PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 68

Tras el beso apasionado, Parker se separó de Kristina como si le hubiera dado una descarga, aquello no era lo que iba a hacer. Iba a hablar con ella. Quería acabar con las dudas que había visto en sus ojos. Pero era más fuerte el deseo de besarla que la cordura de hablarle, justamente era lo que no quería.

—Lo siento —murmuró y salió de la habitación.

Kristina se había quedado de una pieza. Cerró los ojos y aquel lo siento no le dio buena vibración. Fuera, Parker se había vuelto a sentar, trataba de disimular el desconcierto que ella misma había sentido. Al poco rato, salió Kristina que casi se podría decir llevaba la misma cara. Kristina se sentó junto a Melissa cogiéndole la mano con una sonrisa feliz de tenerla allí. No esperó mucho Parker para poner como excusa el cansancio para retirarse a casa.

—Os acompaño —les dijo Kim.

—Gracias.

—Buenas noches, Melissa —la abrazó con fuerza Kristina.

—Buenas noches, cariño.

—¿Os quedáis en casa de Parker? —le preguntó Kristina con cierto temblor en su tono de voz.

—Sí.

—Si necesitas algo… ya sabes…

—Eres un sol —Melissa le apretó los dos carrillos mientras Kristina sonreía.

—Buenas noches, Parker.

—Buenas noches, Kristina.

Se quedaron mirando como si tuvieran mucho que decirse pero siendo conscientes de que no era el momento.

—¡Inspectora la echamos de menos!

—¡Pelota! —le dijo el detective a Peter.

—¡Gracias, Peter! La semana que viene si todo va bien estaré de vuelta.

—Descansa, Parker —le dijeron todos felices de ver que pronto estaría de vuelta.

Kristina les acompañó hasta la puerta y al cerrar su sonrisa fue tan triste que provocó en Catalina una mueca de preocupación. Estuvieron un rato más hasta que poco a poco se fueron yendo.

—¡Te ayudamos a recoger! —le dijo Judi.

—No hace falta, gracias.

—Sí hace falta. Vamos a estar aquí el tiempo que necesites.

—¿Por qué me dices eso, Catalina?

—No nos chupamos el dedo. ¿Qué ha pasado en la habitación? —Kristina sonrió ante la mirada de Catalina que le hizo sentarse. Dio un resoplido fuerte y la forense sentada a su lado le dijo con cariño—. Te queremos ayudar.

—Vale pero no me riñas —le dijo a Catalina elevando un dedo.

—Madre santa.

—Nos hemos besado —ante la mirada de las dos agregó—. Mucho… muy intensamente…

—¡Ya… ya! No hace falta que sigas nos hacemos una idea —respondió Judi.

—¡Yo qué te dije! Nada de besos.

—Lo sé, pero estaba ahí tan cerca de mí nos miramos y… Catalina es superior a mí, es que me mira y… y…

—¡Déjalo también nos hacemos una idea! —contestó Catalina.

—Sé que no debía pero… no puedo evitarlo.

—Ni ella porque me imagino que si ha sido tan intenso habrá puesto algo de su parte —murmuró enfadada Judi.

—¿Y te ha dicho algo que tienes esa cara tan triste? —le preguntó Catalina.

—Que lo sentía —contestó mordiéndose el labio.

Judi y Catalina se cruzaron la mirada. Kristina a pesar que había captado el gesto trató de obviarlo.

—Bueno… no os preocupéis. Supongo que mañana podremos hablar.

—Necesitáis hablar. Oye, Kristina, si necesitas cualquier cosa, hablar, salir a dar una vuelta, lo que sea llámanos a nosotras, pero no a Parker.

—Lo haré. Gracias, Judi.

—No, gracias por compromiso no. Judi te lo dice en serio, ella con los niños es más complicado pero Laura, Kim y yo estamos para lo que necesites.

—Lo sé —se le llenaron los ojos de lágrimas era evidente que ellas sabían la decisión que había tomado Parker.

—Venga vamos a recoger esto y a la cama.

Les agradeció realmente que la ayudaran aunque también era cierto que se moría de ganas por quedarse sola. Aquel, lo siento, de Parker se le había quedado como un puñal atravesado en el corazón.

—Pues ya está. Os acompaño al coche.

—Ha sido una reunión fantástica —le dijo Judi mientras la abrazaba.

—Me alegro mucho que os haya gustado. ¡Repetiremos!

