PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 69

Durante la tarde del sábado Parker trató de dormir un rato pero la mente se había empeñado en no dejarle descansar, así que dejó que los pensamientos fueran y vinieran en el orden que quisiera. Eso sí, había tratado de no dejarse influir por ellos. Se levantó de la cama y bajó hasta el comedor donde su madre dormía en el sofá. La miró con una sonrisa triste, su presencia era muy importante a su lado y le dolía pensar que por ley de vida llegaría a perderla. Recordó la comida que le había preparado y sonrió, aunque su sonrisa se borró al recordar el flan. Eso le llevó a asomarse a la ventana, el coche de Kristina estaba en la puerta.

Y así se pasó gran parte de la tarde del sábado. Viendo la televisión hablando con su madre sobre las películas, y poniendo el oído por si escuchaba arrancar el coche de Kristina. Cuando su madre se levantaba para algo disimuladamente se asomaba para ver si seguía el coche o estaba la luz encendida. Y lo hizo hasta el momento antes de acostarse que miró y vio que había luz en la casa.

—Si me dejara llevar iría hasta su cama. Y eso es lo que no puedo hacer. ¿Por qué despierta esto en mí? ¿Por qué ese lado salvaje que no puedo controlar?

Se sentó en la cama y se puso crema en la mano derecha y trató de poner un poco en la izquierda. Al hacerlo recordó el momento de la cura. Con esa cara tan bonita que tenía, con ese gesto de concentración, con esa mínima sonrisa pero entonces le llegó su sonrisa ladeada y maléfica cuando le echó el betadine en gran cantidad. Aunque reconocía que la culpa había sido tan solo suya, por poner en duda que le había hecho daño adrede, eso no iba con Kristina. Y se acordó del ramo de violetas sobre la tumba de Kareen, y se dejó llevar por esas ganas de enviarle un mensaje para darle las gracias, cuando iba a escribir se dio cuenta que no debía hacerlo. Se trataba de no darle falsas esperanzas, ni que se hiciera ilusiones. Aunque estaba segura que no la echaría tanto de menos como ella en su cama. Se quitó la sábana el calor se había apoderado de ella.

—Parker que no tienes quince años. ¡Caray! ¡Que se ha comido tu flan! —y entonces sonrió y de la sonrisa dio una carcajada podía imaginarse a Kristina comiendo el flan divertida, con una de esas caras que ponía ella y le volvían loca—. Necesito trabajar. ¡Mierda, es que la tengo de vecina y la tengo en el trabajo! ¡Catalina!

Catalina estaba llorando a moco tendido con “Lo que el viento se llevó”, cuando le sonó el teléfono. En la pantalla apareció una foto y el nombre de inspectora.

—¡Parker! ¿Qué pasa?

—¿Qué te pasa a ti? ¿Estás llorando? —le preguntó preocupada.

—Estoy en el momento en que Escarlata pone a Dios por testigo que no pasará más hambre y me da la flojera. ¿Y a ti qué te pasa?

—No puedo dormir, pero bueno… si estás viendo la televisión.

—Deja, deja… que me va a gustar más el cotilleo sobre Kristina.

—¿Cómo sabes que es sobre Kristina? —la carcajada de Catalina le hizo cerrar los ojos—. Parezco tonta.

—Un poco.

—Es que o me distraigo o paso a su casa —lo dijo con total sinceridad—. Esto de tenerla de vecina es un peligro, creo que lo hizo a propósito.

—¡Qué va! ¡No sé como puedes pensar eso!

—Percibo cierta ironía en tu comentario.

—Parker… ¡es que tú no te das cuenta pero me dices que vas a tomar espacio con ella y se levanta va a la habitación y sales corriendo detrás! ¿Qué le hiciste?

—Iba a hablar con ella, necesitaba decirle que me diera tiempo no quería que siguiera mirándome con esas dudas. Pero es que… me pierdo ¡y eso es lo que me asusta! Necesito ser capaz de controlar el deseo.

—¡Pero para qué lo quieres controlar! ¡Disfrútalo! Por cierto acabo de tener un déjà vu, esto ya te lo he dicho en otra ocasión

—Lo sé y te vuelvo a contestar lo mismo, debo tener cuidado más que por mí por ella, lo que no puedo hacer es confundirla.

—¡Parker porque no dejas de ser tan estricta contigo misma! ¡Mira dónde te ha llevado!

—Porque Kristina es joven, demasiado joven, no ha tenido experiencias buenas en la vida, y me siento responsable de lo que pueda pasar entre ella y yo. No quiero que tenga una mala experiencia conmigo que eche por tierra todo lo que ha conseguido en estas semanas.

—¿Y no crees que poner distancia va a ser peor?

—No. Le he explicado bien las cosas. Quiero que cada una duerma en su cama, y ver como van surgiendo las cosas. Pero con calma y tranquilidad. Sin prisas.

—De acuerdo, pues entonces Parker no te muevas de ahí. Haz todo lo que tengas que hacer desde ese convencimiento, no flaquees. No va a ser fácil pero si la recompensa es estar junto a Kristina al final habrá merecido la pena.

