PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 71

Kristina se había separado unos metros hasta ponerse en el pasillo frente a la puerta. Se había apoyado en la pared jugueteando una y otra vez enrollando el pelo con su dedo índice y pulgar, parecía mostrarse algo nerviosa. En ningún momento había dejado de sonreír. Y Parker en ningún momento había separado sus ojos de ella. No escuchaba lo que hablaban las chicas tan solo mostraba un gesto serio.

—Parker se te van a salir los discos del cuello.

—¿Qué? —miró a Catalina con signos de estar realmente enfadada pero sin saber a qué se refería porque todos sus sentidos estaban enfocados hacia Kristina.

—Bueno será mejor que volvamos a trabajar ¿no os parece? —preguntó Kim al ver que a Parker se le había cambiado el gesto.

Salieron todas y la última que lo hizo fue ella, se entretuvo recogiendo los vasos mientras veía a Kristina en una actitud que no le gustaba. Se había dado la vuelta con lo que Kristina no la veía a ella, sin embargo ella se podía recrear observándola con total descaro. Salió de la salita y su mano por más que intentaba coger el pomo de la puerta era lo suficientemente lista para no hacerlo y poder escuchar la conversación. Kristina hablaba con un tono demasiado meloso para su gusto.

—Confieso que es la primera vez que voy a hacer esto pero me parece algo nuevo que experimentar, así que por mí perfecto quedamos a las ocho y media. Bueno ¿que tengo que llevar para que me reconozcas? ¿Una rosa? —preguntó dando una carcajada.

Con eso tuvo más que suficiente como para marcharse directamente hasta su despacho. La vio pasar al poco de entrar ella por delante de su despacho con una sonrisa en los labios. El enfado que sentía era evidente y todavía se enfadaba más por sentirse así. Agradeció ver entrar a Alex y Peter. Ambos fueron hasta su despacho con lo que trató de controlar su respiración.

—Adelante.

—Bueno, Parker. Tenemos una lista de trabajadores, hay en total cincuenta y seis. De esos siguen trabajado allí treinta. Entre los que siguen trabajando está el director, hemos hablado con él y ha estado muy colaborador, nos ha enseñado incluso de dónde robaron el cadáver. No hay registro de nada porque las cámaras no funcionaban, aunque su sospecha es que pudieron hacerlo por la noche, quizá con la complicidad de alguno de los vigilantes, es decir, que es casi imposible saber quién pudo llevarse un muerto de allí en caso que fuera un trabajador de dentro. Incluso pudo darse el caso que alguien lo comprara, no sería la primera vez, de ahí que las cámaras de estos lugares ahora mismo funcionan a prueba de hackers. Tenemos los nombres de los veintiséis trabajadores que ya no están pero…

—Ya, claro, nadie va a confesar si se llevo un muerto —las palabras de Parker sonaron tan serias como lo estaba ella.

—Exacto. Él responde por la gente que trabaja allí. De hecho nunca más pasó nada. Le he preguntado si días después de la fecha en la que se llevaron a ese hombre, alguien dejó de trabajar. Desde el departamento de recursos humanos me han asegurado que no. Van a pasarle a Wally un fichero con los nombres de los que ya no están y el tiempo que estuvieron trabajando por si encontramos algo.

—Gracias, buen trabajo.

Mientras todo esto pasaba en el departamento, el detective y el jefe Moss habían llegado a la dirección que tenían de la casa de la mujer y el hijo del asesino. Llamaron al timbre de aquella modesta casa y tras esperar un buen rato escucharon como se corrían los pestillos de la puerta. Ante ellos apareció un chico con gafas de gruesos cristales, pelo repleto de grasa y aspecto de sufrir algún retraso para la edad que sabían tenía.

—Hola, hijo. Verás somos el detective Adams y el jefe Moss del departamento de policía. ¿Está tu madre?

—¡Mamá! —llamó de un grito.

Los dos hombres se intercambiaron una mirada extrañada. Ante ellos apareció una mujer que aparentaba mucho más edad de la que tenía, con gesto adusto y mirada repleta de odio.

—¿Qué quieren? —les habló con total desprecio.

—Verá señora… nos gustaría hablar con usted sobre algo que ha ocurrido, a poder ser, nos gustaría que colaborara con nosotros por su propia seguridad.

—¿Colaborar con la policía? ¡Están de broma!

—Verá, sé que hace quince años su marido fue abatido ante usted y eso marca a cualquiera, y también sé que usted a pesar de las evidencias nunca aceptó lo que averiguamos de él.

—¡Era todo mentira! Mi marido era un buen hombre lo culparon de algo que jamás hizo.

—Señora no hemos venido para discutir sobre eso —le dijo cortante el jefe Moss—. Hemos venido porque se ha cometido un crimen con el mismo método que utilizaba su marido, ¿ha tenido usted alguna visita de alguien?

—¡Pero qué está diciendo! ¿Me están culpando a mí? ¡Ahí lo tienen mi marido no lo hizo y quien sí lo hizo ha estado escondido todos estos años! —les recriminó con un tono de voz repleto de dureza y rabia.

—Nadie la está culpando, señora —trató de mediar el detective—. Necesitamos saber si alguien ha venido a su casa para preguntarle sobre el tema de su marido, alguien haciéndose pasar por periodista, escritor.

—A mí casa no viene nadie, lograron que fuera una apestada de la sociedad.

—De acuerdo, nos gustaría pedirle que en caso de que alguien merodee su casa o vea usted que están en peligro nos avise, si resulta que esto no es una broma de mal gusto, podríamos proponerle para usted y su hijo una vigilancia.

—¡Váyase usted y su vigilancia a paseo!

