PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 81

Tras estar un buen rato abrazadas susurrándose palabras repletas de amor, ternura y caricias lentas. Kristina decidió levantarse y sacar la cena de los recipientes. Le dejó un tiempo a Parker para que se recuperara. Y mientras iba preparando las cosas en la mesa no podía dejar de pensar en ese sentimiento de culpa de Parker. Lo horrible que debía sentirse cuando le dijeron cómo y dónde estaba Kareen. Entendía como se había castigado a lo largo de los años, ¿qué hubiera hecho ella si estuviera en su lugar? Antes de ser la Kristina en la que se había convertido, recordaba su afán por castigar a su abuela una y otra vez, si le hubiera pasado algo se lo habría reprochado igualmente. Suspiró pensando también en como Maura había aprovechado la debilidad de Parker, en lugar de ayudarla lo que hizo fue hundirla más en su propio dolor y culpabilidad. ¿Qué clase de persona podía hacer algo así? Parker era fuerte y decidida ¿cómo pudo dejarse llevar por Maura? Recordó como Melissa le había hablado de su maldad y de como Parker aceptó su presencia junto a ella como un castigo. ¡Cuánto había sufrido Parker! Tragó saliva impactada por todo, por la muerte de Kareen, por la decisión de Parker de asumir su responsabilidad, por la charla en el jardín del hospital mientras se debatía entre la vida y la muerte, por las palabras de aquella charla. Su corazón en ese instante sintió tanta necesidad de amarla, tanta necesidad de entregarle toda la ternura que sentía por ella como jamás antes había sentido por nadie. Y entonces sonrió, sonrió al darse cuenta que todo lo que había hecho Parker había sido para protegerla, porque realmente a Parker no la habían amado como ella se merecía, le agradeció que tomara la decisión de parar y pensar, reflexionar sobre sus sentimientos para no repetir lo mismo que había hecho Kareen, quererla pero no amarla y como resultado hacerle daño en el corazón, y quizá ese dolor fue lo que la hizo explotar aquel día, la frustración de saber que la quería pero no la amaba como ella. Parker había sido sincera en todo, hasta le había pedido perdón por llamarla Kareen. Sonrió al pensar en su abuela, debería estar feliz en ese momento al ver que por fin había encontrado a una mujer maravillosa que no solo le había ayudado a aceptarse, a ser mejor sino que le había enseñado a qué era el amor.

-Pagaría por saber lo que estás pensando -le dijo al oído Parker mientras la abrazaba por detrás cruzando sus manos sobre el vientre de Kristina que sonrió-. Tienes una cara de felicidad que me hace feliz a mí sin saber lo que piensas.

-Pues… -se giró mirándola sonriente mientras le pasaba las manos por el cuello-. Pensaba que mi abuela debe estar feliz de verme contigo. Pensaba que soy afortunada por tener a una mujer tan legal como tú a mi lado. Pensaba que te amo y que vamos a ser muy felices.

-Mmmm -sonrió echando para atrás un poco la cabeza.

-Y ahora, hay que cenar, tienes que reponer fuerzas que entre unas cosas y otras… -le sonrió.

-Me quedo con las otras -dio una carcajada acompañada por Kristina mientras se besaban sonriendo-. Ahora sí que tengo hambre.

-Y yo.

-¿Dónde están Par y Ker?

-Allí -le señaló una gran almohada que había comprado para ellas-. Les he puesto allí cerca de la puerta porque así cuando vengo están ahí para achucharlas rápido.

-¿Y duermen ahí? -las miraba mientras Kristina apoyaba su cabeza en el pecho de Parker que la tenía rodeada con sus brazos la espalda.

-Sí, porque son muy pequeñas para dormir en la cama, Minnie las sube a veces con la boca y dormimos juntas, pero de normal están ahí las tres.

-Me maravilla Minnie -decía sonriendo mientras la gata lavaba a las pequeñas.

-¡Lo sé! Desde el principio por muy seria que te querías poner.