—Sí. Solo espero que no encuentre a nadie que pueda separarla de mí.

—Es una de las posibilidades, encanto.

—¿Puedes decirme por qué tengo tanto miedo?

—Porque te has enamorado. Nunca antes me habías llamado desesperada por una mujer… ni con Kareen. ¿Lo recuerdas?

—Sí.

—Pues toma nota.

—Gracias, Catalina.

—Solo espero que no le cojas gusto a esto de llamarme y machacarme con el tema.

—No, te aseguro que no. Ademas no voy a tomarme meses de recuperación. Yo creo que una vez empiece a trabajar mi cabeza ya funcionara como toca.

—No te equivoques, Parker, no es tu cabeza quien debe funcionar, es tu corazón. Si fuera tu cabeza ya habrías superado todo esto hace mucho tiempo.

Se despidieron con la advertencia de Catalina a Parker de que no saliera de casa y la amenaza de poner en conocimiento de Melissa la situación. Parker se acostó y cerró los ojos. Echaba tanto de menos a Kristina, pero debía ser legal si quería que el tiempo no las volviera a separar. Y pensando en ella se durmió.

A Kristina le costó un poco llevar la tarde, más que nada porque había recibido la llamada de Catalina explicándole como debía actuar con ese plan B. Ella no lo veía nada claro, pero si las dos que conocían a Parker sabían que iba a funcionar, no iba a dejar de intentarlo. Se había acostado tarde leyendo, trataba de devorar libros para no pensar. Minnie que captaba su energía no paraba de darle mimos y arrancarle sonrisas.

-Quizá Parker tenga razón con eso de que yo también debo pensar, Minnie. Porque en el fondo ayer lo que buscaba al pasar a su casa era hacer el amor con ella. Y está muy bien hacerlo pero está mejor que nuestra relación vaya mucho más allá del sexo . Yo la quiero y la voy a esperar. Aunque me va a costar hacer lo que me piden. Solo espero que no tarde muchas semanas en aclarar sus sentimientos. Habla tan bien cuando tiene que explicar las cosas, tiene esa calma maravillosa que admiro, aunque estaba temblando ¡pobrecita mía si es que lo ha pasado tan mal! La hija de puta de Maura la ha terminado de destrozar. Solo espero que pueda superarlo. Si me pongo en su lugar no debió ser fácil… y ¿has visto que mona? Ha pasado para hacerme entender las cosas… Yo pensando ya que no servía, que soy una mierda, y ella me ha dicho cosas maravillosas que no me había dicho nadie. Y sé que no lo ha hecho por contentarme, ella no es así, lo ha dicho porque lo siente. Vale, nada más necesitaba tranquilizarme para entenderlo. Ahora… no sé si me he pasado con el betadine. ¡Voy a comerme el flan que me queda! ¡A su salud! Me hubiera encantado ver su cara -dio una carcajada mientras abrazaba a la gata que cerró los ojos y se dejó hacer-. Es el amor de mi vida, Minnie. Para mí también es lo mejor que me ha pasado en la vida y pienso hacer todo como me dicen. ¿Sabes qué? Los astros o mi abuela quisieron que fuera el departamento quien llevara su caso, y he tenido mucha suerte en el fondo de encontrar esta familia como dice Parker. No solo a ella, también al resto y eso no lo quiero perder. ¡Vamos, Minnie!

Lo dijo feliz, y a las dos de la mañana se acabó el flan con una sonrisa de oreja a oreja.

Para Parker la noche había sido agitada, nuevamente pesadillas horribles y a las seis de la mañana Kareen aparecía en la habitación. Aquella visión le hizo abrir los ojos de golpe con la respiración agitada. Se sentó como pudo y se pasó la mano derecha por el pelo. Respiraba con dificultad parpadeaba con rapidez para tratar de quitarse aquella visión de su cabeza. Estaba tan nerviosa que se quitó el cabestrillo y con cuidado bajó el brazo. Necesitaba sentir que corría la sangre por él. Tras un momento de intentar recobrar la calma se levantó, entró en el cuarto de baño y se miró en el espejo. Tenía mala cara. Con cuidado juntó sus manos bajo el grifo y se echó agua para tratar de refrescarse. No le dolía excesivamente el hombro con lo que esperaba poder incorporarse a trabajar. Y al pensarlo, se mordió el labio inferior. No iba a decirlo a nadie porque posiblemente le caerían muchos consejos y recriminaciones pero era incapaz de marcharse sin Kristina. Lo había meditado y no podría, estar sola lejos de ella, no podría.

-¿Cómo me he acostumbrado tanto a su presencia a mi lado? Espero que los demás la ayuden y no cometa ninguna locura. Necesito que esté bien.

Bajó a la cocina con el cabestrillo puesto, por si su madre se le ocurría levantarse y verla. El cielo aún estaba negro y la calle silenciosa. Torció un poco la boca mientras fruncía los labios a la vez. Fue hasta uno de los armarios cogió una bolsa y se dirigió hasta el despacho. En un mueble había encontrado dos álbumes que contenían fotografías con Maura, no lo dudó las fue sacando y como podía rompiendo. Las metió en la bolsa respirando aliviada.