—Encanto, hazme caso. Nada de ir a buscar a Parker —le apuntó con el dedo índice sobre su rostro.

—¡Cómo crees que voy a hacer eso! El lunes nos vemos.

—Si necesitas algo antes, nos lo dices.

—Gracias, chicas. Estoy muy contenta por haber podido compartir esta noche con vosotras.

Las dos entraron en el coche y la saludaron antes de irse. Kristina agitó la mano y se dirigió hacia su casa, al levantar la cabeza vio la luz de la habitación de Parker encendida. Se detuvo y suspiró con fuerza negando con la cabeza.

Por su parte, Parker había estado observando la escena desde la ventana, había escuchado las voces y se asomó. Cuando vio que el coche se iba se apartó. Se sentó en la cama con una zozobra en su interior que no podía manejar. Puso su almohada en la espalda y se apoyó contra el cabezal. Se reprochó lo que había ocurrido pero es que… no podía… no podía evitarlo. Sin embargo, había tomado una decisión y debía mantenerse firme por el bien de las dos. Kristina era tan buena gente, tenía tan gran corazón que no podía dañarlo. Y sabía que su experiencia a su lado podía marcar su futuro. No quería ver a una Kristina a su misma edad llorando por haber tenido a una mujer egoísta que no pensó bien el paso que debía dar. Solo un poco de tiempo, solo necesitaba calmar su miedo a ser amada de nuevo, su terror a amar a una mujer otra vez. Suspiró con fuerza, la velada había sido maravillosa. Estaba tan guapa. Sonrió mordiéndose los labios. Sabía que se había vestido para ella, maquillado para ella y aquello le provocaba un sentimiento intenso. Se fue bajando en la cama a base de mover su trasero. Estaba agotada, los nervios, las ganas de verla, el juego de miradas que habían llevado toda la noche. Apoyó la cabeza en el cabezal y cerró los ojos. Debía hacer caso a su madre, no podía dejar pasar mucho tiempo. Debía tomar decisiones sobre ir superando su dolor con la mayor rapidez posible.

En su casa, Kristina se había puesto a calentar un té. Sentía cierto malestar de estómago. Los nervios le habían pasado una mala jugada. Apenas había cenado pero se sentía como si estuviera llena. Se acercó a la ventana y se asomó. Ya no había luz, debía estar durmiendo. Si cerraba los ojos la imaginaba en la cama con aquel pijama blanco y rosa a cuadros. Le sentaba tan bien ¡todo le sentaba tan bien! Sonrió mientras apagaba la luz y se sentaba en el sofá a solas, en silencio. Rememorando el beso. Bebió despacio nunca la habían besado así de aquella manera que la besaba Parker, tenía un poder increíble. Y entonces volvió a ella el lo siento y tiritó.

—Parker… no podría resistir que me digas que no.

El despertador marcaba las dos y media de la mañana. Parker se había dormido pero se había vuelto a despertar. Le molestaba el hombro, no podía moverse bien en la cama y estaba empezando a ponerse nerviosa. Se pudo colocar finalmente de lado derecho y cerró los ojos. Quería dormir al menos así su cabeza descansaba en pensamientos que la desvelaban. Cerró los ojos y sintió el deseo en su piel. Lo sintió tan fiero que carraspeó tratando de relajarse. Estaba quedándose dormida y nuevamente el beso que se habían dado volvió a su visión. Kristina la besaba de una manera tan maravillosa, nunca la habían besado así. Y cada vez que susurraba su nombre, en aquel momento que lo escuchaba tan claro, la llenaba de locura, sonrió de lado.

—¿Parker duermes?

—No… ¿qué?

—Cariño… soy yo —le susurró.

—¡Kristina! —se giró y allí estaba a su lado con esa carita de chica buena con aquella sonrisa atractiva y arrebatadora mostrándole abiertamente que estaba a un paso de comérsela—. ¡Qué haces en mi cama!

—Necesitaba estar contigo…

—¡Estás loca, mi madre está aquí!

—Lo sé… pero si lo hacemos bajito no lo va a oír.

—¡Por Dios Kristina! ¡Pero te has vuelto loca! —le decía entre susurros.

—Tú me vuelves loca… muy loca… mucho… —se lanzó a sus labios atrapándolos con la fiereza que da el deseo.

—Para… para —trataba de detenerla con su brazo sano.

—¡Parker!

—¡Mi madre! —exclamó al oír como la llamaba Melissa desde el pasillo—. ¡Métete bajo de la cama! ¡Corre! —le dijo nerviosa.

