ropa de quirófano y salió al pasillo donde le dijeron que estaban esperando los familiares. Con la primera que se encontró fue con una Alexis nerviosa. Detrás de ella la señora Davis que quería controlarse pero se le notaba también la ansiedad, Úrsula que se mostraba emocionada y Noah que lloraba sin tener aún noticias.

—Todo ha ido bien.

—Gracias a Dios —susurró Alexis abrazándose a Parker—. ¿Y las niñas?

—Van a llevarlas a la incubadora por precaución, son muy pequeñas. Pero están bien tienen buenos pulmones —decía retirándose las lágrimas que no podía retirar.

—¿Y Kristina? —preguntó la señora Davis con los ojos emocionados.

—Está bien. Lo ha hecho muy bien. Ha soportado como una jabata las contracciones pero ha sido tan rápido que afortunadamente le han puesto la epidural.

—¡Menos mal! —susurró abrazándose a ella la señora Davis mientras Parker se limpiaba las lágrimas.

—Me alegro, tanto —sonrió Úrsula.

—Ahora la entiendo cuando nació Ingrid, ¡he pasado tanto miedo! —susurró abrazada a Úrsula.

—Pero ya pasó.

—Sí.

—¡Parker! —Noah la abrazó emocionado—. Yo también he pasado mucho miedo.

—Ya está, Noah. Kristina es muy valiente y muy fuerte. Las niñas son preciosas. Parecen frágiles pero de verdad, son preciosas.

Una hora después, dejaron entrar a Parker con Kristina. Después pudo entrar Alexis que se quedó tranquila al ver a su hija bien. Durante el día fueron llegando más visitas a la pareja, ramos de flores y todos los buenos deseos de la gente que las quería. También llegó Molly y horas después lo hizo Sonny. Pero todos se fueron a la hora de cenar para dejar a Kristina recuperarse.

—¿Cómo estás, cariño? —le preguntó Parker.

—Cansada, dolorida pero muy feliz —sonrió divertida—. ¿Y tú?

—Feliz.

—¿Las has podido ver?

—Sí, cariño. Estate tranquila porque están bien.

—Pero son muy pequeñas.

—Pero muy fuertes como su madre —la miró sonriendo.

—Bueno, como sus madres —le rectificó con una sonrisa—. Cariño acuéstate conmigo.

—No, Kristina.

—¿Por qué? —le preguntó seria.

—Estamos en un hospital.

—¿Y?

—Que no puede ser —trató de ser contundente.

—Por favor… ven…

—No me pongas esa cara… no voy a acostarme.

—Parker… mi amor… mi vida… cariño…

—¡Ay Kristina! Siempre acabo haciendo lo que quieres.

—Quiero tenerte a mi lado. Quiero que me abraces y quiero que me digas que me quieres.

A las siete de la mañana, la puerta se abrió, allí estaba Alexis que sufrió un déjà vu. Parker tenía abrazada a Kristina, mantenían sus manos entrelazadas y el gesto de ambas era de cansancio pero felicidad. Años atrás aquella imagen le hizo temblar de pies a cabeza y abandonar la habitación. En ese momento, le hizo sentir una felicidad extrema porque sabía que Parker era lo mejor que su hija podía tener, y que Kristina era tremendamente feliz.

—Parker —la llamó con cuidado para no despertar a Kristina. Al ver a Alexis ésta le hizo un gesto para que no dijera nada—. Ve a desayunar.

—Alexis…

—¿Ha estado tranquila?

—Sí, sí.

—Venga hazme caso. Ve.

Acababa de salir Parker de la habitación, cuando Kristina la llamó.

—¡Parker!

—Cariño ¿cómo estás? Parker se ha ido a desayunar —le habló Alexis con ternura.

—Mamá…

—Bueno, ya sé que la prefieres a ella pero…

Kristina sonrió.

—Hija… voy a decirte esto antes de que empiecen a llegar las visitas. Estoy muy orgullosa de ti. Me siento muy feliz de que estés con Parker y que tengas tres hijas maravillosas. Soy consciente de que Parker te ama con locura.