-¡No vas a amargarme la vida ni los recuerdos, te perdono y te dejo ir!

Lo hizo de un modo un tanto ceremonioso. Pero necesitaba ir sacando peso de su mochila. Sacar a Maura de su vida era lo primero, porque cada vez que pensaba en ella el único recuerdo que le llegaba era cuando abrió los ojos para dispararle y la vio con el arma sobre la cabeza de Kristina que tenía los ojos cerrados y respiraba aterrada. Salió a la calle y echó al contenedor una parte de su vida que quedaba olvidada y perdonada. Al dirigirse hasta su casa se detuvo a la altura de la puerta de Kristina, allí dentro estaba su vida futura.

La mañana para Parker y Melissa fue bastante tranquila, Parker le pidió a su madre salir a pasear, necesitaba recobrar la fuerza no podía dejarse llevar por el cansancio. Dieron la vuelta a la manzana y se tomaron un café en el horno, al entrar se acordó de los primeros desayunos que compró para Kristina. Quien le iba a decir entonces como iba a cambiar su vida. Volvieron a casa con unos muffins, no preguntó porque sabía que alguno sería para Kristina. Y juntas prepararon la comida como hacía muchos años atrás, Parker ayudaba en lo básico mientras escuchaba historias contadas por su madre de lo cabezota y sufrida que era desde niña. Fue un rato ameno poder reír con su madre con total tranquilidad, se dio cuenta que lo echaba de menos y hasta lo disfrutó.

A Kristina se le abrió un ojo prácticamente solo ¡Parker estaba a su lado! Al abrir los dos se dio cuenta que no, que era la almohada a la que se había abrazado con la misma dependencia que hacía con ella. Quería dormir un rato más, le parecía que debía ser muy pronto y no le apetecía salir de la comodidad de su cama. Pero entonces Minnie comenzó a golpearla con su cabeza en la frente.

-¡Minnie déjame dormir! -el animal maulló-. ¿Pero qué te pasa? ¡Dios son las doce y media de la mañana! ¡No me lo puedo creer!

De la impresión se había sentado en la cama. Entonces bostezó, abrió sus brazos y estiró la espalda. Se levantó al lavabo y después siguió con los bostezos hasta ir a la ventana. Cada vez que se asomaba tenía la esperanza de poder ver a Parker. Se preparó el desayuno. Tenía un mensaje en el móvil.

-Cuando quieras puedes pasarme el plato del flan.

Sonrió. Se encogió de hombros y se preparó con rapidez el café, mientras se lavaba los dientes y se vestía. Unos vaqueros, zapatillas de deporte y el chaquetón. Se tomó el café y cogió el plato. No podía dejar de sonreír. Carraspeó varias veces, habló con Minnie para aclarar su voz y se dirigió hasta casa de Parker. Llamó al timbre y esperó.

Dentro, Melissa y Parker estaban en la cocina. Melissa le dijo a Parker que no se moviera de allí. Pero Parker no le hizo caso, la siguió a cierta distancia porque la vio coger la bolsa de los muffins. No podía ser verdad ¿le iba a dar todos? ¡Otra vez la iba a dejar sin muffins por Kristina! Las oyó besarse y saludarse, se asomó a la puerta de la cocina, veía a Kristina y se dio cuenta como sonreía divertida. Después escuchó la conversación.

-Kristina, hija, ¿te importa si mañana nos vamos a contigo a la ciudad?

-No, para nada.

-Es que Parker tiene médico.

-No hace falta, mamá -se oyó la voz algo enfadada de Parker-. Me dijo Catalina que venía.

-Ah, bueno, pues en ese caso nada. Gracias por el muffin, Melissa, pero no te tenías que haber molestado. Adiós.

Al cerrar la puerta, Melissa miró a Parker con los ojos repletos de dureza. Parker no se amilanó, al fin y al cabo, los reconocía sobradamente.

-¿Vas a hacer venir a Catalina cuando Kristina va a ir a la misma hora que nosotras a la ciudad?

-Se ofreció venir ella, mamá.

-Dime una cosa, Parker. Entiendo que quieras tu espacio lo que no entiendo es que quieras ser una intransigente. Kristina no se merece eso.

-Mamá… te agradezco que quieras que me ayude pero cuanto menos tiempo compartamos juntas mejor.

-¡Estupendo! ¡Pues no sé que vas a hacer en tu trabajo! ¿Vas a prohibirle salir de su despacho? ¡Digo para no verla! Parker… ¡piensa! Querer separar del todo a Kristina me parece injusto. Ella no se merece eso, ¡y entonces sí le harás daño! -al pasar por su lado le dio las bolsas con el resto de los muffins.

