PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 78

A Parker aquella llamada le sorprendió, no lo esperaba pero sabiendo como sabía de su manejo de redes y sistemas, esa llamada no se iba a registrar y necesitaba dar un paso de confianza para tratar de llegar a su mente enferma. Abrió con su mano derecha lentamente un cajón y movió su dedo índice.

—¿Qué tal está? ¿Se ha recuperado del susto?

—Sí, la verdad que más que susto ha sido algo desagradable.

—¡Imagino! —dio una carcajada estridente—. Me gustaría poder confiar en usted, en que no me va a fallar.

—¿Qué es lo que quieres? —las palabras de Parker sonaron muy serias.

—¿Tan fácil? ¿No va a ir corriendo a avisar a su gente para que registren mi llamada?

—Estoy segura que no encontraría nada. Me he dado cuenta que dominas a la perfección la tecnología.

—Gracias, es un halago viniendo de usted. Por cierto… ¿qué tal su madre?

Aquella pregunta provocó en Parker una descarga de pánico justo lo que sabía que él trataba de conseguir, su mente debía luchar a toda velocidad.

—Me temo que mejor que la tuya.

—¡Oh, habéis tenido mucha suerte! —volvió a dar otra carcajada.

—Quizás es que somos más listos de lo que tú crees. O te han hecho creer —le dijo mientras su mirada se desviaba levemente hacía el cajón de la derecha.

—Inspectora, sé que es usted una gran analista, pero desgraciadamente para usted no va a poder conmigo.

—¿Qué es lo que quieres realmente? —respondió con convicción.

—Quiero que salga en la televisión y reconozca públicamente que usted mató a mi padre de manera errónea. Que Daniel Turner era un buen hombre y que deja su puesto de trabajo.

—¡Cómo! —una sonrisa irónica se formó en su rostro.

—Me ha escuchado perfectamente.

—No pienso hacer eso —respondió sonriendo de lado.

—¿Va a retarme? —sonó una pregunta estridente formulada un tono helado.

—No, simplemente voy a detenerte.

—¿Sabe? Con trece años maté a mi abuela, me lo pase genial. Fue divertido como su mirada se llenaba de miedo, esos segundos en los que la vida de otro te pertenece es sublime… Y la idiota de mi madre… ¡es increíble lo estúpida que era! No me extraña que durante tantos años hemos vivido tan mal, si hubiera sido por ella yo sería un tarado, pero gracias a Dios tengo la inteligencia de mi padre y gracias al dinero de mi querida abuela de noventa y dos años soy lo que soy y pude crearme a mí mismo —entonces moduló su voz como si fuera realmente una anciana, aquel cambio de voz provocó un escalofrío en Parker—. Y todo gracias a usted, la recuerdo perfectamente echada en el suelo desangrándose mientras todos trataban de salvarla, vi el miedo en su mirada, sé como se siente cuando sufre y ese gesto me ha alimentado toda la vida, algún día querida inspectora lo volveré a ver justo antes de sus últimos estertores. Tiene todo el día de hoy para preparar un buen escrito en el que salvaguarde el honor de mi padre y se culpe usted por un error tan grave como matar a un buen hombre delante de su mujer y su hijo.

—¿Qué gano haciendo algo tan estúpido como eso?

—La dejaré vivir en paz, arruinada, humillada, pero estará viva ¿le parece poco?

Dejó de escuchar aquella maldita voz. Y lo primero que hizo fue llamar a su madre. Melissa tardaba en contestar y su corazón comenzó a bombear intensamente.

—¡Mamá!
—¿Qué pasa, hija? —el sufrimiento en la voz de Parker la asustó.

—Escúchame haz caso de todo lo que te hayan dicho. No abras la puerta a nadie, tendrás un policía vigilándote las veinticuatro horas del día.

—He hablado con tu jefe pero… ¿y tú? —su voz sonaba entre aterrada y preocupada.

—No debes preocuparte por mí. No va a pasarme nada. Estamos trabajando duro para encontrarlo.

—Hija… por el amor de Dios.

—Mamá… tranquila. Por favor. Mira.. para que veas que las cosas no están tan mal, esta tarde voy a hablar con Kristina.

—¿De verdad?

—Sí. Luego te llamaré para decirte qué tal ha ido.

—Hija, por favor.