-Reconozco que Minnie también ha sido un reto. Yo tuve una gata y cuando se murió me sentí tan mal que nunca más quise tener un animal. Pero eso no significa que no me gusten, ayudo a algunas asociaciones de animales.

-¡Si es que tienes un corazón enorme por mucho que no quieras mostrarlo! -le dijo separando su cabeza del pecho y mirándola con total amor.

-¡Bueno… en este caso creo que el tuyo es mucho más enorme! Te quiero -la besó.

-Y yo. Vamos a cenar -se separó de sus brazos y juntas terminaron de arreglar la cena.

-¿Cuándo voy a poder leer la novela? -le preguntó ilusionada.

-Marta está terminando de corregir algunos fallos. ¡Yo no sabía que era tan difícil escribir! Pero lo he conseguido -dijo sonriendo satisfecha.

-¡Yo no tenía ninguna duda de que lo podías hacer! ¡Aunque tan rápido, no! No sabía que podías escribir una novela en ¿tres días? -le preguntó asombrada.

-Bueno… llevo un tiempo escribiendo… a partir de que estuvimos juntas -le dijo con timidez.

-¿Ah, sí? -la miró fijamente.

-Sí -sonrió feliz.

-Me muero de ganas de leerla.

Sonrieron y cenaron charlando con tranquilidad, Parker tenía el teléfono a su lado y ambas se preguntaron si en algún momento recibirían una llamada o realmente aquel loco iba a esperar el movimiento de Parker. Kristina le mostró su preocupación por hacer lo que él le pedía y Parker le confesó que si debía jugarse la carrera ante la seguridad de poder darle la confianza suficiente para atraparlo, lo daría por bueno, aunque todas las pruebas la apoyaban a ella. Algo que a Kristina le preocupó.

Recogieron las cosas y Parker pasó a su casa para coger el cepillo de dientes y la crema, habló con los policías no había nada extraño, es más por orden del jefe Moss los coches llevaban cámaras de seguridad para tener controlado el movimiento que podía existir alrededor de la casa. A Parker no le hizo mucha gracia saber aquello pero entendía que había que extremar la seguridad. Cuando volvió a casa de Kristina, esta le estaba dando el biberón a Par. Aquella estampa le pareció tan maravillosa que no podía dejar de mirarlas y sonreír.

-¿Sabes qué he pensado?

-Sorpréndeme -le dijo Parker dejándole un beso en la cabeza antes de sentarse a su lado.

-Quiero crear un refugio para gatos.

-Eso es maravilloso.

-¿Verdad? En cuanto Don esté centrado en la fundación y nosotras hayamos resuelto el caso, me pondré manos a la obra. ¿Me ayudarás?

-Claro, claro que sí.

Se miraron sonriéndose, y no pudieron evitar besarse.

-Deberías llamar a Melissa.

-¡Oh! Mi madre… esa granuja que ha participado en una cruel encrucijada contra su hija.

-La verdad que yo no esta nada a favor de ello.

-¡Pues para no estarlo! -ladeó la cabeza con una pequeña sonrisa.

-Pero mi razón era otra solo que tú… te has puesto celosa.

-¿Sabes? Confieso que es la primera vez que me pasa esto.

-¡Sí!

-Mírala que cara de granuja pones -dio una carcajada mientras Kristina soltaba otra de las suyas.

-Sé que lo has pasado mal y yo también pensando que lo pasabas mal pero… ¡no podía soportarlo, Parker! Me daba miedo que si te dejaba mucho tiempo no dieras el paso y decidieras alejarte de mí. Nadie me quería contar nada, he pasado mucho miedo.

-Es curioso hemos ido pasando las mismas emociones y sentimientos desde que llegaste a mi casa.

-Sí. Yo estoy convencida de que tenemos una conexión especial. Y eso es lo que ha hecho que nuestra relación fuera tan rápida y tan segura. Estoy segura que te amo, y lo estaba al segundo día de dormir abrazada a ti -Parker sonrió-. Pero cuando Maura te disparó ahí supe lo que realmente significabas para mí, todo.

-Mi amor… -le sonrió-. Lo debiste pasar fatal.