Y les cerró la puerta en las narices. Los dos se miraron con gestos un tanto impactados por el comportamiento de la mujer. Cuando contaron esto en el departamento nadie se sorprendió porque durante un tiempo un abogado sensacionalista intentó demostrar que la policía había falsificado pruebas para culpar injustamente a su marido.

—De acuerdo, pues no podemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo. Laura, Kim, Kristina iros a casa. Descansad. Detective usted también.

—Y usted también, inspectora —le dijo el jefe Moss—. No está usted en condiciones de estar aquí desde las dos de la mañana.

—Pues en ese caso, Alex si encontráis algo por favor me avisáis.

—Deberían prohibir a esos inconscientes sensacionalistas de documentales sobre asesinos emitir programas. ¡El mundo involuciona a una velocidad que asusta! —protestó antes de ponerse en pie para marcharse ante la sonrisa de Parker—. ¡Váyase a su casa, inspectora! ¿Tiene quien la lleve o la acerco yo?

—Tranquilo, detective. Tengo quien me lleve, pero me gustaría en la medida de lo posible que usted también se fuera a casa a descansar. Me da que esto nada más es el principio. Ojalá me equivoque.

—¿Sabe qué? Opino lo mismo.

Parker fue a coger su abrigo del despacho, realmente estaba cansada y tenía dolor en su hombro. Por un momento esperó a que Kristina le propusiera irse con ella. Pero al girarse con el abrigo en la mano, la vio como saludaba a todos con una sonrisa y se marchaba a toda prisa. Parker entornó los ojos con un ligero malestar.

En el mismo edificio, Catalina estaba realizando una autopsia. Nada tenía que ver con el departamento por esa razón cuando la puerta se abrió y vio allí a Parker con la ropa preparada para presenciar la autopsia su gesto fue de sorpresa.

—Hola —la saludó Parker con ese tono frío que mostraba su estado de ánimo.

—¿Qué ha pasado? —le preguntó extrañada por su presencia—. Este muerto no es tuyo, no te pertenece.

—¿De quién es la idea de que Kristina trate de darme celos? —replicó clavando la mirada oscura en ella. Y sin quitarle ojo, prosiguió— ¿Tuya? Por cierto si es tuya es una idea muy estúpida.

—¡Eh! ¡Eh! Para el carro… ¿De que estás hablando? —la miró quitándose las gafas protectoras que llevaba en ese momento.

—¡Oh, vamos! ¡vas a hacerte ahora la sorprendida! ¡Crees que soy tonta! —mostró una sonrisa irónica con la misma frialdad que había en la sala.

—No, sé que no eres tonta pero no sé de que me estás hablando. ¿Kristina darte celos? —la miraba perpleja.

—La llamada que ha recibido, sí. Pensáis que porque haya quedado con alguien me voy a poner en plan celoso.

—Pues mira, no sé que se trae entre manos Kristina, ni si esa mujer que ha dicho Judi que le ha llamado es para quedar con ella, para hablar de moda, de su fundación o para tirársela pero si así fuera está en todo su derecho, porque tú le has pedido tiempo pero no significa que en ese tiempo no pueda tener amigas o relaciones.

—¡Ah, es decir que ves genial que Kristina que decía amarme y me iba a esperar vaya buscando mujeres por ahí! —bramó hecha una furia.

—Madre mía, Parker, no te reconozco no estas celosa, estas celosísima —le dijo mirándola fijamente.

—No, lo que estoy es molesta, porque si esto es cosa tuya que sepas que esto no me hace estar celosa lo que me provoca es una tristeza infinita. No debe amarme tanto si va quedando con citas a ciegas.

—¿Y tú como sabes que es una cita a ciegas? ¿Te lo ha dicho ella? —no salía de su asombro.

—No. Lo he escuchado al pasar por su lado de casualidad.

—¡Oh, vaya la mujer que no cree en las casualidades justo pasa por al lado de Kristina y capta lo de una cita a ciegas! Parker… ¿qué es lo que quieres? Le has pedido tiempo ella te lo ha dado… pero en ese tiempo que le has dado no entra que te guarde fidelidad. ¡Te has cansado de decir que no sois novias!

—¡Cómo puedo confiar entonces con ella! —la miró quitándose la mascarilla de la boca.

—Parker estás muy mal ¿eh?

—Sí, lo estoy. Nunca debí dejar que se metiera en mi cama —admitió enfadada.

—Ese es el menor de los males, lo que no debiste dejar, en todo caso y poniendo las cosas en el lugar que le corresponden, era que se metiera en tu corazón.

Parker la miró mordiéndose el labio con un ligero temblor de barbilla. Catalina la miraba seria, tan seria como lo estaba ella.

—¿Para qué vino aquí? ¿Cuándo vino? ¿Qué era lo que llevaba?

—Querida inspectora, es usted muy amable pero tengo que trabajar.

—¡Vamos, Catalina!

—Yo no soy ninguno de tus sospechosos para que me vengas ni con ese tonito ni con esas preguntitas —le decía moviendo el dedo índice un tanto desafiante hacia su rostro.

—¡Ya le puedes decir que deje de hacer ese teatro! Porque lo único que va a conseguir es que me reafirme en mi postura de no estar con ella, no estar con alguien tan inmaduro que busca en los celos hacerme reaccionar. Si no sabe esperar no merecerá la pena.

Salió como alma que lleva el diablo de allí. Sospechaba que ella y su madre estaban en su contra, quizá también las chicas del departamento, todas parecían encantadas con que estuvieran juntas, seguro que habrían hablado con Kristina para que hiciera ese papel. Pensaba que se chupaba el dedo, que iba a caer en ese juego. Resopló con fuerza al tiempo que echaba al contenedor el equipo que se había puesto. Subió con el ascensor y entonces se encontró con Laura.