—Mamá… confía en mí —lo dijo cerrando los ojos y tratando de controlar el miedo que sentía en ese instante.

Fuera todos seguían trabajando ajenos a la llamada que había recibido. Parker se pasó las manos por la cabeza retirándose el pelo de la cara. Tomó aire y volvió a abrir el cajón.

En la sala de cámaras, Kristina había recibido algo en su móvil y le provocó ponerse nerviosa. Wally estaba tan nervioso como ella, se miraron sabiendo que tenían una responsabilidad mucho mayor de lo que al principio del caso se les había asignado.

—Estoy en el sistema, Wally.

—Bien… ahora a esperar.

La puerta del despacho de Parker se abrió al mismo tiempo que sonaba un teléfono móvil en el departamento, y ante el gesto de sorpresa de todos por el pasillo que llevaba desde los ascensores al departamento aparecía Alex. El detective se levantó al instante mirando a Parker, Kim y Laura hicieron lo mismo, Peter se quedó sentado con gesto de asombro, Judi avisó por línea interna al jefe Moss que salió de su despacho al igual que Kristina había hecho. Mientras tanto Wally trabajaba contra reloj.

—¿Qué estás haciendo aquí, Alex? —preguntó el detective ante el silencio extraño de Parker.

—¡Detective! ¿Qué tal? —le sonrió con un gesto un tanto burlón.

—¿Qué pasa? —preguntó el detective mirando a su jefa sin entender muy bien qué hacía allí.

—Se me olvidó algo en la mesa, ¿no le importa que lo coja, no, jefa?

—Por supuesto que no.

—Gracias, es usted muy amable.

Llegó hasta su mesa con tranquilidad, pasó por detrás de Kim que lo miró frunciendo la frente, lo mismo que Laura que no entendía nada de su extraña actitud. Kristina miraba a Parker que se había quedado parada en medio del departamento siguiendo los pasos de Alex, mientras el jefe Moss se colocaba junto a la inspectora expectante ante lo que estaba ocurriendo.

—¿Qué tal, Peter?

—Bien, Alex.

—Me alegro, mucho.

Y fue visto y no visto. Se le echó encima, le tapó la boca mientras Kristina se apoderaba de su móvil, cerraba la puerta insonorizada de la sala de cámaras y Wally tecleaba algo. Alex mantuvo a Peter con una llave de judo sobre la mesa, sin poderse mover, no lo esperaba se había visto sorprendido por su actuación.

—Llévalo a la sala de interrogatorios, Alex —le dijo Parker con tranquilidad.

—¡Con mucho gusto, inspectora!

—¡Qué está pasando aquí! —el detective no salía de su asombro al igual que el resto.

—No tengo mucho tiempo para explicarlo necesitamos seguir como si nada hubiera pasado cuando esté aquí el teléfono de Peter. Sospeché de él porque era el único que podía haber traicionado a este departamento. Tenía claro que alguien había pasado información del caso de Turner, más que nada por los cortes del segundo cuerpo, Catalina me lo confirmó, esa información nada más la teníamos en su fichero en el que estuvo en su mesa, detective, el programa de televisión no hacía referencia a ello. Hablé con Alex y le pedí ayuda más un buen consejo. Necesitaba a alguien que pudiera controlar a Peter fuera mientras estábamos aquí. Por eso ayer Kristina cuando fue a recoger la comida al restaurante lo que fue hacer realmente era a recoger un móvil desde el que Alex y yo estábamos en contacto, un viejo móvil sin internet para podernos comunicar vía mensaje. Pensé que esto se iba a alargar pero parece que Ingo tiene prisa porque se restaure la dignidad de su padre.

—¿Qué quiere decir, jefa? —el detective la miraba atónito.

—Acaba de llamarme.

—¡Cómo! —todos se acercaron hasta ella.

—De ahí que haya tenido que actuar yo también.

—Ya está, inspectora —le dijo Wally que había salido con Kristina para escuchar lo que decía al resto, eso sí, dejando el móvil en la sala de cámaras.

—¿Qué quiere? —preguntó Laura preocupada y también algo arrepentida por no haber confiado con Parker.

—Que salga en la televisión me culpe de haber matado a su padre y que dimita de mi cargo, bueno, claro, y que diga que cometimos un error con su padre que era un hombre digno.