-Sí, pero no pensaba dejar de apretar aquella herida por nada del mundo -dejó a la gata tras limpiarla y miró a Parker-. Tú eres mi vida, no tengo que buscar más palabras ni darle más vueltas, lo tengo tan claro. Y si hubiera sabido lo que ocurrió con Kareen, te hubiera entendido mucho antes sin reprocharte nada.

-Lo sé pero necesitaba fuerza para mí recordar todo es…

-No quiero que vuelvas a sufrir -la interrumpió acariciándole la cara con ternura.

-Gracias por entenderme, pero sobre todo por apoyarme. De verdad -agachó la mirada y cogió sus manos diciendo mientras asentía y buscaba sus ojos-. Tengo mucha suerte de tenerte a mi lado.

Las miradas gritaban un amor intenso, la sonrisa que se dibujó en ambos rostros mostraban la felicidad de la que estaban disfrutando. Tras besarse dejaron a las gatas junto a Minnie que pasó la cola por las piernas de Parker que sonrió. Después, Kristina apagó las luces mientras Parker repasaba desde las ventanas todo alrededor de la casa, todo estaba tranquilo. Se cambiaron y con ciertos nervios como si fuera la primera vez que lo hacían, finalmente, se acostaron. Suspiraron porque les hubiera gustado seguir con la pasión y el deseo que sentían, pero las dos eran conscientes que llevaban mucho atraso de sueño, además Parker debía recuperarse. Por esa razón, Parker tras darle un beso a Kristina se dio la vuelta y dejó que la abrazara, separó un poco las piernas y el muslo de Kristina cobró vida. Ambas sonrieron. Pasó la mano por la cintura de Parker que enlazó sus dedos con los de aquella joven que la había hecho volver a sentirse libre para volver a amar. Para las dos, aquella primera noche de reencuentro significaba la posibilidad de ser felices.

Durante la noche, Kristina se levantó con cuidado para no despertar a Parker y darle los biberones a las bebés, lo hacía con los ojos cerrados y prácticamente dormida. Por esa razón, cuando le sonó el despertador lo apagó y se giró buscando a Parker. Sin embargo, no fue su cuerpo lo que encontró, sino, su voz dulce llamándola.

-Kristina… Kristina… mi amor… Kris… -la llamaba con una sonrisa en los labios mientras le apartaba el pelo de la cara.

-Mmmm.

-Hay que levantarse.

-No…

-Sí, cariño. Venga… tenemos que ir a trabajar ya tienes el desayuno preparado.

-¿No es una de tus bromas? -susurró haciendo que Parker diera una carcajada y ella abriera un ojo-. Ni es un sueño, eres real.

-No es una broma y sí, soy real -la besó-. ¿Lo ves?

-¿Cómo estás? -le devolvió el beso abrazándola.

-He recuperado mucho al dormir, pero abrir los ojos y verte a mi lado creo que ha sido lo mejor que me ha pasado últimamente.

-Me alegro.

-¡Venga… a desayunar!

Desayunaron entre risas, besos y arrumacos. Parker llamó al detective que le confirmó que todo estaba tranquilo, no había aparecido nadie hecho pedazos para una barbacoa. Cuando se lo dijo a Kristina susurró.

-No entiendo vuestro humor negro.

-Ya te acostumbrarás -le besó graciosamente-. Voy a pasar a casa a cambiarme de ropa.

-Tendremos que hablar de eso.

-¿De qué?

-De estar en una casa -le sonrió con algo de timidez.

-En cuanto acabemos con este caso, Kristina, te prometo que lo hablaremos.

En la ducha, Kristina pensaba que no podía ser más feliz. Se vistió deprisa y cuando salió con las tres gatas colgadas al hombro, Parker ya estaba esperando en el coche. Subió sonriendo.

-Los policías dicen que todo ha estado muy tranquilo.

-Mejor…

-Pues sí. Porque no me gusta nada tanta tranquilidad, nos ha tenido en vilo estas noches y ahora de pronto todo tranquilo.

-A mí no me gusta que pienses en hablar hoy en la televisión.