—Pero…

A Kristina no le dio tiempo a decir nada más, Parker la empujó y cayó de bruces al suelo. Tal como cayó se metió corriendo bajo la cama. Tragó saliva al ver como se abría la puerta.

—Hija… ¿Te encuentras bien? —la voz de Melissa sonó preocupada.

—Sí, mamá —la respuesta de Parker sonó con cierto temblor en su voz.

—Te he oído hablar.

—Estaría soñando. Me había quedado dormida.

—¡Es que juraría que he escuchado la puerta de casa cerrarse!

—¿Cómo? —la miró abriendo los ojos de par en par.

—Sí, no sé…

—Yo no he oído nada —le respondió elevando su hombro sano—. De todos modos voy a ver.

—No, tranquila, no te levantes. Habrá sido algún ruido fuera quizá.

Se acercó hasta Parker y los pies quedaron justo en la cara de Kristina que cerró los ojos, trató de taparse la boca porque la situación le provocaba cierta sonrisa nerviosa difícil de controlar.

—Bueno hija… a ver si podemos descansar.

—Sí.

—¿De verdad estás bien?

—Sí, sí… —respondía tratando de mostrarse tranquila.

—De acuerdo. Ay que paz se respira aquí… hay tanto silencio que puedo escuchar mis pensamientos y lo que no son mis pensamientos —le dejó un beso en la cabeza y aquella frase que parecía una advertencia.

—Hasta mañana, mamá.

Después de darle el beso, Melissa le sonrió y salió de la habitación. Parker apagó la luz. La madrugada estaba lo suficientemente despejada como para que la luz que entraba del cielo y la luna iluminara la habitación. Kristina esperó un rato por si Melissa volvía a entrar y salió de debajo de la cama con gesto de susto.

—¿Ya? —le preguntó en susurro a Parker.

—¡Pero se puede saber qué haces aquí! —le dijo enfadada.

—No me aguanto más, Parker. Necesito estar contigo, necesito hacerte el amor —se lo dijo justo antes de lanzarse a sus labios con la fuerza de la pasión.

—¡Para, Kristina! —la voz de Parker fue contundente y a pesar de hablar bajito estaba cargada de enfado.

—¿Por qué? —la miró a los ojos con gesto de no entender—. Podemos hacerlo sin ruido.

—¡Kristina, por favor! —la miró a punto de explotar.

—Parker…

—Escúchame. No voy a hacer el amor contigo, no puedo hacerlo.

—¿Te duele el hombro? —aquella pregunta cargada de preocupación e inocencia le dolió a Parker—. ¿Te encuentras mal?

—No. Kristina antes no debí besarte, la verdad que necesitaba hablar contigo y traté de hacerlo pero…

—Parker me ha encantado besarte, sabes que me vuelves loca.

—No voy a besarte más, ni voy a hacer el amor contigo más —lo dijo con suavidad pero tal determinación que Kristina mostró un gesto de impacto. Entonces Parker frunció el ceño y con pena siguió—. Siento que lo único que estoy haciendo es, es lo siento… no quiero hacerte daño.

—¿Qué quieres decir? —la miró desconcertada.

—Quiero decir que necesito tiempo, Kristina. No quiero engañarme a mí misma ni mucho menos a ti. Sé que te puede sonar a egoísmo por mi parte al decirte esto, pero te quiero demasiado como para hacerte daño y si cedo, si cedo a mis deseos antes que a mi corazón voy a hacerlo.

—No te entiendo —el miedo se había asomado en sus ojos como si se tratara de un balcón al que asomarse ante un precipicio.

—Necesito asumir cosas que me han sucedido para seguir adelante. Necesito saber que no solo siento deseo por ti, que también siento amor.

—Quieres que dejemos de vernos —susurró. No fue una pregunta, tan solo una frase cargada de miedo.

—Sí.

Kristina miró a Parker fijamente, le temblaban las pupilas mientras a Parker le temblaba el corazón. Agachó la mirada cerrando los ojos, no podía soportar aquella mirada. Le estaba destrozando el alma.

—Kristina, eres muy importante para mí, has conseguido con tu amor, con tu forma de ser que mi mundo se desmorone, me he quedado sin lo que durante tantos años me ha salvado en la vida, el dolor. Tú has hecho que me enfrente a él, pero no puedo hacerlo si me refugio en ti. Si dejo que no curen mis heridas y tu amor sirva para ambas. ¿Lo entiendes? —le había cogido la mano mirándola con los ojos repletos de lagrimas.