—¿Está loco? —susurró el jefe Moss.

—Me ha dado un día para ello.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Evidentemente trabajar, y prepararnos —Kristina la miraba con gesto preocupado, en ese instante se cruzaron la mirada tratando de apoyarse.

—¿Cómo te diste cuenta? —le preguntó Kim.

—No desconfío de ninguno de vosotros, pero Peter y Kristina se han incorporado recientemente, Kristina es evidente que no iba a ser, así que cuando Wally me dijo que sospechaba que alguien le estaba ayudando desde el departamento, pensé en él, y cuando vi según los informes de los ataques cibernéticos que se centraban desde su llegada, intuí que podía ser. Después, Kristina me ayudó no quise poner en riesgo a Wally por si estaba equivocada —lo dijo mirando a Wally que entendió todo y suspiró tranquilo—. Por cierto, jefe lo siento pero tuvimos que infectar los ordenadores y tuve acceso a todos aunque no vi nada personal, pero cuando eché a Alex le encargué que antes de salir del edificio entrara en su ordenador y dejara alguna trampa en la documentación, fue todo muy rápido pero Alex es muy bueno en eso, y Peter cayó en la trampa. Había sacado la documentación que Alex había estado manejando, fue lo primero que hizo al tener acceso a su ordenador.

—Inspectora, en el móvil tiene un programa espía por que puede escuchar lo que hablamos, si entro buscando información a su teléfono va a saber que tenemos nosotros el móvil.

—No, no quiero que entres Wally, quiero que dejéis el teléfono sobre la mesa de Peter. Necesito ganar un poco de tiempo.

—De acuerdo.

—Jefe Moss, creo que nos enfrentamos a alguien muy peligroso no solo por su nivel de sadismo, también porque tiene unos conocimientos informáticos extraordinarios, deberíamos tener permiso para anular todo el circuito de cámaras y micrófonos. Es posible que no solo use el teléfono de Peter.

—¿Entonces ahora puede estar escuchando todo esto perfectamente? —susurró Judi que aquel caso empezaba a asustarla.

—No, tranquila, Wally ha bloqueado todas las entradas en el sistema y ha anulado el circuito interno así como el sonido.

—Está bien, inspectora. Hágalo. Hablaré con mi superior y tendré que ponerle al día de todo esto.

Mientras explicó todo aquello, Parker podía ver en la mirada de Kristina una admiración tan grande que hasta hubo un momento que se sonrojó. Estaba preocupada por ella también, necesitaba encontrar a ese tal Ingo antes que pudiera poner sus tentáculos sobre su madre o ella. Les pidió a todos que le siguieran la corriente conforme hablaba. Kristina volvió a sacar el móvil y dejarlo donde habitualmente lo hacía Peter. Todos esperaron un poco para hacer como si volverían a estar juntos tras la supuesta marcha de Alex.

—¡A qué ha venido esta visita! —dijo el detective.

—No importa, detective, ya tiene lo que fuera que buscaba, tengo algo importante que decirles, acabo de hablar con el hijo de Turner.

—¡Cómo! —exclamó el detective.

—Me ha llamado para decirme que si hago una declaración diciendo que su padre era inocente y que yo lo maté sin justificación él dejará de hacer lo que está haciendo.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Kim.

—Voy a hablar con el jefe Moss me ha dado un día de tiempo.

—Pero eso es una locura, Parker.

—Lo sé. De momento, Laura y Peter id al archivo de la central y buscad todo lo que pueda referirse al caso, acordaros de dejar los móviles en vuestros cajones, no sé puede entrar con ellos.

—Claro, inspectora, ¡vamos, Peter!

Wally dejó el teléfono de Peter en el cajón pero antes lo desconectó.

—Tenemos horas nada más para localizarlo. Imagino que debe tener a su próxima víctima localizada es exactamente igual de sádico que su padre, pero a él además le mueve la venganza.

—Jefa… ahora mismo le tocaría a un hombre.

—Sí. Lo sé.

—Las casas en las que ha vivido con su madre —le decía el detective mirando los apuntes—. Todas excepto una están habitadas de nuevo. Algunos han hecho reformas, nadie ha encontrado nada extraño.