—Parker… ¿tienes coche para irte a casa?

—Hola, Laura. No iba a coger un taxi.

—Deja que yo te llevo.

—No hace falta.

—No me importa, ¿eh?

Agradeció que la llevara y mucho más que durante el trayecto le hablara del caso, era una manera de no acordarse de Kristina ni de su estupidez.

—Tengo que reconocerte que Kristina me está sorprendiendo, no pensé jamás que fuera tan inteligente ni manejara tan bien todo el equipo.

—Sí, la verdad que sí —respondió mirando por la ventanilla hubiera preferido seguir con el caso sin la mención de Kristina.

—Es increíble como pueden engañar las personas.

—Pues sí. Mucho más de lo que podemos llegar a creer.

Le dio las gracias por dejarla en casa. Trató de no dar importancia a no ver el coche de Kristina. Había salido muy deprisa del trabajo ¡quizás estaba de compras para su cita! Entonces sonrió, se pensaba que se lo iba a creer. Negó con la cabeza dando un breve quejido. Sacó otro tupper del congelador y mientras daba vueltas dentro del microondas, se sintió reflejada en aquel pastel de patata que había hecho su madre. Ella estaba igual, dando vueltas como una peonza entre sus emociones y sentimientos. ¡Cuándo podría respirar tranquila! Sentía un cansancio fuera de lo normal. Se había dado cuenta que no estaba tan bien como ella pensaba. El brazo le había molestado y la herida en un par de ocasiones le había dado severos pinchazos. Mientras daba vueltas el microondas subió a su habitación y se cambió. Si nada lo impedía iba a comer y acostarse para ver si podía recomponer su cuerpo. Decidió llamar a su madre que le había llamado un par de veces pero no había podido atender. Tras explicarle que había tenido un caso desde la madrugada, le aseguró que iba a comer y acostarse.

—¿Hija estás bien?

—Sí, mamá… solo es cansancio.

—No lo digo por eso, te noto no sé… como seria y molesta.

—¿Por qué iba a estarlo? —le preguntó hoscamente.

—Pues… si lo supiera no te lo estaría preguntando.

—Claro. Es verdad. Mamá voy a comer a la noche te llamo.

—Descansa, hija.

—Gracias.

Colgó sonriendo con ironía. Conocía a su madre y con tal de hacerla reaccionar era capaz de todo. Comió sin poner la televisión, necesitaba desconectar y relajarse. Aunque su oído se encargaba de estar tenso esperando encontrar cualquier sonido de la calle que le hiciera ver que Kristina estaba allí. Terminó de comer y lavó el plato con el cubierto. Se preparó un té caliente, porque desde que había sonado el teléfono de madrugada estaba destemplada y necesitaba entrar en reacción. Iba a subir las escaleras cuando escuchó como un coche se detenía justo delante del suyo. Miró a través de la cortina tratando de que Kristina no pudiera verla. La vio bajar del coche cargada con un par de bolsas. El gesto en ella dibujó cierta sorpresa. Era cierto que había comprado algo y parecía ropa. Sacudió un poco confundida la cabeza. Subió las escaleras y se tomó el té justo antes de meterse en la cama. Suspiró con fuerza no iba a permitir que nada alterara su paz.

Kristina entró llamando a Minnie. La gata salió a su paso, se subió como solía hacer a sus brazos. Se besaron mutuamente y conforme se acercaba a la habitación, se iba quitando las zapatillas, el suéter y finalmente se dejó caer de golpe tal como llegó a la cama.

—¡No puedo con la vida, Minnie! ¡Vaya día más intenso como sean todos así… no sé! ¡Pero ha sido maravilloso! Su sonrisa ha sido maravillosa… ver lo divertida que estaba con la loca de Catalina contando mi impresión con la señora Flinn… sí, cariño. ¡Ah, no te lo he dicho pero tengo una cita que promete ser interesante!

Fue un susurro porque la mezcla de sueño y de cansancio pudieron con ella.