Estaban comiendo en silencio, porque Melissa se mostraba enfadada, cuando escuchó con total claridad como arrancaba el coche Kristina. Se iba, ¿un domingo? ¿Dónde? Trató de relajarse. Se tomó su muffin de frutos del bosque y tras ayudar a su madre a recoger las cosas de la comida se fue a su habitación. Se echó en la cama tras comprobar que era cierto que el coche de Kristina no estaba. Respiró hondo no iba a comerse la cabeza. Era demasiado pronto pero no iba a negarse que le dolía que Kristina no entrara a casa y la buscara como había estado haciendo hasta ese momento. Le dio cierto pesar ver que no le sonreía. Quizá había sido injusta, tampoco hacía falta ser tan dura. Al fin y al cabo, su madre tenía razón iban a estar juntas compartiendo el trabajo. Y si no quería tener problemas mejor era llevarse bien y como le había dicho ver como transcurría el día a día. Sí, había sido injusta debía calibrar bien sus actos. Y con ese pensamiento comenzaron a caerle sucesivamente lagrimas que no podía detener, le dolía el pecho de un modo intenso. Sabía que iba a ser duro sin duda se le había quedado un sabor amargo desde que había visto a Kareen tan nítida en su habitación, y después sentir que no había estado a la altura de Kristina le hizo explotar. El pasado y el presente se unían en un mismo dolor. Llevaba un buen rato llorando con amargura cuando se abrió la puerta y entró Melissa, no había nada como el abrazo de una madre para menguar el dolor.

-Llora, hija. Llora que llevas mucho tiempo prohibiéndote llorar.

-Mamá…

-Todo va a ir bien, ya lo verás. Llora, hija… llora.

Kristina se pasó gran parte de la tarde con Don preparando su presentación para la prensa. Nuevos tiempos iban a empezar en la fundación y agradeció tener que ocupar su cabeza en algo para alejar otros pensamientos. Tras dejarlo todo preparado y ver al hombre implicado con aquel nuevo acto de amor hacia Margaret, volvió a casa. Aparcó y entró. Debía ponerse a desarrollar el plan B. Se cambió de ropa, besó a Minnie y le puso unas cuantas chuches, después se preparó un té y abrió su nuevo ordenador. Suspiró porque no sabía ni por donde empezar, tecleó y ante ella se desplegó un buena número de entradas con nombre de mujer, sonrió de lado.

-Lo siento, Parker.

A mitad tarde, un nuevo mensaje de Melissa le hizo sonreír.

-Pues esto ya está. Ahora a esperar. ¡Cruza los dedos Minnie! Vamos a cenar.

El llanto dejó exhausta a Parker, nunca había necesitado tanto llorar como en aquel momento. Ni había necesitado tanto dormir. Era como si al entrar en los sueños a pesar de que muchas veces la envolvía la oscuridad podía dejar de sentirse mal consigo misma. La voz preocupada de su madre la sacó en ese momento del sueño en el que volvía a buscar a Kristina.

-Cariño… ¿estás bien?

-Mamá… sí. ¿Qué hora es?

-Son las ocho de la noche, me da pena despertarte pero no vas a dormir esta noche -la miró con preocupación.

-Necesitaba dormir. Solo eso.

-¿Vas a levantarte?

-Sí, sí. Gracias por ayudarme, mamá.

-No me des las gracias. Necesitas sacar fuera todo lo que te oprime y cuanto antes lo hagas mejor.

-Lo sé. Esta mañana he abierto los ojos y parecía que Kareen estaba aquí. Estuve viendo las fotografías y… supongo que fue eso.

-No te castigues más, hija. Ya está. Dijiste que ibas a cerrar esa herida ver sus fotografías ¿te ayuda?

-Supongo que no -resopló con cierto desconcierto.

-Poco a poco, mi vida.

-Menos mal que te tengo a ti que me soportas y me entiendes.

-Las madres venimos con ese adn es innato en nosotras, como buenas gallinas siempre tratamos de proteger a nuestros polluelos tengan la edad que tengan.

-¡Eso me ha quedado claro! -sonrió.

-¿Cenamos?

Fue al baño y se asomó a la ventana, el coche de Kristina ya estaba allí. Suspiró por un momento no se lo iba a negar, tenía miedo de que se hubiera marchado.

A las siete de la mañana sonó el timbre de la puerta de Parker. Fue abrir pensando en que estaría allí Catalina pero se encontró con una sonriente Kristina.

-Buenos días, ¿ya estáis?

-Buenos días -le contestó perdiéndose en aquella sonrisa.

-¡Kristina! Sí, hija. Vamos, Parker déjame que te ponga el abrigo.

Salió frunciendo los labios no quería decirle nada a su madre pero llevaba muy mal que estuviera entrometiéndose en sus decisiones con Kristina.

-Tú detrás, Parker -le ordenó su madre mientras le abría la puerta.

-Gracias, mamá -susurró con tono algo fastidiado.

-Te ayudo, Melissa.

Y allí estaba Kristina sujetando el bolso de Melissa para que se sentara. Parker la veía con esa sonrisa encantadora y sentía como temblaba su corazón. Cuando cerró la puerta pasó por delante del coche soplándose las manos.

-¡Qué frío!

-Hoy es un día frío, sí.

-¿Quieres qué ponga la calefacción, Melissa?

-Por mí, no.