—Me dijo que había matado a su abuela, imitó de un modo muy desagradable la voz de una encantadora viejecita —dijo Parker—. Si la mato con trece años y tiene veinticuatro…

—¿Lleva once años haciéndose pasar por su abuela? —preguntó Kim casi fuera de sí porque aún no se había recuperado del susto.

—Parker, hemos pedido las cintas al banco donde la semana pasada cobró la pensión. Nos las envían urgentemente y quizá podamos encontrar algo que nos ayude aunque vaya disfrazado—le dijo Kristina.

—Gracias, Kristina.

—Ha dicho, detective que todas las casas están nuevamente ocupadas excepto una.

—Sí, al parecer es la casa de la abuela, donde vivieron después del asesinato de su padre. Es la única que tienen en propiedad.

—¿No te parece que deberíamos ir a dar un vistazo?

—Sí, Kim, quizá podamos encontrar algo allí. Al menos el cuerpo de la abuela o si hay algo que indique que la mató allí. Que te acompañe Alex ahora cuando termine, pero eso sí, llevaros varios refuerzos no quiero sorpresas.

—Por lo pronto, inspectora su casa va a estar vigilada, además la van a seguir no quiero que se quede sola en ningún momento, ¿lo ha entendido?

—Sí, jefe.

—Nos enfrentamos a un loco mucho peor que su padre.

—No hay más que ver en las condiciones que está el cuerpo de su madre —apareció Catalina.

—Me voy a mirar cintas —dijo Kristina desapareciendo de allí.

Fue Wally con ella y al entrar la miró negando con la cabeza.

—Te debo una disculpa, por un momento pensé que estabas haciendo algo por tu cuenta.

—Parker no quiso que tú tuvieras problemas, si me hubieran echado a mí no pasaría nada.

—¡Es increíble! Tiene una inteligencia brutal.

—Sí, a veces a mi me da miedo no ser suficiente para ella —lo dijo arrastrando las palabras con una pena intensa.

—¡Oh, vamos Kristina! Eres la persona más maravillosa que puede tener, y no hablo solo de tu inteligencia, la cuidas y te preocupas por ella, la miras como si la abrazaras se te nota a la distancia que la amas. ¿Qué más puede querer alguien que ese sentimiento tan puro como tú lo muestras? Estoy seguro que os vais a arreglar.

—Ella me ayudó a encontrarme, Wally. Ha tenido mucha paciencia conmigo. Y… ahora es justo que yo también la tenga con ella. Pero este caso me está poniendo de los nervios, porque sé que quiere hablar conmigo y me muero de ganas por saber qué me va a decir. ¡Wally necesitamos encontrar algo!… ¡Algo!

Se pusieron a trabajar juntos con la sensación de que tenían un día para lograr localizarlo.

Catalina les hablaba con un convencimiento claro.

—Este chico es un psicópata su fin va a ser continuar matando, no se va a detener por destrozarte a ti, igual no ahora, pero dentro de un tiempo… lo lleva en la sangre.

—Estoy de acuerdo contigo, es la sensación que me ha dado al contarme lo de su abuela.

—Necesitamos encontrarlo. Pero no sabemos qué cara tiene. Así es prácticamente imposible es como buscar un fantasma.

—Actúa de una manera muy concienzuda, su casa estaba limpia, reluciente, no había ni una gota de sangre en ningún sitio que no fuera donde estaba el cuerpo. Es meticuloso como su padre.

—Es más inteligente que su padre, al fin y al cabo, a Daniel pudimos verle el rostro.

—Quizás sabe los errores que cometió su padre y ha aprendido —explicó el detective.

En ese momento, Alex se incorporó a la sala. Catalina al verlo se extrañó y Parker le contó rápidamente lo que había pasado. Les explicó que Peter se había quedado callado aunque por su gesto le pareció sorprendido de que le hubieran descubierto tan rápido.

—Le estuve siguiendo y conseguí fotografiarle con un tipo raro, quedaron en un bar de mala muerte, estaba muy oscuro y las fotografías no son de calidad. Excepto una que conseguí hacer cuando el tipo salía del bar.

—Déjame ver —el detective se puso las gafas de cerca—. Jefe…

—Podría ser por la altura, pero… es complicado lo vimos unos segundos.

—Sabéis que esto tarda pero Wally debería escanear la fotografía y ver si encontramos algo.

—Sí. Judi por favor llévala para que la escaneen.

