PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 77

Buenas noches,

Hoy creo que me ha quedado un poco largo, el capítulo. Mañana si todo va bien colgaré dos capítulos.

Un abrazo y mil gracias.

Parker había cogido a Kristina, la bolsa con las gatas y había cerrado la puerta. La llevó por la puerta trasera y una vez estuvo en la calle, avisó a su equipo. Rápidamente todos dejaron que otro equipo se encargara de los pies que habían aparecido, y ellos estarían con Parker. A todos aquel hecho les había dejado impactados.

Pero sin duda alguna, la que peor estaba era Kristina que se había llevado el susto de su vida. Parker le había cogido las llaves de casa acompañándola hasta el sofá para que se sentara. Dejó a las gatas con la cremallera abierta de la bolsa por si querían salir. Le preparó rápidamente una tila que encontró y se la ofreció.

-¿Cómo puedes estar tan tranquila? -le preguntó llorando.

-No lo estoy, pero si las dos nos ponemos a llorar va a ser un cuadro. Alguien debe mantener la calma -le sonrió con dulzura.

-¡Sabe donde vives! ¡Ha estado en tu casa! -le decía con las venas de la garganta marcadas por el miedo.

-Sí, lo ha dejado claro -se acercó hasta la ventana y apartó la cortina.

-¡Parker… te podía haber matado!

-Pero no lo ha hecho. Tranquilízate. Voy a salir no creo que tarden.

-¡Espera, espera me voy contigo! No pienso dejarte sola.

A Parker a pesar del miedo la impresión y el horror de lo que acababa de vivir, aquella decisión firme de Kristina, aquella fuerza y cogerle del brazo como si así pudiera salvarla de todo, le pareció lo más maravilloso que nadie había hecho por ella. Y de no ser por aquella cabeza que colgaba, en ese momento le hubiera confesado lo mucho que la amaba.

Salieron juntas, Kristina se bebió la tila y cerró la puerta. No quería mirar hacia donde colgaba la cabeza. Parker le pidió que se quedara apoyada sobre el coche de espaldas a su casa y se dirigió hasta la entrada. Miraba atentamente porque en la parte que era tierra no había ni una sola huella de pisada. Para colgar la cabeza, tuvo que llevar una escalera con lo que le hacía entender que había estado estudiando su casa o alguien le había facilitado toda la información. Sintió un escalofrío. Oyó las sirenas y suspiró. La presencia de Kristina le hizo mantener la calma pero la impresión no se le había pasado todavía, temblaba de pies a cabeza y empezaba a elucubrar qué estaba pasando.

Cuando Kristina vio llegar el coche del detective les hizo señales, el hombre bajó y Kristina se echó a sus brazos llorando. Desde ese punto podía entender por qué lloraba.

-Creí que era ella -susurraba con congoja.

-Tranquila, hija. No lo vamos a permitir, te lo prometo -le dijo afectado.

-¡Parker! -Kim se abrazó a ella con fuerza-. ¿Estás bien?

-Sí, yo sí. Ha sido la impresión más que nada.

-Parker… ¡pero qué significa esto! -Catalina también se abrazó a ella.

-No lo sé. Pero desde luego lo he tenido cerca.

-Dios mío… -murmuró el detective.

-Kristina, encanto -la abrazó Catalina.

-Vamos a dejar trabajar a los de científica por si hay huellas que no creo, y nos llevaremos esto de aquí -dijo Parker.

-Que no toquen la peluca, ahí quizá pueda encontrar algo si la ha manipulado.

-De acuerdo.

-Vamos a dejarles trabajar -convino Kim cogiendo a Parker de la cintura mientras Catalina se llevaba a Kristina-. Esto no me gusta, Parker.

-¡Inspectora! Nos han avisado ahora mismo -apareció Peter y Laura.

-¡Pero qué significa esto! -Laura lo dijo horrorizada.

-Vamos a calmarnos todos un poco.

-¿Estás bien? -le preguntó Laura preocupada y al recordar el enfrentamiento que habían tenido el día anterior la abrazó con fuerza.

-Tranquila, Laura. Estoy bien -le devolvió el mismo abrazo para que estuviera tranquila.

El detective se acercó hasta ellos. Parker suspiró con fuerza.

-Detective, quiero que entre a mi casa conmigo, quiero mostrarle algo que creo va a identificar con rapidez.

-Claro.

-Cuida de Kristina -le dijo a Kim.

Los dos se metieron en casa. El detective sabía que algo iba a decirle que no podían o no quería que escucharan los demás. Al entrar abrió la puerta y el detective se encontró con la cabeza colgando. Sin duda, impresionaba lo suyo podía entender que las dos mujeres estuvieran realmente afectadas ante aquella visión.

-¿Lo ve?

-El mismo disparo, en el mismo lugar.

-Eso es.

-Esta información no se dio nunca.