-Es una manera de ganar tiempo, Kristina. La gente después se olvida de eso, no soy tan famosa como para que se acuerden.

-Lo eres.

-¡Por qué mi madre ve las noticias! -dio una carcajada-. Por cierto, no la llamé anoche.

-¡Te va a caer una buena bronca!

-No, ya sabes que ella me da broncas por lo contrario -sonrió.

-Parker… no quiero presionarte, pero me gustaría decirte una cosa.

-Claro, dime.

-Yo nunca he tenido pareja y no he convivido con nadie que no sea Minnie -hablaba con ciertos nervios, Parker se percató de ello-. Y no sé como debo hacer las cosas.

-¿Qué cosas? ¿Las de la casa? Pues todas las haces tú.

-¡Eh, pero qué lista eres! -le riñó graciosamente.

-Ya lo sabes -entonces se puso más seria y le preguntó-. ¿A qué te refieres?

-Me gustaría hacer un viaje juntas, por ejemplo.

-Bueno, yo voy a tener vacaciones pero tú no.

-¿Eso es legal? -la miró con el ceño fruncido.

-¿Cómo que si es legal?

-Que tú tengas vacaciones y yo no -hablaba muy en serio.

-¡Si es que te comería a besos si no fuera porque voy conduciendo! -le dijo entre dientes-. Tú acabas de incorporarte a trabajar.

-¡Pues habrá que hacer algo! -dijo pensativa mirando por la ventana.

-Pues claro, trabajar.

-Nos podemos casar y así me pertenecen vacaciones -le dijo sonriendo como si hubiera descubierto la solución perfecta.

-¡Menos mal que no me quieres presionar!

-¿Esto te presiona?

-Un poco… pero… me gusta porque es tu espontaneidad que no siempre tiene porqué ser tranquila y graciosa.

-Ahora mismo, inspectora Forsyth, está para comerla.

Parker dio una carcajada mientras negaba con la cabeza repetidas veces. Seguidamente llamó a Melissa tal y como había dicho. Al otro lado tardaba en responder. Se miraron las dos con el gesto algo preocupado.

-¡Diga! -apareció la voz somnolienta de Melissa.

-¿Mamá estás durmiendo?

-¡Oh, Parker! ¡Qué pesada eres! ¡Sí, estoy durmiendo en la gloria bendita! ¡Qué quieres! -le decía riñéndola de seguido mientras Kristina se tapaba la boca para que no la viera reírse.

-Pues.. quería saber cómo estabas.

-Dios a las siete de la mañana.

-Tú te levantas a las seis y media -decía con mimo.

-¡Buenos días, Melissa!

-¡Kristina, cariño! -y Kristina trató de aguantarse la risa ante el gesto de Parker-. ¿Ya habéis arreglado lo que teníais que arreglar?

-Para eso te llamaba, mamá.

-¡Pero si estaba cantado! ¿Crees que no lo sabía?

-Por cierto, tú y yo tendremos una charla -Kristina le decía con los brazos que no dijera nada-. Una charla sobre esto.

-¿Puedo colgar ya? -le preguntó con total desinterés.

-¡Pero mamá!

-Ni mamá ni papá… no se oye nada, estoy súper calentita en la cama, es mullidita y se está de muerte. Cené como una reina… ¡quieres dejarme disfrutar de esto, leñe! -la carcajada de Kristina resonó en todo el coche y fue acompañada por la de Melissa.

-¿Te gusta, Melissa? ¡Ay, que a gusto me he reído! -suspiró secándose las lágrimas.

-¿La pregunta va en serio? ¡Estáis las dos muy tontas!

-Puedes quedarte todo lo que quieras, es más, si quieres quédate a vivir.

-¡Kristina! -le susurró Parker mirándola de soslayo.

-¿Qué? El hotel es mío, esa habitación y otra me pertenece si Melissa se siente cómoda y a gusto ¿por qué no va a quedarse? Es como nosotras, si algún día por trabajo nos apetece quedarnos, podemos sin ningún problema, pero como eres como eres, y sé que no te va a gustar.

-¡Mi hija es tonta de remate!

