PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 80

Quiero daros las gracias por vuestro apoyo y ánimo. Por fin todo está volviendo a su cauce. ¡Gracias por vuestros comentarios y comprensión!

Un abrazo enorme.

Tras aquella frase una de las gatas pequeñas comenzó a maullar. Kristina le pidió a Parker que la sacara de la bolsa y la llevara en brazos. La respuesta de Parker fue preguntarle si hablaba en serio. Como no, Kristina tuvo al alcance de su mano volver a repetirle si siempre tenía que preguntar antes de hacer algo. La sonrisa de Parker le hizo ver a Kristina que estaba tranquila, relajada y que quizás era el momento que tanto había esperado. Y fue como sentir que su estómago cobraba vida con una intensa sensación de palpito. Parker había cogido a la gata mirándola fijamente. La tenía levantada frente a su cara y la gatita maullaba abriendo sus garras y su boca, mostrando su lengüecita rosa y de repente Parker se acordó de Fresita. Su gata. ¿Era tiempo de curar ese miedo a amar a un animal?

—Puedes abrazarla no te va a arañar ni nada… es lo que te está pidiendo —le sorprendió la voz de Kristina—. ¡Vamos, tú puedes!

—Que barrigota tienes —le dijo estrechándola contra su pecho—. ¿Quien es Par o Ker?

—Ker. Es un amor. ¡Oye pues se te da muy bien mira como se ha callado!

—Eso parece… —sonreía mirando a la gata.

—Me encanta verte así —la miró con los ojos repletos de amor.

—¿Verme como? Rendida a esta belleza.

—Sí, superando miedos. Aún recuerdo como llamaste gato a la pobre Minnie.

—¡Era pura estrategia para sacarte de las casillas!

—¡Pues lo conseguiste!

—Lo sé —sonrió con cierta chulería.

Ambas dieron una carcajada divertida. Llegaron a casa de Kristina y tanto en la puerta de su casa como en la de Parker había sendos coches de policía. Kristina dejó en su casa a las gatas y la cena que habían comprado porque Parker le dijo que era mejor no poner en riesgo que Ingo pudiera tener acceso a su casa haciéndose pasar por un repartidor de comida. Mientras, Parker hablaba con los hombres que las iban a vigilar. Tenían la fotografía de Ingo aunque ella les advirtió que seguramente si se acercaba, que no lo creía, llevaría un disfraz. Les advirtió que iban a dar un paseo y dos de los policías irían tras ellas dejándoles una distancia suficiente para que tuvieran algo de intimidad.

Kristina se había perfumado un poco, nunca en su vida había sentido unos nervios como sentía en ese momento. Habló con Minnie explicándole que solo esperaba que a la vuelta lo hicieran juntas y con la promesa de no separarse jamás. Parker fue a su casa para dejar el bolso y cogió tan solo el teléfono y la pistola. Con rapidez se hizo una coleta, se pintó los labios y suspiró con fuerza. El momento de aclarar las cosas a Kristina había llegado, no sabía por dónde iba a empezar pero tenía tanta necesidad de hablar con ella que salió a toda prisa. Al llegar a su casa, Kristina salía por la puerta, al ver que se había recogido el pelo, sonrió mientras pensaba que jugaba fuerte.

—Necesito estirar las piernas aún sabiendo que vamos a correr un riesgo.

—¡Y con este frío! —dio sonriendo Kristina.

—¿No es maravilloso caminar entre árboles respirando aire sano y pasando un poco de frío?

—Se te ha olvidado algo.

—¿El qué? —la miró sorprendida.

—Y acompañada de una maravillosa mujer —sentenció con gesto firme.

—Una maravillosa mujer, no. Una mujer única.

Sonrieron mirándose con cariño. Parker le indicó un banco en el que a ella le gustaba sentarse cuando salía a pasear, estaba bajo dos árboles enormes y con una vista privilegiada de una pequeña cascada. Ambas suspiraron al mismo tiempo. Kristina se quitó los guantes y los guardó en un bolsillo de su chaquetón mientras Parker apoyaba la espalda en el banco.

—No sé muy bien por dónde empezar —le dijo Parker con total sinceridad.

—Por lo que necesites sacar de dentro.