-Quien está detrás de esto, sabe todo lo que pasó en aquel lugar. Y de eso nada más tienen la versión los compañeros que entramos, el hijo y la mujer, y en los archivos del departamento.

-¡Inspectora! -apareció el jefe Moss con la cara descompuesta.

-Jefe…

-¡Esto es demasiado! Ese maldito cabrón ha estado en su casa.

-No estoy tan segura que haya sido él.

-¿Qué quiere decir?

-Como le decía al detective, esa cabeza tiene el mismo disparo que yo le di a Turner. Quien lo ha puesto ahí me está diciendo que sabe que yo lo maté. Esa información no se dio nunca para proteger al autor del disparo. Me temo que alguien del departamento ha estado colaborando con quien sea.

-¿Y no puede ser que haya sacado la información del ataque que hemos recibido?

-Wally fue muy rápido, otra posibilidad es que entraran hace tiempo en nuestro sistema y tengan toda la información, eso sí.

-¡Jefe eso ha salido del departamento! -exclamó muy cabreado.

Fuera, todos estaban tan consternados por lo que había ocurrido, era una manera de poner en aviso a Parker, sabía donde vivía y podía haber entrado perfectamente si hubiera querido matarla. Eso trataba de decirle Kim a Kristina.

-Y si es un aviso y después vuelve.

-No te preocupes, el jefe Moss le pondrá policía estoy segura -le dijo Laura afectada.

-¡Chicos nos vamos, aquí ya no hacemos nada!

-¡Un momento! -dijo Catalina-. Me acaba de informar Timmy que los pies que han encontrado son de una persona que ha sido asesinada hace escasas horas.

-¡Dios mío… ya empezamos! -susurró el detective.

-Peter, Laura por favor ir a la universidad de medicina, al vigilante le decís que acuda el personal administrativo y si no lo hace, Judi que redacte una orden judicial rápida, necesito saber quien era la mujer sordomuda que entró allí.

La pareja salió corriendo mientras los demás se quedaban allí pensativos.

-Detective, me gustaría visitar a la mujer y al hijo de Turner.

-De acuerdo. Vamos ahora mismo si quiere.

-Catalina en cuanto tengas información de este y del otro caso nos lo pasas.

-Claro. ¿Me lleva jefe?

-Sí. Voy a meter prisa a científica a ver si hay alguna huella.

-¡Me llevo la cabeza! -gritó Catalina.

-¡Oh, dios! -susurró Kristina.

-Está bien, detective, usted y Kim van delante, Kristina y yo les seguiremos. Después llevaremos a las pequeñas a casa de mi madre -le dijo Parker mirándola fijamente.

-No hay problema, han tomado el biberón ya.

El detective y Kim se habían subido al coche, Parker se iba a abrir la puerta pero la mano de Kristina cogiéndola de su brazo la detuvo. Parker la miró, entendía su mirada y la pequeña sonrisa que se dibujó en los labios de la inspectora animó a Kristina a abrazarla con fuerza. En el abrazo Parker dejó escapar un suspiro no tanto de agradecimiento como de necesidad, que Kristina la rodeara con sus brazos y le diera el apoyo que le estaba dando era dentro de todo lo malo, lo mejor que podía pasarle.

-Gracias -le sonrió.

-Parker… no quiero dejarte sola.

-¡Eso suena muy bien! -sonrió tratando de rebajar el drama que veía en los ojos de Kristina. Entonces le cogió las manos y le dijo tratando de mostrar una seguridad que no tenía-. No me quiere matar, Kristina. Si lo hubiera querido lo hubiera hecho esta noche.

-¿Y entonces?

-Quiere jugar conmigo, demostrar que es mejor que yo, me acaba de avisar que sabe lo que pasó. Y me hace la responsable de la muerte de Turner.

-No sé que es más peligroso.

-Vamos, hoy me temo que va a ser otro día largo.

Subieron al coche y durante el camino, apenas hablaron. Primero fue Judi quien llamó para decirle que había llegado un paquete a su nombre sospechoso, que lo habían interceptado y esperaban la orden para abrirlo en el departamento de los artificieros. A Kristina aquello le hizo temblar de pies a cabeza. Pero veía a Parker hablar con tanta tranquilidad que no sabía si lo hacía porque estaba ella o porque realmente mantenía la calma en un momento de máxima tensión. Después, llamó Laura. Le habían confirmado que por aquellos años tenían un acuerdo con una asociación de mujeres sordomudas que trabajaban para ellos. En la plantilla habían dos pero era cierto que hubo una tercera que nada más duró dos noches porque le daba miedo. El nombre le sonaba.

-Se llamaba Rebecca Jackson. Tenía sesenta años.

-¿Rebecca Jackson? ¿De qué me suena a mí ese nombre?