—Es él —dijo segura Catalina ante la mirada de todos.

—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Parker.

—Porque lleva guantes, y los lleva dentro del bar. Este tipo es escrupuloso para todo, porque se siente seguro entre cadáveres, rodado de sangre y muy posiblemente tenga un trastorno compulsivo de la pulcritud, no me extrañaría nada que el padre pudiera haberlo llevado a alguna de sus atrocidades. Esta gente es tan narcisista que necesita mostrarse y él tenía un hijo al que educar.

—¡Gracias, Catalina! Esto es tan horrible como importante.

—El padre también lo tenía creo recordar —dijo el detective.

—Sí, es muy típico en estas mentes.

—¿Qué más hizo Peter, Alex?

—Poco más. Le he investigado, vive con un hermano en un piso de alquiler. Sus padres viven en Princeton y tiene una hermana pequeña de quince años. No tiene mucho dinero, hizo un curso de informática para avanzados, le gusta el baloncesto y poco más.

—Voy a hablar con Peter, ahora mismo, es el único que nos puede ayudar con su descripción. Gracias, Alex. Por cierto, no hacía falta que me llamarás amargada —le sonrió.

—Lo siento, pero sabía que eso no se lo esperaba y su gesto fue como para no creerla.

Parker dio una carcajada acompañada por las risas de los demás, y fue hasta la sala de interrogatorios.

—¡No lo podía creer! —susurró Laura abrazándose a él.

—Lo sé, y gracias por todos los mensajes de apoyo que me habéis enviado no os podía contestar —le dijo sonriendo.

—Yo que pensaba que por fin había perdido de vista esas camisas.

A pesar del difícil momento aquella frase les hizo sonreír. Kim y Alex se marcharon tal como dijo Parker, el detective y Laura fueron hasta la sala de vídeo donde Wally conectó los monitores, solo se podían ver por circuito cerrado, imposible que Ingo pudiera acceder a esas imágenes. Mientras, Kristina seguía empeñada en encontrar esa señal, tenía que hacerlo antes que fuera demasiado tarde. Su esfuerzo podía significar salvar la vida de Parker. Sonrió al recordar el beso, ese suave roce que disparó todo su deseo, ¡cómo podía despertar en ella un amor tan intenso! ¡Cómo podía estar tan enamorada! Sin embargo la voz del jefe Moss la sacó de sus pensamientos

—Kristina, quería darte la enhorabuena por lo que estás consiguiendo, de verdad… Me estás dejando totalmente asombrado.

—Gracias, Eric. ¿Puedo pedirte un favor?

—Claro.

La puerta de la sala de interrogatorios se abrió. La cara de Peter era todo un poema, había palidecido y al ver que entraba Parker tragó saliva. Agachó la cabeza y puso gesto de verdadero terror.

—Bueno… supongo que si has arruinado una prometedora carrera será porque tienes un motivo bastante importante para ello —Peter tragó saliva de nuevo—. No quiero que me cuentes ni los motivos ni el por qué, solo quiero que me des una descripción de Ingo.

—No lo he visto nunca —respondió.

—Peter, me conoces y sabes que lo que llevo muy mal es que me mientan —Peter agachó la mirada—. Tienes dos opciones, una guardar silencio como haces y terminar en la cárcel, te prometo que si elijes esa y muere alguien más a manos de este loco, antes de entrar en la cárcel me encargaré yo misma de anunciar a los presos que eres policía de esta ciudad y ya sabes lo que sucede. Y otra que colabores conmigo, que me cuentes lo que sepas y seré lo más benevolente que pueda. ¿Tú elijes?

El movimiento de piernas de Peter demostraba que estaba nervioso.

—Voy a dejarte cinco minutos para que lo pienses. Piensa bien que quieres hacer.

Se dirigió hasta la sala donde los demás habían sido testigos de la pequeña conversación. Wally mientras escuchaba a la inspectora había estado buscando el dato del curso de informática. Cada uno barajaba diferentes posibilidades.

—Bien… ¿qué os parece? —preguntó Parker.

—No creo que Peter está ayudando a ese cabrón por iniciativa propia —susurró el detective.

—Parece más preocupado que asustado —dio Laura—. No sé, además a mí me ha ayudado en el caso.

—¿Creéis que puede estar haciéndole algún tipo de chantaje? —preguntó Parker.