—¿Esto es por Kareen?

—Sí. Necesito cerrar esa herida y saber que puedo amarte como te mereces.

—¿Y qué se supone que tengo que hacer yo?

—Soy consciente que te pido un esfuerzo enorme. Y me gustaría que me esperaras pero no tengo ningún derecho a pedirte algo así. Eres una persona maravillosa, tienes una inteligencia que admiro, y luego está tu dulzura, tu ternura. Tienes un gran corazón y no quiero ser yo precisamente yo la causante de hacerle daño —Kristina había agachado la cabeza. Parker puso la mano en la barbilla y le obligó a mirarla—. Te quiero, Kristina. Pero querer no es suficiente para empezar una relación.

—Está bien. Es tu decisión, toma —le entregó las llaves de su casa y la miró fijamente—. Es tu decisión.

Salió de aquella habitación corriendo con las lágrimas en los ojos.

Parker sintió haber actuado así pero no podía engañarse ni engañarla. Estaba segura que necesitaba pensar y debía dejarle su tiempo para ello. Kristina había madurado y sabía que pensaría con tranquilidad las cosas. A ella no le quedaba más remedio que seguir luchando contra sus miedos.

—Kris… —susurró con la pena grabada en la voz.

Amaneció y el sol que entraba por la ventana rozó con mimo el rostro bañado en lágrimas de Kristina. Lo que tanto miedo le daba que sucediera había pasado. Durante bastante rato se entregó al llanto más feroz que había recordado jamás. Las palabras de Parker revoloteaban por su cabeza, le había dicho que la quería pero no la amaba, le había dicho que era una gran persona pero no lo suficiente como para que Parker arriesgara y se quedara a su lado. Le había pedido que la esperara pero también le había dicho que no tenía derecho a pedir algo así. No podía entender a Parker por mucho que lo había intentado no podía. Eran las siete y media de la mañana se levantó con una rabia que le quemaba su cuerpo y tomó una decisión.

En su casa, Parker se había levantado a las seis de la cama. Se había refugiado en el despacho y había estado viendo las fotografías que tenía con Kareen. Allí se veía siempre sonriente, feliz al lado de su mujer. Pero cuando miraba a Kareen podía captar justo lo que no quería dar a Kristina cariño. O quizás estaba tan influenciada por su madre que se dejaba llevar por aquellos ojos a veces tristes. ¿Y si ella no había sido lo suficientemente valiente como para decirle a Parker lo que ella le había dicho a Kristina? Todo fue tan rápido. Suspiró y cerró los ojos transportándose al momento en que Kareen le dijo que la quería. Y a otros momentos que llegaron después repletos de pasión y amor. Entonces abrió los ojos de golpe, porque Kristina se coló en esos pensamientos. Y sintió miedo, un miedo y un presentimiento que no le gustó. Cogió las llaves y con el pantalón de ir por casa y una sudadera pasó hasta la casa de Kristina. Llamó al timbre y esperó con nervios.

Kristina salió de su habitación con un pantalón en la mano. Abrió sin mirar y allí estaba Parker. Parecía que tenía frío porque notó que temblaba ligeramente. Sus ojos se encontraron y ambas se dieron cuenta que sufrían.

—¿Puedo pasar? —le preguntó Parker. Kristina se apartó para que entrara.

—No tengo mucho tiempo… así que… tú dirás.

—¿Y eso? —la miró sin entender sus prisas.

—Me voy. Es más si no te importa tengo que seguir con lo que estaba haciendo.

Kristina se encaminó hasta la habitación bajo la mirada incrédula de Parker. Al entrar, la vio preparándose una maleta, Minnie estaba dentro.

—¿Dónde vas? —le preguntó.

—¡Qué más da! Bien lejos.

—¿Qué quieres decir?

—¿No sabes lo que significa lejos? —la miró con una ceja enarcada que marcaba un gesto muy duro en su rostro recordándole por un momento a la primera Kristina que conoció.

—¡Claro que sé lo que significa! ¿Pero… a qué viene esto?

—Esto viene a que es lo que debí hacer hace exactamente una semana.

—¿Kristina ahora no puedes irte, ¿y el trabajo?

—A la mierda el trabajo. Quita Minnie —apartó a la gata con un movimiento de mano que llamó la atención a Parker nunca la había visto tratar así a su adorada gata—. ¿Vas a decirme lo que tengas que decirme?