-Lo extraño es que las dos noches que figura que estuvo esta mujer trabajando no fueron cuando robaron el cuerpo. El robo se efectuó unos días después. De todos modos quienes la conocieron y nos informaron en las entrevistas que hicimos dijeron que era muy delgada y con apariencia muy frágil.

-Pudo ser quien informara a quien robara el cuerpo ¿no? -apuntó Kristina mirando a Parker con preocupación.

-Sí, Kristina tiene razón. Buen trabajo, chicos. Nos dirigimos a casa de la mujer de Turner, me da que algo debe saber. Creo que no hay nadie en el mundo que me odie más que ella. Hablad con Wally para que realice la búsqueda, por favor.

-¡Claro!

-¿Sigues pensando lo mismo sobre quien es el chivato?

-Sí.

No dijeron nada más. Hasta que volvió a entrar otra llamada.

-¡Catalina!

-¿Tenéis conectados los teléfonos todo el equipo?

-No. En este momento solo te escuchamos Kristina y yo -Catalina sonrió al pensar que iban juntas-. ¿Por qué?

-Bueno porque como sé de tus sospechas, no quería dar pistas. Estos pies pertenecen a una mujer y lleva algo más de cuatro horas muerta.

-¡Dios! -Kristina apoyó el codo en la ventanilla del coche y se tapó las manos con la cara.

-De acuerdo. Sigue la misma cadencia, hombre-mujer. Solo que esta vez ya ha efectuado un asesinato.

-Parker… el corte está hecho de un modo impecable. Tiene unas líneas de perfección que lo podría comparar perfectamente a los cortes realizados por Turner.

-Gracias, Catalina. Acabamos de llegar a casa de su mujer, ahora hablo con el detective y Kim.

-Id con cuidado.

Aparcaron ante la casa humilde de la señora Turner. La casa era vieja y se notaba que muy abandonada. Si tal y como le había contado el detective esa mujer tenía un hijo con alguna clase de enfermedad, podía entender que lo que menos le importara fuera la casa. Antes de bajar del coche suspiró con fuerza, hacía exactamente quince años que no cruzaba una palabra con aquella mujer que mientras taponaban su herida de la pierna la maldijo y trató de agredir.

-Kristina no te acerques a la casa, ¿vale?

-Vale.

-Hazme caso, por favor.

-Claro. Tranquila.

Se cruzaron una mirada tan tierna que por unos segundos ambas sintieron la necesidad de besarse. Pero tan solo suspiraron y asintieron. Parker bajó del coche, el detective la estaba esperando.

-¿Qué tal fue anoche?

-Los pepinillos me sentaron como una patada en el hígado.

-No me extraña, se comió usted todo el bote.

-¡No me gustan los pepinillos, detective! -le dijo asombrada como si lo que hubiera hecho fuera una locura.

-¡Pues para no gustarle! ¡Jesús, acabó con ellos! ¿Y con su vecina, qué tal?

-¿Usted ha presenciado un huracán? -él la miró confundido-. Pues no sé si fueron los pepinillos pero me convertí en uno. Menos mal que me paró.

-Y eso que le dije que fuera con tiento.

-Pues sí -contestó con fastidio-. Pero de hoy no pasa que hable con ella, ¡aunque la tenga que secuestrar y meter en una sala de interrogatorios!

-Nada, no contestan -les dijo Kim.

-Igual la madre está trabajando y el chico no creo que abra la puerta estando solo.

-Insisto una vez más -les avisó.

-Me ha llamado Catalina, los pies que han encontrado son de una mujer, hace escasamente cuatro horas que estaba muerta.

Entonces los tres se miraron como si pudieran comprender. Kristina desde el coche vio la maniobra a la perfección. Kim apartó a Parker y ésta al detective, los tres se pusieron en línea detrás de la puerta con la pistolas en sus manos. Vio como el detective marcaba un número en su móvil y como le saltaba a ella la alarma. Rápidamente avisó a Judi para que enviara refuerzos, algo estaba pasando. Kim pateó la puerta. Pero no se abrió. Parker sacó algo que llevaba en un bolsillo de la chaqueta y vio como intentaba abrir con destreza. Estaba tan sexy en aquella postura, con la melena cayendo por su rostro, el pantalón ceñido, la chaqueta…

-¡Para Kristina! Quiero tener a esa mujer para mí el resto de mi vida -susurró atónita mientras la miraba con devoción y algo de miedo.

Rápidamente oyó como se acercaban las sirenas de coches de policía, suspiró aliviada. Y vio como con destreza Parker abría la puerta. Kim entró la primera con la pistola en mano, después entró Parker y el último el detective.

-Que no pase nada, por favor -rogó en voz alta.