—Gracias, mamá. Siempre te lo dije.

—Lo sé —puso gesto de disculpa—. Y me duele no haberte creído en su momento, pero… Parker se ha ganado no solo mi respeto también un sitio en mi corazón.

—Parker es maravillosa… Soy muy afortunada.

—¡Y ella también! —le dijo sonriendo.

—Somos afortunadas.

SEIS AÑOS DESPUÉS

La puerta de casa se abrió. Ingrid entró gritando en busca de Parker, mientras Kristina iba hablando con Sam. Y una vieja Ilsa llegaba caminando despacio para saludarlas.

—¡Aquí están mis chicas! —salió Parker con el delantal puesto.

—Mamá… ¡he aprobado el examen! —le dijo Ingrid feliz mientras acariciaba a Ilsa.

—Muy bien, mi amor, estudiaste mucho.

—Mamá, mamá… ¡mira que hemos hecho Molly yo! —Sam le enseñó un dibujo.

—A ver… ¿y esto?

—Sois vosotras —le dijo sonriendo Sam.

—Yo soy la más guapa ¿no?

—¡Te he oído! —le dijo Kristina sonriendo mientras iba y le daba un beso—. Nos han pintado muy bien.

—¡Venga a lavarse todas las manos, incluida tú! —le dijo a Kristina dándole una palmada en el culo.

—Me vuelves loca —le dijo bajito mirándola intensamente.

Parker sonrió mientras preparaba la mesa. La vida les había permitido vivir de un modo holgado, Parker daba clases en la universidad pero también seguía escribiendo ensayos. Aunque aquel año había publicado su primera novela que había tenido un éxito abrumador. Habían viajado por todo el país, siempre las dos juntas. A veces con las niñas. Kristina se había sacado la carrera de Marketing pero también se había encaprichado en estudiar literatura inglesa. Le apasionaba tanto el mundo en el que se movía Parker, que logró licenciarse ante la felicidad de aquella mujer que había provocado en ella también la pasión por el mundo de las letras. La ferretería se había consolidado como la más importante de Eugene, los contratos no paraban de llegarles. Las niñas habían crecido sin problemas graves, las tres eran el centro de la vida de Parker y Kristina. A los ojos de todos seguían tan enamoradas como siempre, pero ellas eran las únicas que sabían que el amor que habían sentido tiempo atrás, había ido multiplicándose con el paso de los años.

Aquella noche cuando por fin acostaron a las niñas y recogieron todo lo que ellas dejaban por el medio. Se sentaron agotadas en el sofá. Su costumbre de estar abrazadas durante un buen rato tomando un té, era un clásico en sus noches.

—¡Cariño… estoy agotada! —le dijo Parker.

—Y yo.

—Me encanta este ratito para nosotras.

—Pues creo que voy a hacer algo para que te encante más.

—¿De verdad? —susurró con el tono repleto de deseo.

—A ver… —se subió sobre ella.

—Me gusta —le dijo la rodeó con sus manos por la cintura.

—Tengo algo para ti —Parker elevó una ceja—. Algo que te prometí y creo que después de estos años que hemos luchado tanto para sacar a la familia adelante nos lo merecemos.

—¡Uy me estoy poniendo nerviosa! —sonrió.

—Toma, mi amor —le dio un sobre dejándole un beso en los labios.

—¡Siempre sorprendiéndome, eh!

—Te lo mereces.

—Ay Kris… ¿qué has hecho?

Abrió el sobre con una sonrisa en sus labios mientras Kristina la miraba fijamente. Se mordía nerviosa el labio inferior y esperaba su reacción.

—¡No! —susurró.

—¿No? —la miró preocupada.

—Quiero decir… ¡Kristina! —la abrazó emocionada.

Una semana después, una avioneta las dejaba en Álftanes. Y un todo terreno cruzaba la nieve hasta llevarlas a un espectacular iglú. Dentro les esperaba una botella de champán y dos copas. Se quitaron los chaquetones de plumas, los guantes, las botas, allí dentro se estaba tan bien con la calefacción que necesitaron quedarse tan solo con el pantalón y la camiseta interior.