—A ver, Kristina. Para un momento —la apartó de la maleta con suavidad. Aunque la mirada de Kristina era todo lo contrario—. ¿Te quieres ir por lo que hablamos anoche?

—Me quiero ir porque me siento una gilipollas, la misma gilipollas de siempre.

—No te permito que digas eso —la miró seria.

—¿No me permites? ¡Tú! —lo dijo con sorna.

—No puedes dejar todo lo que has conseguido porque yo te haya pedido tiempo.

—¡Tiempo te va a sobrar! ¡Te vas a hartar de tener tiempo! —le espetó con rabia.

—Vale, pero no te vayas. Kristina, por favor, escúchame.

—Ya te escuché anoche.

—¿Puedes hacerlo sin esta rabia? —la miró intensamente.

—No, ni puedo, ni quiero ni me apetece.

—Está bien, me lo merezco. Me merezco esta reacción por tu parte, pero no te vayas. Has conseguido grandes cosas y estoy segura que vas a conseguir muchas más. Eres una mujer…

—¡No empieces con la clase de mujer que soy! Al parecer no lo suficiente para ti.

—Por supuesto que sí eres mucho más que eso, la que no es suficiente para ti soy yo.

—¡Eso debería decidirlo yo! ¿No crees?

—Sí. Claro. Pero necesito que te des cuenta que yo quiero hacer las cosas bien, no te estoy diciendo que no quiero nada contigo. Te lo dije anoche, te quiero y eres muy importante para mí. Y me gustaría que lo fueras todo. Soy consciente que anoche te hice daño, que te estoy haciendo daño ahora. Pero Kristina, entiéndeme. Pensé que tú me entenderías mejor que nadie. Si estoy a tu lado quiero que sea amándote. Y… estoy segura que te amaré porque mi corazón se alegra cuando te ve o pienso en ti, nadie me ha tratado como tú te lo aseguro. Pero necesito estar tranquila un tiempo, necesito pensar y curarme, mis heridas no las ves porque las tengo muy adentro, sabes que he sufrido y quiero estar limpia de todo para estar a tu lado. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida y no quiero perderte —le cogió la mano mientras Kristina la miraba seria—. Pero no te pido que te quedes por mí, te pido que te quedes por ti. Porque has conseguido un trabajo que créeme está al alcance nada más que de algunos privilegiados por su inteligencia, como es tu caso. Porque además tienes una nueva familia —Kristina agachó la cabeza—. Lo que no quiero es que tus decisiones ni tu vida gire entorno a mí. Tienes que ser tú misma, Kristina. Y esto también es parte del proceso que quiero que tengamos, tú debes confiar en ti, sola o acompañada pero debes confiar en ti. Entiendo que estés decepcionada, lo entiendo, resentida conmigo pero es necesario. ¿Crees que para mí es fácil sacarte de mi vida? Me aterra pensar que puedes conocer a otra persona, espero que no —se mostró nerviosa tratando de dibujar una sonrisa que no terminó de formarse—. Para mí tampoco es sencillo pedirte tiempo. Todo ha sido muy rápido, demasiado rápido y necesito parar. Y quiero que tú también pienses lo que quieres en tu vida. Por favor, necesito que lo entiendas. Kris… Kristina has cambiado mi vida pero lo siento, necesito ese tiempo que te pido.

Parker le había hablado con dulzura, había vuelto a ser la Parker tierna que le llegaba al alma. Kristina la miró con lágrimas en los ojos y entonces se abrazó a ella. Se abrazó fuerte y Parker la sujetó con fuerza. Parecía que aquel abrazo estaba tratando de poner palabras en una y en otra. La palabra esperanza.

—¿Me vas a hacer caso?

—Sí —respondió débilmente sin soltarse de ella.

—Gracias.

Entonces se separaron mirándose a los ojos y sin poder evitarlo la mirada de cada una se perdió en los labios de la otra. Parker reaccionó, le sonrió con un poco de tristeza y tras un suspiro se dio la vuelta para marcharse.

—Parker… ¿y ahora que se supone que somos? ¿Podré hablar contigo? ¿O ni siquiera eso? —la miraba con la tristeza en sus ojos.

—Pues somos amigas y vecinas ¿no? —trató de sonreír—. No lo sé, Kristina. El día a día irá diciendo.