A Kristina la rodeador los policías que le hicieron una señal para que se acostara en los dos asientos por si había fuego cruzado. Cogió la bolsa de las gatas y la abrazó. Pero era imposible no levantar la cabeza y observar. Y entonces lo vio, al detective saliendo con las manos en alto diciendo a todo el mundo que se detuviera. No lo pudo evitar dejó la bolsa y bajó del coche.

Dentro de la casa, los tres habían entrado en el mayor de los silencios, se habían distribuido por la pequeña casa, el detective entró a la cocina, Parker a la habitación y Kim al comedor.

-¡Aquí! -elevó la voz Kim.

-¡Oh, dios! -susurró el detective ante el cuerpo del hijo de Turner sin vida y colgado del techo-. Es el hijo de Turner.

-No puede ser, detective. Los pies pertenecen a una mujer y…

-No os mováis -dijo de pronto Kim con voz aterrada.

-¿Qué pasa?

-Acabo de pisar un detonador.

-¡Cómo! -la miró aterrada Parker.

-Quien ha hecho esto… ha colocado una bomba, Parker.

El detective salió a toda velocidad de la casa, hablando alterado por teléfono mientras les hacía señales a todos que se pusieran a buen recaudo

-¡Qué pasa! -acudió Kristina con el gesto desencajado.

-Hay una bomba, Kim la ha pisado.

-¿Y Parker? ¿Qué hace dentro?

-Está con Kim.

-¡Qué demonios hace, que salga!

-¡Kristina, la inspectora está con uno de los nuestros que tiene un gran problema, ahora mismo su vida depende de que dé un mal paso! ¡Tiene que estar ahí poniendo en riesgo su vida para ayudar a Kim! ¡Y me importa una mierda que lo entiendas! ¿De acuerdo? -los nervios se habían apoderado de él. Dos de sus compañeras estaban en peligro serio-. ¡Maldita sea ojala la hubiera pisado yo!

En ese momento, Kristina entendió lo importante que era la unidad para ellos, por eso el malestar entre todos por lo sucedido con Alex. Cada día aprendía algo y en ese momento supo lo que era jugarse la vida por su compañero, estar en manos de su compañero. Y no pudo más que abrazar a un afectado detective que se dejó querer en ese momento.

-Perdona, Kristina.

-Todo va a ir bien.

-Debes ponerte a cubierto.

Dentro de aquella casa, ante el cuerpo sin pies del hijo de Turner y con el mismo disparo que el cuerpo de su padre y la cabeza que le habían dejado en la puerta a Parker, Kim trataba de relajarse. Parker estaba justo a un lado de ella donde se podían ver.

-¿Te acuerdas cuando hicimos nuestro último examen? -le preguntó Parker.

-¡Cómo olvidarlo! Estaba muerta de miedo.

-Tanto que pusiste el despertador dos horas antes para no dormirnos -sonrió Parker.

-Total para dormirnos y tener que ir a la carrera -sonrió Kim también-. Que ilusas éramos entonces.

-Bueno… hemos ido aprendiendo.

-Deberías salir, Parker.

-¿Crees que te voy a dejar aquí sola?

-Estoy encima de una bomba, deberías. A menos que quieras que entre Kristina y te saque a arrastras.

-No lo hará, sabe que mi lugar está aquí.

-¿Qué está pasando, Parker?

-Que nuestra peor pesadilla ha regresado.

Fuera, el detective no paraba de darle vueltas a la cabeza. Una frase de la inspectora le hizo reaccionar ya que al ver a Kim sobre una bomba se le había detenido el corazón.

-No te muevas de aquí, Kristina.

-No…

-¡Pero por lo que más quieras, hazme caso!

Él fue hasta la puerta de casa y desde allí les habló.

-¡Inspectora! ¿Está segura que los pies pertenecen a una mujer?

-Catalina lo tiene claro, sí.

-Fíjese usted que tiene mejor ojo que yo en el pecho del muchacho.

-Lo estoy haciendo, detective -Parker miraba fijamente la figura desde su posición.

-¡Pero no se lo diga a Kristina! -le advirtió Kim tratando de relajarse.

-Detective, no es el hijo de Turner, ¡es la mujer de Turner!

-¡Hijo de puta! ¡Es él, inspectora! ¡Es él quien está haciendo todo esto!

Y los gritos del detective llamaron la atención de Kristina.

-¡Kristina, ven aquí! -la llamó alterado.

-Detective que no se acerque -le rogó Parker preocupada.

-No se preocupe, Kim vas a aguantar ¡me oyes!

-¡Claro detective! -respondió ante los gritos del hombre que se notaba había perdido todo el control.

-¿Qué pasa?

-El hijo de Turner es quien maneja todo esto, estoy seguro, ese cuerpo no es el suyo, es el de su madre. Cuando vinimos llevaba una peluca y estaba disfrazado, le ha puesto el mismo disfraz a su madre. Necesito que entres desde aquí al historial de Turner padre y busques lo que haga referencia a su hijo, fotos, alguna entrevista con la madre… ¡lo que sea!