La tarde en el departamento no aportó nada nuevo. Wally se había incorporado un rato para poder descargar el fichero con los nombres de los empleados, las fechas de contratación y finalización, posibles expedientes abiertos por mala conducta. Querían tener un listado al cual recurrir por si volvía a suceder, igual tan solo era un mal imitador aunque todos pensaban que tener tanto tiempo un cadáver en su casa no era solo para hacerse ver una vez. En un momento de la tarde, Wally había llamado a Kristina mientras ella compraba, la había llamado totalmente impresionado por la casa y el lugar de localización. Era increíble y pensaba que demasiado para ellos. Pero a esas alturas Kristina lo único que quería era que estuviera bien. No había mucho qué hacer porque el día anterior habían limpiado para ponerla a la venta. Tan solo tuvieron que llevar sus cosas del motel allí, hacer una compra y aquella noche, después de muchas noches en el motel, podrían dormir tranquilos sin miedo a que nadie pudiera darles un susto o entraran a robar como les había pasado una vez. A las cinco de la tarde el jefe Moss dio orden de irse todos a sus casas. No había nada más que aportar de aquel caso. Y a esa hora Parker llamaba para que le pusieran al tanto de si había alguna novedad. Con la respuesta negativa decidió quedarse en la cama de lado sobre el costado contrario a donde la herida aún molestaba. Justo era ese lado en que faltaba aquel cuerpo con el que había compartido las últimas noches, y suspiró con fuerza. Necesitaba descansar porque sentía que le dolía todo el cuerpo pero la necesidad de acariciar la almohada donde Kristina había estado durmiendo era mayor que el cansancio. Eso no era lo que debía hacer, no era la atención que debía poner en su interior. ¿O si? Sentirse tan fuera de lugar como se sentía podía darle a entender que Kristina iba más allá de un deseo. ¿O lo que realmente le molestaba era que pudiera estar íntimamente con otra mujer? Tuvo que reconocer que eso le ponía enferma. Pero estaba segura que solo se trataba de una estrategia para hacerle espabilar. Suspiró con fuerza. Era imposible poder cerrar los ojos. Con rabia se levantó de la cama y se vistió con la ropa de hacer footing. Necesitaba correr y gastar toda esa energía negativa que le estaba aportando el momento. Aquel reencuentro con el pasado otra vez, era como si no pudiera soltarlo realmente que algo o alguien le empujaba de nuevo hasta él. Aquel encuentro de la madrugada le había empujado en algún momento a recordar la escena que durante algún tiempo ocupó su mente, su compañero en el suelo, y el gesto de aquel loco dispuesto a matarla, podía recordar como sentía que se moría, y después cuando despertó Kareen estaba a su lado diciéndole que le había dado un buen susto. Aquel disparo hizo que dieran el paso definitivo de estar juntas. Necesitaba detener sus pensamientos. Se puso un plumífero porque empezaba a llover, una gorra y salió a la calle. No podría correr pero al menos podría caminar por la parte trasera de su barrio en la que ya podía encontrarse con la naturaleza. Se había puesto unos cascos para escuchar música y salir de su cuerpo, de su mente dejándose empapar por todo lo que le rodeaba. Suspiró varias veces, inhaló la fuerza del aroma de los árboles, el oxígeno que necesitaba para calmar los latidos de su corazón. La lluvia se hizo más intensa, levantó la cara hacia el cielo y dejó que las gotas impactaran con fuerza contra su rostro. Cerró los ojos y se repitió calma, calma para pensar. Volvió a casa empapada pero con la sensación de tranquilidad que había ido a buscar. Esa tranquilidad que le iba ayudar. Recordó una técnica que le dijeron cuando estuvo en tratamiento psicológico al intentar suicidarse, debía escribir en un papel todo lo que le hacía sentirse mal, en aquel momento le recomendaron escribir una carta de despedida a Kareen, le dijeron que debía dejarla ir. Pero siempre pospuso aquella carta, siempre se negó a hacerlo porque creía que si lo hacía era justamente eso, liberarse de su culpabilidad. Pero aquel paseo si algo le había dejado claro era que necesitaba hacerlo, no podía hacer esperar a Kristina eternamente. Debía ponerse bien. Debía estar en paz con su alma. Puso música y se sentó en el despacho. Estaba decidida a poner punto y final a dejar ir a Kareen para que Kristina tuviera todo el espacio que necesitara en su alma.

Por su parte, Kristina se había levantado y comido algo, sentía que no había un músculo en su cuerpo que no le doliera. Había visto pasar a Parker bajo la lluvia, estuvo a punto de salir y darle una buena bronca, en su estado ir a pasear así. Negó con la cabeza al ver que seguía sin el cabestrillo puesto. Durante algo más de dos horas había estado dedicada en exclusiva a su ordenador, se había puesto a Mozart de fondo, con la botella de agua al lado y Minnie durmiendo apoyada contra la pantalla de su ordenador. La alarma le sonó y sonrió satisfecha. Debía prepararse.

A Melissa le preocupaba la explicación que le había dado Catalina, Parker había explotado de un modo un tanto irracional con tan solo ver que hablaba por teléfono ¿estaba tan enamorada de Kristina que no era capaz ni de gestionar una sola llamada? No paró de darle vueltas porque estaba tan sorprendida como Catalina. Parker nunca se había mostrado celosa ni con Kareen ni con Maura, ¿qué le sucedía con Kristina? Por un lado le aportó tranquilidad saber que no necesitaría demasiada presión para hacerla reaccionar pero por otro, pensaba que quizá la propia Kristina tenía razón ¿y si eso que pretendían provocar en ella se le volvía en su contra? Hizo una mueca de duda. ¿Debían abortar el plan B? ¡Había funcionado tan intensamente que con tan solo una llamada era efectivo! Algo le decía que quizá se estaban equivocando.

Parker ajena a lo que sucedía con su madre y con Kristina se había permitido darse un largo y relajante baño. Al salir se había puesto ropa cómoda y como el frío parecía haber dado una pequeña tregua encendió tan solo una pequeña estufa que tenía en el comedor. Al ir a darle al interruptor escuchó cerrarse la puerta de casa de Kristina que le había dado el suficiente impulso como para que el estruendo llegara a Parker. Justo a la inspectora le había sorprendido en la ventana del comedor más cercana a su casa, la veía perfectamente y no podía esconderse mucho porque no había espacio entre la librería y una planta. Trató de pegarse todo lo que pudo a la pared para que Kristina no la viera.

—Se va de verdad —susurró atónita.

Cuando pudo fijar bien su vista le pareció que estaba guapísima, demasiado guapa para salir con quien fuera que iba a salir. Llevaba un pantalón ancho negro, unos zapatos de tacón y un abrigo morado impresionante. La melena suelta y con bucles. Pudo percibir unos pendientes largos de plata y una cartera de mano a juego con el abrigo. Toda ella destellaba belleza. Parker tuvo que darse cuenta que estaba con la boca abierta y una excitación se había apoderado de ella. Apartó la mirada cuando se metió en el coche. Parpadeó con rapidez. No lo podía creer. Así que iba a apostar fuerte por ese juego de salir y darle celos.

—¿O será verdad que quiere conocer otra gente? Yo misma se lo dije. ¡A ver si ahora va y me hace caso! Bueno… si me hace caso y conoce a alguien que la aparta de mí será que no me ama tanto como cree.