Se marchó de allí con rapidez porque sentía que se ahogaba. Desde la ventana de la habitación, Melissa vio como salía limpiándose las lágrimas. Puso un gesto de preocupación, ya sabía ella que se iba a complicar todo. Intuía que había pasado algo entre ellas cuando las dos se ausentaron del comedor. El detective la miró con gesto preocupado y eso demostraba que pensaba como ella. Esperó unos minutos sentada sobre la cama. Quiso dejarla para que se calmara. Después bajó las escaleras con cuidado y entró en la cocina donde Parker estaba con la mano apoyada sobre el banco de la cocina y la cabeza agachada, la melena caía sobre su rostro tapándolo de manera escalonada.

—¡Buenos días, mi amor!

—Buenos días, mamá.

—¿Has podido descansar? —le dejó un beso en la sien.

—Sí. ¿Y tú?

—Sí, sí, perfectamente es maravilloso el silencio que hay aquí.

—Me alegro. Siéntate que el café está a punto de salir.

—Claro.

Parker puso el café en su taza y se la dejó delante. Se sentó y trató de fruncir los labios para evitar ponerse a llorar. La mirada de Melissa le provocó que suspirara y acabara diciéndole.

—Anoche hice daño a Kristina. Justo lo que he intentado evitar. ¿Cuándo acabes de desayunar podrías pasar a verla? No estoy muy segura de haber conseguido que me hiciera caso.

—Claro, Parker. Desayuna.

Ajena a la preocupación de Parker, Kristina paseaba nerviosa de un lado a otro de la casa, trataba de razonar la explicación de Parker. No le había dicho categóricamente que no iba a estar con ella, le había pedido tiempo. Debía calmarse y pensar, la antigua Kristina hubiera hecho justamente lo que iba a hacer, coger la maleta y marcharse sentirse una víctima de todo lo sucedido y encerrarse en casa para llorar. Pero la nueva Kristina debía pensar. Parker le había enseñado a pensar. Y en algo tenía razón, no podía perder aquel trabajo que le gustaba tanto y sus compañeros que le daban la estabilidad. Sonó el timbre y se apartó las lágrimas de la cara pensando que era Parker arrepentida de todo lo que había sucedido. Al abrir se encontró con Melissa la dejó pasar y entonces se abrazó a ella rompiendo a llorar con un llanto repleto de dolor.

—Tranquila, Kristina, tranquila. Mi hija necesita tiempo pero nosotras la vamos a ayudar.

—No sé, Melissa. Está muy segura que no me ama.

—Por eso la vamos a ayudar. ¡Pasamos desde este mismo momento al plan B! —le decía mientras la acunaba con gesto de pena—. Ella no quiere hacerte daño pero me temo que esta decisión os daña a las dos.

—No sé si estoy preparada para el plan B.

—¡Lo vas a estar! ¿Tú quieres a mi hija? —Kristina asintió—. Pues lo estás.

No tardó mucho en pasar nuevamente a casa de Parker. La esperaba nerviosa en el comedor caminando. Al escuchar que llamaba fue a abrir.

—Lo siento hija pero me he puesto nerviosa y no puedo abrir.

—¿Qué ha pasado?

—Nada. Estaba limpiando, se ve que el disgusto le ha dado por ponerse a limpiar.

—Lo siento tanto… —cerró los ojos—. ¿Pero no se va, no?

—No. Pero por no ti o por falta de ganas, lo hace por su trabajo.

—Menos mal —suspiró aliviada

—Vamos a dar una vuelta que quiero comprar algunas cosas.

Salieron juntas de casa, al hacerlo la mirada de Parker se dirigió hacia casa de Kristina. No lo pudo evitar. Volvieron una hora después con el chico de la tienda llevándoles una gran caja de compra. Parker se percató que su madre no se iba a marchar y aunque lo agradecía, hubiese preferido quedarse sola.

—Mamá… ¡no hacía falta todo esto! —le decía mientras la ayudaba a sacar las cosas.

—Sí, hace falta. El lunes cuando vayas al médico me quedaré en casa, ¡pero pienso dejarte el congelador lleno de tuppers de comida sana!

—¡Por favor! —renegó.

—Anda… ve a descansar que voy a preparar un flan.

—¡Cuánto tiempo sin comer flan! —sonrió feliz.

—Deberías aprender.

—Mejor me voy a descansar.