-Gracias, mamá.

-De nada, hija.

-¡Hasta si quieres puedes invitar al detective a una cena romántica!

-¡Kristina! Mamá, te dejamos sigue durmiendo. ¿Pero a qué viene eso? -la miró al detenerse en un semáforo.

-¡Oh, vamos! ¿No te has dado cuenta de las miraditas que se echan esos dos?

-Pero… Pero -su cara de absoluto impacto era total y no podía reflejar más cosas.

-Cuando estuviste en el hospital, él estuvo acompañándola, y hablan mucho… ¿Qué hay de malo?

-Es el detective Adams -susurró cerrando los ojos.

-¿Y? -elevó los hombros.

-¿Cómo que y? -entonces Kristina dio una carcajada que a punto estuvo de ahogarse, cuando Parker entendió que se estaba quedando con ella la miró entornando los ojos y frunciendo los labios-. ¿Te has quedado conmigo?

-Sí, es que has puesto una cara -contestó con un fulgor divertido que hizo centellar sus ojos.

-Vale, acepto que sea una broma… -respiró tranquila.

-¿Qué habría de malo que tu madre se enamorara?

-Nada, absolutamente nada pero del detective Adams… no.

-Pues a mí me gustan como pareja.

-¡Dios, Kristina! Es mi madre -le dijo con gesto serio.

-Me encanta esa cara que pones cuando te enfadas -le besó en los labios justo cuando detuvo en coche en el parking.

-Kristina, aquí no.

-Lo sé, pero podemos darnos un beso aquí para afrontar la mañana.

-¡Se me había olvidado los viajes en coche contigo todo lo que me provocan!

-¿Pero me habías echado de menos? -le preguntó sonriendo.

-Mucho, eran demasiado tranquilos.

Salieron sonriendo del coche, Kristina había conseguido que Parker no se comprara aquel café doble tan malo para su salud. Al entrar al ascensor, Parker fue hasta la sala forense y Kristina subió hasta el departamento. Cuando salió del ascensor vio que el detective Adams pasaba hacia la sala de café. Sonrió y se frotó las manos. Dejó a las gatas con cuidado en el despacho de Judi y esperó a que el detective estuviera dentro y se sirviera el café, fue el momento, no lo dudó abrió la puerta y desde allí le dijo.

-¡Ya somos novias!

Como resultado del susto que se llevó, tiró el café por encima del mueble y se giró con cara de muy pocos amigos mirando a una Kristina que no se había inmutado y sonreía feliz.

-Qué bien -susurró con cero entusiasmo y el mismo gesto serio.

-¡Soy muy feliz! -lo abrazó mientras él sujetaba la servilleta con una mano y el vaso vacío con la otra y gesto de circunstancias-. Anoche me contó todo lo referente a Kareen, y entiendo lo mal que lo ha pasado ¡pero eso se acabó! Porque conmigo va a ser muy feliz, voy a llenar los días de toda la felicidad que pueda, se merece que la quiera, la cuide, la ame y todo eso lo voy a hacer yo. Voy a seguir provocando cada día en ella esa carcajada que me vuelve loca, le prometo detective que voy a dejarme cada día el alma para que Parker sea feliz. Y juntas lo vamos a ser porque es lo mejor que me ha pasado en la vida, eso sí, si tenemos algún problemilla porque imagino que los tendremos sé que puedo contar con usted, como lo he hecho hasta ahora, ahora bien, no le contaré intimidades se lo prometo. Bueno, gracias por ayudarme, detective… ¡ya, ya! Ya sé que está feliz por nosotras yo estoy tan nerviosa… de verdad… es que siento que voy a estallar de felicidad nunca me había pasado esto ¿se lo puede creer? Parker es la mujer de mi vida y ahora estoy segura que yo soy la mujer de su vida, y vamos a ser unas madres gatunas impresionantes. Soy muy feliz, detective. ¡Mucho!

Dicho todo esto le dio un beso y salió con la sonrisa en los labios, no había nada que pudiera borrarla aquel día.