Al escuchar como el ruido del motor iba menguando cerró los ojos. Ya había partido hacia su cita.

Eran las dos de la mañana, Parker dormía y se despertaba, estaba inquieta. Muy inquieta. Kristina aún no había vuelto de su cita. Al fin escuchó el sonido del motor, había dejado la ventana un poco abierta para escucharlo con mayor facilidad. Sí, parecía de locas. Pero era así necesitaba saber que estaba en casa, que había vuelto, lo que no sabía era si lo había hecho sola o acompañada. En ese momento su teléfono móvil sonó.

A Kristina le costó un poco abrir la puerta, se moría de sueño se había llevado un buen susto por la carretera porque había dado un bandazo al volante al quedarse dormida. Parpadeaba con insistencia y tan solo tenía unas ganas enormes de meterse en la cama, por delante apenas cuatro horas y media para recuperase. Minnie jugueteaba con sus piernas mientras ella dejaba el abrigo a un lado sobre la mesa.

—Cariño… la mamá está muerta… ha sido una velada muy interesante… ¡no pensaba que iba a ser así! Estoy muy contenta —en ese momento sonó el timbre de la puerta—. ¿Será Parker? ¡Vendrá con los celos saliendo por sus ojos! ¡Seguro que ha estado esperando que volviera!

Lo dijo sonriendo en voz baja, se arregló la blusa que tenía un escote considerable lo abrió un poco más dejando al descubierto parte de su pecho izquierdo y el sujetador de encaje negro. Se ahuecó un poco el pelo y carraspeó para aplacar los nervios que sentía en ese momento. El timbre volvió a sonar, no podía ser otra que Parker y aquella insistencia por un momento le hizo pensar que se había dado cuenta que no la quería perder. Tan solo una cena le bastaba para ir corriendo a pedirle estar juntas para siempre. Sonrió antes de abrir, para mostrar un gesto adusto al abrir la puerta.

—Parker —murmuró con tono de sorpresa al verla allí.

—Tienes cinco minutos para cambiarte.

—¿Qué? —la miró con una sonrisa que mostraba asombro pero también seducción.

—Ha habido un asesinato. Cámbiate.

—Perdona pero no he dormido me caigo de sueño y…

—Ese no es mi problema. Cinco minutos no me hagas perder más tiempo o entraré a por ti.

Dicho esto se dio media vuelta y se fue hasta su coche. Resopló, otra vez la excitación al verla, el deseo aflorando por toda su piel. Estaba tan guapa, tan ardiente, tan… ¿había ido así a la cena? Golpeó con su mano derecha y cierta rabia el volante.

Kristina no salía de su asombro, por un momento aquella Parker le recordó a la misma que se enfrentó a ella en el vestuario. Dura, implacable. Aunque su mirada también llevaba una mezcla de tristeza y deseo. Suspiró, no entendía por qué se empeñaba en hacerla ir a esas horas. ¡Ella debía meterse en los ordenadores de los malos! ¡No ir a ver muertos! Esperaba que no fuera como el de la noche anterior. Se decía todo eso mientras se cambiaba a toda velocidad, había visto que Parker llevaba sus inseparables botas de tacón así que no sería en un sitio como el anterior. Se puso los vaqueros, también sus botas de tacón y el chaquetón. Salió corriendo hasta el coche. La cara de Parker era de no estar bromeando. Cuando subió le dijo.

—¡A quién se le ocurre matar a gente a estas horas! —protestó—. ¿Y por qué tengo que ir yo?

—Ponte el cinturón.

Fue su respuesta.

Kristina se había quitado el chaquetón porque Parker llevaba puesta la calefacción, no fue tan desconsiderada como ella con el viaje de su madre a Nueva York, ella a diferencia la puso sin preguntar. Kristina había apoyado el chaquetón contra el cristal del coche en forma de almohada y dejó caer su cabeza sobre él.

—No te duermas —le dijo con voz acerada.

—¿Por qué? Necesito cerrar los ojos cinco minutos —le dijo con los ojos cerrados pensando en que realmente estaba cabreada.

—Porque si te duermes es peor —entonces sin que Kristina lo esperara Parker le dio al botón del sonido de la sirena que llevaba incorporado en los focos del coche, el susto fue tal que saltó en el asiento cayéndose el chaquetón. Parker tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no dar una gran carcajada—. Así mejor, espabilada.

—¿Esto es una venganza por tu parte? —le preguntó seria mirándola fijamente.

—No sé de que estás hablando —respondió sin mirarla.

—No, claro. No lo sabes.

—No, explícamelo… a ver si me entero de lo que tratas de decir.

—¡Lo sabes perfectamente! —le reprochó con ese gesto de la Kristina del principio, la que se cabreaba sin controla nada, la que se mostraba tan fiera como era.

—¿Ah, sí? ¿Qué sé? —entonces sí la miró porque la carretera tenía un tramo recto. Ella tampoco se quedó atrás, su mirada y gesto también mostraron su fiereza.

—Estás enfadada conmigo.

—¿Yo? —dio una carcajada—. ¿Y por qué razón debería estarlo?

—¡Mierda! —entonces le llamaron al teléfono y se le volvió a caer el chaquetón. No sabía si contestar o no, si lo hacía el enfado de Parker sería mayor y no estaba muy segura de si tendría un castigo, pero por otro lado, era necesario—. ¡Hola! Sí, sí he llegado bien a casa, gracias. Pues sí yo también, claro… ¿mañana? Pues ya te digo porque creo que voy a tener el día un poco movido y… ¡Pero qué haces!