-Está bien. ¿Sabes qué me encantó el flan?

-¿Sí? Me alegro mucho -sonrió.

-Tienes que enseñarme a hacerlo.

-¡Vaya a ti sí te interesa aprender! -y el sí lo captó Parker a la perfección.

-Por supuesto, estoy aprendiendo no soy una experta cocinera pero me gusta cocinar, me relaja.

-Estupendo. Al menos voy a morirme pudiendo enseñar a alguien a cocinar.

-¡Genial! -dijo feliz.

Parker suspiró delicadamente, Kristina le dejó muy claro que le daba lo mismo si ella sí quería o no la calefacción del coche. Elevó la mirada al techo del coche mientras se mordía el labio inferior, entonces sus ojos se chocaron con unos papeles que llevaba Kristina en el asiento trasero. Se moría de ganas por saber que era aquello, pero con el brazo como lo llevaba tendría que hacer un movimiento raro y Kristina podría percatarse. Así que suspiró y aguantó a aquellas dos mujeres hablando como si fueran solas en el coche. Hablaron de Minnie de todo lo maravilloso que hizo durante su ausencia. Las risas y complicidad entre las dos eran más que evidentes. Y Parker sabía que no era impostado, es que esa pareja había conectado a las mil maravillas, pero de ahí ¡a qué su madre le echara en cara que no sabía cocinar! Eso había sido un golpe bajo. Y entornó los ojos al ver que Kristina le contaba que había terminado con el flan a las dos y media de la mañana, parecía disfrutar horrores en aquel momento. Y las risas de Melissa también le hacían sospechar que su madre lo estaba pasando igual de bien. Así hasta que llegaron al hospital. Kristina bajó del coche y ayudó a salir a Melissa.

-Madre mía de mi vida -susurró Parker al ver que tuvo que abrirse ella la puerta.

-¡Ya puedes salir, Parker! -le dijo Kristina.

-Ya estoy fuera, eres muy amable -le sonrió con cierta ironía, aquella Parker le recordó a Kristina a la del principio de conocerse.

-Espero que todo este bien. Bueno, me voy a trabajar.

-Gracias, Kristina -Kristina le dio dos besos a Melissa.

Al quedarse madre e hija ante la puerta del hotel. Melissa se cogió al brazo derecho de Parker y se dispusieron a caminar.

-¿Te lo has pasado bien, verdad mamá?

-Sí, ¿te molesta?

-No, no para nada. Pero digo una cosa… ¡por qué diablos tienes que hacer lo que tú quieras! Te dije que vendría Catalina.

-Pues hago lo que yo quiera porque soy tu madre y mucho más sensata que tú en estos momentos.

En el departamento, Kristina entró con una sonrisa menos intensa que otros días. El detective hablaba por teléfono y no pudo evitar que le plantara los labios en la frente dejándole un beso. Él la miró enfurecido. Aquel día iba a hacer el examen que le había dicho Kim. Se mostraba algo nerviosa pero más que por ese test porque sabía que ese día empezaría con Wally y eso sí que le creaba mariposas en el estómago. Era una gran responsabilidad mucho más con las palabras que Parker le había dedicado en su casa. Sonrió había mirado varias veces por el espejo retrovisor y había visto su gesto atónito ante su total omisión. Estaba tan guapa.

-Será mejor que me centre.

En el hospital las noticias fueron bastante buenas, el análisis daba muestras de que se estaba recuperando bien y la radiografía que le acababan de hacer mostraban una regeneración buena.

-Sé que si le digo que no vaya a trabajar no me va a hacer caso. Así que intente trabajar pero sin esfuerzos, si puede no salir de su despacho mejor.

-¡Eso es como decirle a un niño que no toque algo! ¡Tenga por seguro que lo tocara! -el tono de malestar de Melissa hizo sonreír al médico.

-La radiografía muestra una buena recuperación de los tejidos, ha tenido suerte de que no tocó nada del hueso. Ahora quiero que pase a rehabilitación y que le manipulen el brazo. Le dirán ejercicios que debe hacer, movimientos y demás. Pero tenga en cuenta que le han dado un buen balazo y que no puede hacer excesos.

-Lo tendré en cuenta, doctor.

-Mi enfermera le acompañara.

-¿Usted no tiene hijos, verdad?

-No, no los tengo.

-Se nota -le dijo enfadada Melissa ante la sonrisa del médico.

En la sala de rehabilitación, la rehabilitadora estuvo moviendo un poco el brazo. Ella le confesó que había hecho algunos movimientos. Algo que no extrañó a la mujer.

-Ustedes los policías están hechos de otra pasta. Lo normal con esta clase de heridas es que estén más o menos de dos a tres semanas reposando. Pero usted ya ha movido el brazo.

-No será para tanto, estoy segura -sonrió.

-Créame sé de lo que hablo, llevo treinta años en este oficio. Usted ha tenido mucha suerte.

-Lo sé.

-Pues no tiente al diablo como se suele decir y haga caso. Lleve el brazo en cabestrillo todavía, le doy permiso para que se lo quite cada dos horas y entonces haga estos ejercicios que le he enseñado.