—Está bien. Eres la primera persona a la que voy a contar esto, realmente, y un parte de la que tengo que contarte no sé si deba porque reconozco que me aterra —puso gesto de miedo.

—¿Te da miedo? ¡Pero si tú no tienes miedo a nada!

—Claro que tengo miedos, Kristina —la miró fijamente—. Entre esos miedos que he ido venciendo está el que siento por ti.

—¿Por mí? ¿Sientes miedo por mí? —preguntó clavando sus ojos sin entender aquella frase.

—Mucho, porque eres la primera persona que ha vuelto mi vida del revés. Me has desarmado por completo.

—Pero eso es bueno ¿no? —le sonrió con timidez.

—Por supuesto que sí.

Parker se calló como si estuviera reordenando todos sus pensamientos, o al menos, intentando buscar la cronología correcta a todo lo que quería contar. Cuando creyó estar preparada empezó hablándole, intercambiaba mirarla con desviar su mirada hacia sus propias manos que tenía cruzadas sobre las piernas. Tomó aire y empezó sentía que debía darle las explicaciones desde el principio, se lo debía.

—Conocí a Kareen en la academia, ella era mi profesora, yo tenía veintidós años y ella en ese momento cuarenta y dos, estuvimos doce años juntas. Pasamos de tener una relación tensa porque me exigía mucho a ser inseparables. Yo iba a su despacho para que me ayudara en su asignatura, así hasta que un día nos encontramos fuera de la academia. A partir de ese día ya no nos separamos. Un tiempo después, ella dejó de dar clase para no perder su trabajo y cometer una falta grave al estar conmigo, yo seguí estudiando hasta graduarme. Cuando decidimos vivir juntas lo hicimos porque ambas lo deseábamos, mi madre no lo vio bien porque pensaba que con esa diferencia de edad Kareen se estaba aprovechando de mí, fue el momento en que dejamos de hablarnos. Pero yo era muy feliz, y pensaba que Kareen también. Viajábamos, salíamos como cualquier matrimonio con diferentes amigos, todo era maravilloso. Hasta que llegó un momento en que parecía que Kareen se alejaba de mí, yo no sabía ni por qué, ni si era nada más que mi imaginación. Los últimos meses no fueron buenos, teníamos problemas porque bueno yo ya ves los horarios que tengo de trabajo entonces todavía era peor porque estaba muchas horas en la calle haciendo vigilancias. Llegó un punto en que me daba la sensación de que Kareen se había arrepentido de estar conmigo. Ella siempre temió que la edad fuera un problema, que yo encontraría a alguien de mi edad y fue como una barrera invisible que tuvimos entre las dos. Pero aún así, a pesar de algunas pequeñas discusiones seguíamos juntas porque nos queríamos.

Tuvo que detener la narración porque se le llenaron los ojos de lágrimas y Kristina entendió que por fin iba a saber aquello que todos le habían dicho que la única que podía contarle la verdad tal y como pasó era Parker. Y en esas estaba Parker luchando con un montón de emociones que afloraban en ella. Pero Kristina le hizo saber que estaba ahí, a su lado, apoyándola que de alguna manera lo que fuera a contar sería compartido, que el dolor que estaba manifestando en casa gesto de su rostro, Kristina también lo sentía, que su miedo lo compartía pero sobre todo, estaban juntas y Kristina decidió entrelazar sus dedos con los de una Parker que al notar el tacto suspiró como si aquel roce fuera lo que estaba necesitando para continuar.