Parker trataba de no reírse, había cogido un bache apropósito y el teléfono de Kristina había salido volando hasta el suelo del coche. Kristina la miró enfadada, cogió su móvil y dijo.

—Lo siento pero es que tengo que ir a un asesinato… hablamos después. Gracias.

Iba a colgar cuando Parker se metió por un camino de piedras derrapando el coche y provocando que Kristina se golpeara contra la ventanilla.

—¡Parker! No podías entrar con más suavidad… ¡todo esto es porque he quedado con una chica para cenar!

Pero Parker no contestó había detenido el coche y abierto la puerta. Kristina empezaba a darse cuenta que su cabreo iba en aumento y no tenía nada que ver con que le hiciera despertara para bien. Llegaron esta vez a un parque, nuevamente a las afueras de Nueva York. Kristina bajó del coche mientras tiritaba, hacía frío y, con las prisas, se había dejado los guantes en casa. Siguió a Parker a una distancia prudencial, cuando vio los focos y algo en el suelo se detuvo. Allí el detective y Laura estaban hablando.

—Buenas noches. Vaya… tenemos lo mismo.

—Sí, inspectora, pero esta vez es una mujer.

—Nos ha dejado claro que sigue el mismo patrón, ahora tocaba una mujer. No está tan avanzada su descomposición —se había acercado para comprobar los cortes en el cuerpo—. ¿Tenéis la cámara?

—Sí, ¿quieres que grabe? —le dijo Laura dispuesta a hacerlo.

—Kristina ven aquí —el detective puso gesto de espanto al igual que Laura.

—¿Ahí? ¿Tan cerca? —preguntó levantando la voz. Pero ante la mirada de Parker no esperó respuesta y se acercó sin mirar hacia abajo.

—Coge la cámara y graba alrededor del cuerpo todo lo que veas y el cuerpo.

—¡¿A la muerta?! —abrió mucho los ojos.

—¿Hay algún otro cuerpo en el suelo? —enarcó una ceja hablándole con esa ironía que gastaba Parker y que tanto molestaba a Kristina.

—Dame, Laura —le arrancó casi la cámara de la mano a su compañera.

Kristina tragó saliva, trataba de no fijarse mucho en lo que estaba haciendo. Su gesto era de una aprensión tal que el detective estaba pasando un mal rato, no entendía por qué le estaba haciendo grabar a ella.

—¡Qué pasa que vamos a tener moviditas todas las noches! —apareció Catalina—. ¡Por Dios Santo que haces grabando tú!

—¿Por favor Catalina dinos cuanto tiempo lleva muerta? —le preguntó Parker haciéndole ver que era mejor que no entrara en esa decisión.

—Deja de grabar. Ya estoy yo aquí y habrá suficiente.

—Gracias —le dio la cámara a Laura y salió corriendo hasta un árbol a vomitar.

La mirada reprobatoria de Catalina provocó en Parker una mínima sonrisa. Mientras Kristina vomitaba, Catalina hacía un estudio de aquel cuerpo en el mismo estado que el de la noche anterior.

—Bueno pues parece que esta señora puede llevar muerta un par de años. Además, tendré que analizarla pero es posible que esta vez este cuerpo no sea robado de ningún frigorífico.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Parker algo desconcertada.

—¡Ay, con lo que me ha costado la langosta y el marisco, todo a tomar por culo! —decía Kristina algo mareada.

—Toma, bebe te hará bien —le entregó el detective una botella de agua sorprendido por su frase.

—¡Eh, campeona has tomado una cena afrodisíaca! —le dijo Catalina sonriendo al máximo mientras Parker cerraba los ojos molesta.

—Sí, pero está toda detrás de aquel árbol —señaló con pocas fuerzas.

—¡Puedes por favor centrarte en la señora! —le urgió Parker.

—La señora estaba muerta cuando le hicieron esto. ¿Qué más quieres saber? —respondió con gesto muy serio y mirada echando chispas contra ella.

—Detective, ¿por casualidad llevaba algo que la identifique o estamos igual que anoche?.

—No, nada. La científica está esperando que acabemos para intentar recabar algo.

—No encontrara nada, ya se lo digo yo. Vámonos.

—¿A casa? —preguntó inocentemente Kristina con gesto esperanzado.

—No, al departamento. Laura quédate tú por favor. El detective, Kristina y yo nos vamos al departamento. Si hay alguna novedad nos avisas, mientras Catalina que busque algo que no sea una cena afrodisíaca.

Catalina entornó los ojos con dureza. Kristina miró al detective suplicándole que dijera que se fuera con ella. El hombre movió de lado a lado la cabeza y finalmente asintió. A Parker no le extrañó que se fuera con él, había sido dura. Lo reconocía.

Una vez en el departamento, Kristina fue a lavarse la cara y los dientes mientras el detective que ya sabía el motivo por el que Parker se mostró de ese modo con ella, presagió que el día iba a ser complicado. Al salir del lavabo se dirigió hasta la sala de cámaras, esperaba que Parker le dijera qué tenía que hacer. O si simplemente la iba a castigar teniéndola allí. Se sentó en el sillón de Wally, puso las manos sobre la mesa y dejó caer la cabeza mientras llamaba a Dios con tono a punto de morir. Unos golpecitos en el hombro le hicieron reaccionar. Allí estaba Parker con un vaso.

—Esto te hará bien.

—¿No llevara cianuro, no?

—Hay otras maneras de acabar contigo sin dejar evidencia —le respondió con una pequeña sonrisa—. Estoy bromeando, Kristina.

—No sé yo… —ladeó la cabeza no muy convencida.

—Necesito que te espabiles un poco —se sentó a su lado.

—Estoy espabilada, creo que no voy a poder dormir nunca más.