-De acuerdo.

-Porque si le digo que venga a hacer rehabilitación ¿vendría?

-Me reincorporo hoy al trabajo, si puedo venir a estas horas no hay problema.

-Bien. Voy a tomarme eso como vendré hasta que maten a alguien, con lo cual tratándose que vivimos en Nueva York…

Parker dio una carcajada. Hizo los ejercicios que le dijo y salió en busca de su madre. Volvieron a la consulta del doctor y la enfermera le hizo pasar para verle la herida. Le hizo una cura y esperó que el doctor pudiera valorar.

-Bien, podemos quitar los puntos. Esto está más que perfecto. ¿Le duele, le molesta mucho?

-No, en la cama es donde noto mayor molestia.

-Es normal. Intente no dormir de este lado al menos en unas noches.

-Bien.

-Son tres puntos y la herida está bien cicatrizada. Siga con las curas, eso sí.

-Gracias, doctor.

-En un par de semanas vuelva y le haré otro análisis para quedarme tranquilo de que su madre no va a asesinarme -le guiñó un ojo.

Dos horas después de salir del hospital, Parker entró en el departamento. Al verla todos se levantaron para ver qué tal había ido todo. Wally y Kristina al ver el alboroto supusieron que se trataba de Parker.

-¿Quieres ir?

-No, no hace falta.

-De acuerdo, voy a saludarla y vengo.

-Claro.

Desde su posición le quedaba justo el despacho de Parker al alcance de su vista, vio como todos la había rodeado y ella les contaba lo sucedido con la visita médica. Su sonrisa desde cualquier punto o distancia era hipnotizadora para Kristina. Entonces pensó que no ir igual era peor que ir, se acercó como el resto y estuvo allí escuchando como explicaba lo que había dicho el médico y que en ese mismo momento se incorporaba.

-¿Estás segura? -le preguntó Kim.

-Sí. Detective en cuanto pueda pase y me pone al día.

-¡Claro, inspectora!

-Pues a trabajar -les dijo sonriendo y entonces se encontraron sus ojos con los de Kristina-. ¿Qué tal te va con Wally, Kristina?

-Eh… muy bien… bueno acabamos de empezar ahora -le dijo nerviosa porque no pensó que le diría nada.

-¡Pues a continuar!

Todos se fueron hacia sus despachos, la última en hacerlo fue Kristina que se había cruzado de brazos y se había quedado mirándola.

Las chicas aprovecharon que el detective había ido a su despacho y que Kristina estaba con Wally para hablar en el despacho de Judi.

-¡Esto va a ser complicado! No sé cómo lo van a llevar.

-Parker es diplomática, sabrá hacerlo.

-¿Estáis preparadas? Porque en algún momento nos va a salpicar -avisó Judi.

-Eso seguro. Porque una cosa es llevarse bien pero la tensión sexual entre ellas es increíble.

-Mucho me temo que o Parker se aclara pronto o van a tener problemas. Kristina tiene su carácter y no la veo yo muy de estar tranquila.

-Y no te olvides que cuando Parker se lo propone saca su lado borde y… -hizo un gesto preocupado.

-Chicas… somos amigas de las dos, si pudimos superar el momento en que Parker y Maura estaban juntas… esto va a ser coser y cantar porque ellas dos se quieren.

-Judi la vida no es como una película romántica -le dijo Kim-. Esto es la realidad y no todos los días van a ser calma y amistad.

-Era por animarme.

Entonces sonrieron divertidas porque sabían que aquello no era como la situación que habían tenido mientras resolvían la investigación. Aquello ya era parte del terreno personal de cada una.

La mañana fue bastante tranquila para el grupo, excepto para Wally y Kristina que no habían dejado de trabajar. Parker los había estado vigilando desde la distancia. Y cuando llegó el momento de irse a casa aprovechó que Kristina se había marchado primero para llamar a Wally.

-¿Cómo estás, Wally?

-Bien, inspectora.

-¿Qué tal Kristina?

-La verdad que muy bien, es como una esponja se nota que le gusta y sabe de qué va el tema.

-Me alegro. Verás… el detective me ha estado contando de lo que has estado viviendo -el chico agachó la mirada-. No hace falta que te recuerde que no solo somos compañeros, también somos una pequeña familia donde nos apoyamos unos a otros.

-Lo sé -dijo preocupado.

-¿Por qué no nos has contado los problemas que has tenido?

-Porque bueno… no sé… pensé hacerlo pero me daba apuro.

-¿Apuro? ¿Crees que podéis vivir en un motel?

-Bueno, ahora estamos un poco mejor. No ha sido fácil es cierto pero… todo se resume a que mis padres no toleran que mi mujer sea de color y sus padres no toleran que su novio sea blanco. Tengo veintiocho años y ella veintiséis, estamos seguros de nuestro amor y es cierto que no pensábamos tener un hijo, fue un accidente. Lo único que queríamos era que nuestras familias aceptaran nuestro compromiso. De pronto, me vi en la calle y estando Katty embarazada. Fue un poco de agobio pero…

-Wally, que sea la última vez que pasas algo así y no nos pides ayuda. Si no querías decirle a tus compañeros, habérmelo dicho a mí. Creo que tenemos la suficiente confianza para hablar.