A Parker le llegaba el olor de aquel rico flan que su madre preparaba. Estaba leyendo mientras contestaba al teléfono. Catalina y Kim se habían interesado por su evolución en casa bajo la vigilancia de Melissa. Agradeció que le hicieran reír. De vez en cuando miraba hacia la cocina y veía a su madre ir de un lado a otro con el bastón en una mano. Entonces se levantaba y se asomaba a la ventana del comedor que daba justo a la casa de Kristina. El coche estaba en la puerta. No había oído llegar ningún otro coche por lo tanto creyó que entre ella y su madre habían logrado convencerla. Estaba vigilando cuando la vio salir de casa, se escondió en la pared para no ser vista y apretó los dientes para tampoco ser vista por su madre. Se sentó corriendo al tiempo que sonaba el timbre.

—¡Ya voy yo! Es Kristina.

El gesto de sorpresa de Parker fue intenso. ¿Qué hacía Kristina yendo a su casa después del encontronazo de la mañana? Pronto lo supo.

—¡Cariño pasa! —oyó los besos y el abrazo—. A la cocina.

—¡Qué bien huele! —la voz de Kristina la acarició.

—Mejor sabe.

Y las vio irse juntas hasta la cocina. Kristina no preguntó por ella. Aquello le molestó. Más le molestó oírlas reírse de buena gana y la exclamación de Kristina al probar el flan.

—¡Está divino!

—Claro, chiquilla. Te lo he dicho.

—Hola —apareció Parker con una sonrisa pero sus ojos mostraban su malestar.

—Hola —le respondió cortante Kristina.

—Ya que estás aquí ¿puedes hacerme un favor?

—Claro, Melissa. Lo que quieras.

—Hay que curar la herida de Parker. ¿Tu podrías?

—Mamá… no hace falta yo puedo —respondió Parker ante la mirada de Kristina dijo—. A ti te da aprensión.

—¡Te aseguro que después de salvarte la vida con toda la sangre que vi ya nada puede darme aprensión! Esa herida es como… no sé… como si fuera mi hija.

—¡Tu hija… anda que no tienes ninguna mejor comparación! —le dijo sonriendo Melissa.

—Venga ¿dónde están las cosas? —le preguntó sonriendo a Melissa.

—En el despacho.

—No hace falta, Kristina de verdad.

—Vamos —Kristina pasó por su lado dejando el rastro de su perfume.

Entonces Parker miró a su madre con seriedad.

—Yo no puedo curarte y tú sola tampoco. Ve.

Salió de la cocina y fue hasta el despacho. Kristina había encontrado la caja en la que Parker tenía todo lo que le habían dado en el hospital. La miraba un poco nerviosa, no era el mejor momento para que la curara.

—Siéntate —su voz sonó fuerte no parecía la Kristina dolida de por la mañana—. ¿Puedes quitarte la chaqueta?

—Sí —le respondió con ciertos nervios, se bajó la cremallera con cuidado de taparse el pecho para que no quedara al descubierto.

Kristina parecía que había estado curando heridas toda la vida, le quitó el apósito que cubría la herida, y al verla sus ojos parpadearon. Aunque quería mostrarse fuerte aquella herida le hizo recordar lo mal que lo pasó. Cogió la gasa y le refresco la herida. Parker soltó un pequeño gemido.

—¿Te escuece?

—No, noto cierto alivio que me pica un poco.

—¡Ah! —entonces cogió el Betadine echó en la gasa y se lo aplicó en la herida, Parker se quejó. Kristina la miró fijamente—. ¿Te escuece?

—Sí, me gustaría que a poder ser no te vengaras de mí con esto.

Entonces Kristina se mordió el labio echó más betadine a la gasa y apretó con fuerza contra la herida logrando un grito en Parker.

—¡Esto es vengarse! Espero te haya quedado clara la diferencia.

Parker apretaba los dientes. Kristina le puso nuevamente el apósito se quitó los guantes y salió. Al quedarse sola Parker susurró.

—La madre que la parió. ¡Oh!

Las lágrimas por el dolor y por como le habló se habían asomado a sus ojos, y cuando oyó la puerta cerrarse entendió que se había marchado. Resopló mientras se subía la cremallera. Es que pedirle que la curara solo se le podía ocurrir a su madre. Al menos, tendría la recompensa de un trozo de flan que se moría por comer. El disgusto de hablar con Kristina le había dejado un agujero en el estómago.

—¿Por qué le has dicho que me cure? Mamá las cosas no están como para que ella se encargue de hacer nada por mí.