—A ver… ¡vamos allá! —Kristina la miraba emocionada mientras abría el champán—. Esto nunca se me ha dado bien.

—¡Ay! —gritó Parker porque el tapón salió por el aire golpeando la pared.

—¡Qué fuerte estoy! —decía mientras trataba de no desperdiciar el chorro que salió a toda velocidad ante la carcajada de Parker—. Toma, mi amor.

—Espera que recuerdo que había un botón para poder ver el cielo.

—¡Sí! ¡Es cierto!

Parker corrió al panel de la pared y le dio al botón que ponía cúpula. Poco a poco se fue retirando, se veía el cielo y los destellos de colores verdes atravesándolo. Las auroras boreales ya estaban en pleno auge.

—¡Qué belleza! —susurró Kristina.

—Sí, ¿pero sabes qué? No es tan bello como tú —la cogió por la cintura y la besó.

—Antes de que perdamos la cabeza —ambas sonrieron divertidas—. Quiero brindar.

—A ver —Parker trató de ponerse seria.

—Brindo por ti y por mí. Hace diez años te dije que volveríamos. Y creo que hemos vuelto siendo muy diferentes de aquella pareja que fuimos. Somos mejores.

—Mucho mejores, estoy de acuerdo.

—Tenemos tres hija maravillosas y la familia sigue estando ahí. Nuestros amigos de siempre, la señora Davis con sus achaques pero ahí sigue dando guerra con Andrew. Nuestros trabajos que van viento en popa, pero sobre todo… —se calló para besarla—… Sobre todo está nuestro amor que día a día crece y se hace más fuerte. Siempre supe que serías la mujer de mi vida por eso hoy aquí quiero decirte que te amo… Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Parker.

—Mi amor —respondió emocionada porque los ojos de Kristina se habían llenado de lágrimas. Tragó saliva porque la emoción se había parado justo en la garganta—. Tú también lo eres para mí. Y quiero decirte que has hecho que mi vida sea especial, tú me has hecho mejor. Eres mi amiga, mi compañera, mi mujer, creo que el día que me muera que espero sea dentro de muchos años, lo haré tranquila y feliz porque la vida me ha dado lo mejor, a ti.

—Parker… ¿te das cuenta? Muchos juzgaron nuestro amor, algunos siguen haciéndolo hoy pero tú y yo somos inmensamente felices.

—Y eso es lo que importa. Nuestras hijas, tú y yo. Por encima de prejuicios que son estúpidos, por encima de gente que no entienda nuestro amor sincero. Tú eres para mí lo más importante y mira… voy a decirte algo. Te prometo que dentro de diez años ¡volveremos!

—¡Te quiero! —sonrió ampliamente aunque lloraba de felicidad.

—Bueno… se me ha olvidado algo más —le dijo quitándole la copa de la mano y mirándola con picardía e intensidad—. Además de todo eso, eres mi mejor amante.

—Y tú la mía.

Se perdieron entre las sábanas, bajo las luces de las auroras que cruzaban el cielo iluminando aquel iglú donde el amor volvió a ser el protagonista. Porque en la historia de Parker y Kristina siempre el amor fue el verdadero protagonista.

 

12 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. HERIDAS EN EL CORAZÓN. FINAL

  1. Gracias, Nathalie.

    Gracias por estar a nuestro lado y por tus comentarios. Me alegra saber que te ha gustado el final porque no las tenía toda conmigo.

    Un abrazo enorme.

  2. ¡¡Querida, Kris!!

    No sabes la alegría que me acabas de dar al leerte. Estaba hasta preocupada por no saber de ti, de verdad que he extrañado tus comentarios. Me alegro mucho de haber provocado en ti esos sentimientos.

    Un fortísimo abrazo y mil gracias.