-Sí.

-Está bien. He hablado con unos colegas de la central, hay una serie de pisos que se entregan para algunos compañeros que tienen problemas. El piso no es gran cosa pero algo para que Katty esté bien y confortable.

-Inspectora… -el chico la miró impactado.

-Tus compañeros se han encargado de pagarte el alquiler de los dos primeros meses. Y quiero que en estos días enseñes a Kristina a manejar los ordenadores como haces tú cuando tenemos un asesinato, porque sé que tienes vacaciones atrasadas que no has querido coger para ver si te las pagaban. De momento, te voy a dar una semana para que os acomodéis en esa casa. El resto lo haces como tú prefieras.

-Inspectora, de verdad… muchas gracias.

-No me las des, ¡somos una familia, Wally! ¿Vale? Y si tienes que darle las gracias a alguien al detective. Ha sido él quien se ha encargado de hacerme llegar a mí y a tus compañeros el problema que has tenido. Aquí somos de todo tipo de razas y condición sexual, sabemos que no es un problema sería maravilloso que para los demás tampoco lo fuera, pero mientras tanto estamos aquí para lo que necesites.

Aquel día al salir del edificio sintió más que nunca el amor por su trabajo y por aquella familia que habían formado entre todos. Cada vez que alguno tenía un problema estaba el resto para apoyarles. Y dio las gracias por ese privilegio que tenía.

Llegó a casa acompañada por el detective. Por el camino hablaron de Wally de como la familia podía hacer un daño irreparable, porque además habían conocido a su chica que era adorable.

-Detective, al final, va usted a perder su estatus de duro.

-¡Me temo que sí! -susurró el hombre haciendo una mueca parecida a una sonrisa.

-¿Y para cuándo va a hablar usted con su familia?

-Me temo que pronto. Me estoy dando cuenta que uno está muy bien solo, pero la familia es la familia y si soy capaz de ayudar a alguien tan estresante como Kristina, ¿por qué no voy a poder acercarme a mis hijas o mis nietos?

-¡Eso está muy bien! -dio una carcajada.

-Me alegra tenerla de vuelta, inspectora.

-Gracias. Me alegro de tenerlo siempre a mi lado.

-¡Pues nada aquí dos tipos duros convirtiéndose en matenquilla! Menos mal que para nuestra reputación solo lo sabremos nosotros.

Parker sonrió y salió del coche. Al ver el coche de Kristina frente a la casa respiró aliviada. Sacó del congelador un tupper y lo descongeló. Su madre era una excelente cocinera, al pensarlo recordó la charla del coche y no pudo menos que sonreír. Le parecía mentira que había estado cenando sola en esa cocina durante seis meses y diez días lo había hecho con Kristina, pues se sentía totalmente extraña. Conectó la televisión para evitar pensar cualquier programa le servía. Estaba dando al mando cuando de repente al pasar de un canal a otro le pareció ver a alguien conocido y volvió atrás. Allí estaba Kristina junto a Don hablando desde la fundación Margaret Davis. Se quedó con la boca abierta y el mando en la mano apuntando la televisión. Estaba haciendo la presentación del nuevo director Don Sean, pareja de su abuela Margaret y el encargado de llevar todo lo referente a la fundación. Parker parpadeaba atónita, Kristina estaba guapísima y se percató que sonreía al mismo tiempo que notaba una excitación recorrer su cuerpo. No fue hasta que vio a Don durante unos segundos que reaccionó. Se mordió el labio y los mensajes se dispararon en su móvil, así como la llamada de su madre.

-Sí, mamá la he visto, sí estaba muy guapa. Sí, sí… yo también me alegro de lo que está haciendo. No, no le he dicho nada estoy hablando contigo. Que sí, mamá ahora le envío un mensaje. No no la voy a llamar. Está bien. Adiós, buenas noches, sí estoy bien no me duele nada. Sí, llevo el cabestrillo, por cierto este bistec en salsa está para morirse. Yo también te quiero, mamá.

En su casa, Kristina estaba recibiendo las felicitaciones de todo su equipo no podía dejar de sonreír. Lo había pasado realmente mal pero el apoyo de Eric y de Don le había servido para hacer aquella rueda de prensa. Estaba terminando de cenar cuando recibió un whatsapp.

-¡Parker! -no pudo evitar decirlo en voz alta repleta de emoción.

Te acabo de ver en la televisión, has estado muy bien, enhorabuena. Ves como sí puedes. Buenas noches.

-¡Me ha visto, Minnie! ¡Me ha visto! -sonreía.

Muchas gracias, Parker. Parece que sí, que puedo. Buenas noches.

-Ya… supongo que esto es lo que debemos hacer, ir tratándonos así… -elevó los hombros suspirando con cierto anhelo.