—Aquella mañana en que sucedió todo, me levanté antes que ella porque debía ir a trabajar. Dos días antes habíamos tenido una pequeña discusión porque le había comprado unas entradas para ir al teatro, había conseguido que me dieran la tarde libre y quería darle esa sorpresa. Pero la sorpresa me la llevé yo cuando me dijo que no. Que había quedado con unas amigas y se iba a cenar con ellas. Esos dos días tuvimos un par de charlas ella me recriminaba que estaba más pendiente del trabajo que de ella, y yo le recriminaba que cuando estaba por ella parecía que todo lo hacía mal. Preparé el desayuno, siempre lo hacía yo, a ella le gustaba levantarse y encontrar su desayuno en la mesa, siempre que nos lo permitía mi trabajo desayunábamos juntas. Me arreglé para marcharme y cuando todo estuvo preparado la llamé. Conversábamos no recuerdo sobre qué y mira que he tratado de recordar esa conversación millones de veces, pero es como si mi mente la hubiera borrado, supongo que fue algo sin demasiada importancia el tiempo, la política… no sé —Parker tomó aire y con la mano que tenía libre se aferró a la de Kristina que mantenía cogida a ella—. Justo cuando había terminado de desayunar y estaba recogiendo mi taza, Kareen me dijo que se iba, se iba a hacer un viaje. Aquello me descuadró nunca íbamos a los sitios la una sin la otra, siempre hablábamos y preparábamos los viajes que queríamos hacer, cuando le pregunté me dijo que necesitaba pensar, que no quería estar a mi lado en las condiciones en las que estaba. Yo no entendí nada y le pedí explicaciones, ella no me las dio me dijo solo que tenía sus razones y yo debía respetarlas. Se negó a decirme qué le pasaba. Así que exploté, no sé por qué, supongo que toda la frustración que sentía en las últimas semanas al ver que mi amor parecía no ser suficiente para ella me hizo explotar, le grité como nunca le había gritado, recuerdo que golpeé la mesa con una rabia que me estaba destrozando por dentro, saqué tantas cosas que me había callado en el último tiempo… Y ella no decía nada. Tan solo me miraba, me miraba como si fuera una extraña… como si yo ya no formar parte de ella —cerró los ojos agachó mínimamente la cabeza mientras apretaba las manos de Kristina que seguía dándole apoyo—. Aquella mirada no la puedo olvidar. Porque lo que no me decía con las palabras me lo estaban diciendo sus ojos y no supe controlarme, Kristina. Ella no se merecía que la tratara de la forma que hice. Cuando acabé de gritarle y reprocharle cosas, salí dando un portazo y desconectando el móvil. Justo cuando estaba a punto de entrar en el departamento me llamaron por línea interna porque me estaban buscando del servicio de urgencias, Kareen estaba llegando al hospital con una gravedad extrema. Francine, la chica que venía a limpiar y que se cruzó conmigo justo antes de llegar a casa, la encontró en la cocina sentada en la silla, en el mismo lugar donde yo la dejé con la cabeza sobre la mesa, apenas respiraba.

En ese punto, las lágrimas de Parker rodaron por sus mejillas, Kristina las limpió con total delicadeza, sabía que debía llorar, le había impactado hasta a ella esa historia. Entendía como se sentía, en ese momento en que la abrazó dejándole un suave beso en la sien era capaz de entender todo el sufrimiento que llevaba en su interior, entendió por qué se sentía culpable porque decía que la había matado y la rabia se apoderó de ella al recordar como Maura lejos de ayudarla justo antes de dispararle le insistió sobre aquella culpabilidad. La apretó más fuerte contra ella, suspiró sintiendo su dolor y su pena. Parker siguió hablando con su cabeza apoyada en Kristina.

—Cuando pude reaccionar salí hasta el hospital. Llegué y los médicos tan solo confirmaron que estaba en muerte cerebral. Había tenido un derrame cerebral invasivo. Los médicos me preguntaron si sabía qué había podido pasar, les dije que habíamos discutido y ambos me miraron fijamente. Acto seguido me indicaron que debía tomar la decisión de desconectarla de la máquina o si decidía esperar, aunque su estado era totalmente irreversible. Todo me vino tan de golpe que no supe reaccionar, sentí como si en ese momento el mundo se detuviera y mi corazón se rompiera. Era una pesadilla —se humedeció los labios mientras se separó de Kristina y cerró los ojos para decirle—. Entré a verla y… ¡Dios mío!

—Tranquila, mi amor… tranquila —le acariciaba la espalda con la misma delicadeza que sonaba su voz.

—Tuve que decidir tras tres días esperando sin mover,e de su ladoque la desconectaran, estuve con ella hasta que aquella maldita máquina dio el pitido continuado marcando el final. Y yo estaba allí, cogiéndole de la mano y… se fue… el cuerpo estaba allí pero yo con mi estúpida actitud la había empujado a aquella muerte —tragó saliva porque la garganta se le había hecho un nudo que le dolía mientras lloraba amargamente.

—Parker… mi amor… —volvió a besarla aunque ella misma lloraba por la impresión de verla en ese momento y por imaginarse lo que podía haber sentido entonces.