—No veo donde tienes el problema, Parker. No es por gusto, es porque necesitas la cura. ¿Por qué has gritado?

—Porque me ha hecho daño. ¿Dónde está el flan? —le preguntó mirando alrededor con la cuchara en la mano.

—El flan era para Kristina.

Y dicho esto se fue dejándola con el rostro a cuadros. No podía creerlo. Le había hecho el flan que era su debilidad a Kristina, ¡todo para ella! Resopló como si fuera un bisonte.

Anuncios

4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 68

  1. ¡Hola, Nathalie!

    Esta relación es complicada desde cualquier punto. Hay tantas cosas entre ellas. Y por separado tienen que cicatrizar heridas y aprender. Va a ser muy importante como lleven cada una por separado este tiempo. Y el famoso plan B jajajaja.

    Un abrazo y muchas gracias por tu cariño y tus palabras.

  2. Holaaáa! 🌻🌻🌻🌻
    Uff… ¡Qué complicado es todo!
    Mi pobre Kris me partió el corazón 💔😭 pecaito! A Parker se le fue de las manos esa situación, y bien que le puso freno, aunque un poco tarde para mi gusto, pero celebro que lo haya hecho, ahora, hay que ver cuánto le dura… Qué no me fío mucho…. Esa atracción es la perdición, sobretodo para Kris que es más vulnerable. Parker también sufre, pero tiene mas experiencia y es más consciente de la situación.
    Espero ansiosa conocer ese plan B…. Al igual que Kristina se ponga las pilas y se amarre los pantalones para aguantar y para dejar esa dependencia hacia Parker.

    Muchas gracias por todo lo que haces, no tienes ni idea del alcance de tus letras.
    Abrazo grande.
    🌻😘
    Cuídate mucho

  3. Buenas tardes, Solete.

    Hoy coincido contigo totalmente, creo que Parker acierta al ir a buscarla y hablar con ella, en el fondo sabe que sigue siendo débil. Y sabe que su decisión le causa un dolor intenso lo mismo que a ella, y es de valorar que a pesar de su propio dolor piense en Kristina y envíe a Melissa.

    A ver ahora qué va a pasar… os veo muy animadas con el Plan B jajajajaja.
    Hasta la hora Parkris.

  4. Buenos días Idana,

    Po fin ha vuelto la cordura a la mente de Parker, por fin le ha dicho a Kristina todo lo que le tenía que decir. Entiendo que para Kristina ha sido un mazazo pero era necesario, no podía repetir con Kristina lo que Kareen hizo con ella. Pero claro, eso no le quita a Kristina el gran disgusto que se llevó. Ahí me dio mucha penita, entendió que otra vez se habían vuelto a aprovechar de ella, y de nuevo afloraron en ella la baja autoestima y el mal carácter. Pobrecilla, está tan acostumbrada a ser despreciada y ninguneada que cuando parecía que estaba empezando a resurgir, a la mínima otra vez por los suelos. Menos mal que Parker y sobre todo Melissa, la han parado a tiempo, de lo contrario a saber por dónde iría ya jajaja.

    Parker tiene razón, todo ha sido muy rápido, y no siempre que te traten bien y te quieran es suficiente. Vale que Kristina ha hecho por ella lo que no ha hecho nadie (excluyendo a Melissa, que no cuenta porque es su madre), vale que Kristina la ama como no la ha amado nadie, pero es que los sentimientos de Parker también cuentan, también ella tendrá que amar a Kristina para que puedan empezar una relación. Para ella también es duro, se ha acostumbrado a tener a Kristina pegada a ella, a sus detalles, a sus atenciones, a sus cuidados, y sinceramente, ¿quién no se ríe cuando le hacen cosquillas? Está siendo duro para ambas.

    Me he reído muchísimo con el momento: Pero si lo hacemos bajito no lo va a oír. Jajajaja… pobrecita mía, es que a veces es tan tierna e inocente que te la comerías enterita.

    Y el momento cura ha sido lo más de lo más, me hubiera encantado verlas por un agujerito. Y mi pobre Parker, toda ilusionada ella con el flan de su mamá y su cucharita en la mano, si es que son malísimas con ella, dejarla sin flan. Me da que me la van a hacer de sufrir mucho ayyyyy malas mujeres.

    Creo que me va a encantar este plan B, aunque me parece que a Parker no le va a gustar nada de nada. Gracias por el capítulo y hasta la hora Parkris. 😉

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s