-Claro. ¡Kim aguanta que ya están aquí los de las bombas! -trató de animarla Kristina.

-Artificieros, Kristina.

-¡Pues eso, los de las bombas!

Y a Parker se le dibujó una sonrisa en los labios que iluminó su rostro en un momento tan delicado como el que estaban viviendo.

-¡Estás coladita por ella! -le dijo Kim.

-Sí -sonrió ampliamente.

-¿Recuerdas cuando soñábamos como iba a ser nuestro futuro y con quien?

-Claro que me acuerdo -dio una carcajada.

-Ninguna acertamos. Ni yo estoy con un hombre que me deje ser independiente, ni que sepa cocinar, ni que limpie la casa cuando le toque, ni tú estás con una mujer centrada, segura de sí misma y con niños.

-¡Éramos dos descerebradas! -susurró sonriendo Parker-. Pero me alegro que Kristina haya llegado a mi vida creo que es lo mejor que me podía pasar.

-Parker me tiembla la pierna.

-Lo sé, lo estoy viendo. Trata de relajarte, Kim.

-Me gustaría que salieras.

-No voy a hacerlo.

-¡Eres cabezota! -protestó nerviosa.

-Ya sabes que sí.

-¡Me estoy acordando del momento en que estabas supuestamente muriéndote y Kristina contando el buen sexo que tenéis! -sonrió y Parker dio una carcajada que trató de ocultar el temor que estaba sintiendo al ver a Kim que se mostraba nerviosa.

-¡Siempre te lo dije, prueba y te convencerás!

-¡Serás mamona me lo dices ahora, solo me decías que lo probara! ¡Debí hacerte caso! -sonreía-. Cuando acabemos con este caso… lo probaré.

-Claro que sí -la animó divertida.

-¿De las tres quien es mejor?

-¿En la cama? -le preguntó Parker.

-Sí.

-Kristina.

-Me lo temía.

-Una fiera -agregó sonriendo.

-Si no estalla esta bomba cada vez que os vea juntas voy a tener este conversación presente.

-No haber preguntado -miró de reojo para ella los artificieros estaban tardando un mundo.

-Este hijo de puta ¿qué edad tendrá?

-¡Pues tiene veinticuatro años!

La voz de Kristina justo detrás de ellas les llegó alta y clara. Parker se mordió el labio mientras pensaba ¿cuánto tiempo llevaba ahí?

-Llevo el tiempo suficiente para saber que soy una fiera ¡nunca me lo había dicho nadie! -dijo Kristina sonriente porque sabía que Parker con lo cuidadosa que era debía estar haciéndose esa pregunta.

-Vale pero no te lo creas demasiado -le dijo Parker.

-¿Os léeis la mente? ¿Hasta ese punto tenéis conexión? ¡Dios que horror! -susurró poniendo gesto exagerado

-Kim ella también lo es, digo una fiera.

-Chicas por favor tengo una bomba en mis pies si os ponéis en este plan me va a dar un ataque de risa y nos vamos todas a la mierda.

-Bueno en el cielo no tendremos estos problemas y podremos tener sexo a raudales en una nubecita blanca y algodonosa -lo dijo mirando a Parker con toda la intensidad que había en ella.

-¡Una nubecita blanca y algodonosa! ¡Estás para encerrar! -la voz del detective llegó al igual que anteriormente la de Kristina-. ¡No os preocupéis a mí ya no me sorprende lo de las fieras!

Kim en dos minutos llegan.

-¿Y se puede saber que hacéis los tres aquí? ¡Y hablando de sexo!

-¡Somos un equipo! -respondió Kristina provocando en Parker un sentimiento tan intenso de amor que tuvo que abrir las aletas de la nariz para no ahogarse.

-Y has preguntado tú -agregó Parker sonriendo de igual modo a Kristina.

-Os lo agradezco -Kim cerrando los ojos-. Solo espero que no hayan más bombas o de lo contrario alguno la pisaréis.

-Pues el tal hijo de puta que ha dicho Kim, se llama Ingo Turner, según el informe estaba delante cuando su padre recibió el disparo.

-Es un niño traumatizado -dijo Parker.

-No ha ido a la escuela, al menos, no después de lo que pasó. Se han mudado por varios lugares de la ciudad, siempre barrios pobres. ¿Recuerdas el nombre que nos ha dicho Laura, Parker? -la miró sonriendo no podía evitar pensar lo que había dicho, ella era la mejor.

-Sí.

-Es el nombre de la madre de Daniel Turner. Pero esta mujer desapareció de la faz de la tierra.

-¿Qué quieres decir? -le preguntó Kim que le estaba funcionando el tener su mente en acción.

-Hay fecha de nacimiento pero no de defunción.

-¿Cuando Daniel murió ella estaba viva?