—¡Lo tengo! —dijo Wally—. Este curso que hizo es muy interesante se hace online hay un foro donde los alumnos pueden intercambiar sus opiniones, dudas y demás. Acabo de ver una pregunta que lanzó Peter sobre programa espía.

—¿Y eso que demonios quiere decir? ¡Habla en nuestro idioma! —protestó enérgicamente el detective.

—Pues que quizá pudo conocerlo ahí. Peter ponía en su ficha que era policía.

—¡No me puedo creer que sea tan simple! —dijo Laura.

—Bueno, a ver, supuestamente esa ficha es confidencial, pero si Ingo es capaz de entrar en nuestro sistema con la facilidad que lo ha hecho, para él es pan comido leer su ficha.

—Bien visto, Wally —apuntó Parker.

—Parker… tiene una hermana pequeña —le advirtió Laura.

—Ingo es capaz de todo, sí —afirmó con gesto preocupado Parker.

—Necesitamos ese reconocimiento facial, Wally —el jefe Moss que había entrado justo antes que Parker se mostraba preocupado.

—Ya sabe que es lento, jefe Moss.

—¿Y si ha obligado a Peter a poner algún tipo de micrófonos? —preguntó el detective.

—Voy a hablar con seguridad, que me digan sus registros de entrada —respondió Laura.

—Dadme su teléfono voy a presionarlo por ahí. Detective entre conmigo.

—¡Parker menos mal que puedo hablar contigo! Ya saben que hay en la caja que iba a tu nombre.

Todos se miraron entre ellos y Judi les explicó lo que había pasado.

—Es una bala. Y no una bala cualquiera. Es la bala con la que mataste a su padre.

El silencio se hizo espeso en la sala. Aquello no solo era presionarla también era mostrarle un camino, el de la muerte.

—Bien, vamos a hablar con Peter de momento.

A Parker se le había secado de golpe la garganta. El detective puso gesto de enfado mientras el jefe Moss salía tras ellos.

—Inspectora, en este momento están trayendo a su madre aquí.

—¿Cómo? —lo miró realmente preocupada.

—No quiero correr riesgos, Kristina me ha pedido, acertadamente, que la proteja y es lo que voy a hacer. De momento, la vamos a llevar al hotel que es propiedad de Kristina, ha hablado con la seguridad de allí y van a hacerse cargo de ella. También tendremos policías de paisano. Y me quedaría mucho más tranquilo si usted va allí también.

—Si lo hago le estaré dando motivos para que cambie de opinión. En lugar de venir a por mí vaya a por alguien del equipo, por ejemplo. Prefiero ser yo su cebo.

—Inspectora eso es un riesgo innecesario —le dijo el detective.

—Voy a pedirle que Kristina esté también protegida con mi madre, ¿de acuerdo?

—Se lo diré —el jefe Moss que se mostraba alterado salió hacia su despacho.

—Oiga pues su vecina estará con una morena pero ¡hay que ver lo que se preocupa por usted! Ahora bien ¿cree que la va a dejar sola? ¡Lo tiene poco claro! A Kristina no se la quita usted de encima ni con agua hirviendo.

Parker sonrió aquel comentario del detective. Kristina era como la otra parte de la balanza, la que le calmaba, la que le llenaba de ternura tan solo con una mirada.

Por su parte, Kristina no paraba de teclear, Wally estaba atento al reconocimiento facial de aquella fotografía que para todos circulaba tan lenta. Kim y Alex habían ido a casa de la abuela de Ingo, Laura trataba de encontrar algo en los registros de entrada de Peter, lo hacía con la pareja en silencio esperando el resultado del reconocimiento facial.

—Wally este tipo debe de tener un lugar en el que se esconda y que tenga una tecnología elevada para hacer todo esto —susurró Kristina.

—Sí, lo he pesando también.

—¿Dónde podría tener algo así? —preguntó Laura.

—Quizá en el mismo sitio donde tuviera las neveras y los muertos —dijo Kristina—. Sigue los pasos de su padre… igual está escondido en el mismo lugar que lo estuvo su padre.

—Voy a repasar las cosas, tenéis razón. Si sigue todos los pasos del padre habría alguna sospecha de donde tenía su guarida. ¡Muy bien, Kristina! —la animó Laura.