-Y esto a las siete y cuarto. ¡Voy a mover los papeles para jubilarme! -levantó los ojos al techo con gesto desesperado mientras murmuraba-.¡Menudo desastre!

Y allí se quedó limpiando el café derramado mientras una pequeña sonrisa se le dibujaba en los labios.

Por su parte, Parker había entrado a la sala de autopsias. Al verla, Catalina frunció el ceño.

-Todavía no sé nada. Estoy analizando otra vez las piernas.

-Lo veo -le sonrió.

-¿Y te gusta lo que ves? -la miraba incrédula porque esa sonrisa debe ser que ahora te ponen los huesos.

-Kristina y yo nos hemos arreglado.

-¿Arreglado? ¡Dios, Parker, tan difícil es decirme que sois novias!

-¿Novias? Bueno… no sé realmente si lo somos -respondió abriendo mucho los ojos.

-¿Ah? ¿Y entonces?

-Supongo que sí aunque eso no lo hemos hablado…

-Dios mío, Parker ¡si te vieras la cara de boba que tienes en este momento! Lastima de fotografía.

-¡Sí, ya! -sonrió ampliamente mientras Catalina daba una carcajada-. Ayer hablamos y… la verdad que Kristina me ha entendido perfectamente, me ha apoyado y… bueno… ha sido increíble su reacción.

-¡Pues claro que ha sido increíble! Esa chica es increíble, si nos lo hubieran dicho el primer día que vino…

-Sí… la verdad que menudo cambio.

-Si hasta estuvo a punto de quitarse la vida por ti.

-No me lo recuerdes. Reconozco que Kristina ha hecho cosas por mí que no ha hecho nadie, pero su reacción de ayer… me llegó al alma -su voz demostró lo agradecida que estaba a Kristina.

-¿Y qué esperabas si te ama con locura? Me alegro ya era hora que tuvieras a tu lado alguien que te valorara, respetara y amara, no a la zorra de Maura.

-Sí, ella es increíble, es maravillosa.

-Madre mía… ¡qué tonta estás! -Parker dio una carcajada acompañada por Catalina que metió una pinza por lo huesos de la rodilla-. Imagino que ahora iréis despacio.

-Sí, bueno me ha pedido que nos casemos.

-¡Qué! -le dio tanta impresión lo que acababa de escuchar que apretó demasiado la pinza y el hueso de la rótula salió disparado, menos mal que Parker lo cogió al vuelvo-. ¿Casaros?

-Sí, pero no me quiere presionar.

-¡Pues menos mal!

-Eso le he dicho yo. Aunque bueno lo hace porque quiere que hagamos un viaje juntas y como ella no va a tener vacaciones se le ha ocurrido eso.

-Nunca dejará de sorprenderme.

-Ni a mí -dijo alegre-. Date prisa con lo que estés buscando que estamos contra las cuerdas.

-Sin presión.

-Sí, sin presión.

-Pues como Kristina te enseñe muchas más cosas no sé… ¡Parker! -la llamó cuando se había girado para marcharse.

-¿Qué?

-¿Te importa devolverme la rótula?

-¡Oh! Perdona, perdona… es que… tengo la cabeza -resopló mientras mostraba un evidente sonrojo.

-Ya… ya… ya sé donde tienes la cabeza. ¡Fuera de mi sala que le habéis cogido un gusto tú y tu novia a venir a hablarme de vuestros sentimientos delante de mis muertos! ¡La virgen!

-Gracias, Catalina, gracias por ayudarme a abrir los ojos sobre lo que me estaba ocurriendo -le sonrió feliz antes de irse.

-¡Ay que bonito es el amor en sus comienzos! Aunque estas dos… me da a mí que van a ser igual de tontas… ¡Buen trabajo, Kareen!

El reloj del departamento marcaba las 07:36 cuando comenzaron a sonar los teléfonos del detective Adams, Laura y, bajo ante la puerta del ascensor, a Parker. La inspectora ante el sonido que reconocía como la llamada de alarma de alguien del grupo se apresuró a mirar un mensaje le hizo susurrar con gesto aterrorizado.

-¡No, Dios mío! ¡No!

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