—Kristina… me sentí culpable si no hubiera discutido con ella quizá no hubiera sido tan terrible el derrame o ni siquiera le hubiera dado, Kareen murió por mi culpa. Jamás la había tratado como aquel día, jamás le había levantado la voz. Y ese día… yo… yo me convertí en furia y rabia, nunca he sido capaz de saber por qué, por qué reaccioné así, nunca antes, nunca discutí con ella de aquella manera incluso su cara, su rostro me demostraba el impacto de verme así, y no me callé a pesar de ver que se le habían llenado los ojos de lágrimas, no me callé solo seguí y seguí gritando cada vez más y más… ¿lo entiendes ahora? Yo la mate.

—Parker ¿tú la querías matar? —la miró fijamente.

—No… ¿cómo me haces esa pregunta? —respondió herida.

—Para que te des cuenta que fue un accidente. Discutiste, de acuerdo, y fue horrible me pongo en tu lugar y creo que me volvería loca si me pasara algo así. Entiendo tú postura y puedo entender el dolor que has sentido durante tanto tiempo pero no lo hiciste con intención. Fue un accidente. Quizá si no hubieras discutido con ella, le hubiera pasado igual.

—Pero no me sentiría así —le apretó la mano—. O al menos no me habría sentido así hasta… hasta que Maura me disparó.

Kristina la miro frunciendo el ceño. Parker trató de tranquilizarse mientras tomaba aire.

—Lo que te voy a contar… bueno… menos mal que me conoces o pensarías que estoy loca.

—¿Qué pasó? ¿Qué te pasó? —Kristina la miraba con ansiedad.

—Supongo que la medicación que me pusieron fue tan fuerte que mi propio cerebro recreó un encuentro con Kareen en el jardín del hospital. Sin duda mis remordimientos actuaron…

—Parker… ¿qué pasó? —la interrumpió mirándola a los ojos con gesto repleto de confianza, ante el gesto de sorpresa de Parker a quien le urgió que continuara—. Dime.

—Ella estaba allí sentada esperándome, me dijo que necesitaba comunicarse conmigo y por fin había podido hacerlo. Necesitaba que me convenciera que yo no tuve la culpa de nada. Que el final de su vida debía llegar porque ya había hecho todo en ella. Me dio las gracias por hacerla tan feliz, me dijo que me había querido pero que se había dado cuenta que todo lo habíamos hecho demasiado rápido, sin parar y pensar. Que estuvo muchos años pensando que la iba a dejar en lugar de disfrutar de mi amor que era puro y lo mejor que le había pasado. Que se acomodó a vivir dentro de nuestra relación con el amor que yo sentía, que fue cobarde que no luchó realmente por mí, que me quiso pero… nunca supo amarme. Pero esto que te cuento era como si realmente sucediera, el poder de la droga es increíble. Era como si en un momento dado la pudiera abrazar. Le pedí perdón, le dije que jamás pensé que podía suceder lo que pasó, que me sentía horrible y no podía con aquel sentimiento. Ella sonrió, me hablaba como si su voz sonara en mi cabeza y entonces me dijo que ella necesitaba descansar y no podía hacerlo si yo seguía cargando con una culpa que no me correspondía. Que le gustó todo lo que le dije antes de irse, que le ayudó para darse cuenta que yo no le guardaba rencor por haberme descuidado desde hacia mucho tiempo, que realmente la amaba, que mi caricia y mi voz la ayudó a irse en paz. Y me pedía que viviera, que dejara atrás todo lo que había sufrido, que tenía que volver a la vida porque tenía una misión y era reencontrarme conmigo misma, que debía abrir mi corazón de nuevo y dejar que la luz del amor me guiara porque había alguien especial esperándome, que permitiera a mi alma volver a sentir porque aún me quedaban muchas cosas maravillosas por vivir y a mucha gente que salvar.

Y ahí se le quebró la voz, agachó la cabeza y las lágrimas una tras otra fueron el reflejo de la cascada que asomaba detrás de ellas, Kristina lloraba de igual manera, podía entender perfectamente todo lo que antes no entendía. Parker estaba rota y necesitaba volver a unir todos los trozos de su alma no sé trataba del corazón. La abrazó llorando mientras Parker descargaba con todas sus fuerzas un llanto que era realmente liberador. Kristina le acariciaba la espalda mientras la refugiaba en su pecho.