—Debes ir acostumbrándote —la miró con dulzura olvidando por un momento aquella cena.

—Pero yo iba a trabajar aquí.

—Y lo vas a hacer, pero necesito que cubras a Wally en este tiempo que vamos a estar sin él ¿vas a ser capaz de hacerlo?

—¿Quieres decir que voy a tener que grabar muertos? —la miró asustada mientras ese mechón rebelde que tenía Kristina cayó sobre su mejilla.

—Sí, solo si estás preparada para ello. Si no lo estás tendré que contratar a alguien —no pudo resistirse y le retiró el mechón detrás de la oreja con la ternura de siempre. Kristina cerró los ojos—. Perdón…

—¿Por qué? —la miró sin entender muy bien su reacción, en ese momento en que estaba tan cerca y la estaba acariciando, se le había olvidado a ella también la cena.

—Quiero que te lo pienses y me contestes —le miró los labios y tragó saliva.

—No me lo tengo que pensar —sus ojos se desplazaron de igual modo que los suyos lentamente por su boca mientras con un movimiento instintivo se humedeció con la punta de la lengua el labio inferior. Parker tuvo que controlar la descarga febril que sintió ante aquel gesto—. Lo haré.

—De acuerdo. En ese caso… le diré a Wally que te dé algunas clases de… —se había perdido entre los ojos de Kristina que le atraían hacia su boca y sus propias ganas de fundirse en ella. Carraspeó—. De cómo grabar.

—Vale.

—Tomate eso, te asentara el estómago.

—Gracias —le sonrió mostrando un gesto algo triste.

—Cuando estés un poco recuperada me lo dices. Si quieres duerme un rato.

—Parker.

Se levantó cogiéndole del brazo y deteniéndola como si quisiera que se quedara para siempre allí con ella. Parker la miró tratando de controlarse. Entonces ambas compartieron el mismo gesto, se mordieron los labios y suspiraron.

—Descansa un rato —volvió a susurrar Parker con el tono repleto de ternura.

Kristina la vio irse, tragó saliva con gesto apenado porque sentía que su reacción era porque le estaba haciendo daño. Suspiró, cerró la puerta y cogió el teléfono.

—¿Melissa? Perdona que te haya cortado antes en el teléfono pero es que cuando he llegado Parker tenía un aviso de un asesinato y hemos tenido que irnos. Yo esto no lo veo, Melissa, ¡no lo veo!

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8 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 71

  1. ¡¡Buenas tardes, Laura!!

    Me alegro mucho que todo fuera bien. Y mucho más que seas feliz. La verdad que sí he echado de menos tus comentarios, ya sabes que te avisé que ocurriría.

    ¡Disfruta de tu luna de miel que ya habrá tiempo para leer pero luna de miel solo hay una!
    Un abrazo, amiga.

  2. Querida amiga …..!!!!! Muchísimas gracias por la dedicación… Y perdona por no contestarte antes….estuvimos viajando y por fin estamos en nuestra luna de miel….hoy tuve un ratito para leerte y darte las gracias de parte de las dos!!!!!…..todo a salido genial muchos nervios, mucho cariño por todos, muchas sorpresas por mi mujer…..fue increíble y muy emotivo…..

    Soy feliz muy feliz querida amiga!!!!

    Espero que vayas bien con tu salud!!!!

    Y que me hayas echado de menos estos dos días jajajjajajaja

    Un abrazo enorme querida amiga y los capítulos como siempre…..maravillosos!!!!
    Un abrazo querida amiga😍🤩💞🎊💃

  3. Buenas tardes, Solete.

    Me alegra saber que te reíste. Digamos que en esta historia ambos personajes están dando todos los registros posibles y evoluciones más potentes. Y creo que el personaje de Parker se desdobla en dos como su madre dijo. La inspectora fría, inteligente y segura y el caos total cuando se trata de la mujer. ¿Qué no había sido celosa? Pues mira, ahora lo es. ¿Qué no se ha mostrado vengativa? Pues ahora después de la broma que supone está haciendo Kristina también lo es. Ahora bien, Kristina es cierto que no está muy de acuerdo con el plan B, pero si deja a un lado su amor por Parker, debería darse cuenta que le está moviendo lo suficiente como para conseguir lo que tanto desea. Para eso Melissa que es su madre sabe cómo actuar con su hija.
    Jajaja, sí reconozco que ese punto es muy bueno ¡no me ha hecho caso en nada y va ahora la tía y mira!

    Gracias a ti por comentar. Hasta la hora Parkris

  4. Buenas tardes Idana,

    Lo que me he podido reír con el capítulo chiquilla, es que aún me acuerdo de algunas cosas y me río esté donde esté jajaja.

    Me encanta esa Parker sarcástica, bueno, me encanta toda ella pero su vena sarcástica más. Como disfruta haciéndole perrerías a Kristina, y claro como es la jefa, Kristina no tiene más remedio que tragar, si es que ya lo dice el refrán: Donde tengas la olla no metas la …

    Lo del coche ha sido buenísimo, primero con la sirena, que no sé cómo no se le ha salido a Kristina el corazón por la boca del susto jajaja. Luego con los baches haciendo que se le cayera el móvil, y Kristina diciendo: Te dejo que vamos a un asesinato… como la que dice, te dejo que voy a entrar a la consulta jajajaja.

    Me encanta este tira y afloja que tienen, y sobre todo el miedo que tienen las dos a pasarse de la raya, Parker sabe que se ha pasado con lo de la grabación, podría haberlo hecho otro pero en venganza se lo encargó a ella, y pobrecilla que mal rato ha pasado, por eso luego va a verla toda tierna ella. Por su parte Kristina sabe que Parker lo está pasando mal con sus desplantes y sobre todo con la cena, y si sumamos que todavía está convaleciente, no está ella muy contenta con el Plan B.