Pasaron dos días en los que Wally se volcó en ser un buen maestro para Kristina, la ayudó en todo lo que pudo. También tuvieron su tiempo para reír y para confesarse algunos de sus problemas. Wally le confesó lo que habían hecho sus compañeros, Kristina no daba crédito a lo que le había sucedido con sus padres porque a ella su novia le pareció encantadora. Después ella le contó que Parker le había pedido tiempo y distancia, que lo intentaba llevar bien pero le costaba. Y es que en esos dos días apenas habían hablado, lo único que hacían era espiarse una a la otra mientras estaban en casa. Unas veces era Parker la que miraba por su ventana y si veía a Kristina se apartaba de golpe, otras era Kristina la que miraba haciendo lo mismo si veía a Parker. Pero más allá de espiarse la una a la otra no había ocurrido nada especial. En el departamento, las chicas habían decidido no hacer ningún café chicas, porque pensaban que la tirantez entre ellas podía explotar y ninguna quería entrar en aquel terreno que sabían estaba repleto de minas que podían estallar en cualquier momento.

El sonido del teléfono de Kristina la hizo despertarse, sin saber dónde estaba, ni qué sucedía. Hasta que encendió la luz y vio que era una llamada. Contestó sin ver quién era tan solo tuvo fuerza para responder con un lánguido.

-Sí.

-¡Kristina, soy Kim! Tienes que venir ha habido un asesinato.

-¿Cómo? Es una broma ¿no? ¡una novatada! Son las cuatro y diez de la mañana.

-Lo siento pero es tan real como la vida misma.

-Pero si yo no tengo que salir de mi despacho de ordenadores -decía frotándose la cabeza.

-Lo siento, Kristina, es una orden de la inspectora.

-¿Parker?

-Sí, de momento no tenemos otra. Y más te vale no tardar.

-¿Me lo estás diciendo en serio? ¿Entonces que es una novatada de Parker?

-Kristina, Parker no hace esas cosas y si no quieres tener problemas, más te vale salir zumbando de la cama y venir.

-¡¿Pero donde está el muerto?! -su voz sonó a pánico.

-Exactamente.

-Madre mía de mi vida -susurró con los nervios instalados en su estómago.

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 69

  1. Buenas tardes, Solete.
    Yo creo que Kristina no valoró la posibilidad real de que Parker le dijera que no iban a estar juntas. Ser vecinas es lo peor que les puede pasar.
    Los celos nunca son buenos, aunque la posibilidad que dices tú sería buena siempre y cuando Parker que ya todos han dicho por activa y pasiva que no es celosa, por miedo a perder a Kristina se volvera una celosa empedernida y que eso le haga reaccionar. No sé yo.
    Coincido completamente que Parker está sufriendo, al menos, a Maura se la ha quitado de su vida, creo que es la que más fácil le ha resultado. Pero aunque nosotras quisiéramos que todo fuera rápido, las penas del corazón y el alma tardan en irse. A no ser que algo muy fuerte te haga reaccionar. Es que Melissa y Kristina juntas son muy malas con Parker jajaja.
    Jajajaja malas malas.
    Bueno, ayer no me quedé muy satisfecha, así que gracias por los ánimos.
    Un abrazo

  2. Buenas tardes Idana,

    Y digo yo, si son vecinas y compañeras de trabajo, ¿así se van a distanciar? Así lo que van a estar es de los nervios todo el santo día. Va a subir mucho la temperatura en el departamento, pero que mucho mucho.

    Creo que el trío del plan B, ya que están como están, podrían hacer algo. Podrían contratar a una actriz para hacerse pasar por nueva amiga de Kristina, se le dio bien fingir con Catalina, por lo tanto creo que iría bien para acelerar el tiempo de Parker. Ella tiene mucho miedo a que Kristina encuentre a otra persona o simplemente, a que empiece a hacer vida en la que no esté incluida ella, y claro, puede darse el caso. Pero si no se da realmente, también lo pueden fingir, eso haría que Parker se volviera loca de celos. Aunque por otra parte pienso que eso es un arma de doble filo, ¿quién nos asegura que Kristina y esa “nueva amiga” no se enamoren realmente? Que se trata de espabilar a Parker no de borrarla del mapa.

    Que penita me ha dado Parker, entre Kareen, Maura y Kristina, la pobre mía está hecha un auténtico lío y no sabe para dónde tirar. No me extraña en absoluto que ahora cada dos por tres esté llorando a lágrima viva. Ella ha cometido sus errores, claro que sí, pero bien que está pagando ahora por ellos. Esa indiferencia de Kristina la está matando. El camino de casa al hospital ha sido genial, como me he reído con Parker, pobrecica.

    Las charlas con Wally y más tarde con el detective, simplemente geniales. Si es que mi niña es lo mejor del mundo mundial, y entre unas y otras no me le hacen más que de sufrir, malas mujeres que son unas malas mujeres.

    Y me has dejado intrigadísima, primero con Kristina y las tropocientas entradas en internet con nombre de mujer, y después con la llamada de Kim. Con lo que hoy más ansia viva que de costumbre jajajaja. Hasta la hora Parkris y gracias por el capitulazo de ayer. 😉

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