—Parker… Parker… mírame —la ayudó a incorporarse de nuevo y le limpió las lágrimas mientras la inspectora sacaba un pañuelo del bolsillo de su abrigo—. Estoy de acuerdo con Kareen, y lo mejor que puedes hacer para recordarla y de algún modo mantenerla viva pero con un buen recuerdo es vivir.

—Lo sé, Kristina pero… no sabes lo que significa que mi última mirada hacia ella fuera repleta de rabia y que la siguiente vez que la tuviera ante mí fuera para decidir si le quitaba la respiración artificial o esperaba. La mirada de los médicos cargados de razón juzgándome… La desesperación de pensar que yo seguía viva y ella…

—Parker, cariño, ella te ha pedido que sigas viviendo…

—¡Oh, Kristina por favor! Fue mi mente que trató de liberarme de algo que no podía…

—No fue tu mente —le dijo con cuidado pero firmeza.

—¿Qué quieres decir? —la miró elevando las cejas con gesto atónito.

—Verás… cuando estabas recién operada, nos dejaron pasar a Melissa y a mí un rato —Parker la miraba fijamente aún con algunos espasmos por el llanto que había sufrido—. Cuando estaba yo, te estaba hablando y de repente apareció una mujer y me preguntó si yo era tu novia, me dijo que te ibas a poner bien, que eras muy fuerte pero te debía cuidar y, sobre todo, ayudar, después en otro momento volvió a aparecer, yo te estaba diciendo que te quería y eras muy importante para mí, que debías ponerte bien porque te necesitaba a mi lado —a Parker conforme contaba aquello su mirada se iba transformando en inquietud, su frente se iba arrugando cada vez más como si al escuchar sus palabras aquel miedo al que había hecho referencia se apoderara de ella—. Y ella me dijo que tú sabías que yo te quería que con una mirada bastaba para saberlo, y me recomendó decirte todos los días que te quería porque el amor debía ser el protagonista de la vida y puntualizó, en este caso de vuestra vida.

—¿Qué tratas de decirme?

—Que aquella mujer que se apareció ante mí dos veces, era Kareen.

—No.

Parker sonrió de lado con incredulidad, se puso en pie, anduvo dos pasos y puso las manos sobre sus caderas, en ese momento daba la espalda a Kristina. Miraba a su alrededor pero sin ver absolutamente nada, las palabras de Kristina más las imágenes que su cabeza le enviaba de aquel encuentro con Kareen le estaban acelerando el corazón. Se giró y Kristina la miraba con temor se había puesto de pie justo a unos pasos de ella.

—¿Recuerdas lo que contó Catalina mientras estábamos juntas que entré en la sala de autopsias?

—Sí —la miró entornando los ojos con gesto perplejo.

—Pues casi me muero pero no por entrar allí y conocer a la señora Flinn y su corazón, fue porque al ir a casa de Melissa para descansar, me percaté de vuestra fotografía y no podía creerlo. Salí corriendo de casa y llegué al departamento corriendo, cuando Catalina me confirmó que era Kareen me desmayé. No podía creerlo.

—Pero eso no puede ser… es imposible.

—Parece que no es tan imposible —le susurró con cierto temor.

—Pero… pero… yo la vi por la medicación.

—No, según Catalina sufriste una experiencia cercana a la muerte. Tuviste una parada, Parker —la miraba un poco asustada—. Piensa que te dijo que tenías que volver porque aún te quedan cosas por hacer, yo creo que Kareen necesitaba decirte que no tuviste la culpa. Y esa fue la manera de hacerlo, piensa lo que he pensado yo muchos días, un centímetro Parker, uno y hubieras muerto, todos decían que era un milagro que estuvieras viva con toda la sangre que perdiste.

—No lo puedo creer —dio pasando por su lado y sentándose aterrada, temblaba sin poderlo evitar.

—Cariño, esto te ha servido para darte cuenta que no podías seguir así, pero estoy segura que ha sido por la presencia de Kareen ella te ha liberado.

—Me he negado a creer esto, me he despertado en medio de la noche aterrada pensando que ella estaba allí en la habitación mirándome… como si esperara algo… No puede ser.

Giró su cabeza levemente mirándola con la respiración alterada, con el ceño fruncido su cabeza funcionaba con tanta rapidez que necesitaba parar.