    Pero con lo que de verdad me he reído bien ha sido con esto:
    —¿O será verdad que quiere conocer otra gente? Yo misma se lo dije. ¡A ver si ahora va y me hace caso! Bueno… si me hace caso y conoce a alguien que la aparta de mí será que no me ama tanto como cree.
    No le ha hecho caso en ningún momento desde que se conocen y ¿se lo va a hacer ahora? ¿Precisamente ahora? Solo le ha faltado decir: Tiene guasa la cosa. Jajajajaja.

    Gracias por el capitulazo y hasta la hora Parkris. 😉

  5. Buenos días, Nathalie.

    Pues sí, creo que a Parker engañarla va a ser difícil. Aunque sabiendo que lo que está tratando de hacer es precisamente eso, ponerla celosa, lo está consiguiendo. Así como dices perfectamente la ha puesto a reflexionar de urgencia. Eso sí lo han conseguido tanto Melissa, Catalina como Kristina.
    Ahora bien, ¿si sigue Kristina por ese camino Parker se va a alejar? Veremos.

    Dices muy bien que Parker necesita arreglar las cosas por sí misma, pero aunque parezca una mujer fuerte, inteligente, en lo que se refiere a sus sentimientos y emociones, se cierra tanto en sí misma que creo necesita de vez en cuando que alguien la ayude. Es un contraste de personalidad que tiene muy fuerte.

    ¡Gracias, mi gato mejora un poco del problema de la diábetes pero ahora se le ha sumado al ojo, una infección en su oreja! Pero es un campeón y saldrá adelante.
    Lo que más me alegra es cuando me decías que o habéis reído o llorado, eso es una recompensa para mí. ¡Gracias!
    Igual para ti, lindo día y comienzo de semana. Un abrazo.

  6. Hola! Buenas noches 😊

    Aww ¡Mi Parker! Jaja me dio mucha risa su “venganza” jajaja, pero también cosita por todo lo que sentía al saber de la cena de Kris.

    A Parker no se le escapa nada, ¡Es la mejor! Yo creo que Catalina y Melissa la subestimaron con ese tipo de plan, o sea, en el hecho de que sospecharía como lo está haciendo y de que resultara contraproducente. Porque Parker es Parker, adulta, madura, con un sexto sentido e intuición que es de envidiar. Claro, cómo lo vimos, si surtió el efecto de celos, de reflexión, de temor a perderla. Peero, el corazón de Parker es un hueso duro de roer y aunque sienta, va a disfrazarlo o negarlo… Así que ¡Mosca Kristina! Qué no se ponga muy creativa porque no sé yo…

    Sabes, yo sé que todos quieren Ayudar a Parker a salir del bache donde está. Pero, creo que ya cada quien hizo lo que podía, en el caso de Catalina y Melissa, ya le hablaron claro y le removieron su interior, le han brindado todo el apoyo y amor, pero ya. Lo demás debe venir de Parker. Me parece que en su afán y deseo porque empiece a vivir una nueva historia con Kristina, se están extralimitando y quizá eso no ayude cómo quisiéramos. Hay cosas que solo nos competen a nosotros y solo nosotros debemos hacerlas. Espero que Kristina siga su intuición y aborte el plan jaja.

    Espero que se encuentren muy bien 😊🐱
    Cómo siempre, ¡MUCHAS GRACIAS!
    Me he reído mucho y eso me llena, así que: ¡GRACIAS!
    🌻🌻🌻🌻😘
    LINDO DÍA Y COMIENZO DE SEMANA

  7. Buenas noches, Alexandra.

    Fíjate que Kristina no está de acuerdo con este plan B. Se da cuenta que Parker está cabreada pero cuando le habla de esa cena en el coche, Parker no responde. Se lo ha puesto muy fácil para decirle qué es esa cena y con quién. Porque todas pensamos que es para darle celos pero ella le dice a Minnie que ha sido mucho mejor de lo que esperaba. ¿Kristina necesita conocer otras mujeres? Ella sabe que no pero en algo anda metida, de eso seguro.
    Parker ha dado un paso muy grande con ese paseo tratando de pensar con claridad. Ella ha sido quien ha pedido tiempo y espacio, tendría que ser ella la que hable con Kristina, que por cierto tienen una conversación pendiente sobre Kareen. El miedo paraliza y como no espabile…

    Gracias por leer Ausencia y espero te guste No fue un sueño ¡ya me cuentas!
    Un abrazo.

  8. Muy buenas tardes querida Idana
    Todos estos capítulos están muy interesantes pues el de hoy muy bueno y también triste Parker ya se ha dado cuenta que es una broma de mal gusto para que ella reaccione pero pues que no es de palo también tiene su corazoncito y a quien nos gusta los celos creo que en este cuento la más sensata estaba siendo Kristina y debería acercarse a Parker y ser sincera con ella aprovechar y decirle que la ama y que fue una cena sin importancia que solo busca tener amigas porque está claro que Kristina se derrite por Parker, y bueno a Parker que se le quite el enfado y vea más allá de sus narices y por fin se de una oportunidad de estar con Kristina, santo cielo 🌌 cuánto sufren sin necesidad. 😭😭😭😭

    Por otro lado quiero agradecerte por todo el tiempo que dedicas a esta historia y pues con la inmensa pena que pronto va a terminar la historia ya nos tienes mal acostumbradas pero bueno voy a leer la novela que dices seguro es muy interesante así como Ausencia que ya la leí y disfruté por escribd y pues bueno deseo que tu salud siga mejor cuídate y te envío un abrazo fuerte. 💕💕💕💕💕

    Bye

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