—Kristina, la señal de Nueva Zelanda se ha activado —le dijo Wally.

—¡Es cierto!

—¡Vamos, tienes una oportunidad!

Y Kristina centró todas sus fuerzas para encontrar un rastro, uno mínimo que pudiera dar su localización.

En la sala de interrogatorios, el detective y Parker se sentaron frente a Peter. Él agachó la mirada. Parker puso su teléfono móvil sobre la mesa. Peter cerró los ojos y el gesto fue captado por ambos.

—¿Qué has pensado, Peter? —le preguntó Parker.

Peter guardó silencio.

—Hijo… deberías ser consciente de lo que se te va a venir encima si sigues con esta actitud.

Peter siguió manteniendo el silencio.

—Te has quedado pálido al ver el teléfono… —le dijo Parker con ese tono de voz de inspectora dura y molesta.

—No tengo nada que decir.

—Qué lastima —le dijo el detective mirando a Parker.

—Vamos a poner tu fotografía en la televisión como que eres el colaborador del asesino en serie que acaba de aparecer —la voz de Parker seguía siendo acerada—. Y muy posiblemente Ingo se enfade porque debió decirte que fueras con cuidado, porque necesita escucharnos para saber por dónde van nuestros pasos.

—Es listo pero no tanto como parece, necesita algo de ayuda y esa ayuda se le acaba de ir al traste —apuntó el detective.

Peter se mordió el labio pero entonces en un movimiento rápido e inesperado, Parker tiró de las esposas que rodeaban sus muñecas acercándolo hasta ella provocando no solo el susto del joven policía también el de Wally en la sala de visionado. Se había quedado a escasos centímetros un rostro del otro, Peter trataba de mantener el temblor de su barbilla.

—Si no colaboras, cuando sepa que te hemos pillado irá directamente a por tu hermana. No pienso ayudarte a ti pero no me gustaría que la siguiente víctima fuera ella —Peter comenzó a llorar—. Te aseguro que lo hará porque es un loco que no tiene corazón como no lo tenía su padre y muy posiblemente la descuartice solo para darte una lección.

En la sala de cámaras, Kristina había logrado encontrar una señal rebote, estaba contenta era poco pero al menos podía reconstruir dos puntos de aquel sistema que aquel loco había preparado tan bien para esconderse. Su espalda estaba tan tensa que necesitó mover el cuello, entonces notó como las manos de Parker, que antes de llegar a su altura había dejado un café sobre la mesa, se apoyaban suavemente en sus hombros y cerró los ojos.

—Parker…

—Te he traído un café —le dijo apretando con maestría los puntos en los que Kristina estaba empezando a sentir sobrecarga.

—Mmmm —dejó salir un gemido de su garganta y notó como las manos de Parker se detuvieron, sabía por qué. Entonces se giró y la miró sonriendo—. ¿Por qué paras?

—Porque creo que será lo mejor, no creo que al departamento le importe como son tus gemidos — ambas dieron una carcajada. En el fondo, Kristina sabía que lo que quería decirle era que se estaba excitando de tocarla, era así, inevitable como le estaba pasando a ella—. Gracias por preocuparte por mi madre.

—Sabes que Melissa es muy importante para mí —la miró a los ojos con ese poder tan tierno que tenía Kristina y le llegaba al alma.

—Lo sé —Parker agachó la cabeza unos segundos mostrando una debilidad que asombró a Kristina—. Dime que todo va a ir bien.

—Claro, Parker, todo va a ir bien y vamos a pillar a ese loco.

—Gracias.

Y Parker quizás empujada por el beso que con anterioridad le había dejado Kristina, le sonrió de lado y le acarició la cara. Se miraban con una sonrisa en los labios que trataba de reflejar a pesar del miedo, confianza y apoyo. No lo dudó, Parker, la abrazó porque sentía la necesidad de abrazar a aquella mujer que seguía allí a su lado, mostrándole el amor que realmente había en su corazón por ella. Ese abrazo necesario y compartido en el que sin palabras se dijeron tantas cosas. Kristina se refugió en su cuello como tanto le gustaba hacer mientras sus manos la apretaban. Aunque el miedo que sentía Parker en ese momento era tal que dejó escapar un susurro que provocó en Kristina un efecto maravilloso repleto de felicidad y amor en su corazón.

—Te quiero, Kristina.

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