—Kristina, necesitaba no repetir el comportamiento de Kareen, no podía hacerte daño a ti. Mi dolor al principio de estar contigo se suavizaba porque pensaba que era como el principio cuando Kareen y yo empezamos a conocernos. Y te pido perdón porque sé que debí hablarte de esto pero yo no sabía, no sabía —dijo cerrando los ojos con fuerza—, no sabía que tú ibas a cambiar mi vida. No era consciente de que tú ibas a ser para mí un desafío por el que iba a luchar hasta la extenuación de cambiar, necesitaba dejar de sufrir por lo sucedido con Kareen, porque si quería estar contigo necesitaba hacerlo con todo mi corazón. Porque no te he mentido, poco a poco has ido derrumbando todas las barreras que fui poniendo para no enamorarme de nadie. Y cuando me he dado cuenta que quería estar contigo, no solo dormir contigo, es cuando me he muerto de miedo porque sabía que o arreglaba mi corazón o te haría daño. Y lo último que quería era hacerte daño. Para eso quería el tiempo, para asegurarme de que soy capaz de empezar algo contigo de verdad.

—Parker… —sonrió quitándose un peso de encima que le hizo llenarse los ojos de lágrimas.

—Eres increíble, Kristina. Nadie me ha cuidado como lo haces tú, ni me han hecho reír tanto como tú, ni me han sorprendido como lo haces constantemente tú, tu espontaneidad, tu sonrisa, tus miradas, tus caricias… Kristina debía estar segura de poder corresponderte y estar a tu altura. Porque no quería cometer el mismo error que cometió Kareen.

—Parker… —volvió a repetir con más lágrimas en los ojos pero con una sonrisa amplia, fresca y maravillosa.

—Sé que te he exigido demasiado, que tú me has dado todo sin guardarte nada, que me has demostrado lo que sientes y eso me aterra porque cada vez que me miras siento ese amor que me dices sientes por mí. Nunca nadie me ha mirado como tú —al decir esto sonrió, fue la primera sonrisa que le dedicó—. Ni nadie se ha ocupado de mi como lo haces tú.

—¡Oh, Parker! —susurró.

—Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida —había puesto sus dos manos sobre sus mejillas y se lo había dicho con una sonrisa mirándola fijamente a los ojos—. Cuando fui a la tumba de Kareen y vi el ramo de violetas, algo me dijo que tú habías estado allí —la sonrisa de Kristina se deshizo—. Eres cuidadosa en todos los detalles, tu pensamiento de ayudar a operar a mi madre, eso me llegó al alma, Kristina. Tienes un corazón enorme y que hayas ayudado a Wally. Tener una persona así a mi lado es para mí un desafío porque no sé si soy capaz de estar a tu altura… no sé si soy digna de tanto amor, no sé si seré capaz de darte lo que tú…

Y ahí, ya Kristina no pudo más, estaba temblando de felicidad. Se echó al cuello de Parker la besó con fuerza mientras de un salto abriendo sus piernas se subía sobre ella, Parker sonrió mientras la besaba y la abrazaba por la cintura. El beso fue haciéndose más intenso tanto que estuvo a punto de deshacer la nieve que tenían a su alrededor.

—Mi amor… mi vida… ¡no sabes lo que he esperado esto! Vale, bien, no hace mucho porque han sido pocos días pero para mí ha sido eterno los días no pasaban, ni las noches… pensé que me moría… ¡y acepto que suena muy melodramático pero es como me siento! —decía Kristina con una sonrisa tan amplia que no podía dejar de sonreír.

—Pero… Pero… ¿y Marta? —la miró con el ceño fruncido y gesto de falso enfado.

—¡Oh, Marta! —sonrió cerrando los ojos y haciendo un gesto gracioso arrugando la nariz—. Lo siento, no fue mi intención que te pusieras celosa.

—No estaba celosa —se defendió Parker. Ante el gesto de Kristina agregó—. Bueno, vale, un poco… bueno ¡un mucho! Es lo que me ha hecho reaccionar no podía perderte.

—Melissa me dijo que debía trazar un plan B para hacerte reaccionar.

—Lo sabía —murmuró cerrando los ojos.

—Y propuso ponerte celosa, así que me fui a cenar con tu madre haciéndote creer que iba a una cena con alguien.