-He estado mirando los cobros de la pensión y sí -movía su tablet con el dedo índice.

-¿Hasta cuando? -Parker no podía dejar de mirarla.

-Pues os va a sorprender, ¡hasta la semana pasada!

-Este hijo de puta se ha hecho pasar por su abuela, al jefe Moss y a mí nos tomó el pelo haciéndose pasar porque mentalmente no estaba bien.

-Y no lo está, nada más hay que ver el cuerpo de su madre -apunto Kim mirando a la mujer colgada del techo.

-¿Qué edad has dicho que tiene?

-Veinticuatro.

-Era un crío cuando pasó.

-¡Ya están aquí! Gracias a dios. Vamos Kristina.

El jefe del equipo entró en la casa, habló con Kim quien le explicó lo que había sentido al pisar. Parker no se había movido de su lado y el hombre le pidió que siguiera allí. Si había una bomba real no iba a poder quitarse en cinco minutos y el cansancio en Kim podía pasarle una mala jugada. Parker lo sabía, porque había vivido algo parecido en uno de los casos, en aquella ocasión el que piso el detonador fue Alex. Solo un fallo en el montaje les salvó a todos de morir.

Fuera de la casa, Kristina había llamado a Wally le había pedido que no dijera nada de lo que ella estaba haciendo, necesitaba que buscara los bancos donde la madre de Turner supuestamente había cobrado y a la vez, mientras ella buscaba las direcciones de sus anteriores casas.

-¿Cómo estás Kristina?

-Mal, Wally. Esto se está yendo de las manos.

-Lo sé. Vamos a tener que trabajar esto fuera de aquí.

-¿Por qué?

-Alguien ha utilizado su señal para que el tal Ingo tuviera acceso, estoy seguro. Pero quien lo ha hecho ha utilizado una señal encriptada.

-Mira si esa señal viene del puerto del equipo de Alex.

-Kristina… ¿Alex?

-Hazlo, por favor. Deja lo que te he pedido cuando lo sepas me lo dices.

-De acuerdo -su tono de voz mostró un halo extraño.

-¿Todo bien?

-Sí, detective. ¡Detective!

-Tranquila, vamos a proteger a Parker, ¿de acuerdo? Tu osita estará protegida las veinticuatro horas del día, no tienes nada que temer.

-Estoy muerta de miedo.

-Lo sé.

-Anoche vino a casa, sé que no es momento pero es que no tengo tiempo ni para hablar con usted ni ella de hablar conmigo.

-Si estuvieras más tiempo libre y menos acompañada.

-¡Oh, detective! -le riñó-. Por fin ha quitado la fotografía de Kareen. Además anoche tuve que pararla porque madre mía de mi vida mire como entró que me cogió en brazos y me subió sobre la mesa…

-¡Kristina! -la detuvo en seco.

-Necesitamos hablar. ¿Nos podría ayudar a tener un hueco? Le he hecho caso en todo y me ha funcionado.

-Menos con la morena, eso no te lo dije yo.

-Lo sé, pero a Melissa le pareció bien.

-Dios mio ¿te das cuenta, Kristina? Tenemos a una compañera sobre una bomba y tú hablándome de una morena, de la fiera de la inspectora…

-Lo siento, pero no puedo más, necesito hablar con Parker.

-¡Está bien! Intentaré que se vaya pronto a casa. ¿Contenta?

-¡Gracias, si es que es usted tan achuchable!

-Ni se te ocurra delante de toda esta gente -la amenazó con gesto serio y miranda enfurecida.

Media hora después, Kristina tenía todos los datos que necesitaba, direcciones de casas en las que la familia Turner había vivido, casas donde vivieron después de la muerte del marido, los diferentes bancos de la ciudad en los que la supuesta señora Jackson seguía cobrando con noventa y dos años. Las compartió con el detective que comenzó a enviar patrullas a cada una de las casas en total eran siete mientras esperaban ansiosos que por fin pudieran desconectar aquella bomba. Los hombres habían metido una cámara minúscula por debajo de la tarima flotante del suelo que además estaba tan destrozada que les aligeró el trabajo, iban con todo el cuidado del mundo mientras observaban las imágenes en un monitor.

-Kim, ¿recuerdas aquella noche que me llevasteis de fiesta después que me separé de Maura?

-Perfectamente, como olvidarla, nunca te había visto en esas condiciones… ¡menuda borrachera! -sonrió.

-Me lo pasé muy bien hasta que me emborraché, para mí habéis sido un grupo de amigas maravilloso.

-¿Te estás despidiendo de mí? -su voz sonó a ironía.

-No, te estoy diciendo que la amistad es muy importante, que quizá he tenido momentos complicados, estos días más pero valoro la amistad por encima de cualquier cosa.

-Lo sé, Parker. Y sé lo que te ha debido doler el tema de Alex. Pero confío en ti.