  3. No lo puedo creer…. 😰😢 ya terminó… 😢😟
    Hermosa historia, creo q ya sabes lo q opino de ella y de ti por hacer q fuera posible!
    El final estuvo precioso! Como correspondía, GRACIAS por habernos regalado está historia de amor, de familia, lucha, amistad, hermandad, de libertad y realidad también! GRACIAS!!!!!!
    GRACIAS!!!
    GRACIAS!!!!!!!
    Las voy a extrañar mucho, y así como tú, doy las gracias a ellas por todo lo q nos hicieron sentir en todo este tiempo! Afortunadamente acá tenemos la historia para releerla 😊😊😊
    GRACIAS…
    Te envío un fuerte abrazo con todo mi cariño y admiración!
    Espero q sigas mejorando de tu salud, sé q lo harás! Y bueno, no quiero ejercer presión ni nada por el estilo, pero acá estaremos siempre esperando por otra de tus historias…. Mientras, a releer ésta y todas las demás! 😊
    Abrazo grande!
    🌻😘🌻🌻🌻🌻🌻🌻🌻🌻
    GRACIAS!

  4. Hola escritora, esta historia he preferido leerla en la sombra..he reido y llorado con ella, cada día te superas más en tus historias, felicidades y que sigan tus exitos, un fuerte abrazo y a la espera de una proxima historia que estoy segura, será tan maravillosa y envolvente como esta.

  5. Muchas gracias, Laura. Gracias por acompañarme en cada capítulo desde la historia anterior. Espero que este final te haya gustado. Bueno… quizá algún día haya una tercera parte, digamos que he dejado la puerta abierta.

    Un fuerte abrazo.

  6. Muchas gracias, Diana.

    Me alegra saber que has disfrutado con esta historia y con otras. Gracias por tus palabras que desde luego son una fuente interminable de satisfacción para mí ante un trabajo que no era fácil.

    Un abrazo de todo corazón.

  7. Ooohhh no puede ser!!!! No puede terminar☹️🙁😥 echaré muchísimo de menos estos capítulos!!!! Que grande eres Idana…. ahora….yo te animo a una tercera parte jajajajajjajaja siempre contarás almenos con una lectora fija 😂😂😂….muchas gracias por esta historia💞💕

  8. Que más puedo decirte Idana. Solo expresarte mi Gratitud. Sí mil y mil Gracias…. Gracias por dejarme disfrutar de ti a través de esta bella forma de escribir. Gracias por que no sabes todo lo q transmites con cada historia , tu forma de darle vida a cada personaje.. No solo me he enamorado de parker y kristina, ni de maca y sther . Me he enamorado de cada Novela que escribes. Por que simplemente me he enamorado de tu Forma de escribir😍. Así q aquí una gran Admiradora tuya… Y espero que sigas mejor y tus fuerzas nunca desfallezca☹️

    Un Abrazo desde la distancia.. 🤗

  9. Ahh se me olvido decirte que estaré pendiente de la promesa de paker a Kristina por que yo también quiero saber en que andan ese par dentro de 10 años . yo también quiero saber que más pasa. .😅😅…

  10. Buenas tardes querida Idana, solo quiero decirte GRACIAS, muchas gracias por compartime estas bellas historias y desearte lo mejor, muchos exitos y que el Dios en el que tu creas te bendiga inmensamente. mmm, que más te dire que te voy a extraña mucho sobre todo a las dos de la tarde acá, imagino que tu decansaras de tanta lata que te he escrito con tanto cometario y de verdad que admiro tu paciencia y decirte que eres muy grande y especial y pues voy hacer ahora, pues volver a leer las dos historias y esperar que algún día te animes a aceptar mi invitación. deseo encuentres solución para tu insomnio y tus jaquecas y si vuelves a escribir que yo cuente con la suerte de seguir disfutando lo bello que escribes.

    Un fuerte muy fuerte abrazo de parte de quien te admira mucho osea YO.

    Bye

    ________________________________

  11. Buenas noches, Alexandra.

    Antes que nada decirte que ha sido un placer atender tus comentarios. Todos los comentarios buenos y no tan buenos siempre son importantes para mí. Poder intercambiar opiniones ha sido una de las partes más bonitas de esta historia. Gracias por acompañarnos. Y espero retomar las fuerzas para poder dejaros las dos historias en formato ebook.

    Gracias por tu cariño a mis historias y a mí.
    Un fuerte abrazo.

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