—Ahora entiendo lo de la langosta que ha dicho.

—Sí —dio una carcajada tan maravillosa que Parker sonrió igualmente—. Y Marta es una profesora de literatura, me ha ayudado a cumplir mi sueño de escribir una novela.

—¿Un novela? —la miró sorprendida.

—Sí. Se titula “la trepidante inspectora Forsyth” aunque yo le había puesto la sexy.

—¿Cómo? —su gesto mostraba un impacto total.

—Sí —dio una carcajada enorme—. Pero me falta pulir muchas cosas porque estoy aprendiendo, no podíamos concretar otros horarios y entre el loco este y escribir la novela he dormido poquísimo. Pero está mereciendo la pena. Y hoy ha venido para decirme que hay alguien interesado en leer mi trabajo.

—¡Eso es fantástico! —la animó.

—Solo la he escrito para ti. Es mi regalo para la mejor persona que he podido conocer en la vida.

—Kris —le susurró feliz.

—Parker podría perder todo excepto a ti. Te amo y sé que vamos a ser inmensamente felices. Nada más tenías que superar tu miedo. Sé que Kareen estará feliz. Ella lo dijo, la vida esa así y quizá todo aquello te ha servido para ahora ser consciente de lo que pasó y tener una nueva oportunidad. Te lo mereces.

—Mi amor… —le besó con suavidad.

—Y le llevé las violetas porque le di las gracias aunque suene muy loco por decirme que íbamos a ser felices y pedirte que te cuidara y ayudara en el peor momento de mi vida al verte allí en las condiciones que estabas.

—Supongo que todos tenían razón al decirme que fue un accidente.

—Pero hasta que tú no lo has asimilado nadie puede hacer nada. Solo tú eras capaz de ello.

—Te quiero, Kristina. Y quiero vivir intensamente contigo.

—Claro, mi amor. Lo vamos a hacer, sin miedos.

—Temía tanto dar este paso…

—¿Por qué?

—Porque es una responsabilidad en todos los sentidos y… bueno… porque una de las cosas que más miedo me daban era que pudiera pasarte algo.

—¡No me va a pasar nada! Pero si me pasara, cariño, sería cosa de la vida. No por ti. A ver si ahora vas a estar pensando todo el rato en esto y no vas a ser capaz de disfrutar.

—No, no, te aseguro que no. He aprendido la lección.

—Te quiero —la besó con suavidad.

—Te quiero —le devolvió el beso de igual manera.

—¿Te sientes mejor? —le preguntó Kristina mirándola con esa intensidad que le regalaba su mirada.

—Te aseguro que sí, mucho mejor, es como si me hubiera quitado una pesada carga de mi espalda y gracias a ti.

—Sé de lo que hablas —le sonrió—. Es la misma mochila que me quité gracias a ti. Nos hemos encontrado en la vida para caminar juntas, para ayudarnos y compenetrarnos en el amor. ¿No te das cuenta?

—Somos dos almas gemelas perdidas que se han encontrado —unió la punta de su nariz a la de ella moviéndola graciosamente.

—¡No lo hubiera dicho mejor! —dieron una carcajada pero entonces Parker hizo un gesto de dolor—. Deberíamos ir a casa, cenar y descansar. Llevas mucho trajín, Parker.

—Está bien, vamos. Voy a dejarme cuidar.

—¡Eso es fantástico! —la abrazó fuertemente mientras Parker la estrechaba de igual manera—. Te prometo que voy a hacer que cada día a tu lado ser el mejor de nuestra vida.

—Yo también, te lo prometo.

—¿Sabes? Deberíamos ir juntas a la tumba de Kareen a darle las gracias.

—Ves… si es que eres fantástica, mi amor. Eres todo sensibilidad

—No sé si te pasa a ti pero siento una opresión en el corazón de felicidad que… es increíble.

—Sí —dio una carcajada—. Eres lo mejor que me ha pasado, cariño.

—Tú también lo eres para mí. Y a partir de ahora vamos a ser felices las dos que nos lo merecemos, ¿no crees?

—Sí. ¡Vamos! —la animó Parker tras dar un suspiro fuerte.

—Vamos.

—Si es que al final te has salido con la tuya, eres una cabezota maravillosa.