-Gracias.

-¡Lo hemos encontrado, inspectora! Es un artefacto pequeño muy bien construido eso sí.

-¡Encima es un manitas! -protestó Kim.

-¿Cree que aguantara media hora más?

-¡Qué remedio! -respondió Kim.

-Tranquilo, lo aguantará -le confirmó Parker.

-Gracias, Parker. No tendrías el por qué estar aquí.

-Estoy aquí, por las veces que tú has estado cuando te he necesitado.

-Pero ninguna vez me jugué la vida -la miró con lágrimas en los ojos-. Y tú lo estás haciendo.

-Si la que hubiera pisado la bomba hubiera sido yo, el detective estaría aquí protestando y no dejándome que me relajara, y tú estarías apoyando desde fuera más que nada porque no te hubiera dejado estar dentro.

-Seguro, ¡tenemos suerte con ese protestón!

-Mucha -sonrió-. Sabes que todos somos uno.

-Sí. El compañerismo, la amistad y la lealtad, siempre lo dijiste. Y lo has conseguido en tu equipo.

-Bueno… no en todos, pero sí.

Aquella frase de Parker le hizo daño a Kim. Entendía perfectamente lo que le dolía la actitud de Alex.

Fuera el detective no paraba de caminar de lado a lado, Kristina había dejado la tablet y no perdía detalle alguno de lo que hacían aquellos hombres. Se les estaba haciendo lento, largo y pesado, agradeció que llegara Catalina y el jefe Moss nuevamente juntos. Les explicaron lo que pasaba y el jefe Moss escuchaba al detective totalmente atónito.

-Sin duda, la venganza es lo que está alimentando a ese cabrón. Y desde luego, todo esto está enfocado contra Parker. Si fue testigo…

-Lo peor es que además parece que le encantan los disfraces.

-Vamos a tener los ojos bien abiertos.

-Jefe en esta calle no hay cámaras, es complicado saber cual es su aspecto real.

-Gracias, Kristina. Voy a mandar a Laura y Peter a los bancos.

-Jefe… mejor no nos precipitemos. Quizá Parker tenga algo pensado.

-Tiene razón, detective.

-Hay movimiento -Catalina tenía cogida del brazo a Kristina aquel día estaba siendo horrible para los nervios de todos, incluidos lo suyos que era de las más tranquilas.

Vieron como uno de los artificieros acompañaba a Parker hasta la puerta, pero ella se quedó allí. La escuchaban como estaba hablando a Kim tratando de tranquilizarla. Todos se pusieron a buen refugio. El corazón de Kristina volaba parecía que iba a salir de su pecho. Hasta que por fin vieron como Parker se adentraba a la casa y el hombre aseguraba que habían desconectado la bomba.

-¡Dios! -susurró el detective con los nervios en el estómago.

Las chicas corrieron hasta la entrada y se abrazaron tanto a Kim como a Parker. Hasta el detective abrazó a Kris con gesto muy serio.

-Inspectora, tenemos que estar seguros de que la casa no tiene más artefactos, hubiera provocado una explosión lo suficientemente fuerte para borrar todo.

-Gracias, teniente. Les dejo aquí a mis hombres mientras nosotros vamos al departamento.

-Yo me quedo aquí, ese cuerpo necesito revisarlo detenidamente y todo lo que le rodea, estoy en su casa y quizá eso le haya dejado un margen de error.

-De acuerdo, Catalina. Vamos, Kim.

-Pensé que no lo contaba -susurró mientras Kristina la volvía a abrazar.

Durante el trayecto Kristina pensó que podría hablar con Parker pero el caso lo abarcaba todo. La puso al día sobre todo lo que había ocurrido. Subieron al departamento donde todos abrazaron a Kim y Judi le tenía preparado un suculento desayuno.

-¿Solo para Kim? -preguntó Kristina-. ¿Y los demás?

-¡Tiene razón, los demás que nos zurzan! -agregó el detective.

-¡Menuda pareja! -esta vez quien protestó fue Judi-. Ahí hay una máquina de cafés, tenéis dos piernas y dos brazos para ir hasta ella y sacaros uno, Kim ha pasado un momento muy duro y necesita ser mimada.

-Gracias, Judi -sonrió Kim.

-Detective le invito a un café horrible.

-Gracias, eres la más amable de este departamento.

Y mientras todo esto había ocurrido, Parker no había perdido detalle de nada que sucedía alrededor, Wally había salido de la sala de cámaras con el gesto serio. Peter con su caballerosidad le había preparado la silla a Kim para que se sentara, Laura la había abrazado y estaba atenta a todo lo que contaba, Judi se había preocupado por atenderla.

-Hay que ponerse a trabajar, os doy cinco minutos y empezamos con la búsqueda.

-Yo estoy bien, Parker, si quieres…

-No, prefiero que estés tranquila. Todos necesitamos un descanso aún no son ni las siete de la mañana.