—¡No iba a dejarte escapar, Parker! No soy tonta.

—Lo sé, yo tampoco —le cogió las manos, se mordió el labio mientras miraba esos dedos entrelazados que mostraban una unión firme y le dijo—. Gracias, Kristina. Gracias por darme la oportunidad de volver a vivir.

Llegaron a casa con una sonrisa, cogidas de la mano y justo en el momento en que sin esperarlo se ponía a llover. Corrieron hasta dentro de casa, una vez allí refugiadas Kristina miró a Parker que se estaba quitando el abrigo.

—¿Tienes hambre? —le preguntó a distancia.

—La verdad que no mucha… tenía tantos nervios por hablar contigo… ¿Y tú? —le preguntó girándose.

—Yo sí, tengo un hambre voraz.

Se aproximó hasta ella a toda velocidad, pasó las manos por la cintura de Parker lanzándose a su boca con una mirada lasciva y un torbellino de pasión. Parker respondió rápidamente mientras una mano se apoyaba en la mejilla de Kristina y la otra rodeaba su espalda abriendo la palma de su mano justo en medio de la columna. En ese momento los latidos de ambos corazones, hacían recorrer la sangre a toda velocidad sacudiéndoles hasta las huesos. Las respiraciones se alteraron los gemidos se mezclaron en el aire. El más fiero deseo ardió en el interior de ambas. Kristina le quitó la chaqueta con cuidado porque necesitaba urgentemente tocar su piel, aquella piel que le hacía perder la cordura.

—Parker… mi amor… —susurró estremeciéndose entre sus brazos.

Entraron a la habitación como pudieron quitándose la ropa por el camino hasta que el deseo no podía esperar más tiempo. Parker la agarró y empujó con fuerza contra la puerta cerrada apretándose contra Kristina.

—Kristina…

La voz grave de Parker se abrió paso entre la niebla de su excitación. Kristina desabrochó el pantalón de Parker, se separaron tan solo unos segundos para terminar de hacer desparecer la ropa que cubría aquellas pieles que estaban retorciéndose por puro deseo de ser devoradas la una por la otra. Mientras el rostro de ambas estaba reflejando todo el deseo que sentían. Kristina tumbó con delicadeza a Parker sobre la cama, las respiraciones aumentaron y al tocarse intercambiaron un leve gemido. Kristina paseó los dedos desde el vientre hasta el cuello de Parker que cerró los ojos apretando la yema de sus dedos sobre la piel de Kristina que insistía en la caricia que sabía la estaba volviendo loca, y se percataba por la tensión del vientre de la inspectora. Kristina se acercó hasta cada uno de sus pechos y dejó que sus labios fuera recorriéndolos con suavidad provocando que abrasaran con ardor su piel. Hasta que llegó a su boca y sus lenguas se enlazaron en un frenético duelo mientras ambas buscaron sus centros y comenzaron aquel baile intenso que tanto les gustaba, Kristina se apartó de aquella boca que le provocaba enloquecer. Las caderas se dispararon en un movimiento cada vez más intenso mientras las manos de Parker se apoderaban de los pechos de Kristina. Los lamió con total cuidado haciendo que Kristina echara la cabeza hacia detrás cerrando los ojos. Sintiendo las dos el mayor éxtasis que podían llegar a compartir. Juntas, unidas, mirándose a los ojos encontrando en ellos no solo pasión, sino todo el amor que cada una sentía gritaron casi al mismo tiempo mientras los desgarradores espasmos las traspasaban.

—Kris —murmuró Parker casi si fuerzas.

—Mi amor… —respondió Kristina dejándose caer suavemente sobre la parte derecha de su cuerpo.

—Nunca había sentido así… mi amor… —le acariciaba lentamente con cuidado.

—Porque no eras libre. Ahora eres libre tan libre como lo soy yo. Hemos dejado atrás todo lo que nos provocaba dolor.

—¿Será así siempre? —preguntó extenuada Parker.

—Te prometo que sí, mi vida. Para mí, lo ha sido.

—Te quiero —susurró cerrando los ojos.

—Te quiero —respondió dibujándose en sus labios una sonrisa.

Ambas se abrazaron y dejaron por unos minutos que sus corazones volvieran a latir acompasados pero con un ritmo tranquilo, equilibrado y repleto de amor.

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