Entró a su despacho y resopló, los nervios se le habían instalado en el estómago de un modo intenso. Ver a Kim en aquella situación le había hecho recordar otros tantos momentos que en su profesión había vivido, a veces, entendía a su madre cuando le decía que vivía con el miedo de que le ocurriera algo. Pero amaba esa profesión y aceptaba el riesgo, solo momentos como aquellos le hacían temblar hasta el corazón. Y al mirar ese corazón recordó el abrazo de Kristina cuando estaba en el suelo, el abrazo cuando fue a subir al coche, y cuando salió con Kim. Eso mostraba que no estaba enfadada con ella, y le relajó pensarlo. Se sentó dejando su móvil sobre la mesa y abrió un cajón. Aunque dos golpes en la puerta le hicieron cerrarlo, al dar paso, allí estaba Kristina con una sonrisa.

-¿Puedo pasar?

-Claro, pasa -le sonrió.

-Te he subido un café con leche de almendra -le sonrió al igual que ella.

-Gracias, ¡no sabes lo que te lo agradezco! ¿Qué vamos a hacer con las gatas?

-No te preocupes, Judi las va a tener en su despacho, les vamos a preparar una caja con papel por si tienen que hacer pis.

-Me alegro.

-Me encanta que te preocupes por ellas.

-Bueno… es lo menos que puedo hacer -sonrió divertida-. Llevan mi nombre y Minnie se está portando como una madraza.

-Ahora que dices eso… ¿Melissa estará a salvo?

-El jefe Moss le ha puesto vigilancia en la puerta de su casa. Tranquila.

-¿Y a ti?

-Kristina, no es la primera vez que alguien trata de matarme, soy inspectora y a veces meto en la cárcel a gente muy poderosa o muy mal de la cabeza.

-¿Siempre en riesgo? -la miró con dulzura.

-No, no siempre, solo a veces -trató de calmarla.

-No soportaría que te pasase nada -le dijo cogiéndole la mano mientras le dejaba una caricia lenta.

-Kris… -la hubiera besado en ese mismo momento que le acababa de hacer feliz.

-Sé que bastante tienes con todo lo que hay con este maldito caso pero… quiero que sepas que… tengo miedo por ti.

-No me va a pasar nada. Ya te lo he dicho no quiere matarme, solo quiere destrozarme mentalmente. Y no se lo voy a permitir. ¿De acuerdo? -¿podía mirarla con más amor? Imposible.

-Yo tampoco -respondió sonriendo como ella.

-Lo sé. Y me tranquiliza -dio una pequeña carcajada.

Las dos se quedaron mirando fijamente, aquel juego de miradas que llegó hasta los labios de una y de otra, aquella caída de ojos y mirada repleta de amor les hizo sonreír como si fueran dos locas enamoradas. Hasta que el teléfono de Parker sonó y rompió la magia.

-Me voy a seguir con los registros.

-De acuerdo, Kristina, has hecho un excepcional trabajo, gracias.

Kristina la miró fijamente, el teléfono seguía sonando pero ella no pudo resistirse más. Se acercó a ella con rapidez le acarició la mejilla derecha y le dejó un suave beso en los labios para salir corriendo del despacho. A Parker durante unos breves segundos se le difuminó el entorno, ni veía ni oía. Hasta que la insistencia del sonido del móvil le hizo sacudir la cabeza con una sonrisa. Le extrañó ver que en la pantalla aparecía el número oculto.

-¿Sí?

-Inspectora Forsyth… me da mucho gusto hablar con usted… después de quince años.

Abrió los ojos de golpe, aquella voz no era la misma, pero era tan parecida que la piel se le erizó.

-Ingo Turner.

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 77

  1. Buenas noches, Nathalie.

    Sí, la verdad que estos capítulos son de mucha tensión. Y por eso debe haber también un pequeño respiro y para eso está Kristina, además, la relación laboral y el compromiso de una y otra está naciendo también con fuerza.
    Parker sin duda alguna está en un momento muy complicado y quizá, lo que la rescata es cada mirada de Kristina.

    Gracias por leer y comentar.
    Un abrazo fuerte.

  2. ¡Qué tensión! 😱😱😱
    Mira esa parte de Kim, cuando dice lo de la bomba (el momento exacto y la actitud inmediata de Parker), sentí una presión en el pecho, que… Mira, tuve que respirar profundo. Uff…… Esa gente me tiene derretida por los valores, por su amor, lealtad, entrega… 💚💚💚 ¡Que alivio que todo salió bien!

    Me tienes a punto de infarto… Temo leer lo que sigue…

    ¡Bravo por Kristina! A la altura…
    Qué decir de mi Parker…
    Bueno, de todos…

    GRACIAS… DE VERDAD… GRACIAS
    